Chiapas
[:es]El arte es una maldición | Capitán Marcos[:en]Art is a Curse | Capitán Marcos[:]
[:es]
EL ARTE ES UNA MALDICIÓN
24 de febrero del 2026.
Damas, caballeros y quienes no son los unos ni las otras:
Antes que nada, queremos agradecer a Gabriel Pascal, David Olguín, a Philippe Amand y a toda la banda que hace posible este evento. A Steph por su incondicional complicidad.
También agradecemos a Lenin y a Marina, quienes han tenido la bondad de leer nuestras participaciones.
Quiero aclarar que no fuimos invitados a este homenaje al maestro Luis de Tavira. Digo esto no como reproche, sino como prueba de descargo para quienes, en buena oportunidad, organizaron esta reunión. Sirva el presente texto para que puedan lidiar con reclamos, mentadas de menta y de las otras, procesos judiciales y lo que se derive del caso, o cosa, según.
Entonces se puede decir que estamos aquí de “colados”. Imagino su desagrado, pero tomen en cuenta que sería peor si hubiéramos dado “portazo”, esa sana costumbre ciudadana de meterse sin tener invitación, ni paga para los boletos.
Celebramos así no sólo que sus cercanos saluden al maestro, también y sobre todo para manifestar el abrazo de quienes, sus lejanos, lo pensamos.
Y esta celebración, en la que el maestro viene siendo como el pretexto, nos plantea varias cuestiones. A saber: ¿qué es lo que posibilita que converjan, en una geografía y un calendario, comunidades tan distintas y lejanas? Porque eso son quienes aquí se encuentran presentes -algo de lo mejor de la comunidad artística-. Y, bueno, nuestras palabras son para hacer presentes a quienes están alejadas: algunas de las comunidades indígenas, originarias de raíz maya -las zapatistas-.
Una comunidad artística y comunidades indígenas coincidiendo. Diferentes encontrándose sin dejar de ser lo que son. Y un maestro teatrista, Luis de Tavira, como convocante involuntario.
A las primeras las convoca el arte dramático. “El reto artístico supremo”, solía decir el finado SupMarcos -que diosito lo tenga en su santa gloria y la virgen santísima lo colme de bendiciones-, para diferenciarlo de las otras artes. Y supongo, sin que me conste, que el difunto se refería a que la realidad acosa al Teatro (así como a la danza y, en algunos casos, la música) en un presente vertiginoso. A diferencia del cine, las artes gráficas, la escultura, la literatura y la arquitectura, por ejemplo, donde el acto artístico se crea en un espacio diferente a donde se confrontan con las personas escuchas-videntes y no videntes, el teatro se relaciona con lo otro en una situación espacio- temporal especial. Lo que hace que la geografía y el calendario sean creados también como parte de esa creación artística. Así, cuando se dice “teatro”, se refiere lo mismo a la obra representada y al espacio donde se confronta a veces.
Estamos así aquí -nosotros los pueblos zapatistas-, bajo protesta de quienes organizaron este homenaje, en un espacio teatral llamado “El Milagro”, tal vez porque el ejercicio del arte dramático, al menos en México, es un milagro logrado pese a todas las dificultades que se topan.
Pero, en los tiempos sombríos de una Inteligencia Artificial que acosa a las artes, el teatro parece estar a salvo. Al menos por ahora, parece imposible que un organismo cibernético pueda emular esa confrontación maravillosa que se da entre los teatristas y el público.
Parece difícil (al menos ahora), que la Inteligencia Artificial pueda aproximarse siquiera a las distintas caracterizaciones del personaje de Adela, en La Casa de Bernarda Alba, quien, con el fuego del amor prohibido, desafía al autoritarismo:
“¡Aquí se acabaron las voces de presidio! (Adela arrebata un bastón a su madre y lo parte en dos). Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Marcos!”
(Ok, ok, ok, el texto original dice “Pepe”, pero digamos que es una licencia poética).
Cierto, tienen ustedes razón en que no es inocente que haya yo elegido una obra de teatro de Federico García Lorca, alguien diferente, distinto, acosado y asesinado por ser quien era y por la causa que abrazaba. Tampoco es gratuito que haya escogido un parlamento de una mujer rebelde. Ni puede ser ocioso que una artista, Marina, lea este texto.
