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Radio Zapatista

Estas “mujeres que somos”. Reflexiones desde el Encuentro Nacional de Mujeres.

Por: Eugenia Gutiérrez, Colectivo RZ.

México, julio 2018.

Este fresco remanso de barullo y lucha nos recibe en calma. Nos respalda el escarpado Cerro de la Cruz, al que cada 3 de mayo sube la comunidad para invocar lluvia y buenas cosechas. Convocadas por la Comisión de Mujeres del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) para México del Congreso Nacional Indígena (CNI), mil cien mujeres indígenas y mestizas de trece pueblos originarios, veinticinco estados de la República Mexicana, dieciocho países y el Kurdistán nos reunimos los días 28 y 29 de julio en la comunidad indígena Hñähñu de San Lorenzo Nenamicoyan, Estado de México. La comunidad nos abre su auditorio y su escuela, mientras nos acondiciona un comedor solidario que se crece con puestos de comida y vendimia de muchos sabores y colores.

Las preguntas se nos agolpan en la mente y las respuestas van buscando su lugar.

¿Cómo ser estas “mujeres que somos” en el país más feminicida?

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CNI | CIG

Programa para el Primer Encuentro Nacional de Mujeres del CNI y el CIG

CONGRESO NACIONAL INDÍGENA
CONCEJO INDÍGENA DE GOBIERNO

En colectivo y con organización de abajo y a la izquierda, anticapitalista, antipatriarcal y apartidista, convocamos a trabajar para este Encuentro Nacional de Mujeres con los siguientes objetivos:

  1. Tejer redes nacionales e internacionales de mujeres comprometidas con la lucha anticapitalista y antipatriarcal, de abajo y a la izquierda.
  2. Reflexionar para llevar a la acción los nueve temas de trabajo del Concejo Indígena de Gobierno
  3. Intercambiar nuestras experiencias de lucha para seguir articulando nuestra organización como mujeres anticapitalistas y antipatriarcales.
  4. Generar acuerdos y acciones concretas que permitan seguir tejiendo esta red de mujeres

Para alcanzar estos objetivos trabajaremos bajo el siguiente:

Programa para el Primer Encuentro Nacional de Mujeres del CNI y el CIG

Sábado 28 de julio

7:00 Registro y desayuno

10:00 Palabras de Bienvenida

  • Autoridades y mujeres de San Lorenzo Nenamicoyan
  • Mensaje de las compañeras zapatistas
  • Introducción a los trabajos a cargo de la comisión de mujeres del CIG-CNI

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CNI | CIG

Actualización de información sobre el Encuentro Nacional Mujeres

ACTUALIZACIÓN DE INFORMACIÓN SOBRE EL ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES

  1. Se abre la recepción de propuestas para compartir el día 29 de julio durante el encuentro, las actividades pueden ser conversatorios, talleres, teatro, música, danza. La actividad deberá partir o responder a la pregunta: ¿Cómo construimos modos de vida anticapitalistas y antipatriarcales, de abajo y a la izquierda?
  • El límite de envío es el 20 de julio al correo: cniencuentronacionalmujeres@gmail.com, indicando modalidad, nombre de la actividad y de quienes facilitarán, número recomendado de participantes, requerimientos básicos para su realización.
  • Las propuestas serán reflexionadas por la comisión de mujeres y se dará respuesta en función de las características del lugar del encuentro y de la pregunta propuesta.
  1. El registro vía correo electrónico se cerrará el próximo 20 de julio de 2018, enviar correo con: Nombre, edad, lugar de procedencia, pueblo al que pertenece, colectivo u organización.
  1. No se realizará acreditación especial para prensa, están invitadas a participar compañeras periodistas que se sientan convocadas para ser parte del encuentro, el procedimiento de registro es el mismo que para todas.
  1. El arribo a la comunidad se podrá hacer desde el viernes 27 de julio en la tarde noche, es necesario avisar vía correo electrónico para estar pendientes de la llegada.
  1. Este encuentro fue acordado por mujeres del Concejo Indígena de Gobierno y del Congreso Nacional Indígena para las mujeres.

Fuente: Congreso Nacional Indígena

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Congreso Nacional Indígena

Recorrido del CIG y su vocera Marichuy en Baja California

Jueves 21 de Junio

7 a 10 am: entrevistas con medios alternativos y comerciales de Mexicali.

11 a 13 horas: Encuentro con los pueblos indígenas de Baja California. Escuela Primaria del poblado El Mayor.

