Noticias:News:

Desaparecidxs

image/svg+xml image/svg+xml
radio
RedTDT

RedTDT: Libertad inmediata a Jesús Placido Galindo, integrante de la CIPOG-EZ en Guerrero

Firma la petición aquí.

Ciudad de México, 17 de julio de 2026 Acción Urgente 007

La Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos «Todos los Derechos para Todas, Todos y Todes» (Red TDT) manifiesta su profunda preocupación por la detención del defensor Jesús Plácido Galindo, coordinador regional del Consejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) e integrante del Congreso Nacional Indígena (CNI).

De acuerdo con la información recibida, el día de hoy, aproximadamente a las 14:30 horas, Jesús Plácido Galindo fue detenido en un en un retén instalado por elementos del Ejército Mexicano, ubicado en el crucero de Monte Alto, a la altura del municipio de San Marcos, en la región Costa Chica del estado de Guerrero.

Al momento de su detención, el compañero Jesús Plácido se dirigía a una reunión convocada por el Subsecretario de Desarrollo Político y Social del Gobierno del Estado de Guerrero, Francisco Rodríguez Cisneros, en la que participarían autoridades y representantes comunitarios para atender diversas demandas planteadas por las comunidades indígenas de la región.

Según la información disponible, aproximadamente cuarenta elementos de seguridad -identificados como personal militar, ministerial y policía estatal- participaron en el operativo durante el cual detuvieron a Jesús Plácido Galindo y registraron el vehículo en el que viajaba.  Tras su detención se desconocen algunos datos fundamentales para garantizar su integridad: no se tiene certeza de su paradero, no se ha dado a conocer qué autoridad es responsable de su custodia, así como las razones jurídicas de su privación de libertad y las condiciones en las que se encuentra.

Esta situación genera una grave preocupación por su integridad física y psicológica, así como por el respeto de sus derechos fundamentales.

Estos hechos ocurren en un contexto de violencia sistemática, agresiones y criminalización en contra las comunidades organizadas del CIPOG-EZ y contra personas defensoras de derechos humanos del estado de Guerrero. La falta de información oficial sobre el lugar donde se encuentra la persona detenida y la ausencia de comunicación inmediata con sus familiares y representantes legales incrementan el riesgo de violaciones de derechos fundamentales: libertad personal, debido proceso, integridad personal y protección judicial efectiva.

Ante estos hechos, la Red TDT exige a las autoridades federales y estatales:

  • Informar de manera inmediata el paradero de Jesús Plácido Galindo
  • Garantizar su integridad física y psicológica, así como el respeto irrestricto a sus derechos humanos
  • Permitir el acceso inmediato a su defensa jurídica y la comunicación con sus familiares
  • Informar públicamente las razones legales de su detención y la autoridad que ordenó y ejecutó el operativo
  • Abstenerse de cualquier acto de desaparición forzada, incomunicación, tortura, malos tratos o criminalización por su labor como defensor de derechos humanos e integrante del CIPOG-EZ
  • Se respeten los derechos a favor de Jesús Placido a la libertad personal, el debido proceso, la integridad personal y la protección judicial efectiva
  • Libertad para Jesús Plácido Galindo

Instancias turnadas:

Presidencia de la República: Lic. Claudia Sheinbaum Pardo

Secretaría de Gobernación: Rosa Icela Rodríguez Velázquez

Subsecretaría de Derechos Humanos y Migración: Felipe Arturo Medina Padilla

Titular de la Unidad de Derechos Humanos: Dr. Froylan Vladimir Enciso Higuera

Comisión Nacional de Derechos Humanos: Lic. Rosario Ibarra Piedra

Fiscalía General de la República, Ernestina Godoy Ramos

Gobernadora del Estado de Guerrero, Mtra. Evelyn Cecia Salgado Pineda

Secretaria de Seguridad Pública del Estado de Guerrero, Daniel Antonio Ledesma Ozuna.

Fiscalía General del Estado de Guerrero, Zipacná Jesús Torres Ojeda.

Comisión Estatal de Derechos Humanos, Cecilia Narciso Gaytán 

Relatora Especial de la ONU, Andrea Bolaños Vargas

radio
Consejo Supremo Indígena de Michoacán

La CIDH determina que el Estado mexicano cometió delitos de lesa humanidad en contra de familia indígena p’urhépecha

Entre los años de 1974 y 1976, José de Jesús Guzmán Jiménez y cuatro de sus hijos, Amafer, Solón Adenauer, Venustiano y Armando Guzmán Cruz, todos originarios de la comunidad p’urhépecha de Tarejero, fueron detenidos, torturados y posteriormente desaparecidos por el Ejército Mexicano y la entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS), en el contexto de la llamada “guerra sucia” en contra de luchadores sociales y opositores políticos, detenciones que constituyen el primer referente histórico de las desapariciones forzadas en Michoacán.

Cuatro de ellos fueron trasladados a la 21ª Zona Militar en Morelia, para posteriormente ser llevados al Campo Militar #1 en la CDMX, por su parte Venustiano Guzmán fue retenido en la 27ª Zona Militar, en la Base Área Militar de Pie de la Cuesta, en Acapulco, Guerrero, siendo estos los últimos lugares donde se tiene registro oficial de ellos.

Desde hace 52 años, los sobrevivientes de la familia Guzmán han denunciado su desaparición ante instancias locales, estatales, federales e internacionales, durante más de medio siglo, han luchado en contra de la desmemoria, la impunidad y la injusticia, han denunciado y documentado ante todas las instancias posibles, algunas de ellas, en el entonces Comité Nacional Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos; ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos quien emitió la recomendación 026/2001; en la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado #FEMOSPP; ante el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Desaparición Forzada o Involuntaria y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El caso fue presentado ante la CIDH el 20 de octubre de 2006, admitido el 12 de julio de 2013, con audiencias y careos el 7 de julio de 2017 en Lima, Peru y finalmente el 20 de agosto de 2025 notificaron el Informe de Fondo Caso No. 12.918, en el cual se establece que el Estado mexicano cometió delitos de lesa humanidad en contra de los integrantes de la familia p’urhépecha Guzmán Cruz, estableció que se violaron diversos derechos humanos, entre ellos: el derecho a la vida; el derecho a la integridad personal; el derecho a la libertad; la obligación estatal de no practicar, no permitir, ni tolerar la desaparición forzada de personas, el derecho a la protección a la familia y vulneró el derecho a las garantías judiciales. De igual forma, los hechos denunciados no fueron controvertidos por el Estado mexicano, al contrario, reconoció parcialmente su responsabilidad internacional por la desaparición forzada de los 5 integrantes de la familia Guzman, pero no reconoció su tortura física y psicológica, ni el hostigamiento posterior que ha sufrido la familia, ni mucho menos su falta de investigación diligente.

El informe concluye realizando las siguientes recomendaciones al Gobierno de México: reparación integral a favor de las víctimas, brindarles tratamiento médico y psicológico, esclarecer la desaparición forzada de los integrantes de la familia Guzmán, disponer de medidas administrativas, disciplinarias o penales para los funcionarios que denegaron justicia, adoptar medidas para evitar la repetición de las desapariciones forzadas e investigar las desapariciones ocurridas durante la “guerra sucia” en la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, a casi un año de la presentación del informe de fondo, el Gobierno de México no ha adoptado ni una sola medida de reparación, investigación, justicia o no repetición.

Por ello, exigimos al Estado mexicano que no obstaculice más tal y como lo ha hecho, presentando sendas prorrogas que lo único que hacen es revictimizar a la familia Guzmán Cruz, por último, declaramos a la CIDH que la justicia que es tardía, no es justicia ¿Cuánto más deben de esperar las víctimas para obtener memoria, verdad y justicia? Exigimos que el caso Amafer Guzman pase ya a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

CONSEJO SUPREMO INDÍGENA DE MICHOACÁN

radio
Asamblea por el Común y contra a Guerra

Pronunciamiento de apertura, encuentro de resistencias y rebeldías contra la explotación, el despojo, la represión y el desprecio que impone la copa mundial de la fifa 2026 y el sistema capitalista y patriarcal

A los Pueblos del Mundo, A las Resistencias y Rebeldías de Abajo y a la Izquierda, A la Opinión Pública Nacional e Internacional:

Dice el Gobierno de la 4T que ¡La pelota vuelve a casa!

