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Punta Colonet: el megapuerto que amenaza riqueza biológica y observación científica en México
Por Nysaí Moreno | Avispa Midia
En portada: En septiembre del 2025, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila y el almirante de la Marina Armada de México, Raimundo Pedro Morales, formalizaron la concesión para desarrollar las obras del megapuerto en Punta Colonet.
En el municipio de Ensenada, Baja California, se autorizó una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para un megapuerto en Punta Colonet, que abarca 2,686 hectáreas de zona marina. La MIA fue autorizada el 29 de agosto de 2024, tras un proceso que incluyó consulta pública, solicitudes de información adicional y múltiples opiniones técnicas.
En este contexto, este 28 de febrero las autoridades estatales indicaron que “iniciarán construcción de acceso vial al puerto de Punta Colonet”. El Gobierno de Baja California anunció el arranque de la vialidad que conectará la carretera federal con el polígono donde se proyecta el puerto de carga, al sur del municipio de Ensenada. La obra será ejecutada por la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Reordenamiento Territorial (SIDURT) como “primera etapa” de habilitación. Aunque oficialmente se afirma que por ahora solo se construirá el acceso y que los servicios básicos (agua, energía y drenaje) se incorporarán más adelante, el mensaje es claro: el territorio comienza a ser intervenido antes de que exista un debate público profundo, vinculante y resuelto. La planeación de usos de suelo, con áreas de conservación, logística, seguridad y reservas habitacionales de crecimiento gradual, revela que no se trata únicamente de un puerto, sino de la siembra anticipada de un enclave industrial con urbanización inducida.
La estrategia es conocida: abrir primero la carretera, fragmentar después el paisaje y consolidar finalmente un modelo irreversible. El acceso vial no es una obra aislada; es la primera incisión física de un megaproyecto que avanza por etapas mientras diluye, en trámites administrativos, las preguntas de fondo sobre soberanía, biodiversidad y justicia territorial.
En 2006, este mismo puerto fue planeado y cancelado por falta de viabilidad ambiental y social. Hoy regresa con mayor alcance y bajo el discurso del “nearshoring verde”. El megapuerto, dormido por casi dos décadas, ha dado luz verde a la primera fase del que podría convertirse en el puerto más grande de México. Su reactivación revive también viejas alertas: un corredor industrial y ferroviario que conecta Colonet con Mexicali y la frontera con Estados Unidos. Una ruta de esa escala con la magnitud del proyecto del puerto, amenaza con transformar radicalmente una región de alto valor ecológico, astronómico y cultural.
Para dimensionar la escala del área autorizada, las 2,686 hectáreas de zona marina equivalen a 26.86 millones de metros cuadrados, lo que representa alrededor de 3,760 campos de fútbol profesional, considerando que cada uno mide 7,140 m² según la FIFA. Esta superficie es comparable a casi toda la mancha urbana de la ciudad de La Paz, Baja California Sur, y también supera ampliamente toda la zona urbanizada de Ensenada, Baja California.
Imaginar el dragado de esa magnitud —una herida del tamaño de una ciudad— es imaginar cómo una topadora invisible se traga un paisaje entero sin dejar cicatriz “visible” desde el aire. Pero bajo el mar, todo cambia. El fondo marino no es un plano neutro: es un mundo. Un territorio de corrientes, plumas sedimentarias, comunidades bentónicas y rutas ecológicas de peces y crustáceos. Allí, el dragado no solo remueve arena: desaloja vidas, desplaza nutrientes, enturbia la luz, y altera las rutas con las que el mar se orienta.
Se trata de una extensión descomunal de concesión marítima en favor de infraestructura industrial, en un ecosistema altamente sensible y aún poco estudiado en su complejidad oceánica, geológica, ecológica, botánica, biocultural y astronómica, donde convergen procesos marinos profundos, sistemas de biodiversidad terrestre y marina, saberes tradicionales, y condiciones únicas para la observación del cielo oscuro desde el Observatorio Astronómico Nacional en la sierra San Pedro Mártir.
Cabe destacar que esos sistemas de biodiversidad terrestre y marina profundamente interconectados, albergan no solo especies en riesgo, sino linajes botánicos únicos en el planeta. En la punta de esta meseta costera sobrevive —aún— un conjunto de plantas que no crecen en ningún otro lugar del mundo: formas de vida adaptadas al viento, al suelo salino, a la niebla más que a la lluvia. No son sólo especies: son soluciones evolutivas irrepetibles.Estas singularidades vivas resisten —por ahora— en la Mesa de Colonet, un enclave de niebla, viento y memoria vegetal. Allí sobreviven Hazardia orcuttii, Salvia brandegeei, Orcuttia californica: bibliotecas vivas de adaptaciones antiguas, cuyas páginas se escribieron en interacción con el suelo salino, la brisa costera y los ciclos irregulares de la lluvia a través del tiempo. Son especies que no se repiten. Y si desaparecen allí, desaparecen del planeta entero.
Mesa Colonet: zona de transición ecológica única
Mientras los reflectores se centran en la costa y en el potencial “verde” del nuevo puerto, este ecosistema terrestre de alto valor biológico se encuentra en riesgo de ser desplazado sin siquiera haber sido conocido y mucho menos protegido: la Mesa Colonet.
(Continuar leyendo…)Entre condicionamientos, consulta simulada e irregularidades ambientales, avanza carretera San Cristóbal-Palenque
Por Aldo Santiago | Avispa Midia
En portada: Comunidades organizadas en el municipio de San Juan Cancuc han demostrado su rechazo a la imposición del megaproyecto carretero que conectará al tren maya hasta la costa chiapaneca.
La imposición de la carretera “Ruta de las Culturas Mayas”, que pretende conectar a las ciudades chiapanecas de Palenque y San Cristóbal de las Casas, avanza mediante amenazas y estrategias de fragmentación comunitaria; manipulación de autoridades locales y condicionamientos para acceder a programas sociales, así como con irregularidades en los estudios de impacto ambiental.
Dichas denuncias fueron difundidas por organizaciones indígenas y de derechos humanos durante el conversatorio “¡Sí a la vida, no al despojo del territorio!”, efectuado el pasado sábado 28 de febrero, tras la realización de una caravana de documentación en comunidades afectadas en el norte de Chiapas, donde se desarrollan actualmente las obras.
Entre los participantes se encuentran miembros del Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (Modevite), el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (CDH Frayba), Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas (DESMI) y el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (Cemca), quienes durante el conversatorio expusieron los hallazgos que indican que la obra avanza en los territorios sin cumplir con procedimientos como la realización de una consulta libre, previa e informada; ni con la presentación de un estudio serio sobre los impactos ambientales y sociales de la carretera.
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