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Red de Mujeres Tejiendo Futuro

Días 4 y 5: Primera Conferencia de la Red de Mujeres Tejiendo Futuro en Abya Yala

La conferencia de mujeres entrelazó y fortaleció nuestras raíces entre Kurdistán y Abya Yala

El sonido del camino retumba firmemente entre las palabras de las mujeres del mundo. Del Kurdistán hacia Abya Yala resuena la voz de la lucha, la resistencia y de la esperanza. Después de 4 días de Conferencia, unimos nuestros sueños y necesidades, nuestras perspectivas y compañerismo. Necesitamos aprender las unas de las otras, pasar a la acción y asumir compromisos. Mantener la llama para que no se pierda esta fuerza que vivimos estos días de encuentro. Necesitamos abrazar nuestros tejidos, entretejiendo nuestras asambleas territoriales, nacionales y internacionales, caminar los territorios significa fortalecer el paso de la juntanza en red.

Sistematizar y compartir nuestra sabiduria, construir confianza. Poner el cuerpo en el centro de la lucha. Hay que asumir cierta confrontación, el mundo esta en mano de los poderosos no deja otra salida, debemos defender nuestras raíces. Ante las dificultades de juntaza entre territorios, debemos crear la manera de seguir en movimiento. Mantener y cuidar el tejido que hemos creado juntas y que seguiremos tejiendo. Necesitamos articular acciones, campañas, aprendizajes, luchas, fortalecer la espiritualidad, poner la voz y el cuerpo, abrir las puertas de cada territorios para necesidades urgentes y para la solidaridad. Las mujeres de Kurdistán, no son simplemente una suma de mujeres; juntas, han generado algo nuevo, un camino de liberación.

Necesitamos compatir sabiduria y herramientas, tener medios propios y autónomos, para hacer frente a esta guerra especial que los medios de comunicación estan desarrollando contra las mujeres y los pueblos. No estamos en competencia con los medios hegemónicos, porque nuestra comunicación está al servicio de las necesidades de nuestros pueblos. Es importante hablar de lo que nos duele, pero necesitamos hablar de lo que nos fortalece. Unimos voces para sanar las heridas y trascender a mensajes que nos llenen de fuerza.

Debemos compartir nuestros propios análisis politicos, enrraizar la resistencia, e investigar la historia para seguir cosntruyendo y defendiendo nuestro horizonte común. Las palabras son importantes, por eso, debemos reconstruir una terminologia descolonizada, recuperar lenguas ancestrales, comunicarnos desde el corazón, constuir y alimentar redes propias, esto es construir una nueva mentalidad, una mentalidad revolucionaria que nos lleve a recuperar nuestros pasos y salir del lugar que nos han impuesto, es esencial para asumir otros roles dentro de la lucha. Necesitamos una casa común de pensares, herraminetas y saberes.

Seguir en red es seguir en varios niveles. Pensar cómo nos comunicamos con el Kurdistán, con Abya Yala y más alla. Nuestra intención es de seguir trabajando, tejiendo juntas. Aquellas que por su rol fueron asesinadas y encarceladas, son y serán nuestro luz en el camino.

Esta conferencia ha sido un espacio abierto a la palabra, a la experiencia, a la emoción. Aquellas que vinieron de sus procesos nos regalaron el entendimiento de sus saberes y sentires, respirar juntas, nos une, nos hace libres. Apoyar nuestros procesos locales y regionales contribuye a la lucha internacionalista. Así podemos colectivizar nuestros trabajos y fortalecer nuestros esfuerzos. Nuestros principios colectivos se basan en la autonomía, la lucha antipatriarcal, anticapitalista, antiracistas, anticoloniales, antiestatales, la diversidad en la unidad, el compañerismo, horizontalidad, ética de la rebeldía, entre otros principios. Unamonos al compromiso y a la construcción a largo plazo. Nos vinculamos a los espacios formativos para socializar experiencias y prácticas, reflexionar en conjunto y proyectar a futuro común. Articulaciones entre los territorios y respetar autonomia de ellos toma más sentido que nunca.

Tenemos claro que, como mujeres, debemos construir una agenda propia, un camino que nos permita reescribir la historia, recuperar de la arqueología los conocimientos para analizar nuestro pasado y presente, para construir nuestro horizonte. La reciprocidad de las mujeres, la fuerza de Jineoloji que nace desde Kurdistán llega al Abya Yala, para caminar, aprender y compartir las sabidurias ancestrales de las mujeres. Con el conocimiento de las mujeres mapuches, lencas, aymaras, nasa…, con toda la sabiduria de las luchas de estas tierras, hacemos de nuestros caminos la base más hermosa para nuestra resistencia colectiva. La que recupera nuestra raíces, como mujeres y pueblos.

La cultura para nosotras significa resistencia y diversidad, no es ni un producto, ni algo estético. El arte debe estar en diálogo, en fluidez. Debemos devolver los valores que representan el arte y la cultura, devolver la esencia de las mujeres. La estética es la sensibilidad que acompaña a la ética. La diversidad en si, hace más profundo el camino de la resistencia. Nuestras lenguas, bailes, maneras de vivir, ancestralidades, pasos, maneras de mirar y de amar son nuestras raíces. Organizar la cultura y el arte para que el poder hegemónico no la pueda manipular. Debemos defender nuestras comunidades y recuperar esas memorias. No somos cenizas, somos el fuego que danza con los bailes de libertad en las montañas de Kurdistán, en el Wallmapu, en los quilombolas en Brasil, en la Amazonía Colombiana, Ecuatoriana, en los montes de Peru, en todos los territorios del mundo, del universo.

La educación es una de las esferas mas importantes de la vida. Las mujeres colectivizan sus conocimientos para llevar a sus pueblos a la verdad de sus esencias. Si tantos saberes han llegado al día de hoy a nuetras almas, es porque usamos la oralidad. Fortalecer sabiduria en todas sus dimensiones también significa reforzar el internacionalismo. Reconocer la diversidad de saberes y experiencias, crear radios comunitarias y teatro, crear y reproducir los materiales que ya existen para las niñeces, para crear otros imaginarios, son la base de nuestra apuesta por la vida.

Organizarse es nuestra esencia en si. Las mujeres vivimos confrontando brutales ataques. Porque los enemigos de la libertad saben muy bien que, si nosotras, mujeres de diferentes territorios nos unimos, nos juntamos, nos abrazamos, la libertad será la promesa mas grande que haremos a la vida. La memoria de las mujeres que cayeron en la lucha por libertad hace que nuestra sangre fluya más rápida por nuestras venas. Berta Cáceres, Julia Chuñil, Marielle Franco, Sakine Cansiz, Alina Sánchez, y muchas otras más compañeras, son la luz y la razón por la que cada día, a pesar de la guerra declarada que existe en contra de las mujeres, hace que nos pongamos de pie y caminemos con pasos de fuerza con valor para la defensa de la vida. La esperanza a veces, es más importante que la victoria. Tejemos los hilos de la memoria.

De la memoria a la acción internacional: mujeres tejiendo sociedades libres

El domingo 15 de febrero de 2026 la jornada inició con un profundo ejercicio de memoria y dignidad. Se recordó el aniversario de la captura, el 15 de febrero de 1999, de Abdullah Öcalan, conocido como Reber Apo, cuya prisión no ha logrado silenciar su pensamiento ni el proyecto político del pueblo kurdo. Por el contrario, su figura continúa siendo símbolo de resistencia y de la propuesta del confederalismo democrático, mientras se renovó la exigencia de su libertad y el reconocimiento oficial de Rojava. También se evocó a Sakine Cansız, asesinada junto a Fidan Doğan y Leyla Şaylemez, como referentes de la lucha de las mujeres kurdas.

La memoria se extendió a Abya Yala y otros territorios: se nombró la desaparición de los restos de Camilo Torres Restrepo; los diez años del asesinato de Berta Cáceres, denunciando redes de financiamiento internacional detrás del crimen; y la vigencia del legado de lideresas y luchadoras cuyos nombres fueron pronunciados para afirmar que no están ausentes: “están vivas y son semillas”. Se reiteró la consigna contra los feminicidios y desapariciones —“Ni una asesinada más, ni una desaparecida más”— abrazando la lucha de las madres buscadoras.

