Radio Zapatista
Día 2 – Semillero “Guerra contra la Humanidad”
Día 2 del Semillero “Guerra contra la Humanidad”
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
21 de julio de 2026
Cideci / Universidad de la Tierra, Chiapas
Este segundo día del Semillero “Guerra contra la Humanidad” reunió las reflexiones de la periodista independiente y docente del ITESO Alejandra Guillén González, con la presentación “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”; del historiador e investigador Ilán Semo, que habló sobre “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”; del etnólogo Mauricio González González, con la ponencia “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”; y del politólogo y maestro en medio ambiente Pablo Montaño, con plática sobre “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”. El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, y al finalizar el día interpeló a los dos últimos con algunas preguntas.
Son reflexiones desde diferentes ángulos que nos ayudan no sólo a enteder algunas de las diversas formas en que el Estado capitalista en general, y el mexicano en particular, devastan territorios y sociedades, sino también a vislumbrar la esperanza en las muchas formas de resistencia y construcción de otras realidades desde abajo.
Resumimos aquí las ponencias, y ofrecemos a los lectores los originales en audio y sus transcripciones completas en texto.
Alejandra Guillén – “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”
Texto de la ponencia completa aquí.
Alejandra Guillén analizó cómo las desapariciones y el reclutamiento forzado forman parte de una estrategia de acumulación de capital ligada a la expansión de corporaciones criminales, en complicidad con intereses económicos y estatales. A partir del caso de Jorge, desaparecido en 2012 en Jalisco, sostiene que desde esos años comenzó un modelo de esclavitud y leva destinado a formar ejércitos para controlar territorios, proteger negocios legales e ilegales y facilitar el despojo de recursos naturales.
La autora explica que esta violencia no puede entenderse de manera aislada. La desaparición de personas, el desplazamiento forzado, la devastación ambiental y el saqueo de bosques, minas y tierras responden a una misma lógica. En regiones como Jalisco, Michoacán y la Sierra Madre Occidental, la destrucción de comunidades campesinas e indígenas ha ido acompañada del avance de megaproyectos, monocultivos y economías criminales. El objetivo es vaciar los territorios para ejercer un control total sobre ellos.
Guillén describe el funcionamiento del reclutamiento forzado: mediante engaños, falsas ofertas de empleo, detenciones arbitrarias o amenazas, miles de jóvenes son llevados a centros de entrenamiento donde son sometidos a violencia extrema para convertirlos en integrantes de grupos armados. Quienes sobreviven son enviados a distintos estados donde continúan las disputas territoriales. Esta maquinaria requiere transformar a las víctimas en victimarios para garantizar el dominio y la expansión del negocio criminal.
Guillén subrayó también el papel fundamental de las madres buscadoras, quienes han revelado la magnitud del fenómeno, documentado centros de reclutamiento y obligado al país a mirar una realidad que durante años permaneció oculta. Gracias a su trabajo se han conocido testimonios y evidencias que permiten comprender mejor la estructura de estas redes.
Frente a este panorama, Guillén identifica espacios de resistencia. Destaca comunidades como Ostula, Cherán y diversos pueblos wixaritari, donde la organización comunitaria, la defensa del territorio, la vida espiritual y el vínculo con la naturaleza han dificultado el avance de estas formas de dominación. Recupera además las voces de docentes y habitantes indígenas que afirman que la protección del territorio y la relación con la Madre Tierra son inseparables del cuidado de la vida y de las nuevas generaciones.
Guillén concluye que la desaparición de personas, la guerra contra las comunidades y la devastación ambiental forman parte de un mismo proceso de despojo. Ante ello, plantea que las enseñanzas de las madres buscadoras y de los pueblos organizados muestran que aún existen grietas de resistencia. El desafío es impedir que continúe el reclutamiento y la desaparición de más personas, fortalecer la defensa comunitaria del territorio y evitar que la violencia tenga la última palabra.
Ilán Semo – “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”
Texto completo de la ponencia aquí.
El historiador Ilán Semo inició celebrando la próxima llegada de los zapatistas a la Ciudad de México en diciembre de este año, pero aclaró que la capital ha perdido gran parte de su tradición de organización social y participación política. Describió una ciudad marcada por el aislamiento, el uso excesivo de las pantallas, el predominio del automóvil y el miedo derivado de la violencia, elementos que considera parte de una estrategia de control social.