17 a 19 horas: Encuentro con la Red de Apoyo, Colectivos, Organizaciones e Individuos (as-oas) que se adscribieron y decidieron apoyar la propuesta del CIG y su Vocera. Salón Social de los Jubilados Burócratas, calle H # 444, casi esquina con Av. Zaragoza, Colonia Nueva.

 

Viernes 22 de junio.

15 a 20 horas: Festival Cultural y Encuentro con la Red de Apoyo, Colectivos, Organizaciones e Individuos (as-oas) que se adscribieron y decidieron apoyar la propuesta del CIG y su Vocera. Lugar por confirmar.

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Radio Zapatista

II Encuentro Metropolitano de Redes, Colectivos, Organizaciones, Individu@s y Adherentes a la Sexta en apoyo al CIG y su vocera Marichuy.

El pasado 19 de mayo se llevó  a cabo el II Encuentro Metropolitano de Redes, Colectivos, Organizaciones, Individu@s y Adherentes a la Sexta en apoyo al CIG y su vocera Marichuy en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

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Debora Cerutti/La Tinta

Compañera del colectivo La Tinta narra su detención en un Centro para Migrantes de México tras participar en Chiapas en el 1er Encuentro de Mujeres que Luchan [Crónica]

En el mes de marzo, La tinta viajó a México a realizar la cobertura del “Primer Encuentro internacional, político, artístico y deportivo de mujeres que luchan”. En un operativo policial en la ruta que une Ciudad de México con San Cristóbal de las Casas, Chiapas, retuvieron a una de nuestras cronistas, Débora Cerutti. Aquí la primera parte de un relato de primera mano sobre las 13 horas de detención en un Centro para Migrantes.
Por Débora Cerutti para La tinta

Acayucan, Veracruz, México. 12 de la noche. Retén policial en la ruta. Huelo a peligro. Sudo hormonas. Aumento la frecuencia cardíaca. El miedo paraliza, me dije a mi misma. Reacciono y activo protocolos básicos de seguridad. Los invento en ese momento.

Había salido a las siete de la tarde de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, rumbo a Ciudad de México. El avión de vuelta a Argentina salía dos días después.

Llamo por teléfono a Jaime. Le pido que se comunique con mi amiga Mariana. Que no se preocupen. Que permanezcan atentos. Que no tenía mi pasaporte. Que no lo encontraba. Que debía estar en la casa de Mariana, en Ciudad de México, aunque estaba segura de que lo había cargado. Que iba a pasar la noche en un lugar llamado “Centro para migrantes” y que al amanecer me dejarían ir, cuando llegara el personal a las oficinas y chequearan mi identidad.

El aquietamiento
La última vez que había estado en México, fue hace dos años atrás. Un viaje de siete meses en el que recorrí decenas de experiencias organizativas que me enamoraron. Entre ellas, el zapatismo. En marzo de este año regresé al sureste mexicano con la tarea de cubrir para La tinta un evento convocado por el movimiento zapatista: el Primer Encuentro internacional, político, artístico y deportivo de mujeres que luchan. Mi corazón estaba ensanchado.

El encuentro terminó. Decidí quedarme unos días más en San Cristóbal para terminar de organizarme junto a otras seis mujeres en el trabajo colaborativo de prensa que nos habíamos propuesto durante el encuentro. Luego de esos días, iría a la costa de Chiapas a visitar a tres generaciones de mujeres y el mar. La noche antes de viajar comencé a sentirme mal. La maldición de Moctezuma parecía haber hecho lo suyo en mi estómago. Perdí el pasaje que había comprado y me quedé un par de días más en San Cristóbal.

Eso condicionó la vuelta. Debía volver sola a ciudad de México atravesando algunos retenes que sabía que existían. Conocía de los filtros migratorios por mi viaje anterior. Decidí no dormir y quedarme atenta a las probables paradas del colectivo en que la Policía Migratoria tiene un procedimiento muy aceitado: se sube al autobús, te mira, te alumbra con una linterna, reconoce tus rasgos en base a fenotipos y decide pedirte o no los documentos.

Desde la salida de San Cristóbal pasé tres retenes. En el tercero, todavía en el estado de Chiapas me pidieron documentos. Les mostré mi DNI, lo tomaron en sus manos y me lo devolvieron. Se bajaron. El colectivo siguió andando. Mi cuerpo liberó hormonas que mantuvieron la sensación de miedo pero permitieron que mi organismo actuara.

