El Congreso Nacional Indígena cumple 30 años en medio de la guerra
A los pueblos de México y del mundo,
Compañeras, compañeros:
En estos días el Congreso Nacional Indígena (CNI) está cumpliendo 30 años de haberse fundado como la casa de los pueblos originarios de México; los cumple en medio de una guerra que sacude al mundo entero: la guerra del capitalismo contra la vida y contra la humanidad. Los cumple en medio de una acelerada destrucción de nuestra Madre Tierra que día con día nos acerca a una catástrofe planetaria. Los cumple en un país atravesado por la violencia, con arriba de 40 homicidios dolosos a diario, más de 135 mil personas desaparecidas y miles de feminicidios; en un país profundamente militarizado y, a la vez, secuestrado por una multitud de cárteles y células criminales; en uno de los paises más desiguales del mundo, cuyos gobernantes proclaman la defensa de la soberanía nacional, pero no dejan de subordinarnos a los intereses imperiales del vecino país del norte y de un puñado de multimillonarios; en un país racista y excluyente cuyo estado y cuya clase política se han negado a reconocer cabalmente los derechos más elementales de nuestros pueblos, los pueblos primeros.
El capitalismo es el sistema económico dominante en este mundo. Creció y se extendió por todas partes a partir de que los europeos, hace más de 500 años, iniciaron la invasión de nuestros territorios, provocando la muerte de casi 100 millones de hombres y mujeres de los pueblos nuestros, más la muerte de casi 40 millones de seres humanos robados de Africa para ser esclavizados. No existe mayor genocidio en la historia de la humanidad que el provocado por el nacimiento del capitalismo hace 5 siglos.
Luego entonces, la vida de los pueblos originarios y afromexicanos que habitamos México, se nombra con una palabra: resistencia.
El capitalismo, como lo han explicado nuestros hermanos zapatistas, camina sobre cuatro ruedas: una, la explotación de la Madre Tierra y de la mayor parte de la humanidad para enriquecer a unos cuantos. La segunda, el despojo de nuestras tierras, nuestros territorios y nuestra cultura para seguir enriqueciendo a esos poquitos. La tercera, el desprecio hacia quienes somos el color de la Tierra, hacia quienes trabajamos y producimos la riqueza que unos cuantos se apropian. La cuarta, la represión para impedir que los que somos explotados, despojados y despreciados nos organicemos contra este sistema injusto. Adicionalmente, el capitalismo es profundamente patriarcal, es decir, se sostiene mediante la dominación, la explotación y la violencia sobre las mujeres.
Desde hace muchos años el sistema capitalista mundial vive una gran crisis económica, ambiental y civilizatoria que lo lleva a seguir reproduciendo las ganacias de ese puñadito de multimillonarios de un modo brutal: mediante la generación de guerras en todos los rincones del planeta, la destrucción cada vez más brutal de la naturaleza, la expansión del crimen organizado en las sociedades, la utilización de pandemias y catástrofes y la desaparición y esclavitud forzada de miles y miles de seres humanos. La Inteligencia Artificial y las nuevas tecnologías, el uso industrial cada vez más extendido de los llamados minerales críticos, así como el salto a la utilización de energías supuestamente limpias y renovables no hacen otra cosa que acelerar la destrucción de la naturaleza y la concentración de la riqueza mundial en unas pocas familias.
Se trata de una crisis global y civilizatoria nunca antes vista que obliga a la humanidad entera a destruir este actual sistema capitalista y patriarcal.