La relatoría destacó la continuidad de una resistencia milenaria y reafirmó la consigna zapatista: “Unidad en la diversidad. Somos iguales porque somos diferentes”. Desde Haití se recordó la historia de esclavización y la imposición colonial del francés, reivindicando el rol haitiano y la dignidad expresada en “Tut mun se mun” (todas las personas somos personas). Se denunció que el imperialismo colonial y financiero sigue operando mediante deudas ilegítimas y nuevas formas de ocupación, y se llamó a la solidaridad activa con el pueblo haitiano.

Uno de los ejes centrales fue la denuncia del avance del fascismo contemporáneo y la militarización global, que golpea especialmente a mujeres, niñeces y pueblos organizados. Se propuso fijar una fecha para una acción internacional coordinada contra ese sistema y fortalecer la articulación entre Kurdistán y Abya Yala. Se subrayó que el asesinato de las infancias por fuerzas estatales, policiales, militares o por el narcotráfico constituye un ataque directo al futuro colectivo.

La alimentación emergió como núcleo político del próximo encuentro: “el alimento es nuestra primera resistencia”. Se reflexionó sobre el consumo que financia el paramilitarismo y contamina cuerpos y territorios; se reivindicaron las ollas populares urbanas y el intercambio de semillas tras incendios y despojos, y la soberanía alimentaria como defensa de la Pachamama frente a las grandes corporaciones. En esta línea, se planteó que el industrialismo y la contaminación actúan como formas de guerra silenciosa que, bajo el discurso de “desarrollo y progreso”, consolidan infraestructuras de despojo en territorios de Centroamérica y en todo el continente.

Las intervenciones señalaron la urgencia de mapear redes de madres en resistencia, compartir tácticas de defensa para las niñeces y construir respuestas colectivas ante la violencia. Desde Wallmapu se reafirmaron las identidades territoriales y se acogieron las consignas “Jin, Jiyan, Azadî” y “Floreceremos” en todas las lenguas presentes. Se propuso crear una mesa de infancias para la próxima conferencia, fortalecer medios populares en Abya Yala y Kurdistán, y ampliar la convocatoria para organizar no solo a mujeres ya activistas, sino también a madres, campesinas, trabajadoras y migrantes en exilio. La jornada cerró con la lectura de la declaración final, integrando sugerencias y consensos. Se reafirmó la búsqueda de justicia frente a masacres y matanzas, la exigencia de que los responsables asuman su culpa, y el compromiso de expandir el confederalismo a otros continentes. La palabra colectiva sostuvo que la unidad es el camino de los pueblos, que la memoria es defensa frente al olvido impuesto, y que cada compañera caída no es ausencia sino semilla viva en la construcción de una sociedad más justa y en paz.

Red de Mujeres Tejiendo Futuro Abya Yala

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Red de Mujeres Tejiendo Futuro

Día 3: Primera Conferencia de la Red de Mujeres Tejiendo Futuro en Abya Yala

“El tiempo de la revolución es ahora y el motor es el amor. Nadie le suelta la mano a nadie”.

La frase, pronunciada durante el segundo panel del día, no fue solo una consigna: quedó suspendida en el aire como una promesa compartida y como síntesis de lo vivido en la conferencia de la Red de Mujeres Tejiendo Futuro. Desde ese momento, se hizo evidente que no estábamos únicamente en un espacio de intercambio, sino en un territorio político y afectivo donde la revolución se entiende como práctica cotidiana.

El tercer día se desplegó en dos grandes ejes: la conversación y el tejido del confederalismo democrático, junto a los talleres que materializan el hacer colectivo. Estos espacios no fueron pensados como simples instancias de debate, sino como núcleos estratégicos para sostener y proyectar el camino. Allí se trabajaron líneas concretas de resistencia —comunicación, salud, autodefensa, economía, artes y culturas, educación y confederalismo democrático— con la convicción de que escucharnos y solidarizarnos es apenas el punto de partida; lo imprescindible es asumir compromiso y acción organizada. La agenda que se propone es global y diversa, pero arraigada en experiencias situadas, en territorios específicos y en cuerpos concretos.

El segundo panel condensó esa fuerza. Celebró la juntanza como acto político y como gesto radical frente a la fragmentación. Las voces fueron múltiples: mujeres de barrio, mujeres indígenas, defensoras de derechos, mujeres amazónicas protectoras del bosque, sembradoras de agua, madres buscadoras de personas desaparecidas, madres de víctimas de feminicidio, trabajadoras del campo y la ciudad. No solo hablaron quienes estaban en la mesa; el público también tomó la palabra, borrando las fronteras entre quien expone y quien escucha. Las intervenciones se entrelazaron como si siempre hubieran sabido encontrarse, hilando experiencias distintas en una trama común.

Se habló del cuerpo extensivo, del ser cuerpo-tierra, de cómo el territorio no es únicamente suelo sino piel, memoria y herida. Nombrar los ataques al cuerpo y al territorio fue un acto de memoria, pero también de afirmación. Cada testimonio traía dolores que no pidieron permiso para ser dichos, pero también pequeñas alegrías y esperanzas tejidas en la adversidad. Hubo pedagogas de la esperanza, mujeres que caminan la teología de la liberación, defensoras del derecho a decidir y de la autonomía de los cuerpos. En cada relato se afirmaba una certeza: cuando una mujer defiende el agua, defiende su propio cuerpo; cuando busca a su hija desaparecida, defiende el derecho a existir; cuando siembra, enseña o acompaña, sostiene el mundo.

Las arengas y los cánticos atravesaron el panel como corrientes vivas. Comenzaron como denuncias y se transformaron en consignas colectivas. Los gritos dejaron de ser individuales para convertirse en un solo cuerpo sonoro. Allí se hizo palpable la potencia de las redes internacionales que se escuchan y se reconocen, tanto en la presencialidad del encuentro como a través de las transmisiones que expandían la palabra hacia otros territorios.

Lo que quedó al final no fue sensación de cierre, sino de continuidad. La revolución nombrada no es metáfora ni gesto grandilocuente: es práctica diaria, es organización concreta, es sostén mutuo. Y en esa práctica, el amor no aparece como romanticismo ni adorno discursivo, sino como estrategia política profunda: la decisión consciente de no soltarnos, de acuerpar las luchas y de tejer futuro juntas.

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Noticias de Abajo ML

Noticias de Abajo – 13 feb 2026

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Rompiendo Fronteras

PALESTINA: Israel lanzó bombas termobáricas en Gaza que “evaporaron” a 2.800 palestinos, revela informe de AlJazeera. La maquinaria de guerra se puso a prueba con cuerpos Palestinos.

KURDISTAN SYRIO, KOBANE: 20 días bajo asedio. El asedio de la ciudad de Kobanê por grupos afiliados al Gobierno Transitorio de Damasco ha entrado en su vigésimo día. Aproximadamente 600.000 personas luchan por sobrevivir en duras condiciones humanitarias.
Fuente: https://espanol.anf-news.com/rojava-norte-de-siria/kobane-20-dias-bajo-asedio-57838

COLOMBIA: Cobertura especial del Encuentro de la Red de Mujeres Tejiendo el Futuro en Bogotá Colombia. Testimonios de una madre Kurda que perdió a su hija. Por la corresponsal Alexis.-
Fuente: Noticias de Abajo ML

MENSAJES INTERNACIONALISTAS. Desde Estados Unios y las multiples luchas contra el fascismo de Trump y contra el imperialismo en Venezuela y Cuba desde Caracas.

ITALIA: Indignación y movilización, miles salen a protestar contra el equipo de Israel en las olimpiadas de inverno en Milan.

Desde el ombligo del mounstro

COBERTURA ESPECIAL: Un rumor se levanta. En la Plaza Palestina Libre, diferentes colectividades hicieron una Okupa Cultural en el Centro Histórico de la CDMX durante 12 horas continuas con presentaciones políticas, poesía y música.
Fuente: Noticias de Abajo 

CHIAPAS: El Frayba ha documentado agresiones físicas y amenazas de muerte en contra de la Defensora de Derechos Humanos Poulette Celene Hernández, en el municipio de Tonalá, región Istmo-Costa del estado de Chiapas, México. Su vida en riesgo por sistemático acoso.
Fuente: https://frayba.org.mx/090226-agresion-poulette-cdhdigna

GUERRERO: Comunicado de la Misión Civil de Observación Sexta sobre la remoción del mecanismo de protección al promotor Jesús Plácido del CIPOG-EZ. Situación que pone en riesgo su vida.
Fuente: Congreso Nacional Indígena

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Red de Mujeres Tejiendo Futuro en Abya Yala

La guerra no puede acabar con nuestras raíces: Conferencia de la Red de Mujeres Tejiendo Futuro

¡LA GUERRA NO PUEDE ACABAR CON NUESTRAS RAíCES!
UN SOLO GRITO, UN SOLO CORAZÓN DESDE KURDISTAN HASTA ABYA YALA.

