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Día 4 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”
Día 4 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
23 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas
Este cuarto día del Semillero “Guerra contra la Humanidad” (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio) el Capitán Marcos informó que hasta el día anterior, había 686 asistentes de 28 geografías, además de los más de 200 zapatistas.
En este día se compartieron reflexiones profundas y contundentes sobre la migración, las diversas formas de la guerra, la búsqueda de los familiares de desaparecidos y desaparecidas y las corporaciones criminales, todo esto enmarcado en la lucha por la vida y la construcción de alternativas.
Presentamos abajo un resumen de las ponencias, así como los audios y ligas a los textos completos.
Bruno Miranda – “Miradas críticas de las migraciones y las fronteras”
Las fronteras no frenan la migración, fabrican la ilegalidad.
Este cuarto día del Semillero “Guerra contra la Humanidad”, el investigador Bruno Miranda invita a mirar el fenómeno de la migración desde otro ángulo: no fueron las migraciones las que dieron origen a las fronteras, sino que son las fronteras y los Estados quienes producen la figura del migrante. Desde esta perspectiva, migrar deja de entenderse como un hecho natural para convertirse en una condición política construida por el Estado y el capitalismo.
Durante su ponencia “Miradas críticas de las migraciones y las fronteras”, Miranda propuso desnaturalizar tanto la migración como las fronteras. Explicó que la movilidad humana ha existido desde siempre, pero que la categoría de “migrante” surge cuando aparecen los Estados nacionales, capaces de decidir quién pertenece a un territorio y quién queda fuera de él. Así, las fronteras no solo delimitan países: clasifican personas, autorizan unas movilidades y criminalizan otras.
Bruno Miranda sostuvo que las migraciones han sido fundamentales para la construcción del capitalismo moderno. Las ciudades, los sistemas ferroviarios, la agricultura y la industrialización en América fueron levantados por millones de trabajadores migrantes. Sin embargo, esa misma fuerza de trabajo que resulta indispensable para la economía también es sometida a procesos de ilegalización, mediante políticas que convierten en “ilegales” a personas que antes eran aceptadas cuando el mercado necesitaba su trabajo.
En ese contexto, explicó que la llamada crisis migratoria funciona muchas veces como un discurso político que justifica el endurecimiento de las políticas de control. Bajo esa lógica se fortalece la securitización de las fronteras: muros, vigilancia militar, drones, sistemas biométricos y una creciente colaboración entre instituciones policiales y migratorias que presentan la movilidad humana como una amenaza para la seguridad nacional.
Miranda señaló que estas políticas no buscan impedir completamente la migración, sino administrarla mediante estrategias de disuasión, obligando a las personas a recorrer rutas cada vez más peligrosas o a permanecer durante meses e incluso años esperando una resolución migratoria. Ese modelo también alimenta una creciente industria migratoria, donde centros privados de detención obtienen ganancias millonarias a partir del encierro de personas migrantes.
Para quienes logran cruzar la frontera, la violencia no termina. Miranda explicó que opera una inclusión diferencial: las personas migrantes son incorporadas al mercado laboral porque su trabajo resulta indispensable, pero permanecen excluidas del acceso pleno a derechos y ciudadanía. La frontera deja entonces de ser únicamente una línea geográfica para convertirse en un mecanismo cotidiano de vigilancia, miedo e incertidumbre. Es lo que definió como la internalización de las fronteras.
A ello se suman prácticas como el perfilamiento racial, que identifica como sospechosas a determinadas personas por su apariencia, y las deportaciones externalizadas, mediante las cuales los gobiernos trasladan migrantes a terceros países, ampliando el control migratorio mucho más allá de sus propias fronteras.
Lejos de presentar a las personas migrantes únicamente como víctimas, Bruno Miranda destacó que también construyen formas colectivas de resistencia. Las caravanas migrantes, afirmó, representan estrategias de cuidado mutuo, organización y defensa frente a un orden fronterizo que busca administrar individuos, pero que encuentra en la acción colectiva una permanente disputa por el derecho a buscar una vida digna.
