Como ya se van a ir varios de los ponentes que han participado en los días anteriores, quería hablarles un poco del auditorio que han tenido en estos días y que tendrán todavía todo el día de mañana.
Yo estoy maravillado de la primera sección porque a nadie vi tomar apuntes. Yo les muestro los míos. Yo admiro mucho lo que no sé, en este caso las matemáticas. También la choferología, no es lo mismo ser saber conducir que ser choferólogo, ahí hay que meterle mano al motor. A mí no me sorprendería que viera a Marcelino o al Monarca con su gorro de Merlín a la hora que le está metiendo mano al motor porque no sé ni cómo es que hace, yo sé que échale gasolina, enciéndele y vámonos.
Haciendo una especie de corte de caja de lo que aquí se ha expuesto, y si hago lo poco que sé de matemáticas, de teoría de conjuntos, si asigno a cada participación una esfera y veo dónde se intersectan —que son todos estos apuntes que tengo—, el común, el denominador común con todas esas esferas es mi ignorancia. Porque señalaron cosas que yo no sabía, que no había tomado en cuenta o no con la relevancia que era necesario y que sigue siendo necesario.
En otros semilleros anteriores de hace años invitábamos a la generación tradicional, digamos, cuando yo le dije a Raúl —él es el culpable de este calendario subversivo—, yo le dije, y a ellos les decíamos: ya no nos den citas, ya sabemos qué dijo Marx, Engels, Lenin, Mao, Trotsky, etcétera. Entonces decíamos no traigan citas, queremos saber qué piensan ustedes. Y en este caso Raúl, que fue el que nos apoyó en eso, trasladó esa instrucción a ustedes, a los jóvenes; a los jóvenes no tan jóvenes y a los jóvenes jóvenes. Y les dijo que no estadísticas y no citas.
De entre las sombras salió, o tal vez estuvo ahí desde antes. Es su modo de por sí: está, aunque parezca que no está. Silenciado de luz, sombra es entre las sombras. Es a quien los dioses maldijeron con la ausencia. Por maloras los dioses, o porque ante su reto debiera levantarse también el guerrero, el que lucha.
Fue él quien me llamó la atención sobre el pasaje del Popol Vuh donde se habla de la capacidad que tenían los primeros hombres y mujeres de ver el todo y las partes simultáneamente, de lo que di en llamar antes el Aleph maya.
—Esa parte —me decía— bien puede ser la palabra de un jefe guerrero maya. Es esa la ciencia del combate, de la lucha; el conocimiento que se perdió por los celos de los dioses más primeros, los que nacieron en el mundo, de quienes crearon y se arrepintieron de lo creado.
Pero no se olvidó del todo. Cada tanto, en nuestra sangre maya encontramos esas palabras, como encontramos las cenizas en lo que antes fue un fuego poderoso.
Ese pensamiento es el que nos permitió derrotar y arrinconar al tzul, al demonio blanco, cuando Chan Santa Cruz organizó nuestra desesperación y puso en nuestras manos y miradas la llama de la justicia.
Pasó, sin embargo, que hubo quienes confundieron la lucha por la justicia con la venganza, y el odio que sentimos contra el opresor, lo llevamos también en contra del diferente, del distinto, del otro, pero, sin embargo, nuestro semejante en el dolor y la pena.
Los tzules blancos no nos derrotaron; fuimos nosotros mismos quienes caímos ante la envidia, la competencia, el más tener, el ser más.
Imágenes: Tercios Compas Zapatistas Música: Los Cojolites «Tierra Madre»
Un Tractor en Común y el Caso del Perico Loco. I.- La Genealogía del Tamale.
Para las madres buscadoras, con admiración y respeto.
Debo aclararles que yo creía que no vería esto en vida. Esta combinación de conocimientos y prácticas de usos y costumbres de hace muchas décadas, con las ciencias y las técnicas aplicadas. Sí, en el campo. Sí, en la lucha por la vida.
