Fotos y texto cocreado por: Alexis y Piankov

Después de 29 días, y con más de mil asistentes de casi 40 países, finalizó la serie de ponencias, talleres y puestas en escena que los compañeros zapatistas convocaron y organizaron en su territorio. Nos adelantaron la presencia de 1111 zapatistas en la Ciudad de México, después de 25 años, para abrazar y acuerpar a las Madres y Padres buscadores que buscan incansablemente a sus seres queridos en todo el país.

Durante todo el Encuentro, y hasta su cierre, se contó con participaciones musicales, poesía y prosa, tanto de los propios zapatistas como de participantes externos de distintos países. Los talleres fueron variados: desde impresión de serigrafía en playeras y papel, hasta defensa personal para mujeres; senderismo en territorio zapatista para reconocer la biodiversidad y el paisaje de los volcanes que conforman nuestra geografía.

En la escena estelar, se presentó un numeroso grupo de jóvenes zapatistas en la obra “El común y el día después”, que retoma los principios de una vida en armonía entre los miembros de la comunidad y la naturaleza, a través de la organización. Se enfatizó la abolición de las violencias patriarcales, la propiedad privada y los vicios. Se cultivaron el compartir, la solidaridad y la empatía por una vida común, para desterrar el sistema capitalista.

Esta obra nos invita a reflexionar sobre los días venideros, sobre la fuerza y la organización que debemos tener para no permitir que el capitalismo resurja. Sabemos que, como enfermedad, estará latente durante algunos años, acechándonos; y que seguramente aquellos sobrevivientes que no comiencen a organizarse desde ahora seguirán reproduciendo las mismas lógicas capitalistas, solo porque no saben que se puede hacer diferente. Pero debemos ser más fuertes y astutos. Por eso es importante la realización de estos encuentros, que nos permiten seguir encontrándonos con otras realidades, intercambiar conocimientos y mantener viva la esperanza.

Además de la obra y la gran organización que nos demostraron nuestros compañeros zapatistas con este encuentro, nos dejan en el corazón su gran generosidad y el ejemplo para hacer las cosas de manera diferente. Las noches de baile, los días alegres con las infancias jugando e iluminando todo a su paso. Madres, padres y una comunidad entera brindando cuidados colectivos. Mujeres y hombres jugando al básquet, al ajedrez, intercambiando charlas con los foráneos. Este encuentro nos deja la montaña y la Luna llena abrazándonos, la comida, la naturaleza, y a lo lejos el Winikton (hombre de piedra) observando nuestros pasos.

Sin duda alguna, este fue un espacio formativo a través de la cultura. Desde excombatientes cantando sobre la toma de San Cristóbal, hasta juventudes poetas cantándole a la libertad, las expresiones artísticas enfatizaban que la lucha en común y por lo común son herramientas para salvar lo que nos queda de humanidad y llegar al día después.

Finalmente, en el cierre del evento, el Subcomandante Insurgente Moisés recalcó la necesidad de organizarnos cada quien según su geografía, de hacer del buen vivir un arte —un arte que el sistema capitalista nos ha negado—, de la importancia de compartir saberes, de la congruencia de nuestros actos y, sobre todo, de la perseverancia en esta lucha que avanza lenta pero segura.

Galería integra en alta calidad:

https://archive.org/details/Fotos-ez-cierra

Los dejamos con las palabras del cierre del Subcomandante Insurgente Moises: