Por Iván Prado
Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
22 de julio de 2026

(Descarga el audio aquí)

Muy buenas tardes, noches, madrugadas, según sus geografías. Me va muy bien esta hora para hablar porque de donde yo soy están todos durmiendo. Bueno, durmiendo. Están soñando que la Selección Nacional Gallega de Fútbol ganó el Mundial. Pero al modo este del panda, ¿no? Que no salta a la cancha pero se pone a bailar allí en Cibeles.

El texto se llama, tiene un nombre, así el rollo canción de Ana Belén:

Palestina, palabra semilla de esperanza, raíz humanidad.

Prólogo.

Buenas tardes.

Reciban un saludo agradecido a sus corazones rebeldes. Es un honor estar aquí sentado en esta mesa del pensamiento que camina en defensa de la vida. Me van a disculpar que no me extienda más en los saludos y agradecimientos porque la última vez que estuve aquí sentado estuve diez minutos y me pasé un chingo del tiempo.

Desde el 8 de octubre para mí es realmente difícil hablar de Palestina. Hace más de 20 años que hacemos militancias y estamos en distintos espacios. Pero desde el 8 de octubre de hace casi tres años me siento un poco impostor. Me da sensación de fraude, me da pudor. Es como que ahora siento que realmente la palabra del pueblo palestino tiene que ser trasladada directamente por el pueblo palestino, ¿verdad? Aun así, en agradecimiento a todo lo que ha supuesto para mí y para mi organización, Pallasos en Rebeldía, voy a hacer un intento. Les pido humildemente que perdonen los errores y las ausencias.

¿Cómo poner en palabras el hecho de que yo nací payaso bajo las bombas israelíes en la Franja de Gaza? ¿Cómo contar sin lágrimas en los ojos que todavía hoy tenemos compañeros payasos actuando en medio de la barbarie en la Franja de Gaza? ¿Cómo intentar explicar que tenemos hermanos en Rebeldía, en Belén, en Rafat, en Nablus, en Jerusalén, que nos han mostrado el camino para hacer del circo un arte de resistencia ante el ocupante?

Aun así voy a intentarlo. Voy a intentarlo, como decía, en agradecimiento, porque en Palestina descubrí que la muerte, que la destrucción es mucho más débil que la vida. Que la vida nunca muere. Que el sistema sionista es tan débil que se sustenta en destruir. Pero que hay una semilla profunda en el ser humano dispuesta a resistir, dispuesta a sobrevivir y que de alguna manera a mí me ha abierto el corazón ante las resistencias.

Les podría hablar aquí de mi hermano Wazdi, de Nablus. El que nos llevó a campos de refugiados como Balata. Que nos enseñó a escapar de los tanques por la ciudad vieja de Nablus. Que nos enseñó, nos mostró las ruinas de la ciudad de Duma, del pueblo de Duma.

Y me voy a parar 30 segundos. Eso que ven ahí es una casa quemada por los colonos judíos que en la madrugada llegaron a este pueblo de Duma y tiraron cócteles molotov mientras la familia dormía. Acabó muriendo toda la familia menos un infante. Y el colono, el pensador, el responsable ideológico de este trágico suceso es un líder de los colonos israelíes en la zona ocupada de Cisjordania, en este caso cerca de Nablus, que sigue reivindicando este atentado públicamente ante los medios de comunicación, jactándose de su capacidad de destrucción.

En este pueblo, un pueblo palestino arrasado por los colonos, donde hasta los bebés fueron calcinados por estos descendientes actuales de los nazis, de todo esto les podríamos hablar.

Les podría hablar del silencio y el olor a humo, de las miradas silenciosas llenas de dolor y rabia, de cómo nos hablaban de que la vida en Palestina se juega cada día sólo por el hecho de estar vivas.

Les podría hablar de la represión diaria que Israel desata en los territorios ocupados de Cisjordania: cómo les roban la tierra, cómo queman los olivos.

