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JORNADAS ZAPATISTAS «Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos». 21 DE FEBRERO DE 2026, Caracoles de Roberto Barrios, La Unión, Jacinto Canek y Dolores Hidalgo

JORNADAS ZAPATISTAS
«Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos»
21 DE FEBRERO DE 2026,
Caracoles de Roberto Barrios, La Unión, Jacinto Canek y Dolores Hidalgo

Imágenes de Terci@s Compas Zapatistas

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JORNADAS ZAPATISTAS «Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos». 20 DE FEBRERO DE 2026, Caracoles de La Realidad, Oventik, Garrucha y Morelia

JORNADAS ZAPATISTAS
«Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos»
20 DE FEBRERO DE 2026, Caracoles de La Realidad, Oventik, Garrucha y Morelia

Imágenes de Terci@s Compas Zapatistas

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EZLN | CNI

Convocatoria al Foro Nacional: Acuerdos de San Andrés, territorios indígenas y aguas nacionales

A siete años del asesinato de nuestro compañero Samir Flores Soberanes y 30 años de la fundación del Congreso Nacional Indígena, en oportunidad de discutir los 30 años de los Acuerdos de San Andrés

CONVOCAMOS 

AL FORO NACIONAL: ACUERDOS DE SAN ANDRES, TERRITORIOS INDÍGENAS Y AGUAS NACIONALES 

A realizarse el día 22 de febrero a las 10 am en el Planton en Defensa del Agua de Xoxtla ubicado en el Parque Pavigi, San Miguel Xoxtla Puebla

Considerando

Que a Samir lo asesinaron por luchar por la autodeterminación de los pueblos, donde cuando empieza el trabajo colectivo de la autonomía, “comienza la magia”, decía Samir.

Que vivimos una guerra de exterminio los pueblos indígenas sobre nuestra cultura, nuestra lengua, nuestro territorio y nuestra forma de vida, avanzando el derecho capitalista en sus reformas a la Ley de Aguas Nacionales y la creación de la Ley General de Aguas que mantiene la falta de reconocimiento de la libre determinación de los pueblos indígenas, “otorgando” solo derechos racistas y anticonstitucionales en la Ley General de Aguas, para dar preferencia a empresas privadas que concesionen el llamado “derecho humano al agua”, cómo en Puebla con Concesiones Integrales S.A. De C.V. que se impone a los derechos originarios al agua de los pueblos cholultecas de Xoxtla, Nealtican y Acuexcomac.

Que este año se cumplen 30 años del incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, por parte del mal gobierno.

Que a 30 años el extractivismo y la guerra contra los pueblos ha crecido en todo el territorio nacional, en 1996 no se encontraban los territorios de los pueblos indígenas tan asediados por megaproyectos extractivistas, como se encuentran hoy, por la minería a cielo abierto, gasoductos, acueductos, proyectos energéticos, trenes, carreteras, polos de desarrollo, teleféricos, etc.

En este contexto estos Acuerdos han sido incumplidos por el gobierno sistemáticamente, reconociendo en el papel la autonomía pero dejando a un lado los derechos de los pueblos a decidir sobre su territorio. Las últimas reformas al artículo 2 constitucional en los hechos, han transgredido la esencia de los Acuerdos de San Andrés al reconocerlos como sujetos de derecho público principalmente para que se peleen por unas monedas los municipios y comunidades con el FAISPIAM. Porque en realidad no reconocen la decisión de los pueblos a decidir sobre su vida y territorio.

De la pregunta, ¿Qué sigue después de la traición a los Acuerdos de San Andrés en el año 2001? Los zapatistas declararon comenzar a ejercer la autonomía en los hechos, decisión que fue asumida por los pueblos indígenas del país reunidos en el Cuarto Congreso Nacional Indígena. Donde desde entonces y desde antes, los pueblos indígenas han caminado un proceso de autonomía en los hechos que se topa cada vez con el asesinato, desaparición y encarcelamiento a defensores comunitarios en todo el país, en donde el crimen organizado se ha extendido cada vez más en nuestras regiones y comunidades, causando terror, control, muerte y despojo.

Por lo que, a 30 años de la fundación del CNI, es pertinente revisar como está siendo y que está pasando con el proceso de autonomía en los hechos de los pueblos indígenas en el país.

A 30 años del Incumplimiento a los Acuerdos de San Andrés, preguntamos, ¿Los Acuerdos de San Andrés están rebasados? ¿Que avanzó, que no? ¿Qué sigue? ¿Necesitamos nuevos Acuerdos los pueblos indígenas del país? ¿Cómo serían estos Acuerdos? ¿Entre quienes? ¿Para qué? ¿Cómo caminamos un camino conjunto los pueblos índígenas en el país hacia la defensa de la vida y nuestra liberación? ¿Cómo nos organizamos?

¿Es pertinente seguir exigiendo el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés al Estado? ¿Es pertinente seguir exigiendo respeto a quien no nos respeta, a quien nos ataca? ¿Y si no le exigimos respeto, como es que nos va a respetar? ¿Cómo aterrizamos entonces nuestros derechos que estamos practicando en todo el país y hacemos un derecho comun que todos respetemos, exijamos se nos respete y nos hagamos uno, cuando a algun@ de nosotras y nosotros no lo quieran respetar.

No vamos a esperar el reconocimiento del gobierno para autodeterminarnos, organizarnos y defendernos, porque primero es el pueblo y luego es el gobierno, y cada pueblo tiene el derecho soberano de decidir sobre su su vida, destino y territorio.

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Personas, grupos, colectivos y personas, desde los distintos rincones de México y del mundo

Llamado a la solidaridad con el pueblo de Cuba. Pronunciamiento de grupos, colectivos y personas, desde los distintos rincones de México y del mundo

Llamado a la solidaridad con el pueblo de Cuba.

Pronunciamiento de grupos, colectivos y personas, desde los distintos rincones de México y del mundo.

11 de febrero de 2026

La tormenta capitalista sigue extendiéndose por todo el mundo, dejando a su paso muerte, destrucción y miseria. Las bombas que hace unas semanas fueron lanzadas sobre Venezuela, y que continúan destruyendo Gaza, hoy se enfilan hacia Cuba. La guerra de reconquista del Gran Capital no conoce de fronteras, ni de límites… ni de leyes internacionales.

El pueblo cubano, que lleva más de 60 años viviendo agresiones económicas, políticas y militares, por parte de los gobiernos de EUA; hoy es llevado al límite. Sin rubor, los que desde arriba imponen la guerra en todo el mundo declaran sus objetivos: asfixiar al pueblo de Cuba para promover la inversión y el «desarrollo».

El proyecto de “Nueva Gaza”, presentado en la reunión de los millonarios y poderoso en Davos es en realidad una declaración de principios: destruir y despoblar diferentes regiones del mundo, para ser reconstruidas y reordenadas por y para el capital.

En la isla de Cuba, el gran capital pretende instaurar una nueva “Little Saint James”, la isla de Jeffrey Epstein donde los poderosos del mundo tenían su santuario moral de degradación. El Capital no quiere libertad, sino esclavitud para su regocijo turístico.

Pero el digno pueblo de Cuba sabe resistir, ha resistido por más de 60 años a la mayor potencia militar del mundo y le ha infligido también importantes derrotas. Apoyamos al pueblo de Cuba, y llamamos a los pueblos del mundo a manifestar su solidaridad y a evitar la asfixia del pueblo cubano.

El sistema capitalista tiene como enemigo a la humanidad entera. Cualquier muestra de resistencia, de rebeldía, de libertad es y será atacada hasta el exterminio. El llamado “nuevo orden internacional” se construye sobre el cadáver de la humanidad.

Lejos de las modas y poses de la intelectualidad “progresista” que apoya la implementación y el regreso de la esclavitud en sus paraísos turísticos en un mundo que se desmorona, la solidaridad entre los pueblos que resisten las agresiones del capitalismo es necesaria y urgente.

Cuba pervivirá, Venezuela pervivirá, Palestina pervivirá, Irán pervivirá.

La resistencia y la rebeldía pervivirán.

Para añadir su firma, escribir a apoyoacuba2026@gmail.com

Firman:

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Organizaciones – México

12 Pueblos Originarios de Tecamac
Academicxs con Palestina
Acción Palestina Chiapas
Alianza por la Defensa del Estado Laico (ADELA) (organización)
Antsetik Ts’unun. Chiapas.
Asamblea Feminista del Estado de Chihuahua
Asamblea Nacional por el Agua, la Vida y el Territorio – México
Asociación De Exploración Científica, Recreativa Y Cultural Brújula Roja
Autodefensa Alimentaria – Panaderia colectiva desde Ciudad de México.
Barro Rojo Arte Escénico, Ciudad de México, México
Brigada Callejera de apoyo a la mujer, E.M. A.C.
Brigada Dr. Ignacio Martín-Baró
Café “Zapata Vive”
Café galería La Resistencia
Casa Tecmilco, México
Colectiva corazón del tiempo
Colectiva Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo
Colectividad Nuestra Alegre Rebeldía
Colectivo Comunidad Circular.
Colectivo Contrahistorias
Colectivo Criptopozol + DDHH , México
Colectivo Cuaderno Común
Colectivo De Profes En La Sexta
Colectivo De Trabajo Cafetos
Colectivo Epistémico de Teoría Critica
Colectivo Gavilanas
Colectivo La Bestia Grafika
Colectivo la Ceiba
Colectivo La Otra Justicia
Colectivo Mujeres Tierra
Colectivo Nodo Solidario- México
Colectivo Nuestra América
Colectivo Panadero La Grieta
Colectivo Sí a la Vida, Custodios del Arroyo San Miguel (Región Sur Este de Coahuila)
Colectivo Academicxs de Monterrey 43
Comida no bombas, Querétaro
Comunidad De Tlanezi Calli En Resistencia
Comunidad De Xochitlanezi
Comunidad De Xochitlanezi Del Común
Comunidad Indígena Otomí Residente en la CDMX
Concejo Indígena de Gobierno de Santiago Mexquititlan
Congreso Nacional Indígena- Concejo Indígena de Gobierno
Cooperativa La Imposible – Ciudad de México
Derechos Humanos Comunidades Laicas AC (organización)
El tekpatl periódico crítico, independiente y de combate/ México
Espacio de Lucha contra el olvido y la represión (Elcor). Chiapas
Espacio de Reflexión Colectiva, Construyendo “El Común”
EzcuelitaGDL
Frente de Resistencia contra la Represión
Grupo de Trabajo No Estamos Todxs Chiapas México
La Flor Periódico In Xóchitl In Cuicatl/ México
La roja x la vida
Laboratorio Popular de Medios Libres
Luciérnagas que Siembran
Mínima Galería Íntima/narraturgias de la memoria (Mérida, Yucatán)
Morada Tropikal El Teatrito Yucatán (Mérida, Yucatán)
Movimiento de Articulación de Los Pueblos Olvidados de la Cañada – sierra Mazateca de Oaxaca, México.
Movimiento de los Trabajadores Socialistas (MTS)
Mujeres Transformando Mundo
Mujeres y la Sexta – Abya Yala
Nodo de Derechos Humanos (NODHO) – México
Nuestro Fuego Colectivo – Ciudad de México
Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, UNAM, México
Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente
Otra danza es posible CDMX
Panadería-Cafetería La Nezia
Partido de los Comunistas
Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes/ México
Raíces en resistencia, Tlatelolco, Ciudad de México
Red De Apoyo Iztapalapa Sexta (Rais).
Red de Resistencias y Rebeldias AJMAQ. Chiapas.
Red Morelense de Apoyo al CNI-CIG
Red Universitaria Anticapitalista
Resistencias Enlazando Dignidad – Movimiento y Corazón Zapatista
Rizoma
Servicio Paz y Justicia (SERPAJ)- México
Sexta por la libre Yucatán (Mérida, Yucatán)
Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR)
UPREZ Benito Juárez
Vendaval, Cooperativa de pan y algo más

Organizaciones – Internacionales

Assemblea de Solidaritat amb Mèxic-País Valencià
Cafè Rebeldía-Infoespai, Barcelona-Catalunya
Centro de Documentación sobre Zapatismo. CEDOZ. Estado Español
Colectivo Armadillo Suomi. Finlandia
Colectivo Encuentros de Solidaridad con l@s Zapatistas, Grecia
Colectivo Calendario Zapatista, Grecia
Colectivo Carac@L (Lengadoc, Francia)
Colectivo Revista La Gota
Colectivo Seeds of Change
Comité de Enlace Latinoamericano y Caribeño (CELC)
Decolonize Hellas, Research Collective
Laicrimpo Salud Popular
Lumaltik Herriak – País Vasco
Moverse Salud de los Pueblos
Museo de Formas Imposibles. Finlandia
Pallasos en Rebeldia
Red de Autonomías Colectivas. Finlandia
txiapasEKIN kolektiboa, Euskal Herria (Pais vasco)
Yretiemble! Colectivo de apoyo al Zapatismo y al CNI desde Madrid. Estado español.