Para desarrollar su argumento, recurrió a una antigua leyenda persa en la que un pretendiente elige un blasón de cobre en lugar del oro o la plata, porque representa la pertenencia a una comunidad y a un territorio. A partir de esta historia, explicó las ideas de Pufendorf y Clausewitz sobre la guerra: el objetivo principal no es solo conquistar territorios, sino destruir el sentido de comunidad del adversario y, posteriormente, imponer un nuevo orden o hegemonía. Relacionó esta interpretación con diversos procesos históricos, como la conquista de América, la Independencia de México, el colonialismo europeo y las dos guerras mundiales.
Semo sostiene que las guerras contemporáneas han cambiado profundamente. Ya no buscan únicamente derrotar militarmente al enemigo, sino fragmentar a las sociedades mediante la destrucción de sus vínculos comunitarios. Como ejemplos menciona conflictos recientes en Palestina, Siria, Libia y Ucrania, donde predominan los ataques aéreos, el uso de drones, la vigilancia digital y la llamada “guerra cognitiva”, cuyo propósito es sembrar dudas, desinformación y desconfianza dentro de la población. Asimismo, destaca la importancia de la disputa por las narrativas, pues quien controla el relato puede influir en la percepción de la realidad y fortalecer su poder.
En el ámbito internacional, interpreta conflictos como el de Irán desde una perspectiva geopolítica y económica, argumentando que están vinculados a la defensa de la hegemonía del dólar y al surgimiento de nuevos equilibrios económicos en Asia. Advierte además sobre el riesgo creciente de una confrontación entre grandes potencias y la posibilidad de una escalada nuclear.
Finalmente, traslada este análisis al caso mexicano. Afirma que el narcotráfico ha sido utilizado como una técnica de gobierno que genera miedo, limita la vida comunitaria y facilita el avance de intereses económicos y políticos. Concluyó ampliando su reflexión hacia la crisis ambiental y el maltrato animal, señalando que la destrucción de la naturaleza y de los ecosistemas también implica la destrucción de las comunidades humanas. Por ello, defiende la protección del territorio, de la vida y de todas las especies como elementos indispensables para construir un futuro común.
Capitán Insurgente Marcos – “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”
El Capitán Insurgente Marcos leyó el cuento llamado “El amor y el desamor según Sombra, el guerrero”, que según explicó, va dirigido a los 200 escuchas zapatistas sentados al fondo del auditorio, así como a todas las bases de apoyo escuchando la transmisión en los diferentes caracoles.
Con humor, el cuento reflexiona sobre la figura del guerrero desde la cosmovisión maya y zapatista. A partir de un diálogo con un personaje que vive “entre las sombras”, recupera una enseñanza del Popol Vuh: los primeros seres humanos podían comprender al mismo tiempo el todo y las partes, una capacidad que los dioses limitaron, pero cuyo recuerdo permanece fragmentado en la memoria de los pueblos.
Las comunidades mayas no fueron derrotadas sólo por los conquistadores, dice el narrador, sino también por la división, la envidia y la adopción de los valores del opresor, como la ambición, la competencia y el individualismo. Frente a ello, la principal tarea del guerrero es reconstruir la memoria colectiva, buscar los conocimientos dispersos, aprender de otros pueblos y fortalecer el sentido de comunidad sin perder la propia identidad.
La tierra, el agua, la naturaleza y la memoria no son mercancías ni propiedad de nadie, sino bienes comunes que deben ser protegidos. Por ello, el verdadero enemigo no es una persona en particular, sino el sistema que convierte la vida en objeto de explotación y destruye culturas, territorios y pueblos.
El guerrero no se distingue por su fuerza física, sino por su capacidad de estudiar, cuestionar, aprender y mirar más allá del presente. Debe comprender tanto el pasado como el futuro, reconocer que necesita de los demás y construir alianzas con quienes también luchan por la vida y la justicia. Su misión no es conquistar ni dominar, sino defender la libertad, la dignidad y la Madre Tierra.
El cuento concluye afirmando que el guerrero es quien puede imaginar un mundo que todavía no existe y trabajar colectivamente para hacerlo realidad. A esa capacidad de soñar un futuro diferente, los pueblos zapatistas la llaman luchar.