Miranda nos invita así a mirar la migración desde una perspectiva crítica: entender que detrás de cada frontera existen decisiones políticas, intereses económicos y relaciones de poder que siguen moldeando quién puede moverse libremente y quién debe arriesgar la vida para hacerlo. Pero entender también que en la migración se manifiesta también la resiliencia de quienes insisten en buscar un lugar digno en un mundo de despojo y exclusión.
David Barrios – “El fin de las guerras y las luchas por el futuro”
Las guerras de hoy buscan controlar la vida y los territorios.
Por su parte, David Barrios afirmó que la militarización ya no responde únicamente a enfrentamientos entre Estados, sino a una estrategia para reorganizar territorios, apropiarse de bienes naturales y disciplinar a las poblaciones. Frente a ese escenario, llamó a fortalecer la organización comunitaria y la defensa de la Madre Tierra.
Durante décadas, las guerras fueron entendidas como conflictos entre países que buscaban derrotar a un enemigo. Sin embargo, esa lógica está cambiando. Para el investigador David Barrios, los conflictos actuales responden a una forma distinta de hacer la guerra: una ofensiva permanente que tiene como objetivo controlar territorios, garantizar el acceso a bienes naturales y reorganizar la vida de los pueblos en beneficio del capital.
Con su participación “El fin de las guerras y las luchas por el futuro”, Barrios explicó que la militarización contemporánea rebasa el ámbito estrictamente militar. Hoy se expresa mediante la expansión de bases, operaciones de seguridad, políticas de control territorial, criminalización de poblaciones y el fortalecimiento de mecanismos de vigilancia que, afirmó, acompañan los procesos de despojo en distintas regiones del mundo.
Barrios, señaló que las disputas geopolíticas entre grandes potencias no pueden entenderse únicamente como conflictos por el poder internacional. Detrás de ellas, sostuvo, existe una creciente competencia por minerales estratégicos —agua, energía y otros bienes naturales— indispensables tanto para el desarrollo tecnológico como para la industria militar. En ese contexto, dijo, los territorios habitados por los pueblos se convierten en espacios de disputa permanente.
Barrios también advirtió que la llamada “guerra contra el narcotráfico” ha servido, en distintos países de América Latina, como argumento para profundizar procesos de militarización y control social. A su juicio, estas estrategias no han resuelto la violencia, sino que han favorecido la fragmentación de los territorios y la expansión de grupos armados que hoy disputan recursos, rutas comerciales y actividades económicas más allá del tráfico de drogas.
Asimismo, alertó sobre el crecimiento sostenido del gasto militar a escala global, el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la guerra —como la inteligencia artificial y los drones— y la ampliación de la presencia militar estadounidense en distintas regiones del continente. Desde su perspectiva, estos procesos anuncian un escenario de conflictos cada vez más prolongados y complejos.
Pese a este panorama, el investigador rechazó que el futuro esté definido únicamente por la guerra. Puesto que las resistencias construidas por los pueblos, las comunidades y los movimientos sociales continúan demostrando que existen alternativas frente al despojo y la militarización.
“La lucha por la Madre Tierra es también la lucha por el futuro”, afirmó Barrios, haciendo un llamado a fortalecer las formas de organización colectiva, la autonomía y la defensa de la vida como respuesta a una época marcada por la violencia y la disputa por los territorios.
Andrea Horcasitas Martínez – “Frente al horror, la búsqueda y la promesa del reencuentro”
La académica y activista Andrea Horcasitas Martínez reflexionó sobre la desaparición de personas en México como una de las expresiones más crueles de la guerra contra la humanidad, agradeciendo al movimiento zapatista por abrir un espacio de diálogo y reconociendo que su análisis surge del aprendizaje compartido con familias buscadoras. Su exposición se organizó en tres ejes: el diagnóstico de la crisis, la disputa por las cifras y la esperanza que nace de la búsqueda colectiva.