Que la ola en el estadio no ahogue el grito de justicia en las calles

NOSOTROS PREGUNTAMOS:

¿Cuándo regresarán nuestros desaparecidxs? ¿Cuándo habrá verdad y justicia integral para las victimas y las familias ante la crisis de desapariciones, la impunidad forense y la violencia sistemática contra los pueblos, las mujeres, la infancias y la disidencias? ¿Cuándo dejarán las autoridades de ser cómplices corruptas y cuándo dejaran de obstruir las investigaciones de los crímenes cometidos? ¿Cuándo dejarán de reprimir y criminalizar la protesta social y la defensa del territorio? ¿Cuándo se frenará el despojo, el extractivismo y la explotación de las megacorporaciones, los carteles inmobiliarios y de especulación financiera y el crimen organizado? ¿Cuándo se reparará el daño ecológico y garantizará el derecho al territorio, a la vivienda y una vida digna para todes? ¿Cuándo se tomarán medidas para detener la destructiva crisis climática que nos acecha?

¿Cuándo romperá el estado mexicano su complicidad con regímenes imperialistas, fascistas, tecnócratas y genocidas, y dejará de usar el deporte, el espectáculo y la seguridad como cortinas de humo para ocultar crímenes de lesa humanidad? ¿Cuándo se acabará con la violencia institucional, policial, paraestatal y empresarial que reproduce el patrón colonial, racista, clasista y patriarcal propio de la necropolítica capitalista? ¿Cuándo, finalmente, la 4T dejará la simulación, la propaganda, la militarización y el purplewashing, y escuchará a los pueblos para desarrollar en conjunto estrategias de lucha contra el capital y su destrucción? y ¿Cuándo servirá al bien común ecológico y no al poder de siempre que vuelve la vida en mercancía, la tierra en propiedad, el dolor en espectáculo, y la resistencia en delito?

Estamos en medio de la tormenta que solo parece empeorar. ¿Qué vamos a hacer?

Caminando hacia la Construcción del Común

Mediante este Encuentro de Resistencias y Rebeldías, desde las colectividades que integramos la Asamblea por el Común y Contra la Guerra invitamos a seguir caminando con nuestrxs ancestrxs y a construir en común.

(Continuar leyendo…)
radio
Familiares de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas

Solidaridad con Familias Buscadoras de Personas Desaparecidas en México

En las últimas semanas, desde distintos medios de comunicación y desde los discursos oficiales del actual régimen, se han venido repitiendo una serie de señalamientos hacia las organizaciones de familias buscadoras de personas desaparecidas. Dichos señalamientos buscan poner en duda la legitimidad de sus demandas y de sus acciones colectivas. Se les ha acusado de “hacerle el juego a la derecha” e incluso se ha advertido que se abrirían investigaciones para conocer sus fuentes de financiamiento. En redes sociales se ha identificado igualmente una narrativa que repite las mismas premisas de criminalización como las utilizadas por el nefasto expresidente Felipe Calderón: “si los desaparecieron es porque en algo malo andaban”.

Estos discursos de estigmatización, revictimización y criminalización son sumamente preocupantes. La situación se agravó con los abiertos hechos de represión policial que estos colectivos vivieron el pasado martes 30 de junio cuando se manifestaron sobre la Calzada de Tlalpan, en la Ciudad de México, previo al partido entre México vs Ecuador de la Copa del Mundo. Como puede comprobarse en los distintos videos que circulan en medios de comunicación, así como en los testimonios de las personas agredidas, los hechos implicaron la actuación de cuerpos policiacos con el rostro y la cabeza cubiertas con cascos, quienes repartieron golpes, empujones y ofensas a las familias buscadoras y sobre las personas solidarias que acompañaban la movilización, incurriendo en actos de represión y de violación a sus derechos humanos. La agresión llegó a tal punto que, los cuerpos policiacos amarraron a algunas personas con las mismas mantas de sus familiares desaparecidos y tiraron al piso a un padre buscador.   

Quienes firmamos este pronunciamiento, condenamos enérgicamente esta campaña contra las organizaciones de familias buscadoras, así como la represión de la que fueron objeto el pasado 30 de junio. Nos preocupa que ellos y ellas, que día a día se juegan la vida por buscar a sus seres queridos, sean también objeto de violencias por ejercer su derecho a protestar.

A las organizaciones de derechos humanos y a la sociedad civil en general, les convocamos a estar alertas y a manifestar su solidaridad con las familias buscadoras.

Porque las personas desaparecidas nos faltan a todos y todas.

Atentamente: 

Red Universitaria Anticapitalista 
Regeneración Radio
Radio Zapote

Video de la represión en Calzada de Tlalpan y Ermita Iztapalapa el martes 30 de junio de 2026:

https://www.instagram.com/p/DaQl63uFBxL

(Continuar leyendo…)
radio
ORGANIZACIÓN CAMPESINA DE LA SIERRA DEL SUR (O.C.S.S.)

Masacre de Aguas Blancas: 31 años de impunidad | Organización Campesina de la Sierra del Sur

AL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA
AL CONSEJO INDÍGENA DE GOBIERNO
A LA SEXTA NACIONAL E INTERNACIONAL
A LAS REDES DE RESISTENCIA EN REBELDÍA
AL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN LIBRES Y DIGNOS
A LAS ORGANIZACIONES DE LUCHAS DIGNAS EN GUERRERO
AL CONCEJO INDÍGENA Y POPULAR DE GUERRERO-EMILIANO ZAPATA
A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS DEL MUNDO, EN GUERRERO Y TODO MÉXICO

Y QUE MIS VENAS NO TERMINAN EN MI SINO EN LA SANGRE UNÁNIME DE LOS QUE LUCHAN POR LA VIDA, EL AMOR ,LAS COSAS, EL PAISAJE Y EL PAN.

ROQUE DALTON.

MASACRE DE AGUAS BLANCAS
31 AÑOS DE IMPUNIDAD

En enero de 1994 nació la Organización Campesina de la Sierra del Sur (O.C.S.S).

Para su nacimiento buscamos un lugar donde con calma y sin interrupciones indeseables pudiéramos trabajar sobre ello.

El parto fue en “Las Palmitas”, a unas tres horas caminando desde Tepetixtla en el municipio de Coyuca de Benítez, Guerrero. Bajo frondosos encinos.

Por la experiencia de las luchas contra los abusos de los caciques priistas, políticos, talamontes y los fraudes electorales, conocimos a diferentes personas que nos ofrecieron ayuda para nuestro desarrollo político. De unos ubicamos su actitud de usarnos para sus planes particulares, de otros, reconocimos su actitud solidaria y respetuosa, en estos nos apoyamos.

Desde el 1 de enero nos concentramos. Nueve fuimos convocados para discutir, aprender, enseñar y planificar. Todos éramos de Tepetixtla.

La mayoría ya había estado en otros dos esfuerzos parecidos y otros más pequeños. Para nosotros era una escuela política que nos permitía entender con más claridad lo que en esos días vivíamos. Siempre buscando el desarrollo político, el esclarecimiento de la conciencia. Pero ahora además formaríamos una organización.

Como nos convencimos que también era importante el método, pues discutimos y discutimos, aun a oscuras, hasta tener bien claritas las ideas, los objetivos, los principios, los métodos, las tareas y lo que nos parecía un tanto pomposo cuando lo decíamos, nuestra plataforma política.

Fue muy importante establecer entre nuestros principios la honestidad, la combatividad y la solidaridad.

Todos nos conocíamos de las faenas del campo. De sembrar y cosechar. De tratar de vender lo cosechado, de la búsqueda de semillas y fertilizantes, de resistir la pobreza, las enfermedades, los abusos de los caciques y de las autoridades civiles y militares, de enfrentar juntos diversos problemas de la vida.

Todavía teníamos muy fresco el recuerdo del rechazo al fraude electoral de 1988. Aquellas jornadas en que nos volvimos ríos de combativo esfuerzo, alegría y sudor que bajamos de la sierra en diferentes jornadas de lucha, desafiando a los priistas que siempre habían sido “los de arriba”, los que oprimían, robaban, reprimían, asesinaban impunemente. Cuando marcamos con nuestros huaraches y chanclas, calles, aceras, carreteras pavimentadas o de terracería y oficinas gubernamentales. Pero sobre todo nos atrevimos a tratar de ser hacedores de nuestra historia.

