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Día 2 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”

Día 2 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)

21 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas

Este segundo día del Semillero “Guerra contra la Humanidad” reunió las reflexiones de la periodista independiente y docente del ITESO Alejandra Guillén González, con la presentación “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”; del historiador e investigador Ilán Semo, que habló sobre “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”; del etnólogo Mauricio González González, con la ponencia “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”; y del politólogo y maestro en medio ambiente Pablo Montaño, con plática sobre “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”. El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, y al finalizar el día interpeló a los dos últimos con algunas preguntas.

Son reflexiones desde diferentes ángulos que nos ayudan no sólo a enteder algunas de las diversas formas en que el Estado capitalista en general, y el mexicano en particular, devastan territorios y sociedades, sino también a vislumbrar la esperanza en las muchas formas de resistencia y construcción de otras realidades desde abajo.

Resumimos aquí las ponencias, y ofrecemos a los lectores los originales en audio y sus transcripciones completas en texto.


Alejandra Guillén – “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”

Texto de la ponencia completa aquí.

(Descarga el audio aquí)

Alejandra Guillén analizó cómo las desapariciones y el reclutamiento forzado forman parte de una estrategia de acumulación de capital ligada a la expansión de corporaciones criminales, en complicidad con intereses económicos y estatales. A partir del caso de Jorge, desaparecido en 2012 en Jalisco, sostiene que desde esos años comenzó un modelo de esclavitud y leva destinado a formar ejércitos para controlar territorios, proteger negocios legales e ilegales y facilitar el despojo de recursos naturales.

La autora explica que esta violencia no puede entenderse de manera aislada. La desaparición de personas, el desplazamiento forzado, la devastación ambiental y el saqueo de bosques, minas y tierras responden a una misma lógica. En regiones como Jalisco, Michoacán y la Sierra Madre Occidental, la destrucción de comunidades campesinas e indígenas ha ido acompañada del avance de megaproyectos, monocultivos y economías criminales. El objetivo es vaciar los territorios para ejercer un control total sobre ellos.

Guillén describe el funcionamiento del reclutamiento forzado: mediante engaños, falsas ofertas de empleo, detenciones arbitrarias o amenazas, miles de jóvenes son llevados a centros de entrenamiento donde son sometidos a violencia extrema para convertirlos en integrantes de grupos armados. Quienes sobreviven son enviados a distintos estados donde continúan las disputas territoriales. Esta maquinaria requiere transformar a las víctimas en victimarios para garantizar el dominio y la expansión del negocio criminal.

Guillén subrayó también el papel fundamental de las madres buscadoras, quienes han revelado la magnitud del fenómeno, documentado centros de reclutamiento y obligado al país a mirar una realidad que durante años permaneció oculta. Gracias a su trabajo se han conocido testimonios y evidencias que permiten comprender mejor la estructura de estas redes.

Frente a este panorama, Guillén identifica espacios de resistencia. Destaca comunidades como Ostula, Cherán y diversos pueblos wixaritari, donde la organización comunitaria, la defensa del territorio, la vida espiritual y el vínculo con la naturaleza han dificultado el avance de estas formas de dominación. Recupera además las voces de docentes y habitantes indígenas que afirman que la protección del territorio y la relación con la Madre Tierra son inseparables del cuidado de la vida y de las nuevas generaciones.

Guillén concluye que la desaparición de personas, la guerra contra las comunidades y la devastación ambiental forman parte de un mismo proceso de despojo. Ante ello, plantea que las enseñanzas de las madres buscadoras y de los pueblos organizados muestran que aún existen grietas de resistencia. El desafío es impedir que continúe el reclutamiento y la desaparición de más personas, fortalecer la defensa comunitaria del territorio y evitar que la violencia tenga la última palabra.


Ilán Semo – “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”

Texto completo de la ponencia aquí.

(Descarga el audio aquí)

El historiador Ilán Semo inició celebrando la próxima llegada de los zapatistas a la Ciudad de México en diciembre de este año, pero aclaró que la capital ha perdido gran parte de su tradición de organización social y participación política. Describió una ciudad marcada por el aislamiento, el uso excesivo de las pantallas, el predominio del automóvil y el miedo derivado de la violencia, elementos que considera parte de una estrategia de control social.

Para desarrollar su argumento, recurrió a una antigua leyenda persa en la que un pretendiente elige un blasón de cobre en lugar del oro o la plata, porque representa la pertenencia a una comunidad y a un territorio. A partir de esta historia, explicó las ideas de Pufendorf y Clausewitz sobre la guerra: el objetivo principal no es solo conquistar territorios, sino destruir el sentido de comunidad del adversario y, posteriormente, imponer un nuevo orden o hegemonía. Relacionó esta interpretación con diversos procesos históricos, como la conquista de América, la Independencia de México, el colonialismo europeo y las dos guerras mundiales.

Semo sostiene que las guerras contemporáneas han cambiado profundamente. Ya no buscan únicamente derrotar militarmente al enemigo, sino fragmentar a las sociedades mediante la destrucción de sus vínculos comunitarios. Como ejemplos menciona conflictos recientes en Palestina, Siria, Libia y Ucrania, donde predominan los ataques aéreos, el uso de drones, la vigilancia digital y la llamada “guerra cognitiva”, cuyo propósito es sembrar dudas, desinformación y desconfianza dentro de la población. Asimismo, destaca la importancia de la disputa por las narrativas, pues quien controla el relato puede influir en la percepción de la realidad y fortalecer su poder.

En el ámbito internacional, interpreta conflictos como el de Irán desde una perspectiva geopolítica y económica, argumentando que están vinculados a la defensa de la hegemonía del dólar y al surgimiento de nuevos equilibrios económicos en Asia. Advierte además sobre el riesgo creciente de una confrontación entre grandes potencias y la posibilidad de una escalada nuclear.

Finalmente, traslada este análisis al caso mexicano. Afirma que el narcotráfico ha sido utilizado como una técnica de gobierno que genera miedo, limita la vida comunitaria y facilita el avance de intereses económicos y políticos. Concluyó ampliando su reflexión hacia la crisis ambiental y el maltrato animal, señalando que la destrucción de la naturaleza y de los ecosistemas también implica la destrucción de las comunidades humanas. Por ello, defiende la protección del territorio, de la vida y de todas las especies como elementos indispensables para construir un futuro común.


Capitán Insurgente Marcos – “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento llamado “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, que según explicó, va dirigido a los 200 escuchas zapatistas sentados al fondo del auditorio, así como a todas las bases de apoyo escuchando la transmisión en los diferentes caracoles.

Con humor, el cuento reflexiona sobre la figura del guerrero desde la cosmovisión maya y zapatista. A partir de un diálogo con un personaje que vive “entre las sombras”, recupera una enseñanza del Popol Vuh: los primeros seres humanos podían comprender al mismo tiempo el todo y las partes, una capacidad que los dioses limitaron, pero cuyo recuerdo permanece fragmentado en la memoria de los pueblos.

Las comunidades mayas no fueron derrotadas sólo por los conquistadores, dice el narrador, sino también por la división, la envidia y la adopción de los valores del opresor, como la ambición, la competencia y el individualismo. Frente a ello, la principal tarea del guerrero es reconstruir la memoria colectiva, buscar los conocimientos dispersos, aprender de otros pueblos y fortalecer el sentido de comunidad sin perder la propia identidad.

La tierra, el agua, la naturaleza y la memoria no son mercancías ni propiedad de nadie, sino bienes comunes que deben ser protegidos. Por ello, el verdadero enemigo no es una persona en particular, sino el sistema que convierte la vida en objeto de explotación y destruye culturas, territorios y pueblos.

El guerrero no se distingue por su fuerza física, sino por su capacidad de estudiar, cuestionar, aprender y mirar más allá del presente. Debe comprender tanto el pasado como el futuro, reconocer que necesita de los demás y construir alianzas con quienes también luchan por la vida y la justicia. Su misión no es conquistar ni dominar, sino defender la libertad, la dignidad y la Madre Tierra.

El cuento concluye afirmando que el guerrero es quien puede imaginar un mundo que todavía no existe y trabajar colectivamente para hacerlo realidad. A esa capacidad de soñar un futuro diferente, los pueblos zapatistas la llaman luchar.


Mauricio González González – “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Mauricio González inició recordando su participación en la presentación del informe sobre los impactos psicosociales del caso Ayotzinapa y expresó su indignación por la reciente recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cual revictimiza a las familias y exculpa al Ejército.

A partir de ello, introdujo el tema central de su exposición: el fracking, entendido como una forma de guerra contra los territorios y las comunidades. Explicó que el fracking o fractura hidráulica es una técnica para extraer gas y petróleo mediante perforaciones profundas e inyección de grandes volúmenes de agua, arena y sustancias químicas. Con base en investigaciones científicas y testimonios recopilados durante más de quince años, sostiene que esta práctica provoca contaminación del agua y del aire, pérdida de biodiversidad, daños a la agricultura, afectaciones a la salud, conflictos sociales y deterioro de las formas de vida de los pueblos indígenas.

El impulso al fracking responde al agotamiento de los yacimientos convencionales de hidrocarburos y a la dependencia energética de México respecto al gas importado de Estados Unidos. Pese a las promesas de prohibir esta técnica, el gobierno impulsa el llamado “fracking sustentable”. González advirtió que su desarrollo pone en riesgo a millones de personas, comunidades indígenas, ejidos y territorios con graves problemas de disponibilidad de agua, mientras que los beneficios energéticos serán limitados y de corta duración.

Frente a este panorama, destacó la resistencia organizada de comunidades, asambleas y organizaciones que se han declarado libres de fracking y han promovido acciones legales para impedir su expansión. Subrayó que estos pueblos no sólo defienden su territorio, sino que mantienen formas de producción y cuidado de la naturaleza que generan biodiversidad y fortalecen la vida comunitaria.

González concluyó argumentando que el modelo energético basado en los combustibles fósiles es inseparable del capitalismo y de la explotación de los territorios. En lugar de una simple transición energética, propone una transformación socioenergética sustentada en relaciones comunitarias, antipatriarcales, anticapitalistas y respetuosas de la naturaleza. El zapatismo, dijo, es una fuente de inspiración para imaginar y construir alternativas que defiendan la vida y los territorios.


Pablo Montaño – “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Pablo Montaño discutió la guerra contra la naturaleza como consecuencia del modelo capitalista basado en la extracción de recursos y el uso de combustibles fósiles. El caso de las escuelas de Paraíso, Tabasco, ubicadas junto a la refinería de Dos Bocas, demuestra cómo el llamado “desarrollo” afecta directamente la salud, el ambiente y la vida cotidiana de las comunidades.

Montaño explicó que el cambio climático representa la expresión más grave de esta crisis. El aumento de la temperatura global, provocado por las emisiones de dióxido de carbono, ya genera fenómenos como sequías, incendios, huracanes e inundaciones, además de acelerar una sexta extinción masiva de especies. Señala que las grandes petroleras conocían estos riesgos desde la década de 1970, pero ocultaron la información y promovieron campañas de desinformación para proteger sus intereses.

Un elemento central de las reflexiones es la batalla por las narrativas. Empresas y gobiernos han impuesto conceptos como “gas natural”, “progreso” o “desarrollo” para justificar proyectos extractivos, sembrando dudas sobre los impactos ambientales. Frente a ello, es necesario construir nuevas narrativas que fortalezcan la organización social y permitan imaginar alternativas al modelo actual.

La esperanza, afirmó Montaño, no proviene de los gobiernos ni de las grandes corporaciones, sino de las comunidades organizadas que defienden sus territorios. Compartió ejemplos de resistencias exitosas, como la oposición a plantas industriales, puertos, megaproyectos y la defensa de ríos y ecosistemas, donde la comunicación, la solidaridad y la participación de colectivos urbanos han fortalecido las luchas locales.