Mauricio González González – “La guerra por otros medios: fracking en territorios insumisos”
Mauricio González inició recordando su participación en la presentación del informe sobre los impactos psicosociales del caso Ayotzinapa y expresó su indignación por la reciente recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la cual revictimiza a las familias y exculpa al Ejército.
A partir de ello, introdujo el tema central de su exposición: el fracking, entendido como una forma de guerra contra los territorios y las comunidades. Explicó que el fracking o fractura hidráulica es una técnica para extraer gas y petróleo mediante perforaciones profundas e inyección de grandes volúmenes de agua, arena y sustancias químicas. Con base en investigaciones científicas y testimonios recopilados durante más de quince años, sostiene que esta práctica provoca contaminación del agua y del aire, pérdida de biodiversidad, daños a la agricultura, afectaciones a la salud, conflictos sociales y deterioro de las formas de vida de los pueblos indígenas.
El impulso al fracking responde al agotamiento de los yacimientos convencionales de hidrocarburos y a la dependencia energética de México respecto al gas importado de Estados Unidos. Pese a las promesas de prohibir esta técnica, el gobierno impulsa el llamado “fracking sustentable”. González advirtió que su desarrollo pone en riesgo a millones de personas, comunidades indígenas, ejidos y territorios con graves problemas de disponibilidad de agua, mientras que los beneficios energéticos serán limitados y de corta duración.
Frente a este panorama, destacó la resistencia organizada de comunidades, asambleas y organizaciones que se han declarado libres de fracking y han promovido acciones legales para impedir su expansión. Subrayó que estos pueblos no sólo defienden su territorio, sino que mantienen formas de producción y cuidado de la naturaleza que generan biodiversidad y fortalecen la vida comunitaria.
González concluyó argumentando que el modelo energético basado en los combustibles fósiles es inseparable del capitalismo y de la explotación de los territorios. En lugar de una simple transición energética, propone una transformación socioenergética sustentada en relaciones comunitarias, antipatriarcales, anticapitalistas y respetuosas de la naturaleza. El zapatismo, dijo, es una fuente de inspiración para imaginar y construir alternativas que defiendan la vida y los territorios.
Pablo Montaño – “La palabra esperanza ante la Guerra contra la Naturaleza”
Pablo Montaño discutió la guerra contra la naturaleza como consecuencia del modelo capitalista basado en la extracción de recursos y el uso de combustibles fósiles. El caso de las escuelas de Paraíso, Tabasco, ubicadas junto a la refinería de Dos Bocas, demuestra cómo el llamado “desarrollo” afecta directamente la salud, el ambiente y la vida cotidiana de las comunidades.
Montaño explicó que el cambio climático representa la expresión más grave de esta crisis. El aumento de la temperatura global, provocado por las emisiones de dióxido de carbono, ya genera fenómenos como sequías, incendios, huracanes e inundaciones, además de acelerar una sexta extinción masiva de especies. Señala que las grandes petroleras conocían estos riesgos desde la década de 1970, pero ocultaron la información y promovieron campañas de desinformación para proteger sus intereses.
Un elemento central de las reflexiones es la batalla por las narrativas. Empresas y gobiernos han impuesto conceptos como “gas natural”, “progreso” o “desarrollo” para justificar proyectos extractivos, sembrando dudas sobre los impactos ambientales. Frente a ello, es necesario construir nuevas narrativas que fortalezcan la organización social y permitan imaginar alternativas al modelo actual.
La esperanza, afirmó Montaño, no proviene de los gobiernos ni de las grandes corporaciones, sino de las comunidades organizadas que defienden sus territorios. Compartió ejemplos de resistencias exitosas, como la oposición a plantas industriales, puertos, megaproyectos y la defensa de ríos y ecosistemas, donde la comunicación, la solidaridad y la participación de colectivos urbanos han fortalecido las luchas locales.
Finalmente, concluyó que la esperanza no consiste en ignorar la gravedad de la crisis, sino en reconocer que ya existen experiencias que demuestran que es posible detener el despojo y proteger la vida. La defensa del territorio nace del vínculo con los lugares que habitamos y de la organización colectiva para construir futuros más justos y sostenibles.