Mas lejano, pero también como un eco importante, resonaban en nuestro corazón y nuestra conciencia otras jornadas de lucha, como la del maestro Lucio Cabañas Barrientos. Días de represión y de esperanza.

En que fuerzas federales y algunas oficinas gubernamentales repartían prebendas y hasta las semillas de mariguana y amapola para “paliar” la pobreza y restarle base social al maestro Cabañas.

(Continuar leyendo…)
radio
Radio Zapatista

Se o México sabe, que o mundo saiba! Nossas lutas pela memória, a justiça e a dignidade

Nestes dias, que para alguns são de celebração e euforia nacional, aqueles que há décadas resistem, caminham e levantam a voz nos mostraram — como bem nos dizem Camila, Berenice e todxs aquellxs que têm marchado nestes dias — a verdade mais dura: se aqueles que buscam se cansam, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro. O México ainda é isto: dor, individualismo, consumismo e violência, mas também pessoas, coletivos e comunidades que, apesar de tudo, continuamos acreditando que outra vida é possível.

A Copa do Mundo da festa, mas também da dor e da dignidade

Camila Zárraga

O problema muitas vezes não é a falta de solidariedade. Muitas vezes é o medo. É a covardia com que muitas pessoas aprenderam a viver. E, sinceramente, me incomodam as mensagens que dizem que eu tenho um valor que os outros não têm. Não é porque eu não entenda; eu entendo o suficiente. Mas também estou cansada. Porque eu não sou uma super-heroína, não sou diferente do resto. Continuo sendo uma pessoa que marcha, fala, chora, erra e sente medo. A verdadeira coragem é outra coisa. A verdadeira coragem é levantar todos os dias sabendo que dois dos momentos mais importantes da sua vida foram o nascimento do seu filho e o desaparecimento dele. A verdadeira coragem é continuar ensinando porque você ama seu trabalho, mesmo sem receber o suficiente para fazê-lo com dignidade.

Perdi a conta das vezes em que tive que sair da aula para comprar um marcador para que a aula pudesse continuar, porque simplesmente não havia orçamento. E, ainda assim, pela primeira vez em dezoito anos, eu amei a educação. Eu amei as pessoas com quem estudo e com quem compartilho a vida. Eu prefiro mil vezes uma escola pública a uma privada. Não pela educação em si, porque muitas vezes a educação pública também tem problemas enormes. Eu a prefiro pelas pessoas. Porque se amanhã eu me tornar uma das dezenas de pessoas que desaparecem diariamente neste país, muitos dos meus antigos colegas diriam que eu procurei isso por ser revoltosa. Em contrapartida, a família que construí aqui, o carinho que encontrei em pessoas com quem jamais imaginei cruzar meu caminho, moveria céu e terra para me encontrar.

É triste ver pessoas que se acham ricas quando os verdadeiramente ricos nem sequer as consideram suas iguais. É triste vê-las brigando por uma Copa do Mundo enquanto neste país seguimos contando desaparecidos. É triste admirar pessoas por sua trajetória e depois vê-las celebrar enquanto, do outro lado, pessoas eram espancadas, detidas e humilhadas por exigir justiça. Também é triste ver como o trabalhador que deveria te proteger acaba protegendo os interesses de quem o explora.

No caminho até o estádio vi a polícia avançando. E foi triste vê-los porque também são trabalhadores. Mas são trabalhadores que podem espancar, torturar ou até matar. Me perdoem, mas por algo existe a frase: “polícia com consciência atira em si mesmo”. Às vezes me pergunto como conseguem dormir. Como conseguem abraçar suas mães depois de terem humilhado outras mães que apenas exigiam que fizessem seu trabalho. Um trabalho que eu e você pagamos com nossos impostos. Um trabalho que deveria evitar que existissem as mães buscadoras. Porque não é normal que elas existam. Não é normal admirá-las. Não é normal que haja mulheres atravessando desertos, valas comuns e estradas em busca de seus filhos. São pessoas de quem tiraram alguém que amavam: um filho, uma filha, um irmão, uma mãe, um pai. São a consequência de uma violência que permitimos que se tornasse normal.

E, ainda assim, isso também é o México.

O México é celebrar com nossos mortos e ao mesmo tempo chorá-los. É lembrá-los em um altar enquanto ainda os buscamos. É ver jovens que, apesar de todas as dificuldades, conseguem acessar a educação pública e se organizar para defender a vida, a memória e a dignidade.

Por isso foi tão significativo marchar e fechar a Avenida de Tlalpan junto com eles. É algo pelo qual sempre vou ser grata. A recepção que nos deram foi uma das coisas mais bonitas que já vivi. Ver seus rostos cheios de emoção, esperança e convicção foi inspirador. E essa emoção está começando a voltar à minha universidade. Aos poucos, companheiras e companheiros estão recuperando sonhos e esperanças que durante anos nos foram tirados. Aos poucos voltamos a acreditar que podemos construir algo melhor. E vamos continuar lutando para que um dia a Universidade Autônoma do Estado de Morelos esteja à altura das grandes universidades públicas do país, não pelo prestígio, mas pela organização, participação e comunidade. Se você precisa de ajuda para organizar uma marcha, uma denúncia ou uma greve, procure seus irmãos e irmãs do Politécnico. Certamente encontrará uma mão estendida. Se você precisa de apoio de quem está apenas começando a se organizar e defender sua universidade, procure a UAEM. Com prazer caminharemos com você. Porque esse caminho está cheio de repressão, violência, desigualdade, humilhações e promessas vazias. Mas também está cheio de algo mais importante: pessoas que, apesar de tudo, ainda acreditam que outro país é possível.

Registro visual: Mães buscadoras, 10/06/2026, imediações do Estádio Azteca.

Onde a justiça não entra, nós entramos

A. Berenice González Marín

Meu nome é Berenice. Às vezes penso que minha vida foi se construindo entre buscas: as que acompanho de fora e as que me atravessaram por dentro. Antes de me integrar à coletividade de acompanhamento a mães buscadoras e a famílias de vítimas de feminicídio, Existimos porque Resistimos, eu já havia percorrido esse território com minha própria mãe, entre 2017 e 2018, quando buscávamos minha irmã e meus sobrinhos. Desde então entendi que o desaparecimento não é um fato isolado: é uma forma de vida, uma maneira de se sustentar quando o mundo se rompe.

Meus estudos em humanidades nasceram do desejo de compreender as desigualdades e violências com as quais cresci, mas também da necessidade urgente de aprender a resisti-las conscientemente. A academia chegou depois, como ferramenta; mas a formação verdadeira, aquela que fica no corpo, veio das ruas. Nos últimos dez anos aprendi mais em acampamentos e protestos do que em seminários; mais nas promotorias do que nas bibliotecas; mais ouvindo uma mãe narrar a vida de sua filha enquanto esperamos que alguma instituição nos receba do que em qualquer aula sobre teoria do Estado.

Acompanhar significa estar quando se ocupam as ruas, quando se fecham avenidas, quando se erguem faixas diante de prédios que parecem surdos. Significa caminhar juntas até uma promotoria que promete nos receber “em um momento” e nos deixa esperando horas. Significa sustentar o olhar quando uma mãe abre o processo de investigação e encontra mais carimbos do que respostas. Significa ouvir, repetidas vezes, histórias que deveriam estremecer o país inteiro, mas que muitas vezes só comovem quem já está quebrado.

Nesse 11 de junho de 2026, enquanto o país olhava para o Estádio Azteca como se ali começasse algo novo, algumas de nós chegamos de outro lugar: de anos de buscas, de promotorias, de ruas ocupadas, de histórias que não cabem em nenhuma celebração. Onde a justiça não entra, nós entramos — e esse dia não foi exceção. A inauguração da Copa do Mundo prometia espetáculo, e ele existiu para alguns; para outras e outros mostrou, embora quase não tenha aparecido na mídia, a forma como o Estado encapsula a memória. Entre grades, bloqueios e filtros impossíveis para as mães buscadoras, uma mãe de vítima e eu conseguimos avançar pelas frestas do dispositivo de segurança, nos infiltrando com a teimosia de quem sabe que a ausência também merece um lugar no centro da festa, ainda que naquele momento não tivéssemos plena consciência disso. Porque, apesar da experiência nas ruas, ainda somos estranhas à lógica do Estado sobre quem pode entrar, como e de onde, especialmente em um evento como a Copa do Mundo.

