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Arranca el Encuentro de Resistencias y Rebeldías y Encuentro de Artes


La guerra del planeta y la guerra de la naturaleza


Por fin, desde esta geografía en el sureste mexicano, en el caracol de Morelia, entre verdes montañas, un cielo azul y el coctel del calor de bienvenida, están siendo recibidos cientos de asistentes al Encuentro de Resistencias y Rebeldías y al Encuentro de Artes. Simpatizantes, activistas, colectivos, organizaciones, medios libres y muchos artistas se dan cita a un evento que miles y miles de personas de todo el mundo han estado esperando.

Dos eventos simultáneos en los que artistas de muchas partes del mundo compartirán su creatividad para desmenuzar algunas de las muchas formas de vida —luminosas y oscuras—, revelando así otras realidades que a su vez nos permitan vislumbrar otros mundos posibles. Este fue el mensaje del Subcomandante Insurgente Moisés.

(Descarga el audio)

Comandantas del CCRI-CG del EZLN, con su potente pero dulce voz, abrieron el evento con palabras de bienvenida en cuatro idiomas distintos: tseltal, ch’ol, tsotsil y tojolabal.

El Subcomandante Insurgente Moisés cierra con un emotivo mensaje informando que este evento consiste en dos encuentros simultáneos. Las palabras de bienvenida del Sup Moi nos recuerdan lo que ya sabemos: el responsable de estas dos guerras es el sistema capitalista, que no conforme con aniquilar al ser humano, destruye la naturaleza, la Madre Tierra. En este contexto, los individuos por sí solos tienen dos alternativas: rendirse o resignarse.

Por su puesto que los asistentes no viajaron kilómetros, horas, incluso días, nomás para hacerse guajes. Saben perfectamente que la razón por la que están acá no es para resignarse, ni mucho menos rendirse. No se preocupen, nadie se sintió regañado ni ofendido. Las ofensas aquí no caben, y por algo siguen arribando las camionetas con más participantes.

Sin embargo, prosiguió el Sup, la organización con otros, otras, otroas es una de las formas en que el ser humano se rebela y resiste. Una de estas formas de rebelarse y resistir son las artes.

Este encuentro, explica, es para conocerse y aprender unos de otros las formas de resistencia y rebeldía y compartir diferentes visiones de la realidad.

“No basta con imaginar nuevos mundos; hay que luchar por ellos, no para cambiar algo y que todo siga igual, sino para cambiarlo todo realmente. Para eso, se necesita la práctica y la teoría juntas. Pensar y trabajar, pero no cada persona sola en lo individual.”

El Subcomandante Moisés enfatizó que el sistema nos hace creer que sólo el individuo importa. Sin embargo, trabajando en común se obtienen dos cosas fundamentales: la fuerza para rebelarnos y la inteligencia para resistir, y vivir sin explotación, represión y despojo.

El mensaje fue tan claro que, aunque cansados por el viaje, las y los asistentes, con su espíritu de rebeldía y resistencia, no se quedaron sentados ni perdieron el tiempo. Luego luego agarraron sus parejas para ir creando los vínculos. Los tecladistas hicieron retumbar las bocinas con esas músicas que encienden el cuerpo. No había juncia en el suelo como para amortiguar, y ya ahora por la mañana salió una camioneta muy temprano, dicen que dicen, para reponer los caites, los zapatos y las botas de las y los milicianos, que ya andaban destaconados de tanto baile.

“Que las ideas que surjan de este encuentro sirvan para el arte supremo, la lucha más grande, que es para la vida, porque el sistema es para la muerte.”

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Día 4 – Semillero “Guerra contra la Humanidad” (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

Día 4 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

23 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

Este cuarto día del Semillero “Guerra contra la Humanidad” (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio) el Capitán Marcos informó que hasta el día anterior, había 686 asistentes de 28 geografías, además de los más de 200 zapatistas.

En este día se compartieron reflexiones profundas y contundentes sobre la migración, las diversas formas de la guerra, la búsqueda de los familiares de desaparecidos y desaparecidas y las corporaciones criminales, todo esto enmarcado en la lucha por la vida y la construcción de alternativas.

Presentamos abajo un resumen de las ponencias, así como los audios y ligas a los textos completos.


Bruno Miranda – “Miradas críticas de las migraciones y las fronteras”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Las fronteras no frenan la migración, fabrican la ilegalidad.

Este cuarto día del Semillero “Guerra contra la Humanidad”, el investigador Bruno Miranda invita a mirar el fenómeno de la migración desde otro ángulo: no fueron las migraciones las que dieron origen a las fronteras, sino que son las fronteras y los Estados quienes producen la figura del migrante. Desde esta perspectiva, migrar deja de entenderse como un hecho natural para convertirse en una condición política construida por el Estado y el capitalismo.

Durante su ponencia “Miradas críticas de las migraciones y las fronteras”, Miranda propuso desnaturalizar tanto la migración como las fronteras. Explicó que la movilidad humana ha existido desde siempre, pero que la categoría de “migrante” surge cuando aparecen los Estados nacionales, capaces de decidir quién pertenece a un territorio y quién queda fuera de él. Así, las fronteras no solo delimitan países: clasifican personas, autorizan unas movilidades y criminalizan otras.

Bruno Miranda sostuvo que las migraciones han sido fundamentales para la construcción del capitalismo moderno. Las ciudades, los sistemas ferroviarios, la agricultura y la industrialización en América fueron levantados por millones de trabajadores migrantes. Sin embargo, esa misma fuerza de trabajo que resulta indispensable para la economía también es sometida a procesos de ilegalización, mediante políticas que convierten en “ilegales” a personas que antes eran aceptadas cuando el mercado necesitaba su trabajo.
En ese contexto, explicó que la llamada crisis migratoria funciona muchas veces como un discurso político que justifica el endurecimiento de las políticas de control. Bajo esa lógica se fortalece la securitización de las fronteras: muros, vigilancia militar, drones, sistemas biométricos y una creciente colaboración entre instituciones policiales y migratorias que presentan la movilidad humana como una amenaza para la seguridad nacional.

Miranda señaló que estas políticas no buscan impedir completamente la migración, sino administrarla mediante estrategias de disuasión, obligando a las personas a recorrer rutas cada vez más peligrosas o a permanecer durante meses e incluso años esperando una resolución migratoria. Ese modelo también alimenta una creciente industria migratoria, donde centros privados de detención obtienen ganancias millonarias a partir del encierro de personas migrantes.

Para quienes logran cruzar la frontera, la violencia no termina. Miranda explicó que opera una inclusión diferencial: las personas migrantes son incorporadas al mercado laboral porque su trabajo resulta indispensable, pero permanecen excluidas del acceso pleno a derechos y ciudadanía. La frontera deja entonces de ser únicamente una línea geográfica para convertirse en un mecanismo cotidiano de vigilancia, miedo e incertidumbre. Es lo que definió como la internalización de las fronteras.

A ello se suman prácticas como el perfilamiento racial, que identifica como sospechosas a determinadas personas por su apariencia, y las deportaciones externalizadas, mediante las cuales los gobiernos trasladan migrantes a terceros países, ampliando el control migratorio mucho más allá de sus propias fronteras.

Lejos de presentar a las personas migrantes únicamente como víctimas, Bruno Miranda destacó que también construyen formas colectivas de resistencia. Las caravanas migrantes, afirmó, representan estrategias de cuidado mutuo, organización y defensa frente a un orden fronterizo que busca administrar individuos, pero que encuentra en la acción colectiva una permanente disputa por el derecho a buscar una vida digna.

Miranda nos invita así a mirar la migración desde una perspectiva crítica: entender que detrás de cada frontera existen decisiones políticas, intereses económicos y relaciones de poder que siguen moldeando quién puede moverse libremente y quién debe arriesgar la vida para hacerlo. Pero entender también que en la migración se manifiesta también la resiliencia de quienes insisten en buscar un lugar digno en un mundo de despojo y exclusión.


David Barrios – “El fin de las guerras y las luchas por el futuro”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Las guerras de hoy buscan controlar la vida y los territorios.

Por su parte, David Barrios afirmó que la militarización ya no responde únicamente a enfrentamientos entre Estados, sino a una estrategia para reorganizar territorios, apropiarse de bienes naturales y disciplinar a las poblaciones. Frente a ese escenario, llamó a fortalecer la organización comunitaria y la defensa de la Madre Tierra.

Durante décadas, las guerras fueron entendidas como conflictos entre países que buscaban derrotar a un enemigo. Sin embargo, esa lógica está cambiando. Para el investigador David Barrios, los conflictos actuales responden a una forma distinta de hacer la guerra: una ofensiva permanente que tiene como objetivo controlar territorios, garantizar el acceso a bienes naturales y reorganizar la vida de los pueblos en beneficio del capital.

Con su participación “El fin de las guerras y las luchas por el futuro”, Barrios explicó que la militarización contemporánea rebasa el ámbito estrictamente militar. Hoy se expresa mediante la expansión de bases, operaciones de seguridad, políticas de control territorial, criminalización de poblaciones y el fortalecimiento de mecanismos de vigilancia que, afirmó, acompañan los procesos de despojo en distintas regiones del mundo.

Barrios, señaló que las disputas geopolíticas entre grandes potencias no pueden entenderse únicamente como conflictos por el poder internacional. Detrás de ellas, sostuvo, existe una creciente competencia por minerales estratégicos —agua, energía y otros bienes naturales— indispensables tanto para el desarrollo tecnológico como para la industria militar. En ese contexto, dijo, los territorios habitados por los pueblos se convierten en espacios de disputa permanente.

Barrios también advirtió que la llamada “guerra contra el narcotráfico” ha servido, en distintos países de América Latina, como argumento para profundizar procesos de militarización y control social. A su juicio, estas estrategias no han resuelto la violencia, sino que han favorecido la fragmentación de los territorios y la expansión de grupos armados que hoy disputan recursos, rutas comerciales y actividades económicas más allá del tráfico de drogas.

Asimismo, alertó sobre el crecimiento sostenido del gasto militar a escala global, el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la guerra —como la inteligencia artificial y los drones— y la ampliación de la presencia militar estadounidense en distintas regiones del continente. Desde su perspectiva, estos procesos anuncian un escenario de conflictos cada vez más prolongados y complejos.

Pese a este panorama, el investigador rechazó que el futuro esté definido únicamente por la guerra. Puesto que las resistencias construidas por los pueblos, las comunidades y los movimientos sociales continúan demostrando que existen alternativas frente al despojo y la militarización.

“La lucha por la Madre Tierra es también la lucha por el futuro”, afirmó Barrios, haciendo un llamado a fortalecer las formas de organización colectiva, la autonomía y la defensa de la vida como respuesta a una época marcada por la violencia y la disputa por los territorios.


Andrea Horcasitas Martínez – “Frente al horror, la búsqueda y la promesa del reencuentro”

Texto completo aquí.

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La académica y activista Andrea Horcasitas Martínez reflexionó sobre la desaparición de personas en México como una de las expresiones más crueles de la guerra contra la humanidad, agradeciendo al movimiento zapatista por abrir un espacio de diálogo y reconociendo que su análisis surge del aprendizaje compartido con familias buscadoras. Su exposición se organizó en tres ejes: el diagnóstico de la crisis, la disputa por las cifras y la esperanza que nace de la búsqueda colectiva.

La desaparición forzada no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de México, afirmó, pero desde el inicio de la llamada guerra contra las drogas, el país ha alcanzado niveles de violencia sin precedentes en América Latina. Más de 135 mil personas desaparecidas, miles de fosas clandestinas y decenas de miles de cuerpos sin identificar reflejan una crisis que va mucho más allá de los números. La desaparición se presenta como una tecnología de guerra vinculada al despojo territorial, el desplazamiento, el reclutamiento forzado y la acumulación de riqueza mediante la violencia. Las fosas clandestinas han transformado la relación de las comunidades con su territorio, pues ya no se encuentran únicamente en lugares remotos, sino también en ciudades, escuelas, parques y espacios cotidianos, convirtiendo amplias regiones en verdaderas “zonas de sacrificio”.

En una segunda parte, la autora denunció lo que denomina una “guerra contra la cifra”, es decir, el esfuerzo del Estado por minimizar la magnitud de la tragedia mediante la manipulación estadística y discursos que deshumanizan a las víctimas. Criticó que los gobiernos reduzcan el problema a porcentajes o categorías administrativas mientras persisten la impunidad, la criminalización de las personas desaparecidas y la falta de investigaciones efectivas. Esta estrategia, afirma, busca ocultar la realidad y normalizar una violencia cotidiana que continúa cobrando decenas de víctimas cada día.

Finalmente, contrapuso a esa maquinaria de olvido la resistencia de las familias buscadoras. Son madres, padres, hermanas e hijos quienes, ante la ausencia de respuestas oficiales, organizan búsquedas, excavan la tierra y construyen redes de solidaridad para encontrar a sus seres queridos y a quienes aún permanecen desaparecidos. La búsqueda deja de ser un acto individual para convertirse en una causa colectiva basada en la memoria, la dignidad y la defensa de la vida. Para la autora, la esperanza no consiste en negar el horror, sino en la capacidad de las familias para transformar el dolor en organización, solidaridad y resistencia. En ese compromiso por devolver a todas las personas desaparecidas a sus hogares encuentra una alternativa ética frente a la violencia, una defensa del bien común y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.


Raúl Romero – “Corporaciones criminales y las luchas por la Vida”

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En su ponencia “Corporaciones criminales y las luchas por la vida”, Raúl Romero sostiene que la violencia que vive México no puede entenderse únicamente como un problema de narcotráfico o de inseguridad, sino como la expresión de un capitalismo criminal que utiliza la guerra, el despojo y la violencia para favorecer procesos de acumulación de riqueza. A partir de su experiencia acompañando a organizaciones sociales, familias buscadoras y víctimas de la violencia, afirma que la guerra iniciada en 2006 fortaleció a las organizaciones criminales en lugar de debilitarlas, dejando como saldo más de 135 mil personas desaparecidas, cientos de miles de asesinatos y desplazamientos forzados.

El autor argumenta que el crimen organizado forma parte de una estructura transnacional integrada por actores legales e ilegales, como banqueros, empresarios, políticos, fuerzas de seguridad, fabricantes de armas y grupos criminales. Estas redes, a las que denomina corporaciones criminales, funcionan como empresas globales que diversifican sus actividades hacia el tráfico de personas, armas, recursos naturales, lavado de dinero, delitos financieros y cibernéticos, entre otros. Su fortaleza radica en su organización en red, capaz de sobrevivir a la captura de líderes individuales, pues el problema es sistémico y está ligado al funcionamiento del propio capitalismo.

Romero plantea además el concepto de estatalidad criminal, mediante el cual explica que el Estado mexicano no ha fracasado, sino que se ha reconfigurado para responder a las necesidades del capitalismo criminal y del capitalismo extractivista. La frontera entre lo legal y lo ilegal se vuelve difusa cuando funcionarios, instituciones y gobiernos colaboran con estas redes, garantizando impunidad y facilitando el despojo territorial asociado a megaproyectos. En este contexto, la militarización no representa una solución; al contrario, ha coexistido y alimentado la expansión del crimen organizado y la intensificación de la violencia.