El Subcomandante Insurgente Moisés me ha explicado el proceso:
Primero eliges el terreno. Mientras más plano, mejor. Después viene lo que se llama tumbar y rozar, es decir, con machete y, a veces, hacha, se tumban árboles grandes, medianos y chicos. Si ya es un terreno de milpa antigua, entonces es acahual (árboles y plantas pequeños). Si era potrero, pues ya no hay árboles. Hay que esperar a que se seca bien y luego sigue la “quema”, que consiste, como su nombre lo indica, en prenderle fuego al terreno para que la tierra se fertilice con la ceniza. Luego sigue limpiar, o sea, quitar piedras, troncos, ramas y raíces. Después ya sigue la siembra, que se hace con coa (una vara recta, a veces con punta de fierro). Quien siembra, lleva las semillas dentro de una morraleta, va avanzando poco a poco, horadando la tierra con la coa y depositando la semilla en la tierra. Luego sigue esperar que llueva. Claro, si es que la seca (temporada de calor), con sus ventarrones, no llevó la quemazón más allá del “guarda-rayas” y entonces hay que organizarse en colectivo para ir a apagar antes de que el fuego se extienda y llegue al bosque… o a los poblados.
Si llueve, bien. Si no llueve, mal. Y entonces hay que echarle cohete al cielo para que se despierta la nube y se deje caer sobre la tierra, donde la semilla espera la vida que cada gota de agua lleva.
¿Después? Esperar, estar atento al clima. Si todo va bien, en unos 3 meses habrá elote y luego maíz. Después sigue la cosecha: recoger las mazorcas y amontonarlas en una champita que le llaman “troje”. De ahí, cada que se necesite, se lleva un tanto de mazorcas a la casa, y la familia entera (abuelos, padres, y la prole) se sienta a desgranar. Luego sigue cocer el maíz, con algo de cal que se extrae de piedras. La cal es con una piedra especial, blanca. En algunas partes le dicen Poj´ton. Se calienta con leña y luego se muele hasta que queda un polvo finito. Si no encuentras, puedes hacer con la cáscara o concha del caracol de río. Y si no tienes Poj´ton ni caracol, pues ni modos, hay que conseguir la paga para comprar la cal.
Una compañera me aclara: “Eso de mezclar la cal con el maíz, no cualquiera. Se necesitan, como quien dice, a las mamaces. La mamá te dice qué tanto de cal le echas a la olla con el maíz en agua. Si no está cabal, no sirve. Y si te pasas, pica. Entonces tienes que calcular, según te enseña tu mamá. Ya cuando creces, pues ya sabes calcular. Pero no es que mides con centilitros, mililitros y esas cosas de la matemática. Es que mides según te enseña tu mamá. Y tienes que batir bien con la mano, que no queden bolitas, sino que cabal.
Si no aprendes a hacer bien, rápido se publica en el pueblo y te mal miran. Y peor para la mamá, que la mal hablan que no enseña a sus crías lo del maíz, o sea de la vida. O sea que las crías tienen que aprender bien. Como quien dice, las mamás necesitan de las crías. Creo por eso mucho nos regañan cuando somos pequeños, para que aprendamos. Y por eso las mamaces siempre lo piensan sus crías y, si no están, las buscan. Si no tuviéramos mamá, creo que morimos todos de una vez”.
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Luego, ya que tienes el maíz cocido, sigue moler a mano, con un viejo molino mecánico. Si no hay, pues con metate y piedra. Entonces ya tienes la masa lista para la tortilla… o el tamale. Si es fiesta, entonces tal vez con cuche (puerco), pollo o guajolote. Y el recado, claro, que es como el condimento que se le pone a la carne. Si no hay carne, pues frijoles… o verduras (guácala). También se puede hacer con chile verde o rojo, y con azúcar. Después de todo eso, y si tienes suerte de que quien cocina no deje crudo el tamale, entonces podrás comer tamales. Y si está crudo, pues ni modos, igual tienes que comer porque es lo que hay. Eso sí, hay que tener la precaución de tener una letrina cerca.
Si es fiesta, hay baile. Sí, cumbias. Aunque también luego hay rock, ska, banda y esas músicas con que las jóvenas y jóvenes brincan como si estuvieran encima de un hormiguero. Pero el amor y, claro, el desamor, suelen florecer y dar fruto con las cumbias. Ahí las caderas prometen fiebres… y desvelos… y lluvias… y sinsabores.
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¿Y luego? Pues vuelta a empezar. Y así por los siglos de los siglos. Hay humanidad porque hay tierra. O sea que, como quien dice, la tierra es la madre de la humanidad. Viera que no hay tierra, pues ¿de dónde vas a sacar todas las cochinadas que comes? Sin tierra no hay alimentos, ni animales, ni aire, ni lluvia. No hay nada. Por eso decimos que la tierra es vida.
