‘Danza para mujeres’… que luchan
Por Argelia Guerrero
Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
24 de julio de 2026
Buenas noches. Yo, como ustedes, también más bien estoy muy deseosa de escuchar a las compañeras, pero bueno, aquí estamos y también espero que la palabra abone y siembre. Imaginen primero las tres cuartillas que, como decía Iván, podía dar de agradecimientos, y me los voy a ahorrar para ahorrar tiempo.
Mi ponencia se llama Danza para mujeres que luchan. Está dedicada a las compañeras de la Red Universitaria Anticapitalista, porque nadie reflexionamos solas, y a mi madre.
Presento estas reflexiones y veo la necesidad de reconocer el trabajo colectivo y la difusión de la lucha de como mujeres que somos, a las compañeras de Mujeres y la Sexta. Ellas han sido un pilar fundamental para la organización de mujeres que nos reivindicamos de abajo y a la izquierda. Ellas siempre con la agenda de las mujeres presente y siempre con la reflexión sobre qué caracteriza a las mujeres que luchamos desde abajo y desde la izquierda anticapitalista. Sin ellas, ese paso sería bastante más lento y autocomplaciente.
Quiero también traer a la mesa el nombre colectivo de las compañeras Mazatecas por la Libertad, quienes han sostenido una lucha de muchos años por la libertad de los presos en Eloxochitlán de Flores Magón y que, a la par, defienden el territorio, se organizan con mujeres de otros espacios, otras geografías, generaciones y orígenes, y todavía dejan espacio para la solidaridad con otras luchas y con sus mujeres, como es el caso de las compañeras zapatistas. Abrazo fuerte y amoroso para las compañeras mazatecas.
Por último, pero también a modo de inicio, quiero reconocer y saludar a las compañeras de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, por su necedad, por su tenacidad, por su digna rabia y por esa terrible pero maravillosa experiencia de llevar el dolor en colectivo y transformarlo en jardines de memoria, espacios de encuentros, foros de reflexión, áreas de conciertos, salas para la danza, el teatro, la poesía, el cine.
Por su necio empeño de sobrevivir a la pesadilla con amor, con dignidad y en común. Por haber recibido juntas, abrazadas, en bola, el dolor de una madre que tuvo que esperar horas a que le entregaran los restos de Montse para llevarla con su manada, con quienes no la conocimos pero la queríamos despedir con amor.
Aquel día, la glorieta no fue una sala fúnebre, sino un jardín de rabia donde lloramos todas, cantamos todas; un jardín que, en mitad de la avenida más importante de la ciudad, paró todo para rodear de pétalos, rezos y semillas a Montse, porque nos arrebataron una vida y esa vida importa más que cualquier avenida, más que cualquier monumento de piedra.
La glorieta arroja entre sus arbustos un racimo de mujeres que luchan desde sus diversos dolores y desde sus diversas rabias. En la glorieta se reúnen mujeres que son una y son muchas, pero no son todas, porque no: en la glorieta no vive la presidenta que, cuando jefa de gobierno, se propuso desaparecerla y reunió a otras mujeres de su “movimiento” para acusar a la glorieta de sectaria y racista, pues ella quería poner una mujer de Amahac en aquel sitio, una mujer de las que a ella le gustan tanto: de piedra, sin voz, de ornato, fija, unidimensional.
En la glorieta no están las mujeres que se ponen pañuelitos morados mientras desalojan edificios habitados por adultos mayores y les cobran cuotas a los comerciantes que no se afilian a sus colores. Vicente nos platicó de ese drama. En la glorieta no están las comisionadas de derechos humanos que traicionan su historia. En la glorieta no están las mujeres caciques que persiguen y amenazan a las mujeres mazatecas que denunciaron sus abusos.