Capitan Marcos – Preguntas para los ponentes
Finalmente, el Capitán Marcos planteó una provocadora pregunta, irónica y juguetona, pero no por eso menos seria, para los ponentes (y de paso, para todxs nosotrxs):
“Si ustedes mismos me dicen que en la comunidad está la salvación, la esperanza, la posible salida de esta pesadilla, entonces, con toda fraternidad, ¿qué madres están haciendo?“













Fotos: Radio Pozol
Dia 1: Encontro “Guerra contra a Humanidade”
“Um crime nos convoca”, disse o Capitão Insurgente Marcos na inauguração do Encontro “Guerra contra a Humanidade” (As populações e a natureza sob cerco), neste 20 de julho de 2026, no Cideci/Universidade da Terra, em San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
… um crime transbordando sangue, lama e merda; uma história que começa com a injustiça entronizada, a dor democratizada, a destruição que gera riqueza, prosperidade e desenvolvimento, a morte como programa de governo e símbolo do progresso: quanto mais mortes, mais modernidade em uma civilização. Um crime nos convoca, o crime por excelência, o crime transformado em sistema; um crime tão transparente que a luz não o atravessa, mas o transforma em espelho, em um prisma que se desfaz em cores agradáveis, desejáveis, atraentes, da moda, enfim; um crime tão popular que acumula trilhões de curtidas de suas próprias vítimas sacrificiais e, ainda assim, permanece insatisfeito.
O criminoso — o Estado capitalista — concentra-se agora em reprimir ou exterminar “os que sobram”, não apenas porque não são lucrativos, mas sobretudo porque representam o outro, o que não é homogêneo e, portanto, com sua diferença, desafiam o sistema.
Este encontro — um semillero (viveiro) de pensamento crítico — surge da necessidade urgente de refletir para compreender melhor o criminoso. Ao longo de cinco dias, pensadoras e pensadores refletirão sobre a configuração atual do Estado capitalista, tanto no México quanto no mundo; a devastação ecológica; a privatização de bens comuns, como a água; o fraturamento hidráulico (fracking); o ser humano como vítima, mas também como desafio ao sistema; a história como ferramenta de opressão e as histórias dos de baixo como arma de luta; o horror vivido na Palestina e a dignidade da resistência; as famílias que buscam pessoas desaparecidas; a reorganização urbana; a luta das mulheres; e o terror da extrema direita.
Gilberto López y Rivas – “Terrorismo global de Estado, militarização e recolonização dos territórios”
Segundo a análise de López y Rivas, o capitalismo contemporâneo atravessa uma nova etapa caracterizada pelo aprofundamento da violência, da militarização e da recolonização dos territórios. Diferentemente de fases anteriores, nas quais o sistema mantinha certos mecanismos de mediação social, hoje predominam a coerção, a guerra, a criminalização dos protestos e o desmonte dos direitos conquistados pela classe trabalhadora.
O capitalismo atual conduz, assim, a uma crise civilizatória que se manifesta naquilo que os zapatistas chamam de “a tempestade”: mudança climática, esgotamento dos recursos naturais, destruição da biodiversidade, pobreza, migrações forçadas, guerras e aumento de diversas formas de violência.
O terrorismo global de Estado, liderado principalmente pelos Estados Unidos e respaldado por outras potências e organismos internacionais, constitui um instrumento fundamental para impor essa nova fase de acumulação capitalista por meio de intervenções militares, ocupações territoriais e da violação sistemática do direito internacional. “Os Estados Unidos, como potência hegemônica, instauraram a barbárie como um processo devastador para a humanidade e para a natureza”, afirmou López y Rivas.
No caso do México, os governos da chamada “Quarta Transformação” (4T) deram continuidade a processos iniciados durante o período neoliberal. A expansão dos megaprojetos, o fortalecimento do papel das Forças Armadas e a crescente participação do crime organizado configuram uma estratégia de militarização e controle territorial que afeta especialmente comunidades indígenas, camponesas e movimentos sociais. Sob o governo da 4T, o país foi militarizado como nunca antes em sua história. “A instituição militar realiza atualmente mais de 200 funções (…) que não estão previstas na Constituição nem em suas leis regulamentares”, afirma López y Rivas. Ao mesmo tempo, ao paramilitarismo — instrumento encoberto do Estado para assediar, deslocar e enfraquecer organizações populares sem assumir publicamente a responsabilidade pela violência, historicamente utilizado como mecanismo de contrainsurgência — soma-se agora o narcoparamilitarismo.
