Palabras de la compañeroa zapatista Mia
Compañeros, compañeras, compañeroas del campo y de la ciudad, voy a compartirles cómo nos tratan o cómo somos dentro de nuestra organización zapatista.
Yo oí, sentí, lo vi: que en el movimiento zapatista no nos desprecian, no nos humillan, no nos discriminan por lo que somos, compañeroas zapatistas. Dentro de ahí somos respetadas, somos libres de asumir cualquier tipo de trabajo que a nosotras nos guste hacer dentro de nuestra autonomía.
Pero a todo esto, le damos gracias a nuestros compañeros caídos en el 94, quienes se organizaron, donde nos enseñaron y nos dejaron su ejemplo de que debemos luchar, hombres, mujeres, otroas, sin importar su diferencia sexual, su pueblo, su cultura, su lengua; que debemos de luchar contra un solo enemigo, como ya nos lo dijo nuestra compañeroa zapatista.
Porque el odio del sistema capitalista ha hecho llegar hasta las comunidades, rancherías, pueblos, colonias, barrios. Y cuando un padre, una madre, escucha que su hijo e hija es otroa, empieza a discriminarla, humillarla, despreciarla.
Y si nosotras no estamos preparadas para eso, ahí comienza un conflicto familiar, e incluso llegamos a golpes y nos echan de casa. Y es donde nos vamos a la ciudad. Pero imagínense: si una otroa no acepta a su familia, imagínense en la ciudad, en la sociedad; ahí solo va a ir a buscar muerte, a que les encarcelen, a que las desaparezcan.
Pero como dijo otra vez la compañera, retomo eso, de que muchas tienen suerte de unirse en un grupo de otroas, que no son familias, pero ahí se vuelven familias.
Compañeros, compañeras, compañeroas, otra de las cosas también que les sucede a una otroa es que, cuando un padre, una madre, no le aceptan porque dice que son una vergüenza para la familia, llega a lograr a pensar una otroa: mejor me muero, mejor me quito la vida. Y cuando eso sucede, hasta ahí un padre, una madre se arrepiente, porque ya no lo va a estar volviendo a ver, sino que solo quedan sus recuerdos. Y esa es una de las cosas que vemos también nosotras, nosotros, nosotroas zapatistas.
Hermanos y hermanas, hermanoas, quien me va a ver o quien me está viendo: su dolor es nuestro dolor, su rabia es nuestra rabia.
No están solas, no están solos, no están soloas. Tenemos que caminar juntos de la mano, abrazarnos juntos.
Aunque el camino nos cueste, pero no va a ser imposible nuestro objetivo, como nos enseña nuestra organización zapatista: que nuestro enemigo es solo uno y que se llama sistema capitalista.
Gracias, compañeros, compañeras, compañeroas.



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