Frente a este panorama, el autor destaca las luchas por la vida como la principal respuesta social. Una lucha impulsada por los pueblos indígenas y campesinos que defienden sus territorios, las familias buscadoras de personas desaparecidas, las organizaciones de derechos humanos, las caravanas migrantes, colectivos juveniles y múltiples iniciativas comunitarias que colocan la vida, la solidaridad y el bien común en el centro de su acción política. Estas resistencias buscan reconstruir el tejido social frente a una estrategia de guerra que pretende fragmentar comunidades y convertir los territorios en espacios de explotación.

Finalmente, Romero sostiene que estas luchas representan una alternativa ética y política frente al capitalismo criminal. Más que responder con violencia, apuestan por la organización colectiva, la memoria, el arte, la cultura y la defensa de los territorios como formas de construir un mundo donde la vida prevalezca sobre la lógica del despojo, la acumulación y la muerte.


Subcomandante Insurgente Moisés – Mensaje para las familias buscadoras

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Hablando en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN, el Subcomandante Insurgente Moisés mandó un mensaje para las familias buscadoras en el país, expresando la solidaridad del EZLN con ellas y reconociendo su lucha como un ejemplo de dignidad, resistencia y esperanza. El subcomandante dijo que los zapatistas se identifican con su experiencia, pues como pueblos originarios también fueron históricamente invisibilizados y excluidos por el sistema capitalista. Por ello, consideran a las personas desaparecidas como parte de su propia familia y comparten el dolor de quienes las buscan.

Es por eso que los zapatistas decidieron acercarse a las familias buscadoras, reunirse con ellas en la Ciudad de México y, sobre todo, escucharlas, reconociendo el valor de su experiencia y de su lucha.

Mientras persistan las desapariciones, la violencia y la injusticia, dijo el Sup, el México que vivimos dista mucho de ser el país que queremos. Solo mediante la organización colectiva, la lucha y el trabajo conjunto, insistió, será posible construir un país verdaderamente justo y digno.

Finalmente, hizo un llamado a los pueblos del campo y de la ciudad a unirse y organizarse, recordando que nadie resolverá estos problemas por ellos. La responsabilidad de transformar el presente recae en la sociedad civil organizada; solo así será posible dejar un mejor futuro a las próximas generaciones.


Capitán Insurgente Marcos

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Al finalizar este cuarto día del Semillero, el Capitán Marcos agradeció a las y los participantes por sus aportaciones y reflexionó sobre el impacto de sus intervenciones en el público zapatista. Lejos de confirmar conocimientos previos, dijo, las ponencias evidenciaron aspectos de la realidad que él mismo desconocía y que enriquecen el análisis zapatista sobre la crisis actual. Destacó la importancia de combinar distintos tipos de conocimiento: la experiencia de las comunidades, el trabajo científico, la investigación y la práctica política, entendiendo que todos pueden conducir a conclusiones comunes desde caminos diferentes.

El Capitán agradeció el esfuerzo de quienes participaron como ponentes, quienes financiaron su propio viaje y compartieron generosamente sus conocimientos con un público que, además de los escuchas zapatistas, incluye militantes, integrantes de organizaciones civiles, activistas, personas solidarias y más.

Las intervenciones hasta ahora, dijo, constituyen un verdadero semillero de ideas y aprendizajes para el zapatismo. Concluyó agradeciendo a quienes ya participaron y a quienes aún intervendrán, con la esperanza de que el encuentro fortalezca la reflexión colectiva y que las enseñanzas adquiridas sean compartidas en los lugares de origen de cada participante, contribuyendo así a la construcción de nuevas formas de organización y resistencia.

Fotos: RZ

Fotos: Radio Pozol

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Dia 3 do Encontro “Guerra contra a Humanidade”

Dia 3 do Encontro “Guerra contra a Humanidade”
(As populações e a natureza sob cerco)

22 de julho de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

No auditório lotado do Cideci / Universidad de la Tierra Chiapas, reuniram-se, em 22 de julho de 2026, 645 pessoas de 27 regiões do mundo, além de mais de 200 “escutas” zapatistas, para o terceiro dia do Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio).

Nesse grande espaço de pensamento crítico, foram compartilhadas reflexões profundas sobre a fase atual do capitalismo, assim como sobre o genocídio do povo palestino, mas também sobre sua resistência e dignidade.

Compartilhamos aqui um resumo das conferências, bem como os áudios e os links para os textos completos, que consideramos fundamentais para compreender o nosso mundo e, assim, construir coletivamente alternativas reais diante do desastre que nos assola.


Carlos Alberto Ríos Gordillo – “Rastrear a hidra de muitas cabeças. Pistas para uma contra-história rebelde”

Texto da fala completa aqui.

(Baixe o áudio aqui)

O historiador Carlos Alberto Ríos compartilha uma reflexão sobre o pensamento crítico diante da hidra capitalista, representada como uma “hidra de muitas cabeças”, que pode ser compreendida e enfrentada quando aprendemos a ler seus rastros, identificar suas transformações e reconhecer a forma como reproduz a exploração, o despojo, a repressão e a devastação da natureza.

Ríos retoma o seminário “O pensamento crítico diante da hidra capitalista”, realizado há mais de uma década, no qual o Exército Zapatista de Libertação Nacional comparou o capitalismo à hidra da mitologia: um monstro que se fortalece sempre que é atacado. No entanto, afirma que ele não é invencível, e que sua principal fraqueza pode ser descoberta por meio do pensamento crítico e da organização coletiva.

O historiador recorda um dos relatos da sabedoria do Velho Antônio, no conto “Os riachos quando descem”, que simboliza aqueles que “leem os rastros”: pessoas que não apenas observam os sinais, mas identificam o perigo na montanha, se escondem, antecipam-se e se preparam para o ataque. Mas, enfatiza, não basta identificar o adversário; é preciso compreender como ele reescreve a história para justificar a dominação e ocultar as causas profundas da desigualdade.

Segundo Ríos, é fundamental narrar a história a partir da perspectiva dos povos que resistem, e não da versão dos vencedores. Cada rastro do capitalismo — massacres, desaparecimentos, espoliações, crises ambientais ou megaprojetos — revela a lógica da acumulação de capital por trás dos conflitos contemporâneos.

O historiador reivindica a experiência da autonomia zapatista e a forma como os zapatistas aprenderam a ler o mundo, narrar sua história e revelar aquilo que se encontra ao redor dos rastros. A partir deles, sabem quem é o inimigo, de onde veio, como mudou, para onde vai e como enfrentá-lo.

Ríos interpreta as treze reivindicações históricas do EZLN — terra, moradia, trabalho, alimentação, saúde, educação, independência, liberdade, democracia, justiça, paz, informação e cultura — como uma alternativa concreta ao modelo capitalista. São, afirma, “palavras mágicas”, pois permitem imaginar um mundo voltado para a vida. Não são apenas definições de dicionário; como ensina “A história das palavras”, do Velho Antônio, elas precisam carregar coração.

Essas demandas tornam-se práticas cotidianas nas comunidades autônomas, onde a organização, o autogoverno e o princípio de “mandar obedecendo” demonstram que outras formas de vida são possíveis.

Ao mesmo tempo, alerta que o capitalismo não combate apenas militarmente as experiências rebeldes, mas também procura apropriar-se de seus aprendizados por meio de estratégias contrainsurgentes, programas assistencialistas e mecanismos de cooptação. Por isso, insiste: ler os rastros do inimigo não basta; a verdadeira defesa está na organização comunitária e na construção permanente de alternativas.

Conclui afirmando que “rastrear” não é apenas um método de interpretação da história, mas uma ferramenta política para desmascarar o poder e revelar possibilidades de transformação onde o sistema insiste em afirmar que não há alternativas. Nessa perspectiva, a contra-história zapatista convida a narrar o mundo “desde baixo e à esquerda”, reconhecendo na resistência cotidiana dos povos o lugar onde ainda é possível semear esperança diante da crise global.


Mateo Crossa Niell: Os novos rostos da exploração na guerra do capital contra a classe trabalhadora

Texto da fala completa aqui.

(Baixe o áudio aqui)

O pesquisador e doutor em Estudos Latino-Americanos pela UNAM, Mateo Crossa Niell, afirmou que o capitalismo atravessa uma nova etapa marcada pela acelerada concentração da riqueza e pela aliança entre o capital financeiro e as grandes corporações tecnológicas, processo que transforma as formas de exploração do trabalho e o papel dos Estados.

Durante sua conferência no Cideci/UniTierra Chiapas, explicou que, após a pandemia de COVID-19, a concentração do capital aumentou em velocidade sem precedentes. Destacou que o centro do poder econômico já não está apenas nos grandes empresários, mas em gestoras globais de ativos como BlackRock, Vanguard e State Street, cuja influência se estende a milhares de empresas estratégicas, incluindo as principais companhias de tecnologia.

Crossa afirmou que essa convergência entre finanças e tecnologia permite concentrar o controle sobre plataformas digitais, infraestrutura computacional e inteligência artificial. Segundo ele, essas ferramentas não estão voltadas para libertar o trabalho humano, mas para intensificar a exploração, fortalecer monopólios e ampliar os mecanismos de vigilância e controle.

Também argumentou que o ressurgimento dos discursos nacionalistas responde à necessidade do capital de voltar a utilizar o Estado-nação como instrumento para reorganizar a competição global, legitimar processos de militarização e proteger os interesses econômicos dominantes.

Na segunda parte da exposição, abordou as novas formas de exploração do trabalho. Contestou a ideia de que a inteligência artificial substituirá massivamente os trabalhadores e sustentou que, ao contrário, ela amplia e reorganiza a exploração do trabalho humano. Afirmou que a classe trabalhadora atual inclui não apenas operários industriais, mas também empregados do setor de serviços, entregadores por aplicativo, trabalhadores de plataformas digitais, desenvolvedores de software, profissionais da logística, migrantes e pessoas que realizam tarefas invisíveis para treinar sistemas de inteligência artificial.

Retomando o conceito de “infoproletariado”, explicou que milhões de pessoas trabalham sob vigilância permanente, ritmos intensificados e crescente precarização. Criticou os modelos de contratação por plataformas, que mantêm os trabalhadores disponíveis sem garantir renda mínima e excluem o tempo de espera da jornada de trabalho, transferindo os riscos empresariais para quem trabalha.

Destacou ainda a existência dos chamados ghost workers (“trabalhadores fantasmas”), pessoas que, de suas casas, rotulam imagens, textos e dados para treinar algoritmos, geralmente por meio de subcontratações internacionais, recebendo baixos salários e utilizando seus próprios recursos. Para ele, a inteligência artificial não elimina o trabalho humano, mas o torna invisível.

Como conclusão, Crossa Niell afirmou que a classe trabalhadora do século XXI é mais ampla, diversa e dispersa do que nunca, mas continua sendo a base do funcionamento do capitalismo. Diante das novas formas de exploração, defendeu o reconhecimento dessa nova composição do trabalho e o fortalecimento da organização coletiva como resposta aos desafios do capitalismo contemporâneo.


Subcomandante Insurgente Moisés

Texto completo aqui.

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O Subcomandante Insurgente Moisés afirmou que o problema central do capitalismo é a propriedade privada, origem da exploração, da desigualdade, da injustiça e da destruição da vida. Explicou que os zapatistas escutam atentamente as análises apresentadas no encontro para confirmar, a partir de diferentes realidades do mundo, que o sistema capitalista concentra cada vez mais o poder econômico, político e militar nas mãos de poucos proprietários.

Diante disso, afirmou que a principal pergunta já não é como funciona o sistema, mas o que fazer para transformá-lo. A resposta construída pelas comunidades zapatistas é o comum, uma forma coletiva de organizar a vida inspirada nas experiências de seus antepassados, que enfrentaram a exploração organizando-se comunitariamente.

Explicou que o comum não significa retirar os bens individuais, mas produzir coletivamente aquilo que beneficiará a todos: a terra, a saúde, a educação, o conhecimento e os frutos do trabalho. Insistiu que esse modelo nasce da prática, do aprendizado constante e da organização.

Também ressaltou que a transformação exige a participação de todas as gerações: os mais velhos contribuem com sua experiência e os mais jovens garantem a continuidade da luta. Defendeu ainda que a organização deve surgir em todos os espaços onde exista exploração — no campo, na cidade, nas escolas, nos hospitais, nas fábricas e entre os povos originários — fortalecendo-se sobretudo pela prática.

Criticou as políticas da chamada Quarta Transformação, considerando que aprofundaram a fragmentação das comunidades e favoreceram novas formas de espoliação. Por fim, advertiu que o capitalismo acelera a destruição da natureza e afirmou que ninguém libertará os povos se eles próprios não se organizarem. Concluiu que o capitalismo é um sistema desumano, cruel e criminoso, impossível de ser humanizado, defendendo a construção de alternativas coletivas desde baixo e em comum.


Capitão Insurgente Marcos – O amor e o desamor segundo o Exército Zapatista de Liberação Nacional

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Para o EZLN, explicou poeticamente o Capitão Insurgente Marcos, o amor e o desamor são princípios éticos e políticos. O amor, afirmou, é uma semente que exige cuidado, perseverança e compromisso constante para florescer. O verdadeiro amor não busca a semelhança, mas nasce do reconhecimento e do respeito às diferenças, preservando um caminho comum sem que cada pessoa ou coletivo renuncie à sua própria identidade. Para o zapatismo, amar significa fazer com que aqueles que caminham juntos sejam sempre melhores, tanto individual quanto coletivamente.

Em contraste, o desamor está relacionado ao esquecimento, ao oportunismo, ao interesse passageiro e ao uso das pessoas ou das lutas para obter benefícios próprios. O EZLN distingue, assim, aqueles que permaneceram solidários ao longo do tempo daqueles que se aproximaram apenas por conveniência ou por modismo.

O EZLN também reconhece e agradece a todos que acompanham a luta zapatista há décadas: comunidades religiosas comprometidas, defensoras e defensores de direitos humanos, artistas, intelectuais, organizações sociais, jovens, pessoas mais velhas — ou “de juízo” — e movimentos do México e do mundo que compartilharam essa resistência sem deixar de ser quem são. Destaca, de maneira especial, as mães buscadoras, cuja luta representa um exemplo de dignidade e resistência.

Por fim, o EZLN estende esse amor solidário a todas as lutas históricas contra a opressão e, em particular, à Palestina, símbolo contemporâneo que concentra as contradições, as violências e as resistências diante do capitalismo, e cuja causa permanece como uma expressão viva da luta pela vida e pela dignidade.


Micaela Gramajo – “Proyecto Olivo”

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Micaela Gramajo apresentou uma reflexão sobre a história da Palestina, o sionismo e o papel da arte como ferramenta de memória, denúncia e solidariedade. Iniciou sua exposição com um percurso histórico que situou a Palestina como um território habitado, com vida política, social e cultural própria antes da criação do Estado de Israel. Explicou que a Declaração Balfour (1917), a imigração sionista promovida durante o mandato britânico, a Nakba de 1948, a ocupação de 1967 e o bloqueio de Gaza consolidaram um processo de colonização, expropriação e apartheid que, segundo ela, culmina no atual genocídio.

A autora definiu o sionismo como uma ideologia política colonial e ressaltou que ele não deve ser confundido com o judaísmo. Lembrou a existência de correntes históricas de judeus antissionistas, como o Bund, e criticou o uso da acusação de antissemitismo para desqualificar críticas ao Estado de Israel. A partir de sua própria história familiar — marcada pelo Holocausto e pelo exílio durante a ditadura argentina — relatou como chegou ao antissionismo e sua participação no coletivo Judíes por una Palestina Libre, que defende o fim do genocídio, o direito de retorno do povo palestino e a articulação das lutas por justiça.