Diante desse cenário, os povos maias zapatistas, o EZLN, o Congresso Nacional Indígena e os diversos coletivos e organizações que lutam pela vida constituem uma alternativa real. Uma alternativa que não passa pela disputa do poder estatal, mas pela organização desde baixo, pela autonomia, pelo autogoverno, pelo princípio de “mandar obedecendo” e pela construção cotidiana de formas comunitárias de democracia.
López y Rivas concluiu convocando a academia, os artistas, os meios de comunicação, o magistério, os estudantes e todos os setores comprometidos com o pensamento crítico a acompanhar as lutas dos povos. Diante da crise do capitalismo e das múltiplas formas de violência contemporânea, torna-se indispensável fortalecer a organização coletiva, desenvolver um pensamento crítico capaz de compreender as transformações do mundo e manter viva a construção de alternativas voltadas para a defesa da vida, da justiça e da dignidade.
Alicia Castellanos – “Racismo y violencia contra los pueblos”
Alicia Castellanos apresentou uma reflexão crítica sobre a relação entre racismo, violência e as formas contemporâneas de dominação que afetam povos e comunidades em diferentes regiões do mundo. Sua reflexão parte da ideia de que vivemos uma etapa de crise civilizatória marcada por uma profunda desigualdade, pela degradação ambiental e pela expansão de diversas formas de violência vinculadas ao capitalismo contemporâneo.
O racismo, explica Castellanos, é uma construção histórica que surgiu e se consolidou durante a expansão colonial europeia. Desde o século XVIII, a ideia de “raça” foi utilizada para estabelecer hierarquias entre os povos e justificar processos de dominação, exploração e espoliação. Embora hoje o conceito racial costume aparecer de maneira menos explícita, seus mecanismos persistem por meio de novas formas de exclusão baseadas em diferenças culturais, nacionais, religiosas, econômicas ou políticas.
Para Castellanos, o racismo funciona como uma ferramenta de poder que permite construir o “outro” como uma ameaça: um inimigo que deve ser controlado, expulso ou eliminado. Essa lógica esteve presente em diferentes processos históricos de colonialismo, genocídio, guerras e perseguições contra povos considerados inferiores ou perigosos.
Essa função do racismo também se aplica aos conflitos contemporâneos, especialmente ao genocídio do povo palestino, às políticas migratórias dirigidas contra comunidades estrangeiras e ao crescimento de discursos nacionalistas e autoritários que transformam determinados grupos sociais em bodes expiatórios durante períodos de crise. A normalização do ódio por parte das instituições e dos governos, adverte, abre caminho para formas extremas de violência.
Castellanos lembra que o escritor libanês Amin Maalouf propõe a ideia de “identidades assassinas”: “aquelas que reduzem a identidade de uma pessoa ou de um povo a uma única pertença”, servindo de fundamento para a violência contra os “outros” e para processos genocidas contemporâneos, como os ocorridos na Guatemala e, agora, na Palestina.
No caso do México, os megaprojetos de desenvolvimento — especialmente o “Trem Maia” — constituem exemplos paradigmáticos do racismo dirigido contra os povos originários. Esses projetos implicaram processos de transformação territorial, impactos ambientais, perda de biodiversidade, pressão sobre comunidades indígenas e uma crescente participação das Forças Armadas em atividades civis e econômicas. Nesse contexto, a militarização do território modifica as relações comunitárias e afeta os direitos coletivos dos povos.
Para os povos maias, a terra não representa apenas um recurso econômico, mas um espaço de memória, identidade, cultura e reprodução da vida. A destruição de ecossistemas, cenotes, florestas e formas tradicionais de organização comunitária constitui, assim, uma ameaça não apenas ambiental, mas também cultural.
A resistência e a organização desde baixo — especialmente aquelas impulsionadas pelos povos zapatistas e pelo Congresso Nacional Indígena — constituem uma resposta a esse cenário: formas alternativas de exercer o poder baseadas na autonomia, na participação comunitária e no princípio de “mandar obedecendo”.
Assim como López y Rivas, Castellanos conclamou ao fortalecimento do pensamento crítico como ferramenta para compreender as transformações do mundo atual e imaginar alternativas diante da violência, do racismo e da destruição ambiental. A resposta às chamadas “identidades assassinas” e às estruturas de dominação deve ser a construção de um “nós” fundamentado na solidariedade, na justiça, na igualdade e no respeito à diversidade.
