El fin de las guerras y las luchas por el futuro
Por David Barrios
Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
23 de julio de 2026
Bueno, pues primero que todo, muchas gracias por esta invitación. También muchas gracias a todas y todos quienes lo han hecho posible, y también agradezco mucho al CIDESI por recibirnos.
Bueno, voy a leer esta presentación que se llama “El fin de las guerras y las luchas por el futuro”.
De nuevo, en estas tierras se convoca una actividad, un semillero que tiene como uno de sus propósitos identificar las modalidades y las formas de funcionamiento de las guerras en la actualidad, con un doble acercamiento hacia cómo se despliega contra la humanidad y la naturaleza.
Durante estos días ya se ha planteado que esa separación es una de las herencias más problemáticas en el capitalismo y su manera de entender la vida, porque la vida es un nudo, una trama y urdimbre que de por sí es inseparable. Esto que ahora parece tan urgente tener en cuenta, más que una idea novedosa que a alguien se le ocurrió en alguna universidad o centro de pensamiento, es uno de los saberes más importantes que nos aportan las y los defensores del territorio, que han sido y siguen siendo los pueblos.
Primero que todo, tengo que hacer una aclaración sobre el título de la presentación, porque en realidad tiene que ver con dos sentidos diferentes de una misma palabra en castilla. Me gustaría que pensemos el fin de las guerras como una manera de clarificar cuáles son sus objetivos, o sea, para qué se están haciendo ahora, y por el otro, para pensar en que tal vez estamos ante el fin de las guerras como las hemos conocido hasta hace algunos años.
Esto porque, como ya se mencionó, parece que no se trata de imponer la voluntad al adversario o de perseguir objetivos políticos. A lo que agrego que lo que se perfila es pura depredación, pero que además es alimentada en buena medida por la intención de la misma guerra. Si tuviéramos una imagen para ello, sería como una culebra que se traga a sí misma.
En ese último sentido es que también quiero señalar algunos aspectos de lo que creo que serán elementos a considerar respecto a las luchas del futuro.
También quiero compartir la manera como estoy entendiendo este espacio. Recuerdo una de las explicaciones que nos hizo el Subcomandante Insurgente Moisés, en otro de los encuentros recientes, sobre cómo se construye la propuesta del común en teoría y en práctica. Nos hablaron sobre la manera como los programas de gobierno han ido pedaceando y haciendo cada vez más chiquitas las parcelas para cultivar la milpa. Sobre esto se dijo algo también el día de ayer y lo reafirmo: con el pensamiento en las universidades pasó eso a lo largo de las últimas décadas; cada quien busca su cacho de conocimiento para trabajar y producir.
Así que también me imagino que acá tenemos esa posibilidad de armar un rompecabezas en común. Cada quien trae sus piezas y juntas, juntos, juntuas, de manera colectiva, tal vez logramos armar esa imagen del presente y del futuro.
Ojalá que las piezas que traje sean útiles para ese trabajo colectivo, pero antes de pasar a eso quiero decir que una buena parte de lo que voy a platicar es sobre la semilla mala, de la que no queremos que siga dando cosecha.
A lo largo de por ahí unos 18 años o más, he estado trabajando el tema de las guerras y la militarización, no porque me guste, sino porque soy parte de la generación que estaba estudiando la licenciatura cuando nos tocó el inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico. Es un tema del que me he ido y he regresado por distintos motivos, pero desde el año pasado y sobre todo después del 3 de enero, cuando se atacó a Venezuela, he seguido otra vez de manera muy atenta lo que está pasando, y es sobre algunas de estas cosas que les quiero compartir lo que voy a decir.
Escuchando atentamente estos días, decidí dividirla así como ahora les digo. ¿Qué está pasando con las guerras? ¿Por qué es importante saberlo? ¿Qué puede pasar? Y cierra con otra pregunta, que es: ¿Y entonces?
¿Qué está pasando con las guerras?
De las guerras se escribe y se habla desde muchos espacios que son muy diferentes entre sí. Quizá las que más se conocen son las miradas académicas, o sea, desde el pensamiento institucionalizado y con paga, y desde el periodismo de investigación. Pero también están aquellas otras que podemos llamar doctrinales, en el sentido de que es la forma en que las fuerzas armadas, los ejércitos, piensan la manera como hacer la guerra y cuáles son sus cambios. Además de ello, contamos con valoraciones sobre la forma como la guerra se despliega, los costos materiales, es decir, cuánto cuesta, ambientales y humanos que tiene.
Quería hacer esta aclaración antes de decir que sobre todo me voy a referir a estas dos últimas formas de acercarse al tema.
También digo desde ahora que esto que estoy diciendo dialoga con el planteamiento sobre las características fundamentales de la Cuarta Guerra Mundial, un texto que, en efecto, nos sigue diciendo mucho sobre el presente, y agrego que al releerlo no me deja de sorprender la capacidad para delinear tendencias que ahora vemos materializadas. Y ese texto, junto con otros que se han producido por acá, está en este libro, pero también está en libre acceso en la página enlacesapatista.zln.org.mx, que yo les recomiendo muchísimo que todas las personas, especialmente las que se están acercando a este espacio, consulten.
Cuando comenzaron a hacerse reflexiones sobre el cambio en las formas de hacer la guerra en la década de los años 90, la humanidad y el planeta venían del fin de la confrontación entre bloques de países que se conoció como Guerra Fría y que duró más o menos unos 45 años, protagonizada por un proyecto depredador, el del capitalismo y el del socialismo realmente existente, que desde algunos puntos de vista no fue otra cosa que un capitalismo de Estado. Tal vez un proyecto que, además de replicar los principios de funcionamiento que acaban con la naturaleza, con la Madre Tierra, al estar anclado en nociones relacionadas con el progreso y el desarrollo, de apostar a la industrialización y la urbanización, también hizo de sus sociedades una pirámide.
