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Frayba: Se reactivan acciones de contrainsurgencia contra los pueblos zapatistas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México
10 de octubre de 2026
Boletín No. 16

Se reactivan acciones de contrainsurgencia contra los pueblos zapatistas

  • Hostigamiento, detenciones arbitrarias y ataques a la educación autónoma

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) documentó las agresiones de contrainsurgencia en contra de las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (BAEZLN) del ejido La Culebra, perteneciente al Caracol 9, Nueva Jerusalén, municipio oficial de Ocosingo, Chiapas.

Del 3 al 6 de octubre de 2026, hemos registrado actos de hostigamiento, detenciones arbitrarias, amenazas y acoso en contra de BAEZLN, con la finalidad de quebrar la autonomía zapatista e imponer el control político y territorial en la región.

Las BAEZLN denuncian que, el programa federal “La Escuela es Nuestra”, está siendo utilizado como mecanismo de presión que obliga a aumentar la matrícula en la escuela oficial para recibir mayores recursos económicos, lo que incentiva a autoridades comunitarias a amedrentar a las familias zapatistas que sostienen su educación autónoma.

El 3 de octubre, aproximadamente a las 15:13 horas, fue detenido y privado de su libertad Sebastián Pérez Gutiérrez, BAEZLN del ejido La Culebra. Su detención responde a la inconformidad de madres y padres zapatistas de inscribir a sus hijas e hijos en la escuela oficial, ejerciendo su derecho a la educación autónoma. Sebastián permaneció 24 horas en la cárcel comunitaria y, al rechazar el pago de una multa impuesta de manera arbitraria, fue nuevamente privado de su libertad.

El 4 de octubre, alrededor de las 17:09 horas, fue detenido Daniel López Aguilar, también BAEZLN, bajo la misma acusación y acción represiva para castigar la decisión de las familias zapatistas de impulsar su propio sistema educativo.

El mismo día, 4 de octubre, compañeras BAEZLN fueron llamadas de manera individual por el comisariado ejidal, quien las acusó de “que habían cometido un error” y de “decir mentiras” ante sus autoridades autónomas, y que por ello debía aceptar una multa de $500,00 pesos. Frente a la resistencia, las compañeras fueron sometidas a humillaciones, coaccionadas y amenazadas de ser llevadas a la asamblea ejidal si no cedían. Ante este clima de hostigamiento, ellas aceptaron bajo presión, solicitar un plazo de 20 días para cubrir la multa, en un contexto que evidencia la violencia patriarcal y en contra de su autonomía.

El 6 de octubre, durante una asamblea comunitaria, fueron detenidos Marcos López Mendoza, Mariano Pérez López y Antonio Pérez López. Más tarde, a las 9:21 horas, se reportó la detención de Miguel Ángel Cruz Díaz.

Al momento de la publicación de este boletín, las seis personas, integrantes de las BAEZLN han sido liberadas, aunque el ejido mantiene multas injustas que ascienden a $48,450 pesos, dirigidas tanto a las personas detenidas como a otras familias zapatistas, las cuales responden a un patrón de castigo, que vienen desde las estructuras del poder de los partidos políticos y de los programas sociales de desarrollo gubernamental, en su afán de control, cooptación y manipulación hacia las comunidades.Finalmente, las familias han reafirmado su derecho a la educación de sus hijas e hijos según sus propias formas de organización y autonomía.

Estos hechos ocurren en el marco de los preparativos de la “Gira por la Vida: Capítulo México”, en la que integrantes del EZLN viajarán a la Ciudad de México para reunirse con Grupos, Colectivas, Colectivos, Organizaciones y Movimientos de Familias buscadoras. La reactivación de agresiones contra las comunidades zapatistas se inscribe en un contexto más amplio de acciones contrainsurgentes, toleradas o permitidas por autoridades municipales, estatales y federales, que buscan debilitar la organización autónoma y la defensa territorial.

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Camino al Andar

Pueblo zoque peregrina por el cuidado y la defensa de la casa común

Fuente Camino al Andar
Texto por Carla Gómez Alfaro y video por Saul Kak

El día 3 de octubre se llevó a cabo la “Caminata ecológica por el cuidado de la casa común”. Una peregrinación para pedir por la paz y por la concientización del cuidado del agua, esta actividad forma parte de la tarea social de la iglesia desde la dimensión del cuidado de la Casa Común.

Los recorridos partieron desde distintos puntos: uno del ejido San Isidro Las Banderas, en el municipio de Pantepec, y otro del templo de San Agustín, en el municipio de Tapalapa. Ambos avanzaron hacia la cabecera municipal de Pantepec, donde se encontraron para llevar a cabo la misa de la creación en el templo de Nuestra Señora de la Asunción.

La peregrinación fue inspirada por la vida y obra de San Francisco de Asís y en el marco de Laudato Si’, publicada en 2015 por el papa Francisco. Esta encíclica plantea el cuidado de la “casa común” como una responsabilidad que involucra la relación entre las personas y la naturaleza. También cuestiona las formas de producción y consumo que convierten los bienes naturales en mercancías y generan daños que recaen con mayor fuerza sobre las poblaciones más vulnerables.

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Frayba

Notifrayba. Día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas

Reseñamos las Jornadas realizadas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, el foro “La disputa por la memoria con el Estado” en Ciudad de México, y el anuncio del abrazo zapatista para las madres buscadoras. 

Audios: Jornadas en San Cristóbal, Cobertura de la KeHuelgaRadio en CDMX, Transmisión de L@s Terci@s Compas.  
Música de fondo: “Mujer”, María Inés Ochoa
Collage de imágenes: KeHuelgaRadio, CDH Frayba, GranOm

Descarga aquí.

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Preocupa el negacionismo frente a la situación de las víctimas del desplazamiento forzado interno en Chiapas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.
14 de septiembre de 2026
Boletín No. 15

Preocupa el negacionismo frente a la situación de las víctimas del
desplazamiento forzado interno en Chiapas

• Gobierno de Chiapas experto en ocultar la violencia, que persiste en los territorios, en complicidad con la delincuencia organizada

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), tiene documentado, a la fecha, 24,510 víctimas de Desplazamiento Forzado Interno (DFI) en Chiapas, todas ellas incluidas en la investigación realizada por el Grupo de Trabajo Región Frontera, que se dio a conocer con el informe Chiapas: la Paz Pendiente;1 y en nuestro balance anual: Chiapas, en la espiral de la violencia armada y criminal.2

En la región fronteriza, particularmente en los municipios de Amatenango de la Frontera, Frontera Comalapa y Chicomuselo, persiste una situación crítica de violencia armada y control territorial por parte de grupos criminales, que ha provocado el desplazamiento de cientos de familias desde 2021 a la fecha. Muchas de estas personas continúan en movilidad forzada, sin acceso a refugios seguros, sin atención humanitaria y expuestas a nuevas agresiones durante su tránsito. La ausencia de una respuesta estatal integral -y la falta de aplicación efectiva de la Ley para la Prevención y Atención del Desplazamiento Interno, cuyo reglamento permanece desde 2012 inexplicablemente sin ser promulgado-, agravan la vulnerabilidad de estas comunidades, que continúan sin reconocimiento oficial y sin rutas claras para su protección y eventual retorno.

