Buenas tardes. Es un gusto estar aquí con ustedes y, antes que nada, quisiera agradecer la posibilidad de compartir con ustedes y hablar de un tema del cual ustedes son maestras, maestros, maestroas: conjurar esperanza en medio de la guerra, o frente a la guerra.
Gracias también a las y los compas, que han alimentado mucho de lo que voy a contar, porque la esperanza es un tema colectivo; nunca es individual, siempre es en común. También gracias a Sofía, mi compañera, que me ha acompañado en mucho de lo que voy a compartir en este momento.
Mi exposición tiene la siguiente estructura.
Primero hablaré de algunas postales de esta guerra contra la naturaleza, para tener algunas visiones de cómo se está visualizando en los territorios y después hacer un recuento de qué tan grave es.
Como segunda parte hablaré de la batalla por las narrativas. Ilán ya nos daba un adelanto esta mañana, de manera muy brillante, sobre esa batalla por contar la historia.
La tercera parte son frutos de esta resistencia y una alianza con los que llamo —y pueden o no adscribirse— huérfanos de la Tierra, y unasreflexiones finales.
Es un gusto volver a estar acá. En 2018 tuve la oportunidad de acompañar a mis compañeras Jimena, Edith y Mariana Mora, presentando el reporte de impactos psicosociales del caso Ayotzinapa. En ese momento decíamos que había dolor en el aire y, tristemente, hoy que tengo esta oportunidad de estar nuevamente en esta mesa, en este espacio, tenemos la rabia de la recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que no solamente revictimiza a las familias de los normalistas, de los sobrevivientes y, pues eso, de las víctimas que son parte de todo este dolor que existe en Ayotzinapa, sino también de la exoneración que este reporte hace del Ejército. No sólo hay dolor; nuevamente hay una rabia que, tristemente, nos vuelve a asistir en este momento.
Pero bueno, hoy vengo con otra cosa que, curiosamente, también tiene que ver con cosas del pasado. Yo soy de esa generación de la Escuela Nacional de Antropología e Historia que estudió Etnología muy inspirada por el movimiento zapatista. Hoy vengo, ahora sí, a dar la cara y a dar cuenta de los resultados de investigación que llevan ya un tiempo y que me han ocupado en el tipo de trabajo que hago en diferentes redes y comunidades.
Hoy vengo a hablar un poco más sobre el fracking. Mi comisión, digamos, es dar cuenta del fracking. Entonces, son más o menos tres apartados y espero no ser tan aburrido, pero sí tendré que dar algunos datos y leer algunas cosas.
Bueno, para empezar, me gustaría enmarcar la charla en algo que denominé “La guerra por otros medios: el fracking en territorios insumisos”.
De entre las sombras salió, o tal vez estuvo ahí desde antes. Es su modo de por sí: está, aunque parezca que no está. Silenciado de luz, sombra es entre las sombras. Es a quien los dioses maldijeron con la ausencia. Por maloras los dioses, o porque ante su reto debiera levantarse también el guerrero, el que lucha.
Fue él quien me llamó la atención sobre el pasaje del Popol Vuh donde se habla de la capacidad que tenían los primeros hombres y mujeres de ver el todo y las partes simultáneamente, de lo que di en llamar antes el Aleph maya.
—Esa parte —me decía— bien puede ser la palabra de un jefe guerrero maya. Es esa la ciencia del combate, de la lucha; el conocimiento que se perdió por los celos de los dioses más primeros, los que nacieron en el mundo, de quienes crearon y se arrepintieron de lo creado.
Pero no se olvidó del todo. Cada tanto, en nuestra sangre maya encontramos esas palabras, como encontramos las cenizas en lo que antes fue un fuego poderoso.
Ese pensamiento es el que nos permitió derrotar y arrinconar al tzul, al demonio blanco, cuando Chan Santa Cruz organizó nuestra desesperación y puso en nuestras manos y miradas la llama de la justicia.
Pasó, sin embargo, que hubo quienes confundieron la lucha por la justicia con la venganza, y el odio que sentimos contra el opresor, lo llevamos también en contra del diferente, del distinto, del otro, pero, sin embargo, nuestro semejante en el dolor y la pena.
Los tzules blancos no nos derrotaron; fuimos nosotros mismos quienes caímos ante la envidia, la competencia, el más tener, el ser más.
Debo decirles que es la primera vez que estoy en este auditorio y hacía mucho tenía la esperanza de poder venir. Gracias, realmente, más que por la invitación, por la posibilidad de estar con ustedes. Sobre todo en este día especial, por lo que escuchamos ayer. Una vez más, la caravana —no sé si estoy bautizando algo que no debo bautizar— marchará a la Ciudad de México el mes de diciembre. Es algo que hay que celebrar, hay que festejar.
Van a encontrar una ciudad muy distinta a la que conocieron la primera vez que estuvieron ahí. Es una ciudad, yo diría, triste, despolitizada. Esa fantástica Ciudad de México que, durante toda la segunda mitad del siglo XX y muchos años del siglo XXI, fue uno de los sitios de la experimentación política, de la resistencia, de los movimientos estudiantiles, de sindicatos, de barrios, de la imaginación para hacer frente a las catástrofes, como los terremotos; de la autoorganización para encontrar salidas a las inundaciones. Esa ciudad ya no la van a encontrar. Es una ciudad muy despolitizada.
Triste porque, en la Ciudad de México, el promedio de tiempo que un ciudadano pasa frente a una pantalla es de tres horas y media en adelante, están con celulares. Y los que trabajan pasan hasta ocho horas —que son muchísimos— para acabar totalmente cansados, sin haber hecho nada más que estar frente a las pantallas.
Es una ciudad dominada hoy por Su Majestad, el coche, el carro. Hay cálculos de que todo el gasto social que ha provisto el gobierno de Morena en becas, la mayor parte, se ha ido para adquirir carros. Si intentan cruzar… Yo creo que la Ciudad de México debería extender seguros de vida para cruzar los ejes viales, porque, si intentan cruzar un eje vial como el de Revolución, tienen que ser verdaderos héroes para salir avante. Ya Illich, Jean Robert y todos esos críticos de esta condición nos dijeron que el automóvil es el primer instrumento de guerra contra la naturaleza; no solo la naturaleza que nos rodea, sino nuestra propia naturaleza.
Buenas tardes. Un saludo y un agradecimiento por estar aquí. Un saludo a todas y todos ustedes.
Yo les vengo, pues, a traer las malas nuevas, de algún modo, de la región Occidente. Es del lugar del que provengo, y vengo de alguna manera recogiendo las voces de muchísimas personas que nos permiten, en conjunto, entender un poco cómo ha sido esta vinculación del capital y la guerra del capital como un epicentro de lo que está ocurriendo también en México en muchos sentidos.