Frente al altar y las imágenes en las paredes de compañeras asesinadas y muertas en las luchas de Kurdistán y Abya Yala fluyeron las energías de nosotras las mujeres y diversidades sexo-genéricas para con ello dar inicio a nuestra conferencia que tiene como lema “Florecemos porque la guerra no puede acabar con nuestras raíces”. Se trata de un encuentro convocado por la la Red Mujeres Tejiendo el Futuro, fundada en el año 2018 bajo el liderazgo del Movimiento de Mujeres del Kurdistán. Más de 450 mujeres registradas y organizadas autogestiva y autónomamente han trabajado duro para que este momento de encuentro cuerpa a cuerpa no solo se dé, sino florezca y nos ayude a seguir en la creación de los otros mundos posibles aquí y ahora de cara a los proyectos de muerte en curso en nuestros territorios-cuerpo-tierra, como diría la compañera Lorena Cabnal.

El arranque fue potente y estremecedor y nos con-movió a todas. Haciendo honor a la palabra, a la palabra verdadera, bats’i k’op,  en medio del humo sagrado, los tambores y las ofrendas puestas en el altar, nos dimos la bienvenida. Los diferentes rumbos y el centro del círculo energético fue saludado gracias a la conducción de las hermanas del Abya Yala, sanadoras, rezadoras, liderezas y organizadoras co-convocantes. Se agradeció a la Pacha Mama por este momento, se recordó que somos agua que fluye, que damos vida y que la lluvia que acababa de caer en esta ciudad de Bogotá nos recibió y así limpió nuestras cuerpas preparándonos para los trabajos de estos días. Pedimos permiso a nuestras ancestras y las energías del cosmos para esta juntanza a la vez que se convocaron nuestras sabidurías y cosmocimientos para con ellos seguir luchando, para no decaer, claudicar o vendernos -como dijeran las hermanas zapatistas-. Se evocó también el aire para que todas las que estamos acá y las que no estamos en cuerpa presente, pero sí como energía, tejamos una sola cuerpa colectiva, un solo corazón –jun pajal ko’tantik-.

Honramos a nuestras muertas, guardamos un minuto de silencio para recordarlas y agradecerles la fuerza que hoy nos permite llegar acá a pesar y con nuestros dolores y heridas. Habló también la madre de una de las compañeras kurdas, quien ha sido clave para el movimiento kurdo de mujeres y para tejer Abya Yala y Kurdistán. La compañera Berta Cáseres estaba mirándonos y comulgando, el poster con su imagen pegado en la pared nos hacía recordar las palabras de la compañera Mirian Miranda de OFRANEH, quien nos ha contado que gracias a Berta ella conoció y empezó a tejerse con el movimiento de mujeres kurdas. Mujeres muiskas, mayas de Guatemala, mapuches, mexicanas de la Sexta, de pueblos originarios de Bolivia y Ecuador rotaron el micrófono en el círculo para recordarnos que la espiritualidad es política y que estamos hoy acá para tejernos mejor, buscar soluciones desde nosotras mismas, para florecer frente a  las guerras que son proyectos de muerte que nos quieren exterminar y están, de mil formas diferentes, ocupando nuestros territorios, cuerpas, vida.

La ceremonia se cerró con la presencia de las compañeras kurdas organizadoras y motor de este tejido. Ellas en sus ropas tradicionales formaron una media luna en torno al altar mientras que las demás compañeras les dijimos: ¡No están solas! ¡No están solas! ¡No están solas! Luego vino el baile, pues sabemos que tenemos que mantener la alegría aflote. Se dieron en simultáneo las reuniones por comisiones para seguir con el sostenimiento de este encuentro, porque no es lo mismo encontrarse por convicción que con el gran dineral atrás pagado por el super financiador; no es lo mismo pregonar la autonomía y no encarnala; no es lo mismo decir con palabras ¡No a las guerras! que encarnar las prácticas necesarias para caminarlo.

Entonces, pues al centro de todo esta conferencia está, sin duda, lo más anticapitalista que tenemos: la entrega no mediada ni por el dinero capitalista ni por la mercancía, la entrega sororal de nuestro tiempo-vida-cuerpa-mente-corazón. Está también acá la fuerza de nuestras ancestras parte de pueblos originarios, afrodescendientes y kurdos; la fuerza dadora de vida de las mujeres, las prácticas autogestivas que somos, las autonomías en cotidiano y en pequeño que sentipensamoshacemos, porque cada una de las mujeres y diversidades sexo-genéricas que está acá así lo vive con otras -colectivamente- en nuestros espacios de lucha. Espacios que tienen muchas formas y nombres: colectivas, organizaciones, redes, movimientos. Y es esa fuerza colectiva tejida en positivo, a pesar de las fuerzas negativas fragmentadoras y asesinas de las gueras y sus responsables, la que organiza y sostiene todo esto de la forma lo más horizontal posible. Un acto en sí altamente retador del verticalismo patriarcal y violento. Fuerza colectiva que muchas de las que venimos acá hemos vivido en los encuentros convocados por las mujeres zapatistas.

Si echan un vistazo al programa y nos siguen por las redes de la conferencia -ver abajo- sabrán un poco más de las participantes que son, acorde con el espíritu de todo este tejido, colectividades tales como el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, el Congreso de los Pueblos, Un Salto de Vida, Unión Comunera, OFRANEH, CONAIE, Kongra Star-Rojava, CRIC, Feminismos del Abya Yala, COPINH, KJAR-Kurdistán, Asociación Kombilesa, ADES, UNIR-Haití, Lafken Winkul Mapu, Mama Sabiduría, Consejo Maya K’iché, Jineoloji, FENMUCARINAP, Comuneras Entre Cordilleras, Mujeres y la Sexta, TJA-Kurdistán, Mujeres Modep, Colectivo Latinoafricano, Redes de Trabalho Amazonico, Gidimt’en  Checkpoint Wet’suwet’en,  Desde el Margen y la Red Mujeres Tejiendo el Futuro.

Les invitamos a saber más de ¿por qué es importante este encuentro en estos momentos de horror, violencias y guerras? En estos momentos en que el movimiento kurdo está nuevamente bajo las violencias más atroces de la guerra y definiendo qué paz exigen y quieren, en estos momentos en que en Abya Yala el neo-imperialismo capitalista patriarcal y racista afila sus colmillos para exterminarnos de muchas y diversos modos. Pero no digo más, escuchen a la lidereza kurda y garífuna en el video abajo para saber más de la década de intercambios tenidos ya entre las mujeres del movimiento kurdo y las mujeres de los diferentes movimientos de Abya Yala así como sobre los motivos y alcances de esta conferencia.

Ayúdenos a romper el cerco mediático y colaboren a parar las guerras, en todas sus formas, la guerra cognitiva en curso y las guerras de extermino que tienen su punta del iceberg en el territorio palestino, en los ataques a Rojava, en Cuba, en las invasiones en Venezuela, a las comunidades zapatistas y parte a las parte del Congreso Nacional Indígena y en tantos y en tantos más territorios… Síganos y repliquen, participen de mil maneras creativas de este espacio sentipensado que va más allá de lo que nos ofrecen los Estados-nación, los partidos políticos y los gobiernos en turno…. ¡Jin, Jiyan, Azadî – Mujer, Vida, Libertad¡

Por Xochitl Leyva Solano (colectiva PVIFS-Chiapas)

Programa descarga en:

Para mayor información ir a:

https://womenweavingfuture.org/abya-yala
https://www.instagram.com/womenweavingfuture

Transmisión especial de la Conferencia de Mujeres 2026 de la Red de Mujeres Tejiendo Futuro “Floreceremos porque la guerra no puede acabar con nuestras raíces: De Abya Yala a Kurdistán, la lucha de las mujeres frente a la destrucción de la vida” del 11 al 15 de febrero 2026:

YouTube: https://youtube.com/@womenweavingfuture?si=GqzZs_pSb6kTUhYl
Streaming de radio: http://stream.radios.red:8000/radio8.mp3

Revisa el cronograma completo de las transmisiones en nuestras redes sociales en los días que vienen.

