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Voces de la XXIX Jornada de Acción Global por Ayotzinapa
Voces de las madres de las madres en busca de sus 43 hijos en la XXIX Acción Global por Ayotzinapa
Por Camila Fuentes
Veintinueve meses han pasado desde que el estado desapareció a cuarenta y tres estudiantes de la escuela rural Raúl Isidro Burgos. Las madres han desafiado el temor a hablar en público por sus hijos y denunciar ampliamente la impunidad en la que se hunde cada vez más el sistema político del país. – “estamos cansadas, pero no por el cansancio, sino por tanta mentira que nos ha dicho el gobierno” es lo que expresa una de las voces de una madre de familia que se escuchó en el hemiciclo a Juárez, lugar donde concluyo la marcha que inició del anti monumento a los 43.
Y esto refleja, las circunstancias por las que está atravesado este caso de lesa humanidad; las mentiras con las que ha actuado el gobierno mexicano, la PGR en cada una de las etapas de la investigación, desde que inicio y la violación al cumplimiento de las recomendaciones de la comisión interamericana. Las madres en pie de lucha lo dicen una y otra vez este 26 de febrero del entrante año 2017: – ” les arrancaremos a nuestro hijos de sus manos”
Un alumno de la escuela normal de Ayotzinapa representa la voz de los estudiantes y un delegado de la quinta convención nacional popular presenta la declaración política a la que han llegado 282 delegados de 2i puntos de la república mexicana reunidos por los padres y madres de Ayotzinapa.
Te invitamos a escuchar su voz en los siguientes enlaces:
Doña Joaquina, madre de Martín Getsemany Sanchez García:
Doña María Elena Guerrero, madre de Giovanni Galindes:
Doña Hilda Legideño, madre de Jorge Antonio Tizapa:
Doña Cristina Bautista, madre de Benjamín Ascencio:
Alumno de Ayotzinapa en la XXIX acción global por Ayotzinapa:
Declaración política de la 5° convención nacional popular:
Morir en los campos agrícolas
Por Kau Sirenio
Las cuerdas chillantes del violín hacen que la noche sea más triste de lo normal en San Totolcintla, municipio de Mártir de Cuilapan, mientras que las mujeres y hombres apurados tejen sus cintas de palma; frente al violinista yacen dos ataúdes, uno de color azul tenue y el otro de blanco. Son los cuerpos mortales de las dos jornaleras que fallecieron en Jalisco en un accidente automovilístico.
Al olor de copal y flores, ante el altar que la familia montó para despedir a Fresnia Juárez Domínguez y Diana Juárez Villegas. Lo acompañan las luces titilantes de las velas que dibujan un funeral de campesinas que murieron en los campos agrícolas para no morir de hambre en su pueblo donde la miseria se asoma todos los días.
Los papás, hermanos, cuñadas y cuñados se abrazan entre ellos para darse ánimo para no desmayar por el dolor que los acompaña desde el viernes cuando se enteraron del accidente en que viajaban sus familiares.
«Mi hija salió temprano el viernes a las seis de la mañana al corte de tomate pero ya no regresó, nos avisaron que la camioneta que las trasladaban se accidentó, así que dejamos nuestros quehaceres y nos fuimos a preguntar qué fue lo que pasó con nuestra familia», contó Isaac Juárez Carlos, papá de Diana.
El jornalero habló de su vivencia en Jalisco donde trabajaba en el corte de caña, mientras que su esposa e hija lo hacían en el corte de tomate por una paga de 15 pesos por arpilla, «en la jornada cuando mucho alcanzaban cortar cinco o siete arpilla».
Durante la plática, del interior de la casa sale el sonido del violín y la guitarra que van formando en el oído el canto del más allá de los nahuas de Guerrero, su música fúnebre que se combina con el religioso.
En la casa de la familia Juárez Villegas y Juárez Domínguez los vecinos llegan con la ayuda, maíz y despensas son depositados ante el altar; de ahí lo toman las mujeres que apoyan en la cocina para preparar la cena y el almuerzo.
La población de esta comunidad habla el náhuatl, lengua que aún conservan a pesar de la fuerte movilidad social hacia los campos agrícolas donde se va la familia completa a trabajar en temporadas de otoño-invierno en el corte de chile, tomate, caña, aguacate, angú, espárrago o zarzamora. Otras familias se van a las ciudades turísticas a ofrecer las artesanías que elaboran.
La mayoría de los habitantes de las comunidades asentadas en la ribera del río Balsas, son jornaleros agrícolas, quienes se van por temporadas a los campos agrícolas de los estados de Morelos, Michoacán, Colima, Jalisco, Sinaloa y Baja California, toda la familia. Y también emigran a los Estados Unidos.
Para los trabajadores agrícolas, el peligro que enfrentan cada vez que salen de su pueblo se hizo costumbre: «nuestro panteón está lleno de paisanos que han muerto en los surcos de los campos agrícolas», señala Melquiades García Ríos, comisariado de Bienes Comunales de San Juan Totolcintla.