Siempre me costó dormir en los colectivos. A veces, cuando logro conciliar el sueño, se despierta mi mente y mi cuerpo queda paralizado. Por eso, desde hace un tiempo, decido mantener los ojos abiertos, los sentidos en alerta cuando viajo. Leo. Pienso. Miro por la ventana. Recuerdo. Hasta que me vence el sueño y caigo en la posibilidad de esa parálisis de la que soy consciente y dura segundos, pero que se manifiesta como eternidad. Es el tránsito del sueño a la vigilia: la parálisis del sueño.

Bajé la guardia a las 23 horas, un jueves 15 de marzo, en ese último retén. Me quedé profundamente dormida, sintiendo que ya no había peligro ni posibilidad de parálisis.

Llave de cintura
El estado de Veracruz es el paso obligado de aquellas personas que migran desde Centroamérica hacia Estados Unidos. De allí que le llaman “llave de cintura”, metáfora que representa el anudamiento, la limitación en el transitar libremente. Allí la linterna me iluminó el rostro y me despertó. Caí una vez más entre los fenotipos de personas que la migra estaba buscando.

—Documentos.
—Ya me los pidieron en el retén anterior.
—Este es otro. Documentos.
—Aquí está.
—Su pasaporte.
—Ese documento fue válido en el retén anterior.
—Este es otro. Pasaporte.

Me pongo nerviosa. No encuentro el pasaporte. Reviso mi mochila de mano. No está allí. Me bloqueo. Les digo que no lo tengo conmigo. Que tengo escaneado las primeras hojas de esa identificación en la computadora. Que no. Que necesitan tenerlo con la fórmula migratoria que me habían dado al ingresar al país. Que junte mis cosas y me baje.

Desciendo del colectivo, el chofer afirma que yo no venía sola, no entiendo por qué. Yo le digo que sí, que no había nadie conmigo. Insisten en mi pasaporte. Mi memoria insiste en no recordar qué había hecho con él. No pasan más de cinco minutos en toda esta secuencia: sin dudarlo, el chofer baja mi mochila grande del colectivo, se sienta en su butaca y arranca.

Miro el reloj de mi teléfono celular, son las doce de la noche, batería cargada, apenas una línea de señal. Miro a mi alrededor, veo el colectivo que se va, la ruta casi vacía, la noche oscura, una tienda Oxxo a lo lejos y una tienda de campaña con luces blancas que iluminan los rostros. Me percibo como la única mujer rodeada de policías. Recuerdo una frase: “Ningún ser humano es ilegal”.

Foto:Colectivo Manifiesto

La jauría y la perrera
Me dicen que me van a trasladar. Me suben a una combi enrejada. Me tienen media hora allí arriba encerrada, sin posibilidad de bajarme. Con dos jóvenes hermanos, uno de ellos menor de edad. Ellos en silencio. Yo golpeando la puerta para que me dejen salir. La migra pasa por el costado y disimula la sordera. Vuelve el conductor de la perrera. Se sube y enciende el motor. Comienzan los once kilómetros de mayor incertidumbre en el viaje en México.

Empiezo a borrar las imágenes de la cámara de fotos en el camino, las del Encuentro de mujeres. Borro toda la información del teléfono. Pienso en las 47 mujeres que denunciaron violaciones y torturas en San Salvador Atenco, uno de los 125 municipios del Estado de México, ubicado al oriente. Allá en 2006, cuando 5 mil efectivos policiales se desplegaron cual jauría sobre la comunidad rural y reprimieron una protesta contra la construcción de un aeropuerto.

Pierdo la señal del teléfono por completo.

Pienso en los excesos de las autoridades. En los operativos impunes, en el poder que poseen las fuerzas policiales, en su formación violenta y su capacidad para realizar torturas físicas, psicológicas y sexuales. En su capacidad para desaparecer personas.

En esos once kilómetros de traslado al Centro de Migrantes, intento identificar señales en el afuera. Intento no tener miedo. Intento pensar con la cabeza en frío y el corazón caliente. Carteles, nombres, luces. ¿Qué haría ante un intento de violación? ¿Qué si me secuestran? ¿Serían capaces?

Atenco, insistente imagen metafórica mientras transito encerrada en la perrera hacia un lugar desconocido, rodeada de hombres uniformados.

