México
Caminando hacia la autonomía
Cherán K’eri es una comunidad indígena pur’épecha ubicada en el estado de Michoacán, México. A partir del año 2000, el crimen organizado empezó a filtrarse en la comunidad. Con el tiempo, la presencia de los narcotraficantes y su poder de control sobre la comunidad se incrementaron substancialmente y empezaron a arrasar con los bosques más preciosos de la comunidad. Cuando los integrantes de la comunidad intentaban defenderlos, eran asesinados o desaparecidos. El bosque era devastado y la gente vivía aterrorizada; todo el mundo sentía que su vida estaba en peligro. Al atardecer, Cherán se convertía en un pueblo fantasma.
El 15 de abril de 2011, un grupo de mujeres decidió poner un alto a esa situación: empezó a tapar las calles para impedir el paso de los talamontes. Rápidamente, la comunidad entera reaccionó y se unió al levantamiento, quemando carros y levantando barricadas en todas las entradas del pueblo. Frente a eso, los políticos y policías municipales, llenos de miedo, huyeron de Cherán. La comunidad tomó las oficinas del gobierno municipal, así como los vehículos de la policía y sus armas, para empezar a brindarse seguridad. En paralelo, el pueblo decidió expulsar definitivamente a los partidos políticos, para retomar sus formas tradicionales de autogobierno.
A cuatro años de su levantamiento, comuneros y comuneras nos hablan de las distintas etapas por las que ya han pasado en la construcción de su nuevo mundo, en el que realmente se le da la voz al pueblo, en el que la que manda es la asamblea, mientras el gobierno está obedeciendo; el principio de un largo proceso de construcción de autonomía, del que todas y todos podemos aprender.
Vamos caminando con pies de lucha
Vamos caminando con pies de lucha
San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
16 de junio de 2015.
(Colectivo Radio Zapatista)
La fila es muy larga. Larguísima. Como doscientas personas. Pero no es para votar ni para deberle al gobierno cobrando sus programas. Es para comer uno de los calditos de carne con verduras más sabrosos que hemos probado en mucho tiempo. La amabilidad de unas cincuenta mujeres, rodeadas de un batallón de niñas y niños que no paran de jugar, nos ha preparado también agua de horchata y una salsa peligrosa. A la sombra de encinos y perales nos colmamos de tortillas tricolor. Una barrera de pinos viejos nos protege la espalda sin estorbarnos nunca la vista de un paisaje inigualable. El clima es tan generoso y la tarde tan firme como esta comunidad, San Francisco, Municipio de Teopisca, tierra rebelde recuperada hace veinte años cuando comenzó a caminar con nosotras y nosotros la lucha zapatista.











