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Resistencia contra construcción de basurero en las comunidades indígenas del sur de San Cristóbal

Representantes de trece comunidades del sur del Municipio de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, denunciaron hoy (31 de agosto) los trabajos que iniciaron este mes para la construcción en su territorio de un tiradero de basura para la ciudad de San Cristóbal, sin autorización ni consulta a las comunidades y con graves consecuencias para las mismas. Los representantes de las comunidades exigieron el paro definitivo de la obra y anunciaron que tomarán otras medidas si sus exigencias no obtienen respuesta.

(Descarga aquí)  

Lee la denuncia completa y ve el video abajo: (Continuar leyendo…)

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Late la tierra en las veredas de la resistencia: Informe 2010 del Frayba

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas presentó su informe, “Late la tierra en las veredas de la resistencia”, una mirada a las experiencias de lucha de los pueblos de Chiapas en la defensa de sus derechos, informe 2010.

Introducción: Víctor Hugo López Rodríguez – director del Frayba(Descarga aquí)  

Mtra. Magdalena Gómez – defensora de los derechos de los pueblos indígenas(Descarga aquí)  

Manuel Gómez Deara – ejidatario de San Sebastián Bachajón, adherentes a la Otra Campaña(Descarga aquí)  

Guadalupe Liévano y Emperatriz González – Integrantes del Centro de Derechos Humanos Digna Ochoa, Tonalá(Descarga aquí)  

Sara Méndez – Integrante del Comité de Defensa Integral de Derechos Humanos Gobixha, Oaxaca(Descarga aquí)  

Rafael Landerreche – Integrante de la parroquia de San Pedro Chenalhó(Descarga aquí)  

Jorge Santiago Santiago – Integrante del Consejo Directivo del Frayba(Descarga aquí)  

Palabras finales: Víctor Hugo López Rodríguez – director del Frayba(Descarga aquí)  

Ve el video de las palabras finales del Frayba abajo y lee/descarga el informe completo: (Continuar leyendo…)

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saludo solidario de radio zapatista al pueblo chileno en resistencia

Desde California y Chiapas, el Colectivo Radio Zapatista manda un saludo rebelde al pueblo chileno en resistencia!

Hemos estado siguiendo con mucha admiración los hechos de los últimos meses, y queremos decirles que ¡no están solxs!

Nos identificamos mucho con la apuesta de los estudiantes y los trabajadores chilenos por la acción directa, la recuperación del espacio público, y la organización autónoma y autogestiva.

Algunos de nosotrxs militamos en el movimiento estudiantil en las universidades del estado de California, donde igual a ustedes, nos hemos levantado en protesta contra la privatización de la educación pública, el endeudamiento perpetuo, y el autoritarismo con el cual se gobiernan nuestros espacios de aprendizaje y encuentro.

Junto con ustedes, nos levantamos para decir YA BASTA! Tenemos que cambiar este sistema explotador y represivo, que es el sistema que nos despoja de nuestro derecho a una educación digna; que es el sistema que responde a nuestra rebeldía con violencia, como hicieron los carabineros cuando mataron al joven Manuel Gutiérrez; y que es el sistema que trata de criminalizar la organización comunitaria y la protesta social, que para nosotros, como ustedes, no es una opción, sino una necesidad para vivir bien.

Queremos decirles que pueden contar con todo nuestro apoyo y solidaridad, y queremos que sepan que aunque sea de lejos, lxs estamos acompañando en su incansable lucha contra el neoliberalismo y la privatización, y en defensa de la educación pública y el derecho de todos los chilenos a la dignidad. Haremos todo lo posible para seguir difundiendo información sobre la digna lucha del pueblo chileno desde abajo y la izquierda.

¡Fuerza compañerxs!