Pero en realidad, lo que me ha movido a esta mención es el amor subversivo que en esa obra se decanta. Y, claro, el reto escénico que esas breves líneas plantea a cualquier hombre, mujer u otroa teatristas: Adela rompiendo el sepulcro blanqueado en el que, junto al resto de sus hijas, Bernarda Alba las tenía encerradas.
Y todo esto viene al caso, o cosa, según, porque, en el pasado semillero de diciembre de 2025, Don Luis de Tavira, el maestro, fue el único que entendió lo que pretendimos al introducir, en los temas, los del amor y el desamor. Cuando le escribí invitándolo, le dije que lo más probable era que ninguno de los ponentes tocara esos puntos, además de nosotros, claro. Así que no tenía por qué preocuparse de eso. Él entendió inmediatamente que eran precisamente ésos los temas más importantes de ésa y de todas las reflexiones habidas y por haber. El maestro aceptó el reto (en realidad, el teatro en sí es un reto). Y su participación, a la lejanía -como estas palabras-, centró el misterio por develarse: el amor y el desamor.
Brillante, como de por sí, el maestro reveló y rebeló el leit motiv de la historia humana, de sus éxitos y sus fracasos, de sus ascensos y caídas, de guerras escondidas detrás de desamores y de amores escondidos detrás de guerras, de resistencias y rebeldías.
En su participación, el maestro dice que yo dije lo que en realidad él dijo: el arte es una declaración de amor a la humanidad. Y si él dijo que yo dije lo que él dijo que dije que él dijo, entonces no se trata de una confusión, sino de una feliz coincidencia. Una coincidencia entre dos lejanías, como las que se encuentran hoy aquí, de milagro, en El Milagro.
Debéis ser fuertes: en este amor terrible y maravilloso, en el arte, camináis al desamor. Porque la humanidad no os corresponderá. Ella es díscola, rejega, ingrata, pérjida, romántica insoluta -como bien definió el filósofo mexicano Salvador Flores Rivera-. Y aun así debéis perseverar. Así es como podréis entender que las artes son una maldición. Una maldición hermosa, cierto, pero maldición, al fin y al cabo.
Ahora imagino los gestos de Steph, quien es coautora de esta irrupción. Debo decir, en su descargo, que no ha sido sólo cómplice de éste, y que hay otros crímenes en el horizonte que esperan la misma dedicación y compromiso de su parte. Porque el teatro, amigas y enemigas, es eso también, es decir, complicidad, dedicación y compromiso.
Imagino también la risa contenida de Marina, a quien le hice saber que se trataría de un texto serio, y que debía leer en el momento, sin conocerlo con antelación. No sólo, también le dije que el guion exigía que se peinara, algo que ustedes constatarán o no, depende si se impuso o no su disciplina artística. Supongo que hará gestos de desagrado y reproche. Un mohín de incomodidad, o de preludio a un lloriqueo fingido, no vendría mal en el momento de llegar a estas letras. Gracias Marina, pero creo que necesitas practicar más, los pucheros, frente al espejo.
Porque eso es también el teatro, un espejo que refleja lo mejor y lo peor de la humanidad, que interpela a la imaginación del espectador y que lo vuelve cómplice embozado tras un aplauso o una rechifla o un reclamo iluso de “¡devuélvanme el costo del boleto, y agreguen el precio del taxi de aplicación, mi valioso tiempo, y más el IVA!”, por aquello de que el SAT, el Sistema de Administración Tributaria, se ha convertido en la migra, el ICE, que persigue artistas como si el arte fuera un negocio y no lo que es en realidad, es decir, un milagro.
-*-
Pero no se distraigan. Al maestro le ha tocado el papel de pretexto, papel que él ha asumido, imagino, bajo protesta. Pero el tema central de este encuentro es el teatro. O, más en general, las artes.
Ya antes, hace un año, hice un símil entre el director de teatro y el mando militar. No importa cuánto ensayen o practiquen, a la hora de enfrentar la realidad (la confrontación con el público en el caso del Teatro (también la Danza y, en algunos casos, la Música), y con el enemigo en el caso del combatiente), no hay oportunidad de repetir la escena. Tal vez eso explique la simpatía espontánea que aprecié en el encuentro de Artes de hace un año, entre ellos dos, cuando el Subcomandante Insurgente Moisés y el maestro Luis de Tavira compartieron la mesa y la palabra-. Estuvimos con Steph y un servidor como flancos guardianes, y las participaciones de Iván Prado, los Zurdos, y, desde otra lejanía, Antonio Ramírez.
