Por Yuli
Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
24 de julio de 2026

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Compañeras, compañeros, hermanas, hermanos, compañeras otroas.

Es así como ya dijeron nuestras compañeras otroas.

Somos nosotras las madres quienes traemos a nuestros hijos a este mundo. Somos nosotras las madres quienes sufrimos cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada noche, cada semana, el proceso del desarrollo de un hijo dentro de nosotras, dentro de nuestro vientre, durante nueve meses. Somos nosotras las madres quienes sufrimos los cambios de nuestro cuerpo. Somos nosotras las madres quienes sufrimos el gran dolor a la hora de parir un hijo. 1Por eso decimos que, sin nosotras las mujeres, no existiría la humanidad.

Pero eso no quiere decir que nosotras excluimos a los hombres, porque también sin un hombre no habría un hijo, no habría una hija.

Pero también decimos, como mujeres que somos, que no necesitamos el permiso de un hombre para ser libres, como mujeres que somos. Solo que entendemos, como mujeres que somos, que el sistema capitalista nos ha impuesto una mala educación entre mujeres y hombres desde hace décadas, desde hace años, desde hace siglos.

Por ejemplo, desde hace años nos platican cómo sufrieron nuestras abuelas en los tiempos de las fincas, cuando existían los patrones. Desde hace años ya existía una ley que tenían los finqueros: el derecho de pernada, donde una mujer, que eran nuestras abuelas o hijas de nuestras abuelas, tenía que ser violada antes de irse con su pareja o con otro hombre. Primero tenía que pasar en manos del patrón. Y así, desde hace años, el sistema capitalista busca formas, busca métodos, cómo chingarnos, como mujeres que somos. Pero es el sistema capitalista, no es solo un hombre.

¿Cuál es el método de ahora? El método de ahora, que nos chinga como mujeres que somos, es que eres violada por un policía, eres violada por un borracho, por un drogadicto. Pero ¿de dónde vienen las drogas?, ¿de dónde viene el alcohol?, ¿dónde es educado un policía? Del sistema capitalista también.

Ahora resulta que eres violada y, tan cruel es el sistema capitalista, que después de violada te mata, te desaparece, te descuartiza. Y estoy hablando de una mujer adulta. Pero tan cruel es el sistema capitalista que ahora resulta que también violan a tu niña, una niña inocente que todavía no ha vivido, todavía no ha desarrollado el cuerpo para ser mujer, y también es violada, y a veces no solo por un violador, sino por dos, sino por tres violadores.

Nosotras, compañeras, hermanas, las que están aquí, las que nos están viendo, somos madres, tenemos hijos, hemos parido un hijo y sentimos ese dolor que siente una mujer, una madre, cuando es violada su hija, cuando es violada su niña, cuando es desaparecida su niña. Pero es el sistema capitalista el que nos tiene así, porque no ha habido una buena educación.

Tanto es así el sistema capitalista que ahora, como mujeres que somos, hay quienes decidimos que ya no queremos tener más hijos, porque solo vamos a traer hijos a este mundo a sufrir, a que el sistema capitalista te los arrebate, como si fuera que el sistema capitalista es el que sufrió el dolor en el momento de parir un hijo.

Porque, por ejemplo, les vamos a poner el ejemplo de las madres kiliwas. Las madres kiliwas que decidieron acabar con su raza, con su lengua, con su cultura, porque se dicen: «¿Para qué vamos a traer más hijos a este mundo, si solo los traemos a sufrir?».

Pero nosotras entendemos, como mujeres zapatistas que somos, que no es esa la solución, porque le estamos dando el poder al sistema capitalista para que te acabe como mujer que eres. Así lo entendemos nosotras.

