Anomalías y Normalidades

Octubre del 2026.

  Ustedes saben, hay una serie de evidencias o de manuales que se heredan de generación en generación:  Por ejemplo: el clásico “no eres tú, soy yo” en las rupturas amorosas; el “¿qué te hago si lo encuentro?” y el “Ponte el suéter”, de las mamaces; el “los extraterrestres se llevaron mi tarea, por diosito santo maestra” de estudiantes de todos los niveles.

  Incluso hay la leyenda urbana de que esas frases están en un manual que se distribuye clandestinamente en madres, jóvenes y la niñez.  En algún momento, todos los seres urbanos, acceden a esos manuales y sufren después lo que se llama “amnesia selectiva”, la que consiste, grosso modo, en que se nos olvida lo que no nos conviene, y recordamos sólo lo que nos favorece.

  Pero en política están los manuales de qué hacer.  Hasta hay un libro, que se estudia en la izquierda y en la derecha, que se llama así: “El Qué Hacer”.  Hay también manuales de cómo hablar en público, influir en las personas, manejo de la imagen, cómo ser popular en las redes sociales y en las presidencias de las repúblicas.

  Para que me entiendan, los manuales vienen siendo la versión prehistórica de los tutoriales.

  Por encima, debajo y dentro de los manuales y tutoriales, están las evidencias.  Valores y valoraciones que son incuestionables, están ahí y producen efectos en la vida cotidiana.

  Estas evidencias son cuestionadas en tiempos de crisis por seres indefinibles (o también indefendibles o impronunciables) y, a veces, también son derrotadas… pero sólo en apariencia.

  Por ejemplo, evidencias tales como “los varones son superiores a las hembras”; o “lo heterosexual es la normalidad y lo diferente es anormal, enfermo, despreciable, perseguible”; o “los indígenas son pueblos atrasados culturalmente y esperan con ansias ser rescatados para la civilización”.  Estas evidencias difícilmente se manifestarán en palabras y en público en estos tiempos.  Pero siguen produciendo sus efectos en la vida cotidiana, en los programas de gobiernos, en estatutos partidarios, en líneas editoriales, en reality shows como las mañaneras, en redes sociales.

  Pero en el quehacer político hay dos evidencias que, como todas las evidencias, son naturales, normales, eternas:

  Una es que es las injusticias se combaten desde arriba y, en consecuencia, desde arriba se construye la justicia.

  Otra es que es posible cambiar las cosas desde dentro.

  Como ahí es donde se ubica el núcleo, el nudo gordiano de la política, entonces se combinan: desde dentro y desde arriba, se nos dice.  “Hacemos política para llegar al Poder y, desde allá arriba, resolver todos los problemas”.

  Y así se construyen toda clase de coartadas.  En la biblioteca de babel de las inexistentes ciencias políticas se reciclan bestsellers o aparecen nuevos que, en realidad, no son sino refritos de los antiguos, y aparece una camada de iniciados, los nuevos especialistas no en explicar la realidad, sino en construir coartadas a cuál más de ridícula.

  Así desaparecen y reaparecen Keynes, Marx, Lenin, Trotsky, Mao.

  Es evidente, se dicen y nos dicen, que sólo desde arriba y desde dentro de pueden cambiar las cosas.  Por eso, ése debe ser el destino de todas las revoluciones, movilizaciones, acciones políticas.

  Se construyen así partidos políticos, programas de acción, cambios verdaderos, dogmas ideológicos, páginas editoriales, conferencias magistrales, viajes con todo pagado al paraíso soñado en turno (China está de moda y modo ahora); ediciones de la historia para que los cercanos sean los protagonistas, y no quienes pusieron el cuerpo y el alma en la lucha.

  Aquí hay que reconocer que la religión, a diferencia de las doctrinas políticas, es la única que reconoce y explicita que sus dogmas son dogmas: dogmas de fe, nos dicen.  La religión es más honesta que cualquier propuesta ideológica.

  La política no.  Disfraza sus dogmas de análisis científicos.  De serios estudios, de cantidad de notas de pie de página, de popularidad evidente.  Por eso resulta que la Inteligencia Artificial no es tan inteligente, porque ha sido creada a la imagen y semejanza del Dominus, el señor, el mandón.

  Repetir, hasta el eructo, las evidencias, es la consigna.  Por eso es tan impopular el pensamiento crítico cuando es eso, es decir, crítico.