Esta foto que ven es una foto muy simbólica, muy especial. Es una zona Salín cerca de Nablus, en donde arrasaron con 300 olivos. Los olivos del proyecto que hablaba Micaela son la ceiba del pueblo palestino, y son olivos que se transmiten de generación en generación. Es como una raíz profunda con el territorio, con la vida y con la identidad cultural palestina. Pero Israel, en su juego cruel, se dedica literalmente a destruirlos, a arrancarlos y a quemarlos sin más, como un juego, como un deporte.

Cómo apalean impunemente a sus campesinos y les demuelen sus casas o cómo los encarcelan y los matan con total impunidad. De todo esto podría hablar y podríamos hablar horas, días.

Les podría recordar los números de la infamia, de los miles de niños y niñas asesinadas, algunos con disparos en la cabeza por francotiradores. Es un deporte, un juego actual de estos nuevos nazis.

O cómo hay cientos de periodistas y médicos asesinados y encarcelados por Israel. Les podría hablar de las toneladas de bombas que arrasaron y arrasan Gaza, de los kilómetros de destrucción en la mayor cárcel a cielo abierto del mundo.

Pero he preferido no venir a contar estas cosas, o por lo menos no sólo esta historia.

Como ya dijeron en su día, hace unos años: “los habitantes de la Franja de Gaza no somos números”. Y yo escribía una cosa así:

No somos números, ni lápidas, ni cuerpos.

No somos nombres, ni el sin-techo de una casa, ni siquiera una caricia. Ni datos, ni encuestas.

No somos números, ni estadísticas matemáticas.

No se nos puede explicar en un acta de las Naciones Unidas. No se nos puede matar en un informe. No se nos puede callar en noticias.

Somos mujeres. Mujeres niñas y mujeres ancianas. Somos mujeres que aman y lloran, que cantan, que salen cada mañana a buscar la esperanza entre las alambradas.

Bueno, y ahora un momento para comerciales. Este poema sale en un libro que se llama «Palestina tiene nombre de mujer», que está escrito junto con Iris Serrano. Y me gustaría entregárselo al Capitán.

Aquí a veces en Galicia la gente aplaude. No le voy a dar otro al comandante insurgente Moisés porque ya se lo di en su momento. Durante la gira de la vida. Tampoco voy a contar la anécdota de en qué circunstancias se lo di. Me interesa poder volver a territorio zapatista. Pero sí les voy a contar que en ese momento era el coordinador de la aerotransportada, de la Travesía por la vida. Y yo era un choferólogo que no sabe manejar. Una cosa típica de un gallego. Y quería avisarle que la turboneta con la que viajamos durante meses teníamos intención de donarla a los campamentos de refugiados saharauis en el próximo Festiclown. Pero viendo que hay otra travesía en diciembre, capaz tenemos que traerla al DF. Bueno, tú sabrás. Para Palestina.

Voy a intentar resumirles brevemente lo poquito que sé de Palestina. Pero hay unas ideas fuerza ahí.

Un resumen sería: Israel no es un país, es un ejército de ocupación que han intentado crear un proyecto político en base al necrocolonialismo, que son una forma de narco mundial y que todavía hay partido.

Creo que la última vez que estuve por aquí, o en enero, no recuerdo, les hablé de mi primera visita a la Franja de Gaza. Y ahora, con su permiso, me gustaría contarles una historia de mi segundo viaje a la Franja.

La primera vez que actué en un hospital en la Franja de Gaza fue en la capital. Obviamente, hoy no existe ni el hospital ni la ciudad.

Acompañaba a un payaso local que tenía más corazón que centímetros de altura. Actuamos por los pasillos y por las salas comunes. Y de repente, cuando acabábamos de entrar en una habitación, ¡zas! Se fue la luz. El hospital entero, como cientos de veces antes, se quedó a oscuras. Y mi compañero, con más arte que altura, prendió un encendedor y se puso a cantar cumpleaños feliz.