Para México y para nuestros pueblos esta guerra ha resultado muy dolorosa: hasta la primera mitad de este 2026 teníamos 135, 048 desaparecidos, habiéndose duplicado la tasa de aumento de desapariciones entre 2024 y 2026. Y con todo que este año han disminuido los homicidios dolosos, el promedio sigue siendo escandalosamente alto: de 40.8 víctimas diarias. Nuestro país vive una inocultable tragedia humana y los datos anteriores son explicados en gran medida por el masivo tráfico de seres humanos para múltiples propósitos o por los cientos de jóvenes que, forzada o voluntariamente, son reclutados por los cárteles del crimen organizado para formar ejércitos irregulares que disputan territorios, poblaciones y rutas entre sí. El desplazamiento masivo de poblaciones en Chihuahua, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero y Chiapas, la imparable militarización del territorio nacional, la entrega de sectores claves de nuestra economía a la SEDENA y a la SEMAR, la impunidad que se ha otorgado a los militares ante su probada intervención en crímenes tan brutales como la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, o el predominio cada vez mayor del crimen organizado en las actividades económicas del país y en sus estructuras de gobierno y procesos electorales a todos los niveles, así como la masiva circulación de drogas en las comunidades y ciudades, ilustran contundentemente que México es un país convulsionado por la guerra.
A pesar del repetido anuncio hecho por los gobiernos de la 4T, decretando la muerte del ciclo neoliberal, resultan inocultables el desastre en el campo mexicano y la completa pulverización de nuestra soberanía alimentaria debido a las políticas de libre comercio impulsadas por el actual y los anteriores gobiernos; resultan inocultables la pobreza estructural, junto con la pérdida de derechos sustantivos, en los pueblos originarios de México, o la cada vez mayor precarización de derechos tan centrales como la educación y la salud, mientras tanto, los banqueros tienen ganancias históricas en los últimos años (como la de 304 mil millones de pesos en 2025 que impuso un récord nunca antes visto) debido a la continuidad de las injustas políticas macroeconómicas neoliberales.
El maíz está en el corazón de nuestros pueblos. Sin maíz no hay país, dice el eslogan de un gobierno que presume una soberanía alimentaria inexistente: la producción nacional de alimentos está en picada desde 2022; la producción de maíz en 2025 fue la menor en los últimos 10 años con 20.4 millones de toneladas; en contraste, la importación de maíz alcanzará este año una cifra record de 25.1 millones de toneladas.
La continuidad neoliberal en el caso de los pueblos originarios y campesinos también se expresa en: 1) la permanencia del marco jurídico en materia agraria y de aguas surgido de la contrarreforma al artículo 27 constitucional en 1992, mismo que sigue inalterado; 2) la aprobación, en 2024, de la reforma constitucional en materia indígena omitiendo por completo el reconocimiento del territorio y de los derechos territoriales de nuestros pueblos; 3) el reordenamiento radical del territorio nacional, de sus poblaciones, flujos migratorios, fronteras y regiones, a partir de determinados megaproyectos que obedecen a los intereses de los Estados Unidos de América y de las grandes corporaciones multinacionales, como son el Tren Maya, el Corredor Interoceánico Istmo de Tehuantepec y el Proyecto Integral Morelos; o por medio de múltiples programas regionales de ordenamiento territorial y proyectos extractivistas o de producción y conducción de hidrocarburos que contemplan, incluso, la posibilidad de usar el fraking en distintas regiones del país; 4) el T-MEC que entró en vigor el primero de julio de 2020 y que representa uno de los cimientos más sólidos del neoliberalismo en nuestro país, profundizando la importación de transgénicos y el control externo de la producción agropecuaria nacional, principalmente campesina.
Mención aparte merece la regresiva propuesta de iniciativa de Ley de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos que actualmente promueven el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), la Secretaría de Gobernación y la Consejería Jurídica de la Presidencia de la República a través de una cuestionada y amañada consulta que se realiza en medio del hostigamiento, los asesinatos, las desapariciones y los desplazamientos forzados de poblaciones por parte del crimen organizado en la gran mayoría de nuestras regiones; consulta que se realiza mientras las comunidades que integran el Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) son acosadas por cárteles criminales con la complacencia del narcogobierno de Guerrero; mientras la comunidad wixárika de San Andrés Cohamiata se moviliza para exigir seguridad; mientras las comunidades y las guardias comunitarias en la Meseta Purépecha y Santa María Ostula son brutalmente agredidas.