En la glorieta no están las mujeres jefas de gobierno que se cuelgan hasta el molcajete para encajar en el perfil de lo “popular”, pero que obsequió la ciudad a la FIFA, a sus negocios, a la especulación inmobiliaria; la que interpuso filas de policías y obligó a trabajadores y trabajadoras del gobierno a confrontar a las madres que protestaron durante el mundial por las desapariciones en el país. Aquella a la que no le alcanzó la sororidad ni para con su colaboradora más leal y cercana, Jimena Guzmán, quien a más de un año de su asesinato no tiene verdad ni justicia.
Así como no llegamos todas, en la glorieta tampoco caben todas.
El símbolo de la glorieta me ayuda entonces a exponer desde dónde vemos y construimos la resistencia y la rebeldía. Me sirve como un punto de partida, pero no es ni será el único espacio que resiste y se rebela, y eso es una maravillosa noticia.
Ahora les voy a presentar ese ramillete de mujeres que, desde nuestro punto de vista, se puede identificar con esto que las compañeras reflexionan desde el “como mujeres que somos”.
Este ramillete lo traigo evocando una de las danzas más bellas creadas por la bailarina y coreógrafa mexicana Gloria Contreras, con la música de Pergolesi, un compositor de hace muchísimos años, y esa danza se titula originalmente Danza para Mujeres. Yo le agregué que luchan.
Esta obra se compone de siete movimientos y una aleluya.
Solo les hago la breve acotación de que es a manera de título para que vayamos perfilando estas caracterizaciones de mujeres que luchan.
Les voy a pedir que, para empezar este perfilamiento, cierren por unos segundos los ojos y escuchen esta maravillosa obra que está dedicada a las madres, al dolor de María Madre cuando ve a su hijo Jesús en la cruz, esto desde la idiosincrasia judeocristiana.
(Se escucha el inicio de la pieza)
Stabat Mater. Las Madres Buscadoras.
Es una vergüenza tener una presidenta mujer que debería poner en alto nuestro país, pero no: nuestro país es una fosa. Me está escuchando, señora; ya veo que nos ignora. Estas mismas ganas tengo de decirle en su cara a la presidenta: qué lástima que sea mujer, le quedó grande el paquete de gobernar. La seguridad del país se la ha vendido a los criminales. Es la primera vez que vengo a una reunión y es una pena que nos haga venir de tan lejos, dejar a nuestras familias, nuestras búsquedas, para escuchar tantas mentiras, porque lo que aquí escuchamos son puras mentiras. No hay avances realmente en nuestras búsquedas; todo es farándula de ustedes que vienen a tomarse fotos para decir que están trabajando.
Reclamo de Socorro Gil Guzmán, madre de Jonathan Romero Gil.
A Jonathan se lo llevaron policías municipales de Acapulco. Y esta indignada respuesta sucede después de que la secretaria —con A— de Gobernación afirmara que se investigarían los recursos con los que las madres se desplazan por el país para protestar.
Doña Socorro, doña Mari, Jackie, Ana Enamorado, la Red de Familias Migrantes, doña Vanessa, Gaby, Mari Carmen, Ana Lucía, las madres de Ayotzi, cada una de las organizaciones y colectivas de búsqueda activas en el país han dejado testimonio del dolor de la ausencia, pero también han realizado lo inimaginable para traer a la memoria y a la lucha no sólo el nombre, sino la historia de sus hijos, hijas, hermanos, hermanas, padres, madres, tíos, tías, desaparecidas y desaparecidos.
Del dolor de las ausencias se ha expuesto en este espacio. Hemos reflexionado también sobre las razones estructurales de esta pesadilla.
Yo hoy quiero nombrar algunos pocos de los innumerables esfuerzos que las madres realizan todos los días: desde caminar desde muy temprano para realizar las búsquedas que el Estado no hace; investigar y leer expedientes con cientos de tomos; rastrear cámaras; recoger testimonios; enfrentar amenazas a las que muchas de ellas no han sobrevivido.
Pero, a pesar de todo, siguen. Pegan las fichas de búsqueda en todos los espacios posibles; llega el Estado y las arranca, pero ellas las vuelven a pegar una y otra vez porque a un hijo no se le olvida, a un hijo se le busca.