Por esto he dicho antes que el arte dramático, como la danza, representa un reto mayor.
Y más: en el teatro confluyen, en el instante fugaz de la representación, multitud de factores.
Las partes que el todo reclama para constituirse en arte. La iluminación, el vestuario, la escenografía, la sonorización, y hasta los anuncios, el boletaje y el acomodo de los asistentes. Ahora imagino a Gabriel, a Philipe y a David preguntándose si somos los únicos colados, porque hay asistentes que, se sospecha, sólo llegaron para ver si había coctel y ambigú. Y ya comentan, entre dientes, que sólo hay un agua azucarada de sabor indescifrable, y un triste sándwich que conoció mejores días. Claro, todas, todos y todoas sonríen y dicen en voz alta “¡Ah, el teatro!”, mientras se acercan sigilosamente a la salida.
-*-
Ya les advertí, no se distraigan, concéntrense.
Mucho se ha hablado del teatro como diversión, como denuncia, como reflexión y como recurso didáctico. Así las cosas, un maestro o una maestra de teatro, en realidad son educadores de educadores. Acá les decimos “formadores”. Hay formadores de educación -que forman promotores de educación-, formadores de salud -que preparan a promotores de salud, primeros auxilios, medicina preventiva, parteras, herbolaria, laboratoristas y, algún día, formarán carniceros o “mete cuchillo”, que es como llamamos a quienes le saben a las cirugías-.
En fin, tenemos al teatro como diversión, como denuncia, como imagen de época y cultura, como reflexión y como pedagogía.
Seguro hay más filos en el erizo del arte dramático, pero yo les voy a señalar una espina que tal vez ignoran. Esto es, el teatro como amor y desamor.
Y para esto, les traigo un cuento que conté en una reunión donde se encontraban jóvenes y jóvenas coordinadores de arte y cultura, así como no pocos teatristas, hombres y mujeres zapatistas.
El cuento se llama…
(continuará)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán.
México, marzo de 2026.
[:en]
ART IS A CURSE
February 24, 2026
Ladies, gentlemen, and those who are neither one nor the other:
First of all, we want to thank Gabriel Pascal, David Olguín, Philippe Amand, and the whole crew who make this event possible. And Steph, for her unconditional complicity.
We also thank Lenin and Marina, who have kindly read our contributions.
I want to clarify that we were not invited to this tribute to the master Luis de Tavira. I say this not as a reproach, but as a disclaimer for those who, at the right time, organized this gathering. May this text serve to deal with complaints, insults (mint-flavored and otherwise), legal proceedings, and whatever else may arise from the matter.
So it can be said that we are here as “gatecrashers.” I imagine your displeasure, but keep in mind that it would be worse if we had forced our way in—that healthy civic custom of showing up without an invitation and without paying for the tickets.
We thus celebrate not only that those close to the master greet him, but also—and above all—the opportunity for those of us who are distant yet think of him to embrace him.
And this celebration, in which the master is somewhat like the pretext, raises several questions. Namely: what is it that enables communities so different and distant to converge in the same geography and calendar? For that is what those present here are: some of the best among the artistic community. And, well, our words are also meant to make present those who are far away: some of the Indigenous communities, of Mayan origin—the Zapatistas.
An artistic community and Indigenous communities coinciding. Differences meeting without ceasing to be what they are. And a theater master, Luis de Tavira, as the unwitting convener.
The former are brought together by dramatic art. “The supreme artistic challenge,” the late SupMarcos used to say—may God keep him in his holy glory and the Blessed Virgin shower him with blessings—to distinguish it from the other arts. And I suppose, though I cannot confirm it, that the deceased meant that reality stalks Theater (as it does dance and, in some cases, music) in a vertiginous present. Unlike cinema, graphic arts, sculpture, literature, and architecture, for example—where the artistic act is created in a space different from the one in which it confronts the listening-seeing (and non-seeing) audience—theater relates to the other in a special space-time context. This means that geography and calendar themselves become a part of the artistic creation. Thus, when one says “theater,” one refers both to the work performed and the space where it sometimes meets the audience.
So here we are—the Zapatista peoples—under the protest of those who organized this tribute, in a theatrical space called “El Milagro,” perhaps because the practice of dramatic art, at least in Mexico, is a miracle achieved despite all the difficulties it encounters.