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Radio Zapatista

El corazón está listo – Día 11, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

No matarán la flor de la palabra. No aquí ni ahora, no con tanta lucha por delante. No con tanta muerte acechando. Tras once días de conversar con música, baile, foto, cine, cartel, silencio atento y palabras, anoche concluyó en el CIDECI-Unitierra un encuentro que resignifica y redefine mucho. Una Comisión Sexta que celebra a su nuevo integrante (el Comandante Pablo), ha planteado una vez más la importancia de la organización mientras propone cuidar la “pedagogía” del mensaje a transmitir. No hay “propiedad privada de la lucha”, dice el Sup Galeano, hay “una nueva semilla que es de todos, todoas, todas y no es de nadie”.

Al presentar a detalle sus vivencias de los meses recientes, cuando se lanzaron a la búsqueda de apoyos para Marichuy y el CIG, integrantes de su Red de Apoyo se hacen voz colectiva que describe el proceso de aprendizaje-trabajo-información vivido por muchos rincones de México. Aunque escuchamos solamente a colectivos de Chiapas y de la Ciudad de México y zonas cercanas, lo que narran podría narrarlo cualquiera de ellxs. Son “colectivo de colectivos”, esfuerzo conjunto aunque disperso. Son fractales de resistencia. Sus voces coinciden cuando nos transmiten la emoción, el frío, la confianza, el agotamiento, el ánimo, el ansia y, sobre todo, la convicción. Recuerdan a Marco Antonio Jiménez, “activo auxiliar de Marichuy”, maestro de la Sexta que “ya no se encuentra aquí entre nosotros”. Recuerdan también a Eloísa Vega Castro, de la Red Sudcaliforniana de apoyo al CIG. Pero en realidad recuerdan todas las muertes y las desapariciones, todos los encarcelamientos y los abusos, todos los feminicidios, todo el despojo y el racismo, pues durante meses se dedicaron a recordárselos a cada persona que se acercó a sus mesas de recolección de apoyos. “También vivimos la tormenta”, nos dicen. “Cada firma era un diálogo que permitía visibilizar la lucha de los pueblos indígenas”, pero para visibilizarla tenían que verla ellxs mismxs. Con gran elocuencia, Raúl Romero presenta sus tres miradas de ese proceso: lo que llamó a juntar firmas (el diagnóstico), lo que pasó juntando firmas (las experiencias) y lo que es este semillero (la esperanza).

En sus intervenciones durante la clausura, tanto el Comandante Pablo como los Subcomandantes Moisés y Galeano replicaron el “efecto Marichuy” y los pueblos originarios al insistir en que nuestra lucha es por la vida. Según lo narraron a lo largo de estos días, cada participante de este Conversatorio-Semillero recibió una invitación del EZLN que les preguntaba “¿cómo está tu corazón?”. Cada quién dio su respuesta. Pero por lo que nos enseñaron y por la fuerza organizada de quienes convocaron, todo indica que el corazón está listo.

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Un bosque de mujeres – Texto de Sylvia Marcos para el Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

“UN BOSQUE DE MUJERES”
Carta a las compañeras zapatistas, a su voz colectiva en la voz de la Insurgenta Erika en Morelia el 8 de Marzo 2018.

Sylvia Marcos

“Nos dimos cuenta, que no solo no nos entendían, sino que su propuesta era mejor.”
(Sub Marcos, comentario sobre el inicio del levantamiento zapatista)

Queridas compas,

A traves de esta carta quiero hacer comentarios que me tocan muy profundo, al escuchar su discurso de apertura en el Primer Encuentro Internacional, Politico, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. Palabras dichas en nombre de las mujeres zapatistas. Como la insurgenta Capitana Erika lo enfatizó varias veces:  era  “la voz colectiva de las zapatistas” y añadió con énfasis “a mí me toca leer, pero esta palabra la acordamos en colectivo” y todavía insistió “…con todas las compañeras que son organizadoras y coordinadoras en este Encuentro”. (Se hablaba de un colectivo de aprox. 1,000 mujeres) De a de veras un discurso colectivo que se logró, entre todas.

Compañeras zapatistas, les escribo esta carta a ustedes que me han convocado, interpelado, corregido, retado con sus palabras.

Desde mi rumbo, desde mi mundo, desde mi tiempo, desde mi modo.

