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Sobre la detención de El Lico: cuando la justicia institucional no alcanza

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Por Dante A. Saucedo y Regina López

El pasado 22 de marzo, elementos de la Policía Federal detuvieron en Nayarit a Federico González Medina, El Lico. En los días siguientes a su aprehensión, la Comisión Nacional de Seguridad y la Procuraduría de Justicia de Michoacán emitieron comunicados para adjudicar la captura del jefe de plaza de Los Caballeros Templarios en La Placita —en el municipio michoacano de Aquila— a trabajos coordinados de «inteligencia».

En la sierra-costa michoacana, sin embargo, los boletines de prensa de las corporaciones de seguridad del Estado mexicano no son suficientes para borrar de la memoria los años de agravios y violencia que El Lico provocó con la aquiescencia o franca complicidad de los tres niveles de gobierno. Para el pueblo nahua de Santa María Ostula, el nombre del jefe Templario es sinónimo de una época de terror, cuyas memorias y dolores apenas comienzan a sanar.

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John Gibler

Los desaparecidos

La crónica del 26 de septiembre de 2014, el día en que 43 estudiantes mexicanos desaparecieron — y por qué esto puede ser un punto de inflexión para el país.

Por John Gibler

Ilustraciones de Clay Rodery
Traducido por Juan Elías Tovar

Fuente: The California Sunday Magazine

Para los primeros días de Octubre, la cancha exterior de básquetbol de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, una población del estado mexicano de Guerrero, se había convertido en una sala de espera de la desesperación. El dolor irradiaba como calor. Bajo el alto techo de lámina corrugada de la cancha, los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos se reunían a enfrentar las horas entre las expediciones de búsqueda, las protestas y las reuniones con funcionarios del gobierno, trabajadores de derechos humanos, y antropólogos forenses. Reunidos en grupos a la orilla de la cancha, sentados en el piso de concreto o en sillas plegables de plástico acomodadas en semicírculos, hablaban en voz baja y entre ellos. La mayoría había viajado desde pequeñas comunidades indígenas y campesinas de Guerrero. Muchos habían llegado sin una muda de ropa. Todos habían venido a buscar a sus hijos.

La noche del 26 de septiembre de 2014, en la ciudad de Iguala, a 125 km, policías uniformados emboscaron cinco autobuses de estudiantes de la normal y otro que llevaba a un equipo de fútbol profesional. Junto con tres sicarios no identificados, dispararon y mataron a seis personas, hirieron a más de veinte, y “desaparecieron” a 43 normalistas. El cuerpo de una de las víctimas fue hallado en un campo a la mañana siguiente. Los asesinos le habían quitado el rostro. Los soldados del 27º Batallón de Infantería, cuyo cuartel está a menos de tres kilómetros y que tienen la misión de combatir el crimen organizado, no intervinieron.

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Radio Zapatista

Carta a Alexander Mora Venancio

San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 10 de diciembre de 2014.
Por: Eugenia Gutiérrez
Radio Zapatista

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ALEXANDER

Permite, muchacho, que te dirija unas palabras nuevas. Recíbelas con la frescura de tus años. Admítelas sin resquemor. Son un breve saludo de quien te conoce sin haberte conocido porque te encuentra en la memoria de un pueblo lacerado, porque te identifica en la indignación de un planeta unido este día en favor de sus derechos elementales. Son, además, una petición y una propuesta.

Tú no sabes de mí, así que me presento. Soy cualquier madre mexicana de un estudiante y profesor tan decidido y joven como tú, tan futbolero como tú. Soy cualquier maestra que se emociona nerviosa frente a cincuenta pares de miradas inquietas como la tuya. Te escribo desde mi privilegio de persona completamente viva en una patria cementerio. Me siento a redactar este mensaje en una nación herida por gobiernos mortíferos. Me dirijo a ti porque tu familia y tus compañeros informan que te has ido, que unas manos asesinas te han interrumpido la vida. Escucho en voz de tu padre Ezequiel que ya acompañas a Delia, tu madre. Leo, después, que te lloran tus hermanas, tus hermanos. Pero inexplicablemente sigues aquí. Tan aquí como el Chilango, el Julio César, el Daniel, como Gabriel y Jorge Alexis, como una mujer, un hombre y un deportista que, se supone, se marcharon. Tus palabras se aglutinan coherentes en el facebook de tus compas y nos anuncias que sigues aquí. Tan aquí como el Andrés y el Aldo, pero ya sin tanto dolor. Observo tu rostro que me mira desde los brazos erguidos por las avenidas. Miro tu rostro que me observa desde las butacas que ocupas en auditorios, conferencias y coloquios. Te acompañan cuarenta y dos amigos que, a golpe de silencios, toman uno por uno la palabra.