But in these dark times of an Artificial Intelligence that stalks the arts, theater seems to be safe. At least for now, it seems impossible for a cybernetic organism to emulate the marvelous confrontation that occurs between theater-makers and the audience.
It seems difficult (at least for now) for Artificial Intelligence to even approach the different characterizations of the character Adela in The House of Bernarda Alba, who, with the fire of forbidden love, defies authoritarianism:
“Here the voices of prison end!” (Adela snatches a cane from her mother and breaks it in two.) “This is what I do with the rod of the tyrant. Do not take another step. In me no one commands except Marcos!”
(Okay, okay, okay—the original text says “Pepe,” but let’s say it’s a poetic license.)
Yes, you’re right, it is not by chance that I chose a play by Federico García Lorca—someone different, persecuted and murdered for being who he was and for the cause he embraced. Nor is it accidental that I chose the speech of a rebellious woman. Nor is it coincidental that an artist, Marina, is reading this text.
But what in fact motivates me to mention it is the subversive love that flows through that work. And, of course, the scenic challenge that those brief lines pose to anyone involved in theater—man, woman, or other: Adela breaking the whitewashed tomb in which Bernarda Alba had locked her away together with the rest of her daughters.
And all this is relevant because at the December 2025 seedbed gathering, Don Luis de Tavira, the master, was the only one who understood our intention in introducing the topics of love and heartbreak. When I wrote inviting him, I told him that it was most likely that none of the speakers would touch on those points—except for us, of course. He therefore did not need to worry about it. He immediately understood that those were precisely the most important aspects of that reflection and of all others past and present. The master accepted the challenge (actually, theater itself is a challenge). And his participation—from afar, like these words—focused on the mystery to be revealed: love and heartbreak.
Brilliant, as always, the master revealed—and rebelled—the leitmotif of human history: its successes and failures, its rises and falls, wars hidden behind heartbreak and loves hidden behind wars, resistances and rebellions.
In his remarks, the master says that I said what in fact it was he who said: that art is a declaration of love to humanity. And if he said that I said what he said that I said he said, then it is not confusion but a happy coincidence. A coincidence between two distances, like those that meet today here, by miracle, in El Milagro.
You must remain strong: in this terrible and marvelous love—in art—you walk toward heartbreak. Because humanity will not requite your love. It is unruly, stubborn, ungrateful, perfidious, and hopelessly romantic—as the Mexican philosopher Salvador Flores Rivera well argued. And yet you must persevere. That is how you will understand that the arts are a curse. A beautiful curse, yes—but a curse nonetheless.
Now I imagine the gestures of Steph, who is coauthor of this intrusion. I must say, in her defense, that she has been an accomplice not only in this crime, and that there are others on the horizon awaiting her dedication and commitment. Because theater, friends and enemies, is also that: complicity, dedication, and commitment.
I also imagine Marina’s restrained laughter—I told her that this would be a serious text and that she would have to read it on the spot without knowing it beforehand. And not just that. I also told her that the script required her to comb her hair, something you will confirm or not depending on whether her artistic discipline prevailed. I suppose she will make gestures of displeasure and reproach. A pout of discomfort—or a prelude to a feigned whimper—would not be out of place when reaching these lines. Thank you, Marina, but I think you need to practice your pouting more in front of the mirror.
Because that is also theater: a mirror that reflects the best and worst of humanity, that challenges the spectators’ imagination and turns them into accomplices—hidden behind applause, or boos, or the naïve complaint: “Give me back the money I paid for the ticket—and add the cost of the rideshare taxi, my valuable time, and VAT!” All because the tax authority—the Tax Administration Service—has become like immigration enforcement, chasing artists as if art were a business and not what it really is: a miracle.
– * –
But don’t get distracted. The master has been assigned the role of a pretext—a role he has assumed, I imagine, under protest. But the central theme of this gathering is theater. Or, more generally, the arts.
Earlier, a year ago, I made a comparison between theater directors and military commanders. It doesn’t matter how much they rehearse or practice; when the moment comes to face reality—the confrontation with the audience in the case of theater (and also dance and, sometimes, music), and with the enemy in the case of the combatant—you have no chance to repeat the scene. Perhaps that explains the spontaneous sympathy I noticed at the arts gathering a year ago between the two of them, when Subcomandante Insurgente Moisés and Master Luis de Tavira shared the table and the word. Steph and I stood as guardian flanks, with contributions from Iván Prado, Los Zurdos, and, from another distance, Antonio Ramírez.