Una simulada consulta que ha sido repudiada e impuganada por toda la geografía de este país y que camina tambaleante mientras nuestros compañeros Jesús Plácido Galindo y Sixto Mendoza Limpia, del CIPOG-EZ, así como Francisco Moreno Hernández, de Jotolá, Chiapas, están presos en las cárceles del mal gobierno por el délito de defender a sus pueblos. Mientras nuestras hermanas y hermanos de Eloxochitlán de Flores Magón no dejan de ser perseguidos y criminalizados por el delito de defender su río y la vida. Una mentirosa consulta con tantos y tantos desaparecidos en nuestros pueblos, como el compañero Sergio Rivera Hernández del Movimiento Agrario Indígena Zapatista.
En medio de esta imparable guerra de conquista capitalista, en medio de la mayor devastación planetaria nunca antes vista, es que el CNI cumplirá próximamente 30 años de existir y resistir.
Consideramos que ante la brutal guerra de conquista capitalista que despoja y destruye a nuestros pueblos cada vez con más violencia, el CNI debe fortalecerse y renovarse en su asamblea y en sus instancias de coordinación y trabajo. Debe crecer como una gran red que permita a los originarios resistir al despojo y defender lo que nos es sagrado y todo lo que nos da sentido como pueblos y como humanidad: la vida, la madre tierra, nuestros territorios, nuestras culturas y nuestra autonomía.
Nuestras demandas son las mismas que hace 30 años: respeto a la madre tierra y a la vida, respeto a nuestros territorios, respeto a nuestra cultura y organización social, respeto a nuestra lengua originaria, respeto a nuestra identidad y a nuestros autogobiernos. A pesar de que somos el basamento fundacional de lo que llaman “Nación Mexicana”, los distintos gobiernos han reiterado su política de suplantación, despojo, robo, represión, explotación, desprecio y racismo a través de todas las formas legales e ilegales que el sistema ha implementado e implementará hasta cumplir su objetivo de desaparecernos.
Por eso nos mantenemos en resistencia y rebeldía. Resistimos los intentos de aniquilamiento o “civilización” de los grandes capitales y sus gobiernos. Con la rebeldía creamos nuestras propias formas de vida y organización social, alimentadas en nuestra historia propia y de acuerdo a nuestros territorios y expresiones culturales. La historia de lucha pasada y presente es nuestro alimento y como CNI, como el todo y las partes que nos forman, no nos rendiremos, no estamos en venta y no claudicaremos en el cumplimiento de nuestro deber como guardianes de la madre tierra.
El mundo que queremos es para todos, no para unos cuantos. Uno donde la riqueza se mida por la diversidad conviviendo en el respeto, el apoyo y la solidaridad mutua. Uno con todos los colores, razas, géneros, modos y calendarios. En dicho sentido, acompañaremos y cobijaremos la Gira Por la Vida-Capítulo México del EZLN, organización fundadora del cni, y el VIAJE ABRAZO a las familias buscadoras que está organzando para diciembre de este año.
Quienes hoy formamos parte de las filas del CNI podremos caer por enfermedad, represión, cárcel o muerte, pero siempre habrá originarios dispuestos a seguir la lucha por la construcción de una mundo mejor, más justo y humano, de la única forma en que será posible, es decir, con todo el abajo que hoy resiste y se rebela.
ATENTAMENTE
10 DE OCTUBRE DE 2026
¡ALTO A LA GUERRA SIONISTA CONTRA EL PUEBLO PALESTINO, ALTO A LA GUERRA CONTRA LOS PUEBLOS DEL MUNDO!
¡JUSTICIA PARA SAMIR FLORES SOBERANES Y TODOS NUESTROS COMPAÑEROS CAÍDOS EN LA LUCHA POR LA LIBERACIÓN DE NUESTROS PUEBLOS!
