EZLN
Un Tractor En Común Y El Caso Del Perico Loco. II.- No Van A Poder | 17 de mayo 2026 | ͶÀTIꟼAƆ ⅃Ǝ
Imágenes: Terci@s Compas Zapatistas
Música: Mercedes Sosa «Todo Cambia», Compositor: Julio Numhauser Navarro
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco
II.- No van a poder
Para el profesor Enrique Ávila Carrillo y el magisterio que enseña y aprende… luchando
La anécdota me la contó el Subcomandante Insurgente Moisés hace unos días: unos hijos de ex rancheros invadieron tierra recuperada. Alegando que en el pasado esa tierra era de sus padres, se metieron y empezaron a construir sus casas. Llegó un grupo de compas a explicarles que no podían hacer eso, que esa tierra era del Común, o sea que no era propiedad de nadie, ni del Estado, ni propiedad privada, ni ejidal. Al ver llegar a los compañeros, los invasores pensaron que los iban a correr, así que empezaron a decir que el ejército, la policía, los jueces, que tenían un pariente licenciado, que Trump, que Sheinbaum, que no los iban a sacar, que sólo muertos saldrían de ahí.
Los compas sonrieron, escucharon pacientemente y, ya que los aspirantes a finqueritos terminaron con sus amenazas, les dijeron “bueno, hermanos, pues ya escuché tu palabra, ahora escucha la palabra que te traemos”. Y empezaron a explicarles el Común y que podían trabajar la tierra, junto con otros hermanos de otros pueblos y comunidades, pero esa tierra no era propiedad de nadie. Los padres de los improbables finqueros entienden la lengua, porque se habían criado en esa zona, así que los compas les explicaron todo en la palabra originaria, ante la desesperación de los hijos que eran “licenciados” de la ciudad. En la plática, los padres asentían con la cabeza a los argumentos de los compañeros. Al terminar, les dijeron a sus hijos: “no es como nos dijeron allá los de partido Morena, estos hermanos tienen razón en lo que dicen y no van a corrernos, sino que van a ser nuestros vecinos”. Les dieron a los hijos la versión en castilla (que siempre será más pobre que en lengua originaria). Acorralados con razones, los hijos argumentaron: “Pero no van a poder eso del Común. La gente es egoísta, quiere tener y tener más y más. La gente no quiere compartir ni ver por los demás. Y peor si son… son… como son ustedes”. Se esforzaron por no decir “si son indígenas”, tal vez temiendo que fueran agredidos. Los compas respondieron con el lapidario “Pues ahí lo vamos a ver en la práctica si se puede o no se puede”.
Como no había más argumentos, estas personas pasaron al argumento central: “Es que ustedes son castristas”. “¿Qué cosa es castristas?”, le preguntaron. Y ellos: “Los castristas son comunistas, o sea que las mujeres son comunes, son de todos”: Los compas rieron y uno de los nuestros preguntó “¿Y por qué no los hombres son de todas?” El aspirante a beneficiario del Sembrando Vida (en realidad no quería hacerse finquero, sino pedacear la tierra, pedir el apoyo gubernamental y luego vender los pedazos de terreno), quedó pensando, como valorando las ventajas del cambio de mujeres comunes a hombres comunes, pero un compa intervino y le preguntó “¿Entonces tu mujer es de tu propiedad? ¿Ya le informaste que eres su dueño y señor, que tú la mandas en lo que siente, en lo que piensa, en lo que quiere, en lo que sueña?” El ciudadano dudó. Tal vez se imaginó la bronca que tendría con su mujer si se le ocurría siquiera insinuar eso, y que el matrimonio no era sino un contrato donde él, el marido, tomaba posesión de ella, la marida, “hasta que la muerte los separe”. Un contrato pues, de compra-venta, así como se compra ganado o televisiones para ver el mundial de futbol. O sea, trata de personas, pero con bendición legal.