Personas – México

Alberto Hidalgo Luna, Instituto Mora, México
Alejandra Hernández. México
Alejandra Ramírez, CdMx.
Alejandro Mira, México
Alexei Navarrete Quan, CDMX – México.
Alicia Andares, México.
Alfredo López Casanova
Ana Esther Ceceña, UNAM, México
Andrés Octavio Varela Enríquez, Chihuahua, México.
Anelí Villa Avendaño, México
Antulio Fernandez
Antulio Fernandez|31d
Argelia Guerrero CDMX
Argelia Rentería CDMX
Ariel García, México
Arturo Anguiano, México
Arturo Guerrero CDMX
Bárbara Zamora – México
Bartok Martin Selser, Ciudad de México
Boris Marañón Pimentel-UNAM.
Carla Garibi Harper Cabral, Guadalajara, México
Carlos Andrade, Ciudad de México.
Carlos Antonio Aguirre Rojas, México
Carlos Tornel, México.
Carolina Coppel Urrea
Claudio García Ehrenfeld, UNAM.
Cora Jiménez Narcia, Ciudad de México
Daniel Reyes Lara, Jalisco
David Barrios Rodríguez, Ciudad de México
Delmy Tania Cruz Hernández
Diana Itzu Luna. Defensora, Chiapas.
Dr. Gilberto López y Rivas, Profesor-Investigador INAH-MORELOS
Everardo Molina
Francisco Barrios “El Mastuerzo “
Francisco De Parres Gómez
Francisco Pérez. México
Gaby Aguilar, Jalisco
Guillermo Gonzalez Phillips
Horacio Almanza Alcalde
Itzamna Hernández
Iván López Ovalle, México
Javier Maisterrena
Jazzmín Rubio Carrasco
Jesús Iberri Rosales
Johnatan Guerrero CDMX
Jorge Alonso – México
José Alfredo Piña Huerta, CDMX
José Luis García Valero, Activista
Juan Gamboa Maldonado, Ejidatarios
Juan Trujillo Limones, Profesor, University of New Mexico.
Laura Rocha – Barro Rojo Arte Escénico, Ciudad de México, México
Lena García Feijoo, México.
Lenia Mireles Chávez. Chihuahua, Chihuahua, México
Luisa Riley Rodríguez, México
Luis Hernández Navarro, México
Lylia Palacios. Monterrey
Ma. de la Paz Espino, Valle de Bravo. Estado de México
Ma Elena Bretón
Ma. Teresa Jardí Alonso Abogada y periodista (Santa María Tepepan, Xochimilco, CDMX)
Magdalena Gómez, UPN, México
Magdiel Sánchez, México
Márgara Millán, UNAM
María Benítez, Tepoztlán, Morelos, México
María Isabel Pérez Enríquez – Chiapas, México
María Matilde Salazar Rodriguez
Mariana Benítez Keinrad, Ciudad de México, México
Mauricio González González, Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio (CORASON), Ciudad de México
Máxi Feijoo Andrade, México
Mayvelin Flores Villagómez
Mónica Susana Ruiz Patiño
Mónica Meltis Véjar, politóloga, CDMX, México
Myriam Fracchia
Olivia Domínguez P. (México)
Vianey Casas, Cd Juárez, Chihuahua
Oralba Castillo Nájera, Morelos
Pietro Ameglio
Profesor Enrique Ávila Carrillo
Raj Elnecio Artivista (Mérida, Yucatán Mexico)
Raúl Delgado Wise, Zacatecas
Raúl Romero
Regina Rodríguez Reta, docente de Chihuahua, México
René Cabello Galindo
Ricardo Ramon Latorre Martínez
Roberto Quiroz, CDMX
Romelia Hinojosa Luján
Rommel Cabello Hinojosa
Rosalio Morales
Sendic Sagal Luna
Servando Gajá, cineasta.
Viviana Díaz Arroyo, México
Yolanda Abrajan, CDMX

Internacional – Individual

Ana Ambrogi, Argentina
Ana Fuentes U., Chile.
Ana Velia Druker, Argentina
Andrea Cegna – Periodista
Bingen Amadoz. Euskal Herria
Cristy Ruiz, Córdoba
Hernán Ouviña, profesor e investigador IEALC-UBA
Nikolas Kosmatopoulos, Professor, American University of Beirut
Raúl Zibechi (Uruguay)
Roberto Ferreyra, Chicago, Il. EEUU.
Rosario Orduan Maisterra
Stavros Stavrides, Grecia

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Marisa Ruiz Trejo

Aprender a vivir en tiempos de tormenta: epistemologías zapatistas desde las mujeres

Foto: Heriberto Rodríguez, RadioZapatista

Por: Marisa Ruiz Trejo
Universidad Autónoma de Chiapas
marisaruiztrejo@unach.mx

Como investigadora feminista, originaria de Chiapas, los aprendizajes provenientes de las mujeres,otroas y comunidades zapatistas han sido inagotables. El proceso de aprender ha implicado no solo reflexionar sobre las tensiones entre una academia políticamente comprometida y los activismos alter-anti, sino también reconocer la multiplicidad de prácticas de producción de conocimiento que emergen fuera de los espacios académicos y de la investigación formal. Se trata de saberes encarnados, colectivos y situados, elaborados por organizaciones de mujeres, movimientos sociales y otros colectivos.

En esa línea, el libro Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas, editado por Xochitl Leyva Solano y Lola Cubells Aguilar, fue recientemente publicado por la editorial Traficantes de Sueños, en el Estado español en 2025. A partir del trabajo editorial de cuatro años, el libro agrupa en cinco grandes campos los aprendizajes de tres décadas de vida pública del movimiento zapatista y de las mujeres que lo sostienen: 1) el onto-político; 2) el de la defensa del territorio, la Madre Tierra y la memoria; 3) el epistémico-teórico-práctico; 4) el feminista; y 5) el artístico-lingüístico-cultural. Los aprendizajes provienen del pensamiento insurgente de la Comandanta Ramona, las voces poderosas de miles de mujeres zapatistas, organizadas en los dos encuentros de Mujeres que Luchan (2018 y 2019), celebrados en el caracol de Morelia, hasta las voces de las mujeres y hombres en el Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” (2025).

Acompañado por una acuarela de Paola Stefani e ilustrado con fotografías de Lola Cubells, Paulina Trejo, Yuchen Li, Francisco De Parres Gómez, Inés Durán Matute y Manuel Jacobo Contreras, así como ilustraciones de Beatriz Aurora, Sebastián Giraldo y Claudia Faustin, este libro recupera memorias desde 1994, año que marcó un parteaguas en las luchas altermundistas con el levantamiento del EZLN. A lo largo de sus páginas resuenan las palabras de la Comandanta Esther y su énfasis en la centralidad de las luchas de las mujeres dentro del zapatismo. La presentación del volumen, a cargo de Xochitl Leyva y Lola Cubells Aguilar, expone cómo colonialismo, patriarcado y racismo han sido dimensiones intrínsecas a la expansión del capitalismo, y cómo los pueblos originarios han tejido resistencias frente a estos sistemas de dominación.

El libro abre con un capítulo escrito desde Slumil K’ajxemk’op”, la “tierra insumisa” o la “tierra que no se resigna”, mayormente conocida como Europa. En “El zapatismo. Una brújula civilizatoria para Slumil K’ajxemk’op”, Lola Cubells Aguilar, profesora de la Universitat Jaume I de Castellón e integrante de la coordinación europea de la Travesía por la Vida, narra su largo acompañamiento, desde los años noventa, al movimiento zapatista. El texto recorre hitos clave como los Acuerdos de San Andrés, la Marcha del Color de la Tierra (2001), el Encuentro Intergaláctico (1996), la creación de las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles (Oventik, 2003), la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (2005), las manifestaciones contra la guerra de Irak (2003), la muerte metafórica del Subcomandante Marcos y el nacimiento del Subcomandante Galeano (2014), la candidatura de Marichuy y el desembarco zapatista en Vigo (2021), el mismo puerto del que partió La Pinta en 1413. A través de este recorrido, Cubells sostiene que el zapatismo constituye una brújula civilizatoria para Slumil K’ajxemk’op (Europa), en un esfuerzo planetario por afirmar que “nunca más un mundo sin nosotras, sin nosotros y sin nosotroas”.

El capítulo 2, “Nuestra Palabra es semilla que crece”, fue escrito por el colectivo Nurturers y el Colectivo Weaving Realities, integrado por Rosalba Icaza, Paulina Trejo Méndez, Nanna Kirstine Leets Hansen, Rosa Itandehui Olivera Chávez, Marina Cadaval Narezco, Brenda Rodríguez Cortés, Zuleika Bibi Sheik y Constance Dupuis. Todas ellas, afincadas en Los Países Bajos y en Dinamarca, se involucran en una escritura experimental, creativa y original, que combina, a la vez, lo personal y grupal. Su propio colectivo se define así: “al ser producto de la academia y las artes colonizantes, buscamos habitar(les) de una manera otra” (p. 54).

En el texto reflexionan sobre “los distintos llamados zapatistas” y sobre cómo “estar juntxs y organizadxs en la defensa de la vida” que es “para nosotrxs una forma de arte: el arte de la re-existencia” (p. 54). La creatividad y potencia de este trabajo polifónico reside no solo en mostrar, en tres partes, cómo “las lucecitas que nacen en la noche brillan una a una” (p. 62) y, simultáneamente, todas a la vez, sino también en invitarnos a pensar en que “el mundo funciona en crisis constante” y “la sociedad global se está derrumbando” (p. 61). Aun así, afirman que “esas lucecitas voladoras son esperanza que no se puede apagar” (p. 62).