  Porque en todos los monasterios de la política realista, el cuestionamiento es herejía y blasfemia.  Y si no hay crucifijos de madera es porque para eso están las redes sociales, a quienes los medios de comunicación tradicional envidian ahora su papel de fiscales, jueces y verdugos de los no afines.

  No sé ahora, pero antes se acostumbraba a recurrir al argumento de “magister dixit”.  “Magister dixit ergo verum est”, sería algo como “así dijo el maestro y por lo tanto es verdad”

  “Dominus est”, “es el Señor” aclararán.  Y el “Dominus” tiene rostro y nombre: Musk, Trump, AMLO, Salinas de Gortari, Salinas Pliego, Bolsonaro, Putin, Zelenski, Netanyahu, Hamas, el ayatola en turno del fundamentalismo en turno.

  Todos coinciden en que sólo es posible un mundo construido a su imagen y semejanza.  Un mundo homogéneo, jerárquico y hegemonizado por un pensamiento, el pensamiento único y verdadero del Dominus, el Patrón, el Mandón.

  Evidente es también que es esta propuesta la que permea todas las posiciones de las derechas habidas y por haber.

  Lo que no es evidente es cómo las izquierdas han hecho suya esa propuesta y conciben su triunfo, el TRIUNFO con mayúsculas, el asalto al Palacio de Invierno, el primer lugar en las encuestas, el aplauso unánime, la candidatura, el editorial pagado, el índice de popularidad.  Esto es, el éxito en la política está en el aniquilamiento de lo otro, lo diferente.

  Para las izquierdas, el objetivo es tomar el Poder y cambiar todo desde dentro y desde arriba.  Y es esta evidencia la que las lleva de las narices para ir detrás y abrazar propuestas de geografías, calendarios y modos ajenos y contrarios-contradictorios.  Más acá que allá están, por ejemplo, el Partido Republicano gringo y el Partido Comunista Chino.  En las izquierdas, el mundo “multipolar” es eso: un simple o complejo balance entre homogeneidades rivales.

  Pero hay para todos los gustos y todas las vanguardias.  No faltará quien vea a Milei como un profeta de nuestro tiempo, a Putin con la calva de Lenin, a Netanyahu como un predicador moral, a Trump como un visionario del nuevo orden mundial; a Temu como un ejemplo de comercio de clase y a la 4T como una transformación real.

  Pero, en fin, lo sé, lluevo sobre mojado y ustedes pueden decir que ésas son también evidencias (aunque yo invite a cuestionarlas con el pensamiento crítico), pero esto viene al caso o cosa, según, porque no son las únicas evidencias que comparten los distintos colores del espectro político.

  Tienen también en común que tratan las desapariciones, los asesinatos, las violencias de género, de calendario, de color, de raza, de lengua, las guerras, las injusticias y los crímenes en general como ANOMALÍAS del sistema, cualquiera que éste sea.

  Todas ofrecen resolver esas anomalías y tal vez descubran que los crímenes son la normalidad de un sistema.  Pero los siguen tratando como si fueran anomalías, defectos a corregir.  Y prometen remediar eso.

  Pero, amigos y enemigos, la…

  Violación a los derechos humanos.

  Las Desapariciones Forzadas.

  El Racismo.

  La Explotación.

  El Patriarcado.

  La Represión.

  La Violencia de género.

  La Discriminación e Intolerancia.

  El Despojo.

  … son inherentes al sistema.  No son una ruptura o una irrupción no deseada en la normalidad de la matrix del sistema.  No, son su parte esencial, su fundamento.

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  Sin embargo, cada tanto, surge algo que cuestiona esas evidencias, que desnuda a los poderosos, que confronta la realidad.

  Tal y como ahora hacen las colectivas, grupos y organizaciones que buscan verdad y justicia para las ausencias.

  “Las Buscadoras”, les decimos nosotros los pueblos zapatistas.

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  En las catástrofes, cuando parece que la pesadilla ha dado una pausa, bajo los escombros y las ruinas, se suele buscar vida.  Más bien, buscar signos de vida.

  Mientras se remueven piedras, muros fragmentados, vigas, horcones, si se cree que hay un signo de vida, quienes buscan suelen levantar el puño para pedir silencio.  El puño levantado se multiplica entre espectadores y quienes esperan su turno de buscar.

  No hay palabras, pero el puño demanda silencio.  Dice: “me parece que he escuchado algo, guarden silencio para escuchar bien, tal vez hay vida debajo de esas piedras”.  Y todos callan.  De ese silencio depende la escucha, de la escucha depende seguir, del seguimiento depende una vida.

