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Pronunciamiento y denuncia pública de Familias Unidas contra la tortura en Defensa de los Derechos Humanos
Pronunciamiento y denuncia pública
Familias Unidas contra la tortura en Defensa de los Derechos Humanos
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 26 de junio de 2026.
Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de la Tortura
Nuestra voz como víctimas y sobrevivientes
La denuncia que hacemos el día de hoy surge de nuestra experiencia directa como familiares, víctimas y sobrevivientes de tortura. Somos hombres y mujeres indígenas, campesinos, trabajadores y estudiantes que hemos sufrido las consecuencias de un sistema que, con frecuencia, privilegia la fabricación de culpables sobre la búsqueda de la verdad.
Como personas fuimos perseguidas por defender nuestros derechos, nuestros territorios o nuestras comunidades. Otras fueron convertidas en “culpables” para mostrar resultados ante la opinión pública. La tortura ha sido utilizada como método de investigación y arrancar confesiones falsas.
En el marco del Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de la Tortura, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas y sustentado en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, las y los integrantes del Colectivo Familias Unidas Contra la Tortura en Defensa de los Derechos Humanos alzamos nuestra voz para denunciar que la tortura continúa siendo una práctica sistémica y generalizada vigente en Chiapas y en México.
El Estado mexicano, al ser parte de la Convención contra la Tortura, asumió la obligación de prevenir, investigar, sancionar y erradicar absolutamente esta práctica, así como garantizar la reparación integral del daño y las medidas de no repetición. Sin embargo, la realidad que vivimos las víctimas, sobrevivientes y familiares demuestra que estos compromisos siguen sin cumplirse plenamente.
Reiteramos nuestro más enérgico repudio a la tortura, considerada por el derecho internacional como un crimen que no admite justificación alguna. Frente a los discursos oficiales que afirman que la tortura ha sido erradicada, las víctimas respondemos con la verdad de nuestra experiencia: la tortura persiste, se oculta, se niega y continúa dejando profundas heridas en cientos de personas y familias.
La tortura en Chiapas: una realidad que no puede ocultarse
En Chiapas persisten denuncias por detenciones arbitrarias, fabricación de delitos, abuso de autoridad, extorsiones, allanamientos ilegales y actos de tortura cometidos por corporaciones de seguridad. Particular preocupación generan las denuncias que involucran a elementos de las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal (FRIP), corporación creada durante la actual administración estatal.
(Continuar leyendo…)Represión a familias buscadoras en Tlalpan: la violencia del Estado contra la memoria
Colectiva Existimos porque resistimos, Morelos
A. Berenice González M.
El 30 de junio de 2026, en el cruce de Calzada de Tlalpan y Ermita, la Ciudad de México volvió a mostrar el rostro más crudo de su historia reciente: el rostro de un Estado que reprime a quienes buscan, que violenta a quienes nombran, que agrede a quienes sostienen la memoria de más de 135 mil personas desaparecidas. Ese día, en ese punto exacto de la ciudad, la violencia institucional dejó de ser discurso y se volvió cuerpo. Se volvió piel. Se volvió respiración cortada.
Desde temprano, las madres y familias buscadoras habían llegado con una intención profundamente humana: visibilizar la crisis de desaparición, recordar que la ausencia no descansa, que la búsqueda es un acto de amor y de supervivencia. La acción era comunitaria, casi tierna en su forma: la cascarita contra el olvido, la pega de fichas de búsqueda, el sonidero que acompaña y abraza, las mantas extendidas con los rostros de quienes faltan. No era una confrontación. Era una jornada para sostener la vida.
Pero en México, incluso la ternura es reprimida.
Comenzaron a llegar policías de la SSC: embozados, sin identificación visible, acompañados por hombres vestidos de civil que actuaban bajo su cobertura. No venían a cuidar. Venían a impedir. Venían a encapsular. Venían a reprimir.
Cuando intentamos desplegar las mantas, esos hombres sin identificación se lanzaron primero. Empujaron, jalonearon, quisieron quitarnos las mantas con los rostros de los desaparecidos como si fueran estorbos. Una persona fue ahorcada por intentar proteger la manta que llevaba consigo. Lo vimos. Y también lo sentimos. Porque a mí, como a todos los acompañantes, madres y familias buscadoras, también me violentaron.
No lo digo desde el protagonismo. Lo digo desde la verdad. Hubo patadas, golpes, manoseos, intento de ahorcamiento. Hubo violencia sexual ejercida directamente por agentes del Estado. Sentimos las manos donde no debían estar, sentimos el peso del cuerpo policial intentando quebrar no solo el bloqueo, sino nuestra dignidad. Sentimos el miedo que tantas madres y familias viven constante por la represión del Estado, ese miedo que se instala en la piel y que no se va aunque una siga caminando.
Varias personas fueron tiradas al piso: madres, acompañantes, periodistas, personas solidarias. Entre ellas cayó Fernando Vargas, padre de Olin Hernando Vargas, mientras intentaba proteger la manta con la fotografía de su hijo un estudiante desaparecido desde 2024. Cayó con la fuerza de quien es empujado no solo por un cuerpo policial, sino por un Estado que insiste en criminalizar la búsqueda.
Y escuché la frase que tantas veces hemos repetido: “No somos delincuentes; somos madres buscadoras. Hacemos lo que no hace el Estado.”
La represión ocurrió horas antes del partido México–Ecuador. Para reprimir, miles de policías. Para buscar, casi nadie. Para la memoria, golpes. Para la exigencia de verdad, encapsulamiento. Esa desproporción no es casual: revela la jerarquía de prioridades del Estado. El fútbol merece protección; las madres que buscan a sus hijos, no. La represión no fue un accidente. Fue una decisión. Fue parte de un patrón que se repite en distintos estados del país: hostilidad, criminalización, violencia física y sexual contra madres buscadoras y acompañantes. Un patrón que intenta quebrar la búsqueda.
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