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The Nation

(English) Trump’s Allies Are Taking Over the Media and Creating Their Own Reality

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By Eric Alterman – The Nation

Is anybody paying attention?

On July 17, the Idaho television station KBOI tweeted a story about a would-be robber who allegedly “arrives early at banks to find doors locked.” Even more confusing than the indecipherable English was the photo it ran: that of Black Lives Matter activist DeRay Mckesson being arrested at a protest in Baton Rouge (the robbery suspect was not even black). Having had the mistake called to their attention, the station apologized, although another story on KBOI’s website used the same image of Mckesson beneath the headline “Officer wounded in deadly ambush sues Black Lives Matter.”

That KBOI is owned by Sinclair Broadcasting Group should surprise no one who has ever paid attention to the company—a category, alas, that includes precious few people. Sinclair is a far-right media operation that until recently has flown under the radar of all but the most studious media critics. It received brief scrutiny in December, when it was revealed that Jared Kushner had struck a deal with the company to give it special access to Donald Trump in exchange for a promise to run Trump interviews across the country without commentary. These were especially important to the campaign in swing states like Ohio, where Sinclair reaches many more viewers than networks like CNN. More recently, the station made news when its vice president and director, Frederick G. Smith, whose family owns the company, made a $1,000 donation to Greg Gianforte’s House campaign the day after he assaulted Ben Jacobs of The Guardian for the crime of asking a question about Trumpcare. Now the company is poised to take over Tribune Media in a $3.9 billion deal. Add Tribune’s 42 stations to the 173 that Sinclair already owns, and you’ve got the single biggest conglomerate of TV stations in America, reaching 70 percent of all households in the nation.

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Prison Radio

Mumia Abu-Jamal: La caída

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Escucha (en Inglés):
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Es muy difícil escribir sobre la Presidencia de Donald Trump, la que aparentemente se está desmoronando a la vista de nuestros propios ojos. Eso se debe en parte a la gran rapidez de las nuevas revelaciones, de los escándalos que siguen a otros escándalos; a las absurdas declaraciones (y a los tweets) del Presidente, que son un absoluto torrente de chifladuras.

Parte de esto se debe a los medios de comunicación, que nos traen noticias con gran prontitud durante las 24 horas del día, sin darnos ni un segundo de respiro. Esto también se debe a la obsesión de Trump con los medios sociales de comunicación, y a su abilidad de contradecir con un simple tweet lo que afirman sus propios voceros.

Estamos viendo en este momento el más reciente reality’ show -¡El Show de Trump!- con su atracción principal Donald J. Trump, un maniaco superestrella que no ha decidido si va a presentarnos una comedia o una tragedia, pero hoy aparentemente presenta una farsa. Un reciente editorial del New York Times decía que los Estados Unidos hoy es una nación gobernada por un niño de 6 años, mal educado y petulante; niño grosero que hace rabietas, arma berrinches; y que le gusta jugar considerándose el emperador del mundo.

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Democracy Now!

Donald Trump y su propaganda de Ajit-ación

Amy Goodman y Denis Moynihan

“¡Estás despedido!”. Cuando Donald Trump destituyó al director del FBI, James Comey, la noche del martes, fue más que otra de las chocantes acciones ejecutivas de Trump. Es escalofriantemente relevante la comparación con el escándalo Watergate, ocurrido durante la presidencia de Richard Nixon. Comey estaba investigando una posible conspiración entre el gobierno ruso y la campaña presidencial de Trump. Pocos días antes de ser destituido, Comey había solicitado más recursos para la investigación al Departamento de Justicia dirigido por el lacayo de Trump, el fiscal general Jeff Sessions. El despido de Comey por parte de Trump recuerda al despido por parte de Richard Nixon del fiscal especial independiente que investigaba el escándalo Watergate, Archibald Cox, en lo que se llamó “La masacre del sábado por la noche”.