En el apartado “Mujeres y Zapatismos”, diversas autoras comparten memorias y aprendizajes situados. Rosa Itandehui Olivera Chávez expone: “cuando me lleno de desesperanza vuelvo a la imagen de mí jugando a ser Ramona en Primavera” (p. 67). Marina Cadaval Narezo resume sus aprendizajes zapatistas con las frases: “la comunidad cuida” y “recibimos de quienes se decía no tenían nada que ofrecer, y aprendimos de quienes se decía no tenían nada que enseñar” (p. 69). Brenda Rodríguez, mujer migrante de color viviendo en tierras europeas, describe las propuestas zapatistas por la defensa de la vida y en contra de todos los sistemas de opresión deshumanizantes como “semillas que vuelan, semillas de esperanza y rebeldía que van recorriendo todos los rincones del planeta, inspirando a miles de personas” (p. 70) y recuerda la importancia de ser y de relacionarnos entre nosotrxs de otras formas, ya que estos aprendizajes nos han mostrado que en las comunidades zapatistas “no existen feminicidios ni desapariciones de mujeres (EZLN 2019)”, lo que implica habitar y construir un mundo diferente. Por su parte, Zuelika Bibi Sheik y Constance Dupois señalan que: “los árboles son nuestros maestros” y que es necesario atender el llamado a regresar al bosque de las mujeres zapatistas, ya que de ahí “surge un conocimiento de las raíces entrelazadas bajo nuestros pies descalzos, nos damos cuenta de que, cuando competimos, ninguna de nosotras gana” (p. 77).

El capítulo 3 “Madre Tierra como subjetividad. Principios de buen gobierno, memoria, territorio y autonomía”, elaborado por Rocío N. Martínez González (Ts’ujul), expone su experiencia etnográfica (entre 2006 y 2014) en una de las fiestas más antiguas del calendario maya tsotsil en el Municipio Autónomo de Polhó mostrando cómo la autonomía se vive y se reproduce desde prácticas comunitarias concretas.

“Conocer el mundo en clave zapatista” (capítulo 4) fue escrito por Daliri Oropeza, quien narra la experiencia de Ki´tik, adolescente a quien entrevistó en territorio zapatista entre 2017 y 2020, quien ha estudiado en la escuela autónoma y a quien le preocupa el cuidado de la tierra. Además, Ki’tik y su madre, a través del trabajo de Oropeza, relatan sus perspectivas sobre los aprendizajes zapatistas desde el levantamiento en 1994 hasta la gira por Europa. Así K’itik expone: “Yo nací siendo zapatista y cuando tuve conciencia, pues vi realmente el por qué estábamos luchando” (p. 135).

El capítulo 5 “Caminar con el zapatismo, construir comunidad y esperanza”, de Inés Durán Matute, investigadora-activista, y Rocío Moreno, comunera de la comunidad coca de Mezcala, Jalisco, recupera memorias desde 1994, pasando por la creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996, las palabras de la comandanta Ramona y del Subcomandante Moisés para construir comunidad y continuar con esperanza para defender la vida. Es un texto de diálogos fraternos, entre agosto y septiembre de 2021, en un compromiso por romper las formas tradicionales de hacer investigación. En dicho capítulo, se presentan las voces de: Manuel Jacobo, del pueblo coca de Mezcala Jalisco, Maricela Mejía, del pueblo hñahñu de Santiago Mexquititlán, Querétaro, Juan Dionicio, del pueblo hñahñu de San Pedro Atlapulco, Estado de México, y de Valiana Aguilar, del pueblo maya de Sinanché, Yucatán. Todxs ellxs hablan de la dignidad, de las mujeres que luchan, de la autonomía, hasta la gira del Escuadrón 421 hacia Slumil K’ajxemk’op.

“De por sí lo que hemos aprendido es a aprender”: trazos de una epistemología zapatista” es el capítulo 6 escrito por Andrea Fajardo Camacho. Es un texto en el que la autora, feminista integrante del colectivo Tierra Negra de Cali, Colombia, describe su posicionamiento dentro de la academia en el marco de una guerra epistémica colonial, patriarcal y capital, pero también de las grietas. Particularmente, se centra en recuperar autores y activistas que han tratado de ir más allá de la dicotomía academia-activismo. El trabajo de Xochitl Leyva inspira una gran parte de las reflexiones sobre metodología anticolonial activista de este trabajo que se pregunta para qué y contra qué. También trata las tensiones teóricas y metodológicas al cambiar la perspectiva de “objetos de estudio” por “compañerxs de lucha”, reconfigurando la relación epistémica hacia un “aprender a aprender”, y propone la idea de “epistemología zapatista” como “la lucha por la vida en su sentido más radical”, como “una forma de aprender a aprender no desde los centros hegemónicos, sino desde abajo y a la izquierda; no desde los conocimientos o prácticas de dominación, sino desde la resistencia cotidiana de lxs oprimidxs; no para ajustar cuentas con los calendarios y geografías dominantes, sino para inaugurar tiempos y modos de vida otrxs que, como nos han enseñado los pueblos andinos y amazónicos, apuesten por un “Buen Vivir” (p. 203).

Así Fajardo explica que el proceso de investigar con otrxs implica: “tomar postura en un escenario de guerra que no era posible sino a través de una lucha por la vida, con la plena certeza de que la Tormenta de la que hablan los compañerxs zapatistas nos demanda generar conocimiento que nos permita entender los distintos mecanismos de opresión de la Hidra, así como el necesario encuentro con quienes luchan desde múltiples frentes” (p. 189).

El capítulo 7, “Una cuota de energía al tejido de la vida” de Diana Itzu Gutiérrez Luna, es un trabajo sumergido en la sinergia de la dialéctica del Caracol-Corazón (Puy-O’tan), relacionada con la expresión territorial autónoma zapatista. Esta dialéctica se sostiene a través de varios hilos desarrollados por la autora.  El primer hilo de las tres R (autonomías) se refiere a: Recuperación de las tierras, Re-configuración territorial, desde los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y la Re-significación territorial, desde la dinámica de los Caracoles zapatistas.  Otro hilo son las tres A (libertad), relacionado con: a) autogobierno, b) autosustento material desde las filosofías de vida indígenas zapatistas y c) autodefensa, generando formas de resistencias-rebeldías con actos de no guerra (p. 217). También están las trece semillas (dignidad): tierra, techo, trabajo, educación, salud, alimentación, comunicación, cultura, libertad, democracia, justicia, paz y autonomías (p. 219); los siete principios: bajar y no subir, construir y no destruir, convencer y no vencer, proponer y no imponer, representar y no suplantar, servir y no servirse, mandar obedeciendo (p. 219), y las siete direcciones entendidas como “rutas rizomáticas” y una que muestran múltiples posibilidades de integralidad y totalidad: “norte, sur, este, oeste, centro, arriba y abajo” (p. 220). Además, Gutiérrez Luna recupera los aprendizajes de las mujeres zapatistas frente a la guerra, tales como las experiencias de autonomía, de trabajo colectivo, de participación política, y de defensa del territorio. En el capítulo también aborda  la figura de la muertéfora como una metáfora de aniquilación del imaginario colectivo con la muerte como único destino.

El libro cuenta también con la participación de una de las pioneras de la antropología feminista, Mercedes Olivera Bustamante, autora del capítulo 8, titulado “Lecciones a las feministas de las mujeres zapatistas”. Se trata de un texto publicado de manera póstuma, en el que la autora reflexiona sobre el feminismo indígena, acompañado de una carta dedicada a la Comandanta Ramona, escrita por Olivera en 2018. El capítulo se complementa, además, con dos entrevistas realizadas por Emma Gascó y Aluminé Cabrera a la antropóloga feminista.

La voz de Sylvia Marcos robustece el libro con el capítulo 9 “Aprendiendo de las zapatistas. Tejiendo hilos en la preparación del encuentro europeo con la Travesía por la Vida, Escuadrón 421”. En este texto explica cómo el zapatismo es una propuesta vital, pero también una propuesta relacional. Las aproximaciones del zapatismo, planteadas por la autora, distinguen, pero al mismo tiempo articulan, lo femenino y lo masculino a través de la concepción otroa; destacan el papel de las zapatistas y su participación activa, así como los procesos de descolonización del feminismo. En estas propuestas, los derechos colectivos son importantes, pero también el derecho al descanso y al disfrute. Estas reflexiones resultan fundamentales para seguir pensando críticamente y provienen de cursos impartidos por Sylvia Marcos en las comunidades zapatistas.

Al final del libro se incorpora “JUKUB: Poems from Chiapas for the Reverse Conquest” como capítulo 10. Este reúne los versos de poetas y poetizas de Chiapas escritos originalmente en ch’ol y tsotsil, dos de las casi setenta lenguas que se hablan en México, y traducidos al español y al inglés, en un ejercicio que las y los autores definen como una “navegación rebelde lingüística a través de la poesía”.

El volumen reúne voces poéticas diversas, como las de Miriam Esperanza Hernández Vázquez y Canario de la Cruz, desde el ch’ol, así como la de Edgar Darinel García, desde el tsotsil, articuladas por una defensa compartida de la resistencia lingüística y del poder de la poesía, tanto para impugnar el mundo tal como está constituido como para imaginar y trazar los contornos de otras posibilidades.

Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas. Tomo II no es solo un libro para leer, sino un libro para caminar, escuchar y aprender colectivamente. Desde múltiples registros, teóricos, testimoniales, artísticos y poéticos, el volumen confirma que el zapatismo no es un objeto de estudio, sino una práctica viva que interpela nuestras formas de investigar, enseñar, estudiar y habitar el mundo. Para quienes investigamos desde Chiapas y desde los feminismos críticos, este libro reafirma que aprender de las mujeres zapatistas implica descentrar la academia, asumir una ética relacional y comprometida con la vida, y reconocer que los horizontes de justicia, autonomía y dignidad se siguen tejiendo, día a día, desde abajo y a la izquierda. ¡Viva la dignidad rebelde de las mujeres y otroas zapatistas!

______________________

*Reseña del Libro: Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas, Tomo II de la Colección Al Faro Zapatista, editoras Xochitl Leyva Solano y Lola Cubells Aguilar, 2025, CLACSO, Cooperativa Editorial Retos, Cátedra Jorge Alonso, CUSCH-Universidad de Guadalajara, Traficantes de Sueños. El tomo II así como el I y el III se pueden adquirir en la librería de Traficantes de Sueños en Madrid y, en toda España y Europa, a través de su web: https://traficantes.net/ Para mayor información de la colección y de las autoras ir a https://alfarozapatista.jkopkutik.org/

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Avispa

Campesinos por la mañana, pintores por la tarde: el Zapatismo, estética, arte y política

Fuente: Avispa

Foto de portada: Francisco De Parres Gómez

por Jan Blažek

En entrevista con el antropólogo y comunicador mexicano, Francisco De Parres Gómez, se analizan las agresiones contra el zapatismo no como hechos aislados, sino engranajes clave del despliegue de los megaproyectos y de la disputa por el control territorial, en lo que denomina como un “Triángulo del despojo”, entre violencia estatal, permisibilidad del crimen organizado y debilitamiento paulatino del tejido comunitario: Frente a ello, las comunidades resisten desde las artes vinculadas a la política.


¿Qué nos dice el sexenio de AMLO sobre los límites del progresismo frente a los movimientos autónomos?