Quiero pedirte algo, colega. Te escribo desde mi privilegio de profesora que nunca durmió en el piso para poder estudiar. Tú y yo nacimos bajo el mismo cielo, forjados por la misma historia. Durante diecinueve años caminamos sin encontrarnos sobre la misma tierra, la de un lábaro tricolor que va perdiendo su equilibrio. En esa tierra, en sus montañas majestuosas y sus aguas antaño cristalinas, se amontonan por centenares de miles otras vidas arrebatadas. Tú lo sabes. Tus compañeros normalistas, también. Por algo escogieron educar en las escuelas donde estudia la infancia más pobre, esa que aquí puede morir incinerada. Por algo todos ustedes viven recordando a otros caídos. Pero me dirijo a ti, Alexander, porque un destino inexplicable te eligió para sacudir letargos en este México tan lastimado. Quiero pedirte que nos ayudes a sembrar en verde y blanco todas esas vidas desarticuladas para así mermar este dominio del rojo que nos intoxica. Enséñanos a cosechar esas vidas en sierras que vuelvan a ser madres, a refrescarlas en lagos ancestrales, a pronunciarlas en desiertos imperturbables, sin alaridos. Me atrevo a pedírtelo porque ya conoces el fuego, el aire y el agua que te regresan a la tierra que cultiva tu padre, porque te desenvuelves ágil en ese polvo de estrellas que fuimos, en el que somos y seremos.

Por último, maestro, una propuesta. La escribo desde mi privilegio de mujer que todavía no ha sido violentada, ni torturada, ni cortada en esta región feminicidio. Ya no le hablo al muchacho sino al hombre. Te propongo que luchemos juntos por una reconstrucción inmediata de nuestros derechos desmenuzados. Que asumas con donaire este papel de luz inextinguible que la historia te asignó para que permanezcas incólume al lado de quienes te piensan y te sienten. Acudo a tu memoria, Alexander, porque recordarte nos reconstituye, nos acuerpa, porque nos reacomoda el ánimo descoyuntado y nos redelimita, porque tus amigos te llaman “La Roca”. Déjanos aglomerarnos en torno a tu presencia para que desaparezcan las ausencias agobiantes que produce este sistema genocida.

Hasta ahí mi petición y mi propuesta. Me despido sin hacerlo y me preparo, contigo, para lo que venga. Espero que mis palabras no te incomoden. Acéptalas ahora que nos conocemos tan dispuestos a habitar un país y un planeta de libertades merecidas.

No olvidamos, Alexander. No olvidemos.

Respetuosamente,

Eugenia.

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Luis Hernández Navarro

La matanza de Iguala y el Ejército

La Jornada

El coronel Juan Antonio Aranda Torres, comandante del 27 batallón de Iguala, es un militar formado en fuerzas especiales, inteligencia y contrainteligencia. Sin embargo, la noche del 26 de septiembre no tuvo noticias de que, a escasos metros de sus cuarteles, policías dispararon contra estudiantes normalistas. Tampoco tuvo conocimiento de que soldados bajo su mando amenazaron a los jóvenes. “Lo que pasa es que nosotros nos enteramos al último”, dijo.

Esa noche, el militar estuvo presente en el informe de labores y la fiesta de la directora del DIF municipal, María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del alcalde José Luis Abarca. Y, según declaró el general Salvador Cienfuegos Zepeda a la comisión legislativa que investiga la desaparición de 43 alumnos de Ayotzinapa, “él no vio nada en el evento; incluso se fue a su cuartel al terminar el festejo y aseguró que no pasó nada”.