Estos datos evidencian la magnitud de una problemática que el Gobierno continúa negando, mientras mantiene una respuesta insuficiente y simula atender a las víctimas, sin garantizar de manera efectiva sus derechos, su protección ni las condiciones necesarias para un retorno seguro y digno. Persisten personas en desplazamiento forzado pleno e intermitente, así como comunidades que viven bajo asedio y en constante vulnerabilidad frente a grupos de la delincuencia organizada que operan en complicidad con autoridades municipales, estatales y fuerzas de seguridad federales.

Entre estas se encuentran las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal; la Guardia Estatal bajo las órdenes del Secretario de Seguridad del Pueblo; las Fiscalías Regionales subordinadas al Fiscal General del Estado de Chiapas; así como el Ejército mexicano, bajo mando del Gobierno Federal. Esta articulación de actores armados y autoridades permite la continuidad de la violencia y profundiza la crisis humanitaria que enfrentan las comunidades desplazadas.

Recientemente, hemos documentado la situación de DFI de familias originarias del ejido Nueva Independencia, municipio de Ángel Albino Corzo, quienes fueron desplazadas, entre la segunda mitad de 2024 y principios de 2025, como consecuencia de la violencia desatada en la zona que se intensificó después de la elección del presidente municipal, Manuel de Jesús Moreno Fernández, del Partido Verde Ecologista de México. Testimonios refieren que el presidente municipal estaría brindando protección a un grupo de poder político “Los Robleros”, al que las personas afectadas señalan vínculos directos con agentes de la delincuencia organizada.

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Radio Zapatista

El MODEVITE denuncia hostigamiento y amenazas a familias que se oponen a la autopista San Cristóbal–Palenque

En el contexto de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Chiapas, y ante el caso omiso a la voz de las comunidades indígenas que se oponen a la construcción de la autopista San Cristóbal de Las Casas–Palenque, mal llamada “De las culturas mayas”, el Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (MODEVITE) denunció el hostigamiento y amenazas del que han sido objeto diversas familias en comunidades donde se están trazando medidas para el trazado de dicha autopista. Según el comunicado emitido este sábado 12 de septiembre, en dichas agresiones participan autoridades y elementos gubernamentales municipales, así como cacicazgos en la región, quienes presionan a las familias para que den su consentimiento de paso a la autopista por las parcelas.

Al mismo tiempo, el MODEVITE reafirmó su respaldo a la lucha del Gobierno Comunitario de Chilón y su oposición a la construcción de la autopista, en un contexto en el que las presiones gubernamentales están fomentando divisiones en las comunidades indígenas y campesinas de Chilón y otros municipios con presencia del MODEVITE.

Aquí el comunicado:

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Radio Zapatista

Sionismo en Chiapas – Foro El olivo y la Ceiba, Chiapas con Palestina

El día sábado 5 de septiembre se llevó a cabo el Primer Foro “EL OLIVO Y LA CEIBA”, Chiapas con Palestina, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en el que participaron distintos colectivos: Nodo Solidario, CCOIPC, Acción Palestina Chiapas y Otros Mundos.

El foro fue conformado por 3 mesas de diálogos en las que expusieron las Cooperativas Tecnológicas Anarcoop y Cybersivxs, con el objetivo de informar a la sociedad en general sobre los vínculos que grupos sionistas israelíes mantienen con el gobierno del estado de Chiapas y la presencia de grupos de ex militares sionistas en la ciudad.

El evento inició con un pronunciamiento en el que colectivos, organizaciones e individuos manifiestan su reprobación por los recientes hechos ocurridos contra el Foro Cultural Kinoki, solidario con Palestina, cuando un individuo llegó al espacio a insultar, intimidar, arrancar la bandera palestina y escupir a una de las trabajadoras del espacio. Cabe destacar que éste no es un hecho aislado, y que ya otras organizaciones, como la Librería La Cosecha, han sufrido agresiones similares por parte de individuos enfurecidos por la demostración de solidaridad con la causa Palestina.

La primera mesa abrió con el tema sobre las tecnologías de vigilancia Israelíes que operan en Chiapas, con el objetivo de cuestionarnos si realmente estas tecnologías, sirven para la seguridad y protección del pueblo.

(Descarga aquí – 30 min)

Lxs miembrxs de la cooperativa Anarcoop y Cybersivxs explicaron que agentes israelíes vienen operando en el estado de Chiapas en contubernio con políticos desde el año de 1994, asesorando tareas de contrainsurgencia a militares y policías del Estado mexicano para elaborar estrategias de propaganda, operaciones armadas y uso de tácticas políticas, económicas e incluso grupos encubiertos para restar legitimidad al levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

Mencionaron también la participación israelí en el entrenamiento del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), creado en 1994, y cuyos desertores posteriormente fundaron el cártel de los Zetas, el más sanguinario de todos los cárteles, así como la participación israelí en el genocidio guatemalteco.

Entre los años 2010 y 2012, se firmaron formalmente convenios con el Ministerio de Defensa de Israel para capacitar a policías municipales y estatales en Chiapas. Actualmente, el secretario de seguridad Oscar Alberto Aparicio Avendaño anunció públicamente su reunión con la consul de Israel en México, Hila Burg y Zvi Michaeli, ex-agente del servicio Secreto Israeli.

Asimismo, los colectivos Anarcoop y Cybercivxs mencionan que diversas organizaciones civiles han denunciado que la Secretaría de Seguridad del Pueblo y el H. Ayuntamiento se niegan sistemáticamente a permitir el acceso de registro de cámaras del C5 para investigar desapariciones forzadas. Por ello es importante cuestionarse cuál es el verdadero propósito de estas cámaras.

Lee el reportaje de investigación “Empresas israelíes detrás del proyecto tecnológico de seguridad en Michoacán” publicado por en15días.

