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[:es]A casi 60 días del inicio de la huelga de hambre en los penales del estado de Chiapas y sin respuestas concretas en la resolución del conflicto[:en]Amost 60 days after the beginning of the hunger strike in prisons of Chiapas, no concrete answers toward resolution[:]
[:es]Fuente: Grupo de Trabajo No Estamos Todxs
San Cristóbal de las Casas, 6 de mayo de 2019
Inicio de la huelga de hambre
El pasado 15 de marzo del presente año, 6 compañeros recluidos en diferentes penales del Estado de Chiapas anuncian el inicio de una huelga de hambre en exigencia de justicia y su libertad inmediata e incondicional.
Sus nombres son: Adrían Gómez Jiménez y Juan de la Cruz Ruíz recluidos en el CERSS nº5 de San Cristóbal de las Casas pertenecientes a la organización La Voz de Indígenas en Resistencia; Abraham López Montejo y Germán López Montejo recluidos en el CERSS nº 14 de Cintalapa de Figueroa pertenecientes a la organización La Voz Verdadera del Amate; Marcelino Ruíz Gómez y Baldemar Gómez Hernández recluidos en el CERSS nº 10 de Comitán de Domínguez pertenecientes a la organización Viniketik en Resistencia.
En los días posteriores a esta acción légitima de expresión de resistencia en la lucha por su libertad, otros compañeros presos se sumaron a este acto declarándose presos en lucha. Es decir, apoyando, difundiendo y siendo parte activa de esta actuación dentro de sus propios centros de internamiento. A alguos de ellos, debido a sus condiciones de salud o aislamiento, les era imposible realizar una acción tan extrema como esta, ya que eso suponía un grave riesgo a su vida e integridad en un muy breve periodo de tiempo.
A los tres días del inicio de la huelga de hambre, siete personas más recluidas en el CERSS nº5 de San Cristóbal de las Casas, pertenecientes a la organización Solidarios de la Voz del Amate, deciden emprender una huelga de hambre indefinida en solidaridad con la que iniciaron los 6 compañeros anteriomente mencionados, y también con la exigencia de su libertad.
Demandas implícitas a la huelga de hambre
Desde esa fecha ellos, sus familiares y amigxs, personas ex_presas y diferentes organizaciones sociales y de Derechos Humanos no han cesado en el desarrollo de actividades de difusión, acompañamiento y denuncia, sumándose a las mismas exigencias de esta lucha por su libertad y por la libertad.
[:es]L@s últim@s guardianes de la montaña[:]
[:es]
¡Todo el bosque es sagrado! nos dice enérgicamente, pero con los ojos llorosos y la voz entrecortada América Morales, una mujer indígena otomí de la comunidad indígena Otomí de San Francisco Xochicuautla, municipio de Lerma en el Estado de México. Ella, junto con un grupo de comuneros y habitantes que se reivindican como indígenas, enfrentan cotidianamente a los trabajadores de las empresas Autopistas de Vanguardia S.A. de C.V. (Autovan), Constructora Teya, S.A. de C.V. (Teya), –ambas filiales de Grupo Higa– y también recientemente a la constructora Grupo Carso. Las y los comuneros nos dicen que las constructoras han intensificado sus incursiones a la comunidad desde septiembre del 2018 y, específicamente el 25 de marzo de 2019 –día en que pudimos estar presentes– se atrevieron a presentarse en el paraje Zarzamora con un grupo de golpeadores contratados por las mencionadas constructoras. Subversiones pudo constatar que: 1) estos golpeadores no son trabajadores regulares de las constructoras, es decir, no operan maquinaria ni realizan labores de construcción, exclusivamente –dijeron– «venimos a la negociación»; 2) eran alrededor de cuarenta hombres visiblemente agresivos que se estuvieron drogando cómodamente frente a los representantes de las empresas, los medios de comunicación que ahí estábamos y frente a las y los comuneros y habitantes indígenas; 3) amenazaron directamente a las y los comuneros, diciéndoles que «es mejor arreglarse así entre pocos» porque «es como todo, el dinero puede más, si tú me traes 100 yo te traigo 200 y si tú me traes 200 yo te traigo 300».