Na segunda parte de sua intervenção, apresentou o processo de criação da obra Projeto Oliveira, uma peça teatral desenvolvida em conjunto com duas meninas mexicanas e o palestino Omar, cuja história familiar permitiu narrar a história da Palestina desde 1948 até os dias atuais. Destacou que a obra privilegia o testemunho e a presença das próprias crianças em cena, em vez da representação teatral tradicional, transformando o palco em um espaço de encontro, aprendizado e solidariedade.

Por fim, Gramajo refletiu sobre o adultocentrismo e propôs reconhecer crianças e jovens como sujeitos políticos, capazes de participar, decidir e transformar sua realidade. Defendeu a construção de formas de protagonismo compartilhado entre gerações e concluiu lembrando o impacto devastador da guerra sobre a infância palestina, reafirmando a necessidade de ouvir suas vozes e manter viva a solidariedade com a Palestina.


Ivan Prado – Palestina, palavra semente de esperança, raiz da humanidade

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Em uma emocionante intervenção, Iván Prado compartilhou uma reflexão política e pessoal sobre a Palestina a partir de sua experiência como integrante do Pallasos en Rebeldía, organização com a qual atua há mais de duas décadas em territórios palestinos. Por meio de relatos vividos em Gaza e na Cisjordânia, mostrou como a arte — especialmente o circo e o teatro — se transforma em uma forma de resistência diante da ocupação. Destacou a dignidade, a solidariedade e a capacidade de esperança do povo palestino, simbolizadas na história de um palhaço que continuou levando alegria aos pacientes de um hospital durante um apagão provocado pela falta de combustível. Para Prado, essas experiências demonstram que a vida e a solidariedade são mais fortes do que a destruição.

Prado sustenta que Israel constitui um projeto militar e colonial baseado na ocupação, no despojo e na destruição sistemática do território palestino, que define como uma forma de “necrocolonialismo”. Segundo ele, essa lógica busca não apenas controlar a terra, mas também apagar a memória, a cultura e as condições de vida do povo palestino. Ao mesmo tempo, afirma que o Estado israelense exerce forte influência internacional nos campos político, midiático e tecnológico.

Diante desse cenário, defende o fortalecimento da solidariedade internacional por meio de iniciativas como o movimento Boicote, Desinvestimento e Sanções (BDS) e enfatiza a importância de distinguir entre judaísmo e sionismo, reconhecendo a existência de comunidades e movimentos judaicos antissionistas que rejeitam as políticas do Estado de Israel.

Prado conclui que a Palestina tornou-se um símbolo universal de resistência e esperança. Sua luta ultrapassa as fronteiras geográficas e representa a defesa da dignidade humana diante da injustiça. Hoje, afirma, a Palestina é uma “palavra-semente” que inspira a solidariedade internacional e a construção de um mundo mais justo, no qual a resistência e a vida prevaleçam sobre a violência e a opressão.

Fotos: Radio Pozol

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Día 3 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”

Día 3 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

22 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

En el auditorio repleto del Cideci / Universidad de la Tierra Chiapas, se reunieron, este 22 de julio de 2026, 645 personas de 27 geografías del mundo, así como más de 200 “escuchas” zapatistas, para el tercer día del Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio).

En ese gran espacio de pensamiento crítico, se compartieron reflexiones potentes sobre la fase actual del capitalismo, así como el genocidio del pueblo palestino, pero también su resistencia y dignidad.

Compartimos aquí un resumen de las ponencias, así como los audios y ligas a los textos completos, que consideramos fundamentales para comprender nuestro mundo y, así, construir en común alternativas reales ante el desastre que nos acomete.


Carlos Alberto Ríos Gordillo – “Huellear a la hidra cabezona. Pistas para una contrahistoria rebelde”

Texto de la ponencia completa aquí.

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El historiador Carlos Alberto Ríos nos comparte su reflexión sobre el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista, que representa como “La hidra cabezona”, a la que se puede comprender y enfrentar si se aprende a leer sus huellas, descubrir sus transformaciones y reconocer la forma en la que reproduce la explotación, el despojo, la represión y la devastación de la naturaleza.

Ríos comparte esta reflexión retomando el seminario “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista” realizado hace más de una década, donde el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional comparó al capitalismo con la hidra de la mitología: un monstruo que se fortalece cada vez que se le ataca. Sin embargo, afirma, no es invencible, y su principal debilidad puede descubrirse mediante el pensamiento crítico y la organización colectiva.

El historiador recuerda uno de los cuentos de la sabiduría del viejo Antonio, que a través de su relato “los arroyos cuando bajan”, simboliza a estos “lectores de huellas”, que no solo contemplan el rastro, sino huellan el peligro en la montaña, para agazaparse, anticiparse y prepararse para la embestida. Pero no basta, enfatiza, sólo identificar al adversario, sino también conocer la forma en que éste reescribe la historia para justificar el dominio y ocultar las causas profundas de la desigualdad.

En este análisis, Ríos menciona que es importante narrar la historia desde la mirada de los pueblos que resisten y no desde la versión de los vencedores. Cada huella del capitalismo —masacres, desapariciones, despojos, crisis ambientales o megaproyectos— es una evidencia clara de la lógica de acumulación de capital detrás de los conflictos contemporáneos.

Ríos reivindica así la experiencia de autonomía zapatista y la manera en la que los zapatistas han leído el mundo, han narrado la historia del mundo, cómo han revelado aquello que está entorno a la huella.

A partir de las huellas de la hidra, los zapatistas saben cómo es el enemigo, de dónde ha venido, cómo ha cambiado, hacia dónde va y cómo podemos darle caza.

Ríos, entiende las trece demandas históricas del EZLN —tierra, techo, trabajo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz, información y cultura— como una alternativa concreta al modelo capitalista. Son palabras mágicas, afirma, porque nos permiten ver la magia de un mundo para la vida, de sus personajes cotidianos, de sus errores, problemas y contradicciones. … no son sólo palabras cuya definición se encuentra en un diccionario, puesto que, como aprendimos en “La historia de las palabras” del viejo Antonio, estas últimas deben llevar corazón.

Son exigencias presentadas como áreas de trabajo que se materializan en prácticas cotidianas dentro de las comunidades autónomas, donde la organización, el autogobierno y el principio de “mandar obedeciendo” demuestran que es posible construir otras formas de vida.

Asimismo, advierte que el capitalismo no sólo combate militarmente a las experiencias rebeldes, sino que también intenta apropiarse de sus aprendizajes mediante estrategias de contrainsurgencia, programas asistenciales y mecanismos de cooptación. Por ello, reitera, leer las huellas del enemigo no basta: la verdadera defensa radica en la organización comunitaria y la construcción permanente de alternativas.

Y concluye que el “huelleo” no es únicamente un método para interpretar la historia, sino una herramienta política para desenmascarar al poder y descubrir posibilidades de transformación allí donde el sistema pretende imponer la idea de que no existe alternativa. Desde esa mirada, la contrahistoria zapatista invita a narrar el mundo “desde abajo y a la izquierda”, reconociendo la resistencia cotidiana de los pueblos como el espacio donde aún es posible sembrar esperanza frente a la crisis global.


Mateo Crossa Niell: Los nuevos rostros de la explotación en la guerra del capital contra la clase trabajadora

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El investigador y doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, Mateo Crossa Niell, sostuvo que el capitalismo atraviesa una nueva etapa marcada por una acelerada concentración de la riqueza y por la alianza entre el capital financiero y las grandes corporaciones tecnológicas, proceso que está transformando las formas de explotación laboral y el papel de los Estados.

Durante su conferencia en el Cideci/UniTierra Chiapas, explicó que, tras la pandemia de COVID-19, la concentración del capital se incrementó a una velocidad sin precedentes. Señaló que el centro del poder económico ya no reside únicamente en los grandes empresarios, sino en gestoras globales de activos como BlackRock, Vanguard y State Street, cuya influencia se extiende a miles de empresas estratégicas, incluidas las principales compañías tecnológicas.

Crossa afirmó que esta convergencia entre finanzas y tecnología permite concentrar el control sobre plataformas digitales, infraestructura informática e inteligencia artificial. Desde su perspectiva, estas herramientas no están orientadas a liberar el trabajo humano, sino a intensificar el despojo, fortalecer los monopolios y ampliar los mecanismos de vigilancia y control.

El investigador también planteó que el resurgimiento de los discursos nacionalistas responde a la necesidad del capital de utilizar nuevamente al Estado-nación como instrumento para reorganizar la competencia global, legitimar procesos de militarización y proteger los intereses económicos dominantes.

En la segunda parte de su exposición abordó las nuevas formas de explotación laboral. Rechazó la idea de que la inteligencia artificial sustituirá masivamente a las personas trabajadoras y sostuvo que, por el contrario, amplía y reorganiza la explotación del trabajo. Señaló que la clase trabajadora actual incluye no solo a obreros industriales, sino también a empleados del sector servicios, repartidores por aplicación, trabajadores de plataformas digitales, desarrolladores de software, personal de logística, migrantes y quienes realizan tareas invisibles para entrenar sistemas de inteligencia artificial.

Retomando el concepto de “infoproletariado”, explicó que millones de personas laboran bajo esquemas de vigilancia permanente, ritmos intensificados y creciente precarización. Criticó los modelos de contratación por plataformas, que mantienen disponibles a los trabajadores sin garantizar ingresos mínimos y excluyen de la jornada laboral el tiempo de espera, trasladando los riesgos empresariales a quienes trabajan.

Asimismo, destacó la existencia de los llamados ghost workers o “trabajadores fantasmas”, personas que desde sus hogares etiquetan imágenes, textos y datos para entrenar algoritmos, generalmente mediante subcontratación internacional, con bajos salarios y utilizando recursos propios. A su juicio, la inteligencia artificial no elimina el trabajo humano, sino que lo invisibiliza.

Como conclusión, Crossa Niell afirmó que la clase trabajadora del siglo XXI es más amplia, diversa y dispersa que nunca, pero continúa siendo el fundamento del funcionamiento del capitalismo. Frente a las nuevas formas de explotación, llamó a reconocer esta nueva composición del trabajo y a fortalecer la organización colectiva como respuesta a los desafíos del capitalismo contemporáneo.


Subcomandante Insurgente Moisés

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El Subcomandante Insurgente Moisés planteó que el problema central del capitalismo es la propiedad privada, origen de la explotación, la desigualdad, la injusticia y la destrucción de la vida. Explicó que los zapatistas escuchan con atención los análisis presentados en el encuentro para confirmar, desde distintas realidades del mundo, que el sistema capitalista concentra cada vez más el poder económico, político y militar en manos de unos cuantos propietarios.

Frente a ello, afirmó que la principal pregunta ya no es describir cómo funciona el sistema, sino qué hacer para transformarlo. La respuesta que han construido las comunidades zapatistas es “el común”, una forma colectiva de organizar la vida inspirada en las experiencias de sus antepasados, quienes enfrentaron la explotación organizándose de manera comunitaria.

Explicó que el común no significa quitar las pertenencias individuales, sino producir colectivamente aquello que será de beneficio compartido: la tierra, la salud, la educación, el conocimiento y los frutos del trabajo. Insistió en que este modelo no proviene de un manual, sino de la práctica, el aprendizaje constante y la organización.

El subcomandante insistió en que la transformación requiere la participación de todas las generaciones: los mayores aportan su experiencia y los jóvenes garantizan la continuidad de la lucha. También destacó que la organización debe surgir desde cada espacio donde existe explotación —el campo, la ciudad, las escuelas, los hospitales, las fábricas y los pueblos originarios— y fortalecerse mediante la práctica, más que por la teoría.

Criticó las políticas de la llamada Cuarta Transformación, al considerar que han profundizado la fragmentación de las comunidades y favorecido nuevas formas de despojo. Finalmente, advirtió que el capitalismo acelera la destrucción de la naturaleza y sostuvo que nadie liberará a los pueblos si estos no se organizan por sí mismos. Concluyó que el sistema capitalista es inhumano, cruel y criminal, y rechazó la idea de que pueda ser humanizado, llamando a construir alternativas colectivas desde abajo y en común.


Capitan Marcos – El amor y el desamor según el Ejército Zapatista de Liberación Nacional

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Para el EZLN, explicó poéticamente el Capitán Insurgente Marcos, el amor y el desamor son principios éticos y políticos. El amor, dijo, es una semilla que requiere cuidado, perseverancia y compromiso constante para florecer. El amor verdadero no busca la semejanza, sino que nace del reconocimiento y respeto de las diferencias, manteniendo un camino común sin renunciar a la identidad de cada persona o colectivo. Para el zapatismo, amar implica procurar que quienes caminan juntos sean siempre mejores, individual y colectivamente.

En contraste, el desamor tiene que ver con el olvido, el oportunismo, el interés pasajero y la utilización de las personas o de las luchas para obtener beneficios propios. El EZLN distingue así entre quienes han permanecido solidarios a lo largo del tiempo y quienes se acercaron únicamente por conveniencia o moda.

El EZLN reconoci y agradece a quienes han acompañado la lucha zapatista durante décadas: comunidades religiosas comprometidas, defensores de derechos humanos, artistas, intelectuales, organizaciones sociales, jóvenes y jóvenas, personas mayores o “de juicio” y movimientos de México y del mundo que han compartido la resistencia sin dejar de ser quienes son. En particular, las madres buscadoras, cuya lucha es un ejemplo de dignidad y resistencia.

Finalmente, el EZLN extiende ese amor solidario a todas las luchas históricas contra la opresión y en particular a Palestina: el símbolo contemporáneo que concentra las contradicciones, las violencias y las resistencias frente al capitalismo, y cuya causa representa una expresión vigente de la lucha por la vida y la dignidad.


Micaela Gramajo – “Proyecto Olivo”

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Micaela Gramajo presentó una reflexión sobre la historia de Palestina, el sionismo y el papel del arte como herramienta de memoria, denuncia y solidaridad. Inició con un recorrido histórico que ubicó a Palestina como un territorio habitado y con una vida política, social y cultural propia antes de la creación del Estado de Israel. Explicó que la Declaración Balfour (1917), la inmigración sionista promovida durante el mandato británico, la Nakba de 1948, la ocupación de 1967 y el bloqueo de Gaza consolidaron un proceso de colonización, despojo y apartheid que, afirmó, desemboca en el actual genocidio.

La autora definió al sionismo como una ideología política colonial y sostuvo que no debe confundirse con el judaísmo. Recordó la existencia de corrientes históricas de judíos antisionistas, como el Bund, y criticó el uso del antisemitismo para descalificar las críticas al Estado de Israel. Desde su propia historia familiar —marcada por el Holocausto y el exilio de la dictadura argentina— relató cómo llegó al antisionismo y su participación en el colectivo Judíes por una Palestina Libre, que exige el fin del genocidio, el derecho al retorno del pueblo palestino y la articulación de las luchas por la justicia.

En la segunda parte de su intervención explicó el proceso de creación de la obra “Proyecto Olivo”, una pieza teatral construida junto con dos niñas mexicanas y el palestino Omar, cuya historia familiar permitió narrar la historia de Palestina desde 1948 hasta la actualidad. Destacó que la obra privilegia el testimonio y la presentación de las propias niñas sobre la representación teatral tradicional, convirtiendo el escenario en un espacio de encuentro, aprendizaje y acompañamiento.