Finalmente, concluyó que la esperanza no consiste en ignorar la gravedad de la crisis, sino en reconocer que ya existen experiencias que demuestran que es posible detener el despojo y proteger la vida. La defensa del territorio nace del vínculo con los lugares que habitamos y de la organización colectiva para construir futuros más justos y sostenibles.


Capitan Marcos – Preguntas para los ponentes

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Finalmente, el Capitán Marcos planteó una provocadora pregunta, irónica y juguetona, pero no por eso menos seria, para los ponentes (y de paso, para todxs nosotrxs):

“Si ustedes mismos me dicen que en la comunidad está la salvación, la esperanza, la posible salida de esta pesadilla, entonces, con toda fraternidad, ¿qué madres están haciendo?

Fotos: Radio Pozol

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Dia 1: Encontro “Guerra contra a Humanidade”

“Um crime nos convoca”, disse o Capitão Insurgente Marcos na inauguração do Encontro “Guerra contra a Humanidade” (As populações e a natureza sob cerco), neste 20 de julho de 2026, no Cideci/Universidade da Terra, em San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

(Baixe o áudio aqui)

um crime transbordando sangue, lama e merda; uma história que começa com a injustiça entronizada, a dor democratizada, a destruição que gera riqueza, prosperidade e desenvolvimento, a morte como programa de governo e símbolo do progresso: quanto mais mortes, mais modernidade em uma civilização. Um crime nos convoca, o crime por excelência, o crime transformado em sistema; um crime tão transparente que a luz não o atravessa, mas o transforma em espelho, em um prisma que se desfaz em cores agradáveis, desejáveis, atraentes, da moda, enfim; um crime tão popular que acumula trilhões de curtidas de suas próprias vítimas sacrificiais e, ainda assim, permanece insatisfeito.

O criminoso — o Estado capitalista — concentra-se agora em reprimir ou exterminar “os que sobram”, não apenas porque não são lucrativos, mas sobretudo porque representam o outro, o que não é homogêneo e, portanto, com sua diferença, desafiam o sistema.

Este encontro — um semillero (viveiro) de pensamento crítico — surge da necessidade urgente de refletir para compreender melhor o criminoso. Ao longo de cinco dias, pensadoras e pensadores refletirão sobre a configuração atual do Estado capitalista, tanto no México quanto no mundo; a devastação ecológica; a privatização de bens comuns, como a água; o fraturamento hidráulico (fracking); o ser humano como vítima, mas também como desafio ao sistema; a história como ferramenta de opressão e as histórias dos de baixo como arma de luta; o horror vivido na Palestina e a dignidade da resistência; as famílias que buscam pessoas desaparecidas; a reorganização urbana; a luta das mulheres; e o terror da extrema direita.


Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarização e recolonização dos territórios”

(Baixe o áudio aqui)

Segundo a análise de López y Rivas, o capitalismo contemporâneo atravessa uma nova etapa caracterizada pelo aprofundamento da violência, da militarização e da recolonização dos territórios. Diferentemente de fases anteriores, nas quais o sistema mantinha certos mecanismos de mediação social, hoje predominam a coerção, a guerra, a criminalização dos protestos e o desmonte dos direitos conquistados pela classe trabalhadora.

O capitalismo atual conduz, assim, a uma crise civilizatória que se manifesta naquilo que os zapatistas chamam de “a tempestade”: mudança climática, esgotamento dos recursos naturais, destruição da biodiversidade, pobreza, migrações forçadas, guerras e aumento de diversas formas de violência.

O terrorismo global de Estado, liderado principalmente pelos Estados Unidos e respaldado por outras potências e organismos internacionais, constitui um instrumento fundamental para impor essa nova fase de acumulação capitalista por meio de intervenções militares, ocupações territoriais e da violação sistemática do direito internacional. “Os Estados Unidos, como potência hegemônica, instauraram a barbárie como um processo devastador para a humanidade e para a natureza”, afirmou López y Rivas.

No caso do México, os governos da chamada “Quarta Transformação” (4T) deram continuidade a processos iniciados durante o período neoliberal. A expansão dos megaprojetos, o fortalecimento do papel das Forças Armadas e a crescente participação do crime organizado configuram uma estratégia de militarização e controle territorial que afeta especialmente comunidades indígenas, camponesas e movimentos sociais. Sob o governo da 4T, o país foi militarizado como nunca antes em sua história. “A instituição militar realiza atualmente mais de 200 funções (…) que não estão previstas na Constituição nem em suas leis regulamentares”, afirma López y Rivas. Ao mesmo tempo, ao paramilitarismo — instrumento encoberto do Estado para assediar, deslocar e enfraquecer organizações populares sem assumir publicamente a responsabilidade pela violência, historicamente utilizado como mecanismo de contrainsurgência — soma-se agora o narcoparamilitarismo.

Diante desse cenário, os povos maias zapatistas, o EZLN, o Congresso Nacional Indígena e os diversos coletivos e organizações que lutam pela vida constituem uma alternativa real. Uma alternativa que não passa pela disputa do poder estatal, mas pela organização desde baixo, pela autonomia, pelo autogoverno, pelo princípio de “mandar obedecendo” e pela construção cotidiana de formas comunitárias de democracia.

López y Rivas concluiu convocando a academia, os artistas, os meios de comunicação, o magistério, os estudantes e todos os setores comprometidos com o pensamento crítico a acompanhar as lutas dos povos. Diante da crise do capitalismo e das múltiplas formas de violência contemporânea, torna-se indispensável fortalecer a organização coletiva, desenvolver um pensamento crítico capaz de compreender as transformações do mundo e manter viva a construção de alternativas voltadas para a defesa da vida, da justiça e da dignidade.


Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”

(Baixe o áudio aqui)

Alicia Castellanos apresentou uma reflexão crítica sobre a relação entre racismo, violência e as formas contemporâneas de dominação que afetam povos e comunidades em diferentes regiões do mundo. Sua reflexão parte da ideia de que vivemos uma etapa de crise civilizatória marcada por uma profunda desigualdade, pela degradação ambiental e pela expansão de diversas formas de violência vinculadas ao capitalismo contemporâneo.

O racismo, explica Castellanos, é uma construção histórica que surgiu e se consolidou durante a expansão colonial europeia. Desde o século XVIII, a ideia de “raça” foi utilizada para estabelecer hierarquias entre os povos e justificar processos de dominação, exploração e espoliação. Embora hoje o conceito racial costume aparecer de maneira menos explícita, seus mecanismos persistem por meio de novas formas de exclusão baseadas em diferenças culturais, nacionais, religiosas, econômicas ou políticas.

Para Castellanos, o racismo funciona como uma ferramenta de poder que permite construir o “outro” como uma ameaça: um inimigo que deve ser controlado, expulso ou eliminado. Essa lógica esteve presente em diferentes processos históricos de colonialismo, genocídio, guerras e perseguições contra povos considerados inferiores ou perigosos.

Essa função do racismo também se aplica aos conflitos contemporâneos, especialmente ao genocídio do povo palestino, às políticas migratórias dirigidas contra comunidades estrangeiras e ao crescimento de discursos nacionalistas e autoritários que transformam determinados grupos sociais em bodes expiatórios durante períodos de crise. A normalização do ódio por parte das instituições e dos governos, adverte, abre caminho para formas extremas de violência.

Castellanos lembra que o escritor libanês Amin Maalouf propõe a ideia de “identidades assassinas”: “aquelas que reduzem a identidade de uma pessoa ou de um povo a uma única pertença”, servindo de fundamento para a violência contra os “outros” e para processos genocidas contemporâneos, como os ocorridos na Guatemala e, agora, na Palestina.

No caso do México, os megaprojetos de desenvolvimento — especialmente o “Trem Maia” — constituem exemplos paradigmáticos do racismo dirigido contra os povos originários. Esses projetos implicaram processos de transformação territorial, impactos ambientais, perda de biodiversidade, pressão sobre comunidades indígenas e uma crescente participação das Forças Armadas em atividades civis e econômicas. Nesse contexto, a militarização do território modifica as relações comunitárias e afeta os direitos coletivos dos povos.

Para os povos maias, a terra não representa apenas um recurso econômico, mas um espaço de memória, identidade, cultura e reprodução da vida. A destruição de ecossistemas, cenotes, florestas e formas tradicionais de organização comunitária constitui, assim, uma ameaça não apenas ambiental, mas também cultural.

A resistência e a organização desde baixo — especialmente aquelas impulsionadas pelos povos zapatistas e pelo Congresso Nacional Indígena — constituem uma resposta a esse cenário: formas alternativas de exercer o poder baseadas na autonomia, na participação comunitária e no princípio de “mandar obedecendo”.

Assim como López y Rivas, Castellanos conclamou ao fortalecimento do pensamento crítico como ferramenta para compreender as transformações do mundo atual e imaginar alternativas diante da violência, do racismo e da destruição ambiental. A resposta às chamadas “identidades assassinas” e às estruturas de dominação deve ser a construção de um “nós” fundamentado na solidariedade, na justiça, na igualdade e no respeito à diversidade.

Diante das forças que promovem a espoliação e a exclusão, os povos organizados mantêm viva a possibilidade de construir outros mundos sustentados na dignidade, na autonomia e na defesa da vida.


Wilfrido Gómez Arias – Nossa água, suas concessões: a arquitetura jurídica da espoliação e da concentração da água no México

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A água é um elemento essencial para a vida e encontra-se em constante movimento por meio do ciclo hidrológico. No entanto, sua distribuição no México é desigual. Enquanto algumas regiões do sudeste concentram grandes volumes de precipitação e disponibilidade hídrica, extensas áreas do norte enfrentam condições de escassez. Essa desigualdade natural foi agravada por um modelo de gestão que permitiu a superexploração, a contaminação e a concentração da água.

A partir do período neoliberal, foram promovidas transformações legais e institucionais que modificaram a relação do Estado com a água. A criação da Comissão Nacional da Água (CONAGUA), em 1989, e a promulgação da Lei de Águas Nacionais, em 1992, estabeleceram um sistema baseado em concessões, por meio do qual o Estado concedeu direitos administrativos para extrair, utilizar e explorar determinados volumes de água durante longos períodos.

Esse modelo transformou o acesso à água em um direito administrativo passível de acumulação, transferência e defesa jurídica. Embora a Constituição estabeleça que a água pertence à nação, o sistema de concessões permitiu que grandes agentes econômicos concentrassem volumes significativos, enquanto muitas comunidades e povos ficaram sem o reconhecimento formal de seus direitos históricos sobre suas fontes de água.

A ausência de um planejamento hídrico adequado provocou um processo de superconcessão. Em diversos aquíferos e bacias hidrográficas passou-se a extrair mais água do que aquela disponível para sua recuperação natural. Como consequência, centenas de aquíferos apresentam redução de suas reservas, e numerosas bacias mostram sinais de degradação. A atual crise da água não é apenas um problema de disponibilidade natural, mas também o resultado de decisões políticas, jurídicas e econômicas.

Os principais beneficiários do modelo de concessões foram grandes usuários públicos e privados ligados a setores como o agronegócio, a mineração, a indústria de transformação, a indústria de bebidas, o setor energético, o mercado imobiliário e grandes empreendimentos urbanos. Enquanto algumas empresas possuem concessões para extrair enormes volumes de água, inúmeras comunidades enfrentam desabastecimento, distribuição irregular, dependência de caminhões-pipa e degradação de suas fontes locais.

Os povos indígenas e os sistemas comunitários de gestão da água foram particularmente afetados. Embora historicamente tenham protegido nascentes, rios e áreas de recarga hídrica, suas formas tradicionais de administração não foram plenamente reconhecidas pelo marco jurídico. Em muitos casos, as fontes de água utilizadas pelas comunidades foram registradas em nome de municípios, particulares ou empresas.

