Por Marijose
Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
24 de julio de 2026

(Descarga el audio aquí)

Buenas tardes, noches, días, según su geografía, hermanos, hermanas, hermanoas de México y del mundo. A nombre de las compañeras, compañeros, compañeroas zapatistas, voy a hacer uso de la palabra. Platicaremos con ustedes de mujer a mujer o de mujer a otra mujer: las mujeres del campo, las mujeres de la ciudad, las mujeres pobres, las mujeres ricas.

Como sabemos, la explotación, la humillación hacia la mujer ha existido desde hace muchos años, siglos, décadas. Por ejemplo, en el tiempo de nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas, vivieron una cruel e inhumana explotación por los pinches finqueros. Hasta hoy, en la actualidad, todavía sigue existiendo la discriminación, la humillación, la explotación hacia la mujer pobre, hacia la mujer trabajadora, hacia las mujeres de los pueblos originarios de México y del mundo.

Por ejemplo, cuando las mujeres van a la ciudad, muchas de las mujeres son discriminadas por su vestimenta, por su forma en que se expresan. El sistema capitalista nos quiere eliminar, nos quiere acabar, haciendo guerras, guerras injustas, como lo está haciendo hoy en Palestina. ¿Hasta cuándo, compañeras, hasta cuándo?

Sabemos que también las mujeres de la ciudad sufren igual que nosotros, porque sabemos que en la ciudad también hay muchas mujeres trabajadoras, maestras, enfermeras, doctoras, amas de casa, empleadas domésticas, secretarias. Y lo peor, que surge que entre mujeres nace esa discriminación hacia otra mujer, ¿o no es cierto?

Hay mujeres que porque tienen un nivel de estudio más alto ya se sienten superior que otra mujer. Por ejemplo, las secretarias: ellas van vestidas de minifalda, con zapatos de altos tacones, porque el patrón quiere que su secretaria se vea bonita, se vea presentable, se vea guapa. Y no importa si a esa mujer le gusta o no le gusta vestirse así, qué importa, el patrón a eso no le importa; lo que quiere es que esa mujer se vea bonita y lo tiene que hacer porque lo necesita su trabajo, aunque se tenga que estar cansando todo el día con esos tacones tan altos que ponen.

Yo a veces uso, pero es por gusto, no es por obligación, nadie me lo está exigiendo. Entonces nos damos cuenta de que ahí ellas también están explotadas por el sistema capitalista. Entonces no tienen por qué discriminar, no tienen por qué hacer de menos a otras mujeres.

Las mujeres ricas también son privilegiadas porque ellas no sufren como sufren las mujeres trabajadoras, no sufren explotación, no sufren humillación. Actualmente, en el poder hoy está una mujer, una mujer es la que gobierna. Cuando busca su candidatura, muy bonito posa para las fotos fingiendo amor al pueblo, hasta se pone en una vestimenta de algún pueblo originario. Pero, ¿qué pasa cuando está en el poder? Se olvida de todo lo que prometió.

¿Qué ha hecho, por ejemplo, por las madres buscadoras que exigen justicia? ¿Les ha hecho caso algún día? ¿Les ha hecho caso? No. Ahí nos damos cuenta de que no le importa el pueblo, no le importa la gente.

El sistema capitalista nos los pone muy clarito. Por ejemplo, cuando un hombre es presidente, su mujer pasa a ser la primera dama. Escuchen: la primera dama. Eso nos da de entender que hay una segunda, que hay una tercera, que hay una cuarta, que hay una quinta, para las miles y miles de mujeres que hay. Nos preguntamos: ¿qué lugar ocupamos las mujeres de los pueblos originarios?

Otro ejemplo: hay una fila larga, como es de costumbre, se hace para agarrar primer lugar, ya sea fuera de una oficina o de una institución. Van las personas 4 de la mañana, 5 de la mañana, porque el horario es a las 9 de la mañana. Resulta que a las 9, 9 y media llega una más en la fila, pero esa no se pone en la fila, esa va directo a la oficina. Resulta que es amiga de la que está atendiendo.

¿Y por qué ella no se puso en la fila? Ella es la que la atienden primero, esa que no aguantó sueño, que no madrugó. Entonces ahí nos damos cuenta de que las mujeres somos tratadas como un objeto sin valor, un objeto que no vale nada. ¿Hasta cuándo, compañeras, compañeros, hasta cuándo?