Es también del siglo XX, en el que ya no tantos y tantas de los que estamos acá nacimos y habitamos, en el que se construyó una imagen de las guerras como protagonizadas por Estados o bloques de Estados, lo que en la doctrina militar se denomina guerra convencional o tradicional, o sea, guerra entre Estados con ejércitos profesionales.
Esto a pesar de que los Estados son una excepción histórica en las sociedades humanas y que, por lo tanto, esas formas de hacer la guerra no superan a los ejércitos privados o mercenarios en su despliegue histórico —o sea, ha habido mucho más tiempo guerras privadas, ejércitos privados, mercenarismo—, aunque sí, por supuesto, el Estado ha producido muchas más muertes por el tipo de manera como se hace la guerra y por la centralización que tienen.
De esto se pueden sacar una o dos ideas que pueden ser importantes.
La primera: que los Estados han sido una de las formas como la sociedad se ha organizado, pero no es la única ni la que durante más tiempo ha existido.
La segunda: que aunque se supone que los Estados fueron creados para dar seguridad a la población, y es por ello que en principio renunciamos a nuestra libertad y nuestra autodeterminación, en los hechos han promovido guerras con otros Estados, y al mismo tiempo han lanzado procesos represivos contra sus poblaciones.
Esto tiene que ver con otra manera que ha habido de entender el Estado como un instrumento de dominación de clase. O sea, ha sido un instrumento clave para la reproducción capitalista.
Cuando ese mundo se transformó y dio lugar a la expansión del neoliberalismo, que cumplió, si consideramos como punto de inicio el golpe militar a la Unidad Popular en Chile en 1973, pues ya cumplió 50 años. O sea, que ya superó lo que se conoce como los años dorados del capitalismo, o sea, como cuando el capitalismo había funcionado de mejor manera a partir de la tregua capital-trabajo. O sea, hemos vivido ya cinco décadas con este modelo económico.
También las guerras fueron cambiando con el neoliberalismo. Y aunque siguieron existiendo bloques de países, en especial la OTAN, Estados Unidos se presentó como una potencia sin competidores y planteó, con las guerras de Irak, la primera Guerra del Golfo y también en la ex Yugoslavia, que tenía la capacidad de proyectar poder a nivel planetario. Lo que podemos entender como la utilización de toda su tecnología de misiles, instalaciones militares, buques de guerra y portaaviones para lanzar ataques en cualquier parte del mundo.
Y ahí sí te pido que pongas la primera, porfa.
Bueno, esa es la manera como Estados Unidos organiza sus comandos geográficos, o sea, cómo se reparten el planeta en términos militares. Entonces, en nuestro continente, que es el que está del lado izquierdo, vemos que hay dos comandos geográficos, que son el Comando Norte, que en principio funcionaba para Canadá, Estados Unidos y México, y el Comando Sur, desde la frontera sur de México hasta la Patagonia. Pero también ha habido unos cambios más recientes, en el segundo mandato de Trump, que el Comando Norte, por ejemplo, ya abarca también Groenlandia, porque ahí hay, entre otras cosas, tierras raras, que ahorita voy sobre eso, y bueno, el Reino de Dinamarca, porque es el que tiene potestad sobre Groenlandia. Entonces esto está cambiando, es lo que quiero decir.
Bueno, esa es la manera como está repartido y dentro de ese mapa que vemos, y esa manera de dividir el planeta, hay muchas instalaciones militares desde las cuales lanzan estas ofensivas, que fue un poco también lo que nos presentó ya Gilberto con las instalaciones militares.
Bueno, la idea es que en ese momento Estados Unidos, con esa capacidad de proyectar poder, iba a poder establecer un efecto de disuasión, un poco también en el sentido que estaba diciendo Bruno, de modo que nadie se atreva a responder ni a resistir, en este caso en términos bélicos militares.
Eso en lo que se refiere a las guerras tradicionales o convencionales, que entre otras cosas implicaban teatros de operaciones más o menos definidos, declaraciones de inicio de hostilidades, o sea, declaraciones de guerra, armisticios, etcétera.
Yo la primera guerra que recuerdo, me tocó no sé cómo a los ocho o diez años, fue la Primera Guerra del Golfo, que incluso fue una guerra que se televisó. O sea, éramos niñas y niños y veíamos los bombardeos en la tele.
Hubo otras guerras que se lanzaron por aquellos años, las mismas que se extienden desde hace siglos como parte del legado colonial y que acompañaron la creación de los Estados nacionales. Guerras que son invisibilizadas y silenciosas, las que se hacen muchas veces contra gente desarmada, contra los pueblos, por sus territorios para ser usados como vías de comunicación, por los bienes naturales que ahí se encuentran y también para explotar y expoliar a sus poblaciones.
A estas guerras también se les puede llamar de distintas maneras, como “pacificación”, cuando las poblaciones se rebelan —esto es una forma de fabricación del orden social—, y todas aquellas otras modalidades con las cuales se intervienen los territorios, para construir infraestructura como promesa de desarrollo —carreteras, trenes, represas, hidroeléctricas—, pero también la llamada ayuda en caso de desastres, labores humanitarias. Y en todas ellas tiene un papel fundamental la contrainsurgencia.
A propósito de esto último, sobre todo hacia finales del siglo XX y principios del XXI, aunque tiene antecedentes en varios momentos del siglo pasado, vimos la expansión de la llamada guerra contra las drogas. Esta última es importante, por un lado, porque en el proceso histórico de ambas guerras —la contrainsurgente y la que se dice que se hace contra las drogas o el crimen— hay puntos importantes de contacto. Por el otro, porque en la actualidad de nuestro continente y, por lo tanto, de ese país que aún llamamos México, bajo esa manera de definir peligros y amenazas, se están instrumentando las políticas de intervención con el objetivo de extraer bienes naturales, es decir, seguir atacando a la Madre Tierra.