Em 2012, o direito humano à água foi reconhecido constitucionalmente, estabelecendo que toda pessoa deve ter acesso à água suficiente, salubre, aceitável e acessível para suas necessidades pessoais e domésticas. No entanto, as reformas promovidas em 2025 não alteraram de forma substancial a estrutura do sistema de concessões. Embora tenham introduzido algumas mudanças administrativas, mantiveram a lógica central que permitiu a concentração da água nas mãos de poucos usuários.

Garantir o direito humano à água significa muito mais do que fornecer água por meio de caminhões-pipa ou garrafas. Significa assegurar um acesso permanente, seguro e digno, com sistemas públicos eficientes, participação cidadã e reconhecimento das comunidades que historicamente cuidaram da água.

A problemática da água no México reflete uma disputa entre duas visões: uma que compreende a água como mercadoria e outra que a reconhece como um bem comum indispensável à vida. Resolver a crise hídrica exige recuperar uma perspectiva baseada na justiça social, ambiental e territorial, na qual a água seja administrada para garantir a vida das pessoas, dos ecossistemas e das gerações futuras.


Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total e a rebelião do vivo”

(Baixe o áudio aqui)

As palavras de Carlos Tornel partiram da provocação formulada pelo zapatismo há mais de duas décadas: a ideia de que vivemos uma Quarta Guerra Mundial, uma guerra que não se limita ao campo militar, mas atravessa a economia, a cultura, a informação, os territórios, os corpos e todas as formas de vida. Seu objetivo não é apenas derrotar inimigos, mas destruir, disciplinar ou reorganizar aquilo que não pode ser facilmente transformado em mercadoria: povos, memórias, autonomias, territórios comuns e formas distintas de se relacionar com a vida.

Essa guerra constitui um aspecto fundamental do funcionamento do capitalismo. Desde suas origens, a expansão capitalista dependeu da espoliação, da apropriação dos bens comuns e da transformação da natureza e das relações sociais em mercadorias. Hoje, diante do esgotamento dos recursos, da crise climática e das resistências territoriais, o capitalismo não reduz sua expansão; ao contrário, abre novas fronteiras de extração: mineração, combustíveis fósseis, minerais críticos e grandes infraestruturas energéticas e logísticas.

A crise ecológica não afeta toda a humanidade da mesma maneira. Não existe uma responsabilidade equivalente diante da degradação ambiental: as classes sociais, o gênero, a geografia e as relações coloniais determinam quem consome, quem decide e quem enfrenta as consequências. Por isso, a crise climática não pode ser compreendida como resultado de uma humanidade abstrata, mas como consequência histórica de um sistema baseado na acumulação, no colonialismo, no patriarcado e na exploração.

A guerra contra a natureza nasce de uma separação moderna entre a humanidade e o mundo vivo. A natureza foi transformada em objeto, recurso e propriedade, enquanto certos povos foram colocados do lado daquilo que seria “natural”, tendo sua autonomia e legitimidade negadas. Essa lógica permitiu justificar a conquista, o “desenvolvimento” e o “progresso” como caminhos universais, ocultando a violência necessária para impô-los.

Na atualidade surge uma nova forma de colonialismo climático. A crise ambiental já não é apenas negada; ela também é convertida em oportunidade de acumulação. Os mercados de carbono, as compensações ambientais, a mineração “verde” e determinadas formas de transição energética podem reproduzir as mesmas lógicas de espoliação sob uma nova linguagem de sustentabilidade. Os minerais necessários para as tecnologias digitais, energéticas e militares geram novas disputas territoriais, enquanto comunidades e ecossistemas são transformados em zonas de sacrifício.

Tornel também criticou a “maldição do ambientalismo”. Quando o cuidado da Terra se transforma em uma tarefa técnica administrada por especialistas, indicadores e mercados, a conservação perde seu vínculo com os territórios e converte-se em uma forma de governança que mede, controla e administra a natureza sem modificar as relações econômicas que produzem a devastação. A crise ecológica acaba sendo transferida para o indivíduo por meio da figura do “sujeito climático”, responsabilizado por mudar seus hábitos, enquanto as grandes estruturas de poder permanecem intactas.

Diante dessa situação, a proposta é “a rebelião do vivo”. A Terra não deve ser entendida como um objeto externo que precisa ser salvo, mas como a trama de relações da qual fazemos parte. Defender um rio, uma floresta, uma montanha ou um território significa defender comunidades, memórias, conhecimentos e modos de vida. A autonomia, o comum e as resistências territoriais demonstram que existem outras maneiras de organizar a existência para além da lógica da mercadoria.

A ideia de que somos a própria natureza defendendo a si mesma implica recuperar os vínculos com os territórios, reconstruir capacidades coletivas e reconhecer que a transformação não virá apenas dos Estados, das corporações ou da tecnologia, mas das práticas comunitárias que já existem. A segunda tempestade não é apenas a crise produzida pelo capitalismo, mas também a força dos povos, dos territórios e das formas de vida que se organizam para resistir a ela.

Tornel concluiu com um convite para abandonar a espera por soluções externas e recuperar a capacidade coletiva de construir outros mundos: não utopias distantes, mas espaços reais onde a autonomia, o cuidado e a vida em comum possam continuar florescendo diante da guerra contra a natureza.


Subcomandante Insurgente Moisés

O primeiro dia do encontro encerrou-se com um importante anúncio feito pelo Subcomandante Insurgente Moisés:

O próximo Encontro de Resistências e Rebeldias e o Encontro de Artes, previstos para dezembro de 2026, serão realizados na Cidade do México, na sede da Casa dos Povos e Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.

(Baixe o áudio aqui)

Aqui o comunicado completo.

Fotos: Radio Pozol

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Día 1 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”

“Nos convoca un crimen”, dijo el Capitán Insurgente Marcos en la inauguración del Semillero “Guerra contra la Humanidad” (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio), este 20 de julio de 2026, en el Cideci/Universidad de la Tierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Lee el texto aquí.

(Descarga el audio aquí)

un crimen rebosando sangre, lodo y mierda, una historia que empieza con la injusticia entronizada, el dolor democratizado, la destrucción que genera riqueza, bonanza y desarrollo, la muerte como programa de gobierno y símbolo del progreso: a más muertes, más modernidad en una civilización. Nos convoca un crimen, el crimen por excelencia, el crimen hecho sistema, un crimen tan transparente que la luz no lo atraviesa sino que lo trastoca en espejo, en un prisma que se desgaja en colores amables, queribles, deseables, de moda, pues; un crimen tan popular que acumula trillones de likes de sus víctimas propiciatorias y aún así está insatisfecho.

El criminal —el Estado capitalista— se centra ahora en reprimir o exterminar a “los que sobran”, no sólo porque no son lucrativos, sino sobre todo porque representan lo otro, lo no homogéneo, y por lo tanto, con su diferencia, desafían al sistema.

Este encuentro —semillero de pensamiento crítico— surge por la urgente necesidad de reflexionar para mejor entender al criminal. A lo largo de cinco días, pensadoras y pensadores reflexionarán sobre la conformación actual del Estado capitalista tanto en México como en el mundo, la devastación ecológica, la privatización de bienes comunes como el agua, el fracking, el ser humano como víctima pero también como desafío al sistema, la historia como herramienta de opresión y las historias de abajo como arma de lucha, el horror vivido en Palestina y la dignidad de la resistencia, las familias buscadoras de desaparecidas y desaparecidos, el reordenamiento urbano, la lucha de las mujeres, el terror de la ultraderecha.


Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarización y recolonización de los territorios”

Texto completo aquí.

(Descarga el audio aquí)

Según el análisis de López y Rivas, el capitalismo contemporáneo atraviesa una nueva etapa caracterizada por la profundización de la violencia, la militarización y la recolonización de los territorios. A diferencia de etapas anteriores, en las que el sistema mantenía ciertos mecanismos de mediación social, hoy predominan la coerción, la guerra, la criminalización de la protesta y el desmantelamiento de los derechos conquistados por la clase trabajadora.

El capitalismo actual conduce así a una crisis civilizatoria que se manifiesta en lo que los zapatistas han llamado “la tormenta”: cambio climático, agotamiento de los recursos naturales, destrucción de la biodiversidad, pobreza, migraciones forzadas, guerras e incremento de diversas formas de violencia.

El terrorismo global de Estado, encabezado principalmente por Estados Unidos y respaldado por otras potencias y organismos internacionales, constituye un instrumento fundamental para imponer esta nueva fase de acumulación capitalista mediante intervenciones militares, ocupaciones territoriales y la violación sistemática del derecho internacional. “Estados Unidos, como potencia hegemónica, ha instaurado la barbarie como un proceso devastador para el género humano y para la naturaleza”, afirmó López y Rivas.

En el caso de México, los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación (4T) han dado continuidad a procesos iniciados durante el periodo neoliberal. La expansión de los megaproyectos, el fortalecimiento del papel de las fuerzas armadas y la creciente participación del crimen organizado configuran una estrategia de militarización y control territorial que afecta especialmente a comunidades indígenas, campesinas y movimientos sociales. Bajo el régimen de la 4T, el país se ha militarizado como nunca en la historia. “El estamento militar realiza actualmente más de 200 tareas… que no están contempladas en la Constitución ni en sus leyes reglamentarias”, dice López y Rivas. Al mismo tiempo, al paramilitarismo —un instrumento encubierto del Estado para hostigar, desplazar y debilitar a las organizaciones populares sin asumir públicamente la responsabilidad de la violencia, utilizado históricamente como mecanismo de contrainsurgencia—, se le suma ahora el narcoparamilitarismo.

Frente a este panorama, los pueblos mayas zapatistas, el EZLN, el Congreso Nacional Indígena y los diversos colectivos y organizaciones que luchan por la vida constituyen una alternativa real; una alternativa que no pasa por la disputa del poder estatal, sino por la organización desde abajo, la autonomía, el autogobierno, el principio de mandar obedeciendo y la construcción cotidiana de formas comunitarias de democracia.

López y Rivas concluyó haciendo un llamado a la academia, a los artistas, a los medios de comunicación, al magisterio, al estudiantado y a todos los sectores comprometidos con el pensamiento crítico para acompañar las luchas de los pueblos. Ante la crisis del capitalismo y las múltiples formas de violencia contemporánea, es indispensable fortalecer la organización colectiva, desarrollar un pensamiento crítico capaz de comprender los cambios del mundo y mantener viva la construcción de alternativas orientadas a la defensa de la vida, la justicia y la dignidad.


Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”

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Alicia Castellanos hizo una reflexión crítica sobre la relación entre racismo, violencia y las formas contemporáneas de dominación que afectan a pueblos y comunidades en distintas regiones del mundo. Su reflexión partió de la idea de que vivimos una etapa de crisis civilizatoria marcada por una profunda desigualdad, deterioro ambiental y expansión de diversas formas de violencia vinculadas con el capitalismo actual.

El racismo, explica Castellanos, es una construcción histórica que surgió y se consolidó durante la expansión colonial europea. Desde el siglo XVIII, la idea de “raza” fue utilizada para establecer jerarquías entre pueblos y justificar procesos de dominación, explotación y despojo. Aunque hoy el concepto racial suele aparecer de manera menos explícita, sus mecanismos persisten mediante nuevas formas de exclusión basadas en diferencias culturales, nacionales, religiosas, económicas o políticas.

Para Castellanos, el racismo funciona como una herramienta de poder que permite construir al “otro” como una amenaza: un enemigo que debe ser controlado, expulsado o eliminado. Esta lógica ha estado presente en distintos procesos históricos de colonialismo, genocidio, guerras y persecuciones contra pueblos considerados inferiores o peligrosos.