Otra mesa abordó el tema “Sionismo cristiano en Chiapas”. Miembros de la Coordinadora de Colectivxs, Organizaciones e Individuxs por Palestina en Chiapas (CCOIPC) explicaron que hay una red de sionismo en Chiapas con vínculos con iglesias evangélicas que sostienen el derecho bı́blico del pueblo judı́o a la tierra de Palestina y consideran las guerras de Israel como parte del cumplimiento profético que acelerará la segunda venida de Cristo. Por medio de esas instituciones religiosas cristianas, el sionismo despliega estrategias geopolíticas, relaciones diplomáticas y acciones para contrarrestar a la teología de la liberación que, en el caso de Chiapas, encarnó el obispo Samuel Ruiz, misma corriente que profesaba el padre Marcelo, recientemente asesinado. Esta red de sionismo cristiano, afirman los colectivos, es resultado de una estrategia política de los Estados Unidos desde la Guerra Fría.

(Descarga aquí – 25 minutos)

Otro tema que se abordó en una de las mesas fué el “Genocidio Verde”. “La guerra no solo se reduce a matar a los combatientes enemigos, sino una forma mucho más eficiente de llevar a cabo una guerra o un genocidio es atacar la capacidad material de producción del enemigo”, explicaron. “Se utiliza el ecocidio como arma de manera intencional para tratar de doblegar y someter a los pueblos”.

Como ejemplo, el colectivo habló sobre la actitud que toma Israel con la destrucción masiva de árboles de olivo en Palestina, “árbol que ha sido fuente de alimento, de identidad y un lugar donde se entretejen historias que le dan identidad a los pueblos”. Contaminar la tierra, desviar ríos, destruir selvas, destruir cultivos con el uso de glifosato y herbicidas, construir muros y vallas fronterizas que alteran la supervivencia de la fauna silvestre e interrumpir la migración de animales no son hechos aislados.

(Descarga aquí – 33:30 min)

Estas mesas de diálogos son importantes para analizar, concientizar, alertar y comprender el porqué de la lucha Palestina. Es por ello que los colectivos Nodo Solidario, CCOIPC, Acción Palestina Chiapas y Otros Mundos invitan al público en general a asistir a la segunda parte del foro, que se llevará a cabo el 12 de septiembre a las 12 pm en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNACH. Este foro busca informar, concientizar y crear diálogos para tomar acciones ante la alarmante situación del sionismo en Chiapas.

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Radio Zapatista

Agreden al foro cultural Kinoki en Chiapas por exibir la bandera palestina (firma el pronunciamiento)

En San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, individuos, colectivos y organizaciones se organizan para expresar su solidaridad con la comunidad del foro cultural independiente Kinoki y sus compañerxs, ante la agresión sufrida en su espacio por mostrar públicamente su solidaridad con el pueblo palestino. Un individuo llegó al espacio para insultar, intimidar, arrancar por la fuerza la bandera palestina y escupir a una compañera.

Esta agresión no es un hecho aislado. En San Cristóbal, otros espacios y personas que levantan la bandera palestina han sido agredidos, como fue el caso de las compañeras de la libería La Cosecha, así como en distintas acciones solidarias realizadas en espacios públicos.

Por eso individuos y organizaciones solidarias decimos con claridad: No permitiremos que el miedo determine qué pueblos podemos nombrar, qué luchas podemos acompañar ni qué banderas podemos levantar.

La bandera palestina volvió a su lugar. Y ahí seguirá.

SUMA TU FIRMA AL PRONUNCIAMIENTO (lee el texto del pronunciamiento abajo)

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSe7tsxBQrupLE5ofeoAmSkw2Aikc4OPqpBb8PochKYqCWOnhg/viewform?usp=publish-editor

La convocatoria está dirigida principalmente a personas que habitan en San Cristóbal de Las Casas, pero pueden firmar también personas, colectivos y organizaciones solidarias desde cualquier parte de México y del mundo.

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Acción Palestina Chiapas y otros

Primer foro “El olivo y la ceiba”: Chiapas con Palestina

Dos árboles, una misma raíz de resistencia. El olivo palestino y la ceiba maya se encuentran para tejer raíces de memoria, análisis y solidaridad desde el sureste mexicano.

En San Cristóbal de Las Casas, se organiza el próximo Foro “El olivo y la Ceiba”, dedicado a la reflexión y análisis sobre el sionismo y los intereses que lo sostienen.

El foro se llevará a cabo en el Auditorio de la Facultad de Sociales de la UNACH, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en dos momentos:

Día 1 — 5 de septiembre, 12pm

  • Cooperación entre el sionismo y el gobierno del estado de Chiapas
  • Genocidio Verde: el Ecocidio en Palestina
  • Iglesias evangélicas: sionismo cristiano en Chiapas

Día 2 — 12 de septiembre, 12pm

  • Turismo sionista, voluntariados y lavado de imagen (Héroes por la Vida)
  • Judaísmo y sionismo
  • Antifascismo, Antiimperialismo, Antisionismo

Convocan: Nodo Solidario, CCOIPC, Acción Palestina Chiapas, Otros Mundos Chiapas

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Radio Zapatista

La memoria y la mirada: teatro, Común y artes bajo acoso

La memoria y la mirada bailaron juntas al ritmo de una cumbia japonesa en el Cideci/Universidad de la Tierra este último día del Semillero “Las artes bajo acoso”. El extraordinario grupo musical Xaolin Wolf preparó el cuerpo y el corazón colectivo para las reflexiones que vendrían, insuflando vida y alegría.

Las reflexiones de este día girarían en torno al teatro pero, a través de éste, a la vida más ampliamente. Y en eso, la memoria como resistencia y fundamento de la comunalidad y la mirada como abrazo y como reconocimiento de la singularidad de las partes en la pluralidad del todo estuvieron siempre presentes.

“Es la memoria lo que define al ser humano”, dijo el Capitán Marcos. Es lo que sustenta la comunidad. Y la humanidad es comunidad, aunque el sistema mundo en el que vivimos se empeñe en destruirla por medio, justamente, de la desmemoria.

Capitán Insurgente Marcos (Descarga el audio aquí)

Cuando hablamos de memoria, dice el Capitán, no nos referimos sólo al acto de recordar, sino a contextualizar los recuerdos. Es de esa contextualización de los recuerdos que surge la mirada: una forma particular de ver el mundo y a los otros seres fincada en la memoria y que construye al ser individual y colectivo.