Se puso a cantar cumpleaños feliz en árabe porque ya habían pasado cientos de veces esta situación de quedarse sin luz en un hospital que estaban operando y que estaban atendiendo enfermos. Y él ya tenía metido aquí, en el corazón, la capacidad. El hospital entero, como cientos de veces antes, se quedó a oscuras. Y mi compañero, con más arte que altura, prendió un encendedor y se puso a cantar cumpleaños feliz en árabe. Permítanme insistir en esto. Nunca antes había actuado con un payaso en Gaza. Y menos aún con un payaso enano. Pero fue de las mejores experiencias artísticas de mi vida. Era vivo, lleno de recursos y habilidades, generoso y, sobre todo, un ser de luz. Tanta que, al quedarse sin combustible el hospital, uno de esos de los que Israel dice que estaban llenos de terroristas en sus bajos, él fue su combustible. Se fue la luz del centro médico, pero no del corazón de aquel payaso. Él iluminó el hospital entero.

Palestina, semilla de luz.

Hace tiempo que no tenemos noticias de él. Es posible que esa luz se haya ido a descansar un rato. Seguramente, la IA de Israel, la inteligencia asesina, le atravesará su cuerpo con una bala fabricada en Estados Unidos y financiada por la Unión Europea. La mitad de letras, la mitad de poder, pero la misma complicidad. Esa que permite la barbarie y el genocidio.

Mi amigo, hermano, maestro, nunca desaparecerá. Se irá a sumar risas a esa constelación de estrellas llamada Esperanza. Porque quien es semilla de rebeldía, nunca muere.

Y si me permiten, me gustaría hacerle un homenaje y pasar un breve, un corto vídeo de dos minutos.

Bueno, me gustaría compartirles un análisis porque parece ser que ahora también soy analista todoterreno. Entonces, a ver si…

Estados Unidos fabrica armas que Israel gasta porque la soberanía de Estados Unidos está en manos de Israel. Se llama secuestro exprés de un estrés que dura desde la Segunda Guerra Mundial. Y yo me pregunto: ¿quién coloniza al colonizador? ¿Quién ocupa al ocupante? ¿Quién vigila al vigilante?

Israel ha inaugurado algo que podríamos llamar el necrocolonialismo. No sólo ocupa un territorio y explota a su población, sino que además aplica la política de tierra quemada, arrasando con todas las infraestructuras y procurando acabar con todas las formas de vida posible.

¿Recuerdan la intervención de Micaela que hablaba de la Nakba, del desastre, de esa expulsión de 800 mil personas en la primera oleada sionista en el 48? Yo siento que hay una Nakba permanente, que ese desastre no ha parado, que esa ocupación destructora continúa de manera, en su intento sionista, de manera eterna.

Es el imperio de la muerte y del fin de la memoria. No sólo pretende robar la Madre Tierra, sino también acabar con la huella histórica de las personas que la han habitado durante milenios.

Este necrocolonialismo, el colonialismo de la muerte, se alimenta de los cuerpos destrozados, de las historias crueles, de la barbarie en su máximo exponente. Su combustible es la mentira descarada. Es la destrucción pornográfica. No se esconde, no se disfraza, sólo se victimiza.

Pobres israelís. Pero no se dan cuenta de lo que nos obligan a hacer.

Este es su discurso, su discurso victimista: “Nosotros no queríamos violar a los presos palestinos, ni matar a los bebés en sus incubadoras, ni quemarlos vivos mientras oraban en los bajos de una escuela”.

Es una manera de justificarse, es una estrategia. Para poder esconder su maldad, para poder maquillar sus injusticias, han inventado toda una liturgia estatal que incluso tiene manuales de estilo y dosieres de comunicación elaborados por su departamento de inteligencia. Le llaman la Hasbara. Voy a citar algo, y además de un lugar que nunca se me ocurriría, pero ahí va. La Hasbara, según Wikipedia, es esto:

Esta estrategia es multidimensional y su objetivo principal es explicar la postura del gobierno, mejorar la imagen del país en el exterior, influir en la opinión pública y controlar la narrativa internacional durante los conflictos.

Pero para que una colonización sea efectiva hay que ocupar, hay que ocupar y hay que ocupar. Y hay que ocuparlo todo y como sea. En la sociedad globalizada ya no alcanza con ocupar un territorio. Ocupar todas las formas de expresión social. Da igual que sea un país, un parlamento, un tribunal supremo, un medio de comunicación o el discurso hegemónico de la llamada opinión pública.