Podemos pensar como ha analizado Raúl Zibechi sobre otros contextos latinoamericanos, que el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) volvió a demostrar que los llamados gobiernos progresistas no necesariamente representan un terreno más favorable para los movimientos sociales, vemos casos como los de Gabriel Boric en Chile o Rafael Correo en Ecuador, por mencionar algunos; en muchos casos, incluso, los confrontan con mayor dureza que los gobiernos abiertamente conservadores. MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional, partido político en el poder) no se constituyó como un espacio plural donde cupieran las diferencias políticas, territoriales y culturales del país, sino como un proyecto que redujo la diversidad a una noción abstracta de ciudadanía, funcional al orden colonial existente. Aunque México reconoce oficialmente la existencia de 68 pueblos originarios, durante este periodo no se desarrollaron políticas públicas diferenciadas que atendieran las realidades específicas de las comunidades indígenas ni de la población afrodescendiente en sus distintos territorios y necesidades.

A lo largo de su gobierno se consolidó una forma de relación con los pueblos basada en la espectacularización y la folklorización de sus luchas, ejemplo de ello es la entrega del bastón de mando en la toma de posesión presidencial. Las demandas históricas fueron convertidas en símbolos vaciados de contenido político, lo que derivó en una apropiación discursiva de consignas zapatistas como el “Mandar Obedeciendo” y en un retorno a prácticas clásicas del indigenismo de Estado. Mientras se construía una narrativa de cercanía con “el pueblo”, en los hechos se descalificó y minimizó al zapatismo, pero también a otros actores incómodos: el movimiento feminista, las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, periodistas críticos, universitarios que buscan sus derechos, y poblaciones migrantes que denunciaban la violencia estructural.

En términos estructurales, el legado del obradorismo no significó una ruptura con el neoliberalismo, sino su profundización bajo nuevas formas adaptativas del Estado a las lógicas globales. Se promovió la corporativización de múltiples movimientos sociales y se debilitó el tejido comunitario a través de programas que individualizaron el acceso a los recursos públicos, mismo caso por ejemplo del gobierno de Lula da Silva en Brasil. Iniciativas como Sembrando Vida fueron rebautizadas irónicamente en muchas comunidades como “sembrando envidia” o “sembrando latas”, debido a que los apoyos no se redistribuían colectivamente, generaban conflictos internos y, en algunos casos, se vincularon más con la devastación ambiental que con la reforestación. Algo similar ocurrió con Jóvenes Construyendo el Futuro, que en ciertos territorios se asoció a procesos de precarización, alcoholismo y consumo de drogas, sin atender las causas profundas de la exclusión social.

A pesar de haber prometido el regreso del Ejército a los cuarteles incluso como una de sus banderas de campaña, el sexenio de AMLO se caracterizó por una expansión inédita del presupuesto militar y por la normalización de una policía de corte castrense desplegada en todo el país. Si bien el presidente intentó modificar algunas dinámicas del régimen político, quedó claro que las transformaciones de fondo no pueden emanar de la Presidencia cuando el Estado mismo opera como una estructura neocolonial. Los cambios reales, como han insistido los pueblos en resistencia, solo pueden construirse desde abajo: desde las comunidades, los barrios y los territorios organizados, muestra de ello son las comunidades zapatistas, el pueblo kurdo constantemente atacado y como el pueblo más grande del mundo sin Estado, o las comunidades mapuche que luchan por defender la Patagonia en contra de los intereses inmobiliarios sionistas o de familias como la Benetton que concentra alrededor de un millón de hectáreas en la región.

A esto se suma un modelo de gobernabilidad sustentado en la administración del conflicto social. En lugar de entablar diálogos horizontales con las organizaciones, el gobierno optó por mecanismos de negociación desiguales, procesos de cooptación de lideranzas y políticas asistencialistas que fragmentaron luchas colectivas de larga duración. Bajo el discurso de la llamada “Cuarta Transformación”, no se desmontaron las estructuras heredadas del neoliberalismo; por el contrario, se reforzaron y legitimaron mediante una retórica progresista que terminó reproduciendo el mismo orden que decía cuestionar, ya que a pesar de haber una redistribución del gasto público, el modelo de acumulación propio del capitalismo se mantuvo.

En ese contexto, el zapatismo ha seguido a lo largo de por lo menos siete sexenios como una de las voces más incómodas para el poder. Su insistencia en la autonomía, la autogestión y la crítica frontal al Estado puso en evidencia los límites del proyecto obradorista. Frente a ello, AMLO optó por caricaturizar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), acusarlo de frenar el progreso o invisibilizar sus aportes, antes que reconocer que en los Caracoles como territorios autónomos, se han construido experiencias concretas de vida comunitaria, dignidad y organización colectiva. El saldo final de su sexenio no es la superación del neoliberalismo, sino la confirmación de que incluso un Estado autodenominado progresista sigue funcionando como un dispositivo colonial que asfixia a los movimientos cuando estos desbordan los márgenes de control institucional y plantean otras formas de existencia.

Foto: Francisco De Parres Gómez.

¿Cómo interpretas el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum frente al zapatismo, considerando que ha declarado una relación de “respeto”, pero también su compromiso con el proyecto de MORENA? ¿Estamos ante una simple continuidad del obradorismo?

Lamentablemente, todo indica que el escenario puede ser incluso más adverso. Por primera vez en la historia de México, el poder ejecutivo adopta la figura de una mujer con formación científica y un discurso ilustrado, pero ese cambio de rostro no implica una ruptura con las estructuras profundas del poder. Aunque Sheinbaum se presenta como una presidenta progresista, su proyecto no cuestiona el modelo de acumulación capitalista ni la noción de “desarrollo” que lo sostiene. En los hechos, su administración apunta a una profundización del militarismo y del neoliberalismo, sin intención alguna de desmontar las bases económicas y políticas que producen desigualdad y despojo.

El discurso oficial insiste en la inclusión y el respeto, pero en la práctica se consolida la militarización del país y la convivencia estructural entre el Estado, la corrupción por más que se ha dicho combatir y el crimen organizado. La apropiación de consignas y frases del zapatismo puede generar la impresión de que los movimientos sociales han alcanzado el poder, cuando en realidad se observa una continuidad del extractivismo, del control territorial y de la subordinación de las comunidades. En lugar de fortalecer sistemas públicos de salud y educación, se priorizan dispositivos de control estatal, como la Clave Única de Registro de Población con datos biométricos, que operan más como herramientas de vigilancia que como garantías efectivas de derechos, significando así el avance más aún hacia sociedades de control.

Como ocurrió con el gobierno anterior, es necesario situar a Sheinbaum en una coyuntura histórica y geopolítica más amplia. El mundo atraviesa una reconfiguración profunda marcada por múltiples crisis —climática, financiera, bélica— frente a las cuales el orden imperial responde intensificando la violencia y administrando la muerte para sostener la acumulación capitalista, lo más reciente de ello es el intervencionismo estadounidense que secuestró a Nicolás Maduro en Venezuela, las amenazas a Petro o los intereses neocoloniales sobre Groenlandia. El Subcomandante Galeano (antes Marcos) lo expresó con claridad brutal: la guerra que hoy arrasa Gaza no es un fenómeno distante, sino un anticipo de lo que puede extenderse a otros territorios si no se modifica el rumbo civilizatorio. El mensaje es que es cuestión de tiempo para que los misiles caigan sobre nuestras casas.

Frente a ese panorama, el zapatismo plantea una alternativa radicalmente distinta. No un internacionalismo de Estados y fronteras o desde la figura obrera como motor de la lucha de clases, sino un internacionalismo tejido desde abajo, entre pueblos y resistencias diversas que defienden la vida frente a la necropolítica. La “Travesía por la Vida” de 2021 es un ejemplo contundente: al recorrer 19 países europeos, los zapatistas se encontraron con el pueblo Sami, colectivos okupas, anarquistas, sindicatos, trabajadoras sexuales y personas migrantes, demostrando que su lucha no es local ni folclórica, sino una propuesta que se puede universalizar en clave de dignidad y autonomía.

Lo más preocupante del proyecto de Sheinbaum es que, bajo una retórica de cambio y con un rostro progresista femenino, puede reforzar la ilusión de que las transformaciones profundas son posibles desde el aparato estatal, no obstante, la experiencia histórica muestra que ninguna estructura colonial puede convertirse en herramienta de emancipación. Todo apunta a una gestión de la crisis que no altera sus causas: más megaproyectos, mayor deuda ecológica y una expansión del aparato militar como garantía de “orden” y “progreso”. La trampa es doble: mientras se invoca el feminismo o los derechos humanos, se intensifica el control social y se reprimen las disidencias que desbordan los márgenes del poder.

Por eso, frente a la continuidad neocolonial maquillada con un rostro femenino, el zapatismo vuelve a colocar una lección fundamental: las alternativas reales no surgirán de arriba ni de los procesos electorales o las urnas, sino desde abajo y a la izquierda, desde los territorios que se niegan a ser gobernados por la lógica del capital. Ahí reside el contraste decisivo: mientras el Estado perfecciona sus mecanismos de vigilancia y militarización, los pueblos siguen construyendo, en silencio y con persistencia, caminos de autonomía y de vida.

Al analizar el proyecto político de MORENA y el gobierno de Claudia Sheinbaum, resulta inevitable hablar de los megaproyectos, en particular del Tren Maya. ¿De qué manera impactan estos proyectos en las comunidades zapatistas?

El mal llamado Tren Maya no puede entenderse como una obra aislada ni como un simple proyecto de infraestructura turística. Forma parte de una transformación territorial de largo aliento que viene reconfigurando el país desde hace años. Pablo González Casanova advertía que México podía llegar a fragmentarse como ocurrió con la antigua Yugoeslavia, y hoy esa advertencia se materializa en un modelo de desarrollo regional orientado a insertar los territorios en los circuitos del capital transnacional. En el norte se concentra la acumulación financiera; en el centro, el Proyecto Integral Morelos garantiza energía para la industria; y en el sureste, el Corredor Interoceánico articula Oaxaca y Veracruz como eje de circulación de mercancías, función similar a la que hace ahora el Canal de Panamá. En ese esquema, el Tren Maya funciona como el engranaje turístico de una operación mayor: una suerte de parque temático donde los pueblos originarios son exhibidos como folclor, al ejemplo de Xcaret, mientras se les arrebata el control sobre sus territorios y sus formas de vida.

Como señaló en su momento el Subcomandante Marcos, la expansión del capital no ocurre de manera neutral, sino a través de ciclos de destrucción, desploblamiento, reconstrucción y repoblamiento, ahí tenemos los videos realizados con Inteligencia Artificial que muestran a Donald Trump e Elon Musk con el proyecto hotelero y de resorts de primer mundo en la franja de Gaza. Primero se arrasan los territorios en su dimensión material y cultural; después, las comunidades son desplazadas o precarizadas en forma de etnocidio, y en su lugar desembarcan las corporaciones acompañadas por el aparato legal, la presencia militar y el crimen organizado. En México tenemos ejemplos históricos de ello como en Acapulco, en Los Cabos o en Baja California. A esta ofensiva se suman dinámicas de disciplinamiento social como la trata de personas y la esclavitud sexual, el tráfico de drogas y el alcoholismo, que erosionan deliberadamente el tejido comunitario. Solo entonces el capital instala su modelo: turismo masivo, resorts, maquilas, campos de golf.