Cuando recordamos al Sup Pedro, por ejemplo —dijo el Capitán— lo traemos de vuelta, le curamos las heridas de bala, le curamos la cicatriz calibre 30 de carabina de su mejilla y le damos su café amargo y su paquete de cigarrillos. Y no hablamos, sólo nos miramos; es decir, nos abrazamos.

La comunidad se construye y se alimenta también por medio de la mirada. Pero no cualquier mirada, y sin duda alguna no la mirada única que se impone sobre las demás. La mirada que cuenta, la que hace comunidad, es “aquella que abraza la pródiga pluralidad de la vida”, y en ella, la particularidad de quien es mirado.

El Capitán citó la obra “Seis personajes en busca de un autor” de Luigi Pirandello, en la que, en medio de un ensayo de teatro, seis desconocidos llegan explicando que son personajes de una historia inacabada y que buscan un autor que complete su historia. “Esa obra de teatro representa el reclamo de la mirada”, dijo el Capitán, pues los personajes saben “que es el arte lo que les permitirá ser mirados”.

La mirada, aclaró, no es un privilegio de la vista, sino del corazón. Quien mira ama, pues el amor nace de la sorpresa de mirar. Pero el amor es incompleto si quien es mirado no siente esa mirada, “no percibe el abrazo que toda mirada debe prodigar”.

Por eso vamos a la Ciudad de México, para hacerle saber a los grupos, colectivos y colectivas de buscadoras que les miramos, y para confirmarnos que lo saben y lo sienten.

Teatro comunitario: memoria, mirada y el Común

Esmeralda Aragón (Descarga el audio aquí)

Esmeralda Aragón inició sacudiéndonos con memoria y mirada, al leernos un texto sobre su madre. Autodidacta, mujer de lucha sin estudios formales pero con profundos saberes, parte de un linaje de “generaciones de mujeres que no pisaron las aulas” pero que “saben de todo”. “Mi madre sabe de teatro aunque nunca haya pronunciado la palabra”, pues en los momentos difíciles sabe sonreir y contagiar la sonrisa. “Mi madre es verdad.”

El Capitán nos había dicho que son la memoria y la mirada lo que sustentan la comunidad. Esmeralda nos mostró entonces que el teatro comunitario sólo puede existir fundamentado en la memoria y la mirada.

Viajemos. Octubre de 2018. En una pequeña comunidad de la región chontal baja de Oaxaca, los habitantes se preparan para presenciar una obra de teatro, sin saber exactamente qué puede ser eso de “teatro”. Pero llueve, y el evento tendrá que ser cancelado. No, deciden los madres y padres de familia de la escuela primaria, y llegan al patio de la casa de Esmeralda con lonas, arena para los charcos, más lonas para el suelo y sillas prestadas de la escuela. Y entonces el espacio se va llenando, y hay que traer más sillas, y luego más, hasta que más de 800 personas se amontonan para presenciar quién sabe qué cosa.

Y entonces algo extraordinario sucede. La obra es memoria y es mirada. Es a la vez espejo y largavista. En ella la comunidad se reconoce. Ríe, llora y reflexiona. Mira su cotidianidad, y al mirarla, contextualiza la memoria. Luego la cotidianidad se rompe y hay un feminicidio, un sismo, ecocidio, la búsqueda de una hija que todas y todos lloran. Se estrechan lazos afectivos, se es en colectivo. Y al finalizar la obra, bailan hasta las tres de la madrugada.

Lo recaudado se utiliza para reconstruir la escuela, destruida por el sismo de 2017, ante lo que ninguna institución decidió actuar.

Teatro comunitario es eso, nos dice Esmeralda. No el que viene de fuera una vez al año para llevar “cultura” al pueblo, como si éste no la tuviera; no el que impone una mirada externa que se presume universal e ignora la mirada propia; no el que ignora la memoria, la hace a un lado, la ningunea.

“Pinche chamaca”, le dijo una tía tras la función, “no sabes lo que acabas de hacer. Nos estás haciendo gente”.

Pues la mirada externa, la mirada única, la mirada que todo hegemoniza y homogeniza, nos dice que, para ser “alguien”, es necesario dejar de ser comunidad. Salir, alejarse, olvidar y desaprender la mirada.

La mirada que es espejo y largavista sirve también para sembrar semillas de otros mundos posibles. Hoy el pueblo tiene un encuentro de teatro al que llaman Encuentro Nacional de Teatro El Coyul, que ha presentado cientos de funciones en canchas, parques, mercados, escuelas y demás. Teatro comunitario construido en común. Teatro en el que la comunidad se mira y que le permite también mirar al mundo desde su propio lugar. Y teatro que le permite al mundo mirar no sólo la realidad de esa pequeña parte del todo que es El Coyul, sino también mirarse a sí mismo con una mirada otra.

Paisajes

A través de la experiencia del colectivo “Línea de sombra”, fundado hace 33 años, Jorge Vargas y Eduardo Bernal nos presentaron un panorama compuesto por diez “paisajes” —miradas— que, de alguna forma, contribuyen a responder las dos preguntas que se plantean: ¿Qué cuentas rinde el teatro? ¿Es posible encontrar gestos de vida en contextos de violencia?

Jorge Vargas y Eduardo Bernal (Descarga el audio aquí)

Autorretratos en la Ciudad de las Mujeres. No muy lejos de Cartagena de Indias, en Colombia, existe un vecindario con 98 casas autoconstruidas por mujeres desplazadas por la violencia, quienes se organizan con proyectos de educación, salud, justicia y demás. Allí se realizó un taller de “autorretrato. Pero uno de los niños hizo un retrato de la niña que tenía enfrente, y ella de él. Los corrigieron, les explicaron lo que es un autorretrato. Pero los niños objetaron: hacer un autorretrato es imposible porque nadie se puede ver a sí mismo. Es necesaria la mirada de alguien más para saber quiénes somos.

Guardar silencio para sobrevivir. En uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, el silencio es una forma de sobrevivir. Traer al teatro la palabra de periodistas que comparten memoria y mirada es una forma de revivir la palabra silenciada.

Habitar el espacio de la desolación. Una colaboración de dos años con el periodista Carlos Manuel Juárez, director de Elefante Blanco, y Graciela Pérez, buscadora que encabeza Milynali Red, revela que “buscar en campos de exterminio implica un encuentro con un mal inimaginable.” Pero también que, allí, “en medio del horror, se encuentran las razones que hacen saber que la vida importa”. La búsqueda es también, a pesar de todo, una forma de esperanza.