Y así otras madres, otras mujeres que nos platicaron, como ya dijeron las compañeras, cuando viajamos en la Gira por la Vida a Europa. Así nos platicaron otras compañeras, hermanas, allá: que hay unas que solo tienen un hijo; hay unas que ni siquiera lograron tener un hijo y ya son mayor de edad. Pero ellas mismas nos platicaron que ya no quieren tener hijos, porque con trabajo se sostienen ellas; que de menos van a poder sostener a un hijo, porque no hay tierra para trabajar, porque no tienen una casa, porque no tienen un trabajo, porque viven en la calle. Así nos platicaron las hermanas de Europa cuando fuimos por la Gira por la Vida.

Y así, tan cruel es el sistema capitalista, que nos quiere acabar como mujeres que somos, que hasta ahora ya inventaron un robot, una mujer robot que va a ser controlada por un control; que esa mujer robot sí va a obedecer a lo que quiere que haga el sistema capitalista, la que ya no va a decir, la que ya no va a protestar, la que ya no va a gritar.

Y así otras madres, como, por ejemplo, las madres de la Guardería ABC, las Madres de Plaza de Mayo, que han sufrido también. Y el ejemplo de nuestras madres buscadoras de Ayotzinapa, que para nosotras son un ejemplo esas madres buscadoras, porque salieron junto con sus parejas, con su marido, porque también su marido siente el dolor de haber perdido ese ser querido que un día salió y ya no regresó a su casa. Pero juntos, hombres y mujeres, no solo la mujer.

Nosotros, por ejemplo, hemos escuchado en algunas participaciones, en algunos otros encuentros, que hay personas que excluyen a los hombres. Para nosotras, las mujeres zapatistas, decimos: no, porque no es posible. O ustedes díganme ahorita: ¿es posible que yo sola, como mujer, voy a luchar y voy a hacer una guerra? ¿Es posible que solo los hombres se van a organizar entre hombres y van a luchar contra el sistema capitalista? ¿O solo nuestras compañeras otroas se van a organizar y van a luchar contra el sistema capitalista? ¿Creen ustedes que así, divididos, vamos a luchar contra el sistema capitalista? De nada sirve si pensamos así, que divididos. Entonces, quiere decir que, si pensamos así, que divididos vamos a lograr lo que queremos, de nada sirve que estamos diciendo aquí todo nuestro sufrir, porque cada uno tiene diferente sufrir y no estamos peleando contra un hombre; estamos peleando contra el sistema capitalista. Porque sí, tal vez hay un hombre, dos hombres, que son lo que son, que nos hacen lo que nos hacen, lo que ya compartimos, pero porque han tenido una mala educación.

Aquí estamos, les vamos a poner ejemplos. Nosotras estamos aquí ahorita, jóvenas, madres, otroas, dentro de nuestra lucha zapatista. Allá atrás están los compañeros bases de apoyo, atrás de ustedes, y está hombre y mujer. Por eso decimos nosotras que no podemos luchar sólo mujer. Nuestra lucha tiene que ser entre hombres y mujeres.

Y así muchas otras madres que sentimos su dolor, como lo dijeron hace rato, todo ese dolor que ya compartieron de que sufren nuestras madres buscadoras. Estamos con ellas porque lo sentimos su dolor de haber perdido un hijo, porque yo también soy madre, porque yo también no voy a querer que al rato está violada mi hija, que desapareció mi hijo. Porque me imagino ese dolor de esa madre que no sabe dónde está ahorita su hijo, qué le pasó, si comió, si ya se lo mataron, si lo están torturando. Lo siento yo también como madre, lo sentimos también como madres zapatistas que somos, el dolor de esas madres buscadoras, por no mencionar tantas que hay, pero sabemos que hay muchas madres buscadoras.

Despertad, hermanas, compañeras, compañeroas. Hasta cuándo vamos a permitir que el pinche sistema capitalista nos haga o nos siga haciendo todo lo que ya escuchamos estos días. Y no les estamos diciendo, hermanas, hermanoas, que agarremos las armas. Pero despertad. Hasta cuándo vamos a permitir tanta injusticia que nos hace el sistema capitalista.