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[podcast]https://radiozapatista.org/Audios/7-11_Mumia_on_Dallas.mp3[/podcast]

Los eventos de la última semana siguen resonando en la conciencia nacional.

Los asesinatos sin provocación que la tira hace en las calles del Medio Oeste norteamericano y los asesinatos de policías en Texas que acaban de pasar, nos muestran que se ha llegado a un nuevo instante en la más larga y cada vez más pública guerra interna de los Estados Unidos; guerra que nadie sabe cuando ni como va a terminar.

El problema de la violencia policial, naturalmente, no es nuevo.

Cuando el Reverendo Doctor Martin Luther King Jr. dirigió marchas en protesta contra la segregación racial en Selma, Alabama, en los años de los 1960s, policías no “ayudaron” a los que marchaban en protesta; los cachacos golpeaban a los que protestaban, los golpeaban salvajemente, porque se atrevían a violar las leyes injustas de la supremacía de los Blancos. Cachacos golpeaban indiscriminadamente a hombres y mujeres para protejer los privilegios Blancos.

El puente Edmund-Pettus se hizo resbaladizo con la sangre de los Negros.

Hoy día, policías matan con desalmada impunidad; hombres, mujeres y niños Negros, tales como Freddie Gray, Mike Brown, Rekiah Boyd, Tamir Rice, Eric Garner, y otros.–y no pasa nada. Grandes Jurados Secretos y no-tan-secretos jueces repetidamente decretan, “homicidio justificado”, y los cachacos asesinos son premiados con mejores puestos de trabajo.

“Buena labor” –y todo queda en nada.

Hoy, los medios de comunicación, los políticos y la policía llaman loco a Micah Xavier Johnson, que mató a varios policías en Dallas, Texas; y un político prominente lo llamó, “desquiciado mental”.

Pero, si Micah Xavier Johnson es loco, ¿qué lo hizo loco?

¿Estaba Micah Xavier loco cuando fue a matar al pueblo de Afganistán para beneficiar al Imperio Norteamericano? Quizás sus superiores lo entrenaron demasiado bién.

La opresión enloquece al pueblo. La opresión lleva al pueblo a la locura. Cerebros tranquilos se vuelven mentes locas… Mentes consumidas por la cólera, la furia y por los resentimientos.

Los medios de comunicación, sacerdotes, pastores y los políticos van a llamar a Micah Xavier con malos nombres, pero Micah ya está más allá de esas maldiciones.

Su vida ya era maldita porque él había nacido Negro en los Estados Unidos. Esa ya es una maldición suficiente.

En1951, el gran poeta, Langston Hughes (1902-1967), escribió en su poema “Harlem”:

¿Qué le pasa a un sueño postergado?
¿Se seca
como una pasa de uva al sol?
¿O se inflama como una llaga–
y después se descompone?
¿Apesta como carne podrida?
¿O se hace como azucarado pan de dulce —
como un caramelo de melcocha?
Quizás simplemente se hunde
como una carga pesada.
¿O estalla?

[:en]police

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The events of last week continue to reverberate throughout national consciousness.

The unprovoked killings by cops in the streets of America’s Midwest, and the subsequent killings of cops in Texas, show us that a new stage has been reached in America’s longest internal war, and that no one knows how it will end.

The problem of police violence, of course, isn’t new.

When Rev. Dr. Martin Luther King Jr. led anti-segregation protests in Selma, Alabama in the 1960s, cops didn’t ‘assist’ protestors; they beat them, savagely, for violating the unjust laws of white supremacy. They beat men and women, indiscriminately, to protect white privilege. The Edmund-Pettus bridge became slick with Black blood.

Today, they kill with utter impunity; Black men, women and children: like Mike Brown, Rekiah Boyd, Tamir Rice, Eric Garner, etc.–and nothing happens. Secret Grand Juries, and not-so-secret judges repeatedly rule, ‘justifiable homicide’, and killer cops get promotions.

‘Good job’–and nothing.

Today, media, politicians and police call Micah Xavier Johnson, a madman; “deranged”, according to one prominent politician.

But if he is mad, what made him so?

Was he mad when he went to kill Afghanistanis on behalf of the Empire? Perhaps they trained him far too well.

Oppression maddens people. It drives them mad. It turns calm brains into mad minds consumed by anger, rage and resentments.

The media, ministers and politicians will call him names, but he is beyond your curses now.

His life was a curse already, to be born a nigger in America. That’s curse enough.

In 1951, the great poet, Langston Hughes (1902:1967), in his poem, “Harlem”, wrote:

What happens to a dream deferred?
Does it dry up
like a raisin in the sun?
Or fester like a sore–
And then run?
Does it stink like rotten meat?
Or crust and sugar over —
like a syrupy sweet?
Maybe it just sags
like a heavy load.
Or does it explode?

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