Yo ya no soy nadie, yo ya no existo. Eso dijo el ex boxeador Mantequilla Nápoles en entrevista a La Jornada en 2019. Inspirados en un cuento de Cortázar, “La noche de Mantequilla”, fueron a Ciudad Juárez a buscarlo. Descubrieron que Mantequilla Nápoles no podía decir mucho, pues sufría de Alzheimer. Y sin embargo, la convivencia superó por mucho el cuento de Cortázar. “Es como una declaración de amor a una ciudad en ruinas”, diría un espectador sobre la resultante obra “Baño Roma”.

Paisaje del éxodo. En 2009 inició el proyecto “Amarillo”, obra que duró 12 años y que vio transcurrir los diferentes momentos del éxodo migrante en ese periodo. Pero el proceso involucró también explorar e incidir en los espacios de tensión entre migrantes, albergues y las comunidades en las que se encuentran. Construyeron así un nicho religioso en Tenosique, un horno de pan en el albergue de Ixtepec, una capilla para despedida de migrantes en Altar, Sonora, y más.

Una bomba de semillas. Una veintena de niñas y niños amasan tierra con semillas en un albergue para migrantes en Tapachula, y con eso construyen bombas de semillas, que arrojan a la tierra removida de lo que será el futuro huerto comunitario, sembrando así vida y esperanza entre la violencia.

Las zonas clausuradas y el mojón de tierra. La última imagen que el público mira es un mojón de tierra y pasto muerto suspendido en el aire, del que penden cientos de hilos con piezas de barro amarradas, bajo las que se puede caminar. “Gracias”, dijo Graciela, que busca a cinco miembros de su familia desaparecidos en agosto de 2012, “porque me permitiste caminar donde se me ha impedido ver”.

Alicia no puede cavar en la tierra. No puede porque su madre fue arrojada al mar. En la obra “Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo”, Alicia cuenta la historia de su madre Alicia y, a través de ella, de la guerra sucia y los infames vuelos de la muerte. “Narrar la vida de mi madre es un acto de gratitud”, dice Alicia, “que corresponde a su atrevimiento por parirme en medio de la guerra”.

Las imágenes y la bruma histórica. Son la contingencia, la imprecisión y la incertidumbre lo que impulsa todos los trabajos de Línea de Sombra. Retazos de experiencias propias y ajenas son lo que les permite “transitar por la bruma histórica en la que hoy se producen las imágenes”.

Ciudad sitiada. En 2008, la Muestra Nacional de Teatro se realizó en Ciudad Juárez, cuando la guerra de Calderón tenía a la ciudad sitiada: ejército y fuerzas federales, tanquetas, retenes, miedo, parálisis. Nadie salía de casa. Y sin embargo, los juarences acudieron masivamente al teatro. El teatro se convirtió, así, en “bálsamo para sanar las heridas de una ciudad sitiada”.

Descolonizar la mirada, resistir la desmemoria

Un acontecimiento, dijo Hernán del Riego, es algo que rompe con lo establecido, que irrumpe y revela algo que antes ni siquiera se podía nombrar. Marca el inicio, dijo, de un “proceso de verdad”. Así lo fue el levantamiento zapatista, así lo es el arte.

Hernán del Riego (Descarga el audio aquí)

Como acontecimiento, el arte es también pensamiento crítico. Pero el pensamiento crítico es con frecuencia eurocentrista. Los pensadores europeos y estadounidenses, dijo, se olvidaron de un pequeñito detalle: el resto del mundo. Es por eso que se vuelve necesario descolonizar el pensamiento crítico.

Colonización y colonialidad no son lo mismo. La colonización fue un evento histórico, la colonialidad permanece. Está en las jerarquías económicas, raciales, culturales y de conocimiento. Está en la mirada. Y está en la desmemoria.

Descolonizarse implica recuperar la capacidad de pensar, nombrar y crear desde el propio territorio. Implica recuperar lenguas, memorias, saberes comunitarios y formas propias de entender el tiempo, la naturaleza y la vida colectiva. Implica mirar al mundo, entendiendo que nuestra humanidad es un pluriverso, no un universo. Implica poner en el centro a la comunidad y no al individuo. Poner en el centro la responsabilidad comunitaria y la interdependencia.

No se trata de idealizar un pasado precolonial, sino de transformar la herida en memoria activa. Y construir futuros propios a partir de esa memoria y esa mirada.

Pero es también abrazar la contradicción. Hay que “recuperar lo que se puede, buscar lo que se tiene, ir a donde se intuye” desde el ser propio… que es colonizado. Una forma de abrazar la contradicción es “estar mepantla”: ese concepto de los primeros pueblos conquistados que significa estar en medio, no ser ni una ni otra cosa. “Digerir el colonialismo”, como diría Silvia Rivera Cusicanqui. Como lo propuso también el movimiento antropofágico de Brasil.

Y hablando de pedagogías descoloniales, se refirió a su proyecto “La bola”: “un cancionero para resistir la desmemoria”. El proyecto consiste en intervenir canciones. Por ejemplo, en Ciudad Juárez, presenció cómo, en tiempos de violencia extrema, un chico fue expulsado de un parque por las mamás. “No tengo nada”, dice una canción de Nina Simone, “¿qué cosa tengo?”. Tengo ese muchacho dentro de mí, se dijo Hernán, tengo su voz, su vida. Así, decide intervenir esa canción de Nina Simone, incorporando incluso a Ayotzinapa.

Y cerró compartiéndonos su intervención del tradicional son jarocho El Balajú:

Si has sido burlado, ven.
Si no entiendes nada ya, ven.
Si eres un incrédulo, un timado,
si te han derrotado sin haber perdido, ven.
Si eres un irrespetuoso, preguntón,
jodón empedernido,
si tú sigues sin creer que fue como dicen que fue
y tú sabes que así no, que así no fue, pues.
Si tú encuentras a muchos otros, muchas otras, muchas más,
muchos otros que como tú saben que saben, ven.
Ven aquí y escucha.
Ven y quédate.
Ven y ayúdame a llegar a la luna,
ven y ayúdame a llegar al mar,
que ya me anda por llegar.

Fotos: Juana Machetes para RZ

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Radio Zapatista

Ensayar el día después: teatro, Común y artes bajo acoso

La mañana comenzó imaginando que el capitalismo ya había terminado.

En una cancha del CIDECI-Unitierra, bajo el cielo despejado de San Cristóbal de Las Casas, jóvenes zapatistas comenzaron a ocupar el espacio mientras otras personas observaban alrededor. Algunas permanecían de pie, otras sentadas o de rodillas. A un costado, una fila de milicianas y milicianos miraba en silencio. En el centro aparecieron mantas sostenidas con largos palos de madera.

