Chiapas
Las Abejas de Acteal lanzan campaña internacional por justicia y paz a 29 años de la masacre
Las Abejas de Acteal lanzan campaña internacional por justicia y paz a 29 años de la masacre
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas; 14 de mayo de 2026.
En las instalaciones del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal presentó este miércoles la campaña “Me oy Chapanel, oy jun O’ntonal” (“Si hay justicia, hay paz”), una iniciativa que busca exigir justicia para la Masacre de Acteal y presionar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para la emisión del Informe de Fondo del caso 12,790 Manuel Santiz Culebra y otros.
A la conferencia asistieron más de 60 hermanas y hermanos sobrevivientes de la masacre, así como hijos, hijas, nietas y nietos de las víctimas. La jornada comenzó con una oración colectiva “para fortalecer los corazones”, en memoria de las 45 personas asesinadas y los cuatro bebés no nacidos que murieron en el ataque paramilitar ocurrido el 22 de diciembre de 1997 en Acteal, municipio de Chenalhó.
Durante la lectura del comunicado oficial, Las Abejas denunciaron que, a casi 29 años de los hechos, continúa la impunidad y persiste la falta de justicia tanto para las víctimas como para las comunidades indígenas afectadas por la violencia en Chiapas.
“En Chiapas y en México estamos atravesando una oscuridad, dolor, discriminación, desprecio, burlas y simulaciones de justicia de los gobiernos priístas, panistas y el actual gobierno morenista. Estos gobiernos de cualquier partido han aprovechado la sangre y los dolores de los pueblos organizados para que allá arriba tengan poder para hacer lo que quieran con nuestras vidas”, señalaron en su comunicado.
La organización sostuvo que el retraso de la CIDH en emitir el Informe de Fondo fortalece la continuidad de la violencia en la región y permite que permanezcan impunes diversos crímenes ocurridos en Chiapas.
Las Abejas advirtieron que mientras no exista una resolución internacional sobre el caso Acteal, seguirán creciendo la inseguridad, los desplazamientos forzados y la violencia ejercida por grupos criminales y actores armados en distintas comunidades del estado. Puesto que permitimos a los malos gobiernos seguir ejerciendo la impunidad.
Asimismo, relacionaron esta situación con asesinatos recientes, como el del defensor comunitario Simón Pedro Pérez López y el padre Marcelo, además del incremento de ataques contra pueblos organizados.
Los jóvenes integrantes de las distintas comisiones de la organización también tomaron la palabra de manera colectiva. Hijas, hijos y nietos de las víctimas exigieron justicia para sus familiares y recordaron que ellos representan la memoria viva de quienes fueron asesinados.
“Nosotros somos el retoño de los cuatro bebés que fueron asesinados dentro del vientre de su madre y de las 45 víctimas”, expresaron durante la conferencia.
La campaña “Me oy Chapanel, oy jun O’ntonal” tendrá una duración de tres meses, del 14 de mayo al 12 de agosto. Durante este periodo se realizarán actividades de difusión mediante textos, imágenes, audios y testimonios de sobrevivientes de Acteal, así como la participación activa de jóvenes descendientes de las víctimas.
Finalmente, Las Abejas de Acteal hicieron un llamado a organizaciones sociales, medios de comunicación, colectivos y personas solidarias a difundir la campaña y acompañar la exigencia de justicia.
“Les invitamos a unir su voz a la nuestra, caminar juntos y exigir justicia para Acteal, porque anhelamos una paz con justicia verdadera”, concluyeron.

Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. I.- La Genealogía del Tamale
Imágenes: Tercios Compas Zapatistas
Música: Los Cojolites «Tierra Madre»
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco.
I.- La Genealogía del Tamale.
Para las madres buscadoras, con admiración y respeto.
Debo aclararles que yo creía que no vería esto en vida. Esta combinación de conocimientos y prácticas de usos y costumbres de hace muchas décadas, con las ciencias y las técnicas aplicadas. Sí, en el campo. Sí, en la lucha por la vida.
El Subcomandante Insurgente Moisés me ha explicado el proceso:
Primero eliges el terreno. Mientras más plano, mejor. Después viene lo que se llama tumbar y rozar, es decir, con machete y, a veces, hacha, se tumban árboles grandes, medianos y chicos. Si ya es un terreno de milpa antigua, entonces es acahual (árboles y plantas pequeños). Si era potrero, pues ya no hay árboles. Hay que esperar a que se seca bien y luego sigue la “quema”, que consiste, como su nombre lo indica, en prenderle fuego al terreno para que la tierra se fertilice con la ceniza. Luego sigue limpiar, o sea, quitar piedras, troncos, ramas y raíces. Después ya sigue la siembra, que se hace con coa (una vara recta, a veces con punta de fierro). Quien siembra, lleva las semillas dentro de una morraleta, va avanzando poco a poco, horadando la tierra con la coa y depositando la semilla en la tierra. Luego sigue esperar que llueva. Claro, si es que la seca (temporada de calor), con sus ventarrones, no llevó la quemazón más allá del “guarda-rayas” y entonces hay que organizarse en colectivo para ir a apagar antes de que el fuego se extienda y llegue al bosque… o a los poblados.