Las madres han tomado y renombrado para resignificar espacios públicos: glorietas, calles, paredes, árboles, salones y foros. Han realizado encuentros, búsquedas nacionales, conciertos; marcharon en plena euforia mundialista, pero lo hacen también cada 10 de mayo, que duele hasta el tuétano, pero que duele más quedarse quieta en casa. En la marcha, por lo menos, nos acompañamos.
Imprimen playeras con las fotos de sus tesoros, como ellas les llaman; realizan recetarios que compilan los platillos que a las ausencias les gusta comer, para sentirles un ratito cerca, para pensar que al final de la guisada tal vez se abra la puerta y nuestro hijo, nuestra hija, diga: “Mire, ma, ya regresé”. Para que quienes guisemos alguna de esas recetas pensemos no en cifras, sino en vidas que faltan.
Apenas para este mundial recompusieron el gustado tema de Cielito lindo, que cantamos ayer, para estar acorde con el ánimo mundialero, pero sin dejar de mirar la dolorosa ausencia que se cuenta en 135 mil casas. Nos juntamos con ellas a jugar cascaritas, porque nuestro problema no es con el fútbol, sino con que nuestros hijos e hijas también lo disfrutaban y hoy no pueden.
Cuelgan mantas gigantes en los puentes, tejen y bordan los nombres y rostros de las ausencias, rezan y tienen fe, imprimen la huella de sus pasos para que quede constancia de la búsqueda, del amor, del esfuerzo por encontrar la vida.
Cujus animam gementem.Mujeres trabajadoras.
En las mujeres trabajadoras vemos un perfil relevante, porque es precisamente en su carácter de clase donde se encuentra una de las condiciones que las llevan a encontrarse en el abajo y en la izquierda. Mateo nos expuso con brillante claridad al respecto de la clase trabajadora y sus luchas.
Es al reconocer la situación de explotación que se define desde dónde se lucha, hacia dónde va el horizonte de emancipación y quién es el enemigo. El capitalismo y sus múltiples manifestaciones, incluida la de una presidenta —con A— que entrega los ahorros de los trabajadores y trabajadoras a los grandes bancos para especular con el hambre, la guerra, el reacomodo del mundo y que les obliga a trabajar hasta que mueran.
Vale decir que esas afores además financian hoy el genocidio en Palestina. Por eso es tan importante y tan relevante la lucha de las maestras de la CNTE.
Las mujeres trabajadoras luchan por jornadas laborales justas, porque aunque se cuenta por ahí que en México hay un gobierno “progresista”, las leyes han operado para arrebatarles sus ahorros, exprimirles las horas extra de trabajo, negarles los días de descanso, negarles las 40 horas de trabajo, obligarlas a dejar a sus hijos e hijas para cumplir con esas jornadas laborales cada vez más largas y extenuantes.
Una vez aquí, Capitán recomendó el documental Tratado de Invisibilidad de la compañera Luciana Kaplan. En él se retrata la terrible condición de sobreexplotación de las trabajadoras de limpieza en la Ciudad de México, a través de la subcontratación que se encargaron de contarnos que ya no existía y mintieron.
Pero las compañeras salen a las calles, siguen la lucha, no se rinden, no se venden, no claudican, como dice la canción del maestro León Chávez Teixeiro: “a levantarla aquí, a levantarla allá, a enseñarles a los hijos por quién deben luchar, que la obrera está de guerra”.
O quam tristis et afflicta. Madres víctimas de feminicidio y las mujeres víctimas de estos feminicidios.
Al Estado le gustó reducir todas las situaciones trágicas del país al término “víctimas” y listo: todo igual, todo será ignorado en conjunto. Y aunque las madres que buscan muchas veces caminan de la mano de las madres con hijas asesinadas y se abrazan y se encuentran, confluyen en muchas iniciativas y espacios, su dolor no es el mismo, sus historias no son iguales.
Muchas de las madres cuyas hijas sufrieron feminicidio, es decir, fueron asesinadas por ser mujeres, muchas veces fueron madres que buscaron; ese fue su dolor primero, pero no el único.