La desaparición forzada no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de México, afirmó, pero desde el inicio de la llamada guerra contra las drogas, el país ha alcanzado niveles de violencia sin precedentes en América Latina. Más de 135 mil personas desaparecidas, miles de fosas clandestinas y decenas de miles de cuerpos sin identificar reflejan una crisis que va mucho más allá de los números. La desaparición se presenta como una tecnología de guerra vinculada al despojo territorial, el desplazamiento, el reclutamiento forzado y la acumulación de riqueza mediante la violencia. Las fosas clandestinas han transformado la relación de las comunidades con su territorio, pues ya no se encuentran únicamente en lugares remotos, sino también en ciudades, escuelas, parques y espacios cotidianos, convirtiendo amplias regiones en verdaderas “zonas de sacrificio”.
En una segunda parte, la autora denunció lo que denomina una “guerra contra la cifra”, es decir, el esfuerzo del Estado por minimizar la magnitud de la tragedia mediante la manipulación estadística y discursos que deshumanizan a las víctimas. Criticó que los gobiernos reduzcan el problema a porcentajes o categorías administrativas mientras persisten la impunidad, la criminalización de las personas desaparecidas y la falta de investigaciones efectivas. Esta estrategia, afirma, busca ocultar la realidad y normalizar una violencia cotidiana que continúa cobrando decenas de víctimas cada día.
Finalmente, contrapuso a esa maquinaria de olvido la resistencia de las familias buscadoras. Son madres, padres, hermanas e hijos quienes, ante la ausencia de respuestas oficiales, organizan búsquedas, excavan la tierra y construyen redes de solidaridad para encontrar a sus seres queridos y a quienes aún permanecen desaparecidos. La búsqueda deja de ser un acto individual para convertirse en una causa colectiva basada en la memoria, la dignidad y la defensa de la vida. Para la autora, la esperanza no consiste en negar el horror, sino en la capacidad de las familias para transformar el dolor en organización, solidaridad y resistencia. En ese compromiso por devolver a todas las personas desaparecidas a sus hogares encuentra una alternativa ética frente a la violencia, una defensa del bien común y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.
Raúl Romero – “Corporaciones criminales y las luchas por la Vida”
En su ponencia “Corporaciones criminales y las luchas por la vida”, Raúl Romero sostiene que la violencia que vive México no puede entenderse únicamente como un problema de narcotráfico o de inseguridad, sino como la expresión de un capitalismo criminal que utiliza la guerra, el despojo y la violencia para favorecer procesos de acumulación de riqueza. A partir de su experiencia acompañando a organizaciones sociales, familias buscadoras y víctimas de la violencia, afirma que la guerra iniciada en 2006 fortaleció a las organizaciones criminales en lugar de debilitarlas, dejando como saldo más de 135 mil personas desaparecidas, cientos de miles de asesinatos y desplazamientos forzados.
El autor argumenta que el crimen organizado forma parte de una estructura transnacional integrada por actores legales e ilegales, como banqueros, empresarios, políticos, fuerzas de seguridad, fabricantes de armas y grupos criminales. Estas redes, a las que denomina corporaciones criminales, funcionan como empresas globales que diversifican sus actividades hacia el tráfico de personas, armas, recursos naturales, lavado de dinero, delitos financieros y cibernéticos, entre otros. Su fortaleza radica en su organización en red, capaz de sobrevivir a la captura de líderes individuales, pues el problema es sistémico y está ligado al funcionamiento del propio capitalismo.
Romero plantea además el concepto de estatalidad criminal, mediante el cual explica que el Estado mexicano no ha fracasado, sino que se ha reconfigurado para responder a las necesidades del capitalismo criminal y del capitalismo extractivista. La frontera entre lo legal y lo ilegal se vuelve difusa cuando funcionarios, instituciones y gobiernos colaboran con estas redes, garantizando impunidad y facilitando el despojo territorial asociado a megaproyectos. En este contexto, la militarización no representa una solución; al contrario, ha coexistido y alimentado la expansión del crimen organizado y la intensificación de la violencia.