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Testimonios de familiares de migrantes desaparecidos

En la Caravana Paso a Paso Hacia la Paz, parientes de migrantes desaparecidos dan su testimonio:

Coordinadora de Guatemala (3:14 min):(Descarga aquí)  
Entrevista al Padre Solalinde (2:32 min):(Descarga aquí)  
Hondureña que busca a su madre (4:30 min)(Descarga aquí)  :
Madre hondureña que busca a su hija (9 min)(Descarga aquí)  :
Hombre que busca a su hermano (3 min):(Descarga aquí)  
Madre que busca a su hija (2:20 min):(Descarga aquí)  
Mujer que busca a su esposo (3 min):(Descarga aquí)  
Hombre que fue secuestrado (1 min):(Descarga aquí)  
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Protesta contra el ecocidio en San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla

Los habitantes de Las Peras, la rancherìa Huitepec Alcanfores de San Cristòbal de las Casas y de Cahuarè en Chiapa de Corzo, Tuxtla han decidido unir sus luchas para detener el ecocidio y la contaminaciòn ambiental generada por industrias extractivas. Niños, ancianos, mujeres, en fin, la comunidad entera padece de enfermedades respiratorias y alergias generadas por estas industrias que no sòlo atentan contra su salud, sino que muestran que la riqueza de algunos (en este caso los empresarios, en contubernio con autoridades locales) se construye a base del sufrimiento de otros. Sin embargo, estos otros ahora se han organizado y juntos luchan por una vida digna y un medio ambiente saludable para todos y todas.(Descarga aquí)  

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Daniel Jiménez López – una historia de resistencia y fortaleza

Esta es la historia de Daniel Jiménez López de la organización de Las Abejas en Chenalhó, Chiapas, que hace un año sufrió un gravísimo accidente, cuando fue electrocutado mientras hacía su trabjabo. Daniel es técnico de la luz y participa en la Red Estatal de Resistencia contra las Altas Tarifas de la Luz. Daniel relata qué le pasó ese día, el inhumano trato que le dieron al llegar al hospital en Tuxtla, señal de un racismo imperante, y la necesidad de que la lucha por una vida digna siga.
(Descarga aquí)  
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Invitación al Primer Foro Contracultural en San Cristóbal de Las Casas

Los días 12 y 13 de agosto de 2011, se estará realizando el Primer Foro Contracultural Retomando las voces, la organización y el arte en las calles en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. El evento se estará realizando en la “Casa de Arte Experimental EDELO” ubicada en Flavio A. Paniagua #10, Col. Centro.

Spot de 45 minutos: (Descarga aquí)  

Invitación completa:(Descarga aquí)  
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(English) The student movement in chile: Report from the mega-march in Santiago on July 14, 2011

Disculpa, pero esta entrada está disponible sólo en Inglés Estadounidense. For the sake of viewer convenience, the content is shown below in the alternative language. You may click the link to switch the active language.

In this report, we joined the students and workers in Santiago de Chile in the massive march on July 14, 2011, to hear the voices of the protesters in their struggle against neoliberalism and for the democratization of public education. We also spoke with an activist in Santiago about the history of the privatization of education to better understand what is happening in the current struggle in Chile.

(Descarga aquí)  

UPDATE:

Just a few days ago, on Thursday August 4, 2011, the student movement in Chile was brutally attacked by the neoliberal government of Sebastián Piñera. After nearly six weeks of protests, marches, and occupations of schools, the students once again took to the streets in a massive, unauthorized protest. In response to the escalating protests, President Piñera chose to apply a law put in place by former dictator Augusto Pinochet, which makes popular assembly illegal if it is not authorized by the government. Threatening the student activists, the Minister of the Interior, Rodrigo Hinzpeter stated that “the students will be held responsible for any deaths that result from the protests.”

The massive mobilizations throughout the country were met with violent repression by the thousands of police officers deployed to attack the protesters, and by the end of the day there were dozens wounded and 874 people had been arrested. Reports from Santiago announced that the city was under a state of siege, and the smell of tear gas had permeated the barrios. That night, neighbors took to the streets with the practice known as the “cacerolazo,” banging on pots and pans late into the night to show their support for the students and to denounce the violence. This practice became quite common during the nearly two decades of military dictatorship under Pinochet.

The following day, protests were held across Latin America and around the world, as rallies were held in front of Chilean embassies and Consulates in dozens of countries. And in Santiago, outside of the Memory Museum—a space dedicated to the collective memory of the state terrorism of Pinochet’s dictatorship—student installed the “Museum of Repression” with displays of items they had gathered during Thursday’s protests. Images circulated of a display of tear gas canisters, accompanied by a sign that reads: “Each canister costs approximately $250 dollars, and on this block alone we gathered more than 370 discarded canisters. You can draw your own conclusions.”

What follows is a segment produced by Radio Zapatista a few weeks ago, reporting from the July 14 march in Santiago de Chile. While it is now somewhat outdated, we want to air it because it gives a sense of the events that led to Thursday’s historic march and repression, and allows us to hear some of the voices of those who have been, and continue to, organize in defense of public education.

