Día 5, sesión 2
Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

24 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

La última sesión del Semillero “Guerra contra la Humanidad” (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio) se dedicó a las diferencias.

Cerró así este extraordinario espacio de reflexión y pensamiento crítico con la fuerza, la potencia, la contundencia y la fiera ternura de mujeres y otroas, que con sus múltiples miradas nos invitaron a mirar con corazones indignados la violencia de un sistema mundo que se impone como único, pero también con amor y esperanza la multiplicidad de las realidades humanas que componen un mundo de muchos y deslumbrantes colores.

Qué mejor manera de cerrar este semillero que nos ofreció una oportunidad única de entender no sólo la tragedia que nos acomete como humanidad y como planeta en este momento de tanta oscuridad, sino también las muchas luces de esperanza nacidas del empeño por crear y proteger la vida desde tantos y tan diversos lugares y corazones: mundos otros que ya existen y que nos permiten esperanzar caminando en medio de la tormenta.


Titze Malambé – “Radiografía del cuerpo en resistencia”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

La piel como territorio y trinchera: guerra, disidencias y cuerpos descartables

Los cuerpos disidentes en México no son sujetos de protección estatal, sino territorios de guerra. Así lo expone Titze Malambe al analizar cómo la violencia contra las disidencias sexogenéricas, las trabajadoras sexuales y las personas trans no es un fenómeno aislado de la criminalidad común, sino parte de una estrategia sistemática de militarización, control y exterminio que caracteriza la fase actual del capitalismo en México.

Con claridad Malambé afirma: el Estado no protege estos cuerpos, los persigue. La policía que debería garantizar seguridad se convierte en verdugo. El sistema de justicia que debería investigar transfeminicidios los normaliza y olvida. El capitalismo que expulsa a las mujeres pobres, a las trans, a las disidencias, hacia la prostitución, luego las criminaliza por vender su cuerpo como último recurso de supervivencia.

Esta lógica no es nueva, pero se ha profundizado. Durante la llamada Cuarta Transformación, mientras el gobierno proclama que “está del lado de los pobres”, la militarización se intensifica, el crimen organizado sigue operando sin límites y los cuerpos disidentes siguen cayendo. Travestis asesinadas en Ecatepec, trabajadoras sexuales desaparecidas en Iztapalapa, personas trans golpeadas por la policía no son excepciones. Son política de Estado.

Malambé conectó los puntos que las autoridades mantienen separados: la represión policial contra trabajadoras sexuales, el proxenetismo que actúa sin castigo, el paramilitarismo que desaparece cuerpos incómodos, los transfeminicidios ejecutados impunemente. Todo funciona como un único mecanismo de aniquilación territorial.

La piel, dijo, es territorio. Y ese territorio está bajo ocupación.

Frente a esta realidad, la respuesta no puede ser pedir más protección a un Estado que mata. No se puede confiar en las instituciones que perpetúan la violencia. La salida, plantea Titze Malambé, es la que ya construyen las propias trabajadoras sexuales, las activistas trans, las disidencias: la organización desde abajo, la autonomía, la autodefensa, la construcción de redes de cuidado colectivo que el Estado nunca ofrecerá.

El llamado final fue directo: a periodistas, activistas, académicos, artistas, todos los que dicen pensar críticamente. Acompañar estas luchas no es un acto de caridad. Es reconocer que la defensa de los cuerpos disidentes es la defensa de la vida misma contra una máquina de muerte que sigue operando.


Vica Rule – “Potencia travesti contra realismo capitalista. Propaganda para una militancia a favor de la vida”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

La guerra contra la humanidad también persigue a las personas trans

La violencia contra las personas trans en México no es un hecho aislado ni una discusión reciente. Es parte de una guerra permanente contra la vida que se sostiene en la impunidad, el odio y el despojo.

Desde su propia historia como sobreviviente de tortura, secuestro y agresiones por su identidad, Vica Rule sostuvo que el sistema capitalista ha intentado despolitizar las luchas de la diversidad sexual mientras los crímenes de odio continúan creciendo. Recordó que los transfeminicidios y travesticidios llevan décadas ocurriendo en México y denunció que muchas de estas violencias permanecen invisibilizadas o son maquilladas por las autoridades.

La memoria es una forma de resistencia, insistió la activista. Recordó la historia de las primeras marchas del orgullo como espacios de protesta y no de celebración comercial, y llamó a desmontar los discursos de la ultraderecha que han colocado a las personas trans como blanco de una nueva ofensiva política.

Su mensaje concluyó con un llamado a romper la resignación, exigir justicia para las víctimas de la transfobia y mantener la rebeldía junto a las demás luchas del pueblo. “No podemos renunciar a la resistencia”, afirmó, porque la defensa de la diversidad también forma parte de la defensa de la humanidad.


Brenda Nava Galindo – “Habitar la fuga, crear otros mundos: el cimarronaje como memoria, territorio y resistencia antirracista frente al colonialismo”.