El coronel Aranda Torres asumió el mando del 27 batallón de infantería el 5 de octubre de 2011. Llegó allí después de servir en Nuevo Laredo, Tamaulipas, una zona en la que el narcotráfico campea, y de estar al frente del octavo batallón de fuerzas especiales en Guadalajara. En Iguala entabló una magnífica relación con José Luis Abarca. Aparecieron juntos encabezando diversos actos cívicos. Sin embargo, a pesar de su experiencia, el militar pareció no darse cuenta de la enorme cantidad de fosas clandestinas que se cavaron en su zona de influencia, ni del intenso trasiego de goma de opio que tiene en esa ciudad un punto central de distribución.

No es exageración. Gustavo Castillo publicó en este diario que “en Guerrero se produce más de 60 por ciento de la amapola y goma de opio de México. Estadísticas de la Organización de Naciones Unidas refieren que en el país, desde 2008, se duplicó el número de hectáreas de este cultivo ilícito, al pasar de 6 mil 900 hectáreas a 15 mil, y aumentar la producción de 150 toneladas a más de 325”. Iguala y Chilpancingo se han convertido en los principales centros de acopio de goma del narcótico.

Los vínculos estrechos de José Luis Abarca con el Ejército son anteriores al arribo del coronel José Antonio Aranda al frente del batallón. El 22 de enero de 2008, el entonces senador Lázaro Mazón colocó la primera piedra de Plaza Tamarindos, una ambiciosa inversión de 300 millones de pesos, propiedad de su amigo, el antiguo vendedor de sombreros y joyero José Luis Abarca.

La Plaza se ubica frente a las instalaciones del 27 batallón de infantería, en un terreno regalado por las fuerzas armadas. Según la crónica de la ceremonia de inicio de las obras del centro comercial, publicada en Diario 21: “En su participación, el senador Mazón Alonso agradeció al ex diputado Rubén Figueroa su intervención para poder entrevistarse con el entonces secretario de la Defensa Nacional, quien donó ese terreno”. La información nunca fue desmentida.

El diputado, ex senador suplente y empresario transportista Rubén Figueroa Smutny es hijo y nieto de ex gobernadores y caciques del estado. Su padre, Rubén Figueroa Alcocer, fue responsable de la matanza de Aguas Blancas en 1995, y controla la distribución de fertilizante en amplias regiones de Guerrero y Michoacán. Figueroa Smutny es también sobrino del cantante Joan Sebastian y de Federico Figueroa, señalado como uno de los altos mandos de Guerreros Unidos.

Especializado en tareas de contrainsurgencia y combate a las drogas, el 27 batallón de infantería tiene tras de sí un negro historial de violación de derechos humanos. Como documentó el blog especializado en cuestiones de defensa Estado Mayor, el batallón participó activamente en la guerra sucia de la década de los años 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado, dejando a su paso un largo historial de atrocidades, incluidas centenares de desapariciones forzadas.

Las tropelías perpetradas por el batallón no cesaron con el paso de los años. Apenas en marzo de 2010, desapareció a seis jóvenes en Iguala. El caso fue documentado por Human Rights Watch. En su informe Ni seguridad, ni derechos, publicado en noviembre de 2011, el organismo advierte: “Existen pruebas contundentes que señalan la participación del Ejército en este delito”.

La noche del 26 de septiembre, el 27 batallón de infantería no hizo nada para evitar la matanza y desaparición de los estudiantes. No resguardó la zona. Dos horas después, del primer ataque, se produjo uno nuevo, sin que los militares hicieran nada para evitarlo. Fue hasta entonces que aparecieron militares, agrediendo a los estudiantes cuando intentaban escapar o pedir auxilio, dándoles culatazos, cortando cartucho y acusándolos de allanamiento de morada.

Los soldados –contó el normalista Omar García a TeleSur– “nos dijeron: ‘ustedes se lo buscaron. Ustedes querían ponerse con hombrecitos, amárrensen los pantalones. Eso les pasa por andar haciendo lo que hacen. Nombres. Y denos sus nombres reales. Sus nombres verdaderos, cabrones, porque, si dan un nombre falso, nunca los van a encontrar’”. Luego los fotografiaron.