Y voy a comenzar la historia recordando a Jorge, ubicándonos en los caminos de Camichines, de San Gabriel a Jiquilpan, en el camino que luego sube hasta Tapalpa. Ahí se pueden ver las Piedras Niñas, que anuncian la Sierra de Tapalpa, ubicada al sur de Jalisco; de Guadalajara, digamos, yendo hacia Manzanillo, hacia Colima.
Es 2012. Jorge está en su casa, en Jiquilpan. Lo van a buscar por la noche. Le dicen si quiere ir de cacería porque, pues, él era un cazador, como cualquier persona que vive en el mundo rural. Se niega. Le insisten, no sabemos qué le dicen. Se va rumbo al volcán apagado El Comalito. Todos regresan menos él.
Era 25 de noviembre. Jiquilpan es un pueblito chiquito, de mil ochocientas personas, más o menos.
En diciembre se llevan a otros dos: a Mateo Valverde y a otro joven que golpearon y nunca supimos su nombre. Si no, lo nombraríamos aquí para traerlo y que no nos olvidemos de él.
Antes, en octubre, se llevaron a otros dos hermanos, Arriola Solano, que se sumaron a otros desaparecidos en ese pueblito.
Antes, al inicio, no alcancé a decir lo de la imagen. Quiero agradecer a Antonio Ramírez —que, bueno, es un amigo conocido de ustedes— porque ha estado pintando en estos últimos años sobre las madres buscadoras. Es para ellas también toda mi palabra, y mucha de la que recojo viene también de ellas, de sus hijos y de todas las personas que anónimamente hablan para explicarnos lo que está ocurriendo.
Entonces, esta es una de sus últimas pinturas: “¿Dónde estás, amor mío?”
Principalmente, este es un saludo para todas las madres buscadoras, que lamentablemente cada vez son más en este país.
… um crime transbordando sangue, lama e merda; uma história que começa com a injustiça entronizada, a dor democratizada, a destruição que gera riqueza, prosperidade e desenvolvimento, a morte como programa de governo e símbolo do progresso: quanto mais mortes, mais modernidade em uma civilização. Um crime nos convoca, o crime por excelência, o crime transformado em sistema; um crime tão transparente que a luz não o atravessa, mas o transforma em espelho, em um prisma que se desfaz em cores agradáveis, desejáveis, atraentes, da moda, enfim; um crime tão popular que acumula trilhões de curtidas de suas próprias vítimas sacrificiais e, ainda assim, permanece insatisfeito.
O criminoso — o Estado capitalista — concentra-se agora em reprimir ou exterminar “os que sobram”, não apenas porque não são lucrativos, mas sobretudo porque representam o outro, o que não é homogêneo e, portanto, com sua diferença, desafiam o sistema.
Este encontro — um semillero (viveiro) de pensamento crítico — surge da necessidade urgente de refletir para compreender melhor o criminoso. Ao longo de cinco dias, pensadoras e pensadores refletirão sobre a configuração atual do Estado capitalista, tanto no México quanto no mundo; a devastação ecológica; a privatização de bens comuns, como a água; o fraturamento hidráulico (fracking); o ser humano como vítima, mas também como desafio ao sistema; a história como ferramenta de opressão e as histórias dos de baixo como arma de luta; o horror vivido na Palestina e a dignidade da resistência; as famílias que buscam pessoas desaparecidas; a reorganização urbana; a luta das mulheres; e o terror da extrema direita.
Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarização e recolonização dos territórios”
Segundo a análise de López y Rivas, o capitalismo contemporâneo atravessa uma nova etapa caracterizada pelo aprofundamento da violência, da militarização e da recolonização dos territórios. Diferentemente de fases anteriores, nas quais o sistema mantinha certos mecanismos de mediação social, hoje predominam a coerção, a guerra, a criminalização dos protestos e o desmonte dos direitos conquistados pela classe trabalhadora.
O capitalismo atual conduz, assim, a uma crise civilizatória que se manifesta naquilo que os zapatistas chamam de “a tempestade”: mudança climática, esgotamento dos recursos naturais, destruição da biodiversidade, pobreza, migrações forçadas, guerras e aumento de diversas formas de violência.
O terrorismo global de Estado, liderado principalmente pelos Estados Unidos e respaldado por outras potências e organismos internacionais, constitui um instrumento fundamental para impor essa nova fase de acumulação capitalista por meio de intervenções militares, ocupações territoriais e da violação sistemática do direito internacional. “Os Estados Unidos, como potência hegemônica, instauraram a barbárie como um processo devastador para a humanidade e para a natureza”, afirmou López y Rivas.
No caso do México, os governos da chamada “Quarta Transformação” (4T) deram continuidade a processos iniciados durante o período neoliberal. A expansão dos megaprojetos, o fortalecimento do papel das Forças Armadas e a crescente participação do crime organizado configuram uma estratégia de militarização e controle territorial que afeta especialmente comunidades indígenas, camponesas e movimentos sociais. Sob o governo da 4T, o país foi militarizado como nunca antes em sua história. “A instituição militar realiza atualmente mais de 200 funções (…) que não estão previstas na Constituição nem em suas leis regulamentares”, afirma López y Rivas. Ao mesmo tempo, ao paramilitarismo — instrumento encoberto do Estado para assediar, deslocar e enfraquecer organizações populares sem assumir publicamente a responsabilidade pela violência, historicamente utilizado como mecanismo de contrainsurgência — soma-se agora o narcoparamilitarismo.
Diante desse cenário, os povos maias zapatistas, o EZLN, o Congresso Nacional Indígena e os diversos coletivos e organizações que lutam pela vida constituem uma alternativa real. Uma alternativa que não passa pela disputa do poder estatal, mas pela organização desde baixo, pela autonomia, pelo autogoverno, pelo princípio de “mandar obedecendo” e pela construção cotidiana de formas comunitárias de democracia.
López y Rivas concluiu convocando a academia, os artistas, os meios de comunicação, o magistério, os estudantes e todos os setores comprometidos com o pensamento crítico a acompanhar as lutas dos povos. Diante da crise do capitalismo e das múltiplas formas de violência contemporânea, torna-se indispensável fortalecer a organização coletiva, desenvolver um pensamento crítico capaz de compreender as transformações do mundo e manter viva a construção de alternativas voltadas para a defesa da vida, da justiça e da dignidade.
Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”
Alicia Castellanos apresentou uma reflexão crítica sobre a relação entre racismo, violência e as formas contemporâneas de dominação que afetam povos e comunidades em diferentes regiões do mundo. Sua reflexão parte da ideia de que vivemos uma etapa de crise civilizatória marcada por uma profunda desigualdade, pela degradação ambiental e pela expansão de diversas formas de violência vinculadas ao capitalismo contemporâneo.
O racismo, explica Castellanos, é uma construção histórica que surgiu e se consolidou durante a expansão colonial europeia. Desde o século XVIII, a ideia de “raça” foi utilizada para estabelecer hierarquias entre os povos e justificar processos de dominação, exploração e espoliação. Embora hoje o conceito racial costume aparecer de maneira menos explícita, seus mecanismos persistem por meio de novas formas de exclusão baseadas em diferenças culturais, nacionais, religiosas, econômicas ou políticas.