Não é difícil chegar ao Estádio Azteca. Desde cedo, os arredores se enchem de vendedores que organizam camisas e apitos de plástico. O clima já cheira a festa antes mesmo de começar. Mas naquele dia eu não ia para a celebração: tinha marcado encontro na Paloma de la Paz com a mãe de uma vítima de feminicídio. Combinamos de nos encontrar às 6h30 da manhã para pegar um desses carros particulares que, por sessenta pesos, levam até a Cidade do México. Para mim parecia tarde para um dia que prometia caos, mas entendi seus tempos, suas responsabilidades e seu orçamento.

Ao entrar no carro, ela começou a conversar com outro passageiro e com os donos do veículo. Não era conversa casual: estava testando o terreno, tentando entender o panorama. Ao chegar à praça de pedágio, soubemos que havia bloqueios para identificar quem iria protestar. Senti inquietação, uma mistura de alerta e incerteza. O pior que poderia acontecer era ser detida por carregar uma faixa de desaparecidxs e ela seguir sozinha. Legalmente não podiam nos impedir de passar, mas podiam nos reter por horas “por segurança”, como costumam justificar.

Isso não aconteceu. Estavam apenas parando ônibus. Felizmente eu estava em um carro particular.

Os jovens com quem viajávamos no veículo, gentis, deram várias rotas possíveis para chegar ao estádio sem cair em manifestações ou bloqueios. Eu, mais dispersa, tentava entrar em contato com outras mães buscadoras, mas não conseguia falar com ninguém. Então decidimos seguir as recomendações.

Ainda assim, fizemos uma parada na Cidade Universitária, onde havia sido anunciado um ponto de encontro de mães buscadoras. Chegamos e não havia sinal delas. A segurança insistia que haveria uma concentração, mas não vimos ninguém. Sem pensar muito, pegamos transporte público rumo ao Estádio Azteca.

No trajeto vimos várias opções para chegar. Uma van oferecia o trajeto de CU ao estádio por 150 pesos, quando normalmente a passagem custa sete. Esse espaço estava cheio de estrangeiros. A mãe observou a cena, escolheu a pessoa em quem mais confiou e se aproximou. Explicou que precisava chegar ao estádio porque era mãe de uma vítima. Não foi a única vez que fez isso. Poucos se negaram a ajudar; a maioria deu orientações precisas: onde estavam encapsulando as mães, por quais acessos poderíamos avançar sem sermos barradas, qual transporte pegar, onde descer, como nos misturarmos na multidão para não chamar atenção.

Alguns até nos deram conselhos caso a autoridade se tornasse violenta e explicaram o que era ou não legalmente permitido impedir. Era uma mistura estranha: de um lado, o país do espetáculo; do outro, o país que sobrevive compartilhando rotas, alertas e estratégias para contornar a violência institucional.

Enquanto isso, ao nosso redor, famílias inteiras avançavam com passos leves, como se a emoção marcasse o ritmo. Havia risos, selfies, crianças com o rosto pintado. Tudo parecia feito para que a festa começasse antes mesmo dos portões. Nós, ao contrário, avançávamos com outra urgência: chegar sem ser detidas, sem ser encapsuladas, sem que a memória fosse expulsa do perímetro do estádio.

E chegamos. Só percebemos quando já estávamos a poucos metros da entrada. Passamos por cada filtro sem sermos barradas, recebemos a recepção sem entender, e de repente nos perguntamos: é aqui? Este é o último bloqueio? Onde estão as mães, onde estão os povos em luta? Por um momento pensamos que talvez só restasse voltar.

Abrimos a faixa dos desaparecidos e a foto da filha da minha companheira. Éramos duas diante de milhares que vinham celebrar a Copa e diante de um dispositivo de segurança que não esperava nos ver ali. Caminhamos alguns metros com a intenção de seguir em direção a Taxqueña para voltar. Íamos no sentido contrário ao desfile de inauguração. A cena era irreal: um México sem feminicídios nem desaparecimentos, sem dor, sem corpos nos Semefo nem em valas clandestinas. Um país que mostrava seu rosto mais bonito enquanto ignorava a violência.

Vimos vários meios de comunicação. Em um momento, a mãe me disse para erguer a faixa e ficar atrás dos repórteres. Hesitei no início. Até que deixou de ser sugestão e virou decisão. Abrimos a faixa e nos colocamos atrás de cada repórter que encontramos. Alguns pararam para nos entrevistar; outros se afastaram para não mostrar esse lado do país.

O que mais me surpreendeu foi o apoio dos torcedores. Eles nos acolhiam quando a segurança nos cercava ou nos seguia. Diziam: “companheiras, estamos com vocês”. Esse apoio inesperado nos acompanhou até sairmos do perímetro do Estádio Azteca, um espaço ao qual milhares de mães não puderam chegar naquele dia.

No caminho encontramos um grupo de resistência, jovens entre quinze e vinte anos, que nos convidaram a nos unir à marcha deles. Senti novamente esse apoio que nasce de baixo, de quem entende que o desaparecimento não é um tema distante. Embora fôssemos apenas nós duas em representação das mães buscadoras, as palavras de ordem se centravam na luta contra o desaparecimento.

Os meios de comunicação voltaram a nos abordar. Em certo momento, aproximou-se o secretário de Cultura. Disse que não poderíamos avançar além da primeira barreira, mas que, se quiséssemos fazê-lo como mães buscadoras, eles nos apoiariam. A proposta parecia irreal. Tínhamos acabado de sair do estádio sem dificuldade, com nossa faixa e a foto de uma vítima, e agora surgiam obstáculos e “apoio”. Não era que não fosse possível entrar: já tínhamos entrado. Era que não queriam que avançássemos visíveis como buscadoras.

Ainda assim, depois de tudo, o que fica não é o barulho do estádio nem a sombra das grades. O que fica é a força dessas mãos que seguram fotografias como se segurassem o mundo inteiro. O que fica é o tremor de uma mãe que não desiste. O que fica é esse passo firme, quase silencioso, que insiste em avançar mesmo quando tudo foi feito para deter.

Porque em um país que tenta se acostumar com a dor, elas continuam lembrando que a vida que falta não se esquece. Que cada nome é um batimento. Que cada ausência é um chamado. Que cada busca é uma forma de amor que não conhece fronteiras.

E talvez por isso doa tanto e, ao mesmo tempo, sustente: porque enquanto elas continuarem caminhando, este país ainda tem a chance de se olhar de frente. Enquanto continuarem nomeando, a verdade não poderá ser enterrada. Enquanto continuarem buscando, a esperança não será um luxo, mas uma tarefa.

Naquele dia, 11 de junho de 2026, entendi que a memória não é passado: é um pulso presente que obriga a não desistir. Em um país onde a violência vira paisagem e a impunidade se normaliza, a memória é a única coisa que não podemos soltar. É a respiração que persiste quando tudo parece feito para que esqueçamos.

No fim, o que fica é reconhecer algo que este país evita dizer: a vida pública funciona porque aquelas que mais sofreram continuam se movendo. Não é heroísmo; é necessidade. Não é épico; é sobrevivência. E enquanto o Estado administra a violência como rotina, são as famílias que carregam o trabalho que as instituições não fazem.

Esse dia deixou claro para mim que a memória não é gesto simbólico nem moral: é uma obrigação imposta pela realidade. Se ela não se sustenta, tudo desmorona mais rápido. E no México, a busca não continua porque haja justiça, mas porque não há outra opção. Porque se as mães param, ninguém mais fará.

Não somos poucas diante do desaparecimento e do feminicídio. Somos aquelas que veem o que outros preferem ignorar. Somos aquelas que não podem se dar ao luxo de esquecer. Somos aquelas que sustentam o que resta do país enquanto, no alto, se distribuem versões oficiais que não explicam nada. E essa é a verdade mais dura: se quem busca se cansa, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro.