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Resistencia de la luz – palabras de Las Abejas de Acteal

Entrevista con compañeros en la comunidad de Nuevo Yibeljoj y palabras de la junta directiva de la Associación Civil de Las Abejas de Acteal sobre la resistencia de la luz y las acciones de la Comisión Federal de Electricidad que les cortó la electricidad de 10 familias en resistencia de la comunidad el 6 de Julio de 2011.(Descarga aquí)  

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Sobre la bestia: un tren de sueños y quimeras – crónica desde la Caravana Paso a Paso Hacia la Paz

Alejandro Reyes

Le dicen la bestia. Innumerables toneladas de hierro crujiente que avanza moroso desde la frontera de México y Guatemala rumbo al norte. En ella, sobre ella, aferrados al metal candente de los techos de los vagones, viajan diariamente sueños, esperanzas, tragedias, anhelos y soledades. Es el tren de la muerte, el tren de los migrantes, y los miles de kilómetros que recorre representan uno de los viajes más peligrosos del mundo. A la bestia subimos en Tenosique, Tabasco, cerca de la frontera con la región selvática del Petén, en Guatemala: migrantes, activistas, periodistas e individuos solidarios que nos unimos a la Caravana Paso a Paso hacia la Paz, una iniciativa de varias organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes para visibilizar la violencia que sufren en México y exigir un alto a los abusos.

Ninguna descripción puede abarcar la vorágine de sentimientos que se encuentran al momento de trepar por los peldaños de los vagones cargando escasas provisiones y encontrar un espacio dónde acomodarse entre tantos otros y otras migrantes en condiciones similares y distintas. Hay quienes conocen el camino, lo han recorrido varias veces, han sido deportados en distintos puntos de México o de Estados Unidos, han sido asaltados, golpeados, secuestrados, extorsionados. Hay quienes nunca han pisado México y sólo conocen el tren de oídos, sus historias temibles, sus tantos peligros. Muchos se conocen, para llegar aquí han tenido que atravesar parte de Honduras y todo Guatemala, algunos, los más afortunados, en camión, otros, la mayoría, a pie. Dos jóvenes, apenas salidos de la adolescencia, huyeron de su barrio en la periferia de San Pedro Sula, amenazados por el crimen organizado, con la ropa del cuerpo y sin ningún dinero. Caminaron por el monte nueve días, se perdieron, de alguna manera lograron llegar hasta Tenosique, uno de ellos lleva un vistoso curativo en la oreja, algún insecto le picó y tiene una infección, y el otro camina cojeando, los pies en carne viva, los tenis destrozados. Otro cuenta que es el único que escapó del grupo de cinco que después de dos días de camino llegó a Tenosique y fue perseguido por la migra mexicana. Él y otro se metieron a una casa, los oficiales de migración no pueden entrar a las casas sin órdenes de cateo o permiso de los residentes, como quiera entraron después de cierto titubeo, a uno lo detuvieron, el compañero saltó por la ventana, se escondió en un pastizal, allá le llevó comida la anciana que vive en la casa hasta que el peligro pasó. Un joven anda desorientado, se mantiene callado, alejado de los demás, casi no habla con nadie. Es uno de dos que sobrevivió un secuestro, un grupo grande fue atacado por los Zetas, había mujeres y niños, a ellos, como a otros y otras, los violaron, ellos dos lograron escapar, pero del otro nadie sabe nada, a saber dónde fue a parar. Vemos al joven quedarse atrás en la abandonada estación. ¡Súbete!, le gritan, pero él sólo mira al tren con ojos vacíos. Más adelante, a unos kilómetros de distancia, de entre la selva salen dos hombres, se suben al tren unos vagones atrás. Los migrantes, atentos, se ponen en alerta: pueden ser asaltantes. No, alguien los conoce, viajó con ellos cerca de la frontera. Eran cinco, sólo quedan dos. “Quién sabe cuántos días llevan sin comer”, dice el hombre que los conoce. “No traen dinero.”