Para Castellanos, o racismo funciona como uma ferramenta de poder que permite construir o “outro” como uma ameaça: um inimigo que deve ser controlado, expulso ou eliminado. Essa lógica esteve presente em diferentes processos históricos de colonialismo, genocídio, guerras e perseguições contra povos considerados inferiores ou perigosos.
Essa função do racismo também se aplica aos conflitos contemporâneos, especialmente ao genocídio do povo palestino, às políticas migratórias dirigidas contra comunidades estrangeiras e ao crescimento de discursos nacionalistas e autoritários que transformam determinados grupos sociais em bodes expiatórios durante períodos de crise. A normalização do ódio por parte das instituições e dos governos, adverte, abre caminho para formas extremas de violência.
Castellanos lembra que o escritor libanês Amin Maalouf propõe a ideia de “identidades assassinas”: “aquelas que reduzem a identidade de uma pessoa ou de um povo a uma única pertença”, servindo de fundamento para a violência contra os “outros” e para processos genocidas contemporâneos, como os ocorridos na Guatemala e, agora, na Palestina.
No caso do México, os megaprojetos de desenvolvimento — especialmente o “Trem Maia” — constituem exemplos paradigmáticos do racismo dirigido contra os povos originários. Esses projetos implicaram processos de transformação territorial, impactos ambientais, perda de biodiversidade, pressão sobre comunidades indígenas e uma crescente participação das Forças Armadas em atividades civis e econômicas. Nesse contexto, a militarização do território modifica as relações comunitárias e afeta os direitos coletivos dos povos.
Para os povos maias, a terra não representa apenas um recurso econômico, mas um espaço de memória, identidade, cultura e reprodução da vida. A destruição de ecossistemas, cenotes, florestas e formas tradicionais de organização comunitária constitui, assim, uma ameaça não apenas ambiental, mas também cultural.
A resistência e a organização desde baixo — especialmente aquelas impulsionadas pelos povos zapatistas e pelo Congresso Nacional Indígena — constituem uma resposta a esse cenário: formas alternativas de exercer o poder baseadas na autonomia, na participação comunitária e no princípio de “mandar obedecendo”.
Assim como López y Rivas, Castellanos conclamou ao fortalecimento do pensamento crítico como ferramenta para compreender as transformações do mundo atual e imaginar alternativas diante da violência, do racismo e da destruição ambiental. A resposta às chamadas “identidades assassinas” e às estruturas de dominação deve ser a construção de um “nós” fundamentado na solidariedade, na justiça, na igualdade e no respeito à diversidade.
Diante das forças que promovem a espoliação e a exclusão, os povos organizados mantêm viva a possibilidade de construir outros mundos sustentados na dignidade, na autonomia e na defesa da vida.
Wilfrido Gómez Arias – Nossa água, suas concessões: a arquitetura jurídica da espoliação e da concentração da água no México
A água é um elemento essencial para a vida e encontra-se em constante movimento por meio do ciclo hidrológico. No entanto, sua distribuição no México é desigual. Enquanto algumas regiões do sudeste concentram grandes volumes de precipitação e disponibilidade hídrica, extensas áreas do norte enfrentam condições de escassez. Essa desigualdade natural foi agravada por um modelo de gestão que permitiu a superexploração, a contaminação e a concentração da água.
A partir do período neoliberal, foram promovidas transformações legais e institucionais que modificaram a relação do Estado com a água. A criação da Comissão Nacional da Água (CONAGUA), em 1989, e a promulgação da Lei de Águas Nacionais, em 1992, estabeleceram um sistema baseado em concessões, por meio do qual o Estado concedeu direitos administrativos para extrair, utilizar e explorar determinados volumes de água durante longos períodos.
Esse modelo transformou o acesso à água em um direito administrativo passível de acumulação, transferência e defesa jurídica. Embora a Constituição estabeleça que a água pertence à nação, o sistema de concessões permitiu que grandes agentes econômicos concentrassem volumes significativos, enquanto muitas comunidades e povos ficaram sem o reconhecimento formal de seus direitos históricos sobre suas fontes de água.
A ausência de um planejamento hídrico adequado provocou um processo de superconcessão. Em diversos aquíferos e bacias hidrográficas passou-se a extrair mais água do que aquela disponível para sua recuperação natural. Como consequência, centenas de aquíferos apresentam redução de suas reservas, e numerosas bacias mostram sinais de degradação. A atual crise da água não é apenas um problema de disponibilidade natural, mas também o resultado de decisões políticas, jurídicas e econômicas.
Os principais beneficiários do modelo de concessões foram grandes usuários públicos e privados ligados a setores como o agronegócio, a mineração, a indústria de transformação, a indústria de bebidas, o setor energético, o mercado imobiliário e grandes empreendimentos urbanos. Enquanto algumas empresas possuem concessões para extrair enormes volumes de água, inúmeras comunidades enfrentam desabastecimento, distribuição irregular, dependência de caminhões-pipa e degradação de suas fontes locais.
Os povos indígenas e os sistemas comunitários de gestão da água foram particularmente afetados. Embora historicamente tenham protegido nascentes, rios e áreas de recarga hídrica, suas formas tradicionais de administração não foram plenamente reconhecidas pelo marco jurídico. Em muitos casos, as fontes de água utilizadas pelas comunidades foram registradas em nome de municípios, particulares ou empresas.
Em 2012, o direito humano à água foi reconhecido constitucionalmente, estabelecendo que toda pessoa deve ter acesso à água suficiente, salubre, aceitável e acessível para suas necessidades pessoais e domésticas. No entanto, as reformas promovidas em 2025 não alteraram de forma substancial a estrutura do sistema de concessões. Embora tenham introduzido algumas mudanças administrativas, mantiveram a lógica central que permitiu a concentração da água nas mãos de poucos usuários.
Garantir o direito humano à água significa muito mais do que fornecer água por meio de caminhões-pipa ou garrafas. Significa assegurar um acesso permanente, seguro e digno, com sistemas públicos eficientes, participação cidadã e reconhecimento das comunidades que historicamente cuidaram da água.
A problemática da água no México reflete uma disputa entre duas visões: uma que compreende a água como mercadoria e outra que a reconhece como um bem comum indispensável à vida. Resolver a crise hídrica exige recuperar uma perspectiva baseada na justiça social, ambiental e territorial, na qual a água seja administrada para garantir a vida das pessoas, dos ecossistemas e das gerações futuras.
Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total e a rebelião do vivo”
As palavras de Carlos Tornel partiram da provocação formulada pelo zapatismo há mais de duas décadas: a ideia de que vivemos uma Quarta Guerra Mundial, uma guerra que não se limita ao campo militar, mas atravessa a economia, a cultura, a informação, os territórios, os corpos e todas as formas de vida. Seu objetivo não é apenas derrotar inimigos, mas destruir, disciplinar ou reorganizar aquilo que não pode ser facilmente transformado em mercadoria: povos, memórias, autonomias, territórios comuns e formas distintas de se relacionar com a vida.