  Entonces, un acto solitario, anacrónico, tal vez absurdo, se convierte en comunidad.

  La soledad de quien levanta el puño mientras busca vida entre los escombros de la guerra, se hace comunidad.  No hay diferencias de clase, de color, de raza, de calendario, de modo, de geografía.

  El silencio se ha convertido en una comunidad que espera vida cuando nadie cree en ella.

  En la guerra mundial actual, la que tiene como objetivo depurar a la humanidad de todo lo diferente, lo despreciable por distinto, lo desechable por inútil, las Buscadoras están levantando el puño.  Reclaman silencio y respeto a su labor, porque no hacen sino buscar vida.

  Y ese acto, la búsqueda de vida, aparentemente inútil, solitario, necio y desapercibido, no busca un cargo, una paga, un reconocimiento, un trofeo, una primera plana.  No, con palas, picos, palos, y uñas busca a quien hace falta, a quien está ausente.

  Y nuestra respuesta a ese esfuerzo, el más heroico, humano y grande de los tiempos actuales, es nuestro abrazo.

  Porque, no sé ustedes, pero nosotras, las comunidades zapatistas, con el silencio abrazamos a quien admiramos, respetamos y queremos.

  Cualquier persona honesta, humana, debiera sentir la necesidad de abrazar a las buscadoras.

  Y no sólo porque su existencia es la certeza de que todavía hay quien no se rinde, no se vende y no claudica.

  Deberíamos hacerlo porque, tal vez, debajo de esos escombros que deja la desgracia, a oscuras, jalando aire y polvo desesperadamente, esperando que nos busquen y encuentren, estamos ustedes.

  Gracias por la escucha buscadoras, reciban nuestro abrazo en espera de dárselo personalmente.

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P.D.- Ixmukané y la Comunidad Choferológica.

  Lo más primeros dioses, los que nacieron los mundos, ¿tenían una jerarquía?  ¿Había quien más, quién mejor, quién primero?  No lo sabemos.  Y si decimos “Ixmukané la más primera” no nos referimos a su poder, su sabiduría o su ancianidad, sino al lugar que ocupa en nuestras historias.  Ixmukané es la madre, la tierra, la antecesora, la primera de lo que somos.  Ni siquiera recuerdo en qué momento fue que apareció en los relatos que el Viejo Antonio, tabaco y fogata de por medio, me contaba no para enseñarme a ser, sino para enseñarme a entender lo otro.

  Hasta donde recuerdo, y siempre según el Viejo Antonio, los más primeros dioses no estaban organizados jerárquicamente, no se habían inventado las pirámides, que, en realidad fueron ideadas por los mandones en turno que simulaban al honrar a los dioses, la honra a sí mismos.

  En fin, el asunto es que según Ixmukané, los más primeros dioses estaban cabal y sí estaban organizados, pero no por quién más y quién menos, sino por quién qué cosa.  Claro que algunas cosas, las que consideraban más importantes, las decidían en común y, claro, era entonces una revoltura.  Cuando, por ejemplo, nacieron a las aves, claro se ve que fue en común y por eso hay tantas y tantos sus colores y cantos.  Claro, también se puede decir lo mismo de plantas y de otros animales.

 Y de los seres humanos.

  Bueno, se puede pensar que las creaciones las decidían en común y ya luego alguno, alguna de las diosas se encargaba de, como quien dice, darle forma, color y figura.

  Pero, como los dioses más primeros eran, pues, los primeros, pues no tenían de dónde sacar la enseñanza de qué sí, qué no, qué más mejor, qué más peor.  Entonces digamos que salieron las cosas como llegaba en su cabeza, en su pensamiento pues.

  En fin, eso tal vez se los cuente, si es que hay modo y moda, en otra ocasión.  Ahora lo que nos ocupa y preocupa es lo que creó la Ixmukané.  Según el acuerdo de la asamblea general de dioses en común, todo debía ser creado como quien dice equilibrado, con sus pros y sus contras.  O sea, su lado bueno y su lado malo.  Así, cada creatura no es completamente buena ni totalmente mala.  A la Ixmukané le tocó de hacer a los hombres y mujeres.  Lo de loas otroas fue su pensamiento de la Ixmukané porque no era acuerdo.  Y no porque los demás dioses estuvieran en contra, sino porque no imaginaron que existiera quien no es ni la una ni el otro.