Como otroas —ahora sí vamos a hablar de otroas y no se sientan excluidos las otras personas, los colectivos, porque la palabra otroa, como lo dije en Suiza, vuelvo a repetirlo, la palabra otroa generaliza toda la comunidad LGBT y más, así es que lo abrazamos todo eso—. Como otroas somos despreciadas, discriminadas, humilladas, rechazadas y no es de hoy, es desde hace muchos, pero muchos años, siglos, décadas. Nos ven como que si nosotros fuéramos unos criminales, porque las otroas existimos desde el inicio de la humanidad, porque las otroas somos parte de la naturaleza, porque nosotros así somos, así seremos y así serán los que vendrán.

¿Por qué? Porque nadie puede decidir el futuro de alguien, ¿o sí?

Entonces el sistema capitalista ha enseñado una mala cultura, con su pinche cultura que ha enseñado a la sociedad. Ha enseñado a que las personas diferentes, a que las otroas seamos odiadas, seamos despreciadas. Por eso en la sociedad que vivimos, sea de la ciudad, sea de los pueblos o del campo, nos desprecian, nos ven con malos ojos, como que si nosotros no fuéramos seres humanos, como que si nosotros fuéramos más que animales. Pero qué culpa tiene un pobre animalito de mencionar su nombre aquí, porque hasta los animales les quieren más que a una otroa. Ya ven cómo jalamos el nombre de un ser inocente que no tiene la culpa de nada, pero ahí lo estoy mencionando, lo estoy agarrando como ejemplo, por culpa del pinche capitalismo.

Entonces es ahí donde nosotros también pensamos: ¿por qué, por qué nos odian, por qué nos desprecian? ¿Acaso este no es carne, no es hueso, no recorre sangre como la de todos? ¿O es que aquí recorre sangre de color azul, de color verde? No, todos somos iguales, todos tenemos derecho de vivir, de existir, de tener una vida libre.

Porque hasta los padres, cuando por ejemplo ven que un hijo es así, lo desprecian, lo corren de la casa. Pero, ¿qué no ellos lo hicieron? Imagino que ya saben cómo se hace un hijo, ¿o les explico? Lo hacen con amor, lo hacen con cariño y resulta que cuando es otroa lo desprecian. Porque cuando no escuchan que es otroa, su hija o su hijo lo va a querer con amor, lo va a aceptar con amor como cuando lo hizo.

Por eso muchos se van a la ciudad, llegan a encontrar otra familia, hacen una sociedad de familia lejos de su hogar, lejos de su verdadero padre, de su verdadera familia.

Así como dijo la compañera, es cierto: cuántos han morido, cuántos les han asesinado, muchas personas desde los años atrás que demostraron ser las personas, las primeras personas que se enfrentaron al pinche sistema capitalista.

Porque en sus reglas de ellos decían que somos un mal ejemplo para la sociedad, que no debemos de existir, que nos tienen que eliminar. Pero hubieron personas que tuvieron ese valor de vestirse como ellas quieren, de mostrar cómo es la naturaleza de por sí. Porque somos hombres, nacimos hombres, pero tenemos alma de mujer. Nos vestimos como nos gusta vestir.

Por eso hubieron muchas personas en aquellos tiempos que lo hicieron y los asesinaron, los desaparecieron, pero no acabaron con todos, no. Aquí estamos, aquí estamos resistiendo, en el campo, en la ciudad. Igual no nos ha terminado porque hay muchos compañeros que están en la ciudad organizándose, que están ahí todavía mostrando al sistema que ahí estamos, por eso no nos termina de eliminar.

También por parte de las religiones, nos desprecian. Dicen que somos un mal ejemplo ante la sociedad. Algunas religiones nos niegan el sacramento, otras religiones dicen que hay que arrepentirse. ¿De qué nos vamos a arrepentir? Porque no se van a decir con el Donald Trump o el Netanyahu que se arrepientan esos cabrones, esos que están haciendo daño, que están matando, que están asesinando. Que le vayan a decir que se arrepientan.

Porque luego dicen que es pecado por ser así, es pecado por ser otroa, que vamos a ir al infierno. ¿Dónde está el infierno? No lo saben. El infierno está aquí. ¿Acaso no es un infierno lo que estamos viviendo, por los pinches daños que hace el sistema capitalista?

Cuántos muertos, cuántos desaparecidos, cuántas madres no saben dónde está su hijo, cuántas compañeroas u otroas han sido asesinadas, han sido violadas, han sido abandonadas en algún baldío. No voy a mencionar sus nombres porque hay muchas y aquí la compañera ya mencionó algunos, y no están en el olvido, los tenemos aquí en nuestro corazón.