¡Escucha, difunde, comparte esta transmisión!
https://www.instagram.com/p/DUmAyptErUH/?igsh=MWw2a2lhZnlseGdiZA==

Imágenes: Red de Mujeres Tejiendo Futuro en Abya Yala y Colectiva PVIFS-Chiapas

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Avispa Midia

Disidencias de FARC atacan indígenas Nasa; reportan asesinato de lideresa en Cauca

Fuente: Avispa Midia
Por Sare Frabes

En portada: Indígenas Nasa durante el entierro de la lideresa Carmelina Yule Paví.

La violencia contra la población indígena Nasa, en el Valle del Cauca, suroeste de Colombia, recrudeció con ataques registrados el pasado fin de semana por parte del Frente Dagoberto Ramos del Estado Mayor Central (EMC).

Este frente es considerado como la mayor disidencia de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y una de las primeras en hacer presencia en el Cauca tras la firma del Acuerdo de Paz en el año 2016.

Carmelina Yule Paví, indígena Nasa asesinada por el Frente Dagoberto Ramos del Estado Mayor Central. 

(Continuar leyendo…)

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El Turbión

Colombia | Perder los ojos pero nunca los sueños

Por EdenBeats

Dos años después del estallido social, las víctimas de la brutalidad policial que perdieron sus ojos siguen clamando por justicia.

Pasaron dos años de las mayores protestas registradas en la historia reciente de Colombia y quienes sufrieron lesiones físicas y psicológicas por cuenta de la violencia policial siguen exigiendo que se sepa quiénes fueron los responsables y se les sancione, mientras la justicia es para estas personas tan esquiva como su derecho a una atención digna en salud.

Al menos 116 personas fueron víctimas de lesiones oculares por cuenta de la represión con la que el gobierno de Iván Duque intentó silenciar el descontento de la población. La pérdida de sus ojos sigue siendo un doloroso recordatorio de lo que ha significado para los jóvenes enfrentar su indignación y compromiso por lograr una sociedad más justa con la fuerza bruta y el abuso como respuesta estatal.

Un grupo de jóvenes se reúne del lado izquierdo de un fuego que una joven mantiene encendido. Al fondo una edificación de la Policía (CAI) con un grafiti que dice "biblioteca popular". Foto: Andrés Gómez
Protestas frente al CAI de la Soledad en Bogotá en 2020. Foto: Andrés Gómez

“¡Mis ojos!”

Cuando estallaron las protestas en la ciudad de Pasto, al suroccidente de Colombia, Clara* era estudiante y, aunque nunca pensó en manifestarse en la calle, las agresiones de la Policía a los jóvenes que protestaban la llevó a salir a acompañarlos:

“Al principio quería como dedicarme a mirar, acá en la casa o así en la web, pero cuando sentí que ya era mucha gente dije: ‘la gente está poniendo de acuerdo, es verdad’ […] Miré una peladita [joven] que estaba en la plaza del Carnaval y un muchacho grabando. ¡Y taz! [le dispararon] a la muchacha con un gas lacrimógeno en la cabeza […] unos 18 a 20 años […] era jovencita […] Yo miré ese video y dije: ‘mierda, ¿qué pasó aquí?’. Entonces, como que ya empecé a salir a las manifestaciones, pero sola”.

Pasaron los días y la pelea en la calle no hacía sino crecer en todo el país. Clara ya no solo era una observadora sino que participaba activamente en el movimiento de los jóvenes y las Primeras Líneas, en sus reuniones en los cierres de vías y manifestaciones, tomando las precauciones que podía ante la violencia de la Policía: “Nosotros ya salíamos protegidos con escudo, casco, y gafas [de protección]. Sabíamos cómo se maneja la Fuerza Pública”.

Lamentablemente, nada la preparó para lo que pasó el 9 de junio de 2021. Según recuerda, ese día no pudo comer en la olla comunitaria que habían organizado otros muchachos como ella porque el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) de la Policía la destruyó y arruinó los alimentos, y el cansancio ya se iba apoderando de su cuerpo. Esa noche el ataque de los uniformados fue especialmente brutal contra los manifestantes:

“Me di cuenta de que las gafas estaban empañadas y entonces dije: ‘[hay que] salir corriendo de aquí…’, porque ya se estaban preparando los del ESMAD para seguir disparando. Bajé las gafas un poquito para limpiarlas y cuando yo subí [la cara] el de la Policía ya estaba así [apuntándome]. Fue tan raro porque yo miré cómo se venía la ‘esa’ [granada de gas]. O sea, directo, en milisegundos que uno no alcanza ni a reaccionar ni nada. Uno queda así como en la nada […] Dije: ‘¡mis ojos!’, y ya, hasta ahí”.

Esa noche Clara perdió casi totalmente la vista en su ojo derecho y afronta graves problemas de salud desde entonces.

Una máscara blanca en resina con figura humana porta un parche en el ojo, una cruz pintada en la frente y un respirador sobre la nariz y la boca. Foto: Andrés Gómez
Clara ha encontrado formas de resignificar las lesiones oculares causadas por el ESMAD. Foto: Andrés Gómez

De acuerdo con la Casa de la Memoria, una coalición de defensores de derechos humanos surgida con ocasión del estallido social en Pasto, esa noche se reportaron 14 personas con lesiones físicas causadas por el exceso de fuerza del ESMAD, varias de ellas por disparos de diversos tipos de armas a la cabeza de los jóvenes.

La cosa no paró allí. Según Clara, la Policía se ensañó contra las personas heridas y los manifestantes tenían graves sospechas de que agentes de civil estaban suplantando al personal médico: “en ese tiempo hasta en las ambulancias estaban llevando por allá los chicos y les estaban dando… ¡qué golpizas!”. Por eso se negó a ser atendida por la Cruz Roja: “se dieron cuenta [los socorristas] de que yo era de Primera Línea, entonces dijeron: ‘uds. no se puede ir en ambulancia, toca en moto’”.

Una esfera sobre una báscula digital que marca 15,8 gramos y atrás una regla
Objetos como este, un balín de plomo de unos 10 mm de diámetro y 15,8 gramos, fueron disparados por la Policía contra los manifestantes en Pasto durante el estallido social de 2021.

Disparos sistemáticos a la cabeza

Cinco semanas antes, dos jóvenes de Bogotá vivieron la misma tragedia: perdieron uno de sus ojos por el impacto de objetos disparados por la Policía hacia ellos.

El 1 de mayo de 2021 Daniel Jaimes llegó al sector de Marichuela en la localidad de Usme, al sur de la capital colombiana, para participar en la marcha del Día Internacional de los Trabajadores y manifestarse en contra de “el abuso policial, la privatización de la educación, la reforma tributaria, todas las reformas que se estaban lanzando en ese momento. Fue algo que nos hizo sentir afectados como comunidad”, según recuerda.

Esa noche un agente del ESMAD le disparó una granada de gas lacrimógeno al rostro y le generó graves lesiones que, por desgracia, no fueron atendidas oportunamente y lo llevaron a perder su ojo derecho.

Durante semanas tuvo que enfrentar demoras en la atención para su salud y barreras para recibir el tratamiento adecuado. A esto se sumó que el Hospital El Tunal, donde fue remitido inicialmente, no tenía especialistas para este tipo de lesiones y tuvo que ser remitido al hospital de Facatativá. Asegura que “en un mes recibí tres cirugías a nivel facial, también se vio afectado mi ojo derecho, mi nariz, mis pómulos, los pisos orbitales. Tuve una hemorragia en mi ojo izquierdo y una alta probabilidad de quedarme ciego”.

Después de un mes tuvo que continuar con el procedimiento en otro centro de salud, pues “la cirugía que me habían realizado no fue muy buena”.