Finalmente, Gramajo reflexionó sobre el adultocentrismo y propuso reconocer a niñes y jóvenes como sujetos políticos con capacidad para participar, decidir y transformar su entorno. Llamó a construir formas de coprotagonismo entre generaciones y concluyó recordando el impacto devastador de la guerra sobre la niñez palestina, reivindicando la necesidad de escuchar sus voces y mantener viva la solidaridad con Palestina.


Ivan Prado – Palestina, palabra semilla de esperanza, raíz humanidad

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En una emotiva compartición Iván Prado, nos ofreció una reflexión política y personal sobre Palestina desde su experiencia como integrante de Pallasos en Rebeldía, organización con la que ha trabajado durante más de dos décadas en territorios palestinos. A través de vivencias en Gaza y Cisjordania, relató cómo el arte, en particular el circo y el teatro, se convierten en formas de resistencia frente a la ocupación. Destacó la dignidad y la capacidad de esperanza del pueblo palestino, ejemplificadas en un payaso que continuó animando a pacientes en un hospital durante un apagón provocado por la falta de combustible. Para Prado, estas experiencias muestran que la vida y la solidaridad son más fuertes que la destrucción.

Iván Prado sostiene que Israel constituye un proyecto militar y colonial basado en la ocupación, el despojo y la destrucción sistemática del territorio palestino, al que definió como una forma de “necrocolonialismo”. Esta lógica, dijo, no solo busca controlar la tierra, sino también eliminar la memoria, la cultura y las condiciones de vida del pueblo palestino. Al mismo tiempo, el Estado israelí ejerce una fuerte y negativa influencia internacional en los ámbitos político, mediático y tecnológico.

Frente a ello, propone fortalecer la solidaridad internacional mediante acciones como el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), y subraya la importancia de distinguir entre judaísmo y sionismo, reconociendo la existencia de comunidades y movimientos judíos antisionistas que rechazan las políticas del Estado de Israel.

Palestina, concluyó Prado, es un símbolo universal de resistencia y esperanza. Su lucha trasciende las fronteras geográficas y representa la defensa de la dignidad humana frente a la injusticia. Palestina se ha convertido hoy en una “palabra semilla” que inspira la solidaridad internacional y la construcción de un mundo más justo, donde la resistencia y la vida prevalezcan sobre la violencia y la opresión.

Fotos: Radio Pozol

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Radio Zapatista

Día 2 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”

Día 2 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

21 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

Este segundo día del Semillero “Guerra contra la Humanidad” reunió las reflexiones de la periodista independiente y docente del ITESO Alejandra Guillén González, con la presentación “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”; del historiador e investigador Ilán Semo, que habló sobre “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”; del etnólogo Mauricio González González, con la ponencia “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”; y del politólogo y maestro en medio ambiente Pablo Montaño, con plática sobre “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”. El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, y al finalizar el día interpeló a los dos últimos con algunas preguntas.

Son reflexiones desde diferentes ángulos que nos ayudan no sólo a enteder algunas de las diversas formas en que el Estado capitalista en general, y el mexicano en particular, devastan territorios y sociedades, sino también a vislumbrar la esperanza en las muchas formas de resistencia y construcción de otras realidades desde abajo.

Resumimos aquí las ponencias, y ofrecemos a los lectores los originales en audio y sus transcripciones completas en texto.


Alejandra Guillén – “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”

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Alejandra Guillén analizó cómo las desapariciones y el reclutamiento forzado forman parte de una estrategia de acumulación de capital ligada a la expansión de corporaciones criminales, en complicidad con intereses económicos y estatales. A partir del caso de Jorge, desaparecido en 2012 en Jalisco, sostiene que desde esos años comenzó un modelo de esclavitud y leva destinado a formar ejércitos para controlar territorios, proteger negocios legales e ilegales y facilitar el despojo de recursos naturales.

La autora explica que esta violencia no puede entenderse de manera aislada. La desaparición de personas, el desplazamiento forzado, la devastación ambiental y el saqueo de bosques, minas y tierras responden a una misma lógica. En regiones como Jalisco, Michoacán y la Sierra Madre Occidental, la destrucción de comunidades campesinas e indígenas ha ido acompañada del avance de megaproyectos, monocultivos y economías criminales. El objetivo es vaciar los territorios para ejercer un control total sobre ellos.

Guillén describe el funcionamiento del reclutamiento forzado: mediante engaños, falsas ofertas de empleo, detenciones arbitrarias o amenazas, miles de jóvenes son llevados a centros de entrenamiento donde son sometidos a violencia extrema para convertirlos en integrantes de grupos armados. Quienes sobreviven son enviados a distintos estados donde continúan las disputas territoriales. Esta maquinaria requiere transformar a las víctimas en victimarios para garantizar el dominio y la expansión del negocio criminal.

Guillén subrayó también el papel fundamental de las madres buscadoras, quienes han revelado la magnitud del fenómeno, documentado centros de reclutamiento y obligado al país a mirar una realidad que durante años permaneció oculta. Gracias a su trabajo se han conocido testimonios y evidencias que permiten comprender mejor la estructura de estas redes.

Frente a este panorama, Guillén identifica espacios de resistencia. Destaca comunidades como Ostula, Cherán y diversos pueblos wixaritari, donde la organización comunitaria, la defensa del territorio, la vida espiritual y el vínculo con la naturaleza han dificultado el avance de estas formas de dominación. Recupera además las voces de docentes y habitantes indígenas que afirman que la protección del territorio y la relación con la Madre Tierra son inseparables del cuidado de la vida y de las nuevas generaciones.

Guillén concluye que la desaparición de personas, la guerra contra las comunidades y la devastación ambiental forman parte de un mismo proceso de despojo. Ante ello, plantea que las enseñanzas de las madres buscadoras y de los pueblos organizados muestran que aún existen grietas de resistencia. El desafío es impedir que continúe el reclutamiento y la desaparición de más personas, fortalecer la defensa comunitaria del territorio y evitar que la violencia tenga la última palabra.


Ilán Semo – “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”

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El historiador Ilán Semo inició celebrando la próxima llegada de los zapatistas a la Ciudad de México en diciembre de este año, pero aclaró que la capital ha perdido gran parte de su tradición de organización social y participación política. Describió una ciudad marcada por el aislamiento, el uso excesivo de las pantallas, el predominio del automóvil y el miedo derivado de la violencia, elementos que considera parte de una estrategia de control social.

Para desarrollar su argumento, recurrió a una antigua leyenda persa en la que un pretendiente elige un blasón de cobre en lugar del oro o la plata, porque representa la pertenencia a una comunidad y a un territorio. A partir de esta historia, explicó las ideas de Pufendorf y Clausewitz sobre la guerra: el objetivo principal no es solo conquistar territorios, sino destruir el sentido de comunidad del adversario y, posteriormente, imponer un nuevo orden o hegemonía. Relacionó esta interpretación con diversos procesos históricos, como la conquista de América, la Independencia de México, el colonialismo europeo y las dos guerras mundiales.

Semo sostiene que las guerras contemporáneas han cambiado profundamente. Ya no buscan únicamente derrotar militarmente al enemigo, sino fragmentar a las sociedades mediante la destrucción de sus vínculos comunitarios. Como ejemplos menciona conflictos recientes en Palestina, Siria, Libia y Ucrania, donde predominan los ataques aéreos, el uso de drones, la vigilancia digital y la llamada “guerra cognitiva”, cuyo propósito es sembrar dudas, desinformación y desconfianza dentro de la población. Asimismo, destaca la importancia de la disputa por las narrativas, pues quien controla el relato puede influir en la percepción de la realidad y fortalecer su poder.

En el ámbito internacional, interpreta conflictos como el de Irán desde una perspectiva geopolítica y económica, argumentando que están vinculados a la defensa de la hegemonía del dólar y al surgimiento de nuevos equilibrios económicos en Asia. Advierte además sobre el riesgo creciente de una confrontación entre grandes potencias y la posibilidad de una escalada nuclear.

Finalmente, traslada este análisis al caso mexicano. Afirma que el narcotráfico ha sido utilizado como una técnica de gobierno que genera miedo, limita la vida comunitaria y facilita el avance de intereses económicos y políticos. Concluyó ampliando su reflexión hacia la crisis ambiental y el maltrato animal, señalando que la destrucción de la naturaleza y de los ecosistemas también implica la destrucción de las comunidades humanas. Por ello, defiende la protección del territorio, de la vida y de todas las especies como elementos indispensables para construir un futuro común.


Capitán Insurgente Marcos – “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”

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El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento llamado “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, que según explicó, va dirigido a los 200 escuchas zapatistas sentados al fondo del auditorio, así como a todas las bases de apoyo escuchando la transmisión en los diferentes caracoles.

Con humor, el cuento reflexiona sobre la figura del guerrero desde la cosmovisión maya y zapatista. A partir de un diálogo con un personaje que vive “entre las sombras”, recupera una enseñanza del Popol Vuh: los primeros seres humanos podían comprender al mismo tiempo el todo y las partes, una capacidad que los dioses limitaron, pero cuyo recuerdo permanece fragmentado en la memoria de los pueblos.

Las comunidades mayas no fueron derrotadas sólo por los conquistadores, dice el narrador, sino también por la división, la envidia y la adopción de los valores del opresor, como la ambición, la competencia y el individualismo. Frente a ello, la principal tarea del guerrero es reconstruir la memoria colectiva, buscar los conocimientos dispersos, aprender de otros pueblos y fortalecer el sentido de comunidad sin perder la propia identidad.

La tierra, el agua, la naturaleza y la memoria no son mercancías ni propiedad de nadie, sino bienes comunes que deben ser protegidos. Por ello, el verdadero enemigo no es una persona en particular, sino el sistema que convierte la vida en objeto de explotación y destruye culturas, territorios y pueblos.

El guerrero no se distingue por su fuerza física, sino por su capacidad de estudiar, cuestionar, aprender y mirar más allá del presente. Debe comprender tanto el pasado como el futuro, reconocer que necesita de los demás y construir alianzas con quienes también luchan por la vida y la justicia. Su misión no es conquistar ni dominar, sino defender la libertad, la dignidad y la Madre Tierra.

El cuento concluye afirmando que el guerrero es quien puede imaginar un mundo que todavía no existe y trabajar colectivamente para hacerlo realidad. A esa capacidad de soñar un futuro diferente, los pueblos zapatistas la llaman luchar.


Mauricio González González – “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”

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Mauricio González inició recordando su participación en la presentación del informe sobre los impactos psicosociales del caso Ayotzinapa y expresó su indignación por la reciente recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cual revictimiza a las familias y exculpa al Ejército.

A partir de ello, introdujo el tema central de su exposición: el fracking, entendido como una forma de guerra contra los territorios y las comunidades. Explicó que el fracking o fractura hidráulica es una técnica para extraer gas y petróleo mediante perforaciones profundas e inyección de grandes volúmenes de agua, arena y sustancias químicas. Con base en investigaciones científicas y testimonios recopilados durante más de quince años, sostiene que esta práctica provoca contaminación del agua y del aire, pérdida de biodiversidad, daños a la agricultura, afectaciones a la salud, conflictos sociales y deterioro de las formas de vida de los pueblos indígenas.

El impulso al fracking responde al agotamiento de los yacimientos convencionales de hidrocarburos y a la dependencia energética de México respecto al gas importado de Estados Unidos. Pese a las promesas de prohibir esta técnica, el gobierno impulsa el llamado “fracking sustentable”. González advirtió que su desarrollo pone en riesgo a millones de personas, comunidades indígenas, ejidos y territorios con graves problemas de disponibilidad de agua, mientras que los beneficios energéticos serán limitados y de corta duración.

Frente a este panorama, destacó la resistencia organizada de comunidades, asambleas y organizaciones que se han declarado libres de fracking y han promovido acciones legales para impedir su expansión. Subrayó que estos pueblos no sólo defienden su territorio, sino que mantienen formas de producción y cuidado de la naturaleza que generan biodiversidad y fortalecen la vida comunitaria.

González concluyó argumentando que el modelo energético basado en los combustibles fósiles es inseparable del capitalismo y de la explotación de los territorios. En lugar de una simple transición energética, propone una transformación socioenergética sustentada en relaciones comunitarias, antipatriarcales, anticapitalistas y respetuosas de la naturaleza. El zapatismo, dijo, es una fuente de inspiración para imaginar y construir alternativas que defiendan la vida y los territorios.


Pablo Montaño – “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”

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Pablo Montaño discutió la guerra contra la naturaleza como consecuencia del modelo capitalista basado en la extracción de recursos y el uso de combustibles fósiles. El caso de las escuelas de Paraíso, Tabasco, ubicadas junto a la refinería de Dos Bocas, demuestra cómo el llamado “desarrollo” afecta directamente la salud, el ambiente y la vida cotidiana de las comunidades.

Montaño explicó que el cambio climático representa la expresión más grave de esta crisis. El aumento de la temperatura global, provocado por las emisiones de dióxido de carbono, ya genera fenómenos como sequías, incendios, huracanes e inundaciones, además de acelerar una sexta extinción masiva de especies. Señala que las grandes petroleras conocían estos riesgos desde la década de 1970, pero ocultaron la información y promovieron campañas de desinformación para proteger sus intereses.

Un elemento central de las reflexiones es la batalla por las narrativas. Empresas y gobiernos han impuesto conceptos como “gas natural”, “progreso” o “desarrollo” para justificar proyectos extractivos, sembrando dudas sobre los impactos ambientales. Frente a ello, es necesario construir nuevas narrativas que fortalezcan la organización social y permitan imaginar alternativas al modelo actual.

La esperanza, afirmó Montaño, no proviene de los gobiernos ni de las grandes corporaciones, sino de las comunidades organizadas que defienden sus territorios. Compartió ejemplos de resistencias exitosas, como la oposición a plantas industriales, puertos, megaproyectos y la defensa de ríos y ecosistemas, donde la comunicación, la solidaridad y la participación de colectivos urbanos han fortalecido las luchas locales.

Finalmente, concluyó que la esperanza no consiste en ignorar la gravedad de la crisis, sino en reconocer que ya existen experiencias que demuestran que es posible detener el despojo y proteger la vida. La defensa del territorio nace del vínculo con los lugares que habitamos y de la organización colectiva para construir futuros más justos y sostenibles.


Capitan Marcos – Preguntas para los ponentes

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Finalmente, el Capitán Marcos planteó una provocadora pregunta, irónica y juguetona, pero no por eso menos seria, para los ponentes (y de paso, para todxs nosotrxs):

“Si ustedes mismos me dicen que en la comunidad está la salvación, la esperanza, la posible salida de esta pesadilla, entonces, con toda fraternidad, ¿qué madres están haciendo?

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Dia 1: Encontro “Guerra contra a Humanidade”

“Um crime nos convoca”, disse o Capitão Insurgente Marcos na inauguração do Encontro “Guerra contra a Humanidade” (As populações e a natureza sob cerco), neste 20 de julho de 2026, no Cideci/Universidade da Terra, em San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

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um crime transbordando sangue, lama e merda; uma história que começa com a injustiça entronizada, a dor democratizada, a destruição que gera riqueza, prosperidade e desenvolvimento, a morte como programa de governo e símbolo do progresso: quanto mais mortes, mais modernidade em uma civilização. Um crime nos convoca, o crime por excelência, o crime transformado em sistema; um crime tão transparente que a luz não o atravessa, mas o transforma em espelho, em um prisma que se desfaz em cores agradáveis, desejáveis, atraentes, da moda, enfim; um crime tão popular que acumula trilhões de curtidas de suas próprias vítimas sacrificiais e, ainda assim, permanece insatisfeito.