La mañana del 31 de octubre una narcomanta apareció colgada en la reja de la entrada a una preparatoria de la Universidad Autónoma de Guerrero, cerca del cuartel de la 35 zona militar. Estaba dirigida al presidente Enrique Peña Nieto. La firmaba Gil, es decir el cabo Gil, señalado como uno de los operadores de la desaparición de los estudiantes y lugarteniente de Sidronio Casarrubias, uno de los líderes de Guerreros Unidos, hoy preso.

El mensaje señalaba que, entre los responsables de la desaparición de los 43 normalistas, había dos oficiales del 27 batallón de infantería: el teniente Barbosa y el capitán Crespo, involucrados con la organización.

A pesar de que las evidencias en su contra se van acumulando, hasta el momento las pesquisas oficiales han dejado de lado a las fuerzas armadas. Los normalistas que sobrevivieron al ataque tienen sus sospechas de que algo tienen que ver los militares en el asunto. “Acuérdense –dice Omar García– que en la guerra sucia, si alguien era experto en desaparecer personas, era precisamente el Ejército”.

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Ojarasca

La recuperación comunitaria de Xayakalan en la costa michoacana es también la de sus tierras, guardias y autonomía

Fuente: Ojarasca – La Jornada

En su territorio se cruzan intereses de todo tipo: los gobiernos buscan implementar proyectos carreteros que faciliten el trasiego de mercancías y estimulen el turismo de playa; las mineras quieren explotar la veta que nace desde San Miguel Aquila; los pequeños propietarios quieren sembrar sus tierras o fraccionarlas y venderlas, y los narcotraficantes tienen aquí un importante punto de circulación de sus mercancía

Adazahira Chávez

La organización de la comunidad nahua de Santa María Ostula, Michoacán, en su lucha por la tierra, reanudó la marcha en febrero de este año. Después de que en junio de 2009 los comuneros activaron su Policía Comunitaria y retomaron el lugar conocido como La Canaguancera (renombrado Xayakalan), enfrentaron una ola de asesinatos y desapariciones —sobre todo contra miembros de la guardia tradicional o de los bienes comunales— que estableció un clima de terror y obligó al desplazamiento de familias enteras.

Pero ya están de regreso y afirman, como lo declararon en 2009, que no abandonarán sus tierras. En fechas recientes, acompañados por grupos de autodefensa de Tierra Caliente, los guardias comunitarios reingresaron a su territorio —muchos de ellos, como su comandante Semeí Verdía, estuvieron exiliados— y los comuneros desplazados también volvieron a Xayakalan, que sigue en disputa legal con los pequeños propietarios de La Placita, quienes lo invadieron hace ya cuatro décadas. La tarea urgente, señalan, es levantar de nueva cuenta las asambleas y trabajar las tierras que les dieron sustento y que tuvieron que abandonar.

La tarea no se mira fácil, y los nahuas lo saben. Relatan que en su territorio se cruzan intereses de todo tipo: los gobiernos buscan implementar proyectos carreteros que faciliten el trasiego de mercancías y estimulen el turismo de playa; las mineras quieren explotar la veta que nace desde San Miguel Aquila; los pequeños propietarios quieren sembrar sus tierras o fraccionarlas y venderlas, y los narcotraficantes tienen aquí un importante punto de circulación de sus mercancía. En este estado —de acuerdo con las denuncias que los comuneros han hecho desde hace años— muchas veces estos actores son los mismos sujetos. Y de este territorio ambicionado son dueños los comuneros de Ostula.

Tierra rica, tierra despojada

La cabecera comunal de Ostula y sus 22 encargaturas abarcan más de 28 mil hectáreas del municipio de Aquila, uno de los de mayor marginación en Michoacán. Los nahuas han poblado poco a poco la porción de su territorio que se extiende hacia la costa michoacana.

Las tierras correspondientes a la encargatura de Xayakalan, informan los comuneros, se localizan dentro de sus títulos primordiales del siglo xviii y dentro de la Resolución Presidencial que reconoció parte de su territorio en 1964. A pesar de ello, enfrentan un litigio agrario por unas 700 hectáreas que seis pequeños propietarios de La Placita invadieron “no sólo para la siembra de papaya, mango y tamarindo, sino para venderla al mejor postor” a pesar de las medidas cautelares a favor de los indígenas. La Comisión por la Defensa de los Bienes Comunales de Ostula señala que algunos de esos invasores son cabezas del crimen organizado en la región.