Diante das forças que promovem a espoliação e a exclusão, os povos organizados mantêm viva a possibilidade de construir outros mundos sustentados na dignidade, na autonomia e na defesa da vida.
Wilfrido Gómez Arias – Nossa água, suas concessões: a arquitetura jurídica da espoliação e da concentração da água no México
A água é um elemento essencial para a vida e encontra-se em constante movimento por meio do ciclo hidrológico. No entanto, sua distribuição no México é desigual. Enquanto algumas regiões do sudeste concentram grandes volumes de precipitação e disponibilidade hídrica, extensas áreas do norte enfrentam condições de escassez. Essa desigualdade natural foi agravada por um modelo de gestão que permitiu a superexploração, a contaminação e a concentração da água.
A partir do período neoliberal, foram promovidas transformações legais e institucionais que modificaram a relação do Estado com a água. A criação da Comissão Nacional da Água (CONAGUA), em 1989, e a promulgação da Lei de Águas Nacionais, em 1992, estabeleceram um sistema baseado em concessões, por meio do qual o Estado concedeu direitos administrativos para extrair, utilizar e explorar determinados volumes de água durante longos períodos.
Esse modelo transformou o acesso à água em um direito administrativo passível de acumulação, transferência e defesa jurídica. Embora a Constituição estabeleça que a água pertence à nação, o sistema de concessões permitiu que grandes agentes econômicos concentrassem volumes significativos, enquanto muitas comunidades e povos ficaram sem o reconhecimento formal de seus direitos históricos sobre suas fontes de água.
A ausência de um planejamento hídrico adequado provocou um processo de superconcessão. Em diversos aquíferos e bacias hidrográficas passou-se a extrair mais água do que aquela disponível para sua recuperação natural. Como consequência, centenas de aquíferos apresentam redução de suas reservas, e numerosas bacias mostram sinais de degradação. A atual crise da água não é apenas um problema de disponibilidade natural, mas também o resultado de decisões políticas, jurídicas e econômicas.
Os principais beneficiários do modelo de concessões foram grandes usuários públicos e privados ligados a setores como o agronegócio, a mineração, a indústria de transformação, a indústria de bebidas, o setor energético, o mercado imobiliário e grandes empreendimentos urbanos. Enquanto algumas empresas possuem concessões para extrair enormes volumes de água, inúmeras comunidades enfrentam desabastecimento, distribuição irregular, dependência de caminhões-pipa e degradação de suas fontes locais.
Os povos indígenas e os sistemas comunitários de gestão da água foram particularmente afetados. Embora historicamente tenham protegido nascentes, rios e áreas de recarga hídrica, suas formas tradicionais de administração não foram plenamente reconhecidas pelo marco jurídico. Em muitos casos, as fontes de água utilizadas pelas comunidades foram registradas em nome de municípios, particulares ou empresas.
Em 2012, o direito humano à água foi reconhecido constitucionalmente, estabelecendo que toda pessoa deve ter acesso à água suficiente, salubre, aceitável e acessível para suas necessidades pessoais e domésticas. No entanto, as reformas promovidas em 2025 não alteraram de forma substancial a estrutura do sistema de concessões. Embora tenham introduzido algumas mudanças administrativas, mantiveram a lógica central que permitiu a concentração da água nas mãos de poucos usuários.
Garantir o direito humano à água significa muito mais do que fornecer água por meio de caminhões-pipa ou garrafas. Significa assegurar um acesso permanente, seguro e digno, com sistemas públicos eficientes, participação cidadã e reconhecimento das comunidades que historicamente cuidaram da água.
A problemática da água no México reflete uma disputa entre duas visões: uma que compreende a água como mercadoria e outra que a reconhece como um bem comum indispensável à vida. Resolver a crise hídrica exige recuperar uma perspectiva baseada na justiça social, ambiental e territorial, na qual a água seja administrada para garantir a vida das pessoas, dos ecossistemas e das gerações futuras.
Carlos Tornel – “Capitalismo, guerra total e a rebelião do vivo”
As palavras de Carlos Tornel partiram da provocação formulada pelo zapatismo há mais de duas décadas: a ideia de que vivemos uma Quarta Guerra Mundial, uma guerra que não se limita ao campo militar, mas atravessa a economia, a cultura, a informação, os territórios, os corpos e todas as formas de vida. Seu objetivo não é apenas derrotar inimigos, mas destruir, disciplinar ou reorganizar aquilo que não pode ser facilmente transformado em mercadoria: povos, memórias, autonomias, territórios comuns e formas distintas de se relacionar com a vida.