“Gobierno en común”.

“Reglamento de la comunidad”.

“No al robo”.

“No al maltrato de la mujer”.

“No a la propiedad / Sí al Común”.

“Comunidad que se organiza en común”.

Y una manta mucho mayor que las demás:

“Todas y todos somos sobrevivientes de lo que era el capitalismo, y ahora nos organizamos sin ellos”.

Los cuerpos se arrodillaron, se levantaron, extendieron los brazos, caminaron en distintas direcciones, formaron grupos, se dispersaron y volvieron a encontrarse. En un momento, decenas de brazos ascendieron simultáneamente hasta convertir lo que parecía un conjunto caótico de movimientos en una ola. Después la ola se organizó.

Aquello era un ensayo de teatro. La pregunta que comenzaba a tomar forma sobre la cancha era bastante mayor: ¿cómo se ensaya una sociedad que todavía no existe?

El futuro representado allí tenía reglamentos, asambleas, acuerdos, problemas, cuidados y conflictos. Las mantas hablaban de propiedad, violencia contra las mujeres, robos, niñeces huérfanas, adicciones y formas de gobierno. El día después del capitalismo aparecía lejos de una imagen tersa de la utopía. Había que organizarlo.

Horas más tarde, durante la jornada dedicada al teatro dentro del Semillero Las artes bajo acoso, aquella experiencia atravesaría prácticamente todas las intervenciones. Por la mesa pasaron el Subcomandante Insurgente Moisés, Luis de Tavira, Marina de Tavira, Diego del Río, David Gaytán y Ofelia Medina, mientras desde la Comisión Sexta se acompañaba una conversación que regresaba una y otra vez al mismo problema: qué ocurre cuando el teatro deja de limitarse a imaginar otro mundo y comienza también a ensayar las relaciones necesarias para construirlo.

La obra antes de la obra

El Subcomandante Insurgente Moisés comenzó explicando algo que quienes miramos una obra terminada difícilmente alcanzamos a ver.

“El teatro que nosotros hacemos lo hacemos en común”, dijo.

Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga el audio aquí)

El proceso comienza cuando coordinadores y coordinadoras de arte y cultura de los doce Caracoles se reúnen alrededor de un tema. Aparecen muchas ideas. Se discuten. Se ordenan. Se elabora un primer borrador de escenas y movimientos. Después llegan actores y actoras provenientes de los Caracoles, y aquello que parecía resuelto vuelve a abrirse.

Las nuevas personas proponen otros movimientos, objetos, formas de representar, palabras y acciones. La obra vuelve a cambiar. Según explicó Moisés, “va saliendo en común la idea de cómo vamos a actuarlo”. Después cada grupo regresa a su Caracol. Practica. Corrige. Entrena. Se comunica con los demás. Y finalmente los doce Caracoles vuelven a reunirse para juntar las partes y continuar ensayando “hasta que sale”.

Moisés utilizó una expresión mucho menos solemne para describir el método con el que comenzaron a hacer teatro: “al romplón”. Órale, a ver qué sale.

La frase, sin embargo, podría engañar. Detrás de ese aparente desorden existe una enorme estructura de coordinación: cientos de personas, distintas regiones, desplazamientos, ensayos locales, comunicación entre grupos, materiales que cada participante diseña y construye, correcciones sucesivas y una idea que debe conseguir reunir todas esas diferencias.

La organización antecede a la escena. Y continúa dentro de ella.

Moisés insistió además en algo decisivo: él tampoco diseña los vestuarios, los objetos o cada movimiento. “Son ellos, son ellas” quienes los crean. Incluso cuando le preguntaron cómo llamar a su propia función, la palabra director pareció quedarle grande o quizá demasiado vertical. Entre bromas apareció otra posibilidad: “pensamiento rector”. Su tarea, explicó, consiste sobre todo en coordinar tiempos, reuniones y grupos. “Lo que hacen son ellos, son ellas”.

En esa maquinaria colectiva se construyeron también las dos partes de un mismo problema teatral. “El tema es uno solo, pero va en dos”, explicó Moisés. Primero, el Común. Después, el día después, cuando “ya no hay el sistema capitalista”. El teatro zapatista comienza entonces por una pregunta política y organiza cuerpos para hacerla visible.

Del “romplón” a la técnica

La presencia de Luis de Tavira aquella mañana introdujo otra capa en el proceso.

Moisés contó que el maestro les había compartido “método, forma, técnica”: cómo evitar que el actor permaneciera como una estatua, cómo expresarse, cómo hacer que una acción resultara legible para quien mira. Aquellas herramientas fueron recibidas desde un lugar muy concreto: las comunidades ya tenían claro qué querían decir.

“Lo único que sabemos es vamos a mostrar de lo que pensamos, de lo que creemos”, explicó.

Ahí ocurrió uno de los encuentros más fértiles de toda la jornada. De un lado, décadas de oficio teatral. Del otro, una práctica comunitaria construida sin escuela formal de actuación y sostenida por cientos de jóvenes de distintas comunidades. La técnica circuló sin desplazar el proceso colectivo que ya existía.

Por la noche, Tavira todavía parecía atravesado por aquella experiencia. Agradeció varias veces antes de poder comenzar su reflexión y reconoció estar profundamente conmovido por el trabajo compartido. Habló de alrededor de 240 participantes en la obra que acababa de ver y recordó otra experiencia anterior de teatro zapatista en la que había encontrado cerca de 500 personas en escena. Más que el número, le impresionaba la posibilidad de realizar un teatro multitudinario sostenido al mismo tiempo por exigencia y búsqueda artística.

Luis de Tavira (Descarga el audio aquí)

La relación entre aprender y enseñar se había desacomodado.

De hecho, desde la apertura de la mesa se habló de una “reunión conspirativa de teatristas” ocurrida en otro rincón del CIDECI, donde los papeles de maestro y aprendiz habían cambiado continuamente.

Quizá eso explique una de las cosas más interesantes de lo sucedido aquella mañana: nadie salió intacto del ensayo.

Pensar haciendo

Luis de Tavira recuperó una inquietud que había aparecido durante sus conversaciones con Moisés. Pensar resulta necesario. Hacer también. Para Tavira, el teatro ocurre precisamente en esa relación: es fruto del pensamiento y, al mismo tiempo, realización del pensamiento. Allí apareció el problema que atravesaría buena parte de la noche. La ficción puede imaginar un mundo distinto. El reto es la realidad. Moisés había formulado esa inquietud durante los intercambios previos: está bien imaginarlo, pero ¿cómo pasa aquello que se representa a la vida?

