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Pronunciamiento de la Segunda Asamblea Nacional del Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno
PRONUNCIAMIENTO DE LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA-CONCEJO INDÍGENA DE GOBIERNO
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A las Redes de Apoyo
Al Concejo Indígena de Gobierno
A la Sexta Nacional e Internacional
A los pueblos de México y el mundo
Hermanas, hermanos:
Desde la Segunda Asamblea Plenaria del Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, llevada a cabo del 11 al 14 de octubre en el CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, nos dirigimos respetuosamente a las y los compañer@s, que conforman las Redes de Apoyo al CIG, a los pueblos de este país y del mundo para vernos, consultarnos y emprender nuevos pasos para la construcción del nuevo mundo que necesitamos.
Lo decimos con urgencia, porque los que somos pueblos originarios, en nuestra lucha en contra de la profunda enfermedad causada por el capitalismo, tejemos la vida, pues es la encomienda que recibimos de nuestros antepasados. Eso, para nosotros es construir la vida y hacerla crecer en cada rincón, con una esperanza que apueste por la memoria y por los tiempos venideros. Nos tejemos en colectivo como pueblo y en ese trabajo nos tejemos también como personas.
Somos redes en nuestras localidades donde buscamos en colectivo tener una sola palabra que sea espejo de nuestra madre tierra, de su latido y de su vida. Somos redes de redes en nuestras comunidades y regiones que son colectivos de colectivos, donde encontramos una sola otra palabra, que entre los nuestros, escuchamos con atención porque sigue siendo lo que decidimos libremente ser, eso es nuestra lucha permanente y por eso la respetamos y honramos, haciéndola nuestro gobierno, no ahorita sino siempre, porque de nuestras diferencias surge el acuerdo colectivo. O sea, de nuestro ser diferentes surgimos como uno solo, como los pueblos que somos y es por eso que también honramos nuestras diferencias.
Septiembre reanudó la memoria
Desde hace décadas que septiembre en Chile es mezcla de múltiples y contrapuestas emociones, que van desde el orgullo y la alegría hasta la desolación y el descontento. Es un mes donde las conmemoraciones, las protestas y festejos se suceden en breve, de modo tal que antes de la llegada de la primavera conmemoramos el golpe de Estado (11) y una semana más tarde, paradójicamente, las Fiestas Patrias (18) y las Glorias del Ejército de Chile (19).
En el presente, cuando el negacionismo histórico se legitima y el fascismo reaparece en el país, hemos considerado fundamental conmemorar la dictadura desde la memoria popular. Es decir, la que no se remite únicamente a la nostalgia sino que evoca también la resistencia. Por tal motivo asistimos a la “Semana de la Memoria ¡A 45 años!”, realizada entre el 10 y el 14 de septiembre en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y organizada por la Comisión de Memoria y DD.HH. de dicha facultad. Allí tuvimos la oportunidad de asistir a dos foros de discusión: “Mujeres siempre resistentes. La lucha continúa” y “Resistencia y Derechos Humanos”. A continuación reseñaremos brevemente ambas jornadas.
Todavía vivas, todavía creyendo, todavía soñando[1]
El foro “Mujeres siempre resistentes. La lucha continúa” contó con la participación de Ana Gamboa e Irene Cambias, integrantes del Grupo de amigos y amigas de Reinalda del Carmen Pereira[2], Belinda Zubicueta (ex militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez[3]) y Rosa Quintanilla (Taller Piret).
Ana, la primera ponente, parte refiriéndose al nombre del colectivo que junto a Irene representa: Reinalda del Carmen Pereira es una de las diez mujeres detenidas desaparecidas que estaban embarazadas en el momento de la detención. Seguidamente comenta su propia experiencia. En los ochenta ella es una de las funcionarias del hospital Sótero del Río que observa como ingresan decenas de jóvenes y adultos heridos producto de la represión tras las protestas contra la dictadura, quienes comúnmente llegaban al hospital en calidad de detenido. Cuando las familias se acercaban a preguntar por sus familiares, se les negaba información, razón por la cual, señala Ana, era urgente y necesario organizarse en el centro asistencial.
Fue así como una de las labores más importantes que desempeño junto a otros trabajadores consistió en entregar la identidad de las personas ingresadas en calidad de detenido a sus familiares, de modo que estos podían quedaban al tanto de su salud y seguridad.
No tardaron en aparecer más quehaceres, como el de atender también a la gente que se encontraba encarcelada por motivos políticos, labor que mantuvo de forma ininterrumpida hasta los noventa, en donde Ana se preocupa de los militantes del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL)[4]. Más tarde colabora infatigablemente con Max Santelices, esposo de Reinalda Pereira, para mantener viva su memoria, hasta que él fallece el 2007. Absorta por la emoción, le da paso a Irene.