Los compas le explicaron que el Común se refería sólo a la propiedad de la tierra, no al trabajo. “Entonces”, dijo el hombre ya a la defensiva, “¿lo que saque de mi trabajo es mío?”. “Así es”, le respondieron. Él insistió: “O sea que, si yo siembro, por ejemplo, plátano, en mi tierra, ¿no me lo van a quitar o a pedirme un porcentaje?”.
“Otra vez la burra al maíz”, le dicen, “no es TU tierra, es del Común. Y tu trabajo, el producto de tu trabajo, es tuyo y nadie, al menos, nadie de zapatista, te lo va a quitar ni a pedir una parte. Así como no son comunes tus calzones, tu carro, tu ropa, tu casa, tu sitio, tu cepillo de dientes, tus cosas pues. Pero la tierra es Común, y se trabaja por turnos. Trabajas, sacas tu producción, luego entran otros a trabajar esa tierra, luego otros y así. Sólo así la humanidad va a poder sobrevivir a la tormenta. ¿O a poco están muy tranquilas las cosas allá en la ciudad? ¿No batallan con la comida, el transporte, el agua, la violencia, las desapariciones, la salud, la educación, la ropa, los zapatos? ¿No es cierto que los gobernantes, sin importar de qué partido sean, son lo mismo que los criminales?”.
“Eso sí, te decimos que no se pueden consumir, producir, comerciar ni traficar drogas. Y no se permite los trabajos que lastimen a la Madre Tierra, como la minería, el fracking, los talamontes, el acaparamiento del agua. Tampoco el alcoholismo, la prostitución, la trata de personas, la violencia contra mujeres y crías, el desprecio y olvido para las personas ya de juicio, la burla y la agresión contra los diferentes, y todas esas cosas con nombres raros que sólo sirven para engañar a la gente que el mal que se va a hacer es por su bien”
“Pero la tierra es para producir”, alegó él. Uno de los compas, recordando las largas discusiones, debates y peleas en las asambleas zapatistas, intervino y dijo: “Sí, pero una cosa es producir para el mercado y otra producir para la vida. La tierra del Común es para la vida, no para tener ganancias”.
“Entonces”, preguntaron, “si la tierra no es de nadie, ¿ustedes qué son?”
“Guardianes”, respondimos. Otro compa agregó “y Guardianas”. Uno más: “Y Guardianoas”.
Se despidieron. Dijeron que ya entendieron, pero que iban a consultar con la Biblia de su religión para ver si eso del Común no iba en contra de la palabra de Dios.
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Este argumento de “no van a poder”, sustentado en lo irremediable del individualismo, el egoísmo y la avaricia, no es sólo argumento del capitalismo. Está también en quienes se dicen de izquierda y esperan, con paciencia, que fracasemos. No sólo por el individualismo, ni sólo porque lo del Común no vino de sus grandes cabezas con notas de pie de página, también porque no se siguen los “santos” preceptos de la izquierda ortodoxa de que primero la publicación y la propaganda para concientizar y convocar, luego el partido, luego la toma del Poder, luego el Estado como propietario representativo y regulador. Y luego, muchos siglos después, Dios no lo quiera y estén vivos, el Común.
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Pero, puesto que salió lo del “castrismo” y puesto que el pueblo de Cuba sufre un bloqueo (ya sin el eufemismo de “embargo”) y una nueva amenaza de intervención militar, ahora, hoy, entonces vayan algunas palabras sobre ese pueblo al que respetamos y admiramos.
Creemos que su resistencia y rebeldía son evidentes. No sólo ha mantenido un proyecto social en medio de todas las amenazas posibles, frente a todas las agresiones imaginables e inimaginables, padeciendo campañas mundiales de calumnias y mentiras; también las “sensatas” reflexiones de quienes no son “ni chicha ni limoná”, que pretenden no ser de aquí ni de allá y, que lo más “amable” que dicen es “fue bello al principio, pero ya con el tiempo se convirtió en una dictadura”. Eso que no es sino otra forma de decir: “antes fue moda apoyar a Cuba, ahora la moda es atacarla”.