Tavira respondió viajando hacia uno de los orígenes occidentales del teatro. Recordó cómo la tragedia griega imaginó una salida del ciclo interminable de la venganza, sangre que llama a más sangre, mediante otra posibilidad de organización colectiva. Su argumento llevaba hacia una afirmación deliberadamente fuerte: el teatro ha intervenido históricamente en las formas mediante las cuales las sociedades se imaginan a sí mismas.

“El teatro cambia la historia”, sostuvo.

La afirmación adquiere otro sentido frente a una obra que imagina sobrevivientes organizándose después de la catástrofe capitalista. Para Tavira, el teatro es también un mirador: un lugar desde donde observar la vida a través de cuerpos presentes. La historia cuenta aquello que ocurrió alguna vez; el teatro puede interrogar aquello que sigue ocurriendo.

Y de ahí llegó a una formulación que desplaza radicalmente la centralidad de la propia obra: “La verdadera obra de arte es la sociedad”.

El escenario importa porque puede hacer visible algo que todavía carece de forma completa en la realidad. El futuro aparece entonces como acontecimiento abierto. “La esperanza no es optimista”, dijo Tavira. Es una “espera atenta a que suceda lo que aún no se sabe”.

Juntar las diferencias

Entre la intervención de Luis y la de Marina, el Capitán Marcos regresó a lo que había observado en los ensayos zapatistas. Lo que veía, contó, inicialmente parecía un desmadre. Grupos separados. Cada uno trabajando por su lado. Personas corrigiéndose entre ellas. Ninguna figura central recorriendo el espacio para dictar cada movimiento. Aquello le resultaba particularmente extraño desde una formación militar donde existen mando y obediencia.

Capitán Insurgente Marcos (Descarga el audio aquí)

Los jóvenes y jóvenas que hacían teatro, señaló, habían crecido en asambleas y reuniones comunitarias. Esa experiencia reaparecía cuando creaban: cada grupo se dirigía a sí mismo y posteriormente las partes conseguían encontrarse. “No hay una voz que se imponga o que mande”.

Marcos recordó haber sentido la misma incertidumbre viendo anteriormente los ensayos de Bichos. No alcanzaba a comprender cómo tantos fragmentos independientes podrían convertirse en una obra. Hasta que la vio completa. Entonces aquello disperso encontró una forma común. Para él, la potencia estaba justamente allí: “haber logrado esa construcción de diferencias en un colectivo, eso es un arte”. Quizá el teatro zapatista estaba mostrando algo antes incluso de comenzar la representación. La obra podía hablar del Común porque su propia construcción obligaba a practicarlo.

Una trinchera contra lo intolerable

Marina de Tavira había llegado con un texto preparado. Casi desde el inicio confesó que después de lo vivido esa mañana ya no sabía muy bien cómo leerlo. Lo había escrito desde cierto desconsuelo. Después de convivir, ensayar y mirar las funciones de los jóvenes zapatistas, la sensación era otra: alegría.

Marina de Tavira (Descarga el audio aquí)

Lo que encontró en aquella escena fue una forma de presencia y colectividad que confrontaba algunas de las cosas que el teatro profesional suele proclamar y que, a veces, consigue practicar con mucha mayor dificultad. Su reflexión regresó después a una convicción que la acompaña desde hace décadas: hacer teatro como trinchera contra lo intolerable.

Lo intolerable aparece cuando la crueldad comienza a normalizarse. Cuando una imagen de guerra sucede a otra. Cuando un cuerpo desaparecido se transforma en cifra. Cuando la violencia pierde la capacidad de producir conmoción.

El teatro puede trabajar justamente contra esa anestesia. Poner un cuerpo frente a otro. Sostener la mirada. Volver difícil apartarse. Permitir que aquello que sucede a otra persona vuelva a afectarnos. Pero Marina llevó esa pregunta también hacia quienes hacemos arte y hacia las posiciones desde las cuales intentamos acompañar las luchas. Recordó una frase que durante años había utilizado para explicar su trabajo: quería hacer teatro para “dar voz a quienes no la tienen”.

Y entonces la corrigió.

“Hago teatro para cambiarme a mí”, dijo. Aquellas personas a quienes quería dar voz “tienen voz y muy potente”. La tarea puede consistir en contribuir a que esa voz reverbere, comenzando por transformar la propia conciencia. La diferencia es profunda.

El arte deja de colocarse frente a otras personas como instrumento encargado de representarlas y comienza a preguntarse qué debe cambiar en quien mira, escucha, acompaña o crea.

Hacia el final de su intervención, Marina vinculó esa reflexión con las madres buscadoras y con el país atravesado por desapariciones. La palabra teatral puede convertirse entonces en lamento público, denuncia, memoria y abrazo.

La escena adquiere sentido cuando abre espacio para escuchar una voz que ya existe.

Acompañar sin borrar

Diego del Río comenzó prácticamente donde Marina había terminado. Él y David Gaytán habían participado durante la mañana en una parte del ensayo con los jóvenes zapatistas. Diego reconoció que la experiencia de actuar junto a ellos, aunque hubiera sido durante unos minutos, había modificado su propia percepción del presente.

Diego del Río (Descarga el audio aquí)

Habían formado parte de la ola. Por un instante tuvieron que coordinar sus cuerpos con muchos otros cuerpos. Sentir cuándo moverse. Cuándo detenerse. Cuándo seguir el impulso colectivo. Y cómo formar parte de una acción mayor sin desaparecer dentro de ella. Esta relación reapareció después en una frase proveniente de otra experiencia teatral de Diego: “Acompañar un cuerpo no significa borrar su autonomía”.

La frase podía escucharse de muchas maneras dentro de aquella mesa.

En el teatro, dirigir puede significar acompañar una búsqueda y dejar espacio para que quien actúa produzca algo irreductiblemente propio. En una comunidad, el colectivo puede adquirir forma sin cancelar la singularidad. En una relación de solidaridad, acompañar puede exigir abandonar la pretensión de conducir aquello que pertenece a otros.

Diego habló también de los rituales teatrales. Entrar. Preparar la atención. Respirar. Cerrar una función. Guardar el vestuario. Despedirse del espacio.

El teatro necesita esos umbrales porque trabaja con presencias. Algo comienza cuando varios cuerpos acuerdan prestar atención a una misma cosa y algo termina cuando esa energía vuelve a dispersarse.

Aquella mañana, la cancha había funcionado precisamente así. Sin telón ni butacas. Sin una separación estable entre escenario y mundo. El espacio se convirtió temporalmente en otra cosa porque cientos de personas acordaron habitarlo como teatro.