¡LIBERTAD PARA JESÚS PLÁCIDO GALINDO, LIBERTAD PARA SIXTO MENDOZA LIMPIA, LIBERTAD PARA FRANCISCO MORENO HERNÁNDEZ, LIBERTAD PARA LA COMUNIDAD MAZATECA DE ELOXOCHITLÁN DE FLORES MAGÓN!
¡PRESENTACIÓN CON VIDA DE TODOS NUESTROS DESAPARECIDOS Y DESAPARECIDAS!
¡VIVA EL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA!
¡VIVA EL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL!
POR LA RECONSTITUCIÓN INTEGRAL DE NUESTROS PUEBLOS
NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS
COMISIÓN DE COORDINACION Y SEGUIMIENTO DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA
Congreso Nacional Indígena 30 años de lucha por la autonomía y en defensa de los derechos de nuestros pueblos
PRESENTACIÓN.
Hoy estamos reunidos en este lugar emblemático, símbolo de la resistencia, para conmemorar los treinta años del Congreso Nacional Indígena, del CNI, de la casa de todos los pueblos, tribus y comunidades que han venido luchando de manera autónoma por sus derechos en este territorio llamado México. La historia de estos treinta años de vida del CNI, están cargados de retos, de violencia y de despojos, pero también están llenos de lucha y de resistencia digna.
La creación del CNI es el resultado directo de aquellos primeros esfuerzos de organización de nuestras comunidades, ocurridos a partir de mediados de los años setentas y de las intensas luchas de los pueblos originarios que se han sucedido a lo largo y ancho del país en los últimos 50 años. Pero el surgimiento del CNI se producirá con el aliento poderoso del levantamiento de nuestros hermanos y hermanas zapatistas.
El CNI a lo largo de su caminar, ha vivido momentos sumamente difíciles, hemos perdido a compañeras y compañeros muy valiosos, ha enfrentado a enemigos poderosos, traiciones y campañas de hostigamiento y desprestigio. Pero a pesar de ello y en condiciones muy adversas, llegamos al día de hoy, levantando la voz al igual que hace 30 años, nunca más un México sin nosotros.
Los Primeros Tiempos.
EL CNI es el heredero de las grandes luchas que los pueblos originarios de nuestro país realizaron en los años setenta y ochenta del siglo pasado. Comenzando por el Primer Congreso Indígena de Chiapas de octubre de 1974, en esos mismos años, en muchos lugares del país, organizaciones que se reconocían como campesinas pero que aún no reivindicaban su identidad indígena, realizaron numerosas tomas de tierra, lucha que tuvo una respuesta represiva del gobierno, de los terratenientes y caciques, aún recordamos la brutal represión y las matanzas que sufrieron las comunidades indígenas de Tehuipango, Veracruz, Puxmetacan, Oaxaca o Wolonchan Viejo, Chiapas, entre muchas otras.
A principios de los años 80’s en la Sierra Norte de Oaxaca, organizaciones mixes, zapotecas y chinantecas que ya reivindicaban su identidad indígena, impulsaron de manera abierta la demanda política de la autodeterminación y defendieron la comunalidad. Años después en el Istmo oaxaqueño, en octubre de 1989 se llevó el primer encuentro nacional independiente de pueblos y organizaciones indígenas de México, a la que asistirían representaciones de 17 estados.
En 1990 nació el Consejo Mexicano 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, el cual impulsó numerosas movilizaciones, siendo las más importantes las ocurridas en 1992 en Morelia, Michoacán, y San Cristóbal las Casas en Chiapas, donde fueron derribadas las estatuas de los conquistadores, y las grandes marchas que salieron del Istmo y de Guerrero, mismas que arribaron a la capital del país para encabezar la gran manifestación nacional del 12 de octubre de 1992, bajo el lema: Nunca Más un México Sin Nosotros.