En fin, no es la primera vez, ni será la última, en que se decrete la muerte (al menos mediática) de lo que el mismo pueblo llama “la revolución cubana”. En las últimas décadas… ok, bueno, desde aquel enero del 59, se dice, se repite, se recita, se eructa: “Cuba no va a sobrevivir… si no se traiciona a sí misma”. Bueno, no con esas palabras.
Y no se trata sólo de olvidar Girón y a Fidel Castro manoteando con su equipo porque no le querían permitir ir al frente de batalla (en aquellos tiempos en que los comandantes marchaban al frente de sus tropas). Tampoco los esfuerzos inútiles de la inefable Agencia Central de Inteligencia, la CIA gringa, para acabar con la dirección. Baste recordar la desesperación de un congresista norteamericano de aquellos tiempos, al hacer comparecer a los responsables de “resolver el problema cubano”: el agente explicaba, con lujo de detalles, el plan para envenenar a Fidel Castro… para que se le cayera la mítica barba. El congresista, con los ojos y la voz exaltados, demandaba: “¿De manera que gastamos tantos millones para quitarle la barba a Castro, para rasurarlo? ¿No era más sencillo darle un tiro?”
Y los aviones derribados, los atentados terroristas, los sabotajes, el “embargo”, los eructos mediáticos de los especialistas en todo y conocedores de nada.
Y alguien se puede preguntar: si lograron todo lo que han logrado con todo eso en contra, ¿cuánto no hubieran podido hacer si los hubieran dejado en paz?
Se trata, sobre todo, de olvidar lo fundamental: sea cierto, o no, que han tenido, tienen y tendrán errores, pero son SUS errores, SUS aciertos, SU historia, SU presente y SU futuro. Y eso es difícil de entender desde los escritorios de la academia, la teoría estéril (sin práctica, pues), y el comentario banal e inútil que ni siquiera consigue los likes de rigor.
Pero deje usted de lado las tendencias en redes y en los medios de comunicación. ¿Por qué no han podido doblegarlos? ¿Por qué sería necesaria una intervención militar gringa si, con apoyos como los que ha tenido la oposición cubana, hubieran ya conseguido la “liberación”? Oiga usted, como que algo ahí no se explica. Como que algo hay en ese pueblo que no se entiende y no tiene que ver con el individualismo, el egoísmo, la avaricia y demás. Tal vez, no sé, puede ser, es un supositorio, pero se me ocurre que es una cuestión de lengua: puede ser que en el alfabeto cubano no existan las letras para componer la palabra “rendirse”.
Y también viene Cuba a colación porque, hasta donde recuerdo, el Movimiento 26 de Julio no siguió los manuales de la ortodoxia comunista de entonces, que había arrinconado el quehacer de la izquierda latinoamericana a los dictados del entonces “campo socialista”. En pocas palabras: hicieron su propia historia. No para los libros, los análisis, las reflexiones sin práctica consecuente, sino para la vida.
Cuba, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de la comprensión, pervivirá. Porque hay quien espera que la isla se convierta en un Mariel de punta a punta, pero hay quien sabe que será un Playa Girón lo que el sol contemple al salir… el día después.
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Estas reflexiones se me ocurren ahora que he estado presente en algunas de las reuniones de los “Interzonas” (lo pongo entre comillas porque en cualquier momento cambiará su nombre), en asambleas de autoridades autónomas y responsables, de teatristas, coordinaciones de arte y cultura, de Como Mujeres que Somos, de jóvenas y jóvenes, de hombres y mujeres “de juicio” (ya mayores pues), donde discuten y debaten algo nuevo. Sí, nuevo – nuevo.
Creo que alguna vez he dicho que los zapatistas no buscamos cómo ser felices, sino cómo ser infelices. Como es nuestro modo el imponernos nuevos retos, trabajos, cambios inesperados la víspera, la crítica despiadada en lo interno, los desvelos, los dolores de panza (con o sin tamale crudo), las preocupaciones, las largas discusiones, las caídas y las levantadas. Y entonces entiendo que el problema, nuestro problema, es que tratamos de vivir lo que soñamos. Y así nos va.