O criminoso — o Estado capitalista — concentra-se agora em reprimir ou exterminar “os que sobram”, não apenas porque não são lucrativos, mas sobretudo porque representam o outro, o que não é homogêneo e, portanto, com sua diferença, desafiam o sistema.

Este encontro — um semillero (viveiro) de pensamento crítico — surge da necessidade urgente de refletir para compreender melhor o criminoso. Ao longo de cinco dias, pensadoras e pensadores refletirão sobre a configuração atual do Estado capitalista, tanto no México quanto no mundo; a devastação ecológica; a privatização de bens comuns, como a água; o fraturamento hidráulico (fracking); o ser humano como vítima, mas também como desafio ao sistema; a história como ferramenta de opressão e as histórias dos de baixo como arma de luta; o horror vivido na Palestina e a dignidade da resistência; as famílias que buscam pessoas desaparecidas; a reorganização urbana; a luta das mulheres; e o terror da extrema direita.


Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarização e recolonização dos territórios”

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Segundo a análise de López y Rivas, o capitalismo contemporâneo atravessa uma nova etapa caracterizada pelo aprofundamento da violência, da militarização e da recolonização dos territórios. Diferentemente de fases anteriores, nas quais o sistema mantinha certos mecanismos de mediação social, hoje predominam a coerção, a guerra, a criminalização dos protestos e o desmonte dos direitos conquistados pela classe trabalhadora.

O capitalismo atual conduz, assim, a uma crise civilizatória que se manifesta naquilo que os zapatistas chamam de “a tempestade”: mudança climática, esgotamento dos recursos naturais, destruição da biodiversidade, pobreza, migrações forçadas, guerras e aumento de diversas formas de violência.

O terrorismo global de Estado, liderado principalmente pelos Estados Unidos e respaldado por outras potências e organismos internacionais, constitui um instrumento fundamental para impor essa nova fase de acumulação capitalista por meio de intervenções militares, ocupações territoriais e da violação sistemática do direito internacional. “Os Estados Unidos, como potência hegemônica, instauraram a barbárie como um processo devastador para a humanidade e para a natureza”, afirmou López y Rivas.

No caso do México, os governos da chamada “Quarta Transformação” (4T) deram continuidade a processos iniciados durante o período neoliberal. A expansão dos megaprojetos, o fortalecimento do papel das Forças Armadas e a crescente participação do crime organizado configuram uma estratégia de militarização e controle territorial que afeta especialmente comunidades indígenas, camponesas e movimentos sociais. Sob o governo da 4T, o país foi militarizado como nunca antes em sua história. “A instituição militar realiza atualmente mais de 200 funções (…) que não estão previstas na Constituição nem em suas leis regulamentares”, afirma López y Rivas. Ao mesmo tempo, ao paramilitarismo — instrumento encoberto do Estado para assediar, deslocar e enfraquecer organizações populares sem assumir publicamente a responsabilidade pela violência, historicamente utilizado como mecanismo de contrainsurgência — soma-se agora o narcoparamilitarismo.

Diante desse cenário, os povos maias zapatistas, o EZLN, o Congresso Nacional Indígena e os diversos coletivos e organizações que lutam pela vida constituem uma alternativa real. Uma alternativa que não passa pela disputa do poder estatal, mas pela organização desde baixo, pela autonomia, pelo autogoverno, pelo princípio de “mandar obedecendo” e pela construção cotidiana de formas comunitárias de democracia.

López y Rivas concluiu convocando a academia, os artistas, os meios de comunicação, o magistério, os estudantes e todos os setores comprometidos com o pensamento crítico a acompanhar as lutas dos povos. Diante da crise do capitalismo e das múltiplas formas de violência contemporânea, torna-se indispensável fortalecer a organização coletiva, desenvolver um pensamento crítico capaz de compreender as transformações do mundo e manter viva a construção de alternativas voltadas para a defesa da vida, da justiça e da dignidade.


Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”

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Alicia Castellanos apresentou uma reflexão crítica sobre a relação entre racismo, violência e as formas contemporâneas de dominação que afetam povos e comunidades em diferentes regiões do mundo. Sua reflexão parte da ideia de que vivemos uma etapa de crise civilizatória marcada por uma profunda desigualdade, pela degradação ambiental e pela expansão de diversas formas de violência vinculadas ao capitalismo contemporâneo.

O racismo, explica Castellanos, é uma construção histórica que surgiu e se consolidou durante a expansão colonial europeia. Desde o século XVIII, a ideia de “raça” foi utilizada para estabelecer hierarquias entre os povos e justificar processos de dominação, exploração e espoliação. Embora hoje o conceito racial costume aparecer de maneira menos explícita, seus mecanismos persistem por meio de novas formas de exclusão baseadas em diferenças culturais, nacionais, religiosas, econômicas ou políticas.

Para Castellanos, o racismo funciona como uma ferramenta de poder que permite construir o “outro” como uma ameaça: um inimigo que deve ser controlado, expulso ou eliminado. Essa lógica esteve presente em diferentes processos históricos de colonialismo, genocídio, guerras e perseguições contra povos considerados inferiores ou perigosos.

Essa função do racismo também se aplica aos conflitos contemporâneos, especialmente ao genocídio do povo palestino, às políticas migratórias dirigidas contra comunidades estrangeiras e ao crescimento de discursos nacionalistas e autoritários que transformam determinados grupos sociais em bodes expiatórios durante períodos de crise. A normalização do ódio por parte das instituições e dos governos, adverte, abre caminho para formas extremas de violência.

Castellanos lembra que o escritor libanês Amin Maalouf propõe a ideia de “identidades assassinas”: “aquelas que reduzem a identidade de uma pessoa ou de um povo a uma única pertença”, servindo de fundamento para a violência contra os “outros” e para processos genocidas contemporâneos, como os ocorridos na Guatemala e, agora, na Palestina.

No caso do México, os megaprojetos de desenvolvimento — especialmente o “Trem Maia” — constituem exemplos paradigmáticos do racismo dirigido contra os povos originários. Esses projetos implicaram processos de transformação territorial, impactos ambientais, perda de biodiversidade, pressão sobre comunidades indígenas e uma crescente participação das Forças Armadas em atividades civis e econômicas. Nesse contexto, a militarização do território modifica as relações comunitárias e afeta os direitos coletivos dos povos.

Para os povos maias, a terra não representa apenas um recurso econômico, mas um espaço de memória, identidade, cultura e reprodução da vida. A destruição de ecossistemas, cenotes, florestas e formas tradicionais de organização comunitária constitui, assim, uma ameaça não apenas ambiental, mas também cultural.

A resistência e a organização desde baixo — especialmente aquelas impulsionadas pelos povos zapatistas e pelo Congresso Nacional Indígena — constituem uma resposta a esse cenário: formas alternativas de exercer o poder baseadas na autonomia, na participação comunitária e no princípio de “mandar obedecendo”.

Assim como López y Rivas, Castellanos conclamou ao fortalecimento do pensamento crítico como ferramenta para compreender as transformações do mundo atual e imaginar alternativas diante da violência, do racismo e da destruição ambiental. A resposta às chamadas “identidades assassinas” e às estruturas de dominação deve ser a construção de um “nós” fundamentado na solidariedade, na justiça, na igualdade e no respeito à diversidade.

Diante das forças que promovem a espoliação e a exclusão, os povos organizados mantêm viva a possibilidade de construir outros mundos sustentados na dignidade, na autonomia e na defesa da vida.


Wilfrido Gómez Arias – Nossa água, suas concessões: a arquitetura jurídica da espoliação e da concentração da água no México

(Baixe o áudio aqui)

A água é um elemento essencial para a vida e encontra-se em constante movimento por meio do ciclo hidrológico. No entanto, sua distribuição no México é desigual. Enquanto algumas regiões do sudeste concentram grandes volumes de precipitação e disponibilidade hídrica, extensas áreas do norte enfrentam condições de escassez. Essa desigualdade natural foi agravada por um modelo de gestão que permitiu a superexploração, a contaminação e a concentração da água.

A partir do período neoliberal, foram promovidas transformações legais e institucionais que modificaram a relação do Estado com a água. A criação da Comissão Nacional da Água (CONAGUA), em 1989, e a promulgação da Lei de Águas Nacionais, em 1992, estabeleceram um sistema baseado em concessões, por meio do qual o Estado concedeu direitos administrativos para extrair, utilizar e explorar determinados volumes de água durante longos períodos.

Esse modelo transformou o acesso à água em um direito administrativo passível de acumulação, transferência e defesa jurídica. Embora a Constituição estabeleça que a água pertence à nação, o sistema de concessões permitiu que grandes agentes econômicos concentrassem volumes significativos, enquanto muitas comunidades e povos ficaram sem o reconhecimento formal de seus direitos históricos sobre suas fontes de água.

A ausência de um planejamento hídrico adequado provocou um processo de superconcessão. Em diversos aquíferos e bacias hidrográficas passou-se a extrair mais água do que aquela disponível para sua recuperação natural. Como consequência, centenas de aquíferos apresentam redução de suas reservas, e numerosas bacias mostram sinais de degradação. A atual crise da água não é apenas um problema de disponibilidade natural, mas também o resultado de decisões políticas, jurídicas e econômicas.

Os principais beneficiários do modelo de concessões foram grandes usuários públicos e privados ligados a setores como o agronegócio, a mineração, a indústria de transformação, a indústria de bebidas, o setor energético, o mercado imobiliário e grandes empreendimentos urbanos. Enquanto algumas empresas possuem concessões para extrair enormes volumes de água, inúmeras comunidades enfrentam desabastecimento, distribuição irregular, dependência de caminhões-pipa e degradação de suas fontes locais.

Os povos indígenas e os sistemas comunitários de gestão da água foram particularmente afetados. Embora historicamente tenham protegido nascentes, rios e áreas de recarga hídrica, suas formas tradicionais de administração não foram plenamente reconhecidas pelo marco jurídico. Em muitos casos, as fontes de água utilizadas pelas comunidades foram registradas em nome de municípios, particulares ou empresas.

Em 2012, o direito humano à água foi reconhecido constitucionalmente, estabelecendo que toda pessoa deve ter acesso à água suficiente, salubre, aceitável e acessível para suas necessidades pessoais e domésticas. No entanto, as reformas promovidas em 2025 não alteraram de forma substancial a estrutura do sistema de concessões. Embora tenham introduzido algumas mudanças administrativas, mantiveram a lógica central que permitiu a concentração da água nas mãos de poucos usuários.

Garantir o direito humano à água significa muito mais do que fornecer água por meio de caminhões-pipa ou garrafas. Significa assegurar um acesso permanente, seguro e digno, com sistemas públicos eficientes, participação cidadã e reconhecimento das comunidades que historicamente cuidaram da água.

A problemática da água no México reflete uma disputa entre duas visões: uma que compreende a água como mercadoria e outra que a reconhece como um bem comum indispensável à vida. Resolver a crise hídrica exige recuperar uma perspectiva baseada na justiça social, ambiental e territorial, na qual a água seja administrada para garantir a vida das pessoas, dos ecossistemas e das gerações futuras.


Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total e a rebelião do vivo”

(Baixe o áudio aqui)

As palavras de Carlos Tornel partiram da provocação formulada pelo zapatismo há mais de duas décadas: a ideia de que vivemos uma Quarta Guerra Mundial, uma guerra que não se limita ao campo militar, mas atravessa a economia, a cultura, a informação, os territórios, os corpos e todas as formas de vida. Seu objetivo não é apenas derrotar inimigos, mas destruir, disciplinar ou reorganizar aquilo que não pode ser facilmente transformado em mercadoria: povos, memórias, autonomias, territórios comuns e formas distintas de se relacionar com a vida.

Essa guerra constitui um aspecto fundamental do funcionamento do capitalismo. Desde suas origens, a expansão capitalista dependeu da espoliação, da apropriação dos bens comuns e da transformação da natureza e das relações sociais em mercadorias. Hoje, diante do esgotamento dos recursos, da crise climática e das resistências territoriais, o capitalismo não reduz sua expansão; ao contrário, abre novas fronteiras de extração: mineração, combustíveis fósseis, minerais críticos e grandes infraestruturas energéticas e logísticas.

A crise ecológica não afeta toda a humanidade da mesma maneira. Não existe uma responsabilidade equivalente diante da degradação ambiental: as classes sociais, o gênero, a geografia e as relações coloniais determinam quem consome, quem decide e quem enfrenta as consequências. Por isso, a crise climática não pode ser compreendida como resultado de uma humanidade abstrata, mas como consequência histórica de um sistema baseado na acumulação, no colonialismo, no patriarcado e na exploração.

A guerra contra a natureza nasce de uma separação moderna entre a humanidade e o mundo vivo. A natureza foi transformada em objeto, recurso e propriedade, enquanto certos povos foram colocados do lado daquilo que seria “natural”, tendo sua autonomia e legitimidade negadas. Essa lógica permitiu justificar a conquista, o “desenvolvimento” e o “progresso” como caminhos universais, ocultando a violência necessária para impô-los.

Na atualidade surge uma nova forma de colonialismo climático. A crise ambiental já não é apenas negada; ela também é convertida em oportunidade de acumulação. Os mercados de carbono, as compensações ambientais, a mineração “verde” e determinadas formas de transição energética podem reproduzir as mesmas lógicas de espoliação sob uma nova linguagem de sustentabilidade. Os minerais necessários para as tecnologias digitais, energéticas e militares geram novas disputas territoriais, enquanto comunidades e ecossistemas são transformados em zonas de sacrifício.

Tornel também criticou a “maldição do ambientalismo”. Quando o cuidado da Terra se transforma em uma tarefa técnica administrada por especialistas, indicadores e mercados, a conservação perde seu vínculo com os territórios e converte-se em uma forma de governança que mede, controla e administra a natureza sem modificar as relações econômicas que produzem a devastação. A crise ecológica acaba sendo transferida para o indivíduo por meio da figura do “sujeito climático”, responsabilizado por mudar seus hábitos, enquanto as grandes estruturas de poder permanecem intactas.

Diante dessa situação, a proposta é “a rebelião do vivo”. A Terra não deve ser entendida como um objeto externo que precisa ser salvo, mas como a trama de relações da qual fazemos parte. Defender um rio, uma floresta, uma montanha ou um território significa defender comunidades, memórias, conhecimentos e modos de vida. A autonomia, o comum e as resistências territoriais demonstram que existem outras maneiras de organizar a existência para além da lógica da mercadoria.

A ideia de que somos a própria natureza defendendo a si mesma implica recuperar os vínculos com os territórios, reconstruir capacidades coletivas e reconhecer que a transformação não virá apenas dos Estados, das corporações ou da tecnologia, mas das práticas comunitárias que já existem. A segunda tempestade não é apenas a crise produzida pelo capitalismo, mas também a força dos povos, dos territórios e das formas de vida que se organizam para resistir a ela.