Ellas, en su carácter de buscadoras, enfrentaron la indolencia de las instituciones y la criminalización de sus hijas. Apenas hace unos días, la gobernadora —con A— de Campeche volvió a repetir la indolente letanía de que las mujeres se van con el novio y por eso hay muchas cifras de desapariciones.
En fin, las madres buscan por su lado, buscan en colectiva, buscan con sus recursos y muchas veces encuentran. Entonces el dolor transmuta, es decir, cambia.
La rabia de haber exigido buscarla con celeridad y con ello tal vez haber podido evitar la tragedia llega, y esa rabia pega fuerte. Viene entonces el duelo, que es implacable, porque hay que tratar ahora con los forenses que las tratan sin empatía, con medios de comunicación que difunden imágenes dolorosas y revictimizantes, declaraciones de funcionarios y funcionarias que criminalizan a las mujeres y que acusan y culpan a sus madres.
Ser mamá de una compañera que nos arrebató la violencia machista significa tener que nombrarla en todas sus dimensiones, reivindicar su nombre, hacer hasta lo imposible por reorientar el estigma social hacia los verdaderos responsables: el feminicida y el patriarcado.
Es un camino duro, doloroso y que no debiera existir, pero existe, y las madres lo enfrentan con valor y con verdad, con infinito amor y creatividad.
Entonces, por ellas florece un jardín en Ciudad Universitaria que nos evoca a Lesbi y nos conduce a mencionarla y pensarla desde el amor de su familia y no desde el terror patriarcal. Podemos detenernos en Reforma y leer los nombres, a veces escritos en rosa, y pensar en vidas, en anécdotas y no en la nota roja.
Gracias a las madres, a veces tenemos sentencias que no dan paz, pero esto es importante: nombran a los perpetradores y liberan a las mujeres de cargar con la culpa de su propia muerte. Gracias a las madres vivimos este amor entre mujeres en un mundo que las odia.
Quae Moerebat et Dolebat. Mujeres indígenas.
En esta exposición me voy a detener poco, pues qué les puedo contar a ustedes, compañeras, de este perfil de compañera, de mujer que lucha. Más bien les quiero contar, vuelvo a la glorieta, que la glorieta nació cuando se retiró a Cristóbal Colón de un pedestal en una glorieta de la avenida más importante de la Ciudad de México.
No crean que se retiró como simbólica justicia o algo así, aunque eso se dijo en un principio. En realidad, buscaban cambiarlo de lugar, pues sí estaba medio feito tenerlo ahí grandote y contradecía esta demagogia del gobierno que ha adoptado la modita de ponerle sufijos supuestamente nahuas a todo lo que se les atraviesa.
Sí, ignoran toda diversidad étnica, lingüística y cultural, ya dejen del país, no sólo de la Ciudad de México; nomás se hablaba náhuatl. En su lugar quisieron poner la mujer de Amahac, para “reivindicar” a las mujeres indígenas… lo que sea que ellas entiendan como reivindicar.
Fue entonces que un grupo de mujeres llegó muy tempranito un día, llevaron su herramienta, pintura, flores, las fotos de quienes nos faltan, música y comida para acompañar los trabajos, e instalaron en el lugar una mujer con el puño levantado. La nombraron Justicia como representación de las mujeres que levantan su puño y, como mujeres que son, viven en resistencia y rebeldía por la vida.
Nombraron al sitio como la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Y aquel día, unas compañeras dibujaron una zapatista a la que se le asoman las trenzas de cada lado de su pasamontañas, pues si algo y alguien ha inspirado el necio empeño de resistir siendo compañera son las mujeres del Ejército Zapatista.
La glorieta permanece y muchas mujeres acuden al espacio para encontrarse, fortalecer su lucha. Alguien a veces llega y escribe algún nombre de una amiga, de una hermana, de una hija. Ese espacio se cuida y se defiende.