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Los sueños siguen siendo sueños hasta que son sembrados en la realidad. Seguirá entonces un largo y accidentado camino, repleto de tropezones, sinsabores, más bajadas que subidas. Y, claro, la presencia infaltable de quienes opinen que así no, que no todavía, que no se va a poder, que es imposible. El progresismo de nómina siempre ha exigido obediencia y subordinación en su diario claudicar.
Decía el finado que todo es imposible la víspera. Lo dijo pensando en el 31 de diciembre de 1993, y lo repitió y repite cada que una nueva idea, una nueva iniciativa, interna o externa, se escucha en lenguas originarias de raíz maya y en castilla… en las montañas del sureste mexicano.
Porque siempre habrá alguien, abajo y a la izquierda, que tome ese sueño en las manos, prepare el terreno y el tiempo, el calendario y la geografía pues, y, sin ceremonias rituales, declaraciones ostentosas ni promesas vanas, empiece a trabajar para ese sueño.
Entonces, y sólo entonces, los sueños dejan de serlo y se convierten en… una posibilidad.
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¿O sea que vienen más cambios? Sí, me temo, y celebro, que sí (suspiro).
(Continuará…)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán.
México, mayo del 2026.
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. I.- La Genealogía del Tamale
Imágenes: Tercios Compas Zapatistas
Música: Los Cojolites «Tierra Madre»
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco.
I.- La Genealogía del Tamale.
Para las madres buscadoras, con admiración y respeto.
Debo aclararles que yo creía que no vería esto en vida. Esta combinación de conocimientos y prácticas de usos y costumbres de hace muchas décadas, con las ciencias y las técnicas aplicadas. Sí, en el campo. Sí, en la lucha por la vida.
El Subcomandante Insurgente Moisés me ha explicado el proceso:
Primero eliges el terreno. Mientras más plano, mejor. Después viene lo que se llama tumbar y rozar, es decir, con machete y, a veces, hacha, se tumban árboles grandes, medianos y chicos. Si ya es un terreno de milpa antigua, entonces es acahual (árboles y plantas pequeños). Si era potrero, pues ya no hay árboles. Hay que esperar a que se seca bien y luego sigue la “quema”, que consiste, como su nombre lo indica, en prenderle fuego al terreno para que la tierra se fertilice con la ceniza. Luego sigue limpiar, o sea, quitar piedras, troncos, ramas y raíces. Después ya sigue la siembra, que se hace con coa (una vara recta, a veces con punta de fierro). Quien siembra, lleva las semillas dentro de una morraleta, va avanzando poco a poco, horadando la tierra con la coa y depositando la semilla en la tierra. Luego sigue esperar que llueva. Claro, si es que la seca (temporada de calor), con sus ventarrones, no llevó la quemazón más allá del “guarda-rayas” y entonces hay que organizarse en colectivo para ir a apagar antes de que el fuego se extienda y llegue al bosque… o a los poblados.
Si llueve, bien. Si no llueve, mal. Y entonces hay que echarle cohete al cielo para que se despierta la nube y se deje caer sobre la tierra, donde la semilla espera la vida que cada gota de agua lleva.
¿Después? Esperar, estar atento al clima. Si todo va bien, en unos 3 meses habrá elote y luego maíz. Después sigue la cosecha: recoger las mazorcas y amontonarlas en una champita que le llaman “troje”. De ahí, cada que se necesite, se lleva un tanto de mazorcas a la casa, y la familia entera (abuelos, padres, y la prole) se sienta a desgranar. Luego sigue cocer el maíz, con algo de cal que se extrae de piedras. La cal es con una piedra especial, blanca. En algunas partes le dicen Poj´ton. Se calienta con leña y luego se muele hasta que queda un polvo finito. Si no encuentras, puedes hacer con la cáscara o concha del caracol de río. Y si no tienes Poj´ton ni caracol, pues ni modos, hay que conseguir la paga para comprar la cal.