Al momento de escucharlas se agolparon en mi mente tantas interconexiones! tantas experiencias de años con mujeres luchando por la justicia. Tambien referencias a lecturas estudiosas de teoría psicológica, sociológica, antropológica, histórica, feminista, de mujeres, de género. Ando interconectando varios caminos teóricos “Piense y piense” como dice Defensa Zapatista, para mejor entender este mundo y luchar para cambiarlo, transformarlo, para que las mujeres, 🙁 ese bosque de mujeres, que ustedes describieron y concibieron tan bien), podamos colaborar a crear ese mundo nuevo que todas deseamos… y no solo libres de todas las formas de violencia sino felices, plenas y creativas en nuestras vidas. Siento que lo mejor que puedo hacer ahora es comentarles lo que fui pensando al escucharlas.

Las escuchamos decir:

“Porque una cosa es ser mujer, otra ser pobre, y una muy otra es ser indígena. Las mujeres indígenas que me escuchan lo saben bien…., y otra cosa, muy otra, y más difícil, es ser mujer indígena zapatista.”

“…las invitamos para encontrarnos como diferentes y como iguales”

(Las grandes transformaciones no empiezan arriba, ni con hechos monumentales y épicos sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen como irrelevantes para el político y analista de arriba (SCIMarcos 2009, 33)

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¿Un nosotrxs sin México? – Día 10, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

Esta tarde clara en el auditorio del CIDECI, Néstor Quiñones ha explicado que llevamos por dentro una batalla ardua entre pulsiones ya sea destructivas o impulsivas hacia la vida. En el arte, explicó, nuestras sumas de obsesiones, deseos y dolores toman partido por alguna de estas opciones: lo sano (optar por la vida) o lo patológico (optar por morir). En Los Adioses proyectados de Natalia Beristáin, habíamos visto a Rosario Castellanos reencontrar a su pareja, jugar entre las sábanas e intentar desnudarse aunque al final se arrepentía y se cubría el cuerpo tenuemente. “Me cuesta trabajo estar desnuda frente a ti”, le explicaba a un señor Guerra incapaz de contener su impulso creativo, de controlarla y de poseerla. “¿Sabes cuál ha sido tu problema siempre? Sientes mucho todo”, intentaba articular y justificar sus impulsos e incapacidades su pareja, un señor Guerra protagonizado por Daniel Giménez Cacho, quién tras presentar un cortometraje sobre la búsqueda de Salomón Aceves, Jesús Díaz y Marco Ávalos, los estudiantes de cine desaparecidos desde el 19 de marzo pasado cuyos cuerpos fueron disueltos en ácido sulfúrico según declaró este lunes 23 de abril la Fiscalía de Jalisco, protegió y exaltó que el Arte tiene la enorme y particular belleza de conseguir mostrar las heridas sin caer en la victimización, de provocar la escucha activa -dejarse tocar por el otrx- y por lo tanto de hacer el amor, ese “querernos como resultado de ir hacia el otrx”, ese querer desnudarse y brindarse que tanto quiso Rosario pero el México de hoy, vencido por su impulso patológico, quiere incluso disolver. Por ello, Yásnaya Aguilar irrumpió en el auditorio del CIDECI como un huracán dispuesto a sanar las heridas y la enfermedad contemporánea con el irreductible y originario remedio de la libertad. Si tomamos la domesticación del maíz como nuestro origen, lo alusivo a lo indígena apenas haría referencia a 200 de los 9,000 años transcurridos desde entonces, pues esta gran categoría fue creada por los Estados-Nación para encasillar, conjuntar y encapsular en un cajón único y supuestamente común distintas prácticas de vida y organización cuyo rasgo compartido era precisamente la negación a aceptar la idea de pertenecer a un Estado, es decir, a formar parte de algo mayor encima de los pueblos y practicar un estar juntxs falso e inocuo lejano al amor y cercano al impulso patológico de la muerte. Así, del torrente de palabras, miradas y escuchas compartidos por Yásnaya -lxs zapatistas de plano le pidieron su texto para seguirlo descubriendo con calma-, emergió ayer de nuestras heridas físicas y patológicas una pista enorme y vital para sobrevivir juntxs. “Eso que entiendo que los caracoles, que los compañeros zapatistas ya están haciendo, y disculpen si los contradigo, más que buscar un <<nunca más un México sin nosotros>>, están creando ya el nosotrxs sin México”, sonrió Yásnaya.