Cruce El Naranjo-Tenosique, Tabasco. Foto: Prometeo Lucero

La tierra de Aquila tiene abundancia de minerales (plata, zinc, oro y cobre), además de yacimientos de hierro, que en la actualidad explotan las empresas Ternium, Sicartsa y Metal Steel, y aporta una cuarta parte de la producción nacional. La veta que atraviesa San Miguel Aquila —comunidad de la que también tuvieron que salir los integrantes de la guardia tradicional y los comuneros por conflictos con la mina y el crimen organizado— llega hasta tierras de Ostula, y la empresa argentina Ternium tiene en la mira su explotación futura. Ternium es dueña de la mitad de Peña Colorada, mina de Ayotitlán, Jalisco, que ha provocado también persecuciones contra los líderes comuneros nahuas como Gaudencio Mancilla.

Dentro de este territorio invadido no sólo pasan las riquísimas vetas minerales, sino que hay playas con especies animales en peligro de extinción. Allí se contempló la ampliación de la carretera Coahuayana-Lázaro Cárdenas, e incluso la construcción de un puerto para transportar materiales que Ternium extrae de San Miguel Aquila.

Los días 13 y 14 de junio de 2009, el Congreso Nacional Indígena publicó el Manifiesto de Ostula, que reivindica el derecho a la autodefensa. Después de varios intentos infructuosos de negociación y al sentirse burlados por el gobierno, los comuneros retomaron las tierras de Xayakalan en 2009, establecieron su guardia comunitaria “para cuidar el territorio que nos pertenece” y se asentaron cerca de 250 personas, pertenecientes a 40 familias.

Los comuneros decidieron no participar en las elecciones oficiales en 2011, al igual que sus hermanos p’uhrépechas de Cherán, Pómaro y Coíre, en rechazo a la poca eficacia de las autoridades y el divisionismo que, denunciaron, promueven los partidos políticos.

La respuesta a su reto fue atronadora. En los últimos tres años, 32 pobladores de Ostula fueron asesinados brutalmente o desaparecidos. Destacan las ejecuciones en 2011 de los líderes Trinidad de la Cruz Crisóstomo, conocido como don Trino o el Trompas, encargado de la guardia comunitaria, y de Pedro Leyva. Las bases de la Armada —que se establecieron después de 2009— no ayudaron a detener la ola de violencia. Las autoridades judiciales no resolvieron ni uno sólo de los crímenes. Las balas de los “cuerno de chivo” poblaron las escenas de los crímenes, y las familias amenazadas huyeron.

Pocos habitantes quedaron en Xayakalan, pero los desplazados se ocuparon de planear el retorno y la reconstitución de su organización autónoma, que se pudo concretar este 2014. El 8 de febrero, “un grupo de comuneros de Santa María Ostula, coordinado con los grupos de autodefensa de los municipios de Coalcomán, Chinicuila y de la cabecera de Aquila, tomó el control de la tenencia de Ostula”, informaron en un documento público.

Coincidentemente, desde ese día “grupos de policías federales ministeriales e integrantes del ministerio público, de manera totalmente ilegal han ido a amenazar a los comuneros que viven en Xayakalan con desalojarlos”. Para los indígenas es “la continuación de las graves condiciones de guerra no declarada que vive Ostula desde que precisamente resolvió hacer el resguardo de las tierras de Xayakalan, el 29 de junio de 2009”.

