Los Subcomandantes Insurgentes Galeano y Moisés cuentan la “historia del cine en las montañas del sureste mexicano” durante el Festival de Cine Puy ta Cuxlejaltic, Caracol de Oventic, 3 de noviembre de 2018.
Esta tarde clara en el auditorio del CIDECI, Néstor Quiñones ha explicado que llevamos por dentro una batalla ardua entre pulsiones ya sea destructivas o impulsivas hacia la vida. En el arte, explicó, nuestras sumas de obsesiones, deseos y dolores toman partido por alguna de estas opciones: lo sano (optar por la vida) o lo patológico (optar por morir). En Los Adioses proyectados de Natalia Beristáin, habíamos visto a Rosario Castellanos reencontrar a su pareja, jugar entre las sábanas e intentar desnudarse aunque al final se arrepentía y se cubría el cuerpo tenuemente. “Me cuesta trabajo estar desnuda frente a ti”, le explicaba a un señor Guerra incapaz de contener su impulso creativo, de controlarla y de poseerla. “¿Sabes cuál ha sido tu problema siempre? Sientes mucho todo”, intentaba articular y justificar sus impulsos e incapacidades su pareja, un señor Guerra protagonizado por Daniel Giménez Cacho, quién tras presentar un cortometraje sobre la búsqueda de Salomón Aceves, Jesús Díaz y Marco Ávalos, los estudiantes de cine desaparecidos desde el 19 de marzo pasado cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido sulfúrico según declaró este lunes 23 de abril la Fiscalía de Jalisco, protegió y exaltó que el Arte tiene la enorme y particular belleza de conseguir mostrar las heridas sin caer en la victimización, de provocar la escucha activa -dejarse tocar por el otrx- y por lo tanto de hacer el amor, ese “querernos como resultado de ir hacia el otrx”, ese querer desnudarse y brindarse que tanto quiso Rosario pero el México de hoy, vencido por su impulso patológico, quiere incluso disolver. Por ello, Yásnaya Aguilar irrumpió en el auditorio del CIDECI como un huracán dispuesto a sanar las heridas y la enfermedad contemporánea con el irreductible y originario remedio de la libertad. Si tomamos la domesticación del maíz como nuestro origen, lo alusivo a lo indígena apenas haría referencia a 200 de los 9,000 años transcurridos desde entonces, pues esta gran categoría fue creada por los Estados-Nación para encasillar, conjuntar y encapsular en un cajón único y supuestamente común distintas prácticas de vida y organización cuyo rasgo compartido era precisamente la negación a aceptar la idea de pertenecer a un Estado, es decir, a formar parte de algo mayor encima de los pueblos y practicar un estar juntxs falso e inocuo lejano al amor y cercano al impulso patológico de la muerte. Así, del torrente de palabras, miradas y escuchas compartidos por Yásnaya -lxs zapatistas de plano le pidieron su texto para seguirlo descubriendo con calma-, emergió ayer de nuestras heridas físicas y patológicas una pista enorme y vital para sobrevivir juntxs. “Eso que entiendo que los caracoles, que los compañeros zapatistas ya están haciendo, y disculpen si los contradigo, más que buscar un <<nunca más un México sin nosotros>>, están creando ya el nosotrxs sin México”, sonrió Yásnaya.
Escucha/descarga los audios (para descargar, haz clic con el botón derecho del mouse sobre la pista deseada):
(batidillo musiquero –ni idea de qué resulte-, o sea que será algo así como los tacos campechanos con harrrrrrrta salsa. Ojo: el antiácido va por su cuenta).
“Falta lo que Falta” (o sea la paga, ésa siempre falta)
/porque viera que hay, oiga usted, joven, caballero, damita, ´onde quiera se consiguen, ya no digamos en blanco y negro, hasta fotocopias a color; impresiones en 3D de credenciales del INE –no, el photoshop se cobra aparte-; firmas con el DNA incluido; encuestas al gusto del que pague; un padrón electoral a modo; dos figuritas de acción, ¡edición limitada!, de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, para la casa, la oficina, oiga usted, para la dama, el caballero, la señorita, el niño, la niña, para regalo, presente u obsequio, llévelas –opcional: dos máscaras de los susodichos y una calcomanía con la leyenda “Yo en el INE sí confío” y otra que dice “Nah, ni madres”, para el carnaval de abril a julio-; boletas electorales ya con la elección de su preferencia (ah, ¿ésas ya las tienen? Mta, ¿no les digo?, si falta como quien dice “prospectiva” empresarial); más de un millón de followers para la red social más cercana a su esmarfon; hay para todos los presupuestos… bueno, no para todos, ni modos…/
QUE NARRA DE CÓMO SE ENCONTRARON LOS DOS MÁS GRANDES DETECTIVES, UN FRAGMENTO DE LO QUE ELÍAS CONTRERAS Y EL SUPGALEANO HABLARON CUANDO EL CASO DE LA YA NO MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE LAS MANTECADAS, Y DE CUANDO DEFENSA ZAPATISTA HIZO PEDAZOS LA CIENCIA DEL LENGUAJE, ASÍ COMO ALGUNAS OCIOSAS REFLEXIONES DEL SUP QUE VIENEN AL CASO, O COSA, SEGÚN.