Ellos tienen un plan mundial, tipo las mañaneras pero a lo bestia. Mundial y profesional. Incluso sutil, podríamos decir.

Ocupan tanto, se dedican tanto a ocupar, están tan ocupados ocupando, que hasta al judaísmo lo han ocupado, lo han secuestrado. No en su totalidad, obviamente.

Ante esto podemos deducir —a mí me pasó hace 25 años— que Israel no es un país. Israel es un ejército de ocupación.

Supuestamente, desde la llamada Revolución Francesa, el Estado moderno se dota de un ejército para defender sus fronteras y para defender a su ciudadanía, desde la Revolución Francesa. Yo no estoy seguro de que Francia exista, pero lo que sí sé es que España no existe. Y que los Reyes Magos son los padres.

Pero lo que también tengo muy claro es que el Estado de Israel, como proyecto estatal, tampoco existe. Es un proyecto militar de ocupación.

Decía al principio que normalmente los Estados se dotaban de un ejército para defender sus fronteras y a su ciudadanía. Pues en Israel pasa lo contrario. Israel usa su ciudadanía para defender y ampliar sus fronteras. Los llamados colonos, colonos, colonos, colonos, ¿qué es colonos? Colonizadores. Que además son una de las herramientas más potentes de destrucción. De destrucción no solamente del pueblo palestino, sino del supuesto derecho internacional.

Los asentamientos son máquinas de matar y destruir. Son la punta de lanza del sionismo. Otra forma de fascismo supremacista.

Es tan claro esto. Imagínense ustedes que Israel como Estado nace en 1948. ¿Qué casualidad que sea el mismo año en el que nace la Declaración de Derechos Universales? Esa declaración ya nace muerta, ya nace asesinada por la propia creación del Estado de Israel.

Por eso recordemos hoy y siempre que en la Palestina la humanidad se juega a su futuro. Tal y como repito a modo de mantra desde el 2002. Porque si las víctimas de un holocausto se vuelven impunemente y con la connivencia del mundo en los verdugos de un nuevo genocidio, entonces la cadena de dolor y sufrimiento se torna interminable.

La mayor perversión de esta barbarie que se lleva cometiendo casi 80 años es que se justifica con el sufrimiento del pueblo judío. Ojo por ojo, diente por diente. Un holocausto se saca con otro y así hasta el infinito.

Pero insisto, la ocupación no se limita sólo a la tierra de Palestina. También ocupan los medios de comunicación, las transnacionales, las empresas de generación de tecnología, los centros financieros internacionales, la economía virtual, la IA —inteligencia asesina— y, sobre todo, algo que en sí mismo es incompatible, que es la “inteligencia militar”. La inteligencia militar del mundo entero. Ellos están infiltrados en la mayoría de los sistemas de inteligencia del mundo entero. Todas sabemos que la inteligencia militar es como monarquía parlamentaria o democracia electoral, ¿no? Son conceptos incompatibles, son líneas paralelas que nunca se tocan, direcciones opuestas, como la 4T y la vida. Cosas que no casan entre sí. Bueno, pues la tienen ocupada.

Por eso, en su ansia expansionista, además de invadir Irán, el Líbano o Siria, también invaden los gobiernos de Europa, Estados Unidos y América Latina. Los sionistas son como una extraña forma de narco. Son el narco en la geopolítica mundial.

Podríamos llamarles, parafraseando al finado, una hidra sionista que coloniza y contamina todas las estructuras de la sociedad mundial globalizada.

Así que si tú pretendías, por ejemplo, ser una democracia europea, como la supuesta del Reino de España, pues la tecnología de espionaje Pegasus te dice cuál es tu política de exterior. O si no, Israel y sus aliados meten a expresidentes y familiares en la cárcel.

Quería hacer un parón en esta foto. Como pueden ver, Pedro Sánchez, el gran alabado líder de la izquierda europea, presidente del Estado español, está reunido con el rey de Marruecos.

La posición histórica del Estado español y de la supuesta izquierda socialdemócrata española ha sido siempre defender el referéndum del pueblo saharaui y su derecho a la independencia.