  Cuando los primeros seres de maíz fueron creados, le dijeron a la Ixmukané que también debía crearles lo malo, o sea lo contrario -contradictorio.  Y es que su maña de la Ixmukané fue dotar a los hombres, mujeres y otroas de maíz de todas las virtudes que luego serían conocidas como “virtudes humanas”.

  La asamblea de los dioses en común lo estuvieron pensando que no está cabal así, que sólo un lado quede.  Porque, supongamos -dijeron los dioses-, que sale un dios aburrido, serio, amargado y perverso y sólo pone el lado malo en lo que crea.  Uno que no sea como nosotros, que somos alegres, divertidos, bailadores y vaciladores, dijeron los dioses primeros.  Y para reforzar su argumento, se arrancaron a bailar la que después sería conocida como “la cumbia del común”.

  “Entiendo”, dijo la Ixmukané, “no estamos creando un mundo solamente y ya acabado, sino la base para muchos y en movimiento.  Y entonces debemos poner también las cosas malas.  Para que así los seres puedan decidir conociendo lo diferente.

  Y para que se entienda de que, por muy mal que estén las cosas, por muy imponente e indestructible que aparezca algo, por muy normal e indiscutible que se presente, siempre hay la posibilidad de otra cosa, otro mundo, otra forma de ser, otra forma de relacionarse.”

  Pero la Ixmukané era diosa sabedora… y mañosa.  Así que le agregó a quienes poblarían los mundos una cosa que les permitiría, tal vez, controlar lo malo y enaltecer lo bueno.  Fue así como la Ixmukané sembró en hombres, mujeres y otroas… la comunidad.

  Por ejemplo:

  Hay comunidad artística.

  Hay comunidad Goku esquina con Caballeros del Zodiaco, Saylor Moon, las chicas Superpoderosas y algo que se llama Mazinger Z.

  Hay comunidad científica.

  Hay comunidad Otroa.

  Hay comunidad originaria.

  Hay comunidad choferológica.

  Y hay comunidad porque tienen algo en común.  Sea su interés, sea su trabajo, sea su conocimiento, sea su historia, su lengua, su modo, su geografía, su calendario, su destino.

  También el dolor, la pena, el sufrimiento crean comunidad.

  Y los poderosos tienen su comunidad: la comunidad de la ganancia, la comunidad de la guerra, de la destrucción, de la muerte.

  Y cada comunidad genera su modo, su forma organizativa.

  Por ejemplo, como comunidad choferológica que somos, vamos a avisar con tiempo el día y la hora en que saldremos a la Ciudad de México, de aquí del CIDECI.

  Y lo vamos a hacer para que los hermanos y hermanas choferólogos lo sepan que por ahí vamos a andar y que tomen sus precauciones, porque van a ser un buen tanto de autobuses y siempre pues van a hacer bulto y bulla en la carretera.

  Y qué tal que la hermandad de choferología se va a embravecer y mandar a hacer la comunidad de mentadores que no mientan mentas sino de las otras.

  Entonces así, la comunidad choferólogica va a saber que vamos a cumplir un pendiente, y que ese pendiente es un abrazo, y que ese abrazo es para nuestras madres buscadoras y ya lo dijo el SubMoy que somos sus hijas y sus hijos y, claro, falta ver si aceptan de ser nuestras madres y nuestros padres, porque no todas somos bonitillas ni todos somos guapos, por eso vamos en montón, porque así en bola no se nota quien guapo, quien feo, quien bonitoa, quien gordo, flaco, alta, chaparrita, narizón, chata, ojo cabal, ojo chueco, pata de perro.

  Y yo creo que siempre sí nos van a adoptar, porque basta que calculen cuántos regalos van a recibir el día de las madres y el día de los padres.  Y van a estar contentas y contentos con los regalos que de por sí les llevamos y que ya estamos haciendo.

  Así que, sí nos aceptan, no sólo van a recibir mentadas, sino que también regalos y quien quita y el regalo llega cabal, o sea que no se rompe en el camino y no preocupar porque llevamos pegamento y cinta adhesiva y aguja e hilo para remendar y como quiera nuestro corazón, como nuestro abrazo, va a llegar cabal, porque cada zapatista que les abrace, serán miles quienes abrazan en él, en ella, en elloa.

  O sea que va a ser una abrazadera que las buscadoras van a decir que están bien abrazadas de una vez que no se puede creer.