Manifestação de mães buscadoras e coletivos solidários nas proximidades do Estádio Azteca, 11/06/2026

Pronunciamento mães buscadoras 10/06/2026

A luta do magistério

No mundo atual, tudo o que se move e tudo o que está parado transmite alguma mensagem comercial. Todo jogador de futebol deve ser um outdoor publicitário ambulante, incentivando o público a consumir produtos, mas a FIFA proíbe que os jogadores portem mensagens que incentivem a solidariedade social, o que é expressamente vetado… (E. Galeano, 2017)

A Memória, a Justiça e a Dignidade não compareceram à inauguração oficial da Copa do Mundo no Estádio Azteca. Sua entrada foi negada por serem consideradas “terroristas” e por questões de “segurança nacional”. Dentro do estádio, ninguém perguntou por elas, não as mencionaram; possivelmente poucas pessoas as conheciam. Mas elas estiveram presentes nas mobilizações das mães buscadoras e também nos diferentes percursos dos professores da CNTE, que há 15 dias chegaram à Cidade do México para se somar à protesto nacional e fazer ecoar sua voz e a de milhares de outros professores.

Professores da CNTE a caminho do Estádio Azteca. 11/06/2026

Discurso professoras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junho 2026

radio
Radio Zapatista

¡Si lo sabe México que lo sepa el mundo! Nuestras luchas por la memoria, la justicia y la dignidad.

Em português aqui.

En estos para algunxs días de júbilo y euforia nacional, quienes desde hace décadas resisten, caminan y alzan la voz nos han mostrado -como bien nos dicen Camila, Berenice y todxs aquellxs que han marchado estos días- la verdad más dura: si quienes buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro. México aún sigue siendo esto: dolor, individualismo, consumismo y violencia, pero también personas, colectividades y comunidades que a pesar de todo seguimos creyendo que otra vida es posible.

El mundial de la fiesta, pero también del dolor y la dignidad

Camila Zárraga

El problema muchas veces no es la falta de solidaridad. Muchas veces es el miedo. Es la cobardía con la que muchas personas han aprendido a vivir. Y, sinceramente, me resultan incómodos los mensajes que dicen que tengo un valor que los demás no tienen. No es porque no entienda; entiendo lo suficiente. Pero también estoy cansada. Porque no soy una superheroína, no soy diferente al resto. Sigo siendo una persona que marcha, habla, llora, se equivoca y tiene miedo. La verdadera valentía es otra cosa. La verdadera valentía es levantarse todos los días sabiendo que dos de los momentos más importantes de tu vida fueron el nacimiento de tu hijo y la desaparición de éste. La verdadera valentía es seguir enseñando porque amas tu trabajo, aunque no recibas lo suficiente para continuar haciéndolo dignamente. Perdí la cuenta de las veces que tuve que salir de clase para comprar un plumón y que la clase pudiera continuar porque simplemente no había presupuesto. Y, sin embargo, por primera vez en dieciocho años amé la educación. Amé a la gente con la que estudio y comparto la vida. Prefiero mil veces una escuela pública a una privada. No por la educación, porque muchas veces la educación pública también tiene problemas enormes. La prefiero por la gente. Porque si mañana me convierto en una de las decenas de personas que desaparecen diariamente en este país, muchos de mis antiguos compañeros dirían que me lo busqué por revoltosa. En cambio, la familia que construí aquí, el cariño que encontré en personas con las que jamás imaginé cruzar mi camino, movería cielo, mar y tierra para encontrarme. Es triste ver a personas que se creen ricas cuando los verdaderamente ricos ni siquiera las consideran sus iguales. Es triste verlas peleándose por un Mundial mientras en este país seguimos contando desaparecidos. Es triste admirar a personas por su trayectoria y después verlas celebrar mientras del otro lado golpeaban, detenían y humillaban a quienes salían a exigir justicia. También es triste ver cómo el obrero que debería cuidarte termina cuidando los intereses de quienes lo explotan. En el camino hacia el estadio vi avanzar a los policías. Y fue triste verlos porque también son trabajadores. Pero son trabajadores que pueden golpear, torturar o incluso matar. Perdónenme, pero por algo existe la frase: “policía con conciencia se tira un tiro”. A veces me pregunto cómo logran dormir. Cómo logran abrazar a sus madres después de haber humillado a otras madres que únicamente exigían que hicieran su trabajo. Un trabajo que tú y yo pagamos con nuestros impuestos. Un trabajo que debería evitar que existieran las madres buscadoras. Porque no es normal que existan. No es normal admirarlas. No es normal que haya mujeres recorriendo desiertos, fosas y carreteras buscando a sus hijos. Son personas a las que les arrebataron a alguien que amaban: un hijo, una hija, un hermano, una madre, un padre. Son la consecuencia de una violencia que hemos permitido normalizar.

Y, aún así, eso también es México.

México es celebrar con nuestros muertos y llorarles al mismo tiempo. Es recordarlos en una ofrenda mientras seguimos buscándolos. Es ver a jóvenes que, pese a todas las dificultades, logran acceder a una educación pública y se organizan para defender la vida, la memoria y la dignidad.

Por eso fue tan significativo marchar y cerrar Tlalpan junto a ellos. Es algo que siempre voy a agradecer. El recibimiento que nos dieron fue de las cosas más bonitas que he vivido. Ver sus rostros llenos de emoción, de esperanza y de convicción fue inspirador. Y esa emoción también empieza a regresar a mi universidad. Poco a poco, compañeras y compañeros recuperan sueños y esperanzas que durante años nos fueron arrebatados. Poco a poco volvemos a creer que podemos construir algo mejor. Y vamos a seguir luchando para que algún día la Universidad Autónoma del Estado de Morelos esté a la altura de las grandes universidades públicas del país, no por prestigio, sino por organización, participación y comunidad. Si necesitas ayuda para organizar una marcha, una denuncia o un paro, acércate a tus hermanos y hermanas del Poli. Seguramente encontrarás una mano extendida. Si necesitas acompañamiento de quienes apenas comienzan a organizarse y a defender su universidad, acércate a la UAEM. Con gusto caminaremos contigo. Porque este camino está lleno de represión, violencia, desigualdad, humillaciones y atoles con el dedo. Pero también está lleno de algo más importante: personas que, a pesar de todo, siguen creyendo que otro país es posible.

Registro visual Madres buscadoras 10/06/2026 inmediación del estadio Azteca:

Donde no entra la justicia, entramos Nosotras

A.Berenice González Marín

Mi nombre es Berenice. A veces pienso que mi vida se ha ido armando entre búsquedas: las que acompaño desde afuera y las que me atravesaron desde adentro. Antes de integrarme a la colectividad de acompañamiento a madres buscadoras y a familias de víctimas de feminicidio, Existimos porque Resistimos, ya había recorrido ese territorio con mi propia madre, entre 2017 y 2018, cuando buscábamos a mi hermana y a mis sobrinos. Desde entonces entendí que la desaparición no es un hecho aislado: es un modo de respirar, una forma de sostenerse cuando el mundo se rompe.

Mis estudios en humanidades nacieron del deseo de comprender las desigualdades y violencias con las que crecí, pero también de la necesidad urgente de aprender a resistirlas conscientemente. La academia llegó después, como una herramienta; pero la formación verdadera, la que se queda en el cuerpo, vino de las calles. En los últimos diez años he aprendido más en los plantones que en los seminarios; más en las fiscalías que en las bibliotecas; más escuchando a una madre narrar la vida de su hija mientras esperamos que alguna institución nos reciba, que en cualquier clase sobre teoría del Estado.

Acompañar significa estar cuando se toman las calles, cuando se cierran avenidas, cuando se levantan mantas frente a edificios que parecen sordos. Significa caminar juntas hacia una fiscalía que promete recibirnos “en un momento” y nos deja esperando horas. Significa sostener la mirada cuando una madre abre la carpeta de investigación y encuentra más sellos que respuestas. Significa escuchar, una y otra vez, historias que deberían estremecer al país entero, pero que muchas veces solo conmueven a quienes ya están rotas.

