Temas
[:es]Mumia Abu-Jamal: ¿Día de acción de gracias? No, gracias[:en]Mumia Abu-Jamal: No Thanks for Thanksgiving[:]
[:es][podcast]https://www.prisonradio.org/sites/default/files/audio/uploads/NoThanksforThanksgiving11-25-2013.mp3[/podcast]
Por Mumia Abu-jamal
Cada noviembre, cuando está programada el Día de Acción de Gracias, pienso en los pueblos de las Primeras Naciones (los llamados nativos americanos ) , y me pregunto cómo se sienten con respecto a un día festivo que oficialmente celebra su enorme generosidad, así como su destrucción casi total.
¿Qué es lo que tienen que agradecer?
En 1863, el presidente Abraham Lincoln declaró el primer día festivo en 1863, y en la cultura popular estadounidense se asocia con una comida entre los aborígenes y los europeos a su llegada a este continente.
En realidad, cuando los españoles llegaron a América del Sur, y los ingleses a América del Norte, no tardaron en lanzar campañas de exterminio que llevaron a los holocaustos de las naciones indígenas, tanto en el norte como en el sur.
Su llegada fue la perdición de cientos de millones de personas cazadas, matadas de hambre, contagiadas con enfermedades y esclavizadas.
Para ellas, el infierno tenía cara blanca.
Hicieron tratado tras tratado con los ‘indios’, pero los hombres de cara pálida violaron todos.
Para los conquistadores españoles, los pueblos nativos servían como trabajadores esclavizados que trabajaban hasta la muerte en las minas de plata o de oro. Para los anglosajones, los indígenas eran superfluos. Lo que codiciaban eran sus tierras. Y de una manera u otra, las tomaron.
Atrapados entre esos poderes voraces, hubo poco que los indígenas podían hacer excepto pelear, pero Europa inundó a las Américas con inmigrantes, resultando en una sarta de desgracias.
Cuando los europeos llegaron, sus asentamientos eran lugares de enfermedad, hambre y muerte despiadada. La gente de las Primeras Naciones les dieron de comer, les enseñaron a cultivar la tierra y les curaron con hierbas. Para agradecerles, los colonos les dieron guerra incesante, la viruela (como un arma biológica), el robo de sus tierras y la masacre.
El Día de Acción de Gracias puede ser un día festivo, pero no es un día sagrado.
Debe ser un día para ser recordado en memoria de las Primeras Naciones que poblaron estas tierras durante decenas de miles de años.
Desde la nación encarcelada soy Mumia Abu-Jamal.[:en][podcast]https://www.prisonradio.org/sites/default/files/audio/uploads/NoThanksforThanksgiving11-25-2013.mp3[/podcast]
Every November, when Thanksgiving is scheduled, I think of the People of the First Nations (so-called Native Americans), and wonder about their mixed feelings for a holiday that celebrates their enormous generosity as well as their near-total destruction.
What do they have to be thankful of?
U.S. President Abraham Lincoln declared the first such holiday in 1863, and American popular culture has tied it to a meal between Aboriginal people and Europeans upon their arrival on this continent.
In fact, when the Spanish reached South America, and the English reached North America, they soon embarked on dual extermination campaigns, which led to holocausts of Indian nations, both north and south.
Their arrivals spelled the doom of hundreds of millions of people, hunted, starved, diseased and enslaved.
To them, hell had a white face.
They made treaty after treaty with the Indians, but the palefaces broke every one.
For the Conquistadors, Native peoples served as enslaved workers who worked themselves to death to mine silver and gold. To the Anglos, they were superfluous – it was Indian land they hungered for – and they got it – by hook or crook.
Caught between these two great, ravenous forces, there was little they could do, but fight, but Europe flooded the Americas with immigrants, and sheer numbers told the tale of woe.
When first they arrived, European settlements were places of disease, hunger and pitiless death. First Nations folk fed them, taught them planting and healed the, with herbal treatments. The colonists repaid them with unremitting war, smallpox used as biological weapons, land theft and slaughter.
Thanksgiving may be a holiday, but it ain’t a holy day.