Esta función del racismo se aplica también a conflictos contemporáneos, en especial al genocidio del pueblo palestino, las políticas migratorias contra comunidades extranjeras y el crecimiento de discursos nacionalistas y autoritarios que convierten a determinados grupos sociales en chivos expiatorios durante épocas de crisis. La normalización del odio desde instituciones y gobiernos, advierte, abre camino a formas extremas de violencia.

Cuenta Castellanos que el escritor libanés Amin Maalouf propone la idea de “identidades asesinas”: “aquellas que reducen la identidad de una persona o de un pueblo a una sola pertenencia”, y que sirven de sustento para la violencia contra los “otros” y para procesos genocidas contemporáneos, como el de Guatemala y, ahora, Palestina.

En el caso de México, los megaproyectos de desarrollo, en especial el Tren Maya, son ejemplos paradigmáticos del racismo hacia los pueblos originarios. Estos proyectos han implicado procesos de transformación territorial, afectaciones ambientales, pérdida de biodiversidad, presión sobre comunidades indígenas y una creciente participación de las fuerzas armadas en tareas civiles y económicas. En este contexto, la militarización del territorio modifica las relaciones comunitarias y afecta los derechos colectivos de los pueblos.

Para los pueblos mayas, la tierra no representa sólo un recurso económico, sino un espacio de memoria, identidad, cultura y reproducción de la vida. La destrucción de ecosistemas, cenotes, selvas y formas tradicionales de organización comunitaria es, así, una amenaza no sólo ambiental, sino también cultural.

La resistencia y organización desde abajo, en especial las impulsadas por los pueblos zapatistas y el Congreso Nacional Indígena, son una respuesta a este panorama: formas alternativas de ejercer el poder basadas en la autonomía, la participación comunitaria y el principio de “mandar obedeciendo”.

Al igual que López y Rivas, Castellanos llamó a fortalecer el pensamiento crítico como herramienta para comprender las transformaciones del mundo actual y para imaginar alternativas frente a la violencia, el racismo y la destrucción ambiental. La respuesta a las llamadas “identidades asesinas” y a las estructuras de dominación debe ser la construcción de un nosotros basado en la solidaridad, la justicia, la igualdad y el respeto a la diversidad.

Frente a las fuerzas que promueven el despojo y la exclusión, los pueblos organizados mantienen viva la posibilidad de construir otros mundos sustentados en la dignidad, la autonomía y la defensa de la vida.


Wilfrido Gómez Arias – Nuestra agua, sus concesiones. La arquitectura legal del despojo y el acaparamiento del agua en México

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El agua es un elemento esencial para la vida y se encuentra en constante movimiento a través del ciclo hidrológico. Sin embargo, su distribución en México es desigual. Mientras algunas regiones del sureste concentran grandes volúmenes de precipitación y disponibilidad de agua, amplias zonas del norte enfrentan condiciones de escasez. Esta desigualdad natural se ha agravado por un modelo de gestión que ha permitido la sobreexplotación, contaminación y concentración del agua.

A partir del periodo neoliberal, se impulsaron transformaciones legales e institucionales que modificaron la relación del Estado con el agua. La creación de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) en 1989 y la promulgación de la Ley de Aguas Nacionales de 1992 establecieron un sistema basado en concesiones, mediante el cual el Estado otorgó derechos administrativos para extraer, utilizar y aprovechar volúmenes determinados de agua durante periodos prolongados. Este modelo convirtió el acceso al agua en un derecho administrativo susceptible de acumulación, transmisión y defensa jurídica. Aunque el agua constitucionalmente pertenece a la nación, el sistema de concesiones permitió que grandes usuarios económicos concentraran importantes volúmenes, mientras muchas comunidades y pueblos quedaron fuera del reconocimiento formal de sus derechos históricos sobre sus fuentes de agua.

La ausencia de una adecuada planeación hídrica provocó un proceso de sobreconcesionamiento. En diversos acuíferos y cuencas se comenzó a extraer más agua de la disponible para su recuperación natural. Como consecuencia, cientos de acuíferos presentan disminución de sus reservas y numerosas cuencas muestran señales de deterioro. La crisis actual del agua no es únicamente un problema de disponibilidad natural, sino también resultado de decisiones políticas, legales y económicas.

Los principales beneficiarios del modelo de concesiones han sido grandes usuarios privados y públicos vinculados con sectores como la agroindustria, minería, industria manufacturera, bebidas, energía, inmobiliarias y grandes desarrollos urbanos. Mientras algunas empresas cuentan con concesiones para extraer importantes volúmenes de agua, numerosas comunidades enfrentan desabasto, distribución irregular, dependencia de pipas y deterioro de sus fuentes locales.

Los pueblos indígenas y sistemas comunitarios de agua han sido particularmente afectados. A pesar de que históricamente han protegido manantiales, ríos y zonas de recarga, sus formas tradicionales de gestión no han sido plenamente reconocidas por el marco legal. En muchos casos, las fuentes de agua utilizadas por comunidades han sido registradas a nombre de municipios, particulares o empresas.

En 2012 se reconoció constitucionalmente el derecho humano al agua, estableciendo que toda persona debe tener acceso a agua suficiente, salubre, aceptable y asequible para sus necesidades personales y domésticas. Sin embargo, las reformas impulsadas en 2025 no modificaron de fondo la estructura del sistema de concesiones. Aunque incorporaron algunos cambios administrativos, mantuvieron la lógica central que ha permitido la concentración del agua en pocos usuarios.

Garantizar el derecho humano al agua implica mucho más que entregar agua mediante pipas o botellas. Significa asegurar un acceso permanente, seguro y digno, con sistemas públicos eficientes, participación ciudadana y reconocimiento de las comunidades que históricamente han cuidado el agua.

La problemática del agua en México refleja una disputa entre dos visiones: una que entiende el agua como mercancía y otra que la reconoce como un bien común indispensable para la vida. Resolver la crisis hídrica requiere recuperar una perspectiva basada en la justicia social, ambiental y territorial, donde el agua sea administrada para garantizar la vida de las personas, los ecosistemas y las generaciones futuras.


Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total y la rebelión de lo vivo”

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Las palabras de Carlos Tornel partieron de la provocación formulada por el zapatismo hace más de dos décadas: la idea de que vivimos una Cuarta Guerra Mundial, una guerra que no se limita al campo militar, sino que atraviesa la economía, la cultura, la información, los territorios, los cuerpos y todas las formas de vida. Su objetivo no es solamente derrotar enemigos, sino destruir, disciplinar o reorganizar aquello que no puede convertirse fácilmente en mercancía: pueblos, memorias, autonomías, territorios comunes y formas distintas de relacionarse con la vida.

Esta guerra es un aspecto fundamental del funcionamiento del capitalismo. Desde sus orígenes, la expansión capitalista ha dependido del despojo, la apropiación de bienes comunes y la transformación de la naturaleza y las relaciones sociales en mercancías. Hoy, frente al agotamiento de recursos, la crisis climática y las resistencias territoriales, el capitalismo no reduce su expansión, sino que abre nuevas fronteras extractivas: minería, combustibles fósiles, minerales críticos y grandes infraestructuras energéticas y logísticas.

La crisis ecológica no afecta a toda la humanidad de la misma manera. No existe una responsabilidad equivalente frente al deterioro ambiental: las clases sociales, el género, la geografía y las relaciones coloniales determinan quién consume, quién decide y quién enfrenta las consecuencias. Por ello, la crisis climática no puede entenderse como resultado de una humanidad abstracta, sino como consecuencia histórica de un sistema basado en la acumulación, el colonialismo, el patriarcado y la explotación.

La guerra contra la naturaleza surge de una separación moderna entre humanidad y mundo vivo. La naturaleza fue convertida en objeto, recurso y propiedad, mientras ciertos pueblos fueron colocados del lado de “lo natural”, negándoles autonomía y legitimidad. Esta lógica ha permitido justificar la conquista, el “desarrollo” y el “progreso” como caminos universales, ocultando la violencia necesaria para imponerlos.

En la actualidad aparece una nueva forma de colonialismo climático. La crisis ambiental ya no solamente es negada; también se convierte en una oportunidad de acumulación. Los mercados de carbono, las compensaciones ambientales, la minería “verde” y ciertas formas de transición energética pueden reproducir las mismas lógicas de despojo bajo un nuevo lenguaje de sustentabilidad. Los minerales necesarios para las tecnologías digitales, energéticas y militares generan nuevas disputas por territorios, mientras comunidades y ecosistemas son convertidos en zonas de sacrificio.

Tornel también criticó la “maldición del ambientalismo”. Cuando el cuidado de la Tierra se transforma en una tarea técnica administrada por expertos, indicadores y mercados, la conservación pierde su vínculo con los territorios y se convierte en una forma de gobernanza que mide, controla y gestiona la naturaleza sin modificar las relaciones económicas que producen la devastación. La crisis ecológica termina trasladándose al individuo mediante la figura del “sujeto climático” responsable de modificar sus hábitos, mientras las grandes estructuras de poder permanecen intactas.

Frente a esta situación, la propuesta es “la rebelión de lo vivo”. La Tierra no debe entenderse como un objeto externo que necesita ser salvado, sino como la trama de relaciones de la que formamos parte. Defender un río, un bosque, una montaña o un territorio significa defender comunidades, memorias, conocimientos y formas de vida. La autonomía, el común y las resistencias territoriales muestran que existen otras maneras de organizar la existencia fuera de la lógica de la mercancía.

La idea de que somos naturaleza defendiéndose a sí misma implica recuperar vínculos con los territorios, reconstruir capacidades colectivas y reconocer que la transformación no vendrá únicamente desde los Estados, las corporaciones o la tecnología, sino desde las prácticas comunitarias que ya existen. La segunda tormenta no es solamente la crisis producida por el capitalismo, sino la fuerza de los pueblos, los territorios y las formas de vida que se organizan para resistirla.

Tornel concluyó con una invitación a abandonar la espera de soluciones externas y recuperar la capacidad colectiva de construir otros mundos: no utopías lejanas, sino espacios reales donde la autonomía, el cuidado y la vida común puedan seguir creciendo frente a la guerra contra la naturaleza.


Subcomandante Insurgente Moisés

El primer día del Semillero concluyó con un importante anuncio por parte del Subcomandante Insurgente Moisés:

El siguiente Encuentro de Resistencias y Rebeldías y el Encuentro de Artes, en diciembre de este año 2026, se realizará en la Ciudad de México, en la sede de la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.

Texto completo aquí.

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Fotos: Radio Pozol

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URGENTE: CNI denuncia la detención de Jesús Plácido Galindo, vocero del CIPOG-EZ

El Congreso Nacional Indígena (CNI) denunció la detención de Jesús Plácido Galindo, vocero del Concejo Indígena y Popular de Guerrero–Emiliano Zapata (CIPOG-EZ), ocurrida el 17 de julio de 2026, alrededor de las 14:30 horas. Según el comunicado, fue interceptado en un retén y base militar ubicados en el crucero de Monte Alto, municipio de San Marcos, Guerrero, durante un operativo con presencia de elementos del Ejército mexicano, la Policía Federal y la Policía Estatal. Posteriormente fue trasladado en una camioneta de la Fiscalía General de la República con rumbo a Acapulco. Hasta el momento de la denuncia, el CNI afirmó que se desconocían tanto su paradero como las razones de su detención.

De acuerdo con la denuncia, Jesús Plácido se dirigía a una reunión con Francisco Rodríguez Cisneros, subsecretario de Desarrollo Político y Social del estado de Guerrero. Este funcionario ha sido acusado por organizaciones sociales de mantener presuntos vínculos con el grupo criminal Los Ardillos y de minimizar la situación de violencia que enfrentan las comunidades de la región de la Montaña Baja de Guerrero.