Buenos y reiterados días, tardes, noches, madrugadas.
Antes que nada, queremos mandar un abrazo al pueblo Mapuche que sigue siendo agredido por los malos gobiernos de los países llamados Chile y Argentina. Ahora, con sus trampas jurídicas, han vuelto a someter a juicio condenatorio a la Machi Francisca Linconao, junto a otras y otros mapuche. Una muestra más de que, en el sistema que padecemos, quienes destruyen la naturaleza son los buenos, y quienes resisten defendiendo la vida son perseguidos, asesinados y encarcelados como si fueran criminales Pero, a pesar de eso, o precisamente por eso, una sola palabra basta para describir la lucha del pueblo Mapuche y de todos los pueblos originarios de este continente: Marichiweu, diez, mil veces, siempre venceremos.
-*-
El día de ayer, una de las científicas ponentes nos pasó el dato de que hay un concurso para el mensaje que llevará una nave espacial hacia otro planeta, y que el premio es de un millón de dólares.
El mensaje que proponemos, y que seguramente ganará, es: “No permitan que nos instalemos en su mundo. Si no hemos resuelto los problemas que provocamos, repetiremos los mismos errores. Porque entonces no llegaremos solos, con nosotros llegará un sistema criminal. Seremos para su mundo el Alien apocalíptico, el temido octavo pasajero que crece y se reproduce gracias a la muerte y la destrucción. El móvil para conocer otros mundos debería ser el ansia de conocimiento, la necesidad de aprender, y el respeto hacia lo diferente, y no la búsqueda de nuevos mercados para la guerra, ni el refugio para el asesino hecho sistema”.
El millón de dólares favor de depositar en la cuenta bancaria de la asociación civil “Llegó la hora del florecimiento de los pueblos” que apoya al Concejo Indígena de Gobierno.
-*-
La que voy a leer iba a ser nuestra participación en la mesa de ayer pero, como al Pedrito, me aplicaron la “equidad de género”, zape incluido, y, para variar, ganaron las “como mujeres que somos”. Va pues:
El doctor John Watson se mira al espejo con preocupación. Se peina para uno y otro lado, para el frente y para atrás. Se mira de frente, perfil derecho, izquierdo y, con un espejo de mano, atrás. Mientras está en ese curioso ajetreo murmura para sí:
Tal vez alguna, alguno, algunoa, recuerde que el difunto SupMarcos insistía en que el sistema capitalista no podía ser entendido sin el concepto de guerra. Claro, suponiendo que sea un concepto. Decía él que la guerra era el motor que había permitido, primero, la expansión del capitalismo, y luego su consolidación como sistema mundial, además de recurrir a ella para hacer frente a sus recurrentes y profundas crisis.
Oh, lo sé, qué otra cosa podría esperarse de un soldado. Pero debo señalar, a modo desagravio, que él no limitaba la guerra a la guerra militar. Tal vez una relectura de la correspondencia que mantuvo con Don Luis Villoro Toranzo en el año del 2010 y que fue hecha pública a inicios del 2011, podría ayudarnos a entender eso. En la primera de esas misivas públicas, se desmenuza la aparente ineficacia de la llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada por el aficionado a los videojuegos bélicos, Felipe Calderón Hinojosa. Y digo “aparente ineficacia” porque, en efecto, a la vista de los resultados, fue y es ineficaz para combatir al crimen organizado, pero fue efectiva para poner a los militares a gobernar de facto en varias regiones del país llamado “México”.
Lo traigo a colación porque, a diferencia del difunto, a mi entender el capitalismo puede ser estudiado como un crimen.
El abordarlo así nos demandaría el conocimiento científico de materias que podrían aparecer lejanas de lo que tradicionalmente se conoce como “ciencias sociales”.
En fin, cataloguen ustedes a su gusto esta desviación teórica, tal vez producto de un inconcluso curso, por correspondencia, de detective privado, en aquella lejana época en que el correo no se refería a cuentas electrónicas y nicknames, y que, cuando se ponía la dirección, se ponía la zona postal y no la I.P. o protocolo de internet; época en que se podía estudiar, también por correspondencia, desde un curso de cerrajería hasta uno de piloto aviador, pasando, claro está, por “cómo tener un cuerpo como el de Charles Atlas sin necesidad de ir al gimnasio y en sólo unas semanas”, el cual no me fue necesario cursar porque son evidentes mis hermosas y bien torneadas piernas (arrrrrroz con leche).