Ese 11 de junio de 2026, mientras el país miraba hacia el Estadio Azteca como si ahí comenzara algo nuevo, algunas llegamos desde otro lugar: desde años de búsquedas, de fiscalías, de calles tomadas, de historias que no caben en ningún festejo. Donde no entra la justicia, entramos nosotras, y ese día no fue la excepción. La inauguración del Mundial prometía espectáculo, y lo hubo para unos cuantos, para otras y otros mostró, y que casi no apareció en los medios, la fuerza con la que el Estado encapsula la memoria. Entre vallas, cierres y filtros imposibles para las madres buscadoras, una madre de víctima y yo logramos avanzar por las grietas del dispositivo de seguridad, filtrándonos con la terquedad de quienes saben que la ausencia también merece un lugar en el centro de la fiesta, aunque en ese momento no lo entendiéramos del todo. Porque, a pesar de la experiencia en las calles, seguimos siendo ajenas a la lógica del Estado sobre quién puede entrar, cómo y desde dónde, especialmente en un evento como el Mundial.

No es difícil llegar al Estadio Azteca. Desde temprano, los alrededores se llenan de vendedores que acomodan camisetas y trompetas de plástico. El ambiente ya huele a fiesta antes de que empiece. Pero ese día, yo no iba hacia la celebración: me había quedado de ver en Paloma de la Paz con la mamá de una víctima de feminicidio. Acordamos encontrarnos a las 6:30 de la mañana para tomar uno de esos carros particulares que, por sesenta pesos, te llevan a la Ciudad de México. A mí me parecía tarde para un día que prometía caos, pero entendí sus tiempos, sus responsabilidades y su presupuesto.

Al subir al carro, ella comenzó a conversar con otro pasajero y con los dueños del vehículo. No era charla casual: estaba tanteando el terreno, tratando de entender el panorama. Al llegar a la caseta nos enteramos de que estaban haciendo retenes para identificar a quienes iban a protestar. Sentí un poco de inquietud, una mezcla de incertidumbre y alerta. Lo peor que podía pasar era que me detuvieran por llevar una manta de desaparecidos y que ella avanzara sola. Legalmente no podían impedirnos el paso, pero sí podían retenernos durante horas “por seguridad”, como suelen justificarlo.

Eso no ocurrió. Solo estaban deteniendo autobuses. Afortunadamente, yo iba en un carro particular.

Los jóvenes con los que íbanos en el vehículo, amables, le dieron varias rutas posibles para llegar al estadio sin quedar atrapadas en las manifestaciones o en los cierres. Yo, más dispersa, intentaba contactar a otras madres buscadoras, pero no lograba comunicarme con nadie. Así que decidimos seguir las recomendaciones que nos habían dado.

Aun así, hicimos una parada en Ciudad Universitaria, donde se había anunciado que habría un punto de reunión para madres buscadoras. Llegamos y no había señal de ellas. El personal de seguridad insistía en que estaban esperando una concentración, pero no vimos a nadie. Sin darle demasiadas vueltas, tomamos transporte público rumbo al Estadio Azteca.

En el trayecto vimos varias opciones para llegar. Una camioneta ofrecía llevarte de CU al estadio por 150 pesos, cuando normalmente el pasaje cuesta siete pesos. Ese espacio estaba lleno de extranjeros. La mamá observó la escena, eligió a la persona que le inspiró más confianza y se acercó. Le explicó que necesitaba llegar al estadio porque era madre de una víctima. No fue la única vez que lo hizo. Pocos se negaron a ayudarla; la mayoría le respondió con indicaciones precisas: dónde estaban encapsulando a las madres, por qué accesos podíamos avanzar sin que la seguridad nos detuviera, qué transporte tomar, en qué punto bajarnos, cómo mezclarnos entre la multitud para no llamar la atención.

Algunos incluso nos dieron consejos por si la autoridad se ponía violenta y hasta nos explicaron qué podían y qué no podían legalmente impedirnos. Era una mezcla extraña: por un lado, el país del espectáculo; por el otro, el país que sobrevive compartiendo rutas, advertencias y estrategias para sortear la violencia institucional.

Mientras tanto, alrededor nuestro, familias enteras avanzaban con paso ligero, como si la emoción les marcara el ritmo. Había risas, selfies, niños con la cara pintada. Todo parecía diseñado para que la fiesta empezara antes de cruzar los torniquetes. Nosotras, en cambio, avanzábamos con otra urgencia: llegar sin ser detenidas, sin ser encapsuladas, sin que la memoria fuera expulsada del perímetro del estadio.

Y llegamos. No nos dimos cuenta del todo hasta que estábamos a escasos metros de la entrada. Pasamos cada filtro sin que nadie nos detuviera, recibimos la bienvenida sin entenderla, y de pronto nos preguntamos: ¿es aquí? ¿Este es el último filtro? ¿Dónde están las madres, dónde están los pueblos que luchan? Por un momento pensamos que ya solo quedaba regresarnos.

Sacamos la lona de desaparecidos y la foto de la hija de mi compañera. Éramos dos frente a miles que venían a celebrar el Mundial y frente a un dispositivo de seguridad que no esperaba vernos ahí. Caminamos unos metros con la idea de dirigirnos hacia Taxqueña para volver a nuestro estado. Íbamos en sentido contrario al desfile de inauguración. La escena era irreal: un México sin feminicidios ni desapariciones, un México sin dolor, sin cuerpos descompuestos en SEMEFOS ni fosas. Un país que mostraba su rostro más bonito mientras ignoraba cómo duele el corazón por la violencia.

Vimos a varios medios de comunicación. Escuché dos veces que la mamá me decía que sacara la lona y me colocara detrás de los reporteros. La escuché, pero no me atreví al principio. Hasta que sus palabras dejaron de ser sugerencia y se volvieron decisión. Sacamos la manta y nos colocamos detrás de cada reportero que encontramos. Algunos se detuvieron a entrevistarnos; otros se alejaron para no mostrar ese lado del país.

Lo que más me sorprendió fue el apoyo de los aficionados. Nos acuerparon cuando la seguridad nos rodeó o nos siguió. Nos decían: “Compañeras, estamos con ustedes.” Ese respaldo inesperado nos acompañó hasta salir del perímetro del Estadio Azteca, un espacio al que miles de madres no pudieron llegar ese día.

En el camino nos encontramos con un grupo de resistencia, jóvenes de entre quince y veinte años, que nos invitaron a unirnos a su marcha y a regresar hacia el lugar del que nosotras veníamos. Sentí nuevamente ese apoyo que nace desde abajo, desde quienes entienden que la desaparición no es un tema ajeno. Aunque solo íbamos nosotras dos en representación de las madres buscadoras, las consignas y las exigencias se centraron en la lucha contra la desaparición.

Los medios volvieron a detenernos para entrevistas. En algún momento se acercó el secretario de Cultura. Nos dijo que no podíamos avanzar más allá de la primera valla, pero que, si queríamos hacerlo como madres buscadoras, ellos nos respaldaban. La oferta me pareció irreal. Acabábamos de salir del estadio sin mayor dificultad, con nuestra lona de desaparecidos y la foto de la hija asesinada de mi compañera, y ahora aparecían obstáculos… y ofrecimientos de apoyo. Ante un muro o vaya que antes no fue obstáculo. Era evidente: no era que no se pudiera acceder al estadio, porque ya habíamos estado ahí. Era que no querían que avanzáramos visibles como buscadoras, como resistencia.

Aun así, después de todo, lo que queda no es el ruido del estadio ni la sombra de las vallas. Lo que queda es la fuerza de esas manos que sostienen fotografías como si sostuvieran el mundo entero. Lo que queda es el temblor suave de una madre que no se rinde, aunque el país entero parezca cansado de escucharla. Lo que queda es ese paso firme, casi silencioso, que insiste en avanzar incluso cuando todo está hecho para detenerla.

Porque en un país que intenta acostumbrarse al dolor, ellas siguen recordándonos que la vida que falta no se olvida. Que cada nombre es un latido. Que cada ausencia es un llamado. Que cada búsqueda es una forma de amor que no conoce frontera.

Y quizá por eso duele tanto y al mismo tiempo sostiene: porque mientras ellas sigan caminando, este país todavía tiene una oportunidad de mirarse de frente. Mientras ellas sigan nombrando, la verdad no podrá ser enterrada. Mientras ellas sigan buscando, la esperanza no será un lujo, sino una tarea.