El CNI exige la presentación con vida de Jesús Plácido Galindo, información inmediata sobre su situación jurídica, el respeto a sus derechos humanos y su liberación inmediata e incondicional. Asimismo, demandó a los gobiernos federal y estatal adoptar medidas urgentes para garantizar su integridad física y la de las comunidades que integran el CIPOG-EZ.

El comunicado sostiene que la detención ocurre en un contexto de violencia e impunidad. Afirma que, mientras las autoridades no han logrado frenar la violencia ejercida por el grupo criminal Los Ardillos contra las comunidades de la región, sí han desplegado recursos del Estado contra quienes defienden el territorio y los derechos de los pueblos indígenas.

Además, el CNI considera que este hecho forma parte de un patrón de persecución contra el dirigente indígena. Señala que recientemente fueron congeladas sus cuentas bancarias y recuerda que, hasta la fecha, 76 integrantes del CIPOG-EZ han sido asesinados, 25 permanecen desaparecidos y cientos de personas han sido desplazadas forzosamente de sus comunidades.

El Congreso Nacional Indígena hace un llamado a pueblos, organizaciones sociales, colectivos, medios de comunicación y organismos de derechos humanos para mantenerse atentos a la situación, exigir la presentación con vida de Jesús Plácido Galindo y denunciar cualquier acción que ponga en riesgo su integridad o la de las comunidades del CIPOG-EZ.

Abajo el comunicado completo:

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El CIPOG-EZ denuncia la congelación de las cuentas bancarias de Jesús Plácido Galindo, delegado del Congreso Nacional Indígena, por parte del gobierno

El Concejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) denunció que el 26 de junio de 2026 la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) bloqueó todas las cuentas bancarias de Jesús Plácido Galindo, promotor de la organización e integrante de la Comisión de Coordinación y Seguimiento del Congreso Nacional Indígena.

La organización sostiene que esta medida ocurrió pocas semanas después de un ataque atribuido al grupo criminal Los Ardillos, que dejó ocho integrantes asesinados, alrededor de 2,200 personas desplazadas y la destrucción de la comunidad de Tula. Afirma que Galindo denunció públicamente la presunta complicidad y omisión de autoridades ante estos hechos, lo que permitió visibilizar la crisis humanitaria.

El CIPOG-EZ considera que el bloqueo de las cuentas y la inclusión de Galindo en la Lista de Personas Bloqueadas constituyen un acto de persecución y criminalización por su labor como defensor de derechos humanos y de los pueblos indígenas. Señala que los recursos congelados provenían de aportaciones solidarias para apoyar el trabajo comunitario.

Asimismo, recuerda que Galindo es beneficiario del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y advierte que estas acciones incrementan el riesgo para su integridad. La organización exige el desbloqueo de sus cuentas, el cese de la criminalización y garantías para su seguridad y la continuidad de su labor, además de responsabilizar a los gobiernos federal y estatal por cualquier agresión en su contra.

Finalmente, el CIPOG-EZ reitera su denuncia de la violencia que enfrentan sus comunidades y llama a detener la guerra y la criminalización contra los pueblos indígenas y sus defensores.

Enseguida, la denuncia completa del CIPOG-EZ:

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Represión a familias buscadoras en Tlalpan: la violencia del Estado contra la memoria

Colectiva Existimos porque resistimos, Morelos
A. Berenice González M.

El 30 de junio de 2026, en el cruce de Calzada de Tlalpan y Ermita, la Ciudad de México volvió a mostrar el rostro más crudo de su historia reciente: el rostro de un Estado que reprime a quienes buscan, que violenta a quienes nombran, que agrede a quienes sostienen la memoria de más de 135 mil personas desaparecidas. Ese día, en ese punto exacto de la ciudad, la violencia institucional dejó de ser discurso y se volvió cuerpo. Se volvió piel. Se volvió respiración cortada.

Desde temprano, las madres y familias buscadoras habían llegado con una intención profundamente humana: visibilizar la crisis de desaparición, recordar que la ausencia no descansa, que la búsqueda es un acto de amor y de supervivencia. La acción era comunitaria, casi tierna en su forma: la cascarita contra el olvido, la pega de fichas de búsqueda, el sonidero que acompaña y abraza, las mantas extendidas con los rostros de quienes faltan. No era una confrontación. Era una jornada para sostener la vida.

Pero en México, incluso la ternura es reprimida.

Comenzaron a llegar policías de la SSC: embozados, sin identificación visible, acompañados por hombres vestidos de civil que actuaban bajo su cobertura. No venían a cuidar. Venían a impedir. Venían a encapsular. Venían a reprimir.

Cuando intentamos desplegar las mantas, esos hombres sin identificación se lanzaron primero. Empujaron, jalonearon, quisieron quitarnos las mantas con los rostros de los desaparecidos como si fueran estorbos. Una persona fue ahorcada por intentar proteger la manta que llevaba consigo. Lo vimos. Y también lo sentimos. Porque a mí, como a todos los acompañantes, madres y familias buscadoras, también me violentaron.

No lo digo desde el protagonismo. Lo digo desde la verdad. Hubo patadas, golpes, manoseos, intento de ahorcamiento. Hubo violencia sexual ejercida directamente por agentes del Estado. Sentimos las manos donde no debían estar, sentimos el peso del cuerpo policial intentando quebrar no solo el bloqueo, sino nuestra dignidad. Sentimos el miedo que tantas madres y familias viven constante por la represión del Estado, ese miedo que se instala en la piel y que no se va aunque una siga caminando.

Varias personas fueron tiradas al piso: madres, acompañantes, periodistas, personas solidarias. Entre ellas cayó Fernando Vargas, padre de Olin Hernando Vargas, mientras intentaba proteger la manta con la fotografía de su hijo un estudiante desaparecido desde 2024. Cayó con la fuerza de quien es empujado no solo por un cuerpo policial, sino por un Estado que insiste en criminalizar la búsqueda.

Y escuché la frase que tantas veces hemos repetido: “No somos delincuentes; somos madres buscadoras. Hacemos lo que no hace el Estado.”

La represión ocurrió horas antes del partido México–Ecuador. Para reprimir, miles de policías. Para buscar, casi nadie. Para la memoria, golpes. Para la exigencia de verdad, encapsulamiento. Esa desproporción no es casual: revela la jerarquía de prioridades del Estado. El fútbol merece protección; las madres que buscan a sus hijos, no. La represión no fue un accidente. Fue una decisión. Fue parte de un patrón que se repite en distintos estados del país: hostilidad, criminalización, violencia física y sexual contra madres buscadoras y acompañantes. Un patrón que intenta quebrar la búsqueda.

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“Soñar otro mundo es posible” se publica en el Estado Español

Junto con la Teia dos Povos (Tejido de los Pueblos) de Brasil, Radio Zapatista acaba de publicar en el Estado Español el libro

Soñar otro mundo es posible
Zapatismo, autonomía y el Tejido de los Pueblos

En el contexto de la crisis civilizatoria global, y como forma de imaginar y estimular la construcción de alternativas de vida, el libro recorre las diferentes áreas de la autonomía zapatista.

¿Cómo funciona el autogobierno, la justicia propia, la educación y la salud autónomas, la soberanía económica, la autodefensa, la comunicación? ¿Qué papel desempeñan las mujeres en la construcción de otros mundos posibles? ¿Y las artes y las ciencias? ¿En qué consisten los grandes cambios en curso en las estructuras de gobierno autónomo y en la propuesta del Común?

La intención del libro es aproximar al lector a la experiencia viva de la autonomía en territorio zapatista hoy.

Al mismo tiempo, el libro conecta la experiencia zapatista con la de la Teia dos Povos (Tejido de los Pueblos), esa gran articulación de movimientos indígenas, negros y populares del campo y la ciudad en Brasil, que comparte la visión de la autonomía radical como alternativa para la crisis global.

(Descarga el flyer en alta resolución aquí)

Escribe Bruno Baronnet:

Alejado del estilo periodístico o académico, este libro es una poderosa crónica de combates contemporáneos y, al mismo tiempo, una valiosa herramienta de formación intelectual y militante.

Con una prosa lúcida y vibrante, el libro nos ofrece un recorrido por las diferentes áreas de la autonomía zapatista en Chiapas. Por primera vez, un libro escudriña la construcción del Común desde los nuevos mecanismos de gobierno autónomo, contemplando tanto la educación como la salud autónomas, la soberanía económica, la autodefensa, el papel de la mujer y la función de las ciencias y las artes en el zapatismo. Al mismo tiempo, enriquece la mirada al conectar la construcción zapatista con la experiencia de esa gran red de comunidades, pueblos y organizaciones autonomistas llamada Teia dos Povos en Brasil.

Lo que el libro deja claro es que, en el contexto de la crisis civilizatoria global que vivimos, estas prácticas de autonomía integral resuenan mucho más allá de América Latina. A través del prisma de dos movimientos emblemáticos de México y Brasil, esta obra de referencia interpela nuestra capacidad de pensar y construir un mundo nuevo, aquí y ahora, mediante una articulación popular y radical de las luchas por la vida.

El libro, distribuido por la editorial Traficantes, está disponible en librerías en todo el Estado Español, y en línea en Traficantes.net.

Para más información, escríbenos a radiozapatista@protonmail.com

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“Sonhando a Terra do Bem Virá” se publica no Estado Espanhol

Junto com a Teia dos Povos, a Rádio Zapatista acaba de publicar no Estado Espanhol a versão ampliada, em espanhol, do livro Sonhando a Terra do Bem Virá, publicado originalmente no Brasil em 2025:

Soñar otro mundo es posible
Zapatismo, autonomía y el Tejido de los Pueblos

No contexto da crise civilizatória global, e como forma de imaginar e estimular a construção de alternativas de vida, o livro percorre as diferentes áreas da autonomia zapatista.

Como funcionam o autogoverno, a justiça própria, a educação e a saúde autônomas, a soberania econômica, a autodefesa e a comunicação? Qual é o papel das mulheres na construção de outros mundos possíveis? E das artes e das ciências? Em que consistem as grandes mudanças em curso nas estruturas de governo autônomo e na proposta do Comum?

A intenção do livro é aproximar o leitor da experiência viva da autonomia no território zapatista hoje.

Ao mesmo tempo, o livro conecta a experiência zapatista à da Teia dos Povos, essa grande articulação de movimentos indígenas, negros e populares do campo e da cidade no Brasil, que compartilha a visão da autonomia radical como alternativa para a crise global.

(Baixe o flyer em alta resolução aqui)

Escreve Bruno Baronnet:

Distante do estilo jornalístico ou acadêmico, este livro é uma poderosa crônica dos combates contemporâneos e, ao mesmo tempo, uma valiosa ferramenta de formação intelectual e militante.

Com uma prosa lúcida e vibrante, o livro nos oferece um percurso pelas diferentes áreas da autonomia zapatista em Chiapas. Pela primeira vez, uma obra examina a construção do Comum a partir dos novos mecanismos de governo autônomo, contemplando tanto a educação quanto a saúde autônomas, a soberania econômica, a autodefesa, o papel das mulheres e a função das ciências e das artes no zapatismo. Ao mesmo tempo, enriquece o olhar ao conectar a construção zapatista com a experiência dessa grande rede de comunidades, povos e organizações autonomistas chamada Teia dos Povos, no Brasil.

O que o livro deixa claro é que, no contexto da crise civilizatória global que vivemos, essas práticas de autonomia integral ressoam muito além da América Latina. Através do prisma de dois movimentos emblemáticos do México e do Brasil, esta obra de referência interpela nossa capacidade de pensar e construir um mundo novo, aqui e agora, por meio de uma articulação popular e radical das lutas pela vida.