Essa guerra constitui um aspecto fundamental do funcionamento do capitalismo. Desde suas origens, a expansão capitalista dependeu da espoliação, da apropriação dos bens comuns e da transformação da natureza e das relações sociais em mercadorias. Hoje, diante do esgotamento dos recursos, da crise climática e das resistências territoriais, o capitalismo não reduz sua expansão; ao contrário, abre novas fronteiras de extração: mineração, combustíveis fósseis, minerais críticos e grandes infraestruturas energéticas e logísticas.
A crise ecológica não afeta toda a humanidade da mesma maneira. Não existe uma responsabilidade equivalente diante da degradação ambiental: as classes sociais, o gênero, a geografia e as relações coloniais determinam quem consome, quem decide e quem enfrenta as consequências. Por isso, a crise climática não pode ser compreendida como resultado de uma humanidade abstrata, mas como consequência histórica de um sistema baseado na acumulação, no colonialismo, no patriarcado e na exploração.
A guerra contra a natureza nasce de uma separação moderna entre a humanidade e o mundo vivo. A natureza foi transformada em objeto, recurso e propriedade, enquanto certos povos foram colocados do lado daquilo que seria “natural”, tendo sua autonomia e legitimidade negadas. Essa lógica permitiu justificar a conquista, o “desenvolvimento” e o “progresso” como caminhos universais, ocultando a violência necessária para impô-los.
Na atualidade surge uma nova forma de colonialismo climático. A crise ambiental já não é apenas negada; ela também é convertida em oportunidade de acumulação. Os mercados de carbono, as compensações ambientais, a mineração “verde” e determinadas formas de transição energética podem reproduzir as mesmas lógicas de espoliação sob uma nova linguagem de sustentabilidade. Os minerais necessários para as tecnologias digitais, energéticas e militares geram novas disputas territoriais, enquanto comunidades e ecossistemas são transformados em zonas de sacrifício.
Tornel também criticou a “maldição do ambientalismo”. Quando o cuidado da Terra se transforma em uma tarefa técnica administrada por especialistas, indicadores e mercados, a conservação perde seu vínculo com os territórios e converte-se em uma forma de governança que mede, controla e administra a natureza sem modificar as relações econômicas que produzem a devastação. A crise ecológica acaba sendo transferida para o indivíduo por meio da figura do “sujeito climático”, responsabilizado por mudar seus hábitos, enquanto as grandes estruturas de poder permanecem intactas.
Diante dessa situação, a proposta é “a rebelião do vivo”. A Terra não deve ser entendida como um objeto externo que precisa ser salvo, mas como a trama de relações da qual fazemos parte. Defender um rio, uma floresta, uma montanha ou um território significa defender comunidades, memórias, conhecimentos e modos de vida. A autonomia, o comum e as resistências territoriais demonstram que existem outras maneiras de organizar a existência para além da lógica da mercadoria.
A ideia de que somos a própria natureza defendendo a si mesma implica recuperar os vínculos com os territórios, reconstruir capacidades coletivas e reconhecer que a transformação não virá apenas dos Estados, das corporações ou da tecnologia, mas das práticas comunitárias que já existem. A segunda tempestade não é apenas a crise produzida pelo capitalismo, mas também a força dos povos, dos territórios e das formas de vida que se organizam para resistir a ela.
Tornel concluiu com um convite para abandonar a espera por soluções externas e recuperar a capacidade coletiva de construir outros mundos: não utopias distantes, mas espaços reais onde a autonomia, o cuidado e a vida em comum possam continuar florescendo diante da guerra contra a natureza.
O próximo Encontro de Resistências e Rebeldias e o Encontro de Artes, previstos para dezembro de 2026, serão realizados na Cidade do México, na sede da Casa dos Povos e Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.
… un crimen rebosando sangre, lodo y mierda, una historia que empieza con la injusticia entronizada, el dolor democratizado, la destrucción que genera riqueza, bonanza y desarrollo, la muerte como programa de gobierno y símbolo del progreso: a más muertes, más modernidad en una civilización. Nos convoca un crimen, el crimen por excelencia, el crimen hecho sistema, un crimen tan transparente que la luz no lo atraviesa sino que lo trastoca en espejo, en un prisma que se desgaja en colores amables, queribles, deseables, de moda, pues; un crimen tan popular que acumula trillones de likes de sus víctimas propiciatorias y aún así está insatisfecho.
El criminal —el Estado capitalista— se centra ahora en reprimir o exterminar a “los que sobran”, no sólo porque no son lucrativos, sino sobre todo porque representan lo otro, lo no homogéneo, y por lo tanto, con su diferencia, desafían al sistema.
Este encuentro —semillero de pensamiento crítico— surge por la urgente necesidad de reflexionar para mejor entender al criminal. A lo largo de cinco días, pensadoras y pensadores reflexionarán sobre la conformación actual del Estado capitalista tanto en México como en el mundo, la devastación ecológica, la privatización de bienes comunes como el agua, el fracking, el ser humano como víctima pero también como desafío al sistema, la historia como herramienta de opresión y las historias de abajo como arma de lucha, el horror vivido en Palestina y la dignidad de la resistencia, las familias buscadoras de desaparecidas y desaparecidos, el reordenamiento urbano, la lucha de las mujeres, el terror de la ultraderecha.
Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarización y recolonización de los territorios”
Según el análisis de López y Rivas, el capitalismo contemporáneo atraviesa una nueva etapa caracterizada por la profundización de la violencia, la militarización y la recolonización de los territorios. A diferencia de etapas anteriores, en las que el sistema mantenía ciertos mecanismos de mediación social, hoy predominan la coerción, la guerra, la criminalización de la protesta y el desmantelamiento de los derechos conquistados por la clase trabajadora.
El capitalismo actual conduce así a una crisis civilizatoria que se manifiesta en lo que los zapatistas han llamado “la tormenta”: cambio climático, agotamiento de los recursos naturales, destrucción de la biodiversidad, pobreza, migraciones forzadas, guerras e incremento de diversas formas de violencia.
El terrorismo global de Estado, encabezado principalmente por Estados Unidos y respaldado por otras potencias y organismos internacionales, constituye un instrumento fundamental para imponer esta nueva fase de acumulación capitalista mediante intervenciones militares, ocupaciones territoriales y la violación sistemática del derecho internacional. “Estados Unidos, como potencia hegemónica, ha instaurado la barbarie como un proceso devastador para el género humano y para la naturaleza”, afirmó López y Rivas.