Nacimiento del CNI
Sin lugar a dudas fue el levantamiento de nuestros hermanos y hermanas zapatistas, el que dio un gran impulso a la creación del espacio nacional de los pueblos originarios de México. Desde los primeros días de enero de 1994, numerosos pueblos y organizaciones indígenas nos sentimos identificados con la Primera Declaración de la Selva Lacandona y realizamos acciones para exigir el fin de la ofensiva militar en contra de los y las integrantes del EZLN. Los cordones de paz contaron con una muy importante presencia de representaciones indígenas de todo el país y numerosas delegaciones de nuestros pueblos, atendieron la Segunda Declaración de la Selva Lacandona y asistieron a ese gigantesco encuentro llamado Convención Nacional Democrática, celebrado en Guadalupe Tepeyac, en agosto de 1994.
En los Diálogos de San Andrés Sacamchen de los Pobres, el EZLN fue acompañado por representantes de nuestros pueblos y en el marco de ese proceso, se convocó en enero de 1996 al Primer Foro Nacional Indígena que se llevó a cabo en San Cristóbal Las Casas, sin embargo, fue en el Segundo Foro Nacional Indígena realizado en Oventik, donde se acordó convocar al Congreso Nacional indígena mismo que se celebró del 10 al 12 de octubre de 1996, en el Centro Médico Nacional Siglo XXI.
En este Congreso, los cientos de delegados y delegadas provenientes de todo el país, denunciaron los despojos y violencia que sufren nuestros pueblos y se acordó exigir al Gobierno federal el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés; sin lugar a dudas hubo dos momentos muy intensos en ese primer Congreso: la llegada de la Comandante Ramona al Centro Médico acompañada de una multitud entusiasta y el mitin realizado el 12 de octubre en el Zócalo capitalino, donde ante miles de asistentes se anunció la fundación del CNI.
Los Diferentes Tiempos.
En estos treinta años, el Congreso Nacional Indígena, ha pasado por diferentes etapas. Las primeras acciones se realizaron cinco semanas después de la fundación del CNI, cuando se realizó en la comunidad de Milpa Alta, la primera Asamblea Nacional, en la que se acordó defender los Acuerdos de San Andrés y se nombran 10 comisiones de trabajo bajo la declaración de “Juntos somos Asamblea, separados somos Red” y los siete principios propuestos por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Ya en esos primeros tiempos se reivindica la autonomía de los pueblos indígenas y se demanda el reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas como la principal demanda política. En esta etapa el CNI acompaña las grandes movilizaciones convocadas por el EZLN, como la jornada de movilización de los 1,111 zapatistas, realizada en la ciudad de México en septiembre de 1997; un año después se realizó en el Zócalo de la ciudad de México, el II Congreso Nacional Indígena, el cual acordó participar en la Consulta Nacional para el Reconocimiento de los Pueblos Indígenas, misma que se llevó a cabo en marzo de 1999.
El mes de marzo del 2001 fue muy intenso, ya que se celebró el III Congreso Nacional Indígena en Nurío, Michoacán, en el marco de la movilización nacional de la Marcha del Color de la Tierra, impulsada por el EZLN con la demanda del reconocimiento constitucional de los Derechos de los Pueblos Indígenas con base en los Acuerdos de San Andrés y el día 28 de ese mes la Comandanta Esther defendió los derechos de los pueblos indios desde la Tribuna de la Cámara de Diputados. Era la hora de la palabra, la hora de guardar el machete y de afilar la esperanza.
El 28 de abril de ese año el Congreso de la Unión aprobó una reforma constitucional en materia indígena contraria a los Acuerdos de San Andrés y acorde con los intereses de quienes presionaron en contra del reconocimiento de nuestros derechos: las cámaras empresariales, las cúpulas militares y el gobierno de Estados Unidos; dicha reforma fue aprobada por todos los partidos políticos y convalidada por las legislaturas de los estados, el ejecutivo federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación. A partir de dicha traición el CNI entró en una nueva etapa de lucha y, en su Octava Asamblea Nacional realizada en noviembre de ese año acordó pasar de la exigencia por el reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos originarios al ejercicio de esos derechos y de la autonomía por la vía de los hechos.