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

El racismo no es sólo discriminación o prejuicio; es una estructura histórica de dominación.

Ese fue el punto de partida del análisis de Brenda Nava Galindo. El racismo es una creación histórica europea que permitió tanto la expansión del colonialismo como la acumulación originaria del capitalismo, por medio de una clasificación jerárquica de la humanidad.

“El racismo es una tecnología del poder que organiza y jerarquiza quién merece vivir con dignidad, quién puede acceder a derechos y quién es reducido a una condición de inferioridad.”

La raza, que biológicamente no existe, fue creada como categoría por los colonizadores europeos para justificar la apropiación de los territorios y riquezas y la esclavitud y exterminio de las poblaciones originarias, africanas y afrodescendientes. Esta clasificación colocó a lo europeo —concebido como “blanco”— en la cúspide de la humanidad —la “civilización”—, mientras lo indígena y lo africano se redujeron a la categoría de salvaje, primitivo, irracional y, desde luego, inferior. En efecto, la jerarquía impuesta por el racismo define en la práctica quiénes son considerados humanos en el pleno sentido de la palabra, y quiénes no.

Esta concepción jerárquica de la humanidad llegó a América con la conquista y colonización europeas, pero no desapareció con las independencias. Quedó enraizada en el imaginario colectivo y ha sido impuesta con violencia por la distribución desigual no sólo del poder, de la riqueza y del trabajo, sino también del conocimiento; o sea, qué conocimientos y formas de entender el mundo son válidos y cuáles no. Quiénes son capaces de producir conocimiento y quienes son apenas “objetos de estudio”. Compara así el “extractivismo epistémico” (la apropiación de conocimientos de los pueblos considerados “inferiores” por parte de las élites culturales hegemónicas) al extractivismo de minerales o hidrocarburos. Ante eso, la propuesta no es rechazar la ciencia ni el conocimiento de matriz europea, sino “desarticular el monopolio de la verdad”: “un proceso profundo de cuestionamiento radical de las jerarquías del saber, poder y ser que heredamos de la modernidad colonial y, después, la construcción de horizontes alter-nativos”.

La activista también hizo una crítica contundente a lo que llamó el “feminismo blanco hegemónico”. Aclaró que no se refiere con esto a todo feminismo que surge en Europa ni a toda feminista “blanca”, sino a aquel feminismo que concibe a la mujer “blanca” como patrón universal e ignora las profundas diferencias entre sus experiencias y las de las mujeres racializadas. Esto porque, al hacerlo, ese “feminismo blanco” invisibiliza las violencias de género atravesadas también por el despojo territorial, la militarización, el extractivismo, el empobrecimiento y la discriminación racial.

Finalmente, describió el trabajo anticolonial y antirracista de la colectiva AFROntera Cimarrona, del cual es parte. El nombre de la colectiva, explicó, se inspira en el cimarronaje: la fuga de esclavizados y la fundación de comunidades autónomas en las que, a contrapelo del borramiento ejercido por la colonialidad, florecía “la memoria de sus orígenes, de sus lenguas, de sus prácticas religiosas y de sus propias estructuras sociales”. El cimarronaje fue, así, ejemplo vivo de las alter-nativas posibles de sociedades otras fundamentadas en los saberes y formas de entender el mundo de los pueblos inferiorizados por la colonialidad. Algo que, en muchos sentidos, dijo, tiene semejanzas con el zapatismo.


Argelia Guerrero – “‘Danza para mujeres’… que luchan”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

El 8 de marzo de 2018, en medio de la oscuridad, más de dos mil velas se prendieron en las manos de mujeres zapatistas, quienes simbólicamente se las entregaron a los varios miles de mujeres de todo el mundo reunidas en ese primer Encuentro de Mujeres que Luchan. “Esa luz es para ti”, dijeron. “Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea, la vida, préndela de nuevo en tu corazón”. “Y no la quedes”, añadieron: llévala a las asesinadas, las desaparecidas, las presas, las violadas, las violentadas de tantas formas, para que esa lucecita ilumine el futuro.

Este último día del Semillero, la bailarina, investigadora y activista Argelia Guerrero nos trajo esa lucecita en la forma de un ramillete de mujeres que luchan, al ritmo de los siete movimientos y la aleluya que componen el Stabat Mater de Pergolesi, la música de “una de las danzas más bellas creadas por la bailarina y coreógrafa mexicana Gloria Contreras”: Danza para mujeres, a lo que Guerrero añadió: que luchan. Una obra, explicó, dedicada a las madres.

Madres buscadoras, en su incansable lucha en busca de sus hijos e hijas desaparecidas, cargando el dolor indecible de la ausencia y la incertidumbre y enfrentando no sólo la inacción e ineptitud del Estado, sino la criminalización, persecución y denigración de las propias madres, reflejo clarísimo de la complicidad del gobierno mexicano con el crimen organizado.

Mujeres trabajadoras, cuya lucha nace de la explotación laboral y de clase, enfrentando condiciones precarias impuestas por el capitalismo y defendiendo derechos laborales.