En el caso de México, los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación (4T) han dado continuidad a procesos iniciados durante el periodo neoliberal. La expansión de los megaproyectos, el fortalecimiento del papel de las fuerzas armadas y la creciente participación del crimen organizado configuran una estrategia de militarización y control territorial que afecta especialmente a comunidades indígenas, campesinas y movimientos sociales. Bajo el régimen de la 4T, el país se ha militarizado como nunca en la historia. “El estamento militar realiza actualmente más de 200 tareas… que no están contempladas en la Constitución ni en sus leyes reglamentarias”, dice López y Rivas. Al mismo tiempo, al paramilitarismo —un instrumento encubierto del Estado para hostigar, desplazar y debilitar a las organizaciones populares sin asumir públicamente la responsabilidad de la violencia, utilizado históricamente como mecanismo de contrainsurgencia—, se le suma ahora el narcoparamilitarismo.
Frente a este panorama, los pueblos mayas zapatistas, el EZLN, el Congreso Nacional Indígena y los diversos colectivos y organizaciones que luchan por la vida constituyen una alternativa real; una alternativa que no pasa por la disputa del poder estatal, sino por la organización desde abajo, la autonomía, el autogobierno, el principio de mandar obedeciendo y la construcción cotidiana de formas comunitarias de democracia.
López y Rivas concluyó haciendo un llamado a la academia, a los artistas, a los medios de comunicación, al magisterio, al estudiantado y a todos los sectores comprometidos con el pensamiento crítico para acompañar las luchas de los pueblos. Ante la crisis del capitalismo y las múltiples formas de violencia contemporánea, es indispensable fortalecer la organización colectiva, desarrollar un pensamiento crítico capaz de comprender los cambios del mundo y mantener viva la construcción de alternativas orientadas a la defensa de la vida, la justicia y la dignidad.
Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”
Alicia Castellanos hizo una reflexión crítica sobre la relación entre racismo, violencia y las formas contemporáneas de dominación que afectan a pueblos y comunidades en distintas regiones del mundo. Su reflexión partió de la idea de que vivimos una etapa de crisis civilizatoria marcada por una profunda desigualdad, deterioro ambiental y expansión de diversas formas de violencia vinculadas con el capitalismo actual.
El racismo, explica Castellanos, es una construcción histórica que surgió y se consolidó durante la expansión colonial europea. Desde el siglo XVIII, la idea de “raza” fue utilizada para establecer jerarquías entre pueblos y justificar procesos de dominación, explotación y despojo. Aunque hoy el concepto racial suele aparecer de manera menos explícita, sus mecanismos persisten mediante nuevas formas de exclusión basadas en diferencias culturales, nacionales, religiosas, económicas o políticas.
Para Castellanos, el racismo funciona como una herramienta de poder que permite construir al “otro” como una amenaza: un enemigo que debe ser controlado, expulsado o eliminado. Esta lógica ha estado presente en distintos procesos históricos de colonialismo, genocidio, guerras y persecuciones contra pueblos considerados inferiores o peligrosos.
Esta función del racismo se aplica también a conflictos contemporáneos, en especial al genocidio del pueblo palestino, las políticas migratorias contra comunidades extranjeras y el crecimiento de discursos nacionalistas y autoritarios que convierten a determinados grupos sociales en chivos expiatorios durante épocas de crisis. La normalización del odio desde instituciones y gobiernos, advierte, abre camino a formas extremas de violencia.
Cuenta Castellanos que el escritor libanés Amin Maalouf propone la idea de “identidades asesinas”: “aquellas que reducen la identidad de una persona o de un pueblo a una sola pertenencia”, y que sirven de sustento para la violencia contra los “otros” y para procesos genocidas contemporáneos, como el de Guatemala y, ahora, Palestina.
En el caso de México, los megaproyectos de desarrollo, en especial el Tren Maya, son ejemplos paradigmáticos del racismo hacia los pueblos originarios. Estos proyectos han implicado procesos de transformación territorial, afectaciones ambientales, pérdida de biodiversidad, presión sobre comunidades indígenas y una creciente participación de las fuerzas armadas en tareas civiles y económicas. En este contexto, la militarización del territorio modifica las relaciones comunitarias y afecta los derechos colectivos de los pueblos.
Para los pueblos mayas, la tierra no representa sólo un recurso económico, sino un espacio de memoria, identidad, cultura y reproducción de la vida. La destrucción de ecosistemas, cenotes, selvas y formas tradicionales de organización comunitaria es, así, una amenaza no sólo ambiental, sino también cultural.
La resistencia y organización desde abajo, en especial las impulsadas por los pueblos zapatistas y el Congreso Nacional Indígena, son una respuesta a este panorama: formas alternativas de ejercer el poder basadas en la autonomía, la participación comunitaria y el principio de “mandar obedeciendo”.
Al igual que López y Rivas, Castellanos llamó a fortalecer el pensamiento crítico como herramienta para comprender las transformaciones del mundo actual y para imaginar alternativas frente a la violencia, el racismo y la destrucción ambiental. La respuesta a las llamadas “identidades asesinas” y a las estructuras de dominación debe ser la construcción de un nosotros basado en la solidaridad, la justicia, la igualdad y el respeto a la diversidad.
Frente a las fuerzas que promueven el despojo y la exclusión, los pueblos organizados mantienen viva la posibilidad de construir otros mundos sustentados en la dignidad, la autonomía y la defensa de la vida.
Wilfrido Gómez Arias – Nuestra agua, sus concesiones. La arquitectura legal del despojo y el acaparamiento del agua en México
El agua es un elemento esencial para la vida y se encuentra en constante movimiento a través del ciclo hidrológico. Sin embargo, su distribución en México es desigual. Mientras algunas regiones del sureste concentran grandes volúmenes de precipitación y disponibilidad de agua, amplias zonas del norte enfrentan condiciones de escasez. Esta desigualdad natural se ha agravado por un modelo de gestión que ha permitido la sobreexplotación, contaminación y concentración del agua.
A partir del periodo neoliberal, se impulsaron transformaciones legales e institucionales que modificaron la relación del Estado con el agua. La creación de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en 1989 y la promulgación de la Ley de Aguas Nacionales de 1992 establecieron un sistema basado en concesiones, mediante el cual el Estado otorgó derechos administrativos para extraer, utilizar y aprovechar volúmenes determinados de agua durante periodos prolongados. Este modelo convirtió el acceso al agua en un derecho administrativo susceptible de acumulación, transmisión y defensa jurídica. Aunque el agua constitucionalmente pertenece a la nación, el sistema de concesiones permitió que grandes usuarios económicos concentraran importantes volúmenes, mientras muchas comunidades y pueblos quedaron fuera del reconocimiento formal de sus derechos históricos sobre sus fuentes de agua.
La ausencia de una adecuada planeación hídrica provocó un proceso de sobreconcesionamiento. En diversos acuíferos y cuencas se comenzó a extraer más agua de la disponible para su recuperación natural. Como consecuencia, cientos de acuíferos presentan disminución de sus reservas y numerosas cuencas muestran señales de deterioro. La crisis actual del agua no es únicamente un problema de disponibilidad natural, sino también resultado de decisiones políticas, legales y económicas.