Una compañera me aclara: “Eso de mezclar la cal con el maíz, no cualquiera. Se necesitan, como quien dice, a las mamaces. La mamá te dice qué tanto de cal le echas a la olla con el maíz en agua. Si no está cabal, no sirve. Y si te pasas, pica. Entonces tienes que calcular, según te enseña tu mamá. Ya cuando creces, pues ya sabes calcular. Pero no es que mides con centilitros, mililitros y esas cosas de la matemática. Es que mides según te enseña tu mamá. Y tienes que batir bien con la mano, que no queden bolitas, sino que cabal.
Si no aprendes a hacer bien, rápido se publica en el pueblo y te mal miran. Y peor para la mamá, que la mal hablan que no enseña a sus crías lo del maíz, o sea de la vida. O sea que las crías tienen que aprender bien. Como quien dice, las mamás necesitan de las crías. Creo por eso mucho nos regañan cuando somos pequeños, para que aprendamos. Y por eso las mamaces siempre lo piensan sus crías y, si no están, las buscan. Si no tuviéramos mamá, creo que morimos todos de una vez”.
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Luego, ya que tienes el maíz cocido, sigue moler a mano, con un viejo molino mecánico. Si no hay, pues con metate y piedra. Entonces ya tienes la masa lista para la tortilla… o el tamale. Si es fiesta, entonces tal vez con cuche (puerco), pollo o guajolote. Y el recado, claro, que es como el condimento que se le pone a la carne. Si no hay carne, pues frijoles… o verduras (guácala). También se puede hacer con chile verde o rojo, y con azúcar. Después de todo eso, y si tienes suerte de que quien cocina no deje crudo el tamale, entonces podrás comer tamales. Y si está crudo, pues ni modos, igual tienes que comer porque es lo que hay. Eso sí, hay que tener la precaución de tener una letrina cerca.
Si es fiesta, hay baile. Sí, cumbias. Aunque también luego hay rock, ska, banda y esas músicas con que las jóvenas y jóvenes brincan como si estuvieran encima de un hormiguero. Pero el amor y, claro, el desamor, suelen florecer y dar fruto con las cumbias. Ahí las caderas prometen fiebres… y desvelos… y lluvias… y sinsabores.
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¿Y luego? Pues vuelta a empezar. Y así por los siglos de los siglos. Hay humanidad porque hay tierra. O sea que, como quien dice, la tierra es la madre de la humanidad. Viera que no hay tierra, pues ¿de dónde vas a sacar todas las cochinadas que comes? Sin tierra no hay alimentos, ni animales, ni aire, ni lluvia. No hay nada. Por eso decimos que la tierra es vida.
Los pueblos y comunidades del Congreso Nacional Indígena, nos enseñaron a decir “territorio”. O sea, no es sólo la tierra-tierra, sino también el agua, los bosques, los animales silvestres, la lluvia, el viento, el sol. Todo. Nosotros, cuando decimos “tierra”, decimos todo eso; pero en las ciudades entienden tierra como un pedazo de tierra y no como un todo. Por eso el CNI nos enseñó a decir “territorio”.
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Las guerras actuales, dicho sea de paso, son para conquistar territorios. Por eso no importa cuánta gente asesinan ni cuantos edificios, hospitales, escuelas (con niñas dentro), barrios enteros destruyen. Porque de eso se trata la guerra capitalista: de destruir para reconstruir luego; y de despoblar para reordenar luego el territorio conquistado. Y es por eso que hay, en la humanidad, lo que se llama “Guardianes” de la tierra, o sea del territorio. O sea que son las crías de la Madre Tierra, la Resistencia y la Rebeldía. Y por eso asesinan, desaparecen y encarcelan a los defensores de bosques. Y por eso el problema no es Netanyahu o Trump. O no sólo, pues.
Porque con ellos o sin ellos, el Mandón, el sistema capitalista pues, quiere asesinar personas y destruir poblaciones enteras. Porque en esas poblaciones y en el corazón de esas personas, vive la vida.