El placer de organizarse

David Gaytán volvió de manera todavía más explícita a aquella experiencia.

David Gaytán (Descarga el audio aquí)

Hablar de teatro bajo acoso, dijo, exige regresar de vez en cuando a una pregunta elemental: ¿por qué hacer teatro?

La profesión ofrece abundantes motivos materiales para abandonar: precariedad, escaso reconocimiento, exposición permanente, una relación absurda entre el tiempo invertido y la recompensa económica. Su respuesta fue pensar el teatro como servicio social. Y, a partir de ahí, hablar del placer. El placer de una idea. El placer del cuerpo expresándose. El placer de moverse junto a otras personas. El placer de coordinarse. El placer de organizarse.

Cuando describió la mañana, las fotografías parecían adquirir movimiento otra vez.

David recordó “el placer de ser una ola en estado de caos para después ser un mar de cuerpos organizados” que revienta cuatro veces al unísono. También recordó algo aparentemente insignificante: discutir dónde y de qué tamaño debían hacerse los agujeros de las mantas para que el viento no impidiera leer las frases.

Ahí estaba el teatro. En la consigna y en el cuerpo. En la tela y en el viento. En la decisión colectiva sobre cómo lograr que una palabra siguiera siendo visible. David formuló entonces una de las ideas que mejor explican lo que había ocurrido durante el día: “Hacer una obra de teatro es la posibilidad de ensayar la convivencia”.

Ensayar deja de significar únicamente repetir una escena hasta ejecutarla correctamente. Ensayar es probar relaciones. Distribuir responsabilidades. Escuchar desacuerdos. Resolver errores. Aceptar liderazgos temporales. Corregir una decisión. Empezar otra vez.

Desde esa perspectiva, la frase que aparecía por la mañana “Reglamento de la comunidad” encuentra una densidad diferente. El día después necesita reglas porque la convivencia también debe ensayarse. Otra manta decía “Asamblea”. Otra, “Gobierno en común”. El futuro se construía allí como verbo. Hacia el cierre, David condensó su intervención en varias frases: “Hay que hacer obras que sean oxígeno”. Hay que provocar y agitar la verdad. Y, sobre todo: “Hay que organizarnos”.

El gozo de hacer algo que nos rebasa

Ofelia Medina tomó la palabra al final. Su intervención recorrió buena parte de su vida entre arte, teatro, danza y organización política. Recordó la formación artística pública de su infancia, el movimiento estudiantil de 1968, años de trabajo con pueblos indígenas, el levantamiento zapatista y las redes de artistas y sociedad civil que comenzaron a organizarse después de enero de 1994. Pero todo aquel recorrido desembocó en una afirmación muy sencilla: “Ser comunidad, ser en común y actuar en colectivo. Eso es el futuro”.

Ofelia Medina (Descarga el audio aquí)

Ofelia volvió entonces a lo que Moisés había explicado al comienzo. Antes de hacer una obra, la gente se pregunta qué está haciendo y para qué. Después decide de qué tratará. Después crea.

La práctica artística en común comparte así algo con otras formas de organización comunitaria: comienza por producir acuerdos alrededor de una necesidad o un deseo. Frente a una idea de arte organizada alrededor del individuo excepcional, la firma, el éxito y el mercado, Ofelia defendió otra experiencia: crear con otros, discutir, pelearse incluso, resolver y continuar. Al final regresó a una palabra que había atravesado también las jornadas anteriores: gozo.

“El teatro es un ritual”, dijo. Cuando pierde esa dimensión corre el riesgo de convertirse simplemente en una parte más del comercio. Y luego: “El gozo colectivo es lo que aquí se produce”.

La afirmación adquirió inmediatamente una dimensión política. Ofelia habló del hostigamiento actual, de la violencia que atraviesa el país y del encuentro que el zapatismo ha planteado con colectivos de madres, buscadoras y buscadores. Ese encuentro forma parte de los objetivos anunciados por la Comisión Sexta para su viaje a la Ciudad de México: escucharles, convertirse en eco de sus demandas y entregarles el abrazo colectivo de los pueblos zapatistas.

El gozo del que se hablaba esa noche estaba lejos de la evasión. Era la posibilidad de seguir produciendo comunidad en un mundo que trabaja constantemente para romperla.

Ensayar el día después

Por la mañana, una manta había afirmado algo imposible de verificar todavía: “Todas y todos somos sobrevivientes de lo que era el capitalismo, y ahora nos organizamos sin ellos”. El capitalismo estaba escrito en pasado. Alrededor, cientos de jóvenes comenzaban a resolver el futuro con sus cuerpos. Había asamblea. Cuidados. Problemas. Autogobierno. Violencias que debían enfrentarse. Una discusión sobre la propiedad. Personas que necesitaban ponerse de acuerdo. Aquello que aparecía en la cancha podía entenderse como una ficción. Y justamente por eso podía funcionar como ensayo. La ficción permite colocar un cuerpo dentro de una pregunta antes de que exista la respuesta.

Moisés había explicado que así se construyen también sus obras: aparece una idea, se discute, se prueba, viaja a los Caracoles, recibe nuevas aportaciones, se corrige, regresa, vuelve a ensayarse. El día después parecía seguir el mismo método.

Tavira lo pensó como una posibilidad todavía desconocida.

Marina encontró allí una forma de presencia capaz de transformar primero a quien participa.

Diego habló de acompañar cuerpos conservando su autonomía.

David sintió una ola caótica convertirse en un mar organizado.

Ofelia nombró el gozo de producir algo colectivamente.

Y el Capitán Marcos observó algo quizá más difícil de advertir desde lejos: una obra hecha por grupos que parecían dispersos podía adquirir forma sin que una sola voz necesitara imponerse sobre todas las demás.

La escena de aquella mañana contenía entonces algo más que una representación del futuro. Era una práctica del presente. Se corregían. Volvían a empezar y esta vez todos juntos.

Quizá el día después se parezca menos a una imagen terminada que a ese ensayo. Una comunidad preguntándose cómo quiere vivir. Probando y equivocándose. Corrigiendo. Discutiendo y volviendo a organizarse.

Luis de Tavira había dicho unas horas después que la esperanza consiste en esperar atentamente aquello que todavía no sabemos.

En la cancha, mientras los cuerpos se movían debajo de una manta donde el capitalismo ya pertenecía al pasado, esa espera había dejado de ser inmóvil.

Durante unos minutos, el futuro estuvo ensayando.