Una persona sostiene un palo sobre su cabeza e intenta golpear una piñata con forma de tanqueta que lleva escrito "asesinos 1312", alrededor un grupo de jóvenes le observa. Foto: Andrés Gómez
“Asesinos”. Foto: Andrés Gómez

Ese mismo 1 de mayo, Juan Pablo Fonseca también salió a manifestarse, pero en la localidad de Usaquén al norte de Bogotá. Asegura que participó en las protestas debido que “ya veníamos con varias dificultades desde 2019 y 2020, haciendo presión para que fueran escuchados los jóvenes, se pedía una serie de cambios”.

Como Clara y Daniel, Juan Pablo también fue víctima de trauma ocular por el impacto de una granada de gas lacrimógeno disparada a su rostro. El joven, que en esa época era auxiliar de cocina, asegura que “afortunadamente […] tuve una atención pertinente para la gravedad de lo me había pasado: en 15 días ya había tenido 5 cirugías. Fue importante en su momento porque tenía la posibilidad de perder la vida”.

No obstante, no duda en señalar lo difícil que fue el proceso por la gravedad de las heridas que le causó la Policía en la cabeza:

“Fue muy doloroso porque las fracturas que tuve en la mandíbula, en la parte de los músculos, no me dejaban abrir la boca. Entonces, yo solo me estaba alimentando con líquidos y ya había perdido casi 17 kg, llegué a pesar casi 42 kg. Llevaba un mes hospitalizado […] Para la reconstrucción maxilofacial me abren por la parte coronal de la cabeza, tuvieron que levantar el rostro para empezar a reducir las fracturas, fueron aproximadamente 72 puntos, entonces el dolor era constante, tenía un catéter conectado para poder eliminar la sangre que estaba en el cerebro y que no tuviera coágulos”.

Actualmente, Daniel y Juan Pablo hacen parte del Movimiento en Resistencia contra las Agresiones Oculares (MOCAO), una iniciativa para que las víctimas de lesiones oculares puedan denunciar lo ocurrido y seguir exigiendo justicia.

Meses después la violencia policial siguió, a pesar de los llamados por parte de las Naciones Unidas al gobierno Duque para detener los ataques a los manifestantes y garantizar justicia para las víctimas. El 26 de agosto de 2021, David Racedo fue herido en Bogotá cuando protestaba en la localidad de Usme de Bogotá. Al igual que en los casos mencionados anteriormente, él también perdió uno de sus ojos por un objeto disparado por los uniformados, según recuerda:

“El ESMAD comenzó a lanzar gases indiscriminadamente y soy afectado en mi ojo derecho por una bala de goma […] Empiezo a sangrar y los jóvenes de la Primera Línea empiezan a gritar: ‘un herido’. Me ayuda la misma comunidad”.

David asegura que primero fue trasladado al hospital Meissen y no recibió allí mayor atención médica porque “no había especialistas en el área de oftalmología, entonces, al otro día me remiten al hospital El Tunal. Allí me revisa un oftalmólogo y me dice que es una herida grave pero que no tenían los especialistas”. David finalmente fue atendido en el hospital Simón Bolívar.

Para Carolina, una defensora que participó en el comité de verificación de derechos humanos en la localidad de Usme, “las exigencias eran bastante básicas: oportunidades laborales, un trabajo estable, alimentación”, pero el gobierno Duque se negó completamente a escuchar a los jóvenes. “Ellos [las autoridades] tenían la posibilidad de parar todo lo que ocurrió, hasta la muerte de personas. Hubieran podido parar la pérdida ocular de estos jóvenes. Esto se pudo evitar”, asegura.

Solidaridad

A pesar de todo esto, lo que salvó incontables vidas durante el paro nacional de 2021 fue la solidaridad. Por todo el país, decenas de voluntarios y profesionales de la salud se unieron para proteger a los heridos y brindarles apoyo. Sin embargo, las afectaciones físicas, económicas y mentales dejaron una profunda huella en las víctimas y sus familias, quienes enfrentan dificultades y luchan contra el olvido.

En Pasto los grupos de socorristas voluntarios y defensores de derechos humanos trasladaban a las personas que resultaron heridas a la Casa de la Memoria, donde recibieron refugio y primeros auxilios. Martín*, un voluntario que atendió allí a cientos de heridos, afirma que llegaron a tener “cuatro, cinco, seis, siete, camillas” pero que después no fueron suficientes. Agrega que la mayoría de las lesiones eran heridas abiertas por golpes de objetos, intoxicaciones por inhalar gas lacrimógeno e impactos directos a la cabeza. Según recuerda:

“Hubo un chico […] le dieron estando a 5 metros en el rostro. Creo que cuatro o cinco dientes perdió y estaba inflamadísimo. Le dieron directamente en la cara. A otros otros les dispararon en el pecho: uno casi se nos muere porque no podía respirar”.

Un joven de perfil presenta una herida en el lado derecho de su cara, al fondo se ven camillas y médicos.
Un disparo a corta distancia de la Policía le provocó esta lesión en la cara a este joven, quien perdió varios de sus dientes.

Desde la Casa de la Memoria, los heridos que necesitaban atención hospitalaria eran remitidos en ambulancias, pero la mayoría de estas fueron pagadas por las personas que se solidarizaban con la protesta porque, según Martín, las autoridades no ofrecieron ayuda alguna: “acá pasó algo particular y es que desde la alcaldía [de Pasto] nos decían que no había ambulancias. De hecho, hubo gente que pagó ambulancias [privadas] para llevar muchachos porque las ambulancias de la alcaldía nunca [aparecieron]”.

Clara asegura que el apoyo que recibió de los voluntarios médicos fue vital para evitarle complicaciones mayores y hasta para costear su tratamiento:

“Cuando [el doctor] me miró, [dijo]: ‘esto es de urgencias […] ¿Ya usted tiene la plata?’ […] Imagínense una cirugía de esas, porque fueron como cuatro a la vez en una, y yo creo que por ahí ya esa cosa va estando en sus seis o siete millones [de pesos]. A mí me tocó pagar como $400.000 no más y eso me lo ayudaron […] mucha gente me ayudó”.

Gracias a este apoyo y a la oportuna intervención quirúrgica que le realizaron, en la que se reemplazó parte de su humor vítreo por un sintético, Clara se salvó de la pérdida de su ojo derecho pero no puede ver por este y necesita de la atención de un médico especialista que no hay en Pasto: “imagínense la fila que tienen, entonces, la gente trata de irse como a Bogotá”, asegura.

Sin embargo, la solidaridad que permitía atender a los jóvenes heridos en la Casa de la Memoria también suscitó el acoso de la Policía, según recuerda Martín:

“Venían como en una actitud también amenazante, como que ‘bueno, ¿acá qué está pasando?’, y había rondas constantes de la Policía. Como siempre estaban pasando […] en un momento ya les dijimos: ‘sí, acá tenemos heridos. ¿Cuál es el problema? Si nosotros los dejamos afuera tirados es omisión de socorro y eso es un delito”.

Aun así, allí no terminaban las agresiones a las personas heridas. Una vez entraban al sistema hospitalario tenían que soportar el acoso de los policías que iban allí a buscarlos entre los pacientes.

Alba*, médica en un hospital de Pasto, asegura segura que en muchos casos la gente llegaba al hospital con traumas craneoencefálicos por golpizas en la cabeza y que hubo ocasiones en los que los agentes llegaban hasta allí para preguntar a los vigilantes por personas heridas en cabeza, brazos y piernas, a lo que varias personas del centro de salud se opusieron por el riesgo que esto suponía para los pacientes. Esto llevó a la creación de una red solidaria entre el personal de salud, según relata Alba:

“Empezamos a hablar con respecto a lo del paro, con respecto a las personas que hacen parte de este paro, sí, porque realmente nosotros no teníamos la visión de que los chicos y las chicas de las líneas eran, como la gente los llamaba, vándalos y gamines”.

Seis prótesis oculares de distintos colores sobre un fondo negro. Foto: Germán Tenorio
Prótesis oculares. Foto: Germán Tenorio

Una violenta desatención

Para las víctimas y sus familiares, las lesiones oculares significaron cambios muy duros. Esto, de un lado, porque este tipo de heridas son inocultables, lo que implica sufrir un estigma social que siempre refiere al momento de la agresión; y, de otro, por las barreras para la atención que mantiene el sistema de salud colombiano y la situación de abandono en la que se encuentra la mayoría de hospitales del país.