En medio del diluvio diario de escándalos, hay un detalle que sigue siendo muy claro y trasparente: Donald Trump entiende el poder de los medios y lo emplea de forma implacable. Desde el anuncio de su candidato a la Corte Suprema en un evento intrigante que podría haber sido tomado de un Reality show, hasta sus incesantes e inflamatorias publicaciones en Twitter, Trump manipula los medios de comunicación y, con frecuencia, controla el ciclo informativo. Sus declaraciones impredecibles han capturado la atención de los medios de comunicación corporativos, prácticamente llegando a un punto donde es lo único en recibir cobertura mediática.

Sin embargo, detrás del caos que desborda los titulares, se van deshaciendo décadas de logros políticos progresistas gracias al ejército de conservadores que Trump ha reunido a su alrededor. En la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por su sigla en inglés), por ejemplo, el recién designado presidente, Ajit Pai, está haciendo todo lo posible para eliminar las normas que protegen la neutralidad de Internet, al tiempo que permite una mayor consolidación a las grandes cadenas pro-Trump. Esto llevará a que tengamos un diálogo democrático cada vez más restringido en nuestra sociedad, reforzando aún más el dominio de Trump sobre el poder.

La neutralidad de Internet es descrita por Free Press, organización que aboga por la democratización de los medios de comunicación, como “la Primera Enmienda de Internet”. Describe una característica fundamental de Internet: que la información fluya líbreme y equitativamente en la web, sin importar su contenido. Por ejemplo, si se desea ver el contenido web de la Asociación Nacional del Rifle o de la Campaña Brady para prevenir la violencia con armas, cualquiera de los sitios buscados se cargará con la misma rapidez. Los proveedores de Internet no están autorizados a favorecer a un sitio por encima de otro.

Veamos otro ejemplo: muchas personas usan Netflix para ver videos en Internet. Pero imaginemos un proveedor de Internet con intereses propios en un servicio competidor de Netflix que decida enlentecer la descarga desde Netflix para frustrar a esos usuarios y conducirlos al servicio de su propiedad. Con normas de neutralidad aplicadas de forma estricta, este tipo de conducta sería ilegal. En la Internet que está intentando construir Ajit Pai, ex abogado de la gigante de las telecomunicaciones Verizon, despojado de normas de neutralidad, probablemente este tipo de conducta desleal sería lo habitual. Los sitios que cuenten con un fuerte respaldo financiero tendrían el predominio, y a los emprendimientos web más pequeños se les haría imposible competir con ellos. El dinamismo de Internet terminaría desapareciendo.

Vayamos un paso más allá con otras hipótesis posibles. Imaginemos un sitio web activista dedicado a organizar la resistencia contra la prohibición a inmigrantes del presidente Trump. Actualmente, se podría acceder libremente a un sitio así. Pero sin la protección de la neutralidad de Internet, nada podría impedir que un proveedor enlentezca el tráfico hacia y desde el sitio, volviéndolo inútil.

Las normas de propiedad de los medios, que también son competencia de la FCC, también están en la mira de Pai para ser eliminadas. El 20 de abril, la FCC votó 3 contra 2 en concordancia con las líneas partidarias para suavizar las reglas de propiedad de los medios, lo cual desencadenó una ola de concentración de canales de TV en manos de unos pocos propietarios. Según informes, la corporación de telecomunicaciones Sinclair Broadcast Group está intentando comprar el grupo mediático Tribune Media por 4.000 millones de dólares, lo que le daría control sobre más de un tercio de las estaciones de televisión locales del país.

Sinclair es mucho más que una cadena televisiva: ha explotado durante muchos años las ondas de radio públicas para promover ideologías políticas de derecha. Craig Aaron, presidente y director ejecutivo de Free Press, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Desplegaron una alfombra roja para el presidente Trump. Justo después de las elecciones, Jared Kushner, el yerno y asesor del presidente, indicó que había llegado a un acuerdo con Sinclair para obtener una cobertura favorable, en la que Trump saldría al aire hablando a sus anchas sin interrupción. Ese es el tipo de cosas que han permitido. Han contratado a múltiples personas del círculo íntimo de Trump, portavoces del gobierno, para que salgan al aire, para expresar las opiniones del gobierno”.