O livro, distribuído pela editora Traficantes, está disponível em livrarias de todo o Estado Espanhol e também online em Traficantes.net.

Para mais informações, escreva para: radiozapatista@protonmail.com

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Se o México sabe, que o mundo saiba! Nossas lutas pela memória, a justiça e a dignidade

Nestes dias, que para alguns são de celebração e euforia nacional, aqueles que há décadas resistem, caminham e levantam a voz nos mostraram — como bem nos dizem Camila, Berenice e todxs aquellxs que têm marchado nestes dias — a verdade mais dura: se aqueles que buscam se cansam, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro. O México ainda é isto: dor, individualismo, consumismo e violência, mas também pessoas, coletivos e comunidades que, apesar de tudo, continuamos acreditando que outra vida é possível.

A Copa do Mundo da festa, mas também da dor e da dignidade

Camila Zárraga

O problema muitas vezes não é a falta de solidariedade. Muitas vezes é o medo. É a covardia com que muitas pessoas aprenderam a viver. E, sinceramente, me incomodam as mensagens que dizem que eu tenho um valor que os outros não têm. Não é porque eu não entenda; eu entendo o suficiente. Mas também estou cansada. Porque eu não sou uma super-heroína, não sou diferente do resto. Continuo sendo uma pessoa que marcha, fala, chora, erra e sente medo. A verdadeira coragem é outra coisa. A verdadeira coragem é levantar todos os dias sabendo que dois dos momentos mais importantes da sua vida foram o nascimento do seu filho e o desaparecimento dele. A verdadeira coragem é continuar ensinando porque você ama seu trabalho, mesmo sem receber o suficiente para fazê-lo com dignidade.

Perdi a conta das vezes em que tive que sair da aula para comprar um marcador para que a aula pudesse continuar, porque simplesmente não havia orçamento. E, ainda assim, pela primeira vez em dezoito anos, eu amei a educação. Eu amei as pessoas com quem estudo e com quem compartilho a vida. Eu prefiro mil vezes uma escola pública a uma privada. Não pela educação em si, porque muitas vezes a educação pública também tem problemas enormes. Eu a prefiro pelas pessoas. Porque se amanhã eu me tornar uma das dezenas de pessoas que desaparecem diariamente neste país, muitos dos meus antigos colegas diriam que eu procurei isso por ser revoltosa. Em contrapartida, a família que construí aqui, o carinho que encontrei em pessoas com quem jamais imaginei cruzar meu caminho, moveria céu e terra para me encontrar.

É triste ver pessoas que se acham ricas quando os verdadeiramente ricos nem sequer as consideram suas iguais. É triste vê-las brigando por uma Copa do Mundo enquanto neste país seguimos contando desaparecidos. É triste admirar pessoas por sua trajetória e depois vê-las celebrar enquanto, do outro lado, pessoas eram espancadas, detidas e humilhadas por exigir justiça. Também é triste ver como o trabalhador que deveria te proteger acaba protegendo os interesses de quem o explora.

No caminho até o estádio vi a polícia avançando. E foi triste vê-los porque também são trabalhadores. Mas são trabalhadores que podem espancar, torturar ou até matar. Me perdoem, mas por algo existe a frase: “polícia com consciência atira em si mesmo”. Às vezes me pergunto como conseguem dormir. Como conseguem abraçar suas mães depois de terem humilhado outras mães que apenas exigiam que fizessem seu trabalho. Um trabalho que eu e você pagamos com nossos impostos. Um trabalho que deveria evitar que existissem as mães buscadoras. Porque não é normal que elas existam. Não é normal admirá-las. Não é normal que haja mulheres atravessando desertos, valas comuns e estradas em busca de seus filhos. São pessoas de quem tiraram alguém que amavam: um filho, uma filha, um irmão, uma mãe, um pai. São a consequência de uma violência que permitimos que se tornasse normal.

E, ainda assim, isso também é o México.

O México é celebrar com nossos mortos e ao mesmo tempo chorá-los. É lembrá-los em um altar enquanto ainda os buscamos. É ver jovens que, apesar de todas as dificuldades, conseguem acessar a educação pública e se organizar para defender a vida, a memória e a dignidade.

Por isso foi tão significativo marchar e fechar a Avenida de Tlalpan junto com eles. É algo pelo qual sempre vou ser grata. A recepção que nos deram foi uma das coisas mais bonitas que já vivi. Ver seus rostos cheios de emoção, esperança e convicção foi inspirador. E essa emoção está começando a voltar à minha universidade. Aos poucos, companheiras e companheiros estão recuperando sonhos e esperanças que durante anos nos foram tirados. Aos poucos voltamos a acreditar que podemos construir algo melhor. E vamos continuar lutando para que um dia a Universidade Autônoma do Estado de Morelos esteja à altura das grandes universidades públicas do país, não pelo prestígio, mas pela organização, participação e comunidade. Se você precisa de ajuda para organizar uma marcha, uma denúncia ou uma greve, procure seus irmãos e irmãs do Politécnico. Certamente encontrará uma mão estendida. Se você precisa de apoio de quem está apenas começando a se organizar e defender sua universidade, procure a UAEM. Com prazer caminharemos com você. Porque esse caminho está cheio de repressão, violência, desigualdade, humilhações e promessas vazias. Mas também está cheio de algo mais importante: pessoas que, apesar de tudo, ainda acreditam que outro país é possível.

Registro visual: Mães buscadoras, 10/06/2026, imediações do Estádio Azteca.

Onde a justiça não entra, nós entramos

A. Berenice González Marín

Meu nome é Berenice. Às vezes penso que minha vida foi se construindo entre buscas: as que acompanho de fora e as que me atravessaram por dentro. Antes de me integrar à coletividade de acompanhamento a mães buscadoras e a famílias de vítimas de feminicídio, Existimos porque Resistimos, eu já havia percorrido esse território com minha própria mãe, entre 2017 e 2018, quando buscávamos minha irmã e meus sobrinhos. Desde então entendi que o desaparecimento não é um fato isolado: é uma forma de vida, uma maneira de se sustentar quando o mundo se rompe.

Meus estudos em humanidades nasceram do desejo de compreender as desigualdades e violências com as quais cresci, mas também da necessidade urgente de aprender a resisti-las conscientemente. A academia chegou depois, como ferramenta; mas a formação verdadeira, aquela que fica no corpo, veio das ruas. Nos últimos dez anos aprendi mais em acampamentos e protestos do que em seminários; mais nas promotorias do que nas bibliotecas; mais ouvindo uma mãe narrar a vida de sua filha enquanto esperamos que alguma instituição nos receba do que em qualquer aula sobre teoria do Estado.

Acompanhar significa estar quando se ocupam as ruas, quando se fecham avenidas, quando se erguem faixas diante de prédios que parecem surdos. Significa caminhar juntas até uma promotoria que promete nos receber “em um momento” e nos deixa esperando horas. Significa sustentar o olhar quando uma mãe abre o processo de investigação e encontra mais carimbos do que respostas. Significa ouvir, repetidas vezes, histórias que deveriam estremecer o país inteiro, mas que muitas vezes só comovem quem já está quebrado.

Nesse 11 de junho de 2026, enquanto o país olhava para o Estádio Azteca como se ali começasse algo novo, algumas de nós chegamos de outro lugar: de anos de buscas, de promotorias, de ruas ocupadas, de histórias que não cabem em nenhuma celebração. Onde a justiça não entra, nós entramos — e esse dia não foi exceção. A inauguração da Copa do Mundo prometia espetáculo, e ele existiu para alguns; para outras e outros mostrou, embora quase não tenha aparecido na mídia, a forma como o Estado encapsula a memória. Entre grades, bloqueios e filtros impossíveis para as mães buscadoras, uma mãe de vítima e eu conseguimos avançar pelas frestas do dispositivo de segurança, nos infiltrando com a teimosia de quem sabe que a ausência também merece um lugar no centro da festa, ainda que naquele momento não tivéssemos plena consciência disso. Porque, apesar da experiência nas ruas, ainda somos estranhas à lógica do Estado sobre quem pode entrar, como e de onde, especialmente em um evento como a Copa do Mundo.

Não é difícil chegar ao Estádio Azteca. Desde cedo, os arredores se enchem de vendedores que organizam camisas e apitos de plástico. O clima já cheira a festa antes mesmo de começar. Mas naquele dia eu não ia para a celebração: tinha marcado encontro na Paloma de la Paz com a mãe de uma vítima de feminicídio. Combinamos de nos encontrar às 6h30 da manhã para pegar um desses carros particulares que, por sessenta pesos, levam até a Cidade do México. Para mim parecia tarde para um dia que prometia caos, mas entendi seus tempos, suas responsabilidades e seu orçamento.

Ao entrar no carro, ela começou a conversar com outro passageiro e com os donos do veículo. Não era conversa casual: estava testando o terreno, tentando entender o panorama. Ao chegar à praça de pedágio, soubemos que havia bloqueios para identificar quem iria protestar. Senti inquietação, uma mistura de alerta e incerteza. O pior que poderia acontecer era ser detida por carregar uma faixa de desaparecidxs e ela seguir sozinha. Legalmente não podiam nos impedir de passar, mas podiam nos reter por horas “por segurança”, como costumam justificar.

Isso não aconteceu. Estavam apenas parando ônibus. Felizmente eu estava em um carro particular.

Os jovens com quem viajávamos no veículo, gentis, deram várias rotas possíveis para chegar ao estádio sem cair em manifestações ou bloqueios. Eu, mais dispersa, tentava entrar em contato com outras mães buscadoras, mas não conseguia falar com ninguém. Então decidimos seguir as recomendações.

Ainda assim, fizemos uma parada na Cidade Universitária, onde havia sido anunciado um ponto de encontro de mães buscadoras. Chegamos e não havia sinal delas. A segurança insistia que haveria uma concentração, mas não vimos ninguém. Sem pensar muito, pegamos transporte público rumo ao Estádio Azteca.

No trajeto vimos várias opções para chegar. Uma van oferecia o trajeto de CU ao estádio por 150 pesos, quando normalmente a passagem custa sete. Esse espaço estava cheio de estrangeiros. A mãe observou a cena, escolheu a pessoa em quem mais confiou e se aproximou. Explicou que precisava chegar ao estádio porque era mãe de uma vítima. Não foi a única vez que fez isso. Poucos se negaram a ajudar; a maioria deu orientações precisas: onde estavam encapsulando as mães, por quais acessos poderíamos avançar sem sermos barradas, qual transporte pegar, onde descer, como nos misturarmos na multidão para não chamar atenção.

Alguns até nos deram conselhos caso a autoridade se tornasse violenta e explicaram o que era ou não legalmente permitido impedir. Era uma mistura estranha: de um lado, o país do espetáculo; do outro, o país que sobrevive compartilhando rotas, alertas e estratégias para contornar a violência institucional.

Enquanto isso, ao nosso redor, famílias inteiras avançavam com passos leves, como se a emoção marcasse o ritmo. Havia risos, selfies, crianças com o rosto pintado. Tudo parecia feito para que a festa começasse antes mesmo dos portões. Nós, ao contrário, avançávamos com outra urgência: chegar sem ser detidas, sem ser encapsuladas, sem que a memória fosse expulsa do perímetro do estádio.

E chegamos. Só percebemos quando já estávamos a poucos metros da entrada. Passamos por cada filtro sem sermos barradas, recebemos a recepção sem entender, e de repente nos perguntamos: é aqui? Este é o último bloqueio? Onde estão as mães, onde estão os povos em luta? Por um momento pensamos que talvez só restasse voltar.

