Chiapas
[:es]NotiFrayba: derecho a una vida libre de violencia[:]
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En el contexto del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, integrantes de Pueblos Originarios de distintas regiones en Chiapas denunciaron que proyectos y programas del gobierno mexicano no garantizan el derecho a una vida libre de violencia, rechazaron la militarización de sus territorios, visibilizaron la falta de acceso a la justicia y exigieron cese la criminalización a defensoras de derechos humanos[:]
[:es]Convocatoria al encuentro en defensa del Territorio y la Madre Tierra[:en]Invitation to a Gathering in Defense of Territory and Mother Earth[:]
[:es]A LOS PUEBLOS DE MÉXICO Y DEL MUNDO,
A LA SEXTA NACIONAL E INTERNACIONAL,
A LAS REDES DE APOYO AL CIG,
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
El capitalismo, desde su nacimento, es un sistema económico mundial contrario a la vida humana y contrario a nuestra madre tierra, pues, en su lógica de acumulación y de ganancia, únicamente puede reproducirse mediante la explotación cada vez mayor del trabajo humano y el despojo permanente de las tierras y los territorios de los pueblos del mundo entero, principalmente de los pueblos originarios.
El capitalismo, en su actual etapa neoliberal, asume formas cada vez más monstruosas, declarando una franca guerra en contra de la humanidad y en contra de la tierra, nuestra madre. El actual desarrollo económico, basado a escala planetaria en la prominencia del capital financiero que domina pueblos, naciones y continentes enteros; apoyado en la gran industria militar y extractivista; creciéndose mediante guerras reales o ficticias, la profusión del crimen organizado, así como invasiones y golpes de estado, está llevando, en su insaciable lógica de la acumulación y el consumo capitalistas, a un límite que pone en peligro las condiciones de la vida humana en el planeta.
Además, el actual sistema, con su organización patriarcal heredada de sistemas y civilizaciones anteriores, pero, profundizada en los últimos siglos, se exhibe como un violento enemigo, no sólo de la humanidad, sino particularmente de las mujeres y de nuestra madre tierra. Es decir, la explotación y la profunda violencia estructural hacia las mujeres es propia del capitalismo aunque nació mucho antes; la propiedad privada capitalista, base de este sistema, no puede explicarse ni entenderse sino como parte de un sistema patriarcal de dominación sobre las mujeres y sobre la tierra.