  Y van a ser tantos abrazos que va a abastar y alcanzar para sus ausencias, porque llegarán la Verdad y la Justicia, y si no llegan pues hay que traerlas, manque sea a empujones y mentadas que no son de menta, porque para eso hay madres, padres y familiares y amistades que las buscan.

  Y de repente la comunidad choferológica entiende y atiende y no sólo no mienta mentadas sino que suena sus bocinas o cornetas o como se llamen y nosotros le gritamos al chofer que aguas porque ahí viene un Torton con mala cara pero tras que no, que no es mala cara y el choferólogo al volante está saludando porque hay causas, motivos o razones que deben de crear comunidad humana -no importa el rincón ni el calendario donde uno esté ni su modo ni su media o completa filiación-, como la causa de buscar y encontrar la verdad y la justicia.

  Y así pasará con la comunidad artística; la comunidad científica; la comunidad estudiantil; la comunidad magisterial; la comunidad de otroas, la comunidad de empleados, de obreras, de campesinos, de pueblos originarios, de vendedores ambulantes, de cajeras y cajeros no automáticos, la comunidad infantil; la comunidad juvenil; la comunidad adulta; la comunidad anciana; y así pues.

  Imaginen pues a la banda del barrio que dice y se dice. “vamos pues”.  “¿A dónde?”, preguntarán los desubicados.  Y la banda: “pues a dar un abrazo que está pendiente y ya nos estamos tardando”.

  Porque hay causas que no son sólo de una comunidad específica, y la búsqueda de verdad y justicia la hemos dejado, irresponsablemente, sólo en los hombros de esos grupos, colectivas y organizaciones, y eso no está cabal, porque el encontrar justicia, el encontrar verdad, es una causa de la comunidad humana.

  Y eso lo entiende cualquier persona honesta y medianamente inteligente.  Aunque, claro, eso deja fuera a la clase política en su totalidad, sean de derechas, de izquierdas, liberales o conservadoras, ultras o termino medio, y ni chicha ni limoná, porque ni son honestas ni son medianamente inteligentes.

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  ¿Por qué hemos llegado a esto de que una pregunta como la de “¿Dónde están?” tenga tantas implicaciones, tantos destinatarios, tantos remitentes, tantas derivaciones, tantas respuestas, tan ausentes como las presencias reclamadas?

  Y, esto no lo dijo Ixmukané, pero lo decimos nosotros los pueblos zapatistas: no son pocas las veces que del dolor nace esperanza.  Y los colectivos, colectivas, grupos y organizaciones de quienes buscan verdad y justicia para sus ausencias, han encontrado algo muy importante y nos han hecho recuperar la fe en la humanidad.

  Así que, como quien dice, resumiendo, vamos a reunirnos con las buscadoras para algo elemental y que, por lo mismo, se ha olvidado: vamos a decirles “gracias”.

  De pensamiento, corazón y acción: gracias.

  Porque nadie está libre de la amenaza de una desaparición forzada, de un asesinato impune, de un encarcelamiento injusto, de una violencia que es tan cotidiana como los embotellamientos, los dolores de muela, las inundaciones, los terremotos, las marejadas.

  Porque eso es el mayor logro del sistema y su civilización: ha conseguido hacer de la desgracia algo cotidiano.

  Nosotras, como comunidades zapatistas, sabemos lo que es eso.

  Y nosotros, los pueblos zapatistas, sabemos que es posible irrumpir en esa cotidianidad cruel y embrutecedora, romperla y encontrarnos con que no ha terminado nada. sino que apenas se ha conseguido un comienzo y en ese inicio, en ese día después, está la disyuntiva si repetimos modos y creencias… o tratamos de construir otra cosa.

  “El día después”, decimos nosotros los pueblos zapatistas, no como final apocalíptico, sino el reto de comenzar repitiendo lo mismo o creando otra cosa.

  El día después es una oportunidad.  Debemos prepararnos no sólo para sobrevivir a la catástrofe, también para construir otro mundo, uno más humano, no perfecto, pero sí más cabal.

  Y ese otro mundo será posible, entre otras cosas, por las buscadoras.

  Porque así dijo la Ixmukané, la más primera de las madres buscadoras, que si hay lo que se pierde y se ausenta, hay también quien busca y encuentra.

  Y de eso se trata todo, amigues y enemigues, de buscar, siempre buscar… para encontrar y encontrarnos.

  Porque si eso no son la Sexta y la Declaración Por la Vida, entonces pues de balde, compas.

  Gracias comunidad de buscadoras.

El Capitán.
Octubre del 2026.