Las cadenas de televisión siguen siendo la forma en que la mayoría de la gente obtiene sus noticias, especialmente aquellas menos conectadas a Internet, como las personas mayores y los pobres. Al apoyar a candidatos como Donald Trump, Sinclair también se asegura que no haya cambios drásticos en la ley de financiamiento de campañas. Cada ciclo electoral, entonces, Sinclair y las otras cadenas televisivas cosechan enormes ganancias del flujo de “dinero oscuro” obtenido por la difusión de anuncios políticos engañosos. Esto genera un círculo vicioso, que permite a las fuerzas antidemocráticas reforzar el control de los canales de televisión y, cada vez más, de Internet.

El presidente Trump sabe cómo usar los medios masivos de comunicación y las redes sociales para manipular la opinión pública y atraer votantes. Pero Trump y sus funcionarios, como Ajit Pai, están aprendiendo que hay una fuerza más poderosa: el pueblo organizado que toma las calles. Trump puede despedir a individuos que pongan en riesgo su poder, como James Comey, pero no puede despedir a un movimiento social.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

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Democracy Now!

Donald Trump cumple con una de sus promesas de campaña: promover un poder policial sin restricciones

ferguson

Amy Goodman y Denis Moynihan

Mientras la atención del mundo se centra en la violencia en Estados como Siria, Irak, Yemen y Corea del Norte, aquí, en Estados Unidos, se están sentando las bases de un Estado desenfrenadamente violento a nivel nacional. Donald Trump está cumpliendo al menos una de sus numerosas promesas de campaña: promover un poder policial sin restricciones. El elegido de Trump para ocuparse de llevar a cabo estos objetivos, el fiscal general Jeff Sessions, está conduciendo al Departamento de Justicia hacia un cambio radical de políticas. Sessions está abandonando las medidas de la era Obama para proteger los derechos civiles y electorales, amenaza con más deportaciones y está resucitando la fallida “guerra contra las drogas” de décadas pasadas.

Esta semana, Sessions dijo ante la Asociación Internacional de Jefes de Policía: “Lamentablemente, en los últimos años, las fuerzas de la ley en su conjunto se han visto injustamente calumniadas y culpadas por acciones inaceptables cometidas por unos pocos malos actores”.

Sherrilyn Ifill, presidenta y directora-consejera del Fondo de Defensa Legal de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés), dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Lo que vemos con el fiscal general Jeff Sessions es un esfuerzo para regresarnos en el tiempo… Es una persona que quedó estancada en la década de 1980. En algunos casos, en la de 1950. Es una especie de visión retro de la aplicación de la ley y la policía, en la cual intenta aniquilar los últimos 30 años de progreso que hubo en este país, avances que ya se han hecho; particularmente en los últimos cuatro años, donde nos hemos centrado realmente en el tema de la reforma de las fuerzas policiales”.

Gran parte de las medidas recientes emanan de la temporada de agitación social en Ferguson, Missouri, en 2014. Allí, el 9 de agosto de ese año, un adolescente afroestadounidense desarmado, Michael Brown, fue asesinado a tiros por el agente de policía de Ferguson Darren Wilson, hecho que provocó meses de protestas. En marzo de 2016, la ciudad de Ferguson y el Departamento de Justicia, entonces al mando de la fiscal general Loretta Lynch, firmaron un decreto de consentimiento “con el reconocimiento compartido de que la capacidad de un departamento de policía para proteger a la comunidad a la que sirve es tan fuerte como la relación que tenga con esa comunidad”.

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Pueblo Sin Fronteras

Viacrucis de Refugiados 2017

El domingo 9 de abril, una caravana de refugiadas y refugiados centroamericanxs comenzará desde la frontera Guatemala- México e irá hacia el norte para solicitar asilo en los Estados Unidos de América. En el camino, alzarán sus voces para exigir su derecho al refugio.

