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Mayo Rojo a los 10 años: Atenco resiste un nuevo despojo
Por Carolina
Suenan los cohetones. Brillan los machetes. Atenco llega a la Ciudad de México para encabezar una marcha desde el Ángel de la Independencia al Zócalo. Más de mil personas se suman en el camino. Corean: ¡Atenco vive! ¡La lucha sigue!
La marcha cierra dos días de actividades organizadas por el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) para marcar la represión brutal del 3 y 4 del mayo de 2006 en San Salvador Atenco y Texcoco, donde se daba una lucha en apoyo a los vendedores de flores. El terror policiaco de Mayo Rojo, alentado por los medios de comunicación, fue un castigo contra un pueblo que logró echar abajo el proyecto estelar del gobierno de Vicente Fox en el 2002––un aeropuerto que les hubiera despojado de sus tierras.
Solo unos pocos días antes, el Subcomandante Marcos había dicho en una visita al pueblo de Atenco: “Venimos a reconocerles como nuestros hermanos mayores, porque nos han enseñado también a desafiar al poderoso, a enfrentarlo y a defender con nuestra propia fuerza aquello que nos quieren quitar: la tierra, la libertad y la vida. Esta tierra digna de Atenco tiene mucho que enseñar, no sólo a nosotros como zapatistas, sino a toda la gente que está luchando”.
15 mujeres mayas de Sepur Zarco enfrentan la barbarie militar
Haciendo historia. Notas de Radio Zapatista. Nota 1.
Por: Eugenia Gutiérrez, Colectivo Radio Zapatista.
Ciudad de México, 5 de abril de 2016.
Escucha aquí: [podcast]https://radiozapatista.org/Audios/HaciendoHistoria/NotasRZ_nota1_audio.mp3[/podcast]
En 1982, después de dos décadas de guerra en Guatemala, la comunidad q’eqch’i de Sepur Zarco, en Izabal, fue sacudida por una violencia de proporciones inesperadas. Sus habitantes se habían organizado para defender tierras ancestrales que eran reclamadas por terratenientes. Para ello, a principios de ese año comenzaron un proceso legal en demanda del reconocimiento de sus títulos de propiedad, pero el proceso duró poco. La respuesta de los terratenientes frente al despojo frustrado fue salvaje. Se coordinaron con el ejército guatemalteco para secuestrar y desaparecer al grupo que encabezaba la defensa de la tierra. No conformes con haberse llevado a los hombres, los militares guatemaltecos arrasaron con la comunidad Sepur Zarco y violentaron sexualmente a muchas mujeres frente a sus familias.
Las que lograron huir a las montañas tuvieron que volver al paso del tiempo porque estaban viendo morir de hambre a sus hijas y a sus hijos. Cuando las familias sobrevivientes regresaron a Sepur Zarco en julio de 1982, los militares habían instalado un puesto de descanso y recreo para sus soldados sobre las cenizas de la comunidad, entre los municipios de El Estor (Izabal) y Panzós (Alta Verapaz). Y como era un puesto de descanso y recreo, los soldados giraron la instrucción de servicio para las mujeres de comunidades aledañas. Como resultado, ellas padecieron seis años de explotación sexual y laboral.