Así nació el sistema: matando y destruyendo. Así creció. Y así se mantiene, aunque cambien sus modos y sus explicaciones. El sistema capitalista es muerte. No sólo para la humanidad. También para el planeta entero. Por eso decimos que la lucha contra el capitalismo es la lucha por la vida. Y viceversa.
¿Quiénes entienden más y mejor esto? Pues quienes viven en un territorio, o sea en la tierra. Pero no luchan por la propiedad del territorio, sino por defenderlo. Y por eso los ataca el capitalismo, porque le estorban en su plan.
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Le pregunté al SubMoy: “¿Pero entonces ya no hay quema?”
“No, estamos dando como una muestra, una enseñanza a los mismos compas y a los hermanos partidistas que, usando la técnica, ya no se necesita la quema y así no se corre el fuego, poniendo en peligro a animales, árboles y personas. Además de que ya no hay la humareda. Y no tienes que esperar a que llueve ni gastar cohete de balde. O sea que, sin dejar de trabajar la tierra, se puede cuidar y mejorar”
“¿Y el tractor de dónde salió?”
“Ah, lo tenían en un puy desde hace años, pero no lo usaban y ahí nomas estaba echándose a perder. Entonces llegó el Común a rescatar. Fueron los choferólogos, lo arreglaron, lo lavaron, lo dejaron bien galán, y ya lo movieron a esta tierra que es del Común, que es de todos y es de nadie.”
“Pero tal vez en el día después no va a haber combustible para el tractor… ni tractor”.
“Ah, seguro. Pero nos estamos enseñando como nuestros tatarabuelos y abuelos, que se hacen las cosas con lo que hay y con la cabeza. El asunto es siempre ver de cuidar la madre tierra”
Un compa es quien enseña y tiene alumnas y alumnos, principalmente tzotziles y cho´oles. Ese compa es del Puy de Roberto Barrios, y se viene con su banda para aplicar lo que aprenden. Porque si no se aplica lo que se sabe, pues de balde. O sea que quiere la práctica. Donde enseña, bien se puede llamar “Centro de Investigación, Análisis, y Enseñanza Rebelde Zapatista del Trabajo en el Campo y la Defensa y Cuidado de la Madre Tierra Combinando el Conocimiento de Nuestros Anteriores con Conocimientos de las Ciencias, las Técnicas, las Artes y lo que se Nos Va Ocurriendo y que Inventamos Según Vemos en la Práctica” (CIAERZTCDCMTCCNACCTALVAOISVP, por sus siglas en español).
Nah, no es cierto que se llama así. Pero algún nombre le van a poner. Tal vez igual o más largo, no sé.
El asunto es que, como en las Cumbias, lo que vale es la puesta en práctica del conocimiento. Porque bien puedes escribir libros de teoría de la Cumbia, explicar con elipsis y parábolas, ecuaciones diferenciales y asíntotas, la rotación de las caderas y el ritmo de pies y manos. Pero, compa, si no lo practicas, va a parecer que tus pantalones son de cartón o que te dio un calambre.
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Cuando lo miré que ya están funcionando los aspersores y están sembrando, pensé “ya me puedo morir”. Creo que lo pensé en voz alta, porque la Verónica, que andaba de metiche para variar, me dijo “¡¿Otra vez?!”. Y, mirándome con reprobación, añadió “Ya caes mal que a cada rato te mueres. Hasta las mujeres de los pueblos ya protestaron con el SubMoy de que de balde rezan cada vuelta”.
“¿O sea que rezan por mí?”
“¡Qué va a ser!, rezan por el pobre demonio, que va a sufrir cuando llegues al infierno, y te pongas a hacer tus travesuras”.
Bueno, pero eso no es el tema…
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En cualquier rincón del mundo, florecen las vidas de las resistencias y rebeldías. Ayer se llamaban Venezuela. Hoy se llaman Irán y Cuba. Siempre se llaman Palestina. Porque siempre habrá quien no se rinda, no se venda y no claudique.
(Continuará…)

El Capitán.
Abril-mayo del 2026.









