A pesar del debilitamiento que sufrió el CNI después de la traición a los Acuerdos de San Andrés, entre los años 2001 y 2011, mantuvo su continuidad y presencia política a través de la región centro-pacífico del país con la realización de 28 asambleas regionales y nacionales que permitieron conformar una red articulada de resistencias comunitarias en diversos puntos de la geografía nacional y en la vigésimo quinta asamblea ampliada, realizada en la Comunidad de Santa María Ostula, Michoacán, en junio de 2009, aprobó el pronunciamiento sobre el derecho a la autodefensa indígena.
Unos años antes, a raíz de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona de junio del 2005, se realizó el Cuarto Congreso Nacional Indígena en San Pedro Atlapulco, Estado de México, los días 5 y 6 de mayo del 2006; donde se asumió dicha declaración política y el carácter anticapitalista de la misma y se denunció la guerra de exterminio en contra de nuestros pueblos, pues apenas había ocurrido muy cerca de ahí la brutal represión que sufrieran los campesinos de San Salvador Atenco. Este Cuarto Congreso se realizó en el marco de la Otra Campaña, iniciativa del EZLN que arrancó en enero de ese año, donde una comitiva del EZLN encabezada por el delegado Zero, recorrió varios estados, sosteniendo reuniones con pueblos y organizaciones indígenas y populares del país.
A partir de la represión en contra de Atenco y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, el CNI vivirá una nueva etapa de hostigamiento y represión que se ha extendido hasta nuestros días. En marzo del 2007 el EZLN le comunicó al CNI de una campaña de ataques de grupos paramilitares en contra de sus bases de apoyo, y a lo largo y ancho del país se intensificaron el saqueo y los despojos por parte de terratenientes y empresas que, con el apoyo de los gobiernos, trataron de imponer sus proyectos de muerte.
Los siguientes diez años, la represión en contra de nuestros pueblos, obligaron al repliegue y a organizar desde los territorios la resistencia, y a construir la autonomía de hecho. En esos tiempos crece la lucha en defensa del territorio y en contra de la imposición, los despojos y la violencia del crimen organizado. Es en este contexto que, en octubre de 2016, se realizará una Asamblea Nacional del CNI con motivo de sus 20 años de existencia en el CIDECI-UniTierra de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. En esta asamblea se escuchó poderosa la voz de los pueblos de Cherán y Ostula, se exigió la presentación de los 43 normalistas de Ayotzinapa, se reconoció el esfuerzo del pueblo Wixárika, también fueron denunciados los despojos de los megaproyectos y además se tomaron importantes acuerdos como la realización de una consulta sobre la creación del Consejo Indígena de Gobierno e impulsar una candidatura indígena independiente para el proceso electoral del 2018 con el propósito, no de contender por el poder, sino de visibilizar las luchas de nuestros pueblos y colocar la problemática indígena en la agenda nacional. Dicha consulta desembocó en el Quinto Congreso Nacional Indígena que se realizó los últimos días del año 2016 y los primeros del año 2017 en el Caracol zapatista de Oventik, acordándose por unanimidad conformar el Concejo Indígena de Gobierno y efectuar su constitución formal y el nombramiento de su vocera en mayo de 2017. Finalmente, en la asamblea de mayo la compañera nahua María de Jesús Patricio fue designada como vocera del el Consejo Indígena de Gobierno y también como candidata independiente a la Presidencia de la República.