Hay una sensación de expectativa, de alegría, de miedo. Estamos en camino, estamos en la bestia. Los paisajes son sobrecogedores. Selva densa, voraz, donde surgen de repente minúsculos poblados con casas de tabla y techos de lámina, campesinos que saludan solidarios, ancianas que sonríen desde las puertas, niños que gritan y ríen. Ríos, pequeñas lagunas, pastizales, montañas, verde por doquier. Pasamos un puente, muchos se levantan, extienden los brazos, ríen, una sensación de libertad, de movimiento, la extensión ilimitada de esa naturaleza exalta los ánimos y alimenta las esperanzas: la vamos a hacer, vas a ver que esta vez sí llegamos, con fe en Dios.

El sol arrecia, el agua escasea, casi nadie ha comido, un grupito lleva tortillas. Nadie se queja. Como sea nos tratamos de proteger del sol, camisetas y trapos en la cabeza a guisa de turbantes. Conforme avanzamos, se van tejiendo amistades, solidaridades. Es la comunión de anhelos y peligros, deseos y temores. Con ese vértigo de emociones se tejen lazos, se comparten historias, unos se reconocen en los otros. Estamos juntos y juntas, nadie sabe por cuánto tiempo, y es justamente la incertidumbre lo que quizás más nos une. Y la soledad.

Pero hay una diferencia. Este trecho del viaje es distinto, todos lo sabemos. Los migrantes agradecen su suerte. “Se nos fue el tren el domingo, con la perseguida que nos dio la migra. Pero Dios sabe por qué hace las cosas. Si no, no estaríamos aquí.” La presencia de los periodistas y los activistas trae protección, aunque no garantías —en una caravana anterior, tres hombres armados a bordo de una camioneta intentaron llevarse a una de las mujeres cerca de Orizaba—. En Palenque, una recepción inesperada: un equipo de salud y dos ambulancias, botellas de agua, paquetitos de suero, sándwiches y frutas. Son hechos, no palabras, dice el gobierno de Chiapas. Mientras estén las cámaras. “Hmmm, si no estuvieran ustedes, nomás estarían pa chingarnos”, comenta irónico uno de los migrantes. “¡No más secuestros!”, le grita a un grupo de policías, divertido con la libertad de gritarle impunemente a quienes encarnan el terror.

Como quiera nadie se confía. En un descampado, bajo el sol ardiente de las dos de la tarde, el tren se detiene sin aparente razón. Inmediatamente la gente se pone en alerta: “¿Por qué se paró?” Todos tratamos de vislumbrar enemigos escondidos entre los árboles, el indicio de alguna camioneta atravesada allá adelante, algún movimiento sospechoso, dispuestos a saltar en caso de peligro, de una altura de varios metros, y correr como locos para salvar el pellejo. “A mí me secuestraron en Reynosa la cuarta vez que traté de cruzar”, cuenta un hondureño que va en su quinta tentativa. “Estábamos en Nuevas Aguas, llegaron varias trocas y nos encañonaron, nos subieron a golpes y patadas. Nos llevaron a una casa encerrada. Nos golpearon. Uno por uno nos llevaban a un cuarto solos, nos pedían números de teléfono. Yo no les di, y cada vez que decía que no tenía número, era golpiza. Cuando logré escapar, llegué a la casa del migrante en Reynosa, estuve una semana con atención médica. Quieren números para sacarle dinero a la familia, les dicen que vendan todo para mandar el dinero, y a veces lo matan a uno aunque la familia mande dinero. Pero si uno no da número, ahí van los golpes… Yo pensé que me iba a morir, nos llevaron al río para matarnos, casi no nos podíamos mover, de tanto tiempo que teníamos sin comer. Pero gracias a Dios tuve una oportunidad más de vida y ahí vamos otra vez.” ¿Aún así?, le pregunto. “Sí, ahí vamos de nuevo, todo sea por el bien de nuestros hijos.”

Las mafias del crimen organizado descubrieron que los migrantes son una mina de oro, “un negocio muy jugoso, un signo de dólares”, cuenta Elvira Arellano, ella misma migrante, que en 2006 desafió las leyes estadounidenses cuando quisieron deportarla; se refugió en una iglesia en Chicago y se transformó en activista por los derechos de los migrantes. Un año después fue deportada, pero decidió continuar la lucha, ahora en su propio país. Viaja en el tren y es una de las coordinadoras de la caravana.