Los principales beneficiarios del modelo de concesiones han sido grandes usuarios privados y públicos vinculados con sectores como la agroindustria, minería, industria manufacturera, bebidas, energía, inmobiliarias y grandes desarrollos urbanos. Mientras algunas empresas cuentan con concesiones para extraer importantes volúmenes de agua, numerosas comunidades enfrentan desabasto, distribución irregular, dependencia de pipas y deterioro de sus fuentes locales.
Los pueblos indígenas y sistemas comunitarios de agua han sido particularmente afectados. A pesar de que históricamente han protegido manantiales, ríos y zonas de recarga, sus formas tradicionales de gestión no han sido plenamente reconocidas por el marco legal. En muchos casos, las fuentes de agua utilizadas por comunidades han sido registradas a nombre de municipios, particulares o empresas.
En 2012 se reconoció constitucionalmente el derecho humano al agua, estableciendo que toda persona debe tener acceso a agua suficiente, salubre, aceptable y asequible para sus necesidades personales y domésticas. Sin embargo, las reformas impulsadas en 2025 no modificaron de fondo la estructura del sistema de concesiones. Aunque incorporaron algunos cambios administrativos, mantuvieron la lógica central que ha permitido la concentración del agua en pocos usuarios.
Garantizar el derecho humano al agua implica mucho más que entregar agua mediante pipas o botellas. Significa asegurar un acceso permanente, seguro y digno, con sistemas públicos eficientes, participación ciudadana y reconocimiento de las comunidades que históricamente han cuidado el agua.
La problemática del agua en México refleja una disputa entre dos visiones: una que entiende el agua como mercancía y otra que la reconoce como un bien común indispensable para la vida. Resolver la crisis hídrica requiere recuperar una perspectiva basada en la justicia social, ambiental y territorial, donde el agua sea administrada para garantizar la vida de las personas, los ecosistemas y las generaciones futuras.
Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total y la rebelión de lo vivo”
Las palabras de Carlos Tornel partieron de la provocación formulada por el zapatismo hace más de dos décadas: la idea de que vivimos una Cuarta Guerra Mundial, una guerra que no se limita al campo militar, sino que atraviesa la economía, la cultura, la información, los territorios, los cuerpos y todas las formas de vida. Su objetivo no es solamente derrotar enemigos, sino destruir, disciplinar o reorganizar aquello que no puede convertirse fácilmente en mercancía: pueblos, memorias, autonomías, territorios comunes y formas distintas de relacionarse con la vida.
Esta guerra es un aspecto fundamental del funcionamiento del capitalismo. Desde sus orígenes, la expansión capitalista ha dependido del despojo, la apropiación de bienes comunes y la transformación de la naturaleza y las relaciones sociales en mercancías. Hoy, frente al agotamiento de recursos, la crisis climática y las resistencias territoriales, el capitalismo no reduce su expansión, sino que abre nuevas fronteras extractivas: minería, combustibles fósiles, minerales críticos y grandes infraestructuras energéticas y logísticas.
La crisis ecológica no afecta a toda la humanidad de la misma manera. No existe una responsabilidad equivalente frente al deterioro ambiental: las clases sociales, el género, la geografía y las relaciones coloniales determinan quién consume, quién decide y quién enfrenta las consecuencias. Por ello, la crisis climática no puede entenderse como resultado de una humanidad abstracta, sino como consecuencia histórica de un sistema basado en la acumulación, el colonialismo, el patriarcado y la explotación.
La guerra contra la naturaleza surge de una separación moderna entre humanidad y mundo vivo. La naturaleza fue convertida en objeto, recurso y propiedad, mientras ciertos pueblos fueron colocados del lado de “lo natural”, negándoles autonomía y legitimidad. Esta lógica ha permitido justificar la conquista, el “desarrollo” y el “progreso” como caminos universales, ocultando la violencia necesaria para imponerlos.
En la actualidad aparece una nueva forma de colonialismo climático. La crisis ambiental ya no solamente es negada; también se convierte en una oportunidad de acumulación. Los mercados de carbono, las compensaciones ambientales, la minería “verde” y ciertas formas de transición energética pueden reproducir las mismas lógicas de despojo bajo un nuevo lenguaje de sustentabilidad. Los minerales necesarios para las tecnologías digitales, energéticas y militares generan nuevas disputas por territorios, mientras comunidades y ecosistemas son convertidos en zonas de sacrificio.
Tornel también criticó la “maldición del ambientalismo”. Cuando el cuidado de la Tierra se transforma en una tarea técnica administrada por expertos, indicadores y mercados, la conservación pierde su vínculo con los territorios y se convierte en una forma de gobernanza que mide, controla y gestiona la naturaleza sin modificar las relaciones económicas que producen la devastación. La crisis ecológica termina trasladándose al individuo mediante la figura del “sujeto climático” responsable de modificar sus hábitos, mientras las grandes estructuras de poder permanecen intactas.
Frente a esta situación, la propuesta es “la rebelión de lo vivo”. La Tierra no debe entenderse como un objeto externo que necesita ser salvado, sino como la trama de relaciones de la que formamos parte. Defender un río, un bosque, una montaña o un territorio significa defender comunidades, memorias, conocimientos y formas de vida. La autonomía, el común y las resistencias territoriales muestran que existen otras maneras de organizar la existencia fuera de la lógica de la mercancía.
La idea de que somos naturaleza defendiéndose a sí misma implica recuperar vínculos con los territorios, reconstruir capacidades colectivas y reconocer que la transformación no vendrá únicamente desde los Estados, las corporaciones o la tecnología, sino desde las prácticas comunitarias que ya existen. La segunda tormenta no es solamente la crisis producida por el capitalismo, sino la fuerza de los pueblos, los territorios y las formas de vida que se organizan para resistirla.
Tornel concluyó con una invitación a abandonar la espera de soluciones externas y recuperar la capacidad colectiva de construir otros mundos: no utopías lejanas, sino espacios reales donde la autonomía, el cuidado y la vida común puedan seguir creciendo frente a la guerra contra la naturaleza.
El siguiente Encuentro de Resistencias y Rebeldías y el Encuentro de Artes, en diciembre de este año 2026, se realizará en la Ciudad de México, en la sede de la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.
Comisión Sexta Zapatista México, 20 de julio de 2026
A las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta y de la Declaración por la Vida:
Considerando que:
Uno. Vemos que necesitamos reencontrarnos con nosotras, compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta y de la Declaración por la Vida.
Dos. Sentimos que tenemos que expresarnos personalmente nuestra admiración, nuestro cariño y nuestro respeto a los colectivos de buscadoras y buscadores. Sentimos que tenemos que abrazarlas, escucharlas y hacerles saber que acá, en las montañas del sureste mexicano, compartimos su dolor y, sobre todo, su empeño de verdad y la justicia.