Abrimos a faixa dos desaparecidos e a foto da filha da minha companheira. Éramos duas diante de milhares que vinham celebrar a Copa e diante de um dispositivo de segurança que não esperava nos ver ali. Caminhamos alguns metros com a intenção de seguir em direção a Taxqueña para voltar. Íamos no sentido contrário ao desfile de inauguração. A cena era irreal: um México sem feminicídios nem desaparecimentos, sem dor, sem corpos nos Semefo nem em valas clandestinas. Um país que mostrava seu rosto mais bonito enquanto ignorava a violência.

Vimos vários meios de comunicação. Em um momento, a mãe me disse para erguer a faixa e ficar atrás dos repórteres. Hesitei no início. Até que deixou de ser sugestão e virou decisão. Abrimos a faixa e nos colocamos atrás de cada repórter que encontramos. Alguns pararam para nos entrevistar; outros se afastaram para não mostrar esse lado do país.

O que mais me surpreendeu foi o apoio dos torcedores. Eles nos acolhiam quando a segurança nos cercava ou nos seguia. Diziam: “companheiras, estamos com vocês”. Esse apoio inesperado nos acompanhou até sairmos do perímetro do Estádio Azteca, um espaço ao qual milhares de mães não puderam chegar naquele dia.

No caminho encontramos um grupo de resistência, jovens entre quinze e vinte anos, que nos convidaram a nos unir à marcha deles. Senti novamente esse apoio que nasce de baixo, de quem entende que o desaparecimento não é um tema distante. Embora fôssemos apenas nós duas em representação das mães buscadoras, as palavras de ordem se centravam na luta contra o desaparecimento.

Os meios de comunicação voltaram a nos abordar. Em certo momento, aproximou-se o secretário de Cultura. Disse que não poderíamos avançar além da primeira barreira, mas que, se quiséssemos fazê-lo como mães buscadoras, eles nos apoiariam. A proposta parecia irreal. Tínhamos acabado de sair do estádio sem dificuldade, com nossa faixa e a foto de uma vítima, e agora surgiam obstáculos e “apoio”. Não era que não fosse possível entrar: já tínhamos entrado. Era que não queriam que avançássemos visíveis como buscadoras.

Ainda assim, depois de tudo, o que fica não é o barulho do estádio nem a sombra das grades. O que fica é a força dessas mãos que seguram fotografias como se segurassem o mundo inteiro. O que fica é o tremor de uma mãe que não desiste. O que fica é esse passo firme, quase silencioso, que insiste em avançar mesmo quando tudo foi feito para deter.

Porque em um país que tenta se acostumar com a dor, elas continuam lembrando que a vida que falta não se esquece. Que cada nome é um batimento. Que cada ausência é um chamado. Que cada busca é uma forma de amor que não conhece fronteiras.

E talvez por isso doa tanto e, ao mesmo tempo, sustente: porque enquanto elas continuarem caminhando, este país ainda tem a chance de se olhar de frente. Enquanto continuarem nomeando, a verdade não poderá ser enterrada. Enquanto continuarem buscando, a esperança não será um luxo, mas uma tarefa.

Naquele dia, 11 de junho de 2026, entendi que a memória não é passado: é um pulso presente que obriga a não desistir. Em um país onde a violência vira paisagem e a impunidade se normaliza, a memória é a única coisa que não podemos soltar. É a respiração que persiste quando tudo parece feito para que esqueçamos.

No fim, o que fica é reconhecer algo que este país evita dizer: a vida pública funciona porque aquelas que mais sofreram continuam se movendo. Não é heroísmo; é necessidade. Não é épico; é sobrevivência. E enquanto o Estado administra a violência como rotina, são as famílias que carregam o trabalho que as instituições não fazem.

Esse dia deixou claro para mim que a memória não é gesto simbólico nem moral: é uma obrigação imposta pela realidade. Se ela não se sustenta, tudo desmorona mais rápido. E no México, a busca não continua porque haja justiça, mas porque não há outra opção. Porque se as mães param, ninguém mais fará.

Não somos poucas diante do desaparecimento e do feminicídio. Somos aquelas que veem o que outros preferem ignorar. Somos aquelas que não podem se dar ao luxo de esquecer. Somos aquelas que sustentam o que resta do país enquanto, no alto, se distribuem versões oficiais que não explicam nada. E essa é a verdade mais dura: se quem busca se cansa, este país fica sem memória, sem rumo e sem futuro.

Manifestação de mães buscadoras e coletivos solidários nas proximidades do Estádio Azteca, 11/06/2026

Pronunciamento mães buscadoras 10/06/2026

A luta do magistério

No mundo atual, tudo o que se move e tudo o que está parado transmite alguma mensagem comercial. Todo jogador de futebol deve ser um outdoor publicitário ambulante, incentivando o público a consumir produtos, mas a FIFA proíbe que os jogadores portem mensagens que incentivem a solidariedade social, o que é expressamente vetado… (E. Galeano, 2017)

A Memória, a Justiça e a Dignidade não compareceram à inauguração oficial da Copa do Mundo no Estádio Azteca. Sua entrada foi negada por serem consideradas “terroristas” e por questões de “segurança nacional”. Dentro do estádio, ninguém perguntou por elas, não as mencionaram; possivelmente poucas pessoas as conheciam. Mas elas estiveram presentes nas mobilizações das mães buscadoras e também nos diferentes percursos dos professores da CNTE, que há 15 dias chegaram à Cidade do México para se somar à protesto nacional e fazer ecoar sua voz e a de milhares de outros professores.

Professores da CNTE a caminho do Estádio Azteca. 11/06/2026

Discurso professoras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junho 2026

radio
Radio Zapatista

¡Si lo sabe México que lo sepa el mundo! Nuestras luchas por la memoria, la justicia y la dignidad.

Em português aqui.

En estos para algunxs días de júbilo y euforia nacional, quienes desde hace décadas resisten, caminan y alzan la voz nos han mostrado -como bien nos dicen Camila, Berenice y todxs aquellxs que han marchado estos días- la verdad más dura: si quienes buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro. México aún sigue siendo esto: dolor, individualismo, consumismo y violencia, pero también personas, colectividades y comunidades que a pesar de todo seguimos creyendo que otra vida es posible.

El mundial de la fiesta, pero también del dolor y la dignidad

Camila Zárraga

El problema muchas veces no es la falta de solidaridad. Muchas veces es el miedo. Es la cobardía con la que muchas personas han aprendido a vivir. Y, sinceramente, me resultan incómodos los mensajes que dicen que tengo un valor que los demás no tienen. No es porque no entienda; entiendo lo suficiente. Pero también estoy cansada. Porque no soy una superheroína, no soy diferente al resto. Sigo siendo una persona que marcha, habla, llora, se equivoca y tiene miedo. La verdadera valentía es otra cosa. La verdadera valentía es levantarse todos los días sabiendo que dos de los momentos más importantes de tu vida fueron el nacimiento de tu hijo y la desaparición de éste. La verdadera valentía es seguir enseñando porque amas tu trabajo, aunque no recibas lo suficiente para continuar haciéndolo dignamente. Perdí la cuenta de las veces que tuve que salir de clase para comprar un plumón y que la clase pudiera continuar porque simplemente no había presupuesto. Y, sin embargo, por primera vez en dieciocho años amé la educación. Amé a la gente con la que estudio y comparto la vida. Prefiero mil veces una escuela pública a una privada. No por la educación, porque muchas veces la educación pública también tiene problemas enormes. La prefiero por la gente. Porque si mañana me convierto en una de las decenas de personas que desaparecen diariamente en este país, muchos de mis antiguos compañeros dirían que me lo busqué por revoltosa. En cambio, la familia que construí aquí, el cariño que encontré en personas con las que jamás imaginé cruzar mi camino, movería cielo, mar y tierra para encontrarme. Es triste ver a personas que se creen ricas cuando los verdaderamente ricos ni siquiera las consideran sus iguales. Es triste verlas peleándose por un Mundial mientras en este país seguimos contando desaparecidos. Es triste admirar a personas por su trayectoria y después verlas celebrar mientras del otro lado golpeaban, detenían y humillaban a quienes salían a exigir justicia. También es triste ver cómo el obrero que debería cuidarte termina cuidando los intereses de quienes lo explotan. En el camino hacia el estadio vi avanzar a los policías. Y fue triste verlos porque también son trabajadores. Pero son trabajadores que pueden golpear, torturar o incluso matar. Perdónenme, pero por algo existe la frase: “policía con conciencia se tira un tiro”. A veces me pregunto cómo logran dormir. Cómo logran abrazar a sus madres después de haber humillado a otras madres que únicamente exigían que hicieran su trabajo. Un trabajo que tú y yo pagamos con nuestros impuestos. Un trabajo que debería evitar que existieran las madres buscadoras. Porque no es normal que existan. No es normal admirarlas. No es normal que haya mujeres recorriendo desiertos, fosas y carreteras buscando a sus hijos. Son personas a las que les arrebataron a alguien que amaban: un hijo, una hija, un hermano, una madre, un padre. Son la consecuencia de una violencia que hemos permitido normalizar.

Y, aún así, eso también es México.

México es celebrar con nuestros muertos y llorarles al mismo tiempo. Es recordarlos en una ofrenda mientras seguimos buscándolos. Es ver a jóvenes que, pese a todas las dificultades, logran acceder a una educación pública y se organizan para defender la vida, la memoria y la dignidad.

Por eso fue tan significativo marchar y cerrar Tlalpan junto a ellos. Es algo que siempre voy a agradecer. El recibimiento que nos dieron fue de las cosas más bonitas que he vivido. Ver sus rostros llenos de emoción, de esperanza y de convicción fue inspirador. Y esa emoción también empieza a regresar a mi universidad. Poco a poco, compañeras y compañeros recuperan sueños y esperanzas que durante años nos fueron arrebatados. Poco a poco volvemos a creer que podemos construir algo mejor. Y vamos a seguir luchando para que algún día la Universidad Autónoma del Estado de Morelos esté a la altura de las grandes universidades públicas del país, no por prestigio, sino por organización, participación y comunidad. Si necesitas ayuda para organizar una marcha, una denuncia o un paro, acércate a tus hermanos y hermanas del Poli. Seguramente encontrarás una mano extendida. Si necesitas acompañamiento de quienes apenas comienzan a organizarse y a defender su universidad, acércate a la UAEM. Con gusto caminaremos contigo. Porque este camino está lleno de represión, violencia, desigualdad, humillaciones y atoles con el dedo. Pero también está lleno de algo más importante: personas que, a pesar de todo, siguen creyendo que otro país es posible.

Registro visual Madres buscadoras 10/06/2026 inmediación del estadio Azteca:

Donde no entra la justicia, entramos Nosotras

A.Berenice González Marín

Mi nombre es Berenice. A veces pienso que mi vida se ha ido armando entre búsquedas: las que acompaño desde afuera y las que me atravesaron desde adentro. Antes de integrarme a la colectividad de acompañamiento a madres buscadoras y a familias de víctimas de feminicidio, Existimos porque Resistimos, ya había recorrido ese territorio con mi propia madre, entre 2017 y 2018, cuando buscábamos a mi hermana y a mis sobrinos. Desde entonces entendí que la desaparición no es un hecho aislado: es un modo de respirar, una forma de sostenerse cuando el mundo se rompe.

Mis estudios en humanidades nacieron del deseo de comprender las desigualdades y violencias con las que crecí, pero también de la necesidad urgente de aprender a resistirlas conscientemente. La academia llegó después, como una herramienta; pero la formación verdadera, la que se queda en el cuerpo, vino de las calles. En los últimos diez años he aprendido más en los plantones que en los seminarios; más en las fiscalías que en las bibliotecas; más escuchando a una madre narrar la vida de su hija mientras esperamos que alguna institución nos reciba, que en cualquier clase sobre teoría del Estado.