That’s why I said above that dramatic art, like dance, represents a greater challenge.
And more: in theater—in the fleeting instant of performance—converge a myriad of factors.
The parts that the whole requires to constitute itself as art: lighting, costume, scenery, sound, and even the announcements, the ticketing, and the seating of the audience. Now I imagine Gabriel, Philippe, and David wondering if we are the only gatecrashers, because there are attendees who are suspected of having come only to see if there was a cocktail reception and hors d’oeuvres. Already they are complaining in whispers that there is only a sugary drink with an indecipherable flavor, and a sad sandwich that has known better days. Of course, everyone smiles and says out loud, “Ah, theater!” while quietly inching toward the exit.
– * –
I warned you—don’t get distracted. Focus.
Much has been said about theater as entertainment, as denunciation, as reflection, and as a pedagogical tool. In that sense, a theater teacher is really an educator of educators. Here we call them formadores (“trainers”). There are trainers in education—who train education promoters; trainers in health—who prepare health promoters, first aid workers, preventive medicine practitioners, midwives, herbalists, laboratory technicians, and someday they will train butchers—or “knife-inserters,” as we call those who know how to perform surgeries.
In short, we have theater as entertainment, as denunciation, as an image of its time and culture, as reflection, and as pedagogy.
Surely there are more spines on the hedgehog of dramatic art, but I will mention one that you may ignore: theater as love and heartbreak.
And for this, I bring you a story I told at a meeting where there were young coordinators of art and culture, as well as quite a few Zapatista theater-makers, men and women.
The story is called…
(to be continued)
From the mountains of the Mexican Southeast.

El Capitán
Mexico, March 2026.
[:]
“Este 8M no es una consigna, es denuncia”… “Conmemoramos, no celebramos”

La Plaza de la Paz en San Cristóbal de Las Casas empezó a recibir a las mujeres desde temprano, las organizadoras nos convocaron para las 10 de la mañana, el sol estaba ya presente y las mujeres empezaron a llegar listas para marchar. Algunas llegaron con sus creatividades para compartirlas, otras con sus tambores, otras con sus niñeces en carreolas, canguros o a pie. Mientras las organizadoras acomodaban a los contingentes diversos, sus pancartas y mantas, el sol arreciaba y nos convidaba a prepararnos con las consignas. Hasta delante iban las mantas con las imágenes de desaparecidas y desaparecidos cargadas por sus familiares y amigues. En seguida venía el contingente de las niñeces, sosteniendo mantas o pequeñas pancartas. Seguían las tamboreras, la guardia de seguridad y la mezcla de mujeres de todas las edades, colores y orígenes. Coreamos las consignas mientras que algunos transeúntes se mostraban indiferentes pero otros también se nos sumaban. La marcha tiñó de morado al “pueblo mágico” también objeto de denuncia por feminicida.
Al llegar de regreso a la Plaza de la Paz las organizadoras tomaron la palabra y evocaron a las mujeres, a las niñas y a todas las cuerpas disidentes. Cuerpas parte de esta marcha. Nos dijeron:
“Hablar de violencia aquí no es hablar de lo ajeno sino de una experiencia encarnada. En este 8M la lucha no es individual es comunitaria… queremos un feminismo que no deje fuera a las indígenas, a las trans… Los feminicidios siguen impunes… Ya no más silencio, miedo, impunidad, no más desapariciones, no más transfobia… No solo queremos recordar sino proteger a las que aquí estamos… Nos queremos libres, vivas, orgullosas…”
Palabras de las organizadoras en la Plaza de la Paz (Descarga aquí):

En seguida dieron su testimonio las familiares de víctimas de desaparición forzosa. Dos jovencita y una mujer mayor afirmaron que ellas nunca imaginaron estar en la situación que están, con tres desaparecidos (una mujer y dos hombres) de su propia familia. Denunciaron el calvario que ha sido para ellas todo por lo que han pasado pero dijeron acá estar, seguir denunciando.