Si llueve, bien. Si no llueve, mal. Y entonces hay que echarle cohete al cielo para que se despierta la nube y se deje caer sobre la tierra, donde la semilla espera la vida que cada gota de agua lleva.
¿Después? Esperar, estar atento al clima. Si todo va bien, en unos 3 meses habrá elote y luego maíz. Después sigue la cosecha: recoger las mazorcas y amontonarlas en una champita que le llaman “troje”. De ahí, cada que se necesite, se lleva un tanto de mazorcas a la casa, y la familia entera (abuelos, padres, y la prole) se sienta a desgranar. Luego sigue cocer el maíz, con algo de cal que se extrae de piedras. La cal es con una piedra especial, blanca. En algunas partes le dicen Poj´ton. Se calienta con leña y luego se muele hasta que queda un polvo finito. Si no encuentras, puedes hacer con la cáscara o concha del caracol de río. Y si no tienes Poj´ton ni caracol, pues ni modos, hay que conseguir la paga para comprar la cal.
Una compañera me aclara: “Eso de mezclar la cal con el maíz, no cualquiera. Se necesitan, como quien dice, a las mamaces. La mamá te dice qué tanto de cal le echas a la olla con el maíz en agua. Si no está cabal, no sirve. Y si te pasas, pica. Entonces tienes que calcular, según te enseña tu mamá. Ya cuando creces, pues ya sabes calcular. Pero no es que mides con centilitros, mililitros y esas cosas de la matemática. Es que mides según te enseña tu mamá. Y tienes que batir bien con la mano, que no queden bolitas, sino que cabal.
Si no aprendes a hacer bien, rápido se publica en el pueblo y te mal miran. Y peor para la mamá, que la mal hablan que no enseña a sus crías lo del maíz, o sea de la vida. O sea que las crías tienen que aprender bien. Como quien dice, las mamás necesitan de las crías. Creo por eso mucho nos regañan cuando somos pequeños, para que aprendamos. Y por eso las mamaces siempre lo piensan sus crías y, si no están, las buscan. Si no tuviéramos mamá, creo que morimos todos de una vez”.
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Luego, ya que tienes el maíz cocido, sigue moler a mano, con un viejo molino mecánico. Si no hay, pues con metate y piedra. Entonces ya tienes la masa lista para la tortilla… o el tamale. Si es fiesta, entonces tal vez con cuche (puerco), pollo o guajolote. Y el recado, claro, que es como el condimento que se le pone a la carne. Si no hay carne, pues frijoles… o verduras (guácala). También se puede hacer con chile verde o rojo, y con azúcar. Después de todo eso, y si tienes suerte de que quien cocina no deje crudo el tamale, entonces podrás comer tamales. Y si está crudo, pues ni modos, igual tienes que comer porque es lo que hay. Eso sí, hay que tener la precaución de tener una letrina cerca.
Si es fiesta, hay baile. Sí, cumbias. Aunque también luego hay rock, ska, banda y esas músicas con que las jóvenas y jóvenes brincan como si estuvieran encima de un hormiguero. Pero el amor y, claro, el desamor, suelen florecer y dar fruto con las cumbias. Ahí las caderas prometen fiebres… y desvelos… y lluvias… y sinsabores.
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¿Y luego? Pues vuelta a empezar. Y así por los siglos de los siglos. Hay humanidad porque hay tierra. O sea que, como quien dice, la tierra es la madre de la humanidad. Viera que no hay tierra, pues ¿de dónde vas a sacar todas las cochinadas que comes? Sin tierra no hay alimentos, ni animales, ni aire, ni lluvia. No hay nada. Por eso decimos que la tierra es vida.
Los pueblos y comunidades del Congreso Nacional Indígena, nos enseñaron a decir “territorio”. O sea, no es sólo la tierra-tierra, sino también el agua, los bosques, los animales silvestres, la lluvia, el viento, el sol. Todo. Nosotros, cuando decimos “tierra”, decimos todo eso; pero en las ciudades entienden tierra como un pedazo de tierra y no como un todo. Por eso el CNI nos enseñó a decir “territorio”.