Acompañar significa estar cuando se toman las calles, cuando se cierran avenidas, cuando se levantan mantas frente a edificios que parecen sordos. Significa caminar juntas hacia una fiscalía que promete recibirnos “en un momento” y nos deja esperando horas. Significa sostener la mirada cuando una madre abre la carpeta de investigación y encuentra más sellos que respuestas. Significa escuchar, una y otra vez, historias que deberían estremecer al país entero, pero que muchas veces solo conmueven a quienes ya están rotas.

Ese 11 de junio de 2026, mientras el país miraba hacia el Estadio Azteca como si ahí comenzara algo nuevo, algunas llegamos desde otro lugar: desde años de búsquedas, de fiscalías, de calles tomadas, de historias que no caben en ningún festejo. Donde no entra la justicia, entramos nosotras, y ese día no fue la excepción. La inauguración del Mundial prometía espectáculo, y lo hubo para unos cuantos, para otras y otros mostró, y que casi no apareció en los medios, la fuerza con la que el Estado encapsula la memoria. Entre vallas, cierres y filtros imposibles para las madres buscadoras, una madre de víctima y yo logramos avanzar por las grietas del dispositivo de seguridad, filtrándonos con la terquedad de quienes saben que la ausencia también merece un lugar en el centro de la fiesta, aunque en ese momento no lo entendiéramos del todo. Porque, a pesar de la experiencia en las calles, seguimos siendo ajenas a la lógica del Estado sobre quién puede entrar, cómo y desde dónde, especialmente en un evento como el Mundial.

No es difícil llegar al Estadio Azteca. Desde temprano, los alrededores se llenan de vendedores que acomodan camisetas y trompetas de plástico. El ambiente ya huele a fiesta antes de que empiece. Pero ese día, yo no iba hacia la celebración: me había quedado de ver en Paloma de la Paz con la mamá de una víctima de feminicidio. Acordamos encontrarnos a las 6:30 de la mañana para tomar uno de esos carros particulares que, por sesenta pesos, te llevan a la Ciudad de México. A mí me parecía tarde para un día que prometía caos, pero entendí sus tiempos, sus responsabilidades y su presupuesto.

Al subir al carro, ella comenzó a conversar con otro pasajero y con los dueños del vehículo. No era charla casual: estaba tanteando el terreno, tratando de entender el panorama. Al llegar a la caseta nos enteramos de que estaban haciendo retenes para identificar a quienes iban a protestar. Sentí un poco de inquietud, una mezcla de incertidumbre y alerta. Lo peor que podía pasar era que me detuvieran por llevar una manta de desaparecidos y que ella avanzara sola. Legalmente no podían impedirnos el paso, pero sí podían retenernos durante horas “por seguridad”, como suelen justificarlo.

Eso no ocurrió. Solo estaban deteniendo autobuses. Afortunadamente, yo iba en un carro particular.

Los jóvenes con los que íbanos en el vehículo, amables, le dieron varias rutas posibles para llegar al estadio sin quedar atrapadas en las manifestaciones o en los cierres. Yo, más dispersa, intentaba contactar a otras madres buscadoras, pero no lograba comunicarme con nadie. Así que decidimos seguir las recomendaciones que nos habían dado.

Aun así, hicimos una parada en Ciudad Universitaria, donde se había anunciado que habría un punto de reunión para madres buscadoras. Llegamos y no había señal de ellas. El personal de seguridad insistía en que estaban esperando una concentración, pero no vimos a nadie. Sin darle demasiadas vueltas, tomamos transporte público rumbo al Estadio Azteca.

En el trayecto vimos varias opciones para llegar. Una camioneta ofrecía llevarte de CU al estadio por 150 pesos, cuando normalmente el pasaje cuesta siete pesos. Ese espacio estaba lleno de extranjeros. La mamá observó la escena, eligió a la persona que le inspiró más confianza y se acercó. Le explicó que necesitaba llegar al estadio porque era madre de una víctima. No fue la única vez que lo hizo. Pocos se negaron a ayudarla; la mayoría le respondió con indicaciones precisas: dónde estaban encapsulando a las madres, por qué accesos podíamos avanzar sin que la seguridad nos detuviera, qué transporte tomar, en qué punto bajarnos, cómo mezclarnos entre la multitud para no llamar la atención.

Algunos incluso nos dieron consejos por si la autoridad se ponía violenta y hasta nos explicaron qué podían y qué no podían legalmente impedirnos. Era una mezcla extraña: por un lado, el país del espectáculo; por el otro, el país que sobrevive compartiendo rutas, advertencias y estrategias para sortear la violencia institucional.

Mientras tanto, alrededor nuestro, familias enteras avanzaban con paso ligero, como si la emoción les marcara el ritmo. Había risas, selfies, niños con la cara pintada. Todo parecía diseñado para que la fiesta empezara antes de cruzar los torniquetes. Nosotras, en cambio, avanzábamos con otra urgencia: llegar sin ser detenidas, sin ser encapsuladas, sin que la memoria fuera expulsada del perímetro del estadio.

Y llegamos. No nos dimos cuenta del todo hasta que estábamos a escasos metros de la entrada. Pasamos cada filtro sin que nadie nos detuviera, recibimos la bienvenida sin entenderla, y de pronto nos preguntamos: ¿es aquí? ¿Este es el último filtro? ¿Dónde están las madres, dónde están los pueblos que luchan? Por un momento pensamos que ya solo quedaba regresarnos.

Sacamos la lona de desaparecidos y la foto de la hija de mi compañera. Éramos dos frente a miles que venían a celebrar el Mundial y frente a un dispositivo de seguridad que no esperaba vernos ahí. Caminamos unos metros con la idea de dirigirnos hacia Taxqueña para volver a nuestro estado. Íbamos en sentido contrario al desfile de inauguración. La escena era irreal: un México sin feminicidios ni desapariciones, un México sin dolor, sin cuerpos descompuestos en SEMEFOS ni fosas. Un país que mostraba su rostro más bonito mientras ignoraba cómo duele el corazón por la violencia.

Vimos a varios medios de comunicación. Escuché dos veces que la mamá me decía que sacara la lona y me colocara detrás de los reporteros. La escuché, pero no me atreví al principio. Hasta que sus palabras dejaron de ser sugerencia y se volvieron decisión. Sacamos la manta y nos colocamos detrás de cada reportero que encontramos. Algunos se detuvieron a entrevistarnos; otros se alejaron para no mostrar ese lado del país.

Lo que más me sorprendió fue el apoyo de los aficionados. Nos acuerparon cuando la seguridad nos rodeó o nos siguió. Nos decían: “Compañeras, estamos con ustedes.” Ese respaldo inesperado nos acompañó hasta salir del perímetro del Estadio Azteca, un espacio al que miles de madres no pudieron llegar ese día.

En el camino nos encontramos con un grupo de resistencia, jóvenes de entre quince y veinte años, que nos invitaron a unirnos a su marcha y a regresar hacia el lugar del que nosotras veníamos. Sentí nuevamente ese apoyo que nace desde abajo, desde quienes entienden que la desaparición no es un tema ajeno. Aunque solo íbamos nosotras dos en representación de las madres buscadoras, las consignas y las exigencias se centraron en la lucha contra la desaparición.

Los medios volvieron a detenernos para entrevistas. En algún momento se acercó el secretario de Cultura. Nos dijo que no podíamos avanzar más allá de la primera valla, pero que, si queríamos hacerlo como madres buscadoras, ellos nos respaldaban. La oferta me pareció irreal. Acabábamos de salir del estadio sin mayor dificultad, con nuestra lona de desaparecidos y la foto de la hija asesinada de mi compañera, y ahora aparecían obstáculos… y ofrecimientos de apoyo. Ante un muro o vaya que antes no fue obstáculo. Era evidente: no era que no se pudiera acceder al estadio, porque ya habíamos estado ahí. Era que no querían que avanzáramos visibles como buscadoras, como resistencia.

Aun así, después de todo, lo que queda no es el ruido del estadio ni la sombra de las vallas. Lo que queda es la fuerza de esas manos que sostienen fotografías como si sostuvieran el mundo entero. Lo que queda es el temblor suave de una madre que no se rinde, aunque el país entero parezca cansado de escucharla. Lo que queda es ese paso firme, casi silencioso, que insiste en avanzar incluso cuando todo está hecho para detenerla.

Porque en un país que intenta acostumbrarse al dolor, ellas siguen recordándonos que la vida que falta no se olvida. Que cada nombre es un latido. Que cada ausencia es un llamado. Que cada búsqueda es una forma de amor que no conoce frontera.

Y quizá por eso duele tanto y al mismo tiempo sostiene: porque mientras ellas sigan caminando, este país todavía tiene una oportunidad de mirarse de frente. Mientras ellas sigan nombrando, la verdad no podrá ser enterrada. Mientras ellas sigan buscando, la esperanza no será un lujo, sino una tarea.

Ese día, el 11 de junio de 2026, entendí que la memoria no es un acto del pasado: es un pulso presente, vivo, que nos obliga a no rendirnos. En un país donde la violencia se vuelve paisaje y la impunidad se normaliza, la memoria es lo único a lo que no podemos, y no debemos, soltar. Es la respiración que persiste cuando todo alrededor parece diseñado para que olvidemos. Incluso esos uniformados que se olvidan a sí mismos, son parte del mismo pueblo, y que el gobierno los  ha sido convertido en mercancía para sostener la violencia.

Al final, lo que queda es reconocer algo que este país evita decir: aquí no se trata de voluntad institucional ni de discursos de paz. Se trata de que la vida pública funciona porque quienes han sido más golpeadas siguen moviéndose, aunque nadie las respalde. No es heroísmo; es necesidad. No es épica; es supervivencia. Y mientras el Estado administra la violencia como rutina, son las familias, las mismas que deberían estar protegidas, quienes cargan con el trabajo que las instituciones no hacen.

Ese día me dejó claro que la memoria no es un gesto simbólico ni un acto moral. Es una obligación impuesta por la realidad. Si no se sostiene, todo se hunde más rápido. Y aunque duela admitirlo, en México la búsqueda no continúa porque haya justicia, sino porque no hay otra opción. Porque si las madres se detienen, nadie más va a hacerlo.

No somos pocas las marginales ante la desaparición y feminicidios. Somos quienes vemos lo que otros prefieren ignorar. Somos quienes no pueden darse el lujo de olvidar. Somos quienes sostienen lo que queda del país mientras arriba se reparten versiones oficiales que no alcanzan para explicar nada. Y esa es la verdad más dura: si las que buscan se cansan, este país se queda sin memoria, sin rumbo y sin futuro.

Manifestación de madres buscadoras y colectivos solidarios en las cercanías del estadio Azteca 11/06/2026

Pronunciamiento madres buscadoras 10/06/2026

La lucha del magisterio.

En el mundo actual, todo lo que se mueve y todo lo que está quieto transmite algún mensaje comercial. Cada jugador de fútbol debe ser una cartelera publicitaria en movimiento, aconsejando al público consumir productos, pero la FIFA prohíbe que los jugadores porten mensajes que aconsejen la solidaridad social, lo que está expresamente vetado… (E. Galeano, 2017)

La Memoria, la Justicia y Dignidad no acudieron a la inauguración oficial del mundial en el estadio azteca. Se les negó la entrada por ser considerados “terroristas” y por cuestiones de “seguridad nacional”. Al interior del estadio nadie preguntó por ellos, no les nombraron, posiblemente pocxs los conocían. Pero sí estuvieron presentes en las movilizaciones de las madres buscadoras y también en los distintos recorridos de los maestrxs de la CNTE, quienes desde hace 15 días arribaron a la CDMX para sumarse a la protesta nacional y hacer escuchar su voz y la de miles de maestrxs más.

Maestros de la CNTE rumbo al estadio Azteca. 11/06/2026

Discurso maestras CNTE 11/06/2026

CDMX 15 de Junio 2026