Pues qué casualidad que, desde que Marruecos e Israel se llevan bien, gracias al yerno de Donald Trump, desde ese momento Marruecos reconoce a Israel y empieza a influenciar Israel en todos los gobiernos europeos, incluso el nuestro. El gobierno del Estado español está secuestrado y su política ha cambiado en relación al Sáhara, porque con el sistema de espionaje Pegasus de Israel, Marruecos tiene información hiperdelicada de los gobernantes españoles. Y lo estamos viendo: la mujer del presidente en un proceso judicial, el hermano ya ha sido condenado, el antiguo expresidente Zapatero en una causa penal y se sabe que estos teléfonos han sido intervenidos por Marruecos a través de Israel.

Así que, si no intervienen tu gobierno, cambian los resultados electorales, amañan partidos en el Mundial, y si no obedeces, pues sacan a todos los peces gordos de un país en vídeos que muestran cómo abusan de menores y ejercen sus perversiones ideológicas en forma de desvaríos sexuales. Y con una lista de fotos y vídeos gobiernan al tonto útil de turno que supuestamente dirige Estados Unidos. Obviamente, la lista de Epstein, disculpad mi inglés, es la punta de lanza del sistema de control israelí del gobierno de Estados Unidos.

Por eso cabe afirmar que Israel no es un Estado, es un ejército genocida que ocupa territorios y gobiernos del mundo entero. A veces con sus armas de fuego, a veces con sus armas tecnológicas, a veces con sus armas de espionaje y siempre, siempre, siempre con el arma del relato de los grandes medios.

Son el virus que amenaza la existencia de la democracia mundial, si es que eso tiene posibilidad alguna de existir.

En 2002, Israel comenzó el levantamiento de un nuevo muro. Un nuevo muro de los lamentos y de la vergüenza que atraviesa toda la geografía palestina.

Nosotras, como Pallasos en Rebeldía, nos hemos desnudado varias veces frente a este muro. Es una acción política, es una performance para denunciar que toda la humanidad está desnuda. Mientras exista esta herida de libertad, como la niña del cuento del rey desnudo, que ve pasar la autoridad y grita: «¡Si va desnudo! ¡El rey está desnudo!», la humanidad entera está desnuda ante esta barbarie, ante este muro.

Bueno, esta foto mejor, ¿no? No hacía falta. No sé cómo se coló ahí. Gracias.

Nosotras, como payasos, perdemos la dignidad para gritar las vergüenzas del mundo entero. Durante segundos, la imagen de un payaso desnudo quizás pueda permitir, de manera simbólica, abrir una pequeña grieta en la muralla, que no solo está hecha de concreto y torretas militares, sino también de miedos y de dolores.

Pero los muros hacen sombra a los dos lados.

Los muros los levantan desde un bando, pero la sombra cae sobre los dos lados. Y no solo porque Israel sea un parque temático del terror, ni la mayor banda criminal del mundo, sino porque, además, la sombra, la oscuridad, siempre va a buscar la luz. Y la luz, como el tizón del Viejo Antonio, que sigue prendido hoy en Palestina, anuncia la siembra de resistencia y futuro.

Así que volvamos a la Palestina semilla, porque si hay un país luminoso, que mantiene el fuego en la mirada de sus habitantes, incluso en medio del holocausto, ese es Palestina.

Palestina, palabra semilla, semilla de libertad. La única frontera que existe es nuestra piel, y hasta ella a veces se derrite cuando hacemos el amor.

Hoy Palestina ya no es un territorio en el mapa, con sus fronteras robadas por las alambradas y las injusticias. Hoy Palestina es el mundo entero. Se ha vuelto semilla de internacionalismo y de un mundo sin fronteras.

Palestina desbordó la frontera de la guerra de los siete años. La frontera, se la desbordó, se convirtió en una Palestina sin fronteras. Podríamos afirmar que la actual ofensiva asesina israelí, con su manía de destruir y mentir, ha ayudado a difuminar estas fronteras ficticias llamadas Estados-nación.