A inicios de este siglo en que vivimos, todavía bajo la idea de que Estados Unidos no tenía rivales que le pudieran disputar en lo económico, lo diplomático, lo cultural y lo bélico, fue lanzada la llamada guerra global contra el terror, que incluyó las invasiones de Afganistán e Irak, pero también operaciones en distintas partes del mundo, desde Somalia hasta Guantánamo, de Yemen a distintos países europeos. Para ello, se realizó un cambio en la manera de hablar y construir a las personas que se secuestraban y asesinaban a mansalva: “combatientes enemigos”. Esto para que no pudieran ser amparados por la Convención de Ginebra, que es un tratado que justamente está hecho para velar por los derechos de las personas que están en estas situaciones.
Además, se planteó un escenario no del todo nuevo, pero sí diferente en algunas de sus características. Comenzaron a ser más importantes los llamados grupos de operaciones especiales, los soldados de élite. No sólo porque tienen otro tipo de entrenamiento, sino sobre todo porque funcionan de manera clandestina, secreta, es decir, que no se rigen por las convenciones internacionales. Y también quiero poner un ejemplo de esto. Es un poco viejo, no hay información más reciente, pero pensemos que para el año 2017 se estableció, a partir de una investigación periodística, que Estados Unidos había hecho ese tipo de operaciones entre 130 y 150 países del mundo en ese año, es decir, en 70 por ciento del planeta, más o menos. Y esto seguramente se ha incrementado.
De unas décadas hacia acá, muchos nombres han recibido las modalidades y transformaciones de las guerras, desde la propia doctrina militar, desde el mundo universitario y también desde la propaganda gubernamental.
En algunos casos, esto también ha funcionado como parte de la guerra en el ámbito de la información, también como una revitalización de pugnas que parecen de otra época, como cuando se habla de la necesidad de un multilateralismo que ponga freno al sinsentido del declive de Estados Unidos y a la senda por la que nos está arrastrando. Revolución de los asuntos militares a fines de la década de los años 1980, guerra de cuarta generación, dominación de espectro completo, dijeron los militares norteamericanos; guerra irrestricta, unos coroneles chinos; doctrina Gerasimov respecto a lo que pasa en Rusia.
En su tradición académica, pero sobre todo propagandística, se habló de guerras híbridas, o sea, que combinan lo económico, lo diplomático, lo informático, la propaganda también.
En el presente, por ejemplo, también se está mencionando que Irán ha resistido gracias a haber preparado a sus fuerzas armadas para enfrentar ataques contra sus jerarcas, mediante la doctrina de defensa de mosaico, una manera de organizarse de manera descentralizada ante el posible asesinato de sus líderes y los ataques a su capital, Teherán.
Hago otra aclaración: soy de la idea de que los conceptos o palabras no son importantes por sí solos, sino sobre todo porque nos sirven como herramientas para entender lo que pasa. Entonces parto de que todas estas maneras de llamarle a las guerras tienen alguna característica o precisión, como cuando se habla de que se difumina el teatro de operaciones, que se hace uso de todos los medios físicos —los medios físicos serían lo terrestre, aéreo, marino—, pero también del ámbito informático y cognitivo. Que la guerra excede lo estrictamente militar y tiene dimensiones, por supuesto, económicas, ya decía yo, diplomáticas. Todo esto siempre ha existido, es tan viejo como la propia idea de la guerra y, en varias de sus características actuales, es algo que también se había anticipado por acá, justamente en la propuesta sobre la Cuarta Guerra Mundial. Que además, sólo para invitarles también a que lo lean, establece que de lo que se trata es una guerra del capital contra las poblaciones y que sigue un curso de destrucción, despoblamiento, reconstrucción y reordenamiento.
Bueno, ahora sí ya pasan algunos de los cambios más recientes.
Estos los podemos ubicar cuando, a partir de 2008, con la crisis económica mundial, China comienza a disputarle a Estados Unidos en más tableros del enfrentamiento, y después cuando Rusia invade Crimea en 2014. Desde ese momento, Estados Unidos, o mejor dicho sus presidentes y el Estado Mayor Conjunto, empiezan a decir que después de unos diez años de haber usado el enfoque contrainsurgente en su guerra contra el “terrorismo islámico”, Rusia y China se dedicaron a mejorar sus capacidades militares, lo que dio como resultado que ahora, en su doctrina de guerra, digan que la guerra convencional o tradicional está ligada a la guerra irregular.
Sobre la contrainsurgencia me interesa destacar que, en su actualización, mantiene sus elementos principales: tener como eje gravitacional a la población, buscar el control de su territorio, el principio de asimetría, el espejeo de lo social. Por ejemplo, la contrainsurgencia básicamente lo que hizo en el siglo XX fue imitar o tratar de hacer lo que habían hecho las insurgencias, empezando, por supuesto, por lo que pasó en China con Mao, y siempre han estado como adaptando eso. Y ahora, ya desde hace décadas, empiezan a utilizar también esas estrategias. Y finalmente, y en un aspecto que es especialmente importante, la adaptación constante de su doctrina. O sea, la doctrina contrainsurgente se va actualizando todo el tiempo y van aprendiendo en territorio de las poblaciones y de cómo resisten.
Esto, por supuesto, tiene que ver con lo que les pasó en Vietnam cuando perdieron esa guerra contra un ejército que era, en muchos sentidos, menos preparado; tenían menos armamento, pero que eran, por supuesto, muy valerosos. Y esto es algo que han seguido ensayando desde que volvieron a darle centralidad a ese enfoque, como decía yo, en Afganistán e Irak.
De hecho, algo que es muy significativo es que abandonan ese enfoque contrainsurgente después de Vietnam y el siguiente manual de campaña de contrainsurgencia lo hacen en 2006, ya cuando están otra vez metidos en las guerras ahí en Irak y Afganistán.
Por eso ahora les es tan importante seguir estudiando la cultura y la forma de ser de los pueblos. Incluso a eso le llaman “el terreno humano”, es como la manera como lo están percibiendo. Porque en cada caso se ponen a pensar en cómo atacar las resistencias, que son tan diversas como formas de vida hay en el planeta.