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Las guerras actuales, dicho sea de paso, son para conquistar territorios. Por eso no importa cuánta gente asesinan ni cuantos edificios, hospitales, escuelas (con niñas dentro), barrios enteros destruyen. Porque de eso se trata la guerra capitalista: de destruir para reconstruir luego; y de despoblar para reordenar luego el territorio conquistado. Y es por eso que hay, en la humanidad, lo que se llama “Guardianes” de la tierra, o sea del territorio. O sea que son las crías de la Madre Tierra, la Resistencia y la Rebeldía. Y por eso asesinan, desaparecen y encarcelan a los defensores de bosques. Y por eso el problema no es Netanyahu o Trump. O no sólo, pues.
Porque con ellos o sin ellos, el Mandón, el sistema capitalista pues, quiere asesinar personas y destruir poblaciones enteras. Porque en esas poblaciones y en el corazón de esas personas, vive la vida.
Así nació el sistema: matando y destruyendo. Así creció. Y así se mantiene, aunque cambien sus modos y sus explicaciones. El sistema capitalista es muerte. No sólo para la humanidad. También para el planeta entero. Por eso decimos que la lucha contra el capitalismo es la lucha por la vida. Y viceversa.
¿Quiénes entienden más y mejor esto? Pues quienes viven en un territorio, o sea en la tierra. Pero no luchan por la propiedad del territorio, sino por defenderlo. Y por eso los ataca el capitalismo, porque le estorban en su plan.
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Le pregunté al SubMoy: “¿Pero entonces ya no hay quema?”
“No, estamos dando como una muestra, una enseñanza a los mismos compas y a los hermanos partidistas que, usando la técnica, ya no se necesita la quema y así no se corre el fuego, poniendo en peligro a animales, árboles y personas. Además de que ya no hay la humareda. Y no tienes que esperar a que llueve ni gastar cohete de balde. O sea que, sin dejar de trabajar la tierra, se puede cuidar y mejorar”
“¿Y el tractor de dónde salió?”
“Ah, lo tenían en un puy desde hace años, pero no lo usaban y ahí nomas estaba echándose a perder. Entonces llegó el Común a rescatar. Fueron los choferólogos, lo arreglaron, lo lavaron, lo dejaron bien galán, y ya lo movieron a esta tierra que es del Común, que es de todos y es de nadie.”
“Pero tal vez en el día después no va a haber combustible para el tractor… ni tractor”.
“Ah, seguro. Pero nos estamos enseñando como nuestros tatarabuelos y abuelos, que se hacen las cosas con lo que hay y con la cabeza. El asunto es siempre ver de cuidar la madre tierra”
Un compa es quien enseña y tiene alumnas y alumnos, principalmente tzotziles y cho´oles. Ese compa es del Puy de Roberto Barrios, y se viene con su banda para aplicar lo que aprenden. Porque si no se aplica lo que se sabe, pues de balde. O sea que quiere la práctica. Donde enseña, bien se puede llamar “Centro de Investigación, Análisis, y Enseñanza Rebelde Zapatista del Trabajo en el Campo y la Defensa y Cuidado de la Madre Tierra Combinando el Conocimiento de Nuestros Anteriores con Conocimientos de las Ciencias, las Técnicas, las Artes y lo que se Nos Va Ocurriendo y que Inventamos Según Vemos en la Práctica” (CIAERZTCDCMTCCNACCTALVAOISVP, por sus siglas en español).
Nah, no es cierto que se llama así. Pero algún nombre le van a poner. Tal vez igual o más largo, no sé.
El asunto es que, como en las Cumbias, lo que vale es la puesta en práctica del conocimiento. Porque bien puedes escribir libros de teoría de la Cumbia, explicar con elipsis y parábolas, ecuaciones diferenciales y asíntotas, la rotación de las caderas y el ritmo de pies y manos. Pero, compa, si no lo practicas, va a parecer que tus pantalones son de cartón o que te dio un calambre.
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Cuando lo miré que ya están funcionando los aspersores y están sembrando, pensé “ya me puedo morir”. Creo que lo pensé en voz alta, porque la Verónica, que andaba de metiche para variar, me dijo “¡¿Otra vez?!”. Y, mirándome con reprobación, añadió “Ya caes mal que a cada rato te mueres. Hasta las mujeres de los pueblos ya protestaron con el SubMoy de que de balde rezan cada vuelta”.
“¿O sea que rezan por mí?”
“¡Qué va a ser!, rezan por el pobre demonio, que va a sufrir cuando llegues al infierno, y te pongas a hacer tus travesuras”.
Bueno, pero eso no es el tema…
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En cualquier rincón del mundo, florecen las vidas de las resistencias y rebeldías. Ayer se llamaban Venezuela. Hoy se llaman Irán y Cuba. Siempre se llaman Palestina. Porque siempre habrá quien no se rinda, no se venda y no claudique.
(Continuará…)

El Capitán.
Abril-mayo del 2026.
