Tornel concluiu com um convite para abandonar a espera por soluções externas e recuperar a capacidade coletiva de construir outros mundos: não utopias distantes, mas espaços reais onde a autonomia, o cuidado e a vida em comum possam continuar florescendo diante da guerra contra a natureza.


Subcomandante Insurgente Moisés

O primeiro dia do encontro encerrou-se com um importante anúncio feito pelo Subcomandante Insurgente Moisés:

O próximo Encontro de Resistências e Rebeldias e o Encontro de Artes, previstos para dezembro de 2026, serão realizados na Cidade do México, na sede da Casa dos Povos e Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.

(Baixe o áudio aqui)

Aqui o comunicado completo.

Fotos: Radio Pozol

radio
Radio Zapatista

Se o México sabe, que o mundo saiba! Nossas lutas pela memória, a justiça e a dignidade

Nestes dias, que para alguns são de celebração e euforia nacional, aqueles que há décadas resistem, caminham e levantam a voz nos mostraram — como bem nos dizem Camila, Berenice e todxs aquellxs que têm marchado nestes dias — a verdade mais dura: se aqueles que buscam se cansam, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro. O México ainda é isto: dor, individualismo, consumismo e violência, mas também pessoas, coletivos e comunidades que, apesar de tudo, continuamos acreditando que outra vida é possível.

A Copa do Mundo da festa, mas também da dor e da dignidade

Camila Zárraga

O problema muitas vezes não é a falta de solidariedade. Muitas vezes é o medo. É a covardia com que muitas pessoas aprenderam a viver. E, sinceramente, me incomodam as mensagens que dizem que eu tenho um valor que os outros não têm. Não é porque eu não entenda; eu entendo o suficiente. Mas também estou cansada. Porque eu não sou uma super-heroína, não sou diferente do resto. Continuo sendo uma pessoa que marcha, fala, chora, erra e sente medo. A verdadeira coragem é outra coisa. A verdadeira coragem é levantar todos os dias sabendo que dois dos momentos mais importantes da sua vida foram o nascimento do seu filho e o desaparecimento dele. A verdadeira coragem é continuar ensinando porque você ama seu trabalho, mesmo sem receber o suficiente para fazê-lo com dignidade.

Perdi a conta das vezes em que tive que sair da aula para comprar um marcador para que a aula pudesse continuar, porque simplesmente não havia orçamento. E, ainda assim, pela primeira vez em dezoito anos, eu amei a educação. Eu amei as pessoas com quem estudo e com quem compartilho a vida. Eu prefiro mil vezes uma escola pública a uma privada. Não pela educação em si, porque muitas vezes a educação pública também tem problemas enormes. Eu a prefiro pelas pessoas. Porque se amanhã eu me tornar uma das dezenas de pessoas que desaparecem diariamente neste país, muitos dos meus antigos colegas diriam que eu procurei isso por ser revoltosa. Em contrapartida, a família que construí aqui, o carinho que encontrei em pessoas com quem jamais imaginei cruzar meu caminho, moveria céu e terra para me encontrar.

É triste ver pessoas que se acham ricas quando os verdadeiramente ricos nem sequer as consideram suas iguais. É triste vê-las brigando por uma Copa do Mundo enquanto neste país seguimos contando desaparecidos. É triste admirar pessoas por sua trajetória e depois vê-las celebrar enquanto, do outro lado, pessoas eram espancadas, detidas e humilhadas por exigir justiça. Também é triste ver como o trabalhador que deveria te proteger acaba protegendo os interesses de quem o explora.

No caminho até o estádio vi a polícia avançando. E foi triste vê-los porque também são trabalhadores. Mas são trabalhadores que podem espancar, torturar ou até matar. Me perdoem, mas por algo existe a frase: “polícia com consciência atira em si mesmo”. Às vezes me pergunto como conseguem dormir. Como conseguem abraçar suas mães depois de terem humilhado outras mães que apenas exigiam que fizessem seu trabalho. Um trabalho que eu e você pagamos com nossos impostos. Um trabalho que deveria evitar que existissem as mães buscadoras. Porque não é normal que elas existam. Não é normal admirá-las. Não é normal que haja mulheres atravessando desertos, valas comuns e estradas em busca de seus filhos. São pessoas de quem tiraram alguém que amavam: um filho, uma filha, um irmão, uma mãe, um pai. São a consequência de uma violência que permitimos que se tornasse normal.

E, ainda assim, isso também é o México.

O México é celebrar com nossos mortos e ao mesmo tempo chorá-los. É lembrá-los em um altar enquanto ainda os buscamos. É ver jovens que, apesar de todas as dificuldades, conseguem acessar a educação pública e se organizar para defender a vida, a memória e a dignidade.

Por isso foi tão significativo marchar e fechar a Avenida de Tlalpan junto com eles. É algo pelo qual sempre vou ser grata. A recepção que nos deram foi uma das coisas mais bonitas que já vivi. Ver seus rostos cheios de emoção, esperança e convicção foi inspirador. E essa emoção está começando a voltar à minha universidade. Aos poucos, companheiras e companheiros estão recuperando sonhos e esperanças que durante anos nos foram tirados. Aos poucos voltamos a acreditar que podemos construir algo melhor. E vamos continuar lutando para que um dia a Universidade Autônoma do Estado de Morelos esteja à altura das grandes universidades públicas do país, não pelo prestígio, mas pela organização, participação e comunidade. Se você precisa de ajuda para organizar uma marcha, uma denúncia ou uma greve, procure seus irmãos e irmãs do Politécnico. Certamente encontrará uma mão estendida. Se você precisa de apoio de quem está apenas começando a se organizar e defender sua universidade, procure a UAEM. Com prazer caminharemos com você. Porque esse caminho está cheio de repressão, violência, desigualdade, humilhações e promessas vazias. Mas também está cheio de algo mais importante: pessoas que, apesar de tudo, ainda acreditam que outro país é possível.

Registro visual: Mães buscadoras, 10/06/2026, imediações do Estádio Azteca.

Onde a justiça não entra, nós entramos

A. Berenice González Marín

Meu nome é Berenice. Às vezes penso que minha vida foi se construindo entre buscas: as que acompanho de fora e as que me atravessaram por dentro. Antes de me integrar à coletividade de acompanhamento a mães buscadoras e a famílias de vítimas de feminicídio, Existimos porque Resistimos, eu já havia percorrido esse território com minha própria mãe, entre 2017 e 2018, quando buscávamos minha irmã e meus sobrinhos. Desde então entendi que o desaparecimento não é um fato isolado: é uma forma de vida, uma maneira de se sustentar quando o mundo se rompe.

Meus estudos em humanidades nasceram do desejo de compreender as desigualdades e violências com as quais cresci, mas também da necessidade urgente de aprender a resisti-las conscientemente. A academia chegou depois, como ferramenta; mas a formação verdadeira, aquela que fica no corpo, veio das ruas. Nos últimos dez anos aprendi mais em acampamentos e protestos do que em seminários; mais nas promotorias do que nas bibliotecas; mais ouvindo uma mãe narrar a vida de sua filha enquanto esperamos que alguma instituição nos receba do que em qualquer aula sobre teoria do Estado.

Acompanhar significa estar quando se ocupam as ruas, quando se fecham avenidas, quando se erguem faixas diante de prédios que parecem surdos. Significa caminhar juntas até uma promotoria que promete nos receber “em um momento” e nos deixa esperando horas. Significa sustentar o olhar quando uma mãe abre o processo de investigação e encontra mais carimbos do que respostas. Significa ouvir, repetidas vezes, histórias que deveriam estremecer o país inteiro, mas que muitas vezes só comovem quem já está quebrado.

Nesse 11 de junho de 2026, enquanto o país olhava para o Estádio Azteca como se ali começasse algo novo, algumas de nós chegamos de outro lugar: de anos de buscas, de promotorias, de ruas ocupadas, de histórias que não cabem em nenhuma celebração. Onde a justiça não entra, nós entramos — e esse dia não foi exceção. A inauguração da Copa do Mundo prometia espetáculo, e ele existiu para alguns; para outras e outros mostrou, embora quase não tenha aparecido na mídia, a forma como o Estado encapsula a memória. Entre grades, bloqueios e filtros impossíveis para as mães buscadoras, uma mãe de vítima e eu conseguimos avançar pelas frestas do dispositivo de segurança, nos infiltrando com a teimosia de quem sabe que a ausência também merece um lugar no centro da festa, ainda que naquele momento não tivéssemos plena consciência disso. Porque, apesar da experiência nas ruas, ainda somos estranhas à lógica do Estado sobre quem pode entrar, como e de onde, especialmente em um evento como a Copa do Mundo.

Não é difícil chegar ao Estádio Azteca. Desde cedo, os arredores se enchem de vendedores que organizam camisas e apitos de plástico. O clima já cheira a festa antes mesmo de começar. Mas naquele dia eu não ia para a celebração: tinha marcado encontro na Paloma de la Paz com a mãe de uma vítima de feminicídio. Combinamos de nos encontrar às 6h30 da manhã para pegar um desses carros particulares que, por sessenta pesos, levam até a Cidade do México. Para mim parecia tarde para um dia que prometia caos, mas entendi seus tempos, suas responsabilidades e seu orçamento.

Ao entrar no carro, ela começou a conversar com outro passageiro e com os donos do veículo. Não era conversa casual: estava testando o terreno, tentando entender o panorama. Ao chegar à praça de pedágio, soubemos que havia bloqueios para identificar quem iria protestar. Senti inquietação, uma mistura de alerta e incerteza. O pior que poderia acontecer era ser detida por carregar uma faixa de desaparecidxs e ela seguir sozinha. Legalmente não podiam nos impedir de passar, mas podiam nos reter por horas “por segurança”, como costumam justificar.

Isso não aconteceu. Estavam apenas parando ônibus. Felizmente eu estava em um carro particular.

Os jovens com quem viajávamos no veículo, gentis, deram várias rotas possíveis para chegar ao estádio sem cair em manifestações ou bloqueios. Eu, mais dispersa, tentava entrar em contato com outras mães buscadoras, mas não conseguia falar com ninguém. Então decidimos seguir as recomendações.

Ainda assim, fizemos uma parada na Cidade Universitária, onde havia sido anunciado um ponto de encontro de mães buscadoras. Chegamos e não havia sinal delas. A segurança insistia que haveria uma concentração, mas não vimos ninguém. Sem pensar muito, pegamos transporte público rumo ao Estádio Azteca.

No trajeto vimos várias opções para chegar. Uma van oferecia o trajeto de CU ao estádio por 150 pesos, quando normalmente a passagem custa sete. Esse espaço estava cheio de estrangeiros. A mãe observou a cena, escolheu a pessoa em quem mais confiou e se aproximou. Explicou que precisava chegar ao estádio porque era mãe de uma vítima. Não foi a única vez que fez isso. Poucos se negaram a ajudar; a maioria deu orientações precisas: onde estavam encapsulando as mães, por quais acessos poderíamos avançar sem sermos barradas, qual transporte pegar, onde descer, como nos misturarmos na multidão para não chamar atenção.

Alguns até nos deram conselhos caso a autoridade se tornasse violenta e explicaram o que era ou não legalmente permitido impedir. Era uma mistura estranha: de um lado, o país do espetáculo; do outro, o país que sobrevive compartilhando rotas, alertas e estratégias para contornar a violência institucional.

Enquanto isso, ao nosso redor, famílias inteiras avançavam com passos leves, como se a emoção marcasse o ritmo. Havia risos, selfies, crianças com o rosto pintado. Tudo parecia feito para que a festa começasse antes mesmo dos portões. Nós, ao contrário, avançávamos com outra urgência: chegar sem ser detidas, sem ser encapsuladas, sem que a memória fosse expulsa do perímetro do estádio.

E chegamos. Só percebemos quando já estávamos a poucos metros da entrada. Passamos por cada filtro sem sermos barradas, recebemos a recepção sem entender, e de repente nos perguntamos: é aqui? Este é o último bloqueio? Onde estão as mães, onde estão os povos em luta? Por um momento pensamos que talvez só restasse voltar.

Abrimos a faixa dos desaparecidos e a foto da filha da minha companheira. Éramos duas diante de milhares que vinham celebrar a Copa e diante de um dispositivo de segurança que não esperava nos ver ali. Caminhamos alguns metros com a intenção de seguir em direção a Taxqueña para voltar. Íamos no sentido contrário ao desfile de inauguração. A cena era irreal: um México sem feminicídios nem desaparecimentos, sem dor, sem corpos nos Semefo nem em valas clandestinas. Um país que mostrava seu rosto mais bonito enquanto ignorava a violência.

Vimos vários meios de comunicação. Em um momento, a mãe me disse para erguer a faixa e ficar atrás dos repórteres. Hesitei no início. Até que deixou de ser sugestão e virou decisão. Abrimos a faixa e nos colocamos atrás de cada repórter que encontramos. Alguns pararam para nos entrevistar; outros se afastaram para não mostrar esse lado do país.

O que mais me surpreendeu foi o apoio dos torcedores. Eles nos acolhiam quando a segurança nos cercava ou nos seguia. Diziam: “companheiras, estamos com vocês”. Esse apoio inesperado nos acompanhou até sairmos do perímetro do Estádio Azteca, um espaço ao qual milhares de mães não puderam chegar naquele dia.

No caminho encontramos um grupo de resistência, jovens entre quinze e vinte anos, que nos convidaram a nos unir à marcha deles. Senti novamente esse apoio que nasce de baixo, de quem entende que o desaparecimento não é um tema distante. Embora fôssemos apenas nós duas em representação das mães buscadoras, as palavras de ordem se centravam na luta contra o desaparecimento.

Os meios de comunicação voltaram a nos abordar. Em certo momento, aproximou-se o secretário de Cultura. Disse que não poderíamos avançar além da primeira barreira, mas que, se quiséssemos fazê-lo como mães buscadoras, eles nos apoiariam. A proposta parecia irreal. Tínhamos acabado de sair do estádio sem dificuldade, com nossa faixa e a foto de uma vítima, e agora surgiam obstáculos e “apoio”. Não era que não fosse possível entrar: já tínhamos entrado. Era que não queriam que avançássemos visíveis como buscadoras.

Ainda assim, depois de tudo, o que fica não é o barulho do estádio nem a sombra das grades. O que fica é a força dessas mãos que seguram fotografias como se segurassem o mundo inteiro. O que fica é o tremor de uma mãe que não desiste. O que fica é esse passo firme, quase silencioso, que insiste em avançar mesmo quando tudo foi feito para deter.

Porque em um país que tenta se acostumar com a dor, elas continuam lembrando que a vida que falta não se esquece. Que cada nome é um batimento. Que cada ausência é um chamado. Que cada busca é uma forma de amor que não conhece fronteiras.

E talvez por isso doa tanto e, ao mesmo tempo, sustente: porque enquanto elas continuarem caminhando, este país ainda tem a chance de se olhar de frente. Enquanto continuarem nomeando, a verdade não poderá ser enterrada. Enquanto continuarem buscando, a esperança não será um luxo, mas uma tarefa.

Naquele dia, 11 de junho de 2026, entendi que a memória não é passado: é um pulso presente que obriga a não desistir. Em um país onde a violência vira paisagem e a impunidade se normaliza, a memória é a única coisa que não podemos soltar. É a respiração que persiste quando tudo parece feito para que esqueçamos.