Ese día, el 11 de junio de 2026, entendí que la memoria no es un acto del pasado: es un pulso presente, vivo, que nos obliga a no rendirnos. En un país donde la violencia se vuelve paisaje y la impunidad se normaliza, la memoria es lo único a lo que no podemos, y no debemos, soltar. Es la respiración que persiste cuando todo alrededor parece diseñado para que olvidemos. Incluso esos uniformados que se olvidan a sí mismos, son parte del mismo pueblo, y que el gobierno los  ha sido convertido en mercancía para sostener la violencia.

Al final, lo que queda es reconocer algo que este país evita decir: aquí no se trata de voluntad institucional ni de discursos de paz. Se trata de que la vida pública funciona porque quienes han sido más golpeadas siguen moviéndose, aunque nadie las respalde. No es heroísmo; es necesidad. No es épica; es supervivencia. Y mientras el Estado administra la violencia como rutina, son las familias, las mismas que deberían estar protegidas, quienes cargan con el trabajo que las instituciones no hacen.

Ese día me dejó claro que la memoria no es un gesto simbólico ni un acto moral. Es una obligación impuesta por la realidad. Si no se sostiene, todo se hunde más rápido. Y aunque duela admitirlo, en México la búsqueda no continúa porque haya justicia, sino porque no hay otra opción. Porque si las madres se detienen, nadie más va a hacerlo.

No somos pocas las marginales ante la desaparición y feminicidios. Somos quienes vemos lo que otros prefieren ignorar. Somos quienes no pueden darse el lujo de olvidar. Somos quienes sostienen lo que queda del país mientras arriba se reparten versiones oficiales que no alcanzan para explicar nada. Y esa es la verdad más dura: si las que buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro.

Manifestación de madres buscadoras y colectivos solidarios en las cercanías del estadio Azteca 11/06/2026

Pronunciamiento madres buscadoras 10/06/2026

La lucha del magisterio.

En el mundo actual, todo lo que se mueve y todo lo que está quieto transmite algún mensaje comercial. Cada jugador de fútbol debe ser una cartelera publicitaria en movimiento, aconsejando al público consumir productos, pero la FIFA prohíbe que los jugadores porten mensajes que aconsejen la solidaridad social, lo que está expresamente vetado… (E. Galeano, 2017)

La Memoria, la Justicia y Dignidad no acudieron a la inauguración oficial del mundial en el estadio azteca. Se les negó la entrada por ser considerados “terroristas” y por cuestiones de “seguridad nacional”. Al interior del estadio nadie preguntó por ellos, no les nombraron, posiblemente pocxs los conocían. Pero sí estuvieron presentes en las movilizaciones de las madres buscadoras y también en los distintos recorridos de los maestrxs de la CNTE, quienes desde hace 15 días arribaron a la CDMX para sumarse a la protesta nacional y hacer escuchar su voz y la de miles de maestrxs más.

Maestros de la CNTE rumbo al estadio Azteca. 11/06/2026

Discurso maestras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junio 2026

radio
CDH FrayBa

Ataque y hostigamiento a comunidades del Congreso Nacional Indígena en Guerrero, Michoacán y Chiapas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

12 de junio de 2026

Boletín No. 08

Ataque y hostigamiento a comunidades del Congreso Nacional Indígena en Guerrero, Michoacán y Chiapas

  • Desaparición, despojo, asesinatos y criminalización, entre las graves agresiones hacia las comunidades del CNI
  • Omisión por parte del Estado mexicano ante las denuncias de los Pueblos, organizaciones y colectivos

Desde el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) expresamos nuestra preocupación y nos unimos a la denuncia de los pueblos y comunidades integrantes del Congreso Nacional Indígena (CNI) en Guerrero, Michoacán y Chiapas, afectadas por la escalada de violencia, incrementada en los meses de mayo y junio de 2026. Esta situación mantiene a las comunidades en resistencia bajo asedio poniendo en riesgo, la vida, seguridad, integridad, autonomía y ejercicio de derechos colectivos.

A partir del 6 de mayo de 2026, el grupo de la Delincuencia Organizada (DO) “Los Ardillos” intensificaron ataques con armas de grueso calibre, drones de vigilancia e implementaron tácticas paramilitares contra las comunidades pertenecientes al Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (Cipog-EZ), en la Montaña baja de Guerrero, provocando el desplazamiento de 3,200 personas de las comunidades de Tula, Xicotlán y Acahuetán, quienes huyeron para resguardar su vida ante la ausencia total de protección y permisividad del Estado mexicano.

En los días del 6 al 12 mayo la violencia se profundizó alcanzando a la comunidad de Alcozacán, una de las principales bases organizativas del Cipog‑EZ, en donde sus habitantes abandonaron sus hogares ante el temor fundado de nuevas incursiones armadas y sobrevuelos de drones. Además, ocho personas fueron asesinadas, siendo los siguientes compañeros: José Guadalupe Ahuejote Xanteco, originario de Xicotlan; Víctor Ahuejote Arribeño, originario de Xicotlan; Saturnino Bartolo Tlalcorral, originario de Xicotlan; Benito Tlalcorral Rito, originario de Xicotlan; Abraham Jiménez Chautla, originario de Alcozacán, encontrado en Xicotlán; Eusebio Migueleño Zoyateco, originario de Alcozacán, encontrado en Xicotlán; Martin Flores Migueleño, originario de Alcozacán, encontrado en Xicotlán; y Marcelo Calvario Hilario, originario de Acahuehuetlán.1

Es preciso señalar que desde el 2015, por la embestida brutal de la DO, el Cipog-EZ ha registrado 76 personas asesinadas y 25 desaparecidas.

El 28 de mayo de 2026, otro grupo de la DO asesinó a los comuneros de la Comunidad Indígena Pómaro (municipio de Aquila), Lucas Florentino Torentino, tesorero de Bienes Comunales, y Jerónimo García Flores, jurídico de la comunidad; así como al profesor purépecha Felipe de Jesús Martínez Martínez; y causó heridas graves a la profesora purépecha Adelaida Zacarías Pascual.

Por lo ocurrido, las autoridades agrarias y civiles de la Comunidad Indígena Santa María Ostula, denunciaron públicamente los múltiples asesinatos solidarizándose con la Comunidad Pómaro. Estos hechos han marcado profundamente a los pueblos indígenas de Michoacán, quienes han venido sufriendo, en los últimos 20 años, por parte de la DO, asesinatos, desapariciones forzadas y desplazamientos forzados; acosos, daños y violencia generalizada.2

Por otro lado, en Chiapas, integrantes del CNI “Samir Flores Soberanes” Zona 10 Patria Nueva, Ocosingo, Caracol “Floreciendo la Semilla Rebelde”, han denunciado discriminación, humillaciones, amenazas, violencia, secuestro y despojo de sus locales por el Consejo de Administración de la Coalición de Locatarios del mercado tradicional Dr. Belisario Domínguez, así como la prefabricación de delitos por parte de la Fiscalía General del Estado de Chiapas.3

El día 21 de mayo de 2026, nueve personas, integrantes del CNI Jotolá, fueron vinculadas a proceso y acusadas injustamente, por el Juzgado de Control y Tribunal de Enjuiciamiento del Distrito Judicial de Yajalón para la formulación de la imputación dentro de la causa penal 41/2025, por el delito de despojo agravado con violencia. Entre estas personas, Francisco Moreno Hernández continúa privado de la libertad en el Centro Estatal para la Reinserción Social de Sentenciados No. 12 de Yajalón.

Anteriormente, el 12 de febrero de 2026, en el ejido Jotolá, municipio de Chilón, se llevó a cabo un desalojo violento contra estas personas y sus familias (por un total de 35 personas maya tseltal) que fueron desplazadas de manera forzada, entre ellas una mujer embarazada y 17 menores de edad (entre ellos dos menores con discapacidad). En el evento sus casas fueron destruidas, sus pertenencias robadas y dos personas sufrieron privación arbitraria de la libertad y tortura. Cabe destacar que estas acciones de criminalización y desplazamiento se llevaron a cabo con la presencia del Instituto Nacional Indígena, la Guardia Estatal, la Fiscalía de Justicia indígena, y el Tribunal Agrario.4

Dicha situación está enmarcada en un patrón sistemático de despojo territorial y criminalización en contra de las personas defensoras de la tierra y territorio; conducta que, en la actualidad, se recrudece sobre las tierras recuperadas en el 1994 con la imposición de proyectos carreteros, extractivistas y de turismo en la región. Todo esto aumenta la violación al derecho a la tierra y territorio de los pueblos originarios y al derecho a decidir sobre su proyecto de vida de acuerdo con su cultura.