Madres de víctimas de feminicidio y mujeres víctimas de la violencia machista, quienes combaten la impunidad, la revictimización y el olvido —siendo no pocas veces, ellas mismas, también asesinadas—, reivindicando la memoria de sus hijas y exigiendo justicia.

Mujeres indígenas, que defienden sus pueblos, culturas, lenguas y territorios, y cuya resistencia inspira espacios como la Glorieta de las Mujeres que Luchan, en donde se han reunido mujeres mazatecas, otomíes, triquis, mazahuas y otras para compartir sus historias, y donde se transforma el dolor colectivo en “jardines de memoria”.

Defensoras del territorio, entendiendo el territorio no solo como tierra, sino también como cuerpo, memoria, identidad, comunidad y espacios de vida.

Mujeres jóvenes, que transforman su rebeldía en organización política y social frente al capitalismo, el patriarcado y otras formas de opresión.

Mujeres artistas, que utilizan la música, la danza, el cine, la fotografía, el bordado y otras expresiones para visibilizar las luchas, construir memoria y fortalecer la resistencia colectiva.

El aleluya con que concluye la pieza, dijo Guerrero, simboliza esa lucecita que las zapatistas nos entregaron hace ocho años. Una luz que se custodia en colectivo, que titila con las desaparecidas, las asesinadas, las presas, las violadas, las golpeadas, las acosadas.

“La lucha no volvió a ser igual desde aquella noche que nos iluminaron con su luz, compañeras. Falta mucho por caminar, pero aquella noche nos sentimos menos solas.”


“Como mujeres que somos”

Mujeres y otroas zapatistas hicieron uso de la palabra para clausurar el semillero “Guerra contra la humanidad” y llamaron a sembrar el común frente a un sistema que quiere desaparecer la vida.

Este no fue un discurso de despedida. Fue una conversación de mujer a mujer, de otroa a otroa, de pueblo a pueblo, de dolor a esperanza.

Las mujeres y otroas —bases de apoyo, una miliciana, una coordinadora de artes, dos miembras de la Comisión Permanente del Gobierno Autónomo— hicieron de la palabra un abrazo colectivo y un llamado urgente a organizarse para defender la vida. Representando la voz de miles de mujeres zapatistas y otroas, Marijose, Mia, Yuli, Remedios, Fernanda, Mareli, Erica, hicieron uso de su palabra. (Textos completos y audios abajo)

Marijose, recordó la historia de explotación que han cargado las abuelas, bisabuelas y tatarabuelas. Esta historia de explotación y violencia, dijo, continúa golpeando sobre todo a las mujeres indígenas, pobres y trabajadoras. “El sistema capitalista busca dividirnos por género, raza, religión o identidad, cuando la respuesta sólo puede construirse en común.”

Desde su experiencia como mujer trans zapatista, Mía compartió que en el común encontró autonomía, respeto, libertad y una familia. “Su dolor es nuestro dolor, su rabia nuestra rabia”, expresó, dirigiéndose a todas las disidencias que han sufrido y sufren las distintas violencias del sistema. El enemigo no son las diferencias entre los pueblos, sino un sistema que alimenta la discriminación y el despojo.

Las voces de Yuli, Remedios, Fernanda, Mareli y Erica fueron tejiendo un mismo mensaje. Mostraron su solidaridad a las madres buscadoras —”sentimos su dolor y su rabia, y reconocemos cómo luchan madres, padres, hermanos y hermanas, hombres y mujeres”—. Hablaron sobre las juventudes reclutadas por el crimen organizado, la violencia contra mujeres y niñas, el saqueo de los territorios y de la Madre Tierra. Pero, sobre todo, hablaron de la organización como el único camino posible:

El capitalismo es cruel, inhumano y criminal. Nació para el mal y por el mal morirá.

Aclararon que no convocan a la guerra, sino a construir justicia, libertad y democracia desde abajo, sin esperar que el cambio llegue de quienes gobiernan para sus propios intereses.

El mensaje es claro y fue proyectado con una certeza sembrada en la tierra que defienden: “Sólo hay un camino y ese camino es el común”.

Con esa convicción, las mujeres zapatistas concluyeron el Semillero mirando hacia el futuro.

Nosotras, las mujeres zapatistas, como mujeres que somos, creemos en este cambio. En Chiapas, en algún lugar del mundo, ya nació el común.

Marijose, otroa zapatista | Texto completo | Descarga el audio

Mia, otroa zapatista | Texto completo | Descarga el audio

Yuli, Comisión Permanente del Gobierno Común | Texto completo | Descarga el audio

Remedios, Comisión Permanente del Gobierno Común | Texto completo | Descarga el audio

Fernanda, jóvena coordinadora de arte | Texto completo | Descarga el audio

Mareli, miliciana | Texto completo | Descarga el audio

Erica, base de apoyo | Texto completo | Descarga el audio

Fotos: Radio Pozol