El Tren Maya no es más que la avanzada visible de este proceso de devastación, una política que mercantiliza la vida y convierte la cultura en espectáculo, o lo que eufemísticamente se empeñan en llamar “Polos de Desarrollo”. No es casual que la propia Claudia Sheinbaum haya afirmado que se trata apenas del comienzo y que vendrán muchos proyectos similares, incluyendo trenes.

Desde esta perspectiva, las comunidades zapatistas, aunque no todas se encuentren directamente sobre el trazo del tren, se saben en el centro del riesgo debido a la colindancia. Lo que está en disputa no es únicamente una vía férrea, sino la imposición de un modelo civilizatorio incompatible con la autonomía indígena. El zapatismo, al defender la tierra como madre y no como mercancía, se convierte en un obstáculo central para quienes buscan transformar el sureste en una plataforma de negocios globales. Por eso, la oposición al Tren Maya rebasa la crítica a una obra específica o al gobierno en turno: es una confrontación directa con la necropolítica que convierte regiones enteras en territorios de sacrificio al servicio del capital.

¿Podemos centrarnos ahora en la situación de seguridad en Chiapas? ¿Hemos sido testigos de ataques directos del Estado en el territorio zapatista durante los mandatos de Obrador o Sheinbaum?

En los últimos meses se documentó un despojo violento contra el Poblado Autónomo Zapatista Belén, en la región campesina del Caracol 8 “La Luz que Resplandece al Mundo” (Dolores Hidalgo, Ocosingo). La Asamblea de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (ACGAZ) denunció que, desde abril de 2025, se han ejecutado incursiones en las que participaron grupos civiles acompañados por el Ejército federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y la Fiscalía estatal, bajo el disfraz de un “conflicto agrario”. En los operativos se reportaron quema de casas, robos y el despojo documentado en redes oficiales. Es clave: las tierras ya habían sido indemnizadas por el Estado tras 1994 y hoy se trabajan en común por comunidades zapatistas y no zapatistas; incluso, cerca se levanta un quirófano autogestivo de acceso comunitario. Posteriormente hubo una otra incursión represiva con presencia militar en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum (la primera, en abril de 2025, con detención ilegal de dos bases de apoyo, liberadas por presión social). Todo ello confirma un cerco estatal de facto sobre el territorio autónomo.

A la par, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) denunció estrategias de cercamiento y despojo en Belén: al menos 13 bases de apoyo desplazadas forzadamente y afectaciones a campesinos no zapatistas que participan en la Milpa Común. La finalidad señalada por Frayba es convertir territorio recuperado en “tierra privada”, en un contexto de militarización (incluidas las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal – FRIP o “pakales”, cuerpo de élite estatal con múltiples señalamientos por abusos). Esto se suma a un escenario de violencias superpuestas (enfrentamientos, trata, desplazamientos, desapariciones). No es un hecho aislado: es contrainsurgencia que busca romper el común y las autonomías.

Sabemos, por ejemplo, que el gobierno ha realizado fotogrametría aérea para el reconocimiento de las comunidades autónomas en Chiapas, lo que constituye una práctica de control territorial disfrazada de monitoreo técnico. De las filtraciones reveladas por Guacamaya Leaks también se desprende que ciertos grupos de entrenamiento policial mantienen vínculos con el Mossad israelí, lo que demuestra que la contrainsurgencia no es sólo local, sino parte de un engranaje transnacional, véase el avión de guerra estadounidense que aterrizó en días recientes en México para entrenar a las fuerzas del Estado de la mano de García Harfuch. En abril del año pasado, durante el festival zapatista de arte Rebel y Revel (Arte), el Estado envió camionetas de la Guardia Nacional a patrullar los alrededores del Centro Indígena de Capacitación Integral. Allí había miles de personas de las comunidades autónomas y de la solidaridad internacional: un gesto de clara intimidación. Más grave aún, la policía local, la federal y el ejército detuvieron y desaparecieron a dos bases de apoyo zapatistas. Solo gracias a la presión inmediata de la sociedad civil nacional e internacional pudieron ser liberados. 

La guerra también se libra con balas ideológicas, comunicativas y culturales. Hemos sido testigos de campañas de contrainsurgencia mediática que buscan estigmatizar al zapatismo, difundiendo rumores absurdos como que los zapatistas “no dejan entrar a su territorio porque se quieren quedar con el uranio de Chiapas”. Estos discursos buscan aislarlos, denostar su resistencia y justificar un clima de persecución. Chiapas ha sido en varias ocasiones el estado más militarizado de México, pero la situación es aún más compleja: no se trata solo de la presencia del Estado, sino de un escenario donde confluyen múltiples violencias. Los propios zapatistas lo han descrito con crudeza: Chiapas está “al borde de la guerra civil”. El tejido social se fractura cada vez más, como lo han documentado reiteradamente los informes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas. 

Chiapas hoy es un territorio atravesado por caravanas migrantes, por redes de trata y tráfico y explotación de personas, y por la disputa abierta de los dos cárteles más poderosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa. En medio de este tablero, las comunidades zapatistas quedan expuestas a múltiples fuegos: la violencia criminal, la militarización estatal y la descomposición comunitaria que provocan estas dinámicas, o lo que podríamos pensar como un “triángulo del despojo”. El Estado puede decir que “no hay guerra” contra el EZLN, pero en la práctica el cerco es permanente. 

Foto: Francisco De Parres Gómez.

En el contexto actual, donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha ganado control sobre la frontera sur y el conflicto con el Cártel de Sinaloa se intensifica, ¿qué implicaciones tiene esto para Chiapas y para las comunidades zapatistas?

El avance del crimen organizado sobre territorios autónomos, advertido ya por el Subcomandante Moisés, ha entrado en una nueva fase en la que se combina con acciones estatales, legales o incentivación de conflictos locales, con procesos de despojo formalmente legalizados como los megaproyectos. El crimen organizado no es una anomalía, es uno más de los brazos del capitalismo contemporáneo que asegura la acumulación por desposesión de la que habla David Harvey. La confrontación entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa ha convertido la frontera sur en una zona estratégica para el tráfico de drogas, armas y personas, así como para redes de extorsión, mientras el Estado incrementa la vigilancia, despliega fuerzas armadas o interviene en territorios zapatistas bajo el argumento de conflictos agrarios. El resultado no es una pacificación, sino un cerco complejo donde confluyen la violencia criminal, la militarización institucional y una erosión acelerada del tejido comunitario.

Este asedio no opera únicamente en el plano armado. También se expresa en el terreno simbólico y cultural. La estética del narco, como los corridos que glorifican la violencia, ostentación material y sexualización extrema de los cuerpos, se infiltra en la vida cotidiana como una forma de colonización subjetiva que busca sustituir la lógica del común por una economía del miedo y del consumo. El reciente caso del poblado autónomo Belén muestra con claridad cómo esta convergencia entre intereses criminales y estatales presiona para privatizar tierras recuperadas y trabajadas colectivamente, atacando de forma directa los pilares materiales de la autonomía. Frente a este escenario, la defensa zapatista de la vida y del común adquiere un carácter aún más urgente y radical en el sentido de ir a la raíz.

La gravedad de la situación se profundiza con la aparición de fenómenos como el llamado Cártel de Chamula, considerado el primer cártel indígena en México. Integrado por pobladores tzotziles, grupo que ha sido denunciado por prácticas extremas como el denominado “etnoporno”, en el que mujeres indígenas son esclavizadas sexualmente y videograbadas. Estos hechos evidencian no solo la crueldad del crimen organizado, sino también su capacidad para apropiarse de violencias coloniales y patriarcales históricas, reconfigurándolas como mercancía dentro de economías ilícitas. Mismos fenómenos audiovisuales podemos presenciar con la aparición de productoras musicales que realizan videoclips que exaltan los estereotipos promovidos por el crimen organizado, en suma, a filmes de manufactura casera como “Campesinos a la Mafia”.

Desde esta perspectiva, el crimen organizado no puede entenderse como un actor marginal o una anomalía del sistema. Funciona, más bien, como una de las corporaciones más eficientes del capitalismo contemporáneo, inscrita en procesos de acumulación por desposesión que combinan militarización y violencia delincuencial, tal como lo ha señalado William Robinson y Gilberto López y Rivas. Los cárteles disputan territorios, instauran regímenes de control y terror social y se integran a circuitos globales de capital ilícito que terminan blanqueándose en el sistema financiero internacional. Bajo estas condiciones, la frontera sur se transforma en un espacio clave: corredor migratorio, ruta de economías ilegales, enclave de trata y laboratorio de disciplinamiento social.

En medio de este cerco múltiple, la autonomía zapatista se afirma como una forma de resistencia radical y defensa del territorio. Mientras el necro-capitalismo ofrece la muerte rápida o prolongada como horizonte, los pueblos insisten en la vida digna como principio organizador. Defender la tierra, la memoria y la comunidad se convierte así en un rechazo frontal a una lógica que reduce todo a mercancía, incluidos los cuerpos, y en una apuesta concreta por sostener otros mundos posibles en condiciones extremas.

Francisco, ante este escenario marcado por la militarización y la presencia de múltiples grupos armados, ¿existen enfrentamientos armados directos entre el zapatismo y estos actores?

No existen registros de choques armados abiertos entre el EZLN y otros grupos, pero sí se ha documentado una serie de agresiones sistemáticas orientadas a erosionar las bases materiales de la autonomía. Estas acciones incluyen incendios de viviendas, saqueo de cosechas y destrucción de proyectos colectivos, y en los últimos años se han intensificado con la participación directa o indirecta de fuerzas estatales y estructuras paramilitares. En Chiapas operaron históricamente grupos como Máscara Roja, Los Chinchulines o el perversamente llamado Paz y Justicia; hoy, ese entramado se reconfigura con actores locales y con cuerpos estatales de élite como las FRIP, conocidas como “pakales”, que actúan en un clima de impunidad. Se trata de un mecanismo de violencia externalizada: mientras el Estado sostiene un discurso de legalidad, delega el trabajo represivo en intermediarios civiles o armados que facilitan el despojo y allanan el terreno para intereses económicos mayores. El reciente caso de Belén marca un punto de inflexión que confirma la persistencia de esta lógica contrainsurgente, aún cuando el zapatismo se empeña en fundar un “Quirófano en la Selva Lacandona”.

En este contexto, la Organización Regional de Caficultores de Ocosingo (Histórica) ha incrementado sus ataques contra las bases de apoyo zapatistas mediante amenazas, hostigamientos y el uso de armas de fuego con el objetivo de arrebatar tierras. Estas agresiones no buscan únicamente el desplazamiento físico de las comunidades, sino la destrucción deliberada de los proyectos productivos que sostienen la vida autónoma. Existen denuncias documentadas de prácticas como el envenenamiento de estanques de peces, el asesinato de ganado y la devastación de cultivos. No se trata de estallidos aislados de violencia, sino de una estrategia prolongada de desgaste destinada a cortar la autosuficiencia comunitaria y forzar a las poblaciones a reinsertarse en relaciones de dependencia con el Estado o con poderes locales.