Essa guerra constitui um aspecto fundamental do funcionamento do capitalismo. Desde suas origens, a expansão capitalista dependeu da espoliação, da apropriação dos bens comuns e da transformação da natureza e das relações sociais em mercadorias. Hoje, diante do esgotamento dos recursos, da crise climática e das resistências territoriais, o capitalismo não reduz sua expansão; ao contrário, abre novas fronteiras de extração: mineração, combustíveis fósseis, minerais críticos e grandes infraestruturas energéticas e logísticas.
A crise ecológica não afeta toda a humanidade da mesma maneira. Não existe uma responsabilidade equivalente diante da degradação ambiental: as classes sociais, o gênero, a geografia e as relações coloniais determinam quem consome, quem decide e quem enfrenta as consequências. Por isso, a crise climática não pode ser compreendida como resultado de uma humanidade abstrata, mas como consequência histórica de um sistema baseado na acumulação, no colonialismo, no patriarcado e na exploração.
A guerra contra a natureza nasce de uma separação moderna entre a humanidade e o mundo vivo. A natureza foi transformada em objeto, recurso e propriedade, enquanto certos povos foram colocados do lado daquilo que seria “natural”, tendo sua autonomia e legitimidade negadas. Essa lógica permitiu justificar a conquista, o “desenvolvimento” e o “progresso” como caminhos universais, ocultando a violência necessária para impô-los.
Na atualidade surge uma nova forma de colonialismo climático. A crise ambiental já não é apenas negada; ela também é convertida em oportunidade de acumulação. Os mercados de carbono, as compensações ambientais, a mineração “verde” e determinadas formas de transição energética podem reproduzir as mesmas lógicas de espoliação sob uma nova linguagem de sustentabilidade. Os minerais necessários para as tecnologias digitais, energéticas e militares geram novas disputas territoriais, enquanto comunidades e ecossistemas são transformados em zonas de sacrifício.
Tornel também criticou a “maldição do ambientalismo”. Quando o cuidado da Terra se transforma em uma tarefa técnica administrada por especialistas, indicadores e mercados, a conservação perde seu vínculo com os territórios e converte-se em uma forma de governança que mede, controla e administra a natureza sem modificar as relações econômicas que produzem a devastação. A crise ecológica acaba sendo transferida para o indivíduo por meio da figura do “sujeito climático”, responsabilizado por mudar seus hábitos, enquanto as grandes estruturas de poder permanecem intactas.
Diante dessa situação, a proposta é “a rebelião do vivo”. A Terra não deve ser entendida como um objeto externo que precisa ser salvo, mas como a trama de relações da qual fazemos parte. Defender um rio, uma floresta, uma montanha ou um território significa defender comunidades, memórias, conhecimentos e modos de vida. A autonomia, o comum e as resistências territoriais demonstram que existem outras maneiras de organizar a existência para além da lógica da mercadoria.
A ideia de que somos a própria natureza defendendo a si mesma implica recuperar os vínculos com os territórios, reconstruir capacidades coletivas e reconhecer que a transformação não virá apenas dos Estados, das corporações ou da tecnologia, mas das práticas comunitárias que já existem. A segunda tempestade não é apenas a crise produzida pelo capitalismo, mas também a força dos povos, dos territórios e das formas de vida que se organizam para resistir a ela.
Tornel concluiu com um convite para abandonar a espera por soluções externas e recuperar a capacidade coletiva de construir outros mundos: não utopias distantes, mas espaços reais onde a autonomia, o cuidado e a vida em comum possam continuar florescendo diante da guerra contra a natureza.
Subcomandante Insurgente Moisés
O primeiro dia do encontro encerrou-se com um importante anúncio feito pelo Subcomandante Insurgente Moisés:
O próximo Encontro de Resistências e Rebeldias e o Encontro de Artes, previstos para dezembro de 2026, serão realizados na Cidade do México, na sede da Casa dos Povos e Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes.
Aqui o comunicado completo.
















Fotos: Radio Pozol





















