Este 10 de febrero, un pelotón del Ejército federal intentó desarmar a la guardia comunitaria y a los grupos de autodefensa que la respaldaban, pero la población hizo que los soldados devolvieran las armas. El 13 de febrero, más de mil 200 comuneros en asamblea decidieron reorganizar formalmente la Policía Comunitaria. Ahora sus esfuerzos se centran en fortalecer los mecanismos comunitarios de decisión, reconstruir la base material para su organización y supervivencia —la comida y los recursos escasean— y mantener la seguridad en su territorio. A pesar de los años de terror, indican a Ojarasca desde Ostula, “la gente responde a su ancestral organización”

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Relatos Zapatistas

Relatos Zapatistas en Julio: Entrevistas sobre Austeridad y el Narco

Este mes presentamos tres entrevistas detalladas: 1) una bibliotecaria de Oakland, “Agnes,” habla sobre las bibliotecas públicas en una época de austeridad, cuando se amenazaba con cerrar 14 de las 18 bibliotecas de la ciudad; 2) periodista y escritor John Gibler discute su nuevo libro, To Die in Mexico, el cual analiza la llamada “guerra contra el narco” en México; y 3) dos compañerxs de UA in the Bay anuncian la Asamblea General Anarquista que se llevará a cabo el 16 de julio, además de las últimas noticias de la ocupación indígena de Glen Cove. (2 hrs, mp3)

Están disponibles aquí cuatro audios: 1) el programa entero; 2) la entrevista sobre las bibliotecas y la austeridad (28 min); 3) la entrevista con John Gibler (42 min); y 4) la entrevista sobre la Asamblea General Anarquista (14 min).

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Radio Zapatista

José Gil (revista Proceso) habla sobre el Movimiento por la paz con justicia y dignidad

Cuarta y última parte de la tetralogía PROCESO: José Gil Olmos en el Centro Cultural TierrAdentro, San Cristóbal de Las Casas.

El cuarto y último eslabón de la tetralogía corresponde al reportero José Gil Olmos, designado por PROCESO para la cobertura del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y autor de los libros “Los brujos del poder1 y 2 y “La santa muerte”.

José Gil compartió anoche su experiencia y reflexión en la cobertura de las caravanas a la ciudad de México y a Ciudad Juárez, realizadas en el marco del movimiento que encabeza Javier Sicilia, habló sobre los retos y perspectivas, riesgos y debilidades, aportes y fortalezas de ese fenómeno social surgido del dolor y el clamor de justicia de las víctimas de la guerra de Calderón.

El reportero habló también sobre sus libros “Los brujos del poder: el ocultismo en la política mexicana1 y 2, que documentan los casos de importantes políticos mexicanos y de otros países que han recurrido a chamanes, hechiceros, espiritistas y brujos para alcanzar, expandir o conservar el poder, y para tomar decisiones que afectan a la sociedad en su conjunto.

Presentación y video(Descarga aquí)  

Palabras de José Gil(Descarga aquí)  

Diálogo con el público(Descarga aquí)  

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Radio Zapatista

Marcela Turati: “Fuego cruzado”, la voz de las víctimas de la guerra de Calderón

Tercera parte de la tetralogía de la revista Proceso organizada por el Centro Cultural TierrAdentro y Rompeviento TV en San Cristóbal de Las Casas.

Marcela Turati, presentó su libro “Fuego cruzado”, donde retrata la voz de las víctimas de la guerra de Calderón. Niños, ancianos, mujeres y hombres, que de pronto son huérfanos, viudas, desaparecidos o desplazados, sentenciados, además, por el discurso oficial que los arroja al costal anónimo de los “daños colaterales” o los convierte en sospechosos de su desgracia.

Presentación (4:25 min):(Descarga aquí)  

Breves palabras de Marcela Turati sobre el libro Fuego cruzado (11:45 min):(Descarga aquí)  

Diálogo con el público (1:25 hr):(Descarga aquí)  

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Radio Zapatista

Ricardo Ravelo: La Guerra de Calderón – ¿Dónde estamos ahora?

Ricardo Ravelo, reportero de la revista PROCESO, investigador y análista en temas sobre el narcotráfico y sus vinculos con autoridades federales y estatales en todos sus niveles, comparte una visión documentada de nuestra realidad en México, durante la presentación de sus libros Herencia maldita, Los capos y Osiel en el Centro Cultural Tierra Adentro, San Cristóbal de Las Casas, 18 de juno de 2011.

Introducción (Ernesto Ledesma)(Descarga aquí)  

Ponencia(Descarga aquí)  

Preguntas y respuestas(Descarga aquí)  
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Reporte Frayba

Reporte Frayba: Marcha Nacional por la Justicia y contra la Impunidad

Reporte mensual del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, Chiapas. (Descarga aquí)  
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