Palestina sembró una manera distinta de entender que los pueblos forman parte de una piel global, de un solo tejido, de un solo latido llamado humanidad. Hoy Palestina está viva en cualquier acto de resistencia. Hoy Palestina está aquí.

Ellos, los asesinos, quisieron acabar con la raíz palestina, pero de sus ramas de olivo han surgido imágenes semilla capaces de parir una nueva humanidad. Pretendían borrarla de la faz de la tierra. Y solo han conseguido multiplicarla, esparciendo sus esporas de conciencia y rebeldía por el planeta entero.

En cada niña que sobrevive en la Gaza arrasada hay una nueva semilla de esperanza. En cada joven que sale de las cárceles israelís hay una semilla de esperanza. En cada manifestación que recorre el planeta entero hay una palabra semilla que lleva por nombre Palestina y conlleva irremediablemente la libertad, esa que no pide permiso ni tregua, que se forja en la esencia fundamental de la existencia.

Palestina ha sembrado semillas de dignidad hasta en el mar. Hasta en el mar tiene sembrada hermandad y valentía. Por eso, en nuestra retina común, al ver barcos solidarios en el mar, reconocemos esta solidaridad. Estas flotillas de la libertad no solamente van a Gaza o intentan llegar a Gaza y son vapuleadas, secuestradas en aguas internacionales, maltratadas, violadas. Pero ya no solamente es para Gaza, es también para Cuba. Acaba de recién llegar, ¿no?, como comentaba el Capitán.

Palestina juega en el Mundial del 26, aunque no tenga más equipo que el que suele jugar en la ciudad de Santiago de Chile. Palestina hoy recoge títulos universitarios por todo el mundo, aunque no quede en pie ni una sola facultad en Gaza. Palestina se ha paseado por las comunidades zapatistas a modo de grito por la vida, aunque posiblemente, no lo sé, ni un solo compa haya pisado sus calles.

Palestina tiene una bandera que ondea en todas las capitales del mundo, aunque la policía de turno persiga a las personas decentes que se manifiestan por el fin del genocidio. Palestina aparece en los grandes conciertos y eventos culturales de todo el planeta, aunque su cine se ha perseguido y sus músicos encarcelados.

Y, sin embargo, ¿Israel qué ha conseguido con su política de muerte? Quitarse su máscara ante el mundo, su careta. Por fin ha mostrado su verdadero rostro. Israel ha acabado su tumba. Porque mientras este proyecto de muerte exista, no será posible un futuro libre para la humanidad.

Hoy ya no es posible seguir creyendo que es la única democracia de Oriente Próximo, que es un lugar de protección y justicia para las diferentes, que es un Estado que respeta los derechos humanos, que solo se defiende de la amenaza exterior. Hoy sabemos que Israel, por no tener, no tiene ni el derecho político de existir.

Palestina es una geografía que tengo costurada a mis entrañas. Es un paisaje vivo que se levanta cada mañana y que busca una patria entre los escombros. Es el olor a café en un barrio antiguo. Son niños que ríen y corren y sueñan…

¡Ya gazaná, bruji, ma’atir! ¡Law bala kistim, ya janna! ¡Man waja baharik, ya ruh el ruh!

… de los escombros de un territorio destruido. Son mujeres que miran de frente al futuro mientras abrazan en sueños los olivos de sus abuelas. Es un mar que no toca la tierra y una bandera que levanta a la humanidad entera. Son historias de horror y de resistencia. Son miradas furtivas al cruzar de noche un checkpoint, una frontera israelí. Y son gritos desgarradores al recoger a un hijo ensangrentado en el suelo.

Pero, sobre todo, Palestina es semilla de victoria. Es semilla y es raíz de la que más pronto que tarde brotará una nueva humanidad. Donde la justicia no sea el privilegio del de arriba, porque no habrá ni abajo ni arriba.

Hoy sabemos que Palestina no morirá, como no puede morir la dignidad. Porque allá donde alguien luche, habrá siempre una Palestina por liberar.

Hoy la poesía de ese pueblo, que pretenden erradicar de la faz de la tierra, resuena en todos los teatros y corazones de la humanidad entera. Con versos tan semilla como los del gran Mahmoud Darwish.