Para darle una vuelta más a la idea que ya se dijo estos días, de que la guerra y la política tienen líneas de continuidad, diremos que en el presente la vida es la continuación de la guerra por otros medios, pero que ese ciclo nos está llevando por un camino sin salida o del que no es posible volver, al menos no de la misma forma.
Bueno, aquí me despego tantito del texto y así se me quitan los nervios.
Este es un planteamiento que hicieron en el Departamento de Defensa de Estados Unidos hace algunos años y, básicamente, lo que planteaban con esa ecuación, o sea, esa suma 2 más 3, es cómo entendían las amenazas en términos planetarios. Entonces, el 2 corresponde con China y Rusia en ese sentido, o sea, amenazas tradicionales o convencionales estatales, potencias cercanas. Y en el segundo lugar, lo que le han llamado desde hace también, por lo menos desde la década de los 1970, los Estados canallas y también otras amenazas no estatales. Pero bueno, ahí entran, en ese 3, que son las que en principio no serían tan importantes, pero que sí, por supuesto, tienen estrategias para eso. Pues estarían los Estados que tienen capacidades nucleares —Corea del Norte e Irán—, y también esta doble manera de llamarle a las “organizaciones criminales extremistas”, así les llamaban, que eran el llamado “terrorismo islámico”. Y, por otro lado, pues esto que ahora también se ha resignificado para América Latina, con la idea de que los grupos dedicados a la economía criminal o los tráficos ilícitos son grupos terroristas. Entonces, esto en el ámbito de la definición también ha ido cambiando.
Pero bueno, les quería un poco también compartir esta parte.
O sea, han estado planteando que la guerra irregular, como les decía, está como ya totalmente ligada a la guerra tradicional o convencional. O sea, como que se puede ir pasando estratégicamente o tácticamente de un lado al otro. Pero aquí lo que me llama la atención y lo que quería compartirles es que, si ustedes ven todas las dimensiones que incluyen en la guerra irregular, pues hay muchas que tienen que ver justamente con lo civil. O sea, que esto lo que les permite es básicamente también romper con estas diferenciaciones que había entre lo que implicaba la guerra y la paz. O sea, estamos como en una zona ya medio gris o de indistinción entre estos dos espacios. Entonces, sólo quería plantear eso y ahí la dejamos tantito por si la quieren leer.
Bueno, ¿por qué esto es importante?
Como ya fue mencionado en varias de las exposiciones, mucho de lo que vemos en el presente y que nos indigna y horroriza no son cosas nuevas, pero sí se están profundizando, están creciendo y esto pasa además de manera acelerada.
Entonces hay dos o tres cosas que quiero recuperar de este presente, pero primero quiero señalar cuáles son algunas coordenadas para tratar de ubicar en qué momento estamos. No solamente porque ha cambiado o está cambiando la manera de hacer las guerras, sino porque también ha impactado profundamente en nosotras y nosotros.
Este presente lo podemos pensar también dentro de un siglo que inició tal vez con el lanzamiento de las guerras extraterritoriales a partir de 2001, tal vez con la crisis económica mundial de 2008, que es un momento importante porque se considera que a partir de ahí China empieza a emparejarse con Estados Unidos y como que lo va superando, por lo menos en el terreno económico, tal vez no en el militar, ahorita voy a ir también sobre eso.
Pero también podríamos pensar que este siglo empezó con la pandemia del COVID-19, que ya varias personas hicieron alusión, o tal vez con el genocidio que continúa en la Franja de Gaza y los territorios ocupados.
Tal vez este presente, este siglo, está ya impregnado de todos estos elementos a la vez.
Por cierto, como yo me dedico a trabajar con jóvenes que están entre los 18 y los 22 años, no puedo no pensar en que, en un periodo muy corto de tiempo, ya les ha tocado varias de estas cosas que son acontecimientos históricos. Ya les tocó una pandemia, posiblemente una transición hegemónica y, por supuesto, un genocidio. Entonces, yo creo que es algo que también tenemos que considerar para establecer un diálogo con estas generaciones.
Bueno, el caso es que en este proceso y con el relanzamiento de lo que se ha denominado y podemos entender como geopolítica imperial. O sea, yo aquí junto con otras personas no pienso que haya una disputa en la cual haya que agarrar bando entre las tres potencias más grandes. Más bien yo pienso, y un poco después lo voy a decir, que esos tres países están disputando los bienes naturales de todos los otros países del Sur Global. Y por lo tanto también, como quieren seguir pensando en hacer la guerra, pues están buscando eso: están buscando la manera de entrar a sacar los recursos naturales o los bienes naturales. Y ahorita voy a ir sobre eso.
Sólo para incorporar algunos elementos sobre por qué es importante estos cambios en la actualidad, consideremos por un lado que el gasto militar ha tenido un incremento sostenido durante los últimos 11 años. Según el último reporte del SIPRI, del Instituto de Estocolmo para Estudios de la Paz, que incluye el año 2025 y que establece que, en términos globales, el gasto militar representa una proporción del 2.5 por ciento del PIB mundial. Esto es el nivel más elevado desde 2009, o sea, también después de la… bueno, más bien en el marco de la crisis del 2008, todo esto que estaba diciendo.
En esto destaca también el enorme papel que desempeña Estados Unidos en este proceso, al modificar sustancialmente el resultado final entre aumentos y disminuciones de las solicitudes. En años recientes todavía se ha planteado que Estados Unidos dedica más financiamiento a su aparato bélico que los cinco países más cercanos de manera conjunta. O sea, sigue siendo en ese sentido mucho más lo que gasta Estados Unidos.