Al respecto, Alba asegura que para los jóvenes que atendió esos cambios eran notorios:

“Ellos decían: ’es que [ahora] me siento como un viejito, que tengo que estarme echando las gotas cada hora, que tengo que estar tomando el medicamento’; y la adaptación de la familia también a ellos, a esas nuevas rutinas de empezar a pelear con la EPS, endeudarse para [comprar] los medicamentos”.

Por su parte, Daniel Jaimes manifestó que a pesar de estar afiliado al sistema de aseguramiento en salud como beneficiario, los costos de tratamiento han sido muy altos y que los medicamentos no le han sido suministrados a tiempo. Según relata, esto llevó a la familia a vender parte de sus pertenencias para poder pagar estos costos:

“Les tocó hacer rifas, vender cosas para que yo pudiera tener mi asistencia médica. Me sentía una carga para mi familia, me sentía mal, tuve muchas recaídas emocionales, depresiones. [Por esto] puedo decir que de víctima me fui convirtiendo en activista social”.

Carolina denuncia que hubo falta de atención en el sistema de salud porque las personas heridas al momento de ingresar a los centros médicos se encontraban con una misma respuesta: “si eran integrantes de la Primera Línea o [estaban allí] por protestas no les podían atender. Nos pasó en el CAMI de Santa Librada, no les atendieron”. Agrega que muchos obtuvieron atención pero haciendo pasar las lesiones por accidentes de tránsito: “para que recibieran una atención inmediata muchos compañeros ingresaron como una situación del SOAT [Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito]”.

Después de salir del hospital las víctimas no recibieron un acompañamiento profesional adecuado ni un seguimiento adecuado por parte del sistema de salud, viéndose obligadas a esperar hasta que las EPS tuvieran un espacio para consulta con un especialista. Así, a la situación de violencia policial que causó sus lesiones se sumó a una revictimización de parte del Estado por negligencia en la atención en salud que estas personas siguen cargando sobre sí.

Al respecto, Paulina Farfán, coordinadora del área de Democracia y Protesta del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, organización defensora de derechos humanos que hace acompañamiento jurídico a varios casos de lesión ocular, afirma que:

“Los jóvenes tienen dificultades para acceder a su atención médica, no les entregan medicamentos, tienen retrasos con las cirugías. Este tipo de cosas suceden un montón en los casos de lesiones oculares porque manifiestan [las EPS] que son cirugías muy costosas”.

A la izquierda una hoguera, hacia la rerecha un grupo de jóvenes corta una vía al atardecer. Foto: Andrés Gómez
Protestas en Bogotá. Foto: Andrés Gómez

El ESMAD y sus excesos

La violencia policial fue tal que la Comisión Intermericana de Derechos Humanos (CIDH) visitó Colombia entre el 8 y el 10 de junio de 2021, y luego de analizar miles de audios, videos, fotografías y testimonios individuales y colectivos pudo “constatar” que la respuesta del Estado a la protesta social se caracterizó por el uso excesivo y desproporcionado de la fuerza, que en muchos casos fue letal.

Según datos del Ministerio de Defensa del gobierno Duque, durante los tres meses que duró el estallido social de 2021 el ESMAD fue desplegado 1.653 veces y 24 civiles habían resultado asesinados y otros 1.147 lesionados en el marco de las protestas. Sin embargo, dicha cartera no informó nada sobre quiénes eran los responsables ni sobre los tipos de lesión, pero sí que la Policía procedió rápidamente a judicializar al menos a 224 personas, 80 de las cuales recibieron medidas de aseguramiento. Hoy decenas de jóvenes siguen privados de su libertad o vinculados a procesos penales interminables por haber participado en estas protestas.

No obstante, el balance que presentan las organizaciones defensoras de derechos humanos es muy diferente. El Instituto de Estudios para el Desarrollo y Paz (Indepaz) informó que, entre abril y julio de 2021, 83 personas fueron asesinadas, siendo la Fuerza Pública la presunta responsable de 44 homicidios.

Infografía de Indepaz con el siguiente texto: "Violencias en el marco del paro 2021. Entre el 28 de abril y el 15 de julio. 83 homicidios en el marco del paro nacional, 44 con presunta autoría de la Fuerza Pública; 96 Víctimas de violencia ocular; 35 víctimas de violencia sexual por parte de la Fuerza Pública; 56 casos de afectaciones respiratorias por inhalación de gases lacrimógenos; 1.661 víctimas de violencia física por parte de la Fuerza Pública; 2.053 detenciones arbitrarias en contra de manifestantes (información recolectada por Temblores)".
Infografía elaborada por Indepaz acerca de las agresiones a manifestantes durante el paro nacional de 2021.

Mientras Indepaz presenta 93 heridos oculares, el informe “Represión en la mira”, elaborado por el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, la Campaña Defender la Libertad: Asunto de Todas, MOCAO y el Centro de Atención Psicosocial, informa un número mayor:

“De los 116 casos, 12 fueron cometidos contra mujeres, 70 fueron hacia hombres y en 34 no se logró establecer la identidad de género […] La no identificación de las víctimas en muchos de los casos se debió a la prevención y el temor de que pudieran ser judicializados”.

Solo en Pasto la Casa de la Memoria reporta que entre el 28 de abril y el 9 de junio de 2021, la Policía es responsable de 476 detenciones arbitrarias, 233 lesiones físicas, 17 amenazas, 2 casos de tortura, 1 agresión sexual y 2 atentados. De las personas lesionadas 191 fueron hombres y 41 mujeres, y 61 sufrieron lesiones en la cabeza, representando 26% de quienes resultaron heridos.

Infografía que presenta un cráneo humano al fondo y sobre partes de este 3 círculos: cerca de la frente al lado derecho un texto que dice "13,24% traumas craneoencefálicos"; cerca del ojo otro que dice "7,31% traumas oculares"; y junto a la mandíbula un que dice "5,48% de traumas faciales.
Lesiones en la cabeza registradas en la ciudad de Pasto. Fuente: Casa de la Memoria

Tanto las cifras como los testimonios de Clara, Daniel, Juan Pablo y David, ocurridos en lugares y fechas diferentes, demuestran que durante el estallido social de 2021 existió un patrón en la actuación de la Fuerza Pública para apuntar a la cabeza armas de fuego, como lanzagases y escopetas, y disparar con ellos gases lacrimógenos y municiones de impacto, como balas de goma y otros proyectiles, que produjeron lesiones en ojos, cara, cráneo y mandíbula de los jóvenes que protestaban.

Dos años adaptándose

Los daños causados por este tipo de criminalidad estatal han dejado daños profundos en las víctimas, tanto por las lesiones en su cuerpo como por los impactos psicosociales que han tenido que afrontar durante y después de sus tratamientos médicos. En el caso de quienes han sufrido lesiones oculares, reconstruir su proyecto de vida y retomar sus actividades cotidianas ha tenido una dura carga de aprendizaje de algunas habilidades básicas. Al respecto, Juan Pablo Fonseca, señaló que este proceso no ha sido fácil y explica cómo lo ha sobrellevado:

“Con esta violencia sí se pierden los sueños, se modifica la vivencia de uno. No es fácil vivirlo ni asimilarlo. Vivir con esto también es un aprendizaje constante: cómo movernos, cómo recuperar nuestra motricidad, cómo trabajar con esos 90° de ángulo y no con 180° [de campo visual]. Puede ser complejo no ver por el lado derecho, saber que no hay nada ahí. Es algo que se aprende con el tiempo y se seguirá aprendiendo. La idea también es fortalecer esa introspección hacia uno mismo”.

Para otras personas como Daniel Jaimes, fue su voluntad de continuar como artista y su sueño de ser tatuador lo que le ayudó en su proceso:

“Los sueños que yo tenía en ese momento se vieron opacados, pero con mi fuerza de voluntad, la ayuda de psicólogos y [después] de conocer varias víctimas de lesiones oculares, sigo con mi proceso de tatuar. Eso me ayudó muchísimo”.