Familiar de víctima de desaparición forzada (Descarga aquí):
Dos compañeras más tomaron el magáfono y nos compartieron que son sobrevivientes de un intento de feminicidio acaecido en una de las montaña del sur de la ciudad. Con gran indignación denunciaron todo lo que han pasado porque los tres niveles de gobierno no son capaces de cumplir con garantizar la seguridad de sus ciudadanas y con hacer justicia. Dijeron:
“Somos víctimas de un ataque armado, tipificado como robo, cuando fue un intento de feminicidio… Sobrevivir en México, no garantiza justicia… Hemos vivido la agresión armada y la violencia institucional que es violencia de género… Las instituciones de gobierno no cumplen los compromisos jurídicos vinculantes… La impunidad nos ha dejado heridas institucionales… sin nuestra red de apoyo no hubiéramos podido sobrevivir… Responsabilizamos a todos los niveles de gobierno… El Estado trató de silenciarnos… exigimos que el Estado asuma su responsabilidad… Sobrevivimos a tres años de violencia institucional… Tres años después aquí seguimos…”
Sobrevivientes de intento de feminicidio (Descarga aquí):
Pronunciamiento de sobrevivientes de intento de feminicidio (Clic aquí para leer)
“Hoy una jueza confirmó que dijimos la verdad: sobrevivimos a un intento de feminicidio. Lo que falta es que el Estado asuma su responsabilidad.”
Pronunciamiento 8M 2026 – México
Somos Sobreviviente de intento de feminicidio y denunciamos violencia institucional del Estado
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas — Marzo 2026
(Pausa, mirar al frente)
Hoy no estamos aquí para celebrar.
Este 8 de marzo no es fiesta.
No es felicitación.
No es flores ni discursos vacíos.
Porque lejos de tener mejores condiciones de vida,
las mujeres en México —y en Chiapas— seguimos siendo violentadas,
incluso por quienes tienen la obligación constitucional de protegernos.
(Pausa)
“La justicia retrasada es justicia denegada”.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres declaramos algo con claridad:
Sobrevivir en México no garantiza justicia.
El 23 de febrero de 2023 fuimos víctimas de un ataque armado en una montaña en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
No fue un robo.
Fue un intento de feminicidio.
(Pausa)
Sobrevivimos.
Pero sobrevivir en México no garantiza justicia.
El Estado no nos protegió.
Denunciamos.
Y entonces comenzó otra forma de violencia.
El delito fue clasificado como robo con violencia, y no como intento de feminicidio.
Solo cuando el caso se hizo público hubo reacción institucional.
Todas las instituciones que debían garantizarnos justicia violaron nuestros derechos.
Desde entonces hemos enfrentado:
• Cambios reiterados de fiscales y asesoras jurídicas.
• Más de un año de audiencias suspendidas.
• Negativa inicial de medidas de protección pese a las amenazas.
• Intentos de presión para modificar declaraciones relacionadas con violencia sexual.
• Exposición de nuestra identidad.
• Y el despido de peritos y de nuestra asesora legal en pleno juicio oral, afectando directamente nuestro derecho a la justicia.
(Pausa)
Hoy lo decimos con claridad:
La violencia institucional también es violencia de género.
Acudimos a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chiapas.
Se reconocieron irregularidades.
Sin embargo, el expediente fue archivado sin reparación efectiva.
El proceso continúa ante el Poder Judicial del Estado de Chiapas.
Y es hasta que una jueza mujer tomó el caso, con perspectiva de género, con empatía y comprensión del contexto de violencia que vivimos las mujeres, que empezamos a ver una luz al final del camino.
Pero las dilaciones y decisiones administrativas siguen afectando nuestro derecho a una justicia pronta, imparcial y con perspectiva de género.
México tiene obligaciones internacionales bajo la CEDAW y la Convención de Belém do Pará: prevenir, investigar, sancionar y reparar la violencia contra las mujeres con debida diligencia.
Esas obligaciones no son narrativa política.
Son compromisos jurídicos vinculantes.
Mientras nuestros agresores esperan sentencia bajo techo,
nosotras trabajamos para pagar terapias, rehabilitación
y los costos de un proceso interminable.
Seguimos recibiendo amenazas.
No pedimos privilegios.
Exigimos justicia.
El ataque armado nos dejó heridas físicas.
La impunidad nos dejó heridas institucionales.
Ambas son responsabilidad del Estado.
(Pausa)
Hoy, aunque el juicio aún no concluye de manera definitiva, sabemos que nuestros agresores han sido sentenciados por intento de feminicidio.