A esto habría que agregar que, de acuerdo con las formas de establecer el tipo de egresos por parte de Estados Unidos, es posible pensar que en términos reales duplica las estimaciones habituales. El día de ayer se aprobó el presupuesto para 2027, en una cifra que oscila más o menos en el 1.5 billones de pesos mexicanos. Yo tampoco me puedo imaginar esa suma de dinero y, además, no puedo entender cómo se usa para hacer la guerra.
A esto se agrega que, en conjunto, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, reporta un alza para 2025 más acelerada que en cualquier otro momento desde 1953, es decir, desde la Guerra Fría y además desde la Guerra de Corea. Por su parte, tanto en Asia como en Oceanía, se registró en 2025 el mayor incremento anual, también desde 2009.
En ambos casos, estas tendencias nos permiten observar la ruta de los conflictos venideros, vinculados con disputas geopolíticas de carácter general entre estos tres países que ya decíamos: Estados Unidos, China y Rusia. Y esto quiere decir que la intención es sí establecer, fortalecer, y se están preparando para los frentes de guerra en Europa. En Alemania ya hay militares en las fronteras, China y Rusia. Y el otro teatro de operaciones que se está claramente estableciendo es en esa región que llamamos el Indo-Pacífico, o sea, están tratando de contener o rodear a China, como lo quieran señalar.
Pero además de esa militarización que proviene de los Estados y que suele incluir aspectos presupuestales en la asignación de funciones, o lo que hemos visto en México respecto a la obra pública y todo lo que ya nos compartieron nuestras compañeras y compañeros el primer día, quiero agregar aquello que podemos identificar como militarización social.
O sea, todas esas expresiones que no tienen que ver con el Estado. Por ejemplo, aquella de carácter privado que constituye un gigantesco mercado, representado por las compañías militares y de seguridad privada, como aquellas otras que se vinculan con la proliferación de formas de violencia armada organizada, entre las que podemos considerar las estructuras armadas de la economía criminal, formas de autodefensa en clave patrimonial, así como expresiones de paramilitarismo contrainsurgente, como ha habido, por supuesto, en Chiapas y en Colombia.
A diferencia de lo que señalamos antes, en este caso no tenemos tantos elementos para hacer las cuentas de los recursos que se destinan a esas actividades. Pero, por ejemplo, sí sabemos, de acuerdo con estimaciones recientes, que de manera anual son introducidas de manera ilegal a México alrededor de 135 mil armas, aunque otros estudios han reportado que las cifras podrían estar en el orden de las 730 mil. Lo que implicaría que diario ingresan cerca de 2 mil armas a través de la frontera con Estados Unidos, lo cual es un complemento de todo lo que ya nos dijo Bruno.
Esas armas se quedan acá en México o circulan hasta otros países de Sudamérica. No me puedo meter en todo lo que yo quisiera, pero hay unos intercambios incluso no monetarios, en los que grupos de México intercambian armas por estimulantes ilegales en Ecuador. Al mismo tiempo, como hay un proceso de minería ilegal de oro en Sudamérica, se estima que en Colombia y Perú más del 70% del oro que se extrae se extrae de manera ilegal. Y ese oro también, para los procesos que tienen que hacerse para la producción, se está llevando mercurio desde México, lo cual también es peligrosísimo porque quién sabe cómo se esté transportando. Pero bueno, lo que quiero decir es que esos tráficos están ocurriendo y las armas, por supuesto, aquí tienen un papel muy importante.
También sabemos que grupos de la economía criminal han incorporado tecnologías diversas disponibles en el mercado, como ocurre con los aviones no tripulados, que son los que les llamamos drones. Mismos que a su vez están revolucionando los frentes de conflictividad armada en el planeta y adquieren un uso preocupante y extendido.
Existe además un mercado gigantesco de mercenarios, que son exsoldados de los Estados a quienes se les paga para hacer la guerra en distintas partes del mundo. Existen testimonios de que en Ucrania están peleando miles de colombianos y que también se ha reportado gente de México. En ambos casos, además de la paga, están aprendiendo y entrenando ahí en el uso de los drones o aviones no tripulados, porque eso es algo que en el caso ucraniano —todos los militares lo dicen— como que está cambiando el escenario bélico, lo está revolucionando.
No me puedo detener mucho en esto, pero también en ese frente de guerra se están ensayando y perfeccionando los ataques en los que se coordina la recolección de datos, o sea, con los satélites, con los drones, la geolocalización y el uso de la llamada inteligencia artificial para la realización de ataques. Lo que acelera, lo que ellos llaman en inglés kill chain, pero lo vamos a traducir como la cadena de ataque, asesinato o muerte. Eso que antes tomaba semanas o meses, ahora se decide en segundos, porque toda esa información la cruzan con la inteligencia artificial y hacen los ataques.
Entonces, en una declaración que puede tener una buena dosis de propaganda —pero pues igual se la voy a compartir, y nada más hay que saber que viene de un lugar en el que habría que tener ciertos cuidados—, el director de la CIA… la CIA son los malos malos, pues… y no se mencionó, pero bueno, el embajador de Estados Unidos en México es un ex boina verde y ex agente de la CIA, nada más para que nos demos cuenta de la colaboración que hay entre estos países.
Bueno, en una declaración que puede tener una buena dosis de propaganda, el director de la Agencia Central de Investigación señaló la semana pasada, es decir, el 16 de julio, que la gente, los reclutas que son enviados al frente por parte de Rusia, se convierten en bajas, o sea, son heridos o asesinados, entre 20 y 30 minutos al llegar al frente de guerra.
Esto no nos habla de quiénes podrían ganar las guerras, sino de lo irracionales que se han vuelto. Entonces estamos en un momento realmente delicado. Y me acerco un poco más a lo actual.
El segundo mandato de Donald Trump —el agente naranja, como ya dijo acá Bruno— ha acelerado la proliferación de los escenarios bélicos. Solo en marzo de 2026, Estados Unidos realizó, en un lapso de tres días, ataques en tres continentes distintos. Entre el 6 y el 8 de marzo se llevaron a cabo bombardeos sin la aprobación del Congreso de Estados Unidos en Ecuador, Irán, Somalia y en el Pacífico Oriental de nuestro continente.