En fin, pónganme en el archivo de alguno de los “ismos” que esté a la mano en las redes sociales, y eviten concluir que las ciencias sociales seguirán incompletas mientras no incluyan la criminología entre sus herramientas, además de, puesto que de un crimen se trata, la llamada ciencia forense.
-*-
Pero sigo hablando de un crimen. Un crimen que es explicado desde diferentes perspectivas.
Tomemos un ejemplo reciente: los temblores y las consecuentes desgracias.
Queremos agradecerles a quienes asisten, sea aquí en el CIDECI, sea a la distancia en geografía y calendario, a este segundo Encuentro de ConCiencias por la Humanidad, cuyo tema central, se supone, es “las ciencias frente al muro”.
Celebramos que hayan decidido participar, sea como ponentes o como escuchas y videntes,
Mi nombre es SupGaleano y ahora no voy a hablarles de ciencia, ni de arte, ni de política, ni les voy a contar un cuento.
En cambio, quiero hablarles de un crimen y de sus posibles análisis o explicaciones.
Y no un crimen cualquiera, sino un crimen que rompe los calendarios y redefine el tiempo; que amalgama al criminal y a la víctima con la escena del crimen.
Un crimen, digo. Pero… ¿Un crimen en curso? ¿Uno ya perpetrado? ¿Uno por cometerse? ¿Y quién es la víctima? ¿Quién el criminal? ¿Cuál es la escena del crimen?
Tal vez alguna, alguno, algunoa, esté de acuerdo conmigo que los crímenes son ya parte de la realidad que se padece en México, y en cualquier parte del mundo.
Crímenes de género o feminicidios, de homofobia, racistas, laborales, ideológicos, religiosos, por la edad, por la apariencia, por negocios, por omisión, por el color, y así.
En resumen: un territorio anegado en sangre. Tanta, que las víctimas ya no tienen nombre, son sólo números, índices estadísticos, notas de interiores o de relleno en los medios de comunicación. Incluso cuando la sangre es de quienes, como ell@s, trabajan de comunicadores,
Miles de crímenes con minúsculas, que se alimentan de un crimen mayor,
La aberración es tan grande, que los deudos de las víctimas tienen que luchar ya no por la vida de sus ausentes, sino porque no mueran dos veces: una de muerte mortal y la otra de muerte de memoria.
Para no ir muy lejos, en México, ya se puede decir que alguien “murió de muerte natural” cuando es víctima de la violencia.
¿Qué mundo sería parido por una mujer que pudiera nacer y crecer sin el miedo a la violencias, al acoso, a la persecución, al desprecio, a la explotación?
Presentación del libro
Habrá una Vez…
Escrito por el Subcomandante Insurgente Galeano
Presentado por la Dra Sylvia Marcos
Sábado 10 de junio de 2017, 5pm.
La Gozadera
Plaza San Juan # 15, esquina Pugibet
Colonia Centro, CDMX
Convocan:
Mujeres y la Sexta
Espacio de Coordinación Grietas en el Muro
Buenas tardes, días, noches tengan quienes escuchan y quienes leen, sin importar sus calendarios y geografías.
Mi nombre es Galeano, Subcomandante Insurgente Galeano. Nací la madrugada del 25 de mayo del 2014, en colectivo y a pesar mío, y bueno, también a pesar de otros, otras y otroas. Como el resto de mis compañeras y compañeros zapatistas, me cubro el rostro cuando es necesario mostrarme, y me descubro para ocultarme. A pesar de no cumplir aún el año de vida, el mando me ha asignado el trabajo de posta, vigía o centinela en uno de los puestos de observación de esta tierra rebelde.
Como no estoy acostumbrado a hablar en público, y menos ante tantas y tan finas (já -perdón, debe ser el hipo del pánico de escena-), digo finas personas, les agradezco su comprensión para con mis balbuceos y mi reiterado trastabíllelo en el difícil y complicado arte de la palabra.
Compañeros y compañeras del Ejército Zapatista de Liberación Nacional:
Compañeroas, compañeras, compañeros de la Sexta:
Personas que nos visitan:
Me toca ahora hablarlo al compañero maestro zapatista Galeano.
Hablarlo para que en la palabra viva. Hablárselos para que tal vez así entiendan nuestra rabia.
Y decimos “maestro zapatista Galeano” porque ése era el puesto o la posición o el trabajo que tenía el compañero cuando fue asesinado.
Para nosotros, nosotras, zapatistas, el compañero maestro Galeano sintetiza toda una generación anónima en el zapatismo. Anónima para afuera, pero protagonista fundamental en el alzamiento y en estos más de 20 años de rebeldía y resistencia.