Asimismo, David Racedo asegura que se ha adaptado para atender público, debido a que trabaja en el comercio, y que ha tratado de afrontarlo de manera positiva junto a su mamá e hija, a pesar de lo difícil que es:

“Al principio me sentía un poco deprimido: que la gente me viera con ese nuevo aspecto que tenía, con una herida tan grave y en el rostro […] Yo sabía y era consciente de que eso dependía de mi actitud”

Por su parte, Clara había ahorrado junto a varios amigos y logrado comprar una máquina de impresión 3D para su negocio antes del Paro Nacional, pero luego de la agresión de la Policía le es difícil trabajar y tiene deudas. La pérdida casi total de la visión por el ojo derecho hace que el izquierdo tenga que hacer un esfuerzo al que no está acostumbrado, por lo que ha tenido que adaptarse a unos dolores de cabeza que califica de “inmundos” cuando no usa un parche para cubrir el órgano lesionado.

Además, esta situación es todavía más difícil cuando trata de calibrar los espejos de la impresora 3D o de pasar periodos largos frente a la pantalla del computador o tatuando, por lo cual trabajar es todo un reto. Clara asegura que “para los tatuajes, para la pintura y el aerógrafo se me ha hecho recomplicadísimo. Igual con el computador, tampoco puedo usarlo mucho tiempo. Entonces, me ha tocado más aprender, por así decirlo”.

Una avenida, de un lado vehículos y de otro manifestantes. Entre ellos un letrero en el piso que dice: "Colombia resiste, ¡carajo!", seguido de un listado de nombres. Foto: Andrés Gómez
Homenaje a las personas asesinadas por la Fuerza Pública durante el estallido social. Foto: Andrés Gómez

Pero no todos han podido adaptarse. De acuerdo con los integrantes de MOCAO, el llevar una lesión ocular toda la vida tiene unas implicaciones y más sin una atención integral. A esto se suma la carga social y el estigma por parte del Estado. En este sentido, Juan Pablo Fonseca expresa lo revictimizante que es todo el proceso:

“Después de que uno pierde su ojo empieza a encontrar unas consecuencias más altas. La falta de atención psicosocial […] Nos tenemos que someter a la estigmatización por todas las instituciones del Estado: salud, laborales, Justicia. Evidenciamos una tortura sistemática”.

En la misma línea, Paulina Farfán explica que estos traumas oculares generan otros impactos graves sobre la salud, el bienestar psicosocial y la vida de las víctimas. Esto, según explica, van más allá del simple abuso policial:

“Tenemos algunos elementos para considerar que es una tortura: se presenta un daño tanto físico como psicológico, hay unos patrones que evidencian intencionalidad [porque] gran parte de las lesiones oculares fueron ocasionadas con gases lacrimógenos [a los cuales] se da un uso antirreglamentario, y un fin [porque] existe un amedrentamiento, existe un castigo contra quienes ejercen su derecho a la protesta social”.

Por su parte, Carolina afirma que muchos de quienes salieron a la calle en 2021 para protestar por sus derechos y resultaron lesionados hoy lidian con cicatrices profundas también en sus emociones, mientras demandan que se atienda su salud mental para evitar más tragedias:

“Al no solucionarse las condiciones [de subsistencia de estas personas] y hoy seguir buscando la manera de resolver la vida, eso ha generado en los jóvenes unos problemas de salud mental muy fuertes, al punto de perder completamente el sentido de la vida. Aquí en Usme una compañera de 17 años decidió irse [suicidarse]. Es muy difícil y muy duro vivir en estas condiciones como están”.

La doctora Alba ve este mismo problema de salud mental y considera que:

“Hay algunos de ellos que realmente uno no mira que vivan realmente: mueren a diario, mueren en sus ilusiones, mueren en todos su ser […] O sea, viven en la muerte […] A a esto se le suma el olvido desde nosotros como sociedad: fueron los chicos que en su momento enfrentaron situaciones duras, ¡sí que fueron!, y les llamábamos héroes y ahora están totalmente olvidados”.

Un grupo de personas en la calle enciende velas, es de noche. Foto: Andrés Gómez
Protesta con velas en homenaje a las víctimas de la Fuerza Pública. Foto: Andrés Gómez

Rehaciendo la vida en medio de la impunidad

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su primer informe de seguimiento publicado en 2023, señaló la poca atención que el Estado colombiano ha prestado a las recomendaciones de dos años atrás y le hizo un llamado para que investigue y sancione a los responsables de los asesinatos, desapariciones, torturas, agresiones sexuales y detenciones arbitrarias sufridas por civiles en el marco del estallido social de 2021. En especial, el organismo llamó la atención sobre la impunidad en los casos de centenares de heridos y en particular de las personas con trauma ocular por cuenta del uso indebido de armas de baja letalidad por parte del ESMAD y los excesos de la Fuerza Pública durante las jornadas de protesta.

Han pasado dos años y en muchos de los casos las investigaciones son nulas y pocos los avances. Algunos casos han pasado a la Justicia Penal Militar y en las imputaciones de delitos, cuando se llega hasta allí, se toman estas actuaciones como lesiones personales. Para MOCAO, las víctimas se enfrentan a la poca voluntad de los operadores de Justicia para investigar con imparcialidad los casos y sancionar a los responsables. Sobre esto, Paulina Farfán afirma que:

“Tenemos tres casos de lesión ocular en los que se ha condenado al Estado o se le ha otorgado esa responsabilidad al ESMAD. Resultan estos tres casos históricos, pero son de bastante tiempo atrás, entonces, podemos ver los altísimos niveles de impunidad”.

No obstante, lo más preocupante para la defensora de derechos humanos es que en estos únicos tres casos no hay una responsabilidad penal. “No hay una individualización de esa responsabilidad, no hay una responsabilidad institucional”, asegura Paulina.

Hoy, las investigaciones por presuntas faltas disciplinarias no avanzan, aunque en 2021 la Inspección General de la Policía informara de 218 investigaciones disciplinarias abiertas: “103 por abuso de autoridad, 16 por homicidio, 25 por lesiones personales, 41 por agresiones físicas, 3 por acoso sexual”. Alrededor de este tema, la Procuraduría General de la Nación, en respuesta a un derecho de petición de este medio, reporta que de 917 procesos disciplinarios contra la Policía, 184 “corresponden a actuaciones que fueron clasificadas como adelantadas por miembros del ESMAD”, y aclara que en etapa de instrucción hay 165 casos, de los cuales 117 han sido archivados; apenas 12 han llegado a etapa de juzgamiento y 6 han sido trasladados a otras instituciones por problemas de competencia. Ninguno de ellos ha terminado en sanciones disciplinarias luego de dos años.

Respecto a esta dura realidad, la doctora Alba asegura que si bien ha sido duro para las personas lesionadas lidiar con la impunidad, “algunos de ellos han logrado organizarse, han logrado generar unas redes de apoyo con sus mismos pares”. Tiene razón: Juan Pablo Fonseca explica que al unirse con otras víctimas como él y organizarse ha logrado el soporte que ni el Estado ni la sociedad le ofrecen:

“Sentimos que hacemos una campaña hacia la empatía [para] no sentirnos revictimizados, acompañarnos en este proceso tan eterno que esta violencia ha dejado […] Hemos aprendido un montón, es imaginable. Todos los compañeros tienen cantidad de conocimientos, sus expectativas de vida son muy enriquecedoras, cada uno de ellos y ellas es una persona muy especial y con unas historias de vida muy profundas”.

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Avispa Midia

Media docena de heridos y muertos deja el paro armado del ELN en Colombia

Por Ñani | Avispa Midia

Departamento de Nariño, Colombia, 22 de febrero, el miedo inundó las calles. Los negocios comenzaron a cerrar y la dinámica del comercio fue reduciéndose durante el día. Todo giró en torno a un comunicado del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que inicialmente circuló en grupos de WhatsApp y Facebook, y que anunciaba que el día 23 comenzaría un “Paro Armado” a las 6 de la mañana.

El comunicado del ELN estaba dirigido a Iván Duque Márquez, actual presidente de este país, en el cual se establecía que la población solo podría movilizarse “por razones humanitarias relacionadas con actividades funerarias o emergencias hospitalarias”.

Daniela Rodríguez*, de esta comunidad, cuenta que, a pesar de que en el comunicado de esta organización armada decía que comenzaba a las 6 de la mañana del día 23 y que terminaba el día 26 a la misma hora, toda la gente comenzó a refugiarse en sus hogares un día antes. “Porque hemos sido municipios que hemos vivido muy de cerca la guerra. Esta situación nos trae recuerdos muy desagradables”.