No fim, o que fica é reconhecer algo que este país evita dizer: a vida pública funciona porque aquelas que mais sofreram continuam se movendo. Não é heroísmo; é necessidade. Não é épico; é sobrevivência. E enquanto o Estado administra a violência como rotina, são as famílias que carregam o trabalho que as instituições não fazem.

Esse dia deixou claro para mim que a memória não é gesto simbólico nem moral: é uma obrigação imposta pela realidade. Se ela não se sustenta, tudo desmorona mais rápido. E no México, a busca não continua porque haja justiça, mas porque não há outra opção. Porque se as mães param, ninguém mais fará.

Não somos poucas diante do desaparecimento e do feminicídio. Somos aquelas que veem o que outros preferem ignorar. Somos aquelas que não podem se dar ao luxo de esquecer. Somos aquelas que sustentam o que resta do país enquanto, no alto, se distribuem versões oficiais que não explicam nada. E essa é a verdade mais dura: se quem busca se cansa, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro.

Manifestação de mães buscadoras e coletivos solidários nas proximidades do Estádio Azteca, 11/06/2026

Pronunciamento mães buscadoras 10/06/2026

A luta do magistério

No mundo atual, tudo o que se move e tudo o que está parado transmite alguma mensagem comercial. Todo jogador de futebol deve ser um outdoor publicitário ambulante, incentivando o público a consumir produtos, mas a FIFA proíbe que os jogadores portem mensagens que incentivem a solidariedade social, o que é expressamente vetado… (E. Galeano, 2017)

A Memória, a Justiça e a Dignidade não compareceram à inauguração oficial da Copa do Mundo no Estádio Azteca. Sua entrada foi negada por serem consideradas “terroristas” e por questões de “segurança nacional”. Dentro do estádio, ninguém perguntou por elas, não as mencionaram; possivelmente poucas pessoas as conheciam. Mas elas estiveram presentes nas mobilizações das mães buscadoras e também nos diferentes percursos dos professores da CNTE, que há 15 dias chegaram à Cidade do México para se somar à protesto nacional e fazer ecoar sua voz e a de milhares de outros professores.

Professores da CNTE a caminho do Estádio Azteca. 11/06/2026

Discurso professoras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junho 2026

radio
Radio Zapatista

¡Si lo sabe México que lo sepa el mundo! Nuestras luchas por la memoria, la justicia y la dignidad.

Em português aqui.

En estos para algunxs días de júbilo y euforia nacional, quienes desde hace décadas resisten, caminan y alzan la voz nos han mostrado -como bien nos dicen Camila, Berenice y todxs aquellxs que han marchado estos días- la verdad más dura: si quienes buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro. México aún sigue siendo esto: dolor, individualismo, consumismo y violencia, pero también personas, colectividades y comunidades que a pesar de todo seguimos creyendo que otra vida es posible.

El mundial de la fiesta, pero también del dolor y la dignidad

Camila Zárraga

El problema muchas veces no es la falta de solidaridad. Muchas veces es el miedo. Es la cobardía con la que muchas personas han aprendido a vivir. Y, sinceramente, me resultan incómodos los mensajes que dicen que tengo un valor que los demás no tienen. No es porque no entienda; entiendo lo suficiente. Pero también estoy cansada. Porque no soy una superheroína, no soy diferente al resto. Sigo siendo una persona que marcha, habla, llora, se equivoca y tiene miedo. La verdadera valentía es otra cosa. La verdadera valentía es levantarse todos los días sabiendo que dos de los momentos más importantes de tu vida fueron el nacimiento de tu hijo y la desaparición de éste. La verdadera valentía es seguir enseñando porque amas tu trabajo, aunque no recibas lo suficiente para continuar haciéndolo dignamente. Perdí la cuenta de las veces que tuve que salir de clase para comprar un plumón y que la clase pudiera continuar porque simplemente no había presupuesto. Y, sin embargo, por primera vez en dieciocho años amé la educación. Amé a la gente con la que estudio y comparto la vida. Prefiero mil veces una escuela pública a una privada. No por la educación, porque muchas veces la educación pública también tiene problemas enormes. La prefiero por la gente. Porque si mañana me convierto en una de las decenas de personas que desaparecen diariamente en este país, muchos de mis antiguos compañeros dirían que me lo busqué por revoltosa. En cambio, la familia que construí aquí, el cariño que encontré en personas con las que jamás imaginé cruzar mi camino, movería cielo, mar y tierra para encontrarme. Es triste ver a personas que se creen ricas cuando los verdaderamente ricos ni siquiera las consideran sus iguales. Es triste verlas peleándose por un Mundial mientras en este país seguimos contando desaparecidos. Es triste admirar a personas por su trayectoria y después verlas celebrar mientras del otro lado golpeaban, detenían y humillaban a quienes salían a exigir justicia. También es triste ver cómo el obrero que debería cuidarte termina cuidando los intereses de quienes lo explotan. En el camino hacia el estadio vi avanzar a los policías. Y fue triste verlos porque también son trabajadores. Pero son trabajadores que pueden golpear, torturar o incluso matar. Perdónenme, pero por algo existe la frase: “policía con conciencia se tira un tiro”. A veces me pregunto cómo logran dormir. Cómo logran abrazar a sus madres después de haber humillado a otras madres que únicamente exigían que hicieran su trabajo. Un trabajo que tú y yo pagamos con nuestros impuestos. Un trabajo que debería evitar que existieran las madres buscadoras. Porque no es normal que existan. No es normal admirarlas. No es normal que haya mujeres recorriendo desiertos, fosas y carreteras buscando a sus hijos. Son personas a las que les arrebataron a alguien que amaban: un hijo, una hija, un hermano, una madre, un padre. Son la consecuencia de una violencia que hemos permitido normalizar.

Y, aún así, eso también es México.

México es celebrar con nuestros muertos y llorarles al mismo tiempo. Es recordarlos en una ofrenda mientras seguimos buscándolos. Es ver a jóvenes que, pese a todas las dificultades, logran acceder a una educación pública y se organizan para defender la vida, la memoria y la dignidad.

Por eso fue tan significativo marchar y cerrar Tlalpan junto a ellos. Es algo que siempre voy a agradecer. El recibimiento que nos dieron fue de las cosas más bonitas que he vivido. Ver sus rostros llenos de emoción, de esperanza y de convicción fue inspirador. Y esa emoción también empieza a regresar a mi universidad. Poco a poco, compañeras y compañeros recuperan sueños y esperanzas que durante años nos fueron arrebatados. Poco a poco volvemos a creer que podemos construir algo mejor. Y vamos a seguir luchando para que algún día la Universidad Autónoma del Estado de Morelos esté a la altura de las grandes universidades públicas del país, no por prestigio, sino por organización, participación y comunidad. Si necesitas ayuda para organizar una marcha, una denuncia o un paro, acércate a tus hermanos y hermanas del Poli. Seguramente encontrarás una mano extendida. Si necesitas acompañamiento de quienes apenas comienzan a organizarse y a defender su universidad, acércate a la UAEM. Con gusto caminaremos contigo. Porque este camino está lleno de represión, violencia, desigualdad, humillaciones y atoles con el dedo. Pero también está lleno de algo más importante: personas que, a pesar de todo, siguen creyendo que otro país es posible.

Registro visual Madres buscadoras 10/06/2026 inmediación del estadio Azteca:

Donde no entra la justicia, entramos Nosotras

A.Berenice González Marín

Mi nombre es Berenice. A veces pienso que mi vida se ha ido armando entre búsquedas: las que acompaño desde afuera y las que me atravesaron desde adentro. Antes de integrarme a la colectividad de acompañamiento a madres buscadoras y a familias de víctimas de feminicidio, Existimos porque Resistimos, ya había recorrido ese territorio con mi propia madre, entre 2017 y 2018, cuando buscábamos a mi hermana y a mis sobrinos. Desde entonces entendí que la desaparición no es un hecho aislado: es un modo de respirar, una forma de sostenerse cuando el mundo se rompe.

Mis estudios en humanidades nacieron del deseo de comprender las desigualdades y violencias con las que crecí, pero también de la necesidad urgente de aprender a resistirlas conscientemente. La academia llegó después, como una herramienta; pero la formación verdadera, la que se queda en el cuerpo, vino de las calles. En los últimos diez años he aprendido más en los plantones que en los seminarios; más en las fiscalías que en las bibliotecas; más escuchando a una madre narrar la vida de su hija mientras esperamos que alguna institución nos reciba, que en cualquier clase sobre teoría del Estado.

Acompañar significa estar cuando se toman las calles, cuando se cierran avenidas, cuando se levantan mantas frente a edificios que parecen sordos. Significa caminar juntas hacia una fiscalía que promete recibirnos “en un momento” y nos deja esperando horas. Significa sostener la mirada cuando una madre abre la carpeta de investigación y encuentra más sellos que respuestas. Significa escuchar, una y otra vez, historias que deberían estremecer al país entero, pero que muchas veces solo conmueven a quienes ya están rotas.

Ese 11 de junio de 2026, mientras el país miraba hacia el Estadio Azteca como si ahí comenzara algo nuevo, algunas llegamos desde otro lugar: desde años de búsquedas, de fiscalías, de calles tomadas, de historias que no caben en ningún festejo. Donde no entra la justicia, entramos nosotras, y ese día no fue la excepción. La inauguración del Mundial prometía espectáculo, y lo hubo para unos cuantos, para otras y otros mostró, y que casi no apareció en los medios, la fuerza con la que el Estado encapsula la memoria. Entre vallas, cierres y filtros imposibles para las madres buscadoras, una madre de víctima y yo logramos avanzar por las grietas del dispositivo de seguridad, filtrándonos con la terquedad de quienes saben que la ausencia también merece un lugar en el centro de la fiesta, aunque en ese momento no lo entendiéramos del todo. Porque, a pesar de la experiencia en las calles, seguimos siendo ajenas a la lógica del Estado sobre quién puede entrar, cómo y desde dónde, especialmente en un evento como el Mundial.

No es difícil llegar al Estadio Azteca. Desde temprano, los alrededores se llenan de vendedores que acomodan camisetas y trompetas de plástico. El ambiente ya huele a fiesta antes de que empiece. Pero ese día, yo no iba hacia la celebración: me había quedado de ver en Paloma de la Paz con la mamá de una víctima de feminicidio. Acordamos encontrarnos a las 6:30 de la mañana para tomar uno de esos carros particulares que, por sesenta pesos, te llevan a la Ciudad de México. A mí me parecía tarde para un día que prometía caos, pero entendí sus tiempos, sus responsabilidades y su presupuesto.

Al subir al carro, ella comenzó a conversar con otro pasajero y con los dueños del vehículo. No era charla casual: estaba tanteando el terreno, tratando de entender el panorama. Al llegar a la caseta nos enteramos de que estaban haciendo retenes para identificar a quienes iban a protestar. Sentí un poco de inquietud, una mezcla de incertidumbre y alerta. Lo peor que podía pasar era que me detuvieran por llevar una manta de desaparecidos y que ella avanzara sola. Legalmente no podían impedirnos el paso, pero sí podían retenernos durante horas “por seguridad”, como suelen justificarlo.

Eso no ocurrió. Solo estaban deteniendo autobuses. Afortunadamente, yo iba en un carro particular.

Los jóvenes con los que íbanos en el vehículo, amables, le dieron varias rutas posibles para llegar al estadio sin quedar atrapadas en las manifestaciones o en los cierres. Yo, más dispersa, intentaba contactar a otras madres buscadoras, pero no lograba comunicarme con nadie. Así que decidimos seguir las recomendaciones que nos habían dado.

Aun así, hicimos una parada en Ciudad Universitaria, donde se había anunciado que habría un punto de reunión para madres buscadoras. Llegamos y no había señal de ellas. El personal de seguridad insistía en que estaban esperando una concentración, pero no vimos a nadie. Sin darle demasiadas vueltas, tomamos transporte público rumbo al Estadio Azteca.

En el trayecto vimos varias opciones para llegar. Una camioneta ofrecía llevarte de CU al estadio por 150 pesos, cuando normalmente el pasaje cuesta siete pesos. Ese espacio estaba lleno de extranjeros. La mamá observó la escena, eligió a la persona que le inspiró más confianza y se acercó. Le explicó que necesitaba llegar al estadio porque era madre de una víctima. No fue la única vez que lo hizo. Pocos se negaron a ayudarla; la mayoría le respondió con indicaciones precisas: dónde estaban encapsulando a las madres, por qué accesos podíamos avanzar sin que la seguridad nos detuviera, qué transporte tomar, en qué punto bajarnos, cómo mezclarnos entre la multitud para no llamar la atención.

Algunos incluso nos dieron consejos por si la autoridad se ponía violenta y hasta nos explicaron qué podían y qué no podían legalmente impedirnos. Era una mezcla extraña: por un lado, el país del espectáculo; por el otro, el país que sobrevive compartiendo rutas, advertencias y estrategias para sortear la violencia institucional.

Mientras tanto, alrededor nuestro, familias enteras avanzaban con paso ligero, como si la emoción les marcara el ritmo. Había risas, selfies, niños con la cara pintada. Todo parecía diseñado para que la fiesta empezara antes de cruzar los torniquetes. Nosotras, en cambio, avanzábamos con otra urgencia: llegar sin ser detenidas, sin ser encapsuladas, sin que la memoria fuera expulsada del perímetro del estadio.

Y llegamos. No nos dimos cuenta del todo hasta que estábamos a escasos metros de la entrada. Pasamos cada filtro sin que nadie nos detuviera, recibimos la bienvenida sin entenderla, y de pronto nos preguntamos: ¿es aquí? ¿Este es el último filtro? ¿Dónde están las madres, dónde están los pueblos que luchan? Por un momento pensamos que ya solo quedaba regresarnos.

Sacamos la lona de desaparecidos y la foto de la hija de mi compañera. Éramos dos frente a miles que venían a celebrar el Mundial y frente a un dispositivo de seguridad que no esperaba vernos ahí. Caminamos unos metros con la idea de dirigirnos hacia Taxqueña para volver a nuestro estado. Íbamos en sentido contrario al desfile de inauguración. La escena era irreal: un México sin feminicidios ni desapariciones, un México sin dolor, sin cuerpos descompuestos en SEMEFOS ni fosas. Un país que mostraba su rostro más bonito mientras ignoraba cómo duele el corazón por la violencia.

Vimos a varios medios de comunicación. Escuché dos veces que la mamá me decía que sacara la lona y me colocara detrás de los reporteros. La escuché, pero no me atreví al principio. Hasta que sus palabras dejaron de ser sugerencia y se volvieron decisión. Sacamos la manta y nos colocamos detrás de cada reportero que encontramos. Algunos se detuvieron a entrevistarnos; otros se alejaron para no mostrar ese lado del país.

Lo que más me sorprendió fue el apoyo de los aficionados. Nos acuerparon cuando la seguridad nos rodeó o nos siguió. Nos decían: “Compañeras, estamos con ustedes.” Ese respaldo inesperado nos acompañó hasta salir del perímetro del Estadio Azteca, un espacio al que miles de madres no pudieron llegar ese día.

En el camino nos encontramos con un grupo de resistencia, jóvenes de entre quince y veinte años, que nos invitaron a unirnos a su marcha y a regresar hacia el lugar del que nosotras veníamos. Sentí nuevamente ese apoyo que nace desde abajo, desde quienes entienden que la desaparición no es un tema ajeno. Aunque solo íbamos nosotras dos en representación de las madres buscadoras, las consignas y las exigencias se centraron en la lucha contra la desaparición.