Al tiempo que las naciones europeas construyen muros con alambre de púas que impiden la llegada de sirixs escapando de la guerra civil, el gobierno de los Estados Unidos se niega a reconocer que hay una crisis de refugiadxs en Centroamérica. En todo el mundo, los derechos de las personas refugiadas están siendo atacados. Una de las primeras acciones de la administración Trump fue la prohibición de entrada a refugiadxs provenientes de países de mayoría musulmana, lo que, sumado a la promesa de 3 millones de deportaciones en su primer año de mandato, solidifica un régimen transnacional de deportación que ya se profundizaba con Obama, el cual es cada vez más nefasto para familias inmigrantes que buscan refugio.

En 2015 y 2016, México deportó dos veces más Centroamericanxs que los Estados Unidos por primera vez en la historia. Este sistema compartido de control fronterizo ha llevado a un paso extremadamente peligroso para refugiadxs en tránsito.

Más información (comunicado de prensa, mapas, calendario, informes, etc.): http://www.pueblosinfronteras.org/actions-.html

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La Jornada

Estados Unidos: ¿Normalización?

Foto
Donald Trump, presidente de Estados Unidos y comandante en jefe del ejército, quien había sido calificado de bufón populista, de repente ha sido aclamado como líder firme y decidido por haber lanzado una ofensiva militar contra una base aérea en Siria, en represalia por un ataque con armas químicas. En la imagen, el mandatario se despide de simpatizantes en Bingham Island, Florida, donde pasó el fin de semana. Foto Xinhua

Por David Brooks | La Jornada

El comandante en jefe ordenó el lanzamiento de 59 cohetes contra una base aérea en Siria y de repente todo pareció volver a lo normal. No había sucedido algo tan peligroso desde que Donald Trump fue electo.

Quien había sido calificado de aberración política, un bufón populista neofascista que amenazaba la democracia y los derechos humanos y civiles de todos, que repudiaba la ciencia y el derecho internacional, el que elevó la mentira y el engaño a niveles que asombraron hasta a los maestros de la farsa política en este y otros países, de repente ganó el elogio de la cúpula política de ambos partidos y de los medios tradicionales del país. Lo proclamaron normal.

Creo que Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos, declaró Fareed Zakaria, de CNN, quien había sido uno de los críticos de la política exterior de esta presidencia, al conocerse el ataque estadunidense contra Siria. Brian Williams, reconocido presentador liberal de MSNBC, fue más espeluznantemente lírico al reportar, viendo las imágenes proporcionadas por el Pentágono de los cohetes letales destruyendo objetivos, que había algo bello en estas imágenes y hasta citó un verso de la canción de Leonard Cohen, estoy guiado por la belleza de nuestras armas, sin reconocer que First we take Manhattan es todo menos un elogio a la guerra y la clase política.

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Red Voltaire

12 de abril de 2017: el mundo está de nuevo al borde de la guerra

por Thierry Meyssan

La Casa Blanca se alinea finalmente junto a la coalición de los neoconservadores alrededor del Reino Unido y de varias grandes transnacionales. Estados Unidos retoma la política imperialista que había adoptado en 1991 y reactiva la OTAN. La ruptura con Rusia y China se consumó el 12 de abril de 2017. El mundo se halla nuevamente al borde de la guerra nuclear.

Red Voltaire | Damasco (Siria) | 13 de abril de 2017
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En dos semanas de intensa lucha en el seno de la administración Trump, Estados Unidos atacó ilegalmente la base aérea de Shayrat, en Siria, y multiplicó posteriormente las señales contradictorias antes de mostrar sus cartas. En definitiva, Washington vuelve a su política imperialista.

En menos de 2 semanas, la administración Trump defendió 7 posiciones diferentes sobre la República Árabe Siria [1].

Estados Unidos realizó otro importante cambio de posición el 12 de abril de 2017.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Rex Tillerson viajaba a Moscú para intentar un último acercamiento pacífico mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía en Nueva York y tomaba nota del enfrentamiento y el presidente Trump volvía a lanzar la OTAN contra Rusia.

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