Pero, ¿qué culpa tenemos nosotros de ser así? No tenemos la culpa, tampoco nuestros padres, porque así es la naturaleza. Porque cuando unos padres o una pareja va a decir: queremos tener un hijo, pero no queremos que sea otroa, queremos que sea un macho, queremos una niña pero que no sea niñoa, que sea mujer, ¿acaso lo pueden decidir ellos eso? No.

Ellos sólo engendran, la naturaleza es la que va a decidir cómo va a ser ese nuevo ser. La naturaleza es la que va a definir el futuro y el destino de ese nuevo ser que vendrá en camino, porque así es la naturaleza, compañeros, compañeroas.

La naturaleza es tan grande, es tan diversa, es tan maravillosa que crea seres de diferentes especies. Así como los hay en los árboles, ¿acaso ven una sola variedad de árbol? ¿Acaso ven una sola especie de animales? No, ¿verdad? ¿Acaso ven un solo color de piel? No.

Así somos la humanidad, somos de distintos colores, de distintos pensamientos, de distintas formas de amar. Y nosotros ahí estamos, amamos diferente y por eso no quiero decir que nos tienen que despreciar, que nos tienen que eliminar.

Porque hasta en las familias ricas hay, ¿o no? Sí, en las familias ricas también hay, sólo que ellos son menos despreciadas. A ellos no los desprecian. ¿Por qué? Porque saben esconderse muy bien, como tienen mucho dinero, se van hasta no sé a dónde a vacaciones, y ahí hacen lo que se les venga en gana, ahí hacen todo lo que quieren hacer, regresan a su casa como si nada.

Pero lo peor es que entre otroas, ya sea rico o ya sea de clase media, nos desprecian a los más pobres, ¿o me equivoco, compañeras? Es que hay otras, yo la he visto, que por el hecho de ser como somos nos desprecian, sienten que ellos son mejores que nosotros, nosotras.

No se dan cuenta de que el enemigo que nos odia es uno solo, que tenemos que luchar todas juntos, porque el enemigo que nos quiere eliminar odia parejo.

Y así como nosotros, nosotras, las compañeras que estamos acá, no somos las únicas, hay muchos más: hombres, mujeres, algunas parejas que deciden juntar su vida, se casan o simplemente nada más una unión libre. Pero empiezan los desprecios, empieza la discriminación, la gente empieza a murmurar. ¿Por qué?

Por eso hay muchas compañeroas, que les da miedo demostrarse quiénes son. Miedo a ser despreciadas, miedo a ser rechazadas, miedo a ser violadas, miedo a ser asesinadas o descuartizadas. Es la moda que pone el capitalismo ahora.

¿Hasta cuándo, compañeras, compañerosas, hasta cuándo?

Y no sólo hablo por nosotros, por nosotras de acá, hablo por todos los otroas del mundo, porque estamos en todos los rincones del mundo, quieran o no lo quieran, acepten o no lo acepten.

Y esto que pasa aquí en mi querido Chiapas, no sólo aquí está pasando, así pasa en otros lugares del mundo. Y no miento, porque así lo vi cuando fui en la Gira por la Vida en Europa. Ahí conocí a muchos otroas, hombres, mujeres, ahí platicamos. Nos contaron cómo les discriminan también, cómo los desprecian, cómo el Estado los persigue. Incluso en algunos países son condenados a muerte, son condenados a cinco o diez años de prisión por el hecho de ser diferente, por el hecho de ser otroas. ¿Acaso no tenemos derecho de vivir, de existir?

Entonces allá en Europa así nos ven, y todavía dicen que somos enfermos mentales. ¿Ustedes creen que yo soy una enferma mental que está diciendo barbaridades acá? No, ¿verdad? Así nos dicen, que somos enfermos mentales. Esto no es una enfermedad, esto no se contagia. El que sí es una enfermedad es el pinche sistema capitalista, escúchenlo bien. Ese sí es una enfermedad porque mata, porque es inhumano, es cruel, es criminal, destruye la humanidad, destruye la naturaleza, destruye todo lo que esté, todo lo que ve a su paso.

Ese sí es una enfermedad y hay que tenerle mucho cuidado. Por eso nos tenemos que organizar: hombres, mujeres, otroas, sin importar clase social, preferencias sexuales, religiones y todo lo demás.

Gracias a que estamos organizados nosotros, nosotras, gracias a que estamos organizados es que es posible este semillero. Gracias a esta lucha que llevamos, es posible que estemos aquí compartiendo nuestra rabia, nuestros dolores.

Gracias, compañeros, compañeras, compañeroas.