It should be a day to be remembered, in remembrance of the First Nations that peopled this land, for tens of thousands of years.[:]
[:es]Invitación a la celebración del 25 Aniversario del Alzamiento Zapatista y a un Encuentro de Redes[:en]Invitation to the 25th Anniversary Celebration of the Zapatista Uprising, and to a Gathering of Networks[:]
[:es]
Invitación a la celebración del 25 Aniversario del Alzamiento Zapatista
y a un Encuentro de Redes
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.
17 de noviembre del 2018.
A l@s individu@s, grupos, colectivos y organizaciones de las Redes de Apoyo al CIG:
A las Redes de Resistencia y Rebeldía o como se llamen:
A la Sexta Nacional e Internacional:
Considerando que:
Es madrugada.
Considerando que:
Hace frío.
Considerando que:
En esa bisagra del tiempo, donde no es día ni noche, ni dentro ni fuera, ni sombra ni luz, usted se descubre sin sueño, en esa incómoda vigilia que le hace vulnerable a los recuerdos, la memoria punzante de lo hecho y lo deshecho, la larga cuenta de las omisiones, la breve de lo realizado.
Considerando que
Usted se pregunta, no sin razón, a qué viene todo eso…
Porque usted está todavía tratando de asimilar ese “Todo es imposible la víspera”, que escucha-lee en ese desconcertante nano-mini-micro metraje del autodenominado “cine para leer”. Un filme (?) 30 años enlatado (literal: en una lata de sardinas) y presentado en aquel cine imposible, signado por un igualmente desconcertante escarabajo con ínfulas de andante caballero, y cuyo título (de la película, se entiende): “La 69 ley de la dialéctica” tampoco es muy racional. Una película sin imagen ni sonido, y compuesta por una sola frase. Dejando todo el peso a la imaginación de quien atiende a su ¿proyección?
En fin, todo parece absurdo aquí… ¿aquí?, ¿dónde diablos está? Pero tampoco tiene mucho tiempo para ubicarse, porque le apuran:
“Vamos pues”, le dice la niña.
Usted piensa que ya puede esperar cualquier cosa… pero al fin salen de la absurda sala de ese cine imposible, siempre de la mano de la niña. Aunque ahora le rodea a usted una banda de infantes donde, es evidente, son mayoría las féminas, con sus naguas y blusas de colores, sus prensa-pelo inútiles en esos cabellos desordenados.
Empiezan a caminar remontando el declive natural de la montaña.
Piedras, algo de lodo, la niebla, el camino, siempre el camino.
Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevara hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación. Lo mismo la falsa felicidad de la feliz familia feliz, que la simulación de la Gran Final, que la provocación de la pantalla como un puente imposible.
Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiéndole en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa.
Caminan. Usted hace memoria:
La niña preguntó si lloran las películas que nadie mira, que no es sino otra forma de preguntar por los dolores y las rabias ignorados –el muro imponiendo la ceguera y la sordera hacia lo otro-. ¿A quién se le ocurre preguntar eso? Sí, eso y otras cosas. Por ejemplo, cuestionar la existencia del muro. El muro. Ahora usted lo mira con atención. Tan alto como alcanza su vista o su larga vistas. Tan extenso que ni vale la pena medirlo, -¿para qué?-. Su sólida construcción. Su apariencia impecable… bueno, no tanto…
Tomando un poco de distancia, el muro se llena tanto de grafitis como de grietas. Las más de las veces sin que se puedan diferenciar unas de otros. Como si la solidez del muro dependiera de la vista corta. Porque para poder leer esa gran pinta que le hiere la rugosa fachada, hay que tomar suficiente distancia.
“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo.
“No la había visto”, se disculpa usted.
“De por sí, todavía”, le responde la niña, y agrega: “pero aquí seguiremos”.
¿Qué tanta distancia se necesita para mirar eso? Usted cree que sólo lo pensó, pero la niña le responde: “Lejos”.
¿Pero cómo cuánto?, insiste usted.
“Como más de 500 años”, le dice la niña sonriendo con malicia.
Y como no queriendo, un rap acompasa los pasos de esa pandilla de infantes que le acompaña:
Llegamos de tan lejos
En todos sentidos, tan lejos
En silencio llevamos una fuerza
Tan lejos, cada uno tiene la carga de su camino.
Cantando la luz en las ruinas de un mundo quemado. (*)
Ese sonido, ¿viene de dentro o de fuera? ¿Es ésa la banda sonora de éste su viaje anacrónico, absurdo, irremediable?


[:]