Los pueblos y comunidades del Congreso Nacional Indígena, nos enseñaron a decir “territorio”. O sea, no es sólo la tierra-tierra, sino también el agua, los bosques, los animales silvestres, la lluvia, el viento, el sol. Todo. Nosotros, cuando decimos “tierra”, decimos todo eso; pero en las ciudades entienden tierra como un pedazo de tierra y no como un todo. Por eso el CNI nos enseñó a decir “territorio”.
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Las guerras actuales, dicho sea de paso, son para conquistar territorios. Por eso no importa cuánta gente asesinan ni cuantos edificios, hospitales, escuelas (con niñas dentro), barrios enteros destruyen. Porque de eso se trata la guerra capitalista: de destruir para reconstruir luego; y de despoblar para reordenar luego el territorio conquistado. Y es por eso que hay, en la humanidad, lo que se llama “Guardianes” de la tierra, o sea del territorio. O sea que son las crías de la Madre Tierra, la Resistencia y la Rebeldía. Y por eso asesinan, desaparecen y encarcelan a los defensores de bosques. Y por eso el problema no es Netanyahu o Trump. O no sólo, pues.
Porque con ellos o sin ellos, el Mandón, el sistema capitalista pues, quiere asesinar personas y destruir poblaciones enteras. Porque en esas poblaciones y en el corazón de esas personas, vive la vida.
Así nació el sistema: matando y destruyendo. Así creció. Y así se mantiene, aunque cambien sus modos y sus explicaciones. El sistema capitalista es muerte. No sólo para la humanidad. También para el planeta entero. Por eso decimos que la lucha contra el capitalismo es la lucha por la vida. Y viceversa.
¿Quiénes entienden más y mejor esto? Pues quienes viven en un territorio, o sea en la tierra. Pero no luchan por la propiedad del territorio, sino por defenderlo. Y por eso los ataca el capitalismo, porque le estorban en su plan.
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Le pregunté al SubMoy: “¿Pero entonces ya no hay quema?”
“No, estamos dando como una muestra, una enseñanza a los mismos compas y a los hermanos partidistas que, usando la técnica, ya no se necesita la quema y así no se corre el fuego, poniendo en peligro a animales, árboles y personas. Además de que ya no hay la humareda. Y no tienes que esperar a que llueve ni gastar cohete de balde. O sea que, sin dejar de trabajar la tierra, se puede cuidar y mejorar”
“¿Y el tractor de dónde salió?”
“Ah, lo tenían en un puy desde hace años, pero no lo usaban y ahí nomas estaba echándose a perder. Entonces llegó el Común a rescatar. Fueron los choferólogos, lo arreglaron, lo lavaron, lo dejaron bien galán, y ya lo movieron a esta tierra que es del Común, que es de todos y es de nadie.”
“Pero tal vez en el día después no va a haber combustible para el tractor… ni tractor”.
“Ah, seguro. Pero nos estamos enseñando como nuestros tatarabuelos y abuelos, que se hacen las cosas con lo que hay y con la cabeza. El asunto es siempre ver de cuidar la madre tierra”
Un compa es quien enseña y tiene alumnas y alumnos, principalmente tzotziles y cho´oles. Ese compa es del Puy de Roberto Barrios, y se viene con su banda para aplicar lo que aprenden. Porque si no se aplica lo que se sabe, pues de balde. O sea que quiere la práctica. Donde enseña, bien se puede llamar “Centro de Investigación, Análisis, y Enseñanza Rebelde Zapatista del Trabajo en el Campo y la Defensa y Cuidado de la Madre Tierra Combinando el Conocimiento de Nuestros Anteriores con Conocimientos de las Ciencias, las Técnicas, las Artes y lo que se Nos Va Ocurriendo y que Inventamos Según Vemos en la Práctica” (CIAERZTCDCMTCCNACCTALVAOISVP, por sus siglas en español).
Nah, no es cierto que se llama así. Pero algún nombre le van a poner. Tal vez igual o más largo, no sé.
El asunto es que, como en las Cumbias, lo que vale es la puesta en práctica del conocimiento. Porque bien puedes escribir libros de teoría de la Cumbia, explicar con elipsis y parábolas, ecuaciones diferenciales y asíntotas, la rotación de las caderas y el ritmo de pies y manos. Pero, compa, si no lo practicas, va a parecer que tus pantalones son de cartón o que te dio un calambre.