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Radio Zapatista

¿Heredar el deber y la memoria? – Día 9, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

Dando continuidad a lo que sucedió el sábado, cuando don Pablo González Casanova fue nombrado Comandante y pasó a integrar el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, el EZLN anunció ayer, en voz del Subcomandante Galeano, la formación de un nuevo ejército insurgente. Un ejército “con el cabello cano, o sin cabello, en silla de ruedas o en bastones o muletas, que no escucha bien, que no ve bien, al que le tiemblan las manos pero no de miedo, sino de impaciencia”; un ejército que “no traerá armas de fuego ni bombas… sino algo más mortífero, más letal y más poderoso: memoria e historia”.

Es armado con historia y memoria que el zapatismo, al igual que el CNI y el CIG, se propone a enfrentar la muerte en que estamos sumergidos. Porque, como apuntó Sergio Rodríguez Lazcano, bajo el cemento de la ciudad está la tierra; o sea, la historia de los pueblos. Así, el caminar del CIG y de Marichuy fue y es un encuentro de raíces entretejidas que bordan caminos preguntando y siembran semillas de un mundo otro capaz de resurgir de entre los escombros de éste que se está derrumbando.

Los síntomas de ese derrumbe en el panorama político mexicano fueron esbozados con precisión por Sergio Rodríguez, mostrando con datos el callejón sin salida de la política de los de arriba, en un momento en que la ideología fue abandonada y de lo que se trata ahora es de ganar espacios de poder, cueste lo que cueste. El despojo (palabra derivada del latín despoliare, que significa “quitarle la piel a la tierra”), como bien lo ha expresado el CNI una y otra vez, constituye un verdadero proceso de genocidio en el que, literalmente, los pueblos están amenazados de desaparecer. Pero es justamente ante la inminencia de la muerte colectiva que los pueblos organizados en el CNI deciden conformar el CIG y pasar a la ofensiva.

La valoración de lo que ha sido el caminar del CIG está en proceso, no sólo al interior del CNI, sino incorporando las miradas y las voces de todas y todos. Así escuchamos a Rafael Castañeda, quien hace un recuento de lo que fue la experiencia del Partido de los Comunistas en la recaudación de firmas para Marichuy. Entre las diversas anécdotas, está la de quienes hablaban con quienes se acercaban durante minutos u horas, y sólo al final preguntaban si tenían credencial de elector, dejando claro así que de lo que se trataba no era simplemente de recolectar firmas, sino de dar cauce a la rabia hacia la organización y la lucha colectiva.

De la misma manera Magda Gómez se refirió al “efecto Marichuy” como un despertar que entraña la práctica de otra forma de hacer política. Compartió que temió en su momento que se perdiera el punto de encuentro entre la recolección de firmas y su verdadero objetivo, encarnado en el caminar de Marichuy y del CIG, pero que en definitiva ese encuentro había quedado muy claro.

Tanto Magda como Bárbara Zamora hablaron del desencuentro entre las formas de la justicia propia de los pueblos originarios y las instituciones del Estado, que se fundamenta en un desencuentro de visiones y la imposición de una sobre la otra. Y ambas, como abogadas, apuntaron a la lucha jurídica como un espacio útil y a veces necesario, a pesar de reconocer que en ese lugar no van a ocurrir las transformaciones a las que aspiramos.

Pero, si nos están matando, como tan visceralmente nos dieron a entender Gabriela Jáuregui y Abraham Cruz el día anterior, y si los espacios de la institucionalidad no son ni serán camino para la vida, entonces ¿qué?

“Los estamos llamando a destruir el mundo totalmente”, dijo el SupGaleano, y a construir otro desde abajo, buscando la vida. ¿Que si estamos soñando? “Cuando planteamos el horizonte”, dijo el Sup, “no estamos soñando; estamos recordando”. ¿Que si es posible? La probabilidad es mínima, dijo… es casi imposible. Pero es imprescindible “aferrarse a esa millonésima de probabilidad”. Una probabilidad tan minúscula, recordó el SupGaleano en su breve genealogía del zapatismo, como lo fue que, tras el levantamiento de 1994, sucediera lo que sucedió. Y en este camino, el nombramiento del Comandante Pablo Contreras y el llamado a conformar este nuevo ejército insurgente de la memoria conlleva un mensaje muy claro: “Estamos llamando a las filas de la lucha a la historia, a los muertos, a los desaparecidos, a los olvidados”. Y tal vez entonces se abran las tumbas y quienes murieron vuelvan a caminar, y los desaparecidos reaparecerán.

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