¿A dónde iremos después de las últimas fronteras? ¿Dónde volarán los pájaros después del último cielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire?

Escribiremos nuestros nombres con vapor ceñido de carmesí. Cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra propia carne.

Aquí moriremos, aquí en el último pasaje, aquí o ahí. Nuestra sangre plantará sus olivos.

¿Qué ves en el horizonte? Otro horizonte.

¿Conoces a todos los muertos y a los que nacerán? ¿Nacerán bajo los árboles? ¿Nacerán bajo la lluvia? ¿Nacerán de las piedras? ¿Nacerán de estallidos? ¿Nacerán de espejos? ¿Nacerán de rincones? ¿Nacerán de derrotas? ¿Nacerán de anillos? ¿Nacerán de capullos? ¿Nacerán del comienzo? ¿Nacerán de la narración?

Nacerán, nacerán, nacerán sin final.

¿Y los matarán? Y nacerán, y nacerán, y nacerán.

Levantemos nuestros puños y nuestros corazones en honor a los que dieron la vida para sostener la nuestra. Y que nuestra ofrenda cotidiana tenga la misma generosidad y valentía.

¡Viva Palestina, viva!

Bueno, como tenía un prólogo, también tengo un epílogo.

Posdata enferma.

Me he dado cuenta que debo estar muy enfermo, porque en estas jornadas estoy rodeado de doctores y doctoras, y posiblemente es que estoy enfermo de posdatas y epílogos. Y ustedes, con su escucha, son mi medicina.

Posdata gallega.

Hasta aquí llegó mi intervención. Espero que haya sido de bien portado, quiero decir, de alguien que no se manda solo. He procurado seguir las instrucciones que llegaron con la generosa invitación para participar en la mesa. He leído mis apuntes, no me he metido con El principito, no he hecho ninguna performance, no sé para qué me invitan si me conocen, pero ahí estamos. Y hasta he intentado hacer una exposición reflexiva. Y eso que soy más gallego que el padre de Manolito en las historias de Mafalda.

Es más, incluso he intentado emocionar, que ya es triste pedirle a un payaso que haga llorar.

Pero si ahora me permiten abusar de su paciencia, en los minutos de descuento, y a riesgo de que me puedan pitar penalti o sacar la tarjeta roja, me voy a lanzar con un bonus track. Un pilón a modo de payaso en rebeldía.

Posdata saludo.

Como ven, un payaso acaba por el principio, así que ahí les va.

Un saludo fractal.

Me encantaría leer las tres páginas que tengo escritas de saludos y agradecimientos a los pueblos zapatistas, pero para no aburrirlos las voy a resumir en forma de fractal, o sea, en forma de semilla.

Este saludo va para Manuel, un chamaco tseltal de cinco años que conocimos en nuestra primera visita a Roberto Barrios, allá por el 2004. Él nos perseguía comunidad arriba, comunidad abajo, incluso cuando íbamos en la redila, cargando nuestras cosas, aunque fueran más grandes que él o pesaran el doble. Eso sí, siempre iba sin dejar de sonreír. Ahí va Manuel, arrastrando la maleta del payaso gallego Loconuc.

Me gustaría mandarle un saludo a Manuel, porque su mirada despierta y su alegría, una alegría permanente, me recordó a modo de espejo y reflejo a la de Laila, una niña palestina de su misma edad que dos años antes, con ojos azules y pelo rubio, encontré ante el peor checkpoint del mundo, el de Calandia, ante la peor frontera interna.

Al acabar nuestra actuación, y viendo que no se despegaba de nosotros, le pregunté a esta niña de cinco años, pelo rubio, ojos azules: “¿Piensas que algún día Palestina será libre?”.

En ese momento su rostro se iluminó, de una forma que nunca podré olvidar, y contestó un sí tan profundo, tan rotundo, tan lleno de futuro, que por instantes se acallaron los gritos de las bombas.

Posdata futbolera.

Sembremos la ilusión en los corazones de las futuras generaciones. Combatamos la plaga del pesimismo, que la apatía no se coma las flores de la esperanza, y que no falte el chile de la alegría en la milpa que somos.