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Cuando lo miré que ya están funcionando los aspersores y están sembrando, pensé “ya me puedo morir”. Creo que lo pensé en voz alta, porque la Verónica, que andaba de metiche para variar, me dijo “¡¿Otra vez?!”. Y, mirándome con reprobación, añadió “Ya caes mal que a cada rato te mueres. Hasta las mujeres de los pueblos ya protestaron con el SubMoy de que de balde rezan cada vuelta”.
“¿O sea que rezan por mí?”
“¡Qué va a ser!, rezan por el pobre demonio, que va a sufrir cuando llegues al infierno, y te pongas a hacer tus travesuras”.
Bueno, pero eso no es el tema…
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En cualquier rincón del mundo, florecen las vidas de las resistencias y rebeldías. Ayer se llamaban Venezuela. Hoy se llaman Irán y Cuba. Siempre se llaman Palestina. Porque siempre habrá quien no se rinda, no se venda y no claudique.
En un poderoso mensaje dirigido a los pueblos del mundo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional volvió a colocar en el centro la urgencia de organizarse colectivamente y construir, desde ahora, las condiciones para la vida de las futuras generaciones.
Con palabras firmes, el Capitán Insurgente Marcos recordó que la lucha no puede quedarse en el discurso. La tarea de quienes resisten, dijo, es pensar, compartir lo pensado y, sobre todo, llevarlo a la práctica sin esperar. La historia no puede seguir postergándose.
Desde la mirada zapatista, la “herencia” no es un concepto vacío ni simbólico. No basta con transmitir dignidad, resistencia o rebeldía; ante la tormenta de nuestro mundo en crisis, es indispensable construir las bases materiales que permitan a quienes vienen seguir viviendo y luchando. Esa herencia se teje en la práctica cotidiana: en las formas de organización comunitaria, en las autoridades responsables, en los colectivos y en cada espacio donde se construye el común.
Frente al panorama actual, el mensaje es claro: hay dos caminos posibles, la unidad o la fragmentación. Y ante ello, una decisión inevitable: resignarse u organizarse.
Los zapatistas advierten que su horizonte no está en la toma del poder ni en los gobiernos que llaman a la unidad mientras buscan absorber y homogeneizar las luchas. Tampoco está en el sistema capitalista, al que señalan por imponer narrativas de derrota para desviar el camino de los pueblos.
El “común” que proponen no busca borrar diferencias, sino articularlas en un objetivo compartido: enfrentar al sistema. Muchas luchas, muchos caminos, pero una sola batalla por la vida.
En ese sentido, hicieron un llamado a no medir la lucha por su tamaño o impacto mediático, sino por la claridad de sus convicciones. Saber por qué se lucha, para qué y cómo organizarse es, aseguran, lo que permite avanzar con firmeza.
El mensaje resonó más allá de los territorios zapatistas, reconociendo luchas en todo el mundo: desde los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa, hasta resistencias en América Latina, Palestina, Europa, África, Asia y otros rincones donde los pueblos no dejan de luchar. Todas forman parte de un mismo latido global que se niega a desaparecer.
Por su parte, el Subcomandante Insurgente Moisés compartió la experiencia organizativa de los pueblos zapatistas, quienes han decidido romper con la lógica jerárquica de “la pirámide” para dar paso a una construcción colectiva basada en el común.
Durante más de tres décadas, explicó, han demostrado que es posible gobernarse sin depender de las estructuras oficiales. Hoy su organización se articula en distintos niveles autónomos, desde gobiernos autónomos locales (GAL) -que son el corazón del nuevo sistema de gobierno zapatista- hasta asambleas generales del común, que reúnen a todos los GAL del territorio zapatista. En este nuevo sistema de gobierno, cada comunidad decide según sus necesidades, pero siempre con un horizonte compartido: la defensa de la vida.
En este proceso, el conocimiento ocupa un lugar central. Para los zapatistas, no debe convertirse en mercancía, sino compartirse para fortalecer a las comunidades. Bajo esta lógica, impulsan proyectos como la construcción en común de un quirófano comunitario, con la participación activa también de comunidades e individuos no zapatistas, al tiempo que convocan a personas solidarias a sumarse con trabajo y saberes.