A ese espacio han llegado las compañeras mazatecas por la libertad a dar su palabra y contar su lucha; las compañeras otomíes, triquis y mazahuas para platicar cómo se les reprime y expulsa de los espacios públicos para no dejarlas vender sus artesanías.
A la glorieta ha llegado doña Cristi, madre de Ayotzinapa, a saludar y compartir su lucha, orgullosa de su lengua originaria y la de su hijo Benjamín; su lengua es el náhuatl. Ojalá en diciembre puedan verla con su propia mirada.
Inflammatus et accensus. Defensoras del territorio.
Vemos que, en realidad, todas las mujeres que resisten y se rebelan son, de una o muchas maneras, defensoras de territorios. Sabemos que los territorios no son trozos de tierra pedaceada, como diría el compañero Moisés. El territorio vital abarca la corporeidad, el imaginario, la identidad colectiva, la casa común, el espacio público, la memoria. Va desde el espacio físico personal —las bailarinas le llamamos kinesfera— hasta el ámbito de lo simbólico. Y en cada uno de esos espacios, territorios, habita, ocupa, una mujer dispuesta a defenderlos, porque también hay quienes quieren arrebatarlos, ocuparlos, violentarlos o profanarlos.
Entonces, cada mujer buscadora, madre de hija ausente, cada mujer trabajadora, indígena, artista, es una defensora de territorios, una defensora de vida.
Quando corpus morietur.Mujeres jóvenes.
Ser mujer joven es transitorio y es, creo, el momento en que una abreva, aprende y procesa la rebeldía natural de una edad maravillosa.
Hay rebeldía en todos los actos de la vida y, sin embargo, no siempre se es consciente de hacia dónde se dirige esa rebeldía o qué motiva esa rabia que llevamos en la panza, en los puños, en el habla, en el encendido de los ojos.
Hay mujeres jóvenes que la expresan de múltiples maneras y nos asombran.
Hay mujeres jóvenes que sienten la rabia y le ponen nombre al responsable: el capitalismo, el patriarcado, el racismo, la discriminación. Y entonces se encuentran, se organizan, suman sus colores, sus modos y sus creatividades para no sólo señalar a los responsables de sus dolores, sino darles la batalla.
Y no enfrentan pocos retos, porque la hidra, ya nos dijeron aquí, no sólo es poderosa, sino que engaña. Carlos Alberto nos contó detalladamente sobre estas formas en las que transmuta y engaña. La hidra se camufla y a veces se presenta con rostros y discursos que invitan a conciliar, a conformarse, a sentarse y aceptar la realidad, porque qué tal que esa realidad la pintamos de rosa y ya está. O qué tal que la pesadilla de la violencia mejor la ejerce una mujer policía y las órdenes las emite una comandanta suprema de las Fuerzas Armadas. Seguro dolerá menos.
A veces la realidad es el poder con pelito perfumado, tenis fosfofosfo, madre empoderada que te dice que nuestros problemas terminaron, que ya no hay contra quién luchar, que ganamos, que llegamos todas, que ya mejor tu compañero te evite la pena de pensar y decida por ti, porque al fin puedes ser lo que tú quieras, menos una mujer que incomode.
La hidra es canija y engaña, y hay quien cae.
Pero hay mujeres jóvenes que cantan rap e irrumpen el espacio con sus letras y no nos permiten olvidar el sentido de la lucha.
Hay mujeres jóvenes pintando los rostros y los nombres de quienes nos faltan.
Hay mujeres jóvenes que llegan a las brigadas de búsqueda para sumar su fuerza, sus pasos, su energía.
Hay mujeres jóvenes que detuvieron escuelas completas para decirle al mundo que no más a las violencias todas en los espacios estudiantiles.
Hay mujeres jóvenes tejiendo otras formas de sortear la precariedad que ahoga.
Hay mujeres jóvenes que toman una bocina y van por las calles, las plazas, las escuelas, contando de la lucha, la resistencia y la rebeldía, e invitan a sumarse.
Hay mujeres jóvenes que quieren conocer de las compañeras zapatistas y su lucha y organizan talleres, pláticas, semilleros.