Tres. Sabemos que, en el espíritu del Común, la idea, el plan y la concreción de la siguiente etapa de la Gira por la Vida deben realizarse en común acuerdo con los individuos, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones de la Sexta México, puesto que es en su geografía donde se resiste, se lucha y se rebelan y revelan las formas organizativas anticapitalistas, y donde nos proponemos realizar la siguiente etapa.
Cuatro. Necesitamos encontrarnos, conocernos e intercambiar historias y experiencias con los grupos, colectivos, organizaciones, movimientos, pueblos, barrios, naciones y tribus de originarios en México.
Cinco. El mundo en general, y México en particular, necesita reconocer que hay oposiciones, resistencias, rebeldías que no responden a las lógicas de liberales y conservadores, izquierdas y derechas, y cosas igual de absurdas y tramposas para escapar de críticas y cuestionamientos. Y para eso, es necesario que las resistencias y rebeldías se hagan presentes.
Seis. Necesitamos conocernos y reconocer nuestras diferencias y distancias, y encontrar las coincidencias en intereses comunes. Conocernos para respetarnos.
Por lo tanto, les anunciamos que los zapatistas iremos a la Ciudad de México, y ahí haremos base para encontrarnos con todas esas personas, y así armar juntos futuras reuniones y actividades.
En la Ciudad de México se realizará el siguiente Encuentro de Resistencias y Rebeldías y el Encuentro de Artes en diciembre de este 2026.
Estaremos todo el mes de diciembre de este año de 2026, y ahí, con nuestros compañeros y compañeras y compañeroas de la Sexta y de la Declaración por la Vida, celebraremos el aniversario del inicio de nuestro alzamiento contra el olvido, el 1 de enero de 2027.
Para esto, hemos decidido aceptar la invitación de las mujeres, hombres, niños, niñas, ancianos de la comunidad indígena otomí residente de la Ciudad de México, para hospedarnos en las instalaciones sedes durante el tiempo que estaremos ahí. Esto es, en la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.
Así está. Y ahí lo vean.
Más detalles les comunicaremos cuando tengamos mayor información.
Desde las montañas del sureste mexicano,
Subcomandante Insurgente Moisés México, julio de 2026.
TRANSMISIÓN EN VIVO Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
Alejandra Guillén. “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio” Ilán Semo. “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra” Comisión Sexta Zapatista
Buenas tardes compañeros, compañeras, compañeroas, yo les voy a hacer la introducción. Los que entendieron ese albur se van a ir al infierno.
Queremos agradecer primero a quienes levantan y sostienen este espacio para la palabra, la reflexión y el pensamiento crítico, es decir, a la comunidad del Cideci/UniTierra, agradecerles su hospitalidad y la casa para el oído, la palabra y el corazón que desafiando todo han construido y mantienen. Gracias Cideci, gracias, Doc, ¡ánimo!
Agradecer también a las mentes lúcidas que en esta ocasión nos visitan para compartir su mirada crítica ante un mundo que de un día a otro cambia y se transforma en la peor versión de sí misma. Y saludar a quienes están de escuchas presentes y a quienes en otros rincones de México y el mundo abren su corazón para alimentar sus luchas, sus historias, sus búsquedas, sus éxitos y sus fracasos, es decir, sus vidas. Ahora nos convoca una historia, una historia de ustedes y de nosotros, aunque seamos tan diferentes, tan distintas, tan otros, que no pocas veces nos confundimos como si fuéramos enemigos entre nosotros.
Una historia común, pues. Y esta historia comienza con un crimen, no con una boda esplendorosa en un marco idílico, con un novio guapísimo y otro novio que lo que sea de cada quien está más feo que la foto de Trump con Infantino en su relación sadomasoquista. Claro, los chismes en las mesas son unánimes, él debe estar forrado de billetes y el otro él es un interesado a quien no le mueve el amor desprendido y la entrega incondicional.
No, no me he equivocado al repetir los géneros de los novios. Y no, esta historia no inicia con el amor triunfante o derrotado ante la adversidad. Tampoco inicia con una embriagante vista aérea a vuelo de pájaro sobre una campiña verde, dorada y lejana, ni con el vertiginoso serpenteo de una cámara en un travelling zigzagueante por entre las calles y las miserias de una urbe en cualquier parte del mundo. No, empieza con un crimen rebosando sangre, lodo y mierda, una historia que empieza con la injusticia entronizada, el dolor democratizado, la destrucción que genera riqueza, bonanza y desarrollo, la muerte como programa de gobierno y símbolo del progreso: a más muertes, más modernidad en una civilización.
Nos convoca un crimen, el crimen por excelencia, el crimen hecho sistema, un crimen tan transparente que la luz no lo atraviesa sino que lo trastoca en espejo, en un prisma que se desgaja en colores amables, queribles, deseables, de moda, pues, un crimen tan popular que acumula trillones de likes de sus víctimas propiciatorias y aún así está insatisfecho.
Así que nos convoca un crimen. Tenemos un criminal cínico, están las pruebas, está el juicio cotidiano de la realidad, está una sentencia siempre pendiente. El criminal en cuestión cuenta con abogados de oficio, jueces, policías, ejércitos, bancos, industrias, comercios, redes sociales, medios de comunicación, mundiales de fútbol, FIFAs, barras o porras virtuales, tratados comerciales, reuniones clandestinas y abiertas y la actitud designada de millones de víctimas.
No se entregará fácilmente, no se detendrá en su afán de conquista y sometimiento. Si el aberrante objetivo de su guerra, el planeta, sucumbe, está preparando y en algunos casos tiene ya sus refugios o cuartos de pánico alternos. Su principal objetivo ahora son los prescindibles, los que sobran, los que estorban, no sólo porque no reditúan ganancia alguna, también y sobre todo porque, al contrario y contradictorio de lo que predican los catecismos políticos revolucionarios, es ahí, en esos desechables, donde no sólo está la amenaza a su proyecto mortal. También y sobre todo porque en esos pequeños está la semilla de lo otro, de lo no homogéneo, lo no hegemonizado. Su ofensa al sistema está en su heterogeneidad, en su resistencia y en su desesperante rebeldía. Estamos aquí y allá, donde está la escucha, la reflexión, la posición crítica, convocados con dos metas siempre inconclusas, siempre renovadas: el conocimiento y análisis de las vulnerabilidades del sistema y la existencia de otros, otras, otroas, que en sus prácticas cotidianas, lejos de los grandes medios de comunicación y trending topics, aprenden y aprehenden de sus luchas.
Ellos, ellas, elloas, a quienes aspiramos a algún día llamar compañeros, compañeras, compañeroas.
Para esto, en esta ocasión, escucharemos una descripción del terrorista por excelencia, el poder, esto es, el Estado capitalista, según el pensamiento de Gilberto López y Rivas.
Su desprecio y racismo a lo diferente, dibujados por Alicia Castellanos.
La Madre Tierra como víctima y como rebelde, estudiada por Carlos Tornel.