A partir de esos acuerdos, en los últimos meses de 2017 y los primeros de 2018, se realizó una intensa campaña de recaudación de firmas para apoyar el registro de nuestra vocera como candidata independiente a la Presidencia de la República. Con muy pocos recursos y en condiciones adversas se realizó este esfuerzo en el que participaron miles de hombres y mujeres indígenas de todo el país. La comitiva que promovía la campaña sufrió un grave accidente en el municipio de Mulegé, Baja California Sur, donde una compañera falleció y otros integrantes más, incluyendo la vocera, resultaron heridas. Dicha campaña tuvo un impacto significativo en la vida política nacional exhibiendo a una sociedad y a una clase política sumamente racistas y poniendo nuevamente por delante los grandes problemas de nuestros pueblos y el escamoteo sistemático de sus derechos. Asimismo, este esfuerzo presionó para dar un contenido antipatriarcal a nuestras luchas y mayor participación a las mujeres dentro y fuera del CNI.
Nuevos Viejos Tiempos.
Con el triunfo del candidato de la llamada Cuarta Transformación, los pueblos que formamos parte del Congreso Nacional Indígena enfrentamos una situación extremadamente difícil, muchos creyeron en el espejismo del cambio, y se entregaron al nuevo capataz, pero otros bien sabíamos que el dueño de la finca seguía siendo el mismo.
En estos últimos 8 años, él nuevo grupo gobernante ha impuesto proyectos de muerte que han traído el despojo y la violencia para nuestras comunidades. El gobierno y las empresas han enviado a las bandas del crimen autorizado para asolar nuestros pueblos y desplazarlos de sus territorios ricos en minerales y bosques como ha ocurrido en Guerrero, Oaxaca, Chihuahua, Chiapas, Nayarit, Jalisco, Michoacán o Sinaloa. Han seguido asesinando, encarcelando, criminalizando o desapareciendo a nuestros hermanos y hermanas que levantan la voz y resisten. Los políticos y funcionarios de los gobiernos de la Cuarta Transformación promueven abiertamente el divisionismo en nuestras comunidades, cooptan a los representantes de nuestros pueblos y le dan vida a un nuevo indigenismo que, con sus programas sociales, busca someternos y acallarnos.
Pero a pesar del acoso y la represión que sufre el Congreso Nacional Indígena, hemos realizado en estos últimos años, decenas de actividades, foros, denuncias, encuentros de mujeres, giras, movilizaciones, comunicados, eventos artísticos y culturales; seguimos impulsando por todo el país la autonomía desde abajo y a la izquierda. EL CNI vive porqué resiste.
Hemos hecho un rápido recorrido por estos treinta años de vida del Congreso Nacional Indígena, treinta años de intensa actividad, de retos, de represión y de lucha. Muchos sacrificios y esfuerzos se han hecho, y al cumplir este nuevo aniversario no queremos que queden en el olvido los nombres de las mujeres y los hombres que le dieron vida a este proceso y que no se rindieron, no claudicaron y no traicionaron. Sabemos que no están todos y todas, por ello pedimos disculpas.
Aquí con nosotros y nosotras está el ejemplo vivo de lucha incansable y de compromiso de compañeros y compañeras, que ya han partido. Aquí recordamos a don Juan Chávez, Noé Torres, Eloísa Vega Castro, Samir Flores, Efrén Capiz, Miguel y Agustín Vázquez Torres, Doña Eva Castañeda Cortés, Bety Cariño, Francisco Cabrera, Aristarco Aquino, Don Félix Serdán, Armando Agustín Bonifacio, Sergio Rivera, Carmen López Lugo, Marcos Aguilar Rojas, Jacinto, Trinidad de la Cruz, Ricardo Robles, Ramiro Taboada, Cirino Plácido, Federico Ortiz, José María Chema, Gerardo Camacho y a los compañeros asesinados en Guerrero, Chiapas, Veracruz, Chihuahua, Oaxaca y Michoacán. Su legado está vivo y presente.
VIVA EL CNI
VIVA LA RESISTENCIA DIGNA DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
VIVA EL EZLN