Desde una perspectiva, si se quiere, más en el terreno de las definiciones jurídicas, el Observatorio de las Guerras de la Academia de Ginebra contabiliza 112 conflictos a nivel planetario entre 2024 y 2026, lo que incluye conflictos armados internacionales —o sea, entre países o Estados-nación—, no internacionales —entre Estados y actores no estatales o entre actores armados no estatales— y ocupaciones militares.
En un ejercicio que realizamos antes del inicio del Mundial, no por ser ocioso o por ser antiFIFAs, pues lo que vimos es que no había un solo grupo del Mundial en el que no hubiera un país que estuviera en guerra, de acuerdo a estos criterios. Entonces también eso es importante señalarlo, porque quiere decir que mientras todo esto está ocurriendo, el capitalismo tiene como ciertos mecanismos para que estemos en otro rollo. Insisto, yo no soy antiFIFA… o sea, antiFIFA sí, pero digo que el fútbol no es el enemigo.
Bueno, y en esto se incluye a México. De acuerdo a la Academia de Ginebra, en México desde hace años hay un conflicto armado no internacional, en el que han participado en distintos momentos el Estado mexicano, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, y entre esos dos cárteles. Esto se ha reconocido en varios momentos.
En nuestro continente, durante los últimos meses, Estados Unidos ha ampliado no solo su infraestructura a través del Comando Sur y Norte, que fueron los que vimos en la primera lámina. Han creado cinco fuerzas de tarea conjunta, unas supuestamente para contrarrestar el llamado crimen organizado y otras para contrarrestar la migración, a la que efectivamente, como dijo Bruno, hay un decreto presidencial de Donald Trump donde dice que están luchando contra una invasión de migrantes.
También tienen otra fuerza de tarea conjunta que se llama Golden Dome, o el Domo Dorado, que además es carísima, para el enfrentamiento que puede haber con misiles balísticos intercontinentales con Rusia y China.
Pero también han establecido nuevos lugares de entrenamiento, como ocurre con la creación de un grupo conjunto de cooperación en seguridad en Panamá, con el objeto de “mejorar la preparación para el combate y la interoperabilidad”. Con esto se busca aumentar la realización de ejercicios de entrenamiento conjuntos y la presencia militar rotativa de Estados Unidos, lo que incluye aeropuertos, bases navales, y también hicieron un centro de entrenamiento de operaciones combinadas en la selva. Es un centro en el que están estas fuerzas, tanto de Estados Unidos como de Panamá, donde están haciendo cursos de entrenamiento combinado en operaciones de la selva, cuyo programa piloto se llevó a cabo en agosto de 2025.
Esto significó el regreso, después de 20 años, de tropas de Estados Unidos para la realización de ese tipo de cursos en Panamá, donde en algún momento estuvo la llamada Escuela de las Américas. Y en ese lugar, además, en Panamá, fue conocido cuando hacían los cursos, cuando estaba la Escuela de las Américas, como el “infierno verde”, por el parecido del medio físico con el entorno de Vietnam.
En la actualidad, esto está relacionado, puede estar relacionado, con escenarios de confrontación en entornos tropicales, como aquellos que se encuentran en la península de Indochina, pero también respecto a las operaciones que están llevando a cabo en porciones de Colombia y Ecuador.
Sobre esto es importante mencionar que cada lugar en el que interviene Estados Unidos, así sea con brigadas médicas, ingenieros, dentistas o con este tipo de cursos, son también lugares en los que se entrenan para otras confrontaciones y, sobre todo, donde adoctrinan a las fuerzas de los países que participan en este tipo de iniciativas.
Ustedes saben que el año pasado y este año se lanzaron varios documentos estratégicos de Estados Unidos, que justamente lo que dicen es que le van a dar más importancia a nuestro continente, que le llaman ellos hemisferio occidental. Está esa palabra horrible que se inventó de la Doctrina Donroe, que están pensando en el área para poder extraer minerales, bienes naturales y demás, y que sea como su plataforma de despliegue.
Bueno, aunque no se han fusionado los dos comandos que vieron al principio en la primera lámina, ya hicieron un comando hemisférico del ejército de Estados Unidos, o sea, que ya tiene atribuciones en todo el continente. Entonces, esa modificación creo que no ha recibido tanta atención y se anunció el 5 de diciembre de 2025, lo cual supone eso: la integración en un solo comando de los componentes del Ejército que antes estaban unos en el Comando Sur y otros en el Comando Norte. Es una reconfiguración de las áreas de responsabilidad en la línea de lo esbozado en estas estrategias que ya les mencionaba. Y al mismo tiempo les permite seguir estableciendo un despliegue hacia otros contextos bélicos en África o en Oriente Próximo. Bueno, de acuerdo a las previsiones que hicieron los militares, justamente alcanzó pleno funcionamiento en este verano de 2026.
Además de ello, han creado, el 21 de abril de este año, un comando de guerra autónoma del Comando Sur, mismo que se dedicará al uso de plataformas y sistemas autónomos, semiautónomos y no tripulados, o sea, los drones. Esto pues también implica que se están trasladando hacia nuestra región algunas de las innovaciones de tecnología de punta, junto con el uso militar de la inteligencia artificial que se está ensayando en otros lados.
Bueno, también a partir del 2025, Estados Unidos implementó una fuerza de tarea conjunta que se llama Espada del Sur, que está, digamos, navegando en el Pacífico y en el Atlántico, y han asesinado, sin ninguna prueba, hasta el 22 de junio de este año —es el conteo que les doy—, a un estimado de 196 personas a bordo de lanchas que circulaban en estos dos océanos. A algunas de las personas que sobrevivieron a los ataques se les dejó morir ahogadas, o sea, no se les detuvo para ver si en efecto eran responsables de algo; nomás se les dejó ahí morir. Y esto también habla de mucha de la crueldad que se está desplegando en estas formas de la guerra.