Este escenario confirma que el paramilitarismo no opera de manera autónoma ni es marginal al Estado. Forma parte de una red más amplia donde confluyen cacicazgos regionales, intereses de corporaciones extractivas transnacionales, dinámicas del crimen organizado y la complicidad, por acción u omisión, de distintas instancias estatales. Las agresiones contra el zapatismo resultan funcionales a la expansión de megaproyectos y al control territorial del sureste del país. Al debilitar a las comunidades autónomas, se despeja el camino para la militarización, el turismo depredador y las grandes inversiones. Lo que suele presentarse como un conflicto local es, en realidad, una pieza estratégica de la necropolítica capitalista que busca eliminar cualquier experiencia que coloque la vida y la autonomía por encima de la lógica del lucro.

¿Existe un vínculo entre los grupos paramilitares y las instituciones del Estado?

Sí, existe un vínculo de carácter estructural. Desde la década de los noventa, la política contrainsurgente en México ha operado mediante la promoción, tolerancia o encubrimiento de grupos armados presentados como “civiles”, mientras los despojos territoriales se ejecutan con respaldo o cobertura de instancias militares, policiales y ministeriales. El caso reciente de Belén lo documenta con claridad: incursiones denunciadas con presencia del Ejército Federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y personal de la Fiscalía; resoluciones aceleradas y operativos de despojo difundidos incluso por canales oficiales. De este modo, el Estado desplaza la violencia hacia terceros, garantiza la impunidad y difunde la idea de que la autonomía es ilegal y que los bienes comunes pueden ser convertidos en propiedad privada.

En la práctica, estos grupos armados actúan con armas de uso exclusivo del Ejército, bajo la protección de autoridades locales y en coordinación con corporaciones de seguridad federales. No se trata únicamente de tolerancia pasiva: en numerosos casos, los paramilitares funcionan como extensiones informales de la política estatal, ejecutando tareas que el gobierno no puede asumir abiertamente sin asumir costos políticos o legales.

Esta relación resulta funcional porque permite al poder administrar la violencia sin aparecer directamente como responsable. La tercerización del uso de la fuerza es un rasgo central de la necropolítica contemporánea: el Estado decide quién puede permanecer en el territorio y quién debe ser expulsado, quién tiene derecho a sembrar y quién queda condenado al desplazamiento o a la muerte, pero lo hace de manera indirecta, a través de intermediarios que operan bajo el amparo de la impunidad.

Foto: Francisco De Parres Gómez.

Hasta ahora hemos hablado principalmente de los enemigos del Zapatismo. ¿Aparte del Congreso Nacional Indígena, existen en la sociedad mexicana algunos aliados claves, especialmente en contexto urbano?

Además del Congreso Nacional Indígena, existen en el país aliados urbanos que se han inspirado directamente en la experiencia zapatista. Un ejemplo fundamental es la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), que desde sus orígenes se reconoció en el espejo del zapatismo. Esta organización firmó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y más recientemente la Declaración por la Vida. Sus comunidades autónomas pueden pensarse como Caracoles urbanos, espacios donde se ejercen prácticas de autogobierno, de organización colectiva y de construcción de autonomía en contextos metropolitanos. Zibechi las ha descrito como la experiencia de autonomía urbana más grande de América Latina. 

La OPFVII tiene varios asentamientos en la Ciudad de México. Uno de los más significativos es Acapatzingo, en la delegación Iztapalapa, un verdadero oasis al interior de una de las zonas más empobrecidas y violentas de la capital. Allí, detrás de sus puertas, las y los integrantes han construido una cotidianidad distinta: cuentan con su propio sistema educativo, una radio comunitaria, servicios de salud autónomos y una rica vida simbólica y ritual en torno a la figura de Los Panchos o Las Panchas, que funcionan como referentes de identidad colectiva. Todo esto no es un simple “programa social”, sino una lógica de reproducción de la vida que rechaza la propiedad privada y pone en el centro la dignidad.  

La experiencia de la OPFVII muestra que la autonomía zapatista no es sólo rural ni indígena: puede adaptarse al espacio urbano y convertirse en una alternativa concreta frente a la marginalidad y la violencia de las ciudades. En tiempos de gentrificación acelerada, Acapatzingo y otros asentamientos de la organización plantean un horizonte distinto: la defensa del territorio urbano como lugar de vida, no como mercancía inmobiliaria. Es una propuesta que dialoga directamente con los movimientos anti-gentrificación que hoy emergen en la Ciudad de México, ofreciendo un ejemplo de que es posible habitar la ciudad sin entregarla al mercado. En este sentido, el zapatismo no está aislado en las montañas de Chiapas. Sus ecos resuenan en barrios y colonias populares que, como OPFVII, se organizan para vivir de otra manera. Estos aliados urbanos son clave porque muestran que la autonomía no es una utopía lejana, sino una práctica concreta que se ejerce día a día en contextos hostiles. 

Jérôme Baschet ha señalado que la reciente reorganización de las instituciones autónomas zapatistas implicó invertir la pirámide del poder y fortalecer a las comunidades locales. ¿Cómo valoras este proceso?

Las modificaciones anunciadas en el contexto del 30 aniversario del levantamiento zapatista, en 2024, constituyen uno de los movimientos más significativos dentro de la historia reciente de la autonomía. Se trata de un ejercicio profundamente reflexivo, en el que las propias comunidades evaluaron críticamente sus formas de organización y decidieron transformarlas. Uno de los cambios más relevantes fue la desaparición de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Durante años, la estructura organizativa se articuló de manera escalonada: pueblos que conformaban comunidades, comunidades que integraban municipios autónomos y municipios que, a su vez, daban forma a los Caracoles. Con el tiempo, las comunidades reconocieron que este esquema no siempre garantizaba el principio del “Mandar Obedeciendo”, pues en ciertos momentos se generaron inercias de concentración del poder, particularmente en las Juntas de Buen Gobierno.

A partir de ese diagnóstico, se optó por un proceso de descentralización profunda. La toma de decisiones regresó a las bases y se reforzó el nivel comunitario como núcleo de la vida política. De ese replanteamiento surgieron los Gobiernos Autónomos Locales (GAL), espacios donde las decisiones se adoptan de manera más directa y en estrecha relación con las necesidades concretas de cada territorio. No fue una ruptura improvisada, sino el resultado de años de experiencia acumulada y de una voluntad explícita por corregir aquello que ya no funcionaba.

Desde mi interpretación, esta reorganización representa una radicalización de la autonomía, no su debilitamiento. El territorio zapatista nunca ha sido uniforme: existen pueblos completamente organizados en torno al EZLN con presencia muy amplia y otros donde la presencia zapatista se reduce a una sola familia. Los GAL permiten responder a esa heterogeneidad, ajustando las formas de gobierno a las realidades específicas de cada contexto. La autodeterminación sigue anclada en los principios zapatistas, pero ahora se expresa de manera más situada, más encarnada en la vida cotidiana de los sujetos colectivos, sin depender de una estructura central que pueda volverse rígida o distante.

Con esta transformación, las coordinaciones ya no recaen exclusivamente en las antiguas doce Juntas de Buen Gobierno, sino que se articulan a través de colectivos vinculados a los GAL. Esto no implica una fragmentación de la autonomía, sino una redistribución del poder y una ampliación de su alcance territorial en términos efectivos y directos. La reorganización puede leerse también como una estrategia integral de defensa del territorio, de diversificación de las economías comunitarias y de fortalecimiento del común. La tierra puede ser trabajada por personas o colectivos siempre que no estén vinculados al crimen organizado ni a estructuras paramilitares, lo que abre la posibilidad de extender prácticas comunitarias de cuidado y resistencia más allá de los límites formales del zapatismo mismo.

En ese sentido, los GAL no encarnan una lógica de cierre o exclusión, sino de apertura. No se trata de levantar fronteras identitarias, sino de tejer redes de protección colectiva frente a un contexto marcado por múltiples amenazas. Después de más de tres décadas de construcción autonómica, el EZLN ha mostrado algo poco común en la política: la capacidad de revisar críticamente sus propias estructuras, reconocer errores y reinventarse. Esa disposición a cambiar sin renunciar a los principios es, en sí misma, una práctica profundamente revolucionaria. Mientras los Estados tienden a reproducir jerarquías coloniales y a aferrarse a formas rígidas de poder, los pueblos zapatistas ensayan, corrigen y vuelven a ensayar, manteniendo viva la autonomía como un proceso en permanente construcción.

Foto: Francisco De Parres Gómez.

Antes de que entremos a la especificidad tu tema, ¿podrías hablar poco sobre la situación de la comunidad LGBT en territorio zapatista?  

Recomendaría leer sobre todo el trabajo de Sylvia Marcos, que habla de la fluidez del género zapatista. En las comunidades autónomas, la perspectiva de género está situada en el centro de la vida colectiva. No es casualidad que estemos hablando del único territorio del país donde no hay feminicidios ni trata sexual: una diferencia radical frente al resto de México, que vive una emergencia cotidiana de violencia contra las mujeres y disidencias. Esto muestra que cuando se transforma el poder desde abajo, también se pueden modificar las relaciones sexoafectivas y de género. 

En lo que respecta a la comunidad LGBT+, un ejemplo muy significativo es el de Marijose, una compañeroa otroa, es decir, una identidad trans desde la mirada occidental, pero reconocida en sus propios términos dentro de la comunidad zapatista. En 2021, Marijose formó parte del Escuadrón 421, que viajó a Europa 500 años después de la llamada “caída” de Tenochtitlán, invirtiendo el sentido del viaje colonial para “conquistar Europa”. El escuadrón estaba compuesto por 4 mujeres, 2 hombres y una compañeroa otroa, y fue precisamente Marijose quien desembarcó primero, rompiendo simbólicamente con la modernidad occidental, colonial y heteropatriarcal. Ese gesto fue profundamente político: colocó la diferencia sexual y de género en el centro de una crítica global contra la colonialidad

Foto: Francisco De Parres Gómez.

Claro que el machismo y la homofobia siguen presentes en las prácticas comunitarias, como en toda la sociedad mexicana, empero, en territorio zapatista se han producido transformaciones profundas y concretas. No es un proceso acabado ni perfecto, pero marca un horizonte distinto: el de comunidades que reconocen que no puede haber autonomía sin justicia de género. 

Estos cambios también deben leerse como un aporte político más amplio. Frente a una sociedad donde las disidencias sexuales son criminalizadas, explotadas o invisibilizadas, el zapatismo ofrece un ejemplo de cómo los territorios autónomos pueden convertirse en refugio para nuevas formas de convivencia. No se trata de idealizar ni de negar las tensiones internas, sino de mostrar que, incluso en contextos atravesados por la guerra y la precariedad, es posible construir relaciones más libres, diversas y respetuosas.

Ya llegamos a tu tema. Cuando se habla del zapatismo, casi siempre se menciona su organización o filosofía política, pero tú te enfocas en la estética. En uno de tus libros declaras que en el zapatismo hay una relación indisoluble entre el arte y la política. ¿Podrías aclarar cómo es indisoluble?

Primero, debemos aclarar que hablar de arte y política no significa hablar de propaganda. Si la política atraviesa la vida cotidiana, también está presente en las prácticas simbólicas. El arte es producción de sentido, de símbolos, pero también es forma de producción, circulación, consumo y comunicación. No se reduce a un contenido explícitamente político: incluso decidir dónde se expone una obra, quién tiene acceso a ella y en qué condiciones, es un acto político. Del mismo modo, exaltar la figura eurocéntrica del artista como “genio iluminado por Dios” o afirmar que todo ser humano posee potencial creativo son elecciones políticas que definen cómo entendemos la creación. 