Frente a este panorama, el autor destaca las luchas por la vida como la principal respuesta social. Una lucha impulsada por los pueblos indígenas y campesinos que defienden sus territorios, las familias buscadoras de personas desaparecidas, las organizaciones de derechos humanos, las caravanas migrantes, colectivos juveniles y múltiples iniciativas comunitarias que colocan la vida, la solidaridad y el bien común en el centro de su acción política. Estas resistencias buscan reconstruir el tejido social frente a una estrategia de guerra que pretende fragmentar comunidades y convertir los territorios en espacios de explotación.
Finalmente, Romero sostiene que estas luchas representan una alternativa ética y política frente al capitalismo criminal. Más que responder con violencia, apuestan por la organización colectiva, la memoria, el arte, la cultura y la defensa de los territorios como formas de construir un mundo donde la vida prevalezca sobre la lógica del despojo, la acumulación y la muerte.
Subcomandante Insurgente Moisés – Mensaje para las familias buscadoras
Hablando en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del EZLN, el Subcomandante Insurgente Moisés mandó un mensaje para las familias buscadoras en el país, expresando la solidaridad del EZLN con ellas y reconociendo su lucha como un ejemplo de dignidad, resistencia y esperanza. El subcomandante dijo que los zapatistas se identifican con su experiencia, pues como pueblos originarios también fueron históricamente invisibilizados y excluidos por el sistema capitalista. Por ello, consideran a las personas desaparecidas como parte de su propia familia y comparten el dolor de quienes las buscan.
Es por eso que los zapatistas decidieron acercarse a las familias buscadoras, reunirse con ellas en la Ciudad de México y, sobre todo, escucharlas, reconociendo el valor de su experiencia y de su lucha.
Mientras persistan las desapariciones, la violencia y la injusticia, dijo el Sup, el México que vivimos dista mucho de ser el país que queremos. Solo mediante la organización colectiva, la lucha y el trabajo conjunto, insistió, será posible construir un país verdaderamente justo y digno.
Finalmente, hizo un llamado a los pueblos del campo y de la ciudad a unirse y organizarse, recordando que nadie resolverá estos problemas por ellos. La responsabilidad de transformar el presente recae en la sociedad civil organizada; solo así será posible dejar un mejor futuro a las próximas generaciones.
Capitán Insurgente Marcos
Al finalizar este cuarto día del Semillero, el Capitán Marcos agradeció a las y los participantes por sus aportaciones y reflexionó sobre el impacto de sus intervenciones en el público zapatista. Lejos de confirmar conocimientos previos, dijo, las ponencias evidenciaron aspectos de la realidad que él mismo desconocía y que enriquecen el análisis zapatista sobre la crisis actual. Destacó la importancia de combinar distintos tipos de conocimiento: la experiencia de las comunidades, el trabajo científico, la investigación y la práctica política, entendiendo que todos pueden conducir a conclusiones comunes desde caminos diferentes.
El Capitán agradeció el esfuerzo de quienes participaron como ponentes, quienes financiaron su propio viaje y compartieron generosamente sus conocimientos con un público que, además de los escuchas zapatistas, incluye militantes, integrantes de organizaciones civiles, activistas, personas solidarias y más.
Las intervenciones hasta ahora, dijo, constituyen un verdadero semillero de ideas y aprendizajes para el zapatismo. Concluyó agradeciendo a quienes ya participaron y a quienes aún intervendrán, con la esperanza de que el encuentro fortalezca la reflexión colectiva y que las enseñanzas adquiridas sean compartidas en los lugares de origen de cada participante, contribuyendo así a la construcción de nuevas formas de organización y resistencia.



Fotos: RZ






Fotos: Radio Pozol