La apropiación, es decir, la privatización de bienes que eran comunes hace unas cuantas semanas, como lo es el agua, según el estudio de Wilfrido Gómez Arias.
El ser humano como alimento de la hidra sistémica que reclute y desaparece, lo que ya no sólo se le enfrenta, sino que se le atraviesa, así como la rebeldía en la lucha por la vida, analizadas por Alejandra Guillén.
El reordenamiento del sistema y sus nuevas formas mortales, con la sapiente guía de Ilán Semo.
El fracking contra la tierra y contra quienes la defienden, explicado por Mauricio González González.
El atisbo de una esperanza en la defensa de la naturaleza, bajo la mirada de Pablo Montaño.
La historia como herramienta de opresión y las historias de abajo como arma de lucha, explicadas ambas por Carlos Alberto Ríos Gordillo.
Los nuevos rostros de la hidra explotadora, desenmascarados por Mateo Crossa Niell.
El horror y el heroísmo emblemático de este y de todos los tiempos de Palestina, con Micaela Gramajo e Iván Prado.
El éxodo mundial e imparable de las migraciones humanas en el ojo crítico de Bruno Miranda.
El anhelo insatisfecho del fin de las guerras y el triunfo de la vida, explicado por David Barrios.
El tierno y maravilloso empeño de quienes buscan a quien hace falta, descrito por Andrea Horcasitas Martínez.
El accionar del crimen organizado y las resistencias que se le oponen en la disección de Raúl Romero.
La conquista y reordenamiento del espacio urbano y quienes en él viven, resisten y se rebelan, señalados por Vicente Moctezuma Mendoza.
El lugar de lucha como mujeres que somos en la defensa de la naturaleza, con la visión de Iracema Gavilán.
Y para cerrar con broche de oro, tenemos dos mesas con el terror y la pesadilla de la ultraderecha: las diferencias. Titze Malambé, Vica Rule, Brenda Nava Galindo, Argelia Guerrero y a nuestras compañeroas y compañeras zapatistas, la Marijose, la Mía, Fernanda, Érika, Mareli, Yuli y Remedios.
Creo que más de unoa, una, uno, estará de acuerdo conmigo en que el menú de este semillero presenta una variedad rica en vitaminas, minerales, proteínas e hidrocarburos, pero que será necesario el condimento que cada escucha elija para sazonar.
Es un semillero pues, hay varios tipos de semillas. Habrá las que nos sirvan para alimentar el pensamiento crítico, la reflexión, el cuestionamiento y habrá las que no. No nos convoca la difusión y propaganda de evangelios políticos, de doctrinas novedosas o arcaicas, de dogmas seculares.
Lo que nos convoca es la necesidad cada vez más urgente de nuevos elementos para el análisis crítico, de herramientas para la discusión y la identificación del perfil del criminal.
Creo, es un supositorio, que la parte más importante de este y otros semilleros no ocurre en este auditorio, o en este streaming o en las palabras que aquí se digan. Creo que lo que realmente importa ocurrirá fuera de este recinto, en las pláticas de sobremesa, en los comentarios, en las discusiones, en los debates y en la apropiación o no de las ideas que consideremos acertadas y pertinentes. En la aprehensión pues, que convierte el aprendizaje en método de cultivo de una, de otra, de muchas semillas, que habrán de florecer, madurar y dar fruto en las luchas por la vida.
En estos días, una organización hermana en la lucha por la vida, la española Open Arms (Brazos Abiertos), desembarca en las costas de Cuba para entregar apoyos necesarios y urgentes para el pueblo cubano. No llevan consignas, demandas, exigencias, condicionamientos, imposiciones. En cambio, llevan equipos de energía solar y medicinas para un hospital. El velero se llama Astral. En él, como un elemento más de la embarcación y su tripulación, viaja también una pequeña lancha llamada Lacandona, familiar de los cayucos que a bordo de La Montaña cruzaron hace cinco años el Atlántico a contrapelo de la historia para hermanar la rebeldía que no reconoce fronteras. Así como la pequeña Lacandona es hermana menor del Astral, y es el más pequeño de los navíos que rescatan a náufragos de las guerras militares, económicas y raciales, nuestra palabra y nuestra práctica es una más de la gran familia de quienes reconocen como necesaria, urgente e impostergable, la lucha por la vida. La más pequeña, cierto, pero parte también del todo.
pLos más primeros dioses, los que nacieron en el mundo de la mano de Ixmucané, la diosa madre, la tierra, se dieron en crear caminos, puentes y embarcaciones. Cuando aún no habían sido creadas las aguas, los continentes, los pueblos y quienes los viven, no habían sido creados aún los colores de piel, ni los tamaños de los seres, ni las lenguas que los hablan, ni los modos que los viven, ni las geografías que los hospedan, ni las religiones que los entibian.
Harán falta —suspiró le Ixmucané—, orque tiempos llegarán en que reinen los rompimientos, las distancias, las divisiones, las persecuciones, las fronteras y las guerras. Y los hombres y mujeres de maíz tendrán así la ruta, pero ellos, ellas y elloas habrán de construirse los pies, las manos, los cuerpos y los corazones para desafiar esos obstáculos, y aún a la muerte encontrarán camino. Su paso llevará preguntas y no destrucciones y muertes. ¿Quién eres? ¿Cuál es tu historia? ¿Dónde estás?
Aquí estoy, madre, padre, hermana, amigo. Soy el ausente, la desaparecida forzada de estadísticas y mediciones. Soy el color de piel distinto, diferente en la atracción y el amor, disímil en geografía, historia y modo. Soy la víctima propiciatoria, el huérfano de esperanza y de vida. Soy quien busca ser encontrada. Soy quien no se resigna, no se conforma, no se rinde. Estas serán algunas de las palabras, algunas de las respuestas que buscará su andar.
Así murmuró Ixmucané, la más primera, y al rodar de los tiempos su murmullo se convirtió en grito en las montañas del sureste mexicano.
Compañeras, compañeroas y compañeros, hermanoas, hermanos y hermanas, bienvenidas, bienvenidoas y bienvenidos seamos al semillero “Guerra contra la humanidad, las poblaciones y la naturaleza bajo asedio”.
Tiene la palabra un viejo compañero joven, Gilberto Rópez y Rivas.
Les voy a platicar como estuvo. Es que yo le dije al compañero que nos ayuda a contactar gente para venir a exponer sus saberes, su sabiduría, le dije: “hay que buscar gente joven para que conozcan otros pensamientos”. Entonces me fue pasando la lista y las edades iban entre 45 y 50 años. Yo no me reí, me puse triste, me deprimí. Entonces yo dije bueno, si los jóvenes tienen entre 40 y 50 años, entonces los que tengan entre 20, mayores de 20 y menores de 40 son adolescentes púberos y los que tienen menos de 20 pues tienen, son niños pues y niñas.
Este semillero es para adultos, por favor retírense los menores de 20 años.