Este pensamiento tiene raíces en el territorio zapatista desde la clandestinidad. Ya en los años ochenta existían células culturales que practicaban teatro, música o poesía, no solo como reproducción ideológica, sino como estrategia de cohesión social y de construcción comunitaria entre pueblos indígenas, campesinos y guerrillas urbanas marxistas. Muy formativo fue, por ejemplo, el cine comunitario: las proyecciones de películas de otras luchas internacionales como la vietnamita, muchas veces sin subtítulos, que las propias comunidades reinterpretaron inventando diálogos. En ese gesto había poética, performatividad y política al mismo tiempo: una reapropiación colectiva de los relatos globales desde la propia experiencia local. 

Me interesa centrarme en esa potencia simbólica y poética que nace de las comunidades mismas. Frases como “Nos cubrimos el rostro para que nos vieran” no son solo consignas, sino símbolos que condensan una visión del mundo y que se encarnan en la vida cotidiana. Lo que vemos en el zapatismo es cómo las prácticas artísticas indígenas, que siempre han existido de forma milenaria, se complejizan y resignifican al entrelazarse con el ideario político contemporáneo. Así, la expresión cultural no es un adorno de la lucha: es parte de su núcleo más fuerte. El zapatismo ha tenido un impacto cultural inmenso a nivel nacional e internacional, produciendo un cambio simbólico, poético y político en la izquierda mundial y detonando una explosión creativa que inspiró a nuevas generaciones de artistas indígenas. Sin el levantamiento de 1994, probablemente ese estallido cultural habría tardado mucho más en emerger. 

En este sentido, el zapatismo demuestra que arte y política son indisolubles porque ambos comparten la tarea de producir mundos. El arte no se limita a representar la realidad: la transforma, la reordena y la reimagina. La política, por su parte, no se limita a gestionar instituciones: también se inscribe en el terreno simbólico, epistémico y estético. Por eso, en Chiapas vemos murales, canciones, danzas, poesía y hasta vestimenta que no solo expresan resistencia, sino que generan comunidad, transmiten memoria y crean futuro. 

Además, el impacto cultural zapatista no se detiene en las fronteras de México. Frases, imágenes y estéticas surgidas en las comunidades autónomas han viajado por el mundo, inspirando desde colectivos artísticos autónomos en Europa hasta movimientos indígenas en el Sur de Abya Yala, o proyectos como el de Zapatera Negra que une la gráfica y los idearios políticos de los zapatistas con los de las Panteras Negras que al día de hoy vemos que están resurgiendo en Estados Unidos. Esa especie de internacionalismo en clave estética —hecho de símbolos, palabras, colores y gestos— ha fortalecido la idea de que el arte no es secundario en la lucha política, sino una de sus formas más potentes de expansión y reproducción que conecta lo simbólico con la reproducción material. Por eso digo que la relación entre arte y política en el zapatismo es indisoluble: porque ambas son formas de hacer existir otros mundos posibles. 

Foto: Francisco De Parres Gómez.

En tu otro libro Poéticas de la resistencia, hablas mucho de epistemología y decolonialidad. ¿Es el arte en el Zapatismo “instrumento” para expresar las cosmovisiones no occidentales y conectar los elementos urbanos e indígenas?

Es interesante esta dialéctica entre lo poético, lo político y la realidad concreta. En los procesos organizativos, muchas veces los conceptos clásicos de la teoría crítica —como lucha de clases o plusvalor— no conectan fácilmente con las bases sociales, no obstante, a partir del arte, la literatura y otras expresiones culturales, se vuelven posibles otras formas de comunicación política y hasta formación de cuadros. Un ejemplo claro son los relatos del Viejo Antonio, escritos por el Subcomandante Marcos, que recuperan fragmentos de la cosmovisión maya. Allí, las narraciones sobre cómo nacieron los dioses o el mundo se entrelazan con pedagogías libertarias y con crítica política. Esa imbricación produce una potencia particular:  no es siempre efectivo hablar desde categorías abstractas y ajenas, sino desde símbolos y relatos que dialogan con la memoria de los pueblos, al tiempo que abren puentes con otros sectores sociales urbanos y globales. 

En ese sentido, el arte en el zapatismo no funciona como “instrumento” subordinado a una ideología previa, sino como espacio de encuentro epistemológico y heurístico. Permite articular lo indígena y lo urbano, lo comunitario y lo global, lo local y lo transnacional. A través del arte, se construyen puentes de sensibilidad que generan cercanía y permiten que distintos actores se reconozcan en la misma lucha. La poesía, la música, la gráfica o el performance no son sólo vehículos, son también formas de pensamiento que amplían la política más allá de la racionalidad eurocéntrica. 

También me gustaría preguntar sobre la rica tradición mexicana del arte revolucionario. ¿Existe alguna conexión entre los zapatistas y esta tradición, con personas como el pintor Diego Rivera o el diseñador gráfico Leopoldo Méndez?

Ahora, respecto a la tradición mexicana del arte revolucionario, sin duda México cuenta con un legado muy fuerte, pero no veo una correlación directa entre esa tradición y el arte de las comunidades zapatistas. El muralismo impulsado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco fue un proyecto patrocinado por el Estado posrevolucionario, bajo la dirección de José Vasconcelos (quien era germanofílico y de orientación filonazi) y la Secretaría de Educación Pública. Su función era la reproducción ideológica cultural desde arriba: las instituciones determinaban los discursos, los símbolos, los temas y los espacios donde debían exponerse. Al mismo tiempo, reforzaban oposiciones entre “alta” y “baja” cultura, entre arte, artesanía y folclor, funcionando como mecanismos de inferiorización cultural de la otredad, por más que los murales estaban orientados a las clases populares. Era un proyecto jerárquico que consolidaba lo que podríamos llamar una colonialidad estética, un sistema que regula qué se puede sentir y expresar, además de que servía para afianzar la consolidación del Estado-nación.

Por eso es tan importante que los procesos de liberación estén acompañados de prácticas artísticas y simbólicas propias. Se trata de una restitución a nivel ontológico de los valores y subjetividades de la mayoría social. En este marco, las comunidades zapatistas amplían profundamente la noción de arte. En el comunicado Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo definen al artista como aquel que crea, sin importar los cánones ni las clasificaciones impuestas. En mi opinión, aunque no lo nombren en clave marxista, esa idea rompe con la histórica división entre trabajo manual e intelectual propia de las sociedades capitalistas. 

En el capitalismo, solo unos pocos privilegiados tienen derecho a ser reconocidos como científicos o artistas. En cambio, tras 40 años de lucha, en los territorios zapatistas cualquiera puede ejercer ambas dimensiones libremente: ser campesino por la mañana, pintor por la tarde, convivir con la familia por la noche y estudiar matemáticas al día siguiente. En este horizonte, el arte y la ciencia no son esferas separadas de la vida social: están inscritas en la vida misma. Por eso los zapatistas hablan del arte de la milpa, del arte de los trabajos colectivos o incluso del arte de la resistencia

En mi análisis, lo que hacen es recuperar el sentido original de aísthēsĭs: las formas de sensibilidad a partir de las cuales conocemos y construimos el mundo. De ahí que su propuesta se pueda entender radicalmente como descolonizadora: no conciben el arte como un campo autónomo controlado por museos o mercados, sino como práctica vital que forma parte de la reproducción de la vida comunitaria. Es una redefinición del arte como saber colectivo, como epistemología que desafía la colonialidad estética y propone una aesthesis in-surgente desde abajo. 

Foto: Francisco De Parres Gómez.

Para cerrar, ¿que lección crees que deberían aprender los movimientos urbanos o movimientos occidentales hablando de este tema de arte, estética y política?

Pensando en que arte, estética y política están entremezcladas, hay que subrayar que no son lo mismo. La estética no se reduce al gozo ni al consumo cultural, sino que implica la recuperación de otras epistemes: lo metafísico, lo divino, lo ontológico, los sistemas de relaciones concretas que organizan la vida, pero también las formas de sanar historias coloniales que todavía pesan sobre los cuerpos y territorios. Desde esta mirada, la estética es una forma de vida más amplia, no limitada a la producción artística en sentido estrecho, sino ligada al entendimiento de la alteridad y al reconocimiento de que todas y todos somos portadores de sensibilidad y de potencia creativa entendida incluso como poiésis.

El zapatismo enseña que el arte no se reduce a la propaganda ni al espectáculo, sino que se convierte en herramienta vital para producir comunidad, memoria y futuro. Desde los relatos del Viejo Antonio hasta los murales, la música o las danzas, lo estético se funde con lo político como práctica de dignidad. Y esto debería interpelar a los movimientos urbanos y occidentales que muchas veces conciben el arte como algo separado de la vida, como práctica ornamental, tiempo de “ocio” o confinado a galerías o instituciones culturales. El reto es recuperar el arte como práctica colectiva, como aísthēsis que transforma no solo lo que vemos, sino lo que sentimos y lo que somos capaces de imaginar. 

Pensando que los pueblos indígenas han intentado ser colonizados durante más de cinco siglos y que, sin embargo, siguen resistiendo, me quedo con un mensaje político, artístico y poético: que a nivel amplio la esperanza no muere. Esa esperanza está presente en el zapatismo, pero también en las madres buscadoras que representan la dignidad de este país, en los diferentes movimientos de mujeres que luchan, en los pueblos que defienden sus ríos y montañas, en quienes enfrentan la necropolítica con creatividad y cuidado. La esperanza aquí no es un concepto abstracto ni un refugio religioso, sino una práctica política cotidiana: la construcción material y simbólica de futuros distintos. 

El imperio de la muerte busca ser total, global y permanente. Pero la lección que nos deja el zapatismo es que incluso en medio de la guerra se pueden imaginar y llevar a la práctica mundos nuevos. Lo que hoy se juega en Chiapas no es solo el destino de un pueblo, sino la posibilidad de imaginar colectivamente que hay vida más allá del capital y de las guerras globales, en donde parece que enfrentamos transiciones hacia un mundo multipolar fuera de una hegemonía única. Esa es la lección de quienes hacen de cada acto de resistencia una obra de dignidad, de quienes convierten la memoria en fuerza, y de quienes insisten en que, aunque el poder diga lo contrario, otro mundo ya se está construyendo en las grietas del presente. 

Francisco De Parres Gómezes un antropólogo, comunicólogo y fotógrafo mexicano, que se desempeña como investigador posdoctoral en la Universidad Veracruzana, donde desde hace años se dedica al estudio de la relación entre arte, política y movimientos indígenas como los zapatistas. Sobre estos temas publicó el libro premiadoPoéticas de la resistencia: arte zapatista , estética y decolonialidad (CIESAS-UDG, 2022) yArte y política en el zapatismo contemporáneo: Una relación indisoluble (CLACSO, 2022). CoordinóInternacionalismo crítico y luchas por la vida. Hacia la construcción de horizontes futuros desde las resistencias y autonomías En su investigación actual, Francisco analiza el contraste entre las prácticas estético-políticas orientadas a la defensa de la vida y el territorio, y las expresiones estéticas y culturales de la necropolítica de figuras neofascistas como Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele o Jair Bolsonaro. 

