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El poder de la ley y el sexo.-Texto de Mumia Abu-Jamal
El poder de la ley y el sexo
Por Mumia Abu-Jamal
Un poderoso diputado político les pidió un favor a varias mujeres de su personal. “Chicas, ¿no les interesa tener un bebé mío? No se preocupen. Estoy dispuesto a pagar”.
En un tiempo cuando el acoso sexual, abuso y ataques contra mujeres son habituales, esto suena como una mala película de ciencia ficción. ¿Es la vida real? Uno se pregunta.
A mí me hace pensar en la futurista novela feminista, El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale), por Margaret Atwood, en la cual los hombres de dinero y poder crean una teocracia conservadora donde enseñan y obligan a las mujeres de baja condición social a servir a la clase adinerada, al grado de parirles hijas e hijos sobre quienes no pueden reclamar ningún derecho.
Ésta fue, por cierto, la verdadera condición oculta de ‘Ameríca’ en sus principios, cuando las mujeres africanas fueron violadas al antojo de sus dueños, quienes vendían a sus hijos con fines de lucro.
El político que les hizo proposiciones sexuales a sus empleadas es el diputado del Partido Republicano, Trent Franks, de Arizona, Distrito Ocho, un conservador bien conocido por promover “los valores familiares”. Este tipo les ofreció a sus empleadas cinco millones de dólares para vender sus úteros. ¡Vaya! ¡Que valores! ¿no?
Ah, y no quería usar la fecundación in vitro. Él quería “hacerlo” de la manera tradicional. Ya saben, con el sexo.
Aunque ha renunciado a su cargo, ¿no deja en claro la manera en que los legisladores ven a la gente regular? A mí me parece que sí.
Los cuerpos de las mujeres se consideran bajo la lógica del capitalismo, como mercancía que se compra y se vende. ¿Esto no explica las fantásticas ganancias que se pueden obtener en la industria porno?
Esa lógica nos llevó la carnicería y los horrores de la esclavitud, cuando las mujeres negras fueron compradas y vendidas como ganado.
Y más de un siglo después, el precio ha subido.
Supongo que esto es el progreso.
Desde la nación encarcelada, soy Mumia Abu-Jamal.
–©’17 MAJ
18 de diciembre de 2017
Audio grabado por Noelle Hanrahan: http://www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción Amig@s de Mumia, México
Un diálogo sobre la supremacía blanca en Estados Unidos con Roxanne Dunbar Ortiz
“El capitán John Smith fue un mercenario,” dice Roxanne Dunbar Ortiz al iniciar su conversación sobre la supremacía blanca con Johanna Fernández en un programa de Inside the Activist Studio el 9 de enero de 2018.
¿En serio? ¿El valiente explorador protegido por Pocahontas y recordado cada año en el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos? ¿El líder, según Walt Disney y otros admiradores suyos, que buscó amistad entre la tribu algonquina del jefe Powhatan y los sufridos colonos ingleses?
Pues sí, él mismo, pero no fue así, dice la autora de Cargada: Una historia desarmante de la Segunda Enmienda. Smith había peleado contra los musulmanes en Turquía durante varios años en beneficio del imperio británico. Al llegar a lo que sería Jamestown, Virginia, en 1607, ayudó a los colonos a conquistar a los residentes de los bosques, granjas y áreas de pesca. No lograron esclavizarlos, pero tomaron sus tierras y todo lo que tenían a pesar de su resistencia. La colonización del estado de Virginia siempre se logró con un contingente militar.
Cuando los extraordinariamente ricos hacendados de Barbados llegaron a la parte de Virginia que se convirtió en Carolina del Sur, los blancos eran superados en número por los Africanos esclavizados. La mayoría de los indígenas habían sido sometidos a la limpieza étnica. Los hacendados llevaron con ellos a sus patrullas para controlar y atrapar a esclavos. Estas se aumentaron a finales del siglo XVII con el cultivo de algodón. En otras partes de Virginia, las patrullas eran participantes en las milicias. Dice Dunbar Ortiz que el panfleto de Mumia Abu-Jamal** sobre los orígenes de la policía fue su inspiración para que ella agregara a su libro un capítulo sobre las patrullas.
La historiadora relata que en la colonia de Virginia, fue ilegal que un colono blanco saliera de su casa sin arma, asistiera a una iglesia sin arma, o descuidara de tener su arma engrasada y lista para disparar. Hubo recompensas para atrapar a un esclavo o tomar el cuero cabelludo de uno.
La Segunda Enmienda a la Constitución de Estados Unidos sobre el derecho de poseer y portar armas se basa en el mandato a mantener activas las patrullas y las milicias y la obligación de cada colono blanco de participar en ellas.


