En este mismo sentido, el CNI de Agua Clara, en el municipio de Salto de Agua, enfrenta también amenazas a su territorio y ha expresado su rechazo absoluto al megaproyecto de la autopista San Cristóbal–Palenque, impuesto sin realizar la consulta previa, libre e informada prevista en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, en las Declaraciones de las Naciones Unidas y en el Sistema Interamericano sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas; así como en el artículo 2º de la Constitución mexicana. Las comunidades señalan que las obras iniciaron desde el año pasado, lo que ha generado división interna y pone en riesgo su forma de vida.5

Frente a esta cadena de violencias que atraviesa territorios y vidas, denunciamos la responsabilidad del Estado mexicano por su omisión sistemática, su incapacidad y su complicidad, al no actuar para frenar el avance de la DO y de las estructuras que sostienen el despojo. Lo que hoy enfrentan las comunidades del CNI en Guerrero, Michoacán y Chiapas es resultado de una estrategia de guerra que busca quebrar procesos organizativos, arrebatar territorios y silenciar la defensa de la vida.

Por lo anteriormente mencionado convocamos a la solidaridad nacional e internacional, a las organizaciones sociales, colectivos, pueblos originarios, defensoras y defensores de derechos humanos; así como a la sociedad civil en general, a manifestarse y expresar su apoyo e indignación ante estos actos de hostigamiento y represión contra las comunidades integrantes del CNI en los estados de Guerrero, Michoacán y Chiapas que luchan en defensa de la tierra y la vida. Esta violencia ejercida es parte de una estrategia sistemática de ataque y despojo que vulnera derechos fundamentales y amenaza la dignidad de los pueblos originarios.

1Acción Urgente: Ataques armados, desplazamiento forzado de comunidades del CIPOG-EZ en Guerrero. https://frayba.org.mx/260512_au02

2Pronunciamiento por el que la Comunidad Indígena de Santa María Ostula condena enérgicamente los homicidios cometidos en agravio de comuneros pertenecientes a la hermana Comunidad de Indígena de Pómaro y de un profesor integrante del Pueblo Purepecha. https://www.congresonacionalindigena.org/2026/05/29/pronunciamiento-por-el-que-la-comunidad-indigena-de-santa-maria-ostula-condena-energicamente-los-homicidios-cometidos-en-agravio-de-comuneros-pertenecientes-a-la-hermana-comunidad-indigena-de-pomaro-y/

3Denuncia Pública de Comisión de Locatarios Afectados integrantes del Congreso Nacional Indígena “Samir Flores Soberanes” Zona 10 Patria Nueva, Ocosingo, Chiapas. https://www.congresonacionalindigena.org/2026/06/08/denuncia-publica-de-comision-de-locatarios-afectados-integrantes-del-congreso-nacional-indigena-samir-flores-soberanes-zona-10-patria-nueva-ocosingo-chiapas/

4Desplazamiento forzado y criminalización contra integrantes del CNI en Jotolá https://frayba.org.mx/270226-desplazamiento-criminalizacion-jotola

5Autopista San Cristóbal-Palenque, obra de muerte; no la aceptamos: colectivos https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/09/01/estados/autopista-san-cristobalpalenque-obra-de-muerte-no-la-aceptamos-colectivos al-Palenque, obra de muerte; no la aceptamos: colectivos https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/09/01/estados/autopista-san-cristobalpalenque-obra-de-muerte-no-la-aceptamos-colectivos

Descargar el boletín en PDF(200.33 KB)

radio
Tlachinollan

Un mundial agitado por los 43 y miles más

Fuente: Tlachinollan

Este 11 de junio de 2026, en el marco del mundial, las madres y padres de los 43, estudiantes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) y el colectivo de Desaparecidos Lupita Rodríguez tomaron las calles para exigir el paradero de los 43 estudiantes desaparecidos y 133 mil desaparecidos, pero los policías antimotines les taparon el paso en la caseta de Tlalpan en la Ciudad de México.

Los normalistas llegaron a las 10 de la mañana, pero estaba atestado de policías. Después de unos minutos empezaron a mover los carros y avanzaron más de 200 metros, pero Arturo Medina, subsecretario de derechos humanos de gobernación, se puso enfrente de las madres y padres para no dejarlos pasar. Al mismo tiempo los policías se desplegaron pasos adelante para no permitir que el contingente siguiera su camino al Estadio Azteca.

Los padres de familia instalaron un mitin después de que las autoridades se opusieran a que la marcha continuara. Las madres molestas encararon a Arturo Medina de que las investigaciones no han avanzado y que el ejército mexicano no ha entregado los 853 folios.

Los estudiantes criticaron a la presidenta Claudia Sheinbaum porque no hay verdad y justicia. «Que no se olvide que este 11 de junio en México gritaron más fuerte un gol que justicia» dijeron los estudiantes normalistas en el mitin.

Como un río acaudalado se encuentran las calles de la Ciudad de México, llenas de maestros y maestras y colectivos de desaparecidos de todas las latitudes del país.  Algunos van con el uniforme del mundial ajenos a las luchas sociales. Las madres buscadoras también se pusieron la playera para exigir la presentación con vida de sus seres queridos.

Las autoridades federales y del gobierno de la Ciudad de México en lugar de proteger a las víctimas que tienen el corazón destrozado impuso las fuerzas policiacas. Se han empeñado en criminalizar la lucha de las madres y padres de los 43, así como del magisterio y los colectivos de madres buscadoras.

Doña María de Jesús Tlatempa Bello, madre de José Eduardo Bartolo Tlatempa, vivió el hostigamiento de la policía en la caseta de Tlalpan. Esa acción nefasta e infame de las autoridades federales fue indignante para las madres de los 43. “Es un atropello, porque el día lunes, cuando llegamos a la caseta de Tlalpan estaba un operativo donde había más de 500 policías. Nos encapsularon. Lo peor de todo es que cargaban perros para rastrearnos, barretas, picos, marros y estaban bien equipados y armados”.

El operativo desplegado fue desmedido. Las autoridades irrumpieron sin permiso y sin orden de cateo. Tenían la orden de no dejar pasar a los normalistas y a las madres y padres. Nunca imaginaron que Arturo Medina fuera quien está obstaculizando la búsqueda de sus hijos. A pesar de que conoce a las familias no las dejó pasar.

“Nunca nos revisan, pero esta vez se atrevieron. Es una burla a la memoria de nuestros hijos y a nuestra lucha. Como padres de familia estamos muy enojados con la presidenta Claudia Sheinbaum, porque nosotros lo único que traemos son nuestras lonas. Los policías con la leyenda los “zorros” estaban al acecho. A los delincuentes no los detienen, pero sí a nosotros que exigimos el regreso de nuestros hijos”, dijo doña María de Jesús.

Fue un atropello el trato vil que recibieron las madres por la presidenta, “tratándonos como delincuentes cuando nosotros realmente lo que buscamos son a los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa. Nuestras armas son las lonas con el rostro de nuestros hijos”.

Las madres y padres solo exigen verdad a la presidenta, pero no han tenido respuesta del paradero de sus hijos. En las noches se pasan en vela para ver si llegan sus hijos. Por eso decidieron movilizarse para visibilizar el caso Ayotzinapa. Sin embargo, desde el 8 de junio no han dejado pasar a los estudiantes, el brazo fuerte de las madres. El cerco policial fue con el propósito de criminalizar su protesta.

Las autoridades han dejado a las víctimas a merced de los policías. En estos días han quedado relegados y marginados. El mundial es lo central para el gobierno, pero para las madres y padres de los 43 es la presentación con vida de sus hijos. “Tenemos esperanzas de que vamos a encontrar a nuestros hijos y que lo que está en la oscuridad pronto saldrá a la luz”.

radio
Colectiva Madres Buscadoras de los Altos de Chiapas

¡La pelota vuelve a casa!¿Y nuestros familiares cuándo?

Fuente: CDH FrayBa