Al principio el crimen —las maras, los Zetas, otros grupos delincuentes o narcotraficantes— asaltaban a los migrantes para quitarles el dinero que traían para el viaje y para pagar el coyote. Después descubrieron que era mucho más lucrativo extorsionar a las familias. Y ahora, en el contexto de la guerra desatada por Felipe Calderón, los migrantes son secuestrados para servir como esclavos del narco, en particular de los Zetas, sobre todo en el Estado de México y Veracruz pero también en otros estados. Los secuestran, los entrenan, y los ponen a trabajar, muchas veces como sicarios. Quienes se rehúsan, los matan. Si intentan huir, los matan. Los entierran en fosas comunes y nadie vuelve a saber de ellos.

La complicidad de miembros de todas las instituciones de gobierno, y en particular del Instituto Nacional de Migración y los diferentes cuerpos policiales, es por todos conocida. La impunidad con la que cuenta el crimen organizado para secuestrar, extorsionar, torturar, violar, esclavizar y matar a las y los migrantes es la principal razón de la violencia, que muchas veces sucede con la connivencia y participación activa de las fuerzas policiales y migratorias.

¿Y las familias? “¿Te puedes imaginar lo que es eso para la familia?”, pregunta Mario, un migrante hondureño que se subió al tren en Palenque y que viaja con un paisano que ya vivió en Texas y que prometió ayudarle a encontrar chamba, si es que logran llegar. “Uno sale y nadie sabe lo que va a pasar. Muchos desaparecen y la familia se queda años sin saber qué le pasó, si llegó y está en Estados Unidos, si lo secuestraron, si se murió. Es terrible vivir así.” ¿Y tú familia qué piensa?, le pregunto a Rigoberto, otro migrante hondureño. “No les gusta, es muy difícil dejar de vernos por varios años, y además tienen mucho miedo por lo que me pueda pasar, nunca se sabe su uno va a regresar”. Rigoberto ya estuvo cuatro años en Estados Unidos, lo deportaron hace un mes. ¿Cómo fue ver a tu familia? “Fue lo mejor que me ha pasado en la vida. Me sentí soñado. Estuve con ellos un mes y ahora voy de nuevo p’arriba. Si llego, me quedo otros cuatro años.”

Casi todos los que viajan en el tren son hondureños. Y todos dicen lo mismo. No hay trabajo, no hay dinero, el crimen está terrible, ya no se puede vivir así, los hijos merecen una oportunidad en la vida. Después del golpe de estado, la situación se volvió insoportable. El poder económico concentrado en manos de unos cuantos, la impunidad y la connivencia del poder político con el crimen organizado volvió al país un infierno. Extorsiones, violencia, asesinatos.

Dos jóvenes, hermana y hermano, viajan juntos. Nunca salieron de Honduras, no llevan dinero, no conocen a nadie en Estados Unidos, no saben a dónde van ni por dónde ni cómo pretenden cruzar. Van improvisando, como se den las cosas. Son amables, sonrientes, solidarios con los demás. Me ofrecen una lata de atún. En la noche nos toca ir juntos, todos tenemos que acostarnos pues en la oscuridad no se ven las ramas, que son peligrosas y que pasan golpeándonos la cara y el cuerpo aun acostados. Somos muchos, no cabemos, estamos prácticamente unos sobre otros, torcidos en posiciones imposibles. Los tres nos protegemos con un mismo plástico de la lluvia que cae pertinaz. Luego el frío. Algunos no duermen, por miedo a caerse. Cuando pasa la lluvia, aparece un cielo estrellado bellísimo atravesado por manchas fugaces del ramaje que confirma nuestro lento pero firme caminar rumbo a ese norte de esperanzas y quimeras.

La mañana luce espléndida y el sol naciente ayuda a desentumir los cuerpos retorcidos que empiezan a desperezarse. Un día más de viaje, de calor, sed y hambre, de historias y anécdotas, de peligros librados, de soledad soslayada por la intensidad del presente y el fuego de la esperanza.

Esa tarde nos despedimos. Y en cada apretón de manos y en cada abrazo, una incógnita. ¿Qué será de ti, hermano, hermana? En la corriente imparable de ese flujo de sueños y esperanzas rumbo a la utopía del norte, hombres y mujeres se encuentran y desencuentran, se solidarizan, se aman, se pierden, víctimas de un sistema triturador y excluyente, personificación misma del desamparo, pero también de la resistencia, la perseverancia, ejemplos vivísimos del potencial humano de seguir luchando por una vida digna con todo en contra.

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