Los medios volvieron a detenernos para entrevistas. En algún momento se acercó el secretario de Cultura. Nos dijo que no podíamos avanzar más allá de la primera valla, pero que, si queríamos hacerlo como madres buscadoras, ellos nos respaldaban. La oferta me pareció irreal. Acabábamos de salir del estadio sin mayor dificultad, con nuestra lona de desaparecidos y la foto de la hija asesinada de mi compañera, y ahora aparecían obstáculos… y ofrecimientos de apoyo. Ante un muro o vaya que antes no fue obstáculo. Era evidente: no era que no se pudiera acceder al estadio, porque ya habíamos estado ahí. Era que no querían que avanzáramos visibles como buscadoras, como resistencia.

Aun así, después de todo, lo que queda no es el ruido del estadio ni la sombra de las vallas. Lo que queda es la fuerza de esas manos que sostienen fotografías como si sostuvieran el mundo entero. Lo que queda es el temblor suave de una madre que no se rinde, aunque el país entero parezca cansado de escucharla. Lo que queda es ese paso firme, casi silencioso, que insiste en avanzar incluso cuando todo está hecho para detenerla.

Porque en un país que intenta acostumbrarse al dolor, ellas siguen recordándonos que la vida que falta no se olvida. Que cada nombre es un latido. Que cada ausencia es un llamado. Que cada búsqueda es una forma de amor que no conoce frontera.

Y quizá por eso duele tanto y al mismo tiempo sostiene: porque mientras ellas sigan caminando, este país todavía tiene una oportunidad de mirarse de frente. Mientras ellas sigan nombrando, la verdad no podrá ser enterrada. Mientras ellas sigan buscando, la esperanza no será un lujo, sino una tarea.

Ese día, el 11 de junio de 2026, entendí que la memoria no es un acto del pasado: es un pulso presente, vivo, que nos obliga a no rendirnos. En un país donde la violencia se vuelve paisaje y la impunidad se normaliza, la memoria es lo único a lo que no podemos, y no debemos, soltar. Es la respiración que persiste cuando todo alrededor parece diseñado para que olvidemos. Incluso esos uniformados que se olvidan a sí mismos, son parte del mismo pueblo, y que el gobierno los  ha sido convertido en mercancía para sostener la violencia.

Al final, lo que queda es reconocer algo que este país evita decir: aquí no se trata de voluntad institucional ni de discursos de paz. Se trata de que la vida pública funciona porque quienes han sido más golpeadas siguen moviéndose, aunque nadie las respalde. No es heroísmo; es necesidad. No es épica; es supervivencia. Y mientras el Estado administra la violencia como rutina, son las familias, las mismas que deberían estar protegidas, quienes cargan con el trabajo que las instituciones no hacen.

Ese día me dejó claro que la memoria no es un gesto simbólico ni un acto moral. Es una obligación impuesta por la realidad. Si no se sostiene, todo se hunde más rápido. Y aunque duela admitirlo, en México la búsqueda no continúa porque haya justicia, sino porque no hay otra opción. Porque si las madres se detienen, nadie más va a hacerlo.

No somos pocas las marginales ante la desaparición y feminicidios. Somos quienes vemos lo que otros prefieren ignorar. Somos quienes no pueden darse el lujo de olvidar. Somos quienes sostienen lo que queda del país mientras arriba se reparten versiones oficiales que no alcanzan para explicar nada. Y esa es la verdad más dura: si las que buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro.

Manifestación de madres buscadoras y colectivos solidarios en las cercanías del estadio Azteca 11/06/2026

Pronunciamiento madres buscadoras 10/06/2026

La lucha del magisterio.

En el mundo actual, todo lo que se mueve y todo lo que está quieto transmite algún mensaje comercial. Cada jugador de fútbol debe ser una cartelera publicitaria en movimiento, aconsejando al público consumir productos, pero la FIFA prohíbe que los jugadores porten mensajes que aconsejen la solidaridad social, lo que está expresamente vetado… (E. Galeano, 2017)

La Memoria, la Justicia y Dignidad no acudieron a la inauguración oficial del mundial en el estadio azteca. Se les negó la entrada por ser considerados “terroristas” y por cuestiones de “seguridad nacional”. Al interior del estadio nadie preguntó por ellos, no les nombraron, posiblemente pocxs los conocían. Pero sí estuvieron presentes en las movilizaciones de las madres buscadoras y también en los distintos recorridos de los maestrxs de la CNTE, quienes desde hace 15 días arribaron a la CDMX para sumarse a la protesta nacional y hacer escuchar su voz y la de miles de maestrxs más.

Maestros de la CNTE rumbo al estadio Azteca. 11/06/2026

Discurso maestras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junio 2026

radio
Radio Zapatista

Día 3 – Semillero “La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas”

En un poderoso mensaje dirigido a los pueblos del mundo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional volvió a colocar en el centro la urgencia de organizarse colectivamente y construir, desde ahora, las condiciones para la vida de las futuras generaciones.

Con palabras firmes, el Capitán Insurgente Marcos recordó que la lucha no puede quedarse en el discurso. La tarea de quienes resisten, dijo, es pensar, compartir lo pensado y, sobre todo, llevarlo a la práctica sin esperar. La historia no puede seguir postergándose.

Desde la mirada zapatista, la “herencia” no es un concepto vacío ni simbólico. No basta con transmitir dignidad, resistencia o rebeldía; ante la tormenta de nuestro mundo en crisis, es indispensable construir las bases materiales que permitan a quienes vienen seguir viviendo y luchando. Esa herencia se teje en la práctica cotidiana: en las formas de organización comunitaria, en las autoridades responsables, en los colectivos y en cada espacio donde se construye el común.

Frente al panorama actual, el mensaje es claro: hay dos caminos posibles, la unidad o la fragmentación. Y ante ello, una decisión inevitable: resignarse u organizarse.

Los zapatistas advierten que su horizonte no está en la toma del poder ni en los gobiernos que llaman a la unidad mientras buscan absorber y homogeneizar las luchas. Tampoco está en el sistema capitalista, al que señalan por imponer narrativas de derrota para desviar el camino de los pueblos.

El “común” que proponen no busca borrar diferencias, sino articularlas en un objetivo compartido: enfrentar al sistema. Muchas luchas, muchos caminos, pero una sola batalla por la vida.

En ese sentido, hicieron un llamado a no medir la lucha por su tamaño o impacto mediático, sino por la claridad de sus convicciones. Saber por qué se lucha, para qué y cómo organizarse es, aseguran, lo que permite avanzar con firmeza.

El mensaje resonó más allá de los territorios zapatistas, reconociendo luchas en todo el mundo: desde los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa, hasta resistencias en América Latina, Palestina, Europa, África, Asia y otros rincones donde los pueblos no dejan de luchar. Todas forman parte de un mismo latido global que se niega a desaparecer.

Por su parte, el Subcomandante Insurgente Moisés compartió la experiencia organizativa de los pueblos zapatistas, quienes han decidido romper con la lógica jerárquica de “la pirámide” para dar paso a una construcción colectiva basada en el común.

Durante más de tres décadas, explicó, han demostrado que es posible gobernarse sin depender de las estructuras oficiales. Hoy su organización se articula en distintos niveles autónomos, desde gobiernos autónomos locales (GAL) -que son el corazón del nuevo sistema de gobierno zapatista- hasta asambleas generales del común, que reúnen a todos los GAL del territorio zapatista. En este nuevo sistema de gobierno, cada comunidad decide según sus necesidades, pero siempre con un horizonte compartido: la defensa de la vida.

En este proceso, el conocimiento ocupa un lugar central. Para los zapatistas, no debe convertirse en mercancía, sino compartirse para fortalecer a las comunidades. Bajo esta lógica, impulsan proyectos como la construcción en común de un quirófano comunitario, con la participación activa también de comunidades e individuos no zapatistas, al tiempo que convocan a personas solidarias a sumarse con trabajo y saberes.

También se abordaron problemáticas urgentes como el crimen organizado y las adicciones, especialmente entre jóvenes, señalando cómo estas amenazas buscan fragmentar el tejido comunitario. Frente a ello, la respuesta sigue siendo la misma: organización, conciencia y trabajo colectivo.

En su intervención, el Capitán Marcos insistió en que el individualismo no es opción. Apostar por él, dijo, es condenarse a una pesadilla. En cambio, organizarse con otros permite no solo resistir la tormenta, sino imaginar lo que hay más allá: nuevas posibilidades, nuevos mundos.

La clausura, a cargo del Subcomandante Moisés, reafirmó el compromiso zapatista con la construcción de una nueva sociedad. Una donde no exista la explotación, donde la diferencia no se persiga sino se celebre, y donde la vida esté en el centro.

No se trata de un mundo perfecto, señalaron, sino de uno distinto. Un mundo que ya se empieza a construir desde abajo, en común, y que busca ser heredado a las niñas y niños de México y del mundo entero.

Audios

Quinta sesión

Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: La Fragmentación de Territorios y las Resistencias y Rebeldías. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):

Una ventana al Zapatismo: Una ventana al Común como opción de resistencia y rebeldía en territorios de pueblos originarios I. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):

Sexta sesión

Una ventana al Zapatismo: Una ventana al Común como opción de resistencia y rebeldía en territorios de pueblos originarios II. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):

Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: La Teoría y la Práctica en las Generaciones.  Cuento “El Amor y el Desamor según la Abuela Grabiela”. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):

Clausura. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):

Videos – Transmisión en vivo

radio
Radio Zapatista

Día 2 – Semillero “La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas”

En el segundo día del semillero realizado en el CIDECI, el Capitán Insurgente Marcos y el Subcomandante Moisés presentaron una reflexión crítica sobre la situación actual de México y del mundo, centrada en tres ejes: la crisis del Estado-nación, las múltiples formas de guerra y las tensiones en torno a la llamada Cuarta Transformación (4T).

La crisis del Estado-Nación, las guerras y las contradicciones de la 4T son síntomas de un sistema global que prioriza el capital sobre las personas. Frente a este panorama, el EZLN llama a la organización comunitaria como la única vía para construir un futuro más justo y digno.

Desde una mirada zapatista, el Capitán Insurgente Marcos planteó que el concepto de guerra ha cambiado. Recalcó que, mientras los medios de comunicación se concentran en los conflictos visibles —aquellos que ocupan titulares—, existen “guerras silenciosas” que afectan de manera constante a sectores como pueblos originarios, trabajadores, migrantes e incluso a la clase media. Estas violencias, dijo, son menos visibles pero igualmente profundas, y tienden a ser ignoradas en el discurso público.

También describió la realidad contemporánea como un “espejo esférico”, donde cada quién le toca lo que ve y lo que puede ver. En este contexto, habló de un agotamiento del modelo de Estado-nación, cuyas capacidades y límites se ven rebasados por el avance del capitalismo global. En su análisis el Capitán menciona que este sistema ha debilitado elementos clave como la soberanía, el mercado interno y el control territorial, abriendo fronteras para el capital pero cerrándose para los que luchan.

Apuntó que, ante este desgaste, algunos Estados parecen intentar reagruparse. Ya señalamos, dice el Capitán, que hay una especie de agotamiento de sus posibilidades y de sus límites, pero aparece con el caso de Israel y el caso de Estados Unidos y el caso de Cuba y el caso de Irán, que como que se está reagrupando el Estado Nacional para buscar una reconfiguración o una resolución. En el caso de México, la Cuarta Transformación, gracias a Trump, rescata el discurso de la soberanía nacional y trata de reorganizar otra vez a un territorio, que describe fragmentado y sobre el cual el gobierno no tiene ya control.

El Capitán Insurgente Marcos habla también sobre las víctimas y los objetivos de las guerras y de la guerra. Que el Estado Nacional genera una animadversión y ve a las organizaciones no gubernamentales y a las iglesias progresistas como enemigos, y los ataca, y también a los procesos comunitarios, pues estos ocupan un espacio que, según la visión de arriba, debería corresponderle al Estado.

Entonces, por eso vemos que gobiernos tanto de derecha como de “izquierda” —como Bolsonaro en Brasil y la 4T en México—, se posicionan contra de las organizaciones no gubernamentales y en contra de las iglesias progresistas. Pero en el caso de los procesos comunitarios, la preocupación es mayor, son los enemigos a muerte, pues el proceso comunitario, grande o pequeño, cuestiona la existencia misma de la pirámide. Y ese proceso comunitario descubre que ni los gobiernos, ni los Estados, y mucho menos las pirámides son necesarias, son un estorbo, y saben que si esto se descubre, se van a levantar para destruirla.

Ese es el gran temor, no el ejército norteamericano, no el ejército israelí, es el proceso comunitario, y por eso el ataque tan salvaje sobre Palestina, sobre Gaza, y sobre las comunidades originarias, pero también sobre ciertos sectores urbanos y campesinos que están generando procesos comunitarios que tarde o temprano van a amenazar la esencia misma del sistema, que es la pirámide. Y de ahí van a descubrir que la columna vertebral es la propiedad privada. No son las armas, no son las campañas ideológicas, los libros, los análisis a los que temen; lo que temen, es la organización.

El Subcomandante Moisés, por su vez, no escatima sobre la supuesta transformación de la 4T. Las guerras internas que ahora enfrentamos son parte de lo que el EZLN llama la tormenta… una tormenta que los que están arriba creen equivocadamente que no les afectará, sino sólo a los de abajo. Uno de los síntomas de la tormenta es la privatización de las tierras. Por años, los gobiernos priístas intentaron fraccionar las tierras, pero lo que sólo lograron en parte, el gobierno de la 4T hizo de forma mucho más radical, sobre todo mediante programas como Sembrando Vida. Está claro, dice el sub Moy, que no quieren que exista la comunidad, porque de esta manera las comunidades se pueden defender, se organizan y luchan. Denunció que los programas de gobierno de la 4T como Sembrando Vida tienen otras intenciones y generan conflictos entre comunidades en lugar de ser soluciones reales a los problemas estructurales del país. Estos programas vienen con un sin fin de manipulaciones y son utilizados, además, como herramientas para la compra de votos anticipadas para el próximo sexenio.

Como el Capitán Marcos, también criticó la manipulación de la historia oficial, que exalta un pasado azteca glorioso mientras ignora las realidades de los pueblos originarios y su resistencia.

La verdadera transformación de la 4T es la tormenta.

Y reitera lo que el Capitán Marcos mencionó en relación a las guerras: que los procesos comunitarios representan una amenaza para el sistema piramidal del Estado y para el capitalismo, al cuestionar la necesidad de la propiedad privada y la estructura jerárquica.

 El verdadero cambio no vendrá desde el poder, sino desde la organización y resistencia de las comunidades. “Si se pudiera hacer algo allá arriba, no nos hubiéramos levantado en armas”, dice el EZLN.

Audios

Tercera sesión

Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: Los Estados-Nación bajo ataque. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):

Una ventana al zapatismo: Una ventana a los programas gubernamentales contrainsurgentes en territorios de pueblos originarios zapatistas I. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):

Cuarta sesión

Una ventana al zapatismo: Una ventana a los programas gubernamentales contrainsurgentes en territorios de pueblos originarios zapatistas II. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):

Una mirilla a la Tormenta en el Mundo:  Los Objetivos y las Víctimas.  Cuento: “El Amor y el Desamor según el Sistema de Educación Autónoma Zapatista”. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):