Eso es un logro.
Es resultado de la lucha jurídica, del acompañamiento, de la insistencia
y de no haber guardado silencio.
Y queremos decirlo también:
Gracias a las abogadas que nos defendieron con firmeza.
Gracias a las funcionarias e instituciones que sí actuaron con ética.
Gracias a nuestros padres.
Gracias a nuestras amigas y amigues que no soltaron nuestra mano cuando el miedo era insoportable.
Sin esa red, no estaríamos aquí.
(Pausa)
Pero incluso ante una sentencia, no hay tranquilidad absoluta.
Nos cuesta creerlo.
Tememos que en cualquier momento una decisión administrativa cambie el rumbo.
Tememos represalias.
Tememos a las redes familiares y comunitarias que han intentado intimidarnos.
La sentencia no borra el miedo.
La justicia parcial no repara todo el daño.
(Pausa larga)
En este 8M declaramos:
Un gobierno que dice defender a las mujeres
no puede despedir a quienes las representan en juicio.
Un gobierno que se dice humanista
no puede normalizar la revictimización.
Un sistema que tolera la impunidad
no puede llamarse transformador.
Y lo decimos con claridad política:
(Pausa)
Un país feminicida no puede llamarse mágico.
Responsabilizamos al Estado mexicano —en sus niveles municipal, estatal y federal— por:
• La falta de protección oportuna.
• Las omisiones en la investigación.
• La revictimización constante.
• El riesgo en el que nos colocaron.
• Y cualquier daño que pueda ocurrirnos.
(Pausa)
No queremos ser valientes.
Queremos ser libres.
No queremos sobrevivir al sistema.
Queremos justicia.
Si algo nos sucede,
será responsabilidad del Estado.
Este 8 de marzo no es una consigna.
Es memoria.
Es denuncia.
Es exigencia.
Y también es advertencia.
(Pausa final)
Hoy una jueza confirmó lo que dijimos desde el primer día:
Sobrevivimos a un intento de feminicidio.
Pero también queda claro que durante tres años
el Estado nos obligó a luchar
no solo contra nuestros agresores,
sino contra sus propias instituciones.
Y aunque la sentencia puede ser impugnada,
la verdad ya quedó establecida.
Sobrevivimos a un intento de feminicidio.
Y también sobrevivimos a tres años de violencia institucional.
(Pausa)
Si la verdad incomoda,
que incomode.
Pero algo debe quedar claro:
Intentaron matarnos.
El Estado intentó silenciarnos.
Tres años después aquí seguimos.
Y no nos vamos a callar.
En seguida el megáfono pasó a manos de las representates de la Red de Defensoras del Agua y del Terrirorio en este Valle de Jovel. Ellas afirmaron que:
“… aunque en el discurso público se habla de equidad de género se reduce a simulación política… Defender el territorio es un acto legítimo”. Exigieron, “el cese de la violencia hacia las defensoras”. Afirmando que: “la defensa del agua y del territorio es también una lucha feminista”. Y cerraron diciendo: “Sin defensoras no hay territorio, sin territorio no hay vida”.
Pronunciamiento de la Red Defensoras del Agua y el Territorio (Descarga aquí):
Pronunciamiento de la Red Defensoras del Agua y el Territorio (Clic aquí para leer)
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 08 de marzo de 2026
Red de Defensoras del Agua y el Territorio
Pronunciamiento 8 M
En el marco de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la lucha de las Mujeres, desde la Red de Defensoras del Agua y el Territorio alzamos la voz para denunciar la violencia sistemática y estructural que enfrentan las mujeres defensoras del ambiente y de los derechos humanos.
En América Latina, una de las regiones más peligrosas para la defensa de la vida y la naturaleza, las mujeres que protegen el agua, los territorios y los bienes comunes son objeto de patrones reiterados de violencia que buscan silenciar su liderazgo y desarticular sus procesos organizativos. Estas violencias se manifiestan en difamación, hostigamiento, amenazas, criminalización, judicialización indebida, desapariciones forzadas y feminicidios políticos.