Hay mujeres jóvenes hoy aquí.
Quis est homo qui non fleret si videret. Mujeres en el arte que revela o se rebela.
Vivir es lucha y es arte. El arte es vida y es lucha.
El arte revela experiencias humanas a través de lenguajes muy diversos que nos ayudan a expresar cuando se nos agotan las palabras. Hay muchas mujeres que crean arte que, además de revelar las experiencias humanas, se rebelan; es decir, se emancipan. Compañeras que irrumpieron en espacios de creación que por muchos años estuvieron acotados para los hombres, como el rap, el hip hop, incluso el rock.
Compañeras compositoras que le cantan a las luchas y las acompañan. Traducen sentires y dolores en esos lenguajes que muchas veces no entendemos cómo, pero lo entendemos desde algo más que nuestra cabeza. Hay compañeras que deciden sacar el arte escénico del espacio teatral y lo llevan a la calle, lo adaptan, lo hacen marchar y gritar.
El arte escénico es diálogo y es encuentro. De nada sirve si no hay con quién encontrarse, a quién decirle: así veo yo tu lucha, y se rebela. Hay compañeras que bordan para contar su historia, recordar una ausencia, llevar consigo una rabia; que llevan hilos rojos, canciones, versos por sus caminares y dan cuenta así de otras posibilidades de vida, de amor, de mundos.
Hay compañeras que hacen cine para contar historias que viajen y cuenten de las luchas del mundo. Hay compañeras que imaginan y nos invitan a perder el miedo de imaginar y voltear el mundo. Hay compañeras que pintan y que, por ejemplo, un día como el que les conté, llegan a un encuentro y pintan en la toma de un espacio, como la glorieta, como en la Plaza Palestina Libre, un sindicato, la Casa Samir Flores, que ya verán.
Hay compañeras que miran la lucha y la plasman en una fotografía que viaja por el mundo y da cuenta de las historias y las vidas que sostienen esas luchas. Hay mujeres que nos inspiran a vivir con arte, es decir, con valor. Vale decir que estas definiciones no son taxonómicas, o sea, que se excluyen una de la otra, que se excluyen entre sí, sino que están presentes en muchas de las mujeres.
Como dije al inicio, una compañera puede ser una y puede ser muchas. Una madre buscadora muchas veces es indígena, es trabajadora, defiende el territorio, es artista; incluso puede ser una madre joven.
(Suena el fin de la pieza)
Este es el fin de la pieza. Les recomiendo que la escuchen toda, es bellísima. Es una coda, es una aleluya, es el final de la pieza.
Ayer la bailarina Paulina Segura, quien ha venido a compartir su arte por estas tierras, se preguntaba justo después de bailar esta danza para mujeres: entonces, todo este esfuerzo por no rendirse, ¿en qué se convertirá?
Esta aleluya, compañeras, es como un estado de las cosas y está inspirado en la carta que nos leyeron en aquel encuentro de mujeres cuando nos entregaron una lucecita y nos pidieron resguardarla. Hace unos años, nuestras compañeras zapatistas nos entregaron una pequeña luz en el primer encuentro de mujeres que luchan. Ustedes nos pidieron tomarla y no guardarla, sino llevarla. ¿Qué ha significado llevar esa luz? Fue y sigue siendo una encomienda, un deber y una tarea, aún con muchos pendientes, pero fue una semilla que no cayó en tierra muerta, sino que florece.
La luz se custodia, compañeras, en colectivo; a veces más, a veces menos. A veces hay soledad, hay miedo; a veces es dura y dolorosa la lucha, pero ahí también está su luz. Titila la luz con las desaparecidas, las asesinadas, las presas, las violadas, con las golpeadas, las acosadas.
Está su luz con las migrantes, con las explotadas; ahí está su luz hecha rabia, coraje y decisión. La lucha no volvió a ser igual desde aquella noche que nos iluminaron con su luz, compañeras.
Falta mucho por caminar, pero aquella noche nos sentimos menos solas.


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