Daniela comenta para Avispa Midia que desde el día 22 comenzaron a parecer banderas y panfletos del ELN en las principales vías de comunicación. “Ya para el día 23, en la mañana, se registraron los primeros casos de quemas de vehículos. En la noche se dio el primer hostigamiento armado en uno de los municipios de nuestra región por más de 25 minutos”.

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Avispa Midia

Colombia | En 2021 se registraron 168 líderes sociales asesinados

Por Sare Frabes

El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) realizó un seguimiento sobre la violencia en Colombia en 2021, año en el que ocurrieron 92 masacres, que acabaron con la vida de 326 personas.

Durante el 1 de enero al 24 de diciembre del año pasado, Indepaz registró 168 líderes y lideresas asesinados en 25 departamentos colombianos. A su vez, también ocurrieron los homicidios de 48 firmantes del Acuerdo de Paz.

El informe Cifras de la violencia en las regiones 2021 destaca que han sido asesinados 1283 líderes y lideresas desde la firma del acuerdo de paz ocurrido en La Habana, Cuba, en el año 2016, cuando Indepaz comenzó el registro de los hechos violentos.

¿Paz?

Entre los 168 asesinatos cometidos durante 2021 contra líderes y lideresas sociales, el informe elaborado por Indepaz destaca algunos casos de quienes fueron víctimas de la violencia.

El departamento del Cauca fue el que registró el mayor número de casos y entre ellos está el de la lideresa Sandra Liliana Peña, quien era gobernadora del resguardo indígena La Laguna-Siberia SAT Tama kiwe, ubicado en el municipio de Caldono, Cauca.

Líderes campesinos, como Wilson López, quien hace 16 años había sido desplazado tras recibir amenazas de grupos paramilitares, fue asesinado en su tierra de la vereda El Congal en Samaná. Desde 2020 López había impulsado procesos de agricultura familiar, huertas caseras y unidad comunitaria para las y los habitantes de la zona.

La violencia también se dirigió contra los participantes del Paro Nacional, principalmente jóvenes como Sebastián Jacanamijoy, quien era miembro del pueblo indígena Inga y estudiante de la Universidad del Valle. Jacanamijoy realizaba labores en la defensa de los derechos de las comunidades indígenas, además de desempeñar tareas como guardián y sanador de la medicina ancestral de su territorio en el departamento de Putumayo.

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Indepaz registró 79 personas asesinadas en el marco del Paro Nacional, 44 de los cuales han sido con presunta autoría de elementos de la fuerza pública. También contabilizó 4687 agresiones por parte de los funcionarios de seguridad y 1661 casos de violencia física contra las y los participantes del Paro Nacional.

Violencia contra organizaciones

Resalta también que en 2021 fueron asesinadas 26 lideresas, entre ellas mujeres que luchaban por los derechos de las víctimas del conflicto armado y en la defensa del territorio.

Entre ellas está Beatriz Cano, comunicadora social y quien se desempeñaba como locutora de la emisora comunitaria Radio Payumat de Santander de Quilichao. Ella también realizaba procesos de formación popular para miembros de la comunidad indígena Nasa.

Cabe destacar que en 91 casos los homicidios ocurrieron contra personas que desempeñaban labores en organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes, ambientalistas y comunales.

Entre ellos, destacan defensores ambientales como Gonzálo Cardona Molina, quien era coordinador de la Reserva ProAves Loros Andinos; líderes afro como Edinson Valenzuela Cuama, quien trabajaba en el Consejo Comunitario de Buenaventura en el Valle del Cauca y jóvenes como Higinio Bailarín, de tan solo 23 años, perteneciente a la guardia indígena de la comunidad Embera Eyabida, en el departamento de Antioquia.

Por último, el informe también contabiliza 162 conflictos socioambientales en 2021, en los cuales están involucradas multinacionales, así como proyectos nacionales, como el caso de las empresas eólicas que afectan las comunidades Wayuú de la media y alta Guajira.

Para el informe, Indepaz utilizó fuentes institucionales como los de la Fiscalía General, el Sistema Nacional de Derechos Humanos; Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición; así como fuentes comunitarias y de organizaciones nacionales y regionales.

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CRIC Colombia

Colombia | “Unámonos como se unen las dos manos para trabajar”

Posicionamiento para la defensa integral del territorio y sus espacios de vida

Ante la acción marrullera del ministerio de Ambiente, quien dentro de la delimitación que hizo del páramo de Guanacas, excluyó de dicha área toda la zona de Gabriel López y, en donde al verificar se encontraron grandes extensiones de cultivos de papa y otras actividades extractivistas como la minería las cuales ponen en riesgo la vida toda; los 11 pueblos indígenas que hacen parte del CRIC, y las autoridades del pueblo Misak filiales a la AISO, se dieron cita en el páramo de Las Guanacas, el 06 de diciembre, con el fin de mandatar la protección, conservación y cuidado de los espacios de vida para la armonía y equilibrio de nuestra Madre Tierra y todos sus seres vivos.

El lema de este importante encuentro fue la Unidad, un principio básico con el que nos tejemos los pueblos indígenas. La lucha no es contra nosotros mismos, sino contra quienes nos joden con leyes que nos despojan, para esclavizar la tierra. Nos juntamos para Liberar a nuestra Madre.

“Yo siempre he soñado con que se unan las organizaciones, se unan los pueblos, los movimientos y luchemos juntos” menciona una autoridad del pueblo Misak y agrega “importante que los campesinos se pararon duro, porque si no, no habíamos podido relacionarnos con ellos”.

Y así fue, en medio de las confusiones y malos entendidos generados por la desinformación frente al posicionamiento en el páramo, algunos campesinos, bloquearon la vía en el corregimiento de Gabriel López, esta acción permitió dialogar y dejar en claro que este posicionamiento político es un tema de protección colectiva, una acción que nos compete a todos los sectores y pueblos indígenas.

 

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Avispa Midia

Colombia | Dos líderes indígenas del Cauca son atacados en menos de doce horas

Por Sare Frabes

El lunes, 8 de noviembre, se cometieron dos graves atentados en el departamento de Cauca, en Colombia, con un modus operandis similar, contra líderes indígenas de la región, lo cual ha alertado a las autoridades tradicionales.

El primer atentado aconteció durante la tarde, fue en contra del exgobernador indígena Cauca, Ovidio Hurtado. Cuando el indígena se encontraba en la vereda Santa Helena, municipio de Caldono, en Cauca, dos sujetos armados intentaron interceptar el auto en donde viajaba acompañado de su familia y personal a cargo de su seguridad.

El personal de seguridad, al percatarse de que ambos sujetos tenían en su poder armas, optaron por acelerar el auto en un intento de sobrepasarlos. Acto seguido, los sujetos dispararon al auto en movimiento en varias ocasiones. Afortunadamente, ni el exgobernador, los miembros de su familia, ni su guardia resultaron heridos.

El segundo siniestro sucedió por la noche y tuvo como objetivo a Edison Zetty, coordinador Kiwe Thegnas de la Guardia del Resguardo de Las Delicias, Cauca.  El indígena habría sido amedrentado esa misma tarde por miembros de grupos delictivos de la región.

No obstante, no fue hasta la noche, mientras Zetty y sus guardias se movilizaban en un auto hacia su hogar, cuando en medio de la zona rural del municipio de Buenos Aires fueron abordados por hombres armados que les dispararon repetidamente. Nuevamente, la reacción de los guardias salvó la vida del indígena y el personal, únicamente dejando como consecuencia danos al automóvil.

El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) lanzó un comunicado rechazando y criminalizando los actos violentos a los que se enfrentan los defensores del territorio y puntualizando que el atentado contra Zetty cobra relevancia considerando que en menos de tres días la asamblea del Plan de Vida Sa’th Fxinxi Kiwe se reunirá en Las Delicias.

“En el 2018 se registraron 26 homicidios, en el 2019 fueron 108, en el 2020 se contaron 106, y en lo que llevamos de este 2021, son 81 los comuneros y líderes asesinados en el Cauca. Es una situación complicada, rechazamos la ola de violencia en nuestros territorios y exigimos al Gobierno Nacional que nos dé las garantías”, expresó Mauricio Capaz, consejero mayor del CRIC, de la zona norte.