También vemos que en Guatemala, Argentina y Ecuador, y pronto en Colombia, tienen a presidentes que siguen todas las políticas de Trump.
En el caso de México, desde hace muchos años, o sea, desde Calderón por lo menos, fue mucho más clara la colaboración en ejercicios militares con Estados Unidos, tanto mandando soldados y policías a distintos entrenamientos —que tampoco ahorita me voy a detener en eso—, pero también en algo que no pasaba antes: empezaron a hacer ejercicios militares en México, de operaciones especiales, y se han estado autorizando el ingreso de militares de Estados Unidos a entrenar a fuerzas en México.
Incluso algunas usaron esos entrenamientos para el Mundial de fútbol con esta operación que también, en esto que siempre hacen, le llamaron Kukulkán, que era la operación de seguridad en el marco del Mundial.
Durante estos días en que ya estábamos aquí en el evento, se han seguido emitiendo documentos y se realizó una cumbre en la que se habla de otro enemigo al que llaman “terrorismo de izquierda radical” o “terrorismo político de extrema izquierda”. Esto sabemos, pues, Marco Rubio, que es un personaje bastante siniestro.
Por último, también anterior a una cosa así, fue emitido un informe preparado por el Departamento de Estados Unidos, llamado Cuba, la capital del comunismo en el siglo XXI, que intenta resignificar el antiimperialismo cubano y la solidaridad con los pueblos que luchan como una expresión del enemigo a derrotar. Y bueno, todas y todos estamos muy preocupados, por supuesto, por lo que podría pasar con nuestras hermanas y hermanos en Cuba.
Además de todo esto que estoy diciendo, podemos observar un fenómeno muy presente en algunas partes de nuestro continente, pero también en África, en que el territorio está efectivamente quebrado en pedazos y está siendo controlado por grupos armados de la economía criminal.
A mí me gusta esa, porque es pensarlo como un sistema, pero más tarde se va a profundizar en la mesa de al ratito en esto. Y bueno, insisto, aquí de lo que se trata es de que armemos un rompecabezas; no venimos a ver quién dijo la mejor palabra.
Entonces vemos que está como fragmentando el territorio, y también estos grupos están buscando arrebatar bienes naturales, rutas de comercio, mercancías. Algunos parecen más informales, como estos que tienen que ver con los tráficos ilícitos, pero también hay grandes empresas involucradas. Y, bueno, insisto, eso está pasando en varios continentes.
Sobre estas modalidades de la guerra y los procesos de militarización, quiero decir lo siguiente: vemos la expansión de estos grupos dedicados al tráfico de estimulantes ilegales, pero que ahora hacen negocio con todo lo que sea posible. Trafican personas con fines de explotación laboral y sexual, controlan el mercado de productos ilegales, pero también legales, como pasa a veces con los pollos, con las tortillas. Por eso la guerra contra el narcotráfico ha sido un pretexto para disciplinar a la población y ordenar los territorios, pero además ha tenido otro efecto.
De acuerdo a varias estimaciones respecto a México, cuando se lanzó esa política de militarización de la seguridad pública, había entre seis y ocho grupos dedicados a estas actividades, y uno de los principales efectos de estas estrategias gubernamentales que fueron empleadas a partir de ese momento, pues está relacionado con que estos mismos grupos tendieron a pulverizarse, a hacerse más pequeños, a quebrarse también. Y entonces esto ha llevado a una fragmentación del territorio que ha tenido como resultado varias cosas.
Ya les decía yo, como que en 2006, 2008 se hablaba que había como unos ocho grupos, y estimaciones de 2020 contabilizaron más de 200 grupos, o sea, se han ido como esparciendo bastante. Y solo entre… o sea, si pensamos que han ido cambiando, pero entre 2009 y 2020 se calcula que han sido como 550, entonces han ido también diversificando sus actividades.
¿Por qué puede ser esto útil al sistema de despojo y explotación? Pues porque les permite exprimir más a la gente y actuar de manera ilegal o más criminal que el otro modelo.
Sabemos que extorsionan, que cobran derechos de piso, que al final pues es como una especie de impuesto; trafican especies animales del mar y de la tierra, pero también maderas preciosas, y todo ello lo hacen a gran escala. Roban combustible y lo revenden, también agua potable a quienes de por sí no les llega a donde viven. Esto está pasando en Ciudad de México, por ejemplo, ya están haciendo eso. Y eso lo hacen pues porque están armados, imponen el terror.
Cuando he tratado de pensar en eso, me venía la imagen de una vida entre cercos, como otro pedaceo de la vida en el que la gente vive no solo entre el fuego cruzado, sino porque desde todos lados algún grupo armado les quita algo: dinero, tierra, taquín, de lo que da la Madre Tierra también, pero también quitan libertad y autonomía.
Le di vueltas estos días, y de por sí existen muchas palabrotas para llamar a esa convivencia y complicidad entre los tres niveles de gobierno y la economía criminal, pero también puede ser que ya no solo estemos ante un solo chopol ajvalil, o sea, un mal gobierno, sino que es como si fueran varios chopol ajvaliles que además se pelean entre sí y siguen despojando el territorio y las poblaciones.
Y bueno, ya para acabar: ¿qué puede pasar?
Bueno, hay muchas cosas que se han compartido en estos espacios. Hay, por supuesto, la figura de la hidra; se ha hablado de los tragamundos, vampiros, zombis.
Yo creo que regreso sobre esta otra imagen que igual nos sirve, como las otras, para pensar en la culebra que se devora a sí misma. Es una figura que ha existido en muchísimos pueblos, en muchísimas culturas, pero que siempre estuvo relacionada con que la vida tiende a regenerarse, que los ciclos de la vida tienden a regenerarse.