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Convocatoria a las Jornadas Nacionales e Internacionales Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos. Del 19 al 22 de febrero de 2026

Convocatoria a las Jornadas Nacionales e Internacionales
Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos

“La justicia desde abajo solo se construirá con memoria, rebeldía y organización”

Del 19 al 22 de febrero de 2026 o como sus calendarios les acomoden

CONSIDERANDO

Que el 20 de febrero de 2019 fue asesinado afuera de su casa nuestro compañero Samir Flores Soberanes, defensor del territorio, comunicador indígena y referente de lucha para muchas de nosotras y nosotros, por su tenacidad, humildad, creatividad, dignidad, compromiso… originario de la comunidad de Amilcingo, Morelos, nacido el 2 de agosto de 1982.

Que fue asesinado 3 días antes de la consulta impuesta por López Obrador para justificar la conclusión del Proyecto Integral Morelos en lugar de su cancelación, como lo había prometido en campaña en el año de 2014 en Yecapixtla, Anenecuilco y Tepoztlan. Lo que constituye una sangrienta traición de las promesas de campaña de un presidente que prometió acatar la desición de los pueblos y perseguir  la justicia por encima de cualquier privigelio, pero que terminó fundando el nuevo nido de los prianistas, morenistas y anexas, impulsando un goberno extractivista y capitalista.

Que 10 días antes de su asesinato, Samir fue señalado junto a otr@s compañer@s por López Obrador en el Almeal, como “radicales de izquierda que para mi (él), no son más que conservadores…  ambientalistas financiados por los yanquis… quienes se oponen al pueblo y gobierno bueno… fueron los que no votaron por mi… promovieron el no voto”. Generando un discurso de odio que fue la sentencia de muerte para nuestro compañero Samir.

Que en México vivimos en un narcoestado que, contrario a las declaraciones de los gobiernos de la 4T y ahora de Trump, son auspiciados y patrocinados por el gran capital para mantener el control de los territorios de los pueblos y justificar la militarización, invasión y despojo del capitalismo extractivista.

Que la guerra esta en todas partes, con diferentes niveles pero el causante siempre es el mismo, el capital que despoja para convertir la muerte y destrucción en ganancia, lo demuestra la invasión a Venezuela, el asesinato de Carlos Manzo y la implementación del “Plan Michoacan por la Paz y la Justicia” que no ha hecho mas que exacerbar la militarización y control del crimen organizado en Michoacan, los ataques con drones a la comunidad de Santa María Ostula, los ataques contra la comunidad wirarika de San Lorenzo Azqueltan y el asesinato del compañero Marcos Aguilar, los ataques al CIPOG-EZ, la guerra contra las comunidades zapatistas y el despojo de sus tierras, entre muchos otros casos que se pueden mencionar en México, el continente y el mundo.

Que la fórmula del capital narcotráfico/militarización/despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe, América para el capital gringo, doctrinas colonialistas que se acompañan en Oriente con justificaciones fundamentalistas de Irak para controlar el territorio de Palestina o de Rusia sobre Ucrania. Pretendiendo nuevamente repartirse el planera diversas potencias de Estado, bajo el pretexto de tener el derecho del mas fuerte y respetarse sus corrales entre ellos donde adentro seremos peones y piezas desechables, desaparecibles, despojadas, destruidas y reconstruidas para servir al capital.

Que es este narcoestado el que mando asesinar a Samir, bajo una red que involucra al expresidente Lopez Obrador, el delegado federal Hugo Erik Flores, Manuel Bartlett como director de la CFE, el gobernador en turno Cuauhtemoc Blanco, el gobernador que había salido Graco Ramirez y su instrumento de división en Amilcingo, Humberto Sandoval, el fiscal de Morelos Uriel Carmona, el presidente municipal de Temoac Valentin Lavin y la ex tesorera municipal Angelina N, alias La Patrona, estos dos ultimos vinculados a la célula criminal Los Aparicio, quien presuntamente fueron los autores materiales del asesinato de Samir y que estan vinculados al Cartel Jalisco Nueva Generación, el cartel que creció en todo el país con la llegada de López Obrador al poder. Red narcopolítica que favoreció con el asesinato de Samir a las empresas transnacionales Elecnor, Enagas, Bonatti, Saint Gobain, Gas Natural del Noreste y ahora la empresa gringa Macquarie, entre otras.

Que frente a esta estrategia local y global de terror, saqueo y destrucción los pueblos de México y del mundo hemos luchado con memoria, rebeldía y organización para defender y fortalecer nuestra autodeterminación, ese derecho natural e inalienable de los pueblos de decidir sobre su destino, las bases que occidente llama derecho internacional. Por lo que  frente a los intereses de poderes que quieren dominar y socavar la vida como la conocemos, apropiándose del petroleo, litio, oro, agua y todos los bienes naturales que existen en la tierra y que los pueblos los hemos cuidado y preservado por siglos. Condenamos la intervención yanqui contra Venezuela y exigimos el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Que al cumplirse 7 años del asesinato de nuestro compañero Samir Flores y 30 de la fundación del Congreso Nacional Indígena es preciso hacer un esfuerzo por juntar nuestras voces, cabezas y corazones para seguir trazando el mejor camino a la construcción de la justicia desde abajo y el respeto a la autodeterminación de los pueblos, porque de arriba solo vendra guerra, muerte, despojo y destrucción, y de nosotros la justicia desde abajo y los caminos de vida, por lo que

CONVOCAMOS

A los pueblos, organizaciones, colectivos, grupos, artistas, académicos, mujeres feministas, familiares de desaparecid@s y asesinad@s, familiares de pres@s polític@s y a todas y todos en lo individual y lo colectivo a juntarnos este 19, 20, 21 y 22 de febrero a las Jornadas Nacionales e Internacionales “Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos”, a realizarse en cada uno de sus territorios donde proponemos como agenda común:

19 de febrero. Para nombrar a nuestr@s muert@s, desaparecidas y desaparecidos, presas y presos injustamente y gritar en comun el sistema de injusticia al que nos quieren condicionar.

20 de febrero. Para conmemorar con vida y dignidad a nuestro compañero Samir Flores Soberanes. Se convoca a la realización de murales artísticos y comunitarios, canciones, actos culturales, acciones, propaganda y difusión sobre quien era Samir y porque luchan los pueblos del volcán, de México y del mundo.

21 y 22 de febrero. Para denunciar los megaproyectos y realizar acciones en defensa de la vida

Les invitamos a suscribir esta convocatoria y registrar sus actividades al correo electronico cnicomunicacion@gmail.com, antes del 10 de febrero para su difusión conjunta.

Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos, Puebla, Tlaxcala
Congreso Nacional Indígena
Ejército Zapatista de Liberación Nacional

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EZLN

TRANSMISIÓN EN VIVO DEL 32 ANIVERSARIO DEL LEVANTAMIENTO ARMADO ZAPATISTA, 31 DE DICIEMBRE DE 2025, 22:30 HORAS

TRANSMISIÓN EN VIVO DEL

32 ANIVERSARIO DEL LEVANTAMIENTO ARMADO ZAPATISTA

31 DE DICIEMBRE DE 2025
22:30 HORAS

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Radio Zapatista

Día 5 – Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores”

30 de diciembre de 2025, San Cristóbal de Las Casas. Este quinto y último día del Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” se dedicó, por un lado, a examinar el papel de las artes en la construcción de mundos otros, y por otro, a las pirámides que se reproducen abajo.

El dramaturgo Luis de Tavira, en un escrito leído por el Capitán Marcos, titulado “El arte es una declaración de amor a la humanidad”, dijo también que “las artes son una denuncia y una maldición al desamor y a la crueldad con la que se deshumanizan las personas y las sociedades”. Entender, dijo, es entender que no entendemos, y el arte es capaz de mostrarnos aquello que no logramos vislumbrar, mostrarnos que hay otros mundos. “El arte es un acto de bondad y el mundo es un milagro.” Y sin embargo, la lógica del capital destruye todo, ciega a las sociedades. “El mundo está distraído”, dijo, “y no es capaz de percatarse del acontecimiento violento que sucede delante de sus narices”. “El desafío para el arte amoroso de la vida será reaccionar con rebeldía a la normalización de la violencia social.”

Luis de Tavira: (Descarga aquí)

Raúl Zibechi por su vez hizo un fascinante recorrido por lo que denominó “las pirámides de abajo”, o sea, las que se reproducen al interior de los movimientos. “Las revoluciones que han triunfado”, dijo, o sea, las que han tomado el poder, “han sido siempre incapaces de transformar el mundo”. Esto porque, al tomar el poder, reproducen la pirámide y se convierten en nuevas clases dominantes. Ejemplo de eso es desde luego el PRI en México, el Estado soviético, Nicaragua. Pero en los movimientos sociales también se reproducen las pirámides. Zibecchi citó los ejemplos de la Conaie en Ecuador y del MST en Brasil, que a pesar de sus grandes logros, reproducen estructuras piramidales de mando de unos sobre otros. Y citó cinco ejemplos de movimientos en Perú, Honudras y Brasil, que intentan romper con la pirámide, a pesar de que ésta termina reproduciéndose de una u otra forma. Es así que el gran cambio interno del zapatismo de destruir sus propias pirámides y construir el común representa un paso revolucionario.

Raúl Zibechi: (Descarga aquí)

El Subcomandante Moisés continuó detallando, con ejemplos prácticos, cómo se ha ido construyendo el común en territorio zapatista. En particular, relató, a través de diversos casos específicos, el intenso trabajo político que se viene haciendo con los pueblos “hermanos”, no zapatistas, de concientización e invitación a participar en la construcción del común por medio del ejemplo, de la puesta en práctica de relaciones otras.

Subcomandante Moisés: (Descarga aquí)

La participación del Subcomandante Moisés terminó con la lectura de un texto sobre los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Subcomandante Moisés sobre Ayotzinapa: (Descarga aquí)

El Capitán Marcos habló sobre la infancia como forma de conocer realmente al zapatismo, y empezó relatando la historia de Paticha, la niña de cinco años que murió en sus brazos de fiebre. Hoy esa realidad ha cambiado radicalmente. De la misma forma, la realidad de las mujeres se ha transformado profundamente: hoy, las mujeres zapatistas, que antes estaban destinadas sólo a tener hijos y cuidar del hogar, son promotoras de salud, de educación, artistas y mucho más. Después leyó el cuento “El amor y el desamor según el Sup Marcos”.

Capitán Marcos: (Descarga aquí)

Termina así, en la víspera de la celebración del 32 aniversario del levantamiento zapatista, este ciclo de encuentros que, desde diciembre de 2024, nos han instigado a pensar nuestro presente y a construir un futuro otro, más humano, más digno, más justo.

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EZLN | Comisión Sexta Zapatista

TRANSMISIÓN EN VIVO DE LA QUINTA Y ÚLTIMA SESIÓN DEL SEMILLERO “DE PIRÁMIDES, DE HISTORIAS, DE AMORES Y, CLARO, DESAMORES”, 18:00 HORAS

30 de diciembre del 2025
SEMILLERO “DE PIRÁMIDES, DE HISTORIAS, DE AMORES Y, CLARO, DESAMORES”

TRANSMISIÓN EN VIVO DE LA QUINTA Y ÚLTIMA SESIÓN
18:00 HORAS

Raúl Zibechi, Luis de Tavira y Comisión Sexta Zapatista