También se abordaron problemáticas urgentes como el crimen organizado y las adicciones, especialmente entre jóvenes, señalando cómo estas amenazas buscan fragmentar el tejido comunitario. Frente a ello, la respuesta sigue siendo la misma: organización, conciencia y trabajo colectivo.
En su intervención, el Capitán Marcos insistió en que el individualismo no es opción. Apostar por él, dijo, es condenarse a una pesadilla. En cambio, organizarse con otros permite no solo resistir la tormenta, sino imaginar lo que hay más allá: nuevas posibilidades, nuevos mundos.
La clausura, a cargo del Subcomandante Moisés, reafirmó el compromiso zapatista con la construcción de una nueva sociedad. Una donde no exista la explotación, donde la diferencia no se persiga sino se celebre, y donde la vida esté en el centro.
No se trata de un mundo perfecto, señalaron, sino de uno distinto. Un mundo que ya se empieza a construir desde abajo, en común, y que busca ser heredado a las niñas y niños de México y del mundo entero.
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Quinta sesión
Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: La Fragmentación de Territorios y las Resistencias y Rebeldías. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
Una ventana al Zapatismo: Una ventana al Común como opción de resistencia y rebeldía en territorios de pueblos originarios I. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Sexta sesión
Una ventana al Zapatismo: Una ventana al Común como opción de resistencia y rebeldía en territorios de pueblos originarios II. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: La Teoría y la Práctica en las Generaciones. Cuento “El Amor y el Desamor según la Abuela Grabiela”. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
En el segundo día del semillero realizado en el CIDECI, el Capitán Insurgente Marcos y el Subcomandante Moisés presentaron una reflexión crítica sobre la situación actual de México y del mundo, centrada en tres ejes: la crisis del Estado-nación, las múltiples formas de guerra y las tensiones en torno a la llamada Cuarta Transformación (4T).
La crisis del Estado-Nación, las guerras y las contradicciones de la 4T son síntomas de un sistema global que prioriza el capital sobre las personas. Frente a este panorama, el EZLN llama a la organización comunitaria como la única vía para construir un futuro más justo y digno.
Desde una mirada zapatista, el Capitán Insurgente Marcos planteó que el concepto de guerra ha cambiado. Recalcó que, mientras los medios de comunicación se concentran en los conflictos visibles —aquellos que ocupan titulares—, existen “guerras silenciosas” que afectan de manera constante a sectores como pueblos originarios, trabajadores, migrantes e incluso a la clase media. Estas violencias, dijo, son menos visibles pero igualmente profundas, y tienden a ser ignoradas en el discurso público.
También describió la realidad contemporánea como un “espejo esférico”, donde cada quién le toca lo que ve y lo que puede ver. En este contexto, habló de un agotamiento del modelo de Estado-nación, cuyas capacidades y límites se ven rebasados por el avance del capitalismo global. En su análisis el Capitán menciona que este sistema ha debilitado elementos clave como la soberanía, el mercado interno y el control territorial, abriendo fronteras para el capital pero cerrándose para los que luchan.
Apuntó que, ante este desgaste, algunos Estados parecen intentar reagruparse. Ya señalamos, dice el Capitán, que hay una especie de agotamiento de sus posibilidades y de sus límites, pero aparece con el caso de Israel y el caso de Estados Unidos y el caso de Cuba y el caso de Irán, que como que se está reagrupando el Estado Nacional para buscar una reconfiguración o una resolución. En el caso de México, la Cuarta Transformación, gracias a Trump, rescata el discurso de la soberanía nacional y trata de reorganizar otra vez a un territorio, que describe fragmentado y sobre el cual el gobierno no tiene ya control.
El Capitán Insurgente Marcos habla también sobre las víctimas y los objetivos de las guerras y de la guerra. Que el Estado Nacional genera una animadversión y ve a las organizaciones no gubernamentales y a las iglesias progresistas como enemigos, y los ataca, y también a los procesos comunitarios, pues estos ocupan un espacio que, según la visión de arriba, debería corresponderle al Estado.