El intervencionismo y la acaparación de los bienes naturales generan profundas afectaciones sociales. Sin embargo, estas afectaciones no son neutrales: impactan de manera diferenciada y desproporcionada a mujeres y niñas. Los eventos naturales provocados por la crisis climática, el ecocidio, la escasez de agua y la contaminación provocan graves consecuencias en la salud, particularmente en la salud física, mental y emocional de las mujeres, además aumenta la carga de trabajo de cuidado que históricamente ha recaído sobre las mujeres.
Las problemáticas ambientales generan despojo territorial y desplazamiento forzado, fracturando y desapareciendo comunidades enteras. Aunado a ello, el acceso de las mujeres a la información, a la participación efectiva y a la justicia ambiental sigue siendo limitado. Aunque en el discurso público se habla de paridad de género, en muchos espacios esta se reduce a simulación política, sin garantizar una participación sustantiva ni condiciones reales de incidencia para las mujeres defensoras.
Denunciamos que atacar a una defensora es atacar el derecho colectivo a un ambiente sano, al agua como bien común y a la autodeterminación de los pueblos. Defender el territorio no es un delito: es un acto legítimo frente a la crisis climática, ecológica y civilizatoria que atravesamos.
Exigimos:
-Garantías efectivas de protección para todas las defensoras de derechos humanos y defensoras ambientales.
-El cese de la violencia sistemática hacia las defensoras.
-El acceso pleno a la justicia ambiental y climática y el reconocimiento del liderazgo de las mujeres en la defensa del territorio.
Este 8M reafirmamos que la defensa del agua y del territorio es también una lucha feminista. Sin defensoras no hay territorio; sin territorio no hay vida.
¡Nos queremos vivas, libres y defendiendo nuestros territorios!

Antes de empezar a reunirnos en la Plaza de la Paz las compañeras de la Colectiva Cereza convocaron a una rueda de prensa donde MADRES, HIJAS, HERMANAS DE PERSONAS DESAPARECIDXS HABLARON SOBRE EL ACCESO A LA JUSTICIA EN EL CONTEXTO ACTUAL DE LA DESAPARICIÓN EN CHIAPAS.

Al tiempo, en la Plaza una de las varias jóvenes acompañantes de una de las familias con una víctima de desaparición forzada nos comentó lo importante que es para ellas y la familia el acuerparse entre unas y otras (parientas, amigas, solidarias, abogadas), sobre todo, ante el dolor pero también frente a la frustración del casi nulo avance de los trámites administrativos luego de la denuncia. Fue ella misma quien nos habló de cómo le llegó la conciencia, de la violencia que a ella misma le atravesó la cuerpa en la relación con un novio y de cómo la teoría y la práctica feminista ha sido clave para el proceso personal y colectivo de toma de conciencia. Cerró señalando lo que serían las demandas urgentes que ella y ellas lanzan:
“Exigen la agilización de los procesos legales de los y las desaparecidas… que las leyes genuinamente nos protejan, reconoce que la Ley Olimpia y la Ley Valentina existen pero saben que se requiere romper el sistema”.
Entrevista a jóvena en la Plaza de la Paz (Descarga aquí):
Y por supuesto no podían fallar las sesiones de autodefensa, el arte, las tamboreras, las obras de teatro y la música. Todo ello fue parte de esta commemoración del 8M y de la denuncia creativa pero contundente. Una de las miembras de un grupo de son jarocho participante en la marcha, Son Tribu, nos compartió sentada en la Plaza su palabra rememorando cuando llegó por primera vez a estas tierras hace 30 años (en 1996) exactamente en una marcha de mujeres donde estaban las zapatistas. Nos habló de su recorrido de 25 años de vida en tierras chiapanecas: su rol como observadora de derechos humanos, luego acompañante comunitaria, luego parte de la Otra Campaña hasta llegar a tener sus propios cultivos agroecológicos y sus animalitos y ser parte de grupos musicales que lo mismo crean sus propios versos feministas y ambientalistas que refuerzan las luchas de mujeres que luchan y de feministas. Oigamos con detalle lo que nos trasmite de esperanza encarnada enraizada alguien que en su modo, tiempo y geografía hace en colectivo con otras mujeres…
Entrevista a participante en la marcha (Descarga aquí):
Hacer colectivo a pesar de las guerras que azotan a los pueblos que resisten…

Foto-reportaje aporte de la Colectiva PVIFS-Chiapas
8M Plaza de la Paz
SCLC. Chiapas, México








