Yo creo que ahora estamos ante algo que funciona de manera muy diferente, porque no solo se está depredando a la Madre Tierra para construir, como ya nos dijeron Pablo Montaño y Carlos Tornel, paneles solares, fotovoltaicas o parques eólicos, sino también porque esas mismas tierras raras, ese litio, se usa para las armas, para las pantallas, para los radares, para los drones, para hacer que funcionen todos esos circuitos, la inteligencia artificial y demás.
También el agua, que creo que no se ha mencionado, pero sí hay mucha información de que para enfriar los servidores donde se aloja todo eso se usa una cantidad de agua, hasta potable, de manera así muy importante.
Entonces decía, pues los compañeros ya nos han hablado de esto, pero muchos países que están en esta disputa por la hegemonía o que están luchando con este horizonte de las guerras están utilizando o quieren todos esos bienes naturales, esos minerales, esa agua, todo esto para esas guerras.
Incluso países que precisamente habían estado al margen un poco de ciertas formas de la guerra, como Japón o Alemania, aunque Alemania es un gran exportador de armas —en México se ha trabajado bastante—, han estado también ya modificando sus leyes para relanzar estos procesos de guerra.
El primer ministro —bueno, no sé su cargo, pero el de Canadá— que se hizo famoso porque en la reunión de ricachones de Davos dijo que en el mundo actual se está sentado en la mesa para comer o en el menú para que te coman, acaba de también lanzar una iniciativa para crear un banco que financie las guerras de estos países que no son tan grandes. Y ahí están Albania, Bélgica, Grecia, Latvia, Luxemburgo, Rumania, Turquía y Ucrania.
Y entonces: ¿resignarse u organizarse? Bueno, está en el título de la actividad a la que tan gentilmente nos han invitado y que es un honor compartir con ustedes. Pues estamos en eso: ¿resignarse u organizarse?
Por supuesto, no estoy en condiciones de plantear cuáles serán las luchas del futuro, en parte porque éstas de por sí ya existen y continuarán expandiéndose. Pero sí puedo señalar algunos elementos relacionados con las tendencias que recuperan esta presentación.
Desde hace varios años en estos semilleros se viene hablando de la tormenta, de estos límites que estamos atravesando como humanidad y también como naturaleza no humana, como tejido de la vida. Por eso la lucha por la Madre Tierra es la que permite pensar en la posibilidad del futuro.
Pero sí estamos entrando en la hora de mayor oscuridad, y por eso la lucha que vendrá es para que las jóvenes y los que vienen puedan ver el alba. Estamos en ese umbral: el cambio de la noche hacia el día. Y esto también los compañeros nos han dicho durante muchísimos años.
Lo dijo también un filósofo que a alguna gente le gusta bastante: Walter Benjamin. Le llamó el secreto compromiso que hay entre las generaciones. Pero lo han dicho mejor nuestras compañeras y compañeros: la lucha es por nuestras muertas, por nuestros muertos, por las que ya no están, por los que ya no están y por los que vendrán después, y las que vendrán después.
Creo que esto nos tiene que hacer reflexionar, sobre todo en las ciudades, en lo que está pasando con la tecnología, tanto sobre el consumo de minerales y agua que implica, como sobre el efecto que tiene en nosotras y nosotros.
La otra está relacionada con un asunto de escalas. Ahí también creo que, por la manera como están pasando las cosas, lo primero es construir alternativas desde lo pequeño —también ya nos lo dijeron en estos días—, desde lo local, serán los pasos importantes.
La lectura aportada por las y los compañeros zapatistas respecto a lo que está pasando con los Estados-nación se corrobora con el pedaceamiento o fragmentación que vemos. Por ejemplo —tampoco lo pude hablar ahora, pero seguro habrá en otros espacios, en la ciudad de acá y en todos lados, la posibilidad de hacerlo, y mucha gente lo está trabajando—, cómo se articulan los megaproyectos de infraestructura, o sea, el mal llamado Tren Maya y el Corredor Interoceánico, con el ingreso de los grupos de la economía criminal a las comunidades.
También en el espacio de las palabras o de las narrativas, después de todo lo que ha pasado en México y lo que se expande por América Latina y el Caribe, es importante desmontar esa idea de la guerra contra el narcotráfico. Venimos de más de 25 años del Plan Colombia y el 11 de diciembre de 2026 vamos a cumplir 20 años de la llamada guerra contra el narcotráfico.
Una última cosa: sé perfectamente que lo que acabo de decir no es nada esperanzador, porque parece que nos están acorralando y que nos dejan sin salidas.
Pero algo que no mencioné es que arriba, los poderosos, también tienen miedo. Les tienen miedo a los que consideran más débiles, porque en esa asimetría ya han perdido guerras, como en Vietnam; otras potencias europeas en sus guerras coloniales, como en Argelia.
En este siglo, el siglo XXI, Estados Unidos, además de haber gastado muchísimo dinero y recursos, no ha logrado derrotar a nadie de manera directa y por eso ahora tratan de llevar a cabo lo que llaman cambios de régimen.
A pesar de todo lo ensayado con el genocidio, lo mismo ha pasado en Palestina. Y en México después de 20 años del inicio de la llamada guerra contra el narcotráfico. Las resistencias y la construcción de autonomía no han cesado.
En estos espacios, en todos estos semilleros y espacios de encuentro que las compañeras y los compañeros nos ofrecen todo el tiempo, en esas obras de teatro, ya nos han dado imágenes e ideas de cómo viene la tormenta y el día después, y de la importancia de tratar de construir el común.
Para eso también nos han compartido su modo de hacer, que es en teoría y en práctica. Y también otra enseñanza que también es bien difícil, pero que tal vez nos mantenga siendo humanas, humanos como parte de la Madre Tierra cuando más apriete la situación, en medio de la oscuridad que se cierne sobre nosotras y nosotros.
Entonces, bueno, esta última la digo como corresponde:
Spisil ta spisilik, ja’ nax, mero jokolaval, compatike.
Muchas gracias. Es toda mi palabra.


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