En la mirada de una niña palestina o de un niño zapatista puede estar el hilo de Ariadna para salir del laberinto sin convertirnos en faunos.

Hay partido, todavía hay partido. El verdadero mundial no es de fútbol, no se juega en las canchas de la FIFA, se gana día a día, en cada acción por la vida, en cada ceremonia de rebeldía, en cada acto de amor por la humanidad, en cada mirada digna y en cada palabra semilla.

Y seguramente los mejores campesinos y jardineros de ese mundo que queremos habitar, los mejores semilleros del pensamiento crítico, se lo debemos a las comunidades y al movimiento zapatista.

Así que muchísimas gracias.

Parece ser que tengo que leer otra postdata. Vamos allá. Bueno, esta es la…

Postdata de la postdata.

Quería compartirles que para mí es muy complejo, muy difícil escribir mis intervenciones y mucho más leerlas. Es una tarea titánica que nace del amor y la generosidad y del reconocimiento que tengo a los zapatistas.

Pero bueno, en realidad lo que quería decir es que yo soy más del movimiento de “el que improvisa no es traidor”.

Entonces, si hay tiempo para esta postdata y si encuentro mis notas… Les quería hablar de varias cosas que surgieron durante esta conversación. No sé dónde están.

Es muy importante entender que la ocupación de Palestina no es una cuestión ni de religión ni de lucha étnica. La religión es la excusa con la que el sionismo construye toda su batería de mentiras y justificaciones. Y es falso que los miles y miles o millones de personas que habitan en Israel sean los descendientes de los judíos y judías que tuvieron que salir huyendo de Palestina. Es falso.

Los ashkenazis, los polacos judíos, los judíos rusos, alemanes, franceses, etcétera, que dicen que esa tierra es suya, ninguna generación de sangre estuvo allí.

Entonces, es importante que empecemos a entender que cuando hasta la religión se usa como una herramienta coercitiva y para justificarse, en algo está fallando esta humanidad.

Hay un movimiento fundamental que se llama el movimiento BDS. Boycott, Desinversión y Sanciones. Es la manera que tenemos de construir la posibilidad de enfrentar a la maquinaria macroeconómica israelí. Para quien no conozca este movimiento, la invitación es que lo estudie, que lo investigue, que se acerque. Boicotear los productos israelís, pero también sus empresas y sus intermediarios. Obligar a que se deje de invertir y de mantener relaciones diplomáticas, académicas, económicas, militares, con el conglomerado israelí–estadounidense, con la maquinaria sionista, es fundamental. De alguna manera, tenemos nosotros mismos que salir de ese entramado, porque, como decía antes, forman parte de un tejido global parecido al narco.

Y la otra cosa que quería decir, escuchando la intervención de Micaela, es que la capacidad de resistencia, luz y amor del pueblo palestino tiene eco no solamente en los corazones solidarios y en los movimientos sociales y políticos, sino también en la comunidad judía, que está diciendo “no en mi nombre”.

Recordemos aquí a los rabinos, que son como los curas del catolicismo, a los rabinos antisionistas. Recordemos aquí a todos los movimientos de judíos antisionistas. Recordemos aquí a todos los pensadores que nacen de esta cultura.

Por lo tanto, para resumir, porque no tenía previsto esto, diferenciemos ser parte de la cultura judía, porque algún ancestro tuyo ha sido practicante de esa religión y, por lo tanto, mantiene esto un acervo cultural, unas prácticas como nosotras con alguna religión como el catolicismo, y eso no quiere decir que seamos practicantes. Y, sobre todo, entendamos que no es una cuestión étnica, que no son la gente que se fueron de allí hace 500, 600, 2000, cuando fuera.

¿Y por qué me obligó a leer la postdata de la postdata? Para agradecer profundamente. O sea, que fui choferólogo sin manejar durante cinco meses.

Que este movimiento y estos foros me obligan a escribir y me obligan a leer el texto. Pero, como decía al principio, espero que disculpen los errores.

Y hoy, Palestina es más fuerte e Israel es más débil.

¡Viva Palestina libre!