Entonces, por eso vemos que gobiernos tanto de derecha como de “izquierda” —como Bolsonaro en Brasil y la 4T en México—, se posicionan contra de las organizaciones no gubernamentales y en contra de las iglesias progresistas. Pero en el caso de los procesos comunitarios, la preocupación es mayor, son los enemigos a muerte, pues el proceso comunitario, grande o pequeño, cuestiona la existencia misma de la pirámide. Y ese proceso comunitario descubre que ni los gobiernos, ni los Estados, y mucho menos las pirámides son necesarias, son un estorbo, y saben que si esto se descubre, se van a levantar para destruirla.
Ese es el gran temor, no el ejército norteamericano, no el ejército israelí, es el proceso comunitario, y por eso el ataque tan salvaje sobre Palestina, sobre Gaza, y sobre las comunidades originarias, pero también sobre ciertos sectores urbanos y campesinos que están generando procesos comunitarios que tarde o temprano van a amenazar la esencia misma del sistema, que es la pirámide. Y de ahí van a descubrir que la columna vertebral es la propiedad privada. No son las armas, no son las campañas ideológicas, los libros, los análisis a los que temen; lo que temen, es la organización.
El Subcomandante Moisés, por su vez, no escatima sobre la supuesta transformación de la 4T. Las guerras internas que ahora enfrentamos son parte de lo que el EZLN llama la tormenta… una tormenta que los que están arriba creen equivocadamente que no les afectará, sino sólo a los de abajo. Uno de los síntomas de la tormenta es la privatización de las tierras. Por años, los gobiernos priístas intentaron fraccionar las tierras, pero lo que sólo lograron en parte, el gobierno de la 4T hizo de forma mucho más radical, sobre todo mediante programas como Sembrando Vida. Está claro, dice el sub Moy, que no quieren que exista la comunidad, porque de esta manera las comunidades se pueden defender, se organizan y luchan. Denunció que los programas de gobierno de la 4T como Sembrando Vida tienen otras intenciones y generan conflictos entre comunidades en lugar de ser soluciones reales a los problemas estructurales del país. Estos programas vienen con un sin fin de manipulaciones y son utilizados, además, como herramientas para la compra de votos anticipadas para el próximo sexenio.
Como el Capitán Marcos, también criticó la manipulación de la historia oficial, que exalta un pasado azteca glorioso mientras ignora las realidades de los pueblos originarios y su resistencia.
La verdadera transformación de la 4T es la tormenta.
Y reitera lo que el Capitán Marcos mencionó en relación a las guerras: que los procesos comunitarios representan una amenaza para el sistema piramidal del Estado y para el capitalismo, al cuestionar la necesidad de la propiedad privada y la estructura jerárquica.
El verdadero cambio no vendrá desde el poder, sino desde la organización y resistencia de las comunidades. “Si se pudiera hacer algo allá arriba, no nos hubiéramos levantado en armas”, dice el EZLN.
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Tercera sesión
Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: Los Estados-Nación bajo ataque. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
Una ventana al zapatismo: Una ventana a los programas gubernamentales contrainsurgentes en territorios de pueblos originarios zapatistas I. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Cuarta sesión
Una ventana al zapatismo: Una ventana a los programas gubernamentales contrainsurgentes en territorios de pueblos originarios zapatistas II. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Una mirilla a la Tormenta en el Mundo: Los Objetivos y las Víctimas. Cuento: “El Amor y el Desamor según el Sistema de Educación Autónoma Zapatista”. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
El Capitán Insurgente Marcos, en su charla del 2 de abril de 2026, ofreció una profunda reflexión sobre la lucha de los zapatistas y su visión de la crisis global, a la que llaman “la Tormenta”. En su discurso, abordó temas como las guerras explícitas y silenciadas, la resistencia y la rebeldía frente al sistema capitalista, y los cambios internos en la estructura del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Marcos destacó que las guerras explícitas son las que dominan los medios de comunicación, mientras que las silenciadas afectan a mujeres, pueblos originarios, trabajadores y otros grupos marginados, quienes enfrentan violencia y opresión constante. Según su perspectiva, el sistema capitalista es como un “erizo esférico”, que hiere desde cualquier ángulo y perpetúa la dominación a través de la propiedad privada de los medios de producción, la hegemonía y la homogenización.
El Capitán también hizo un recorrido histórico desde el alzamiento de 1994 hasta el presente, resaltando momentos clave como la creación del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI), los diálogos de San Andrés y la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en 2005. En el proceso, el EZLN amplió su lucha más allá de los derechos indígenas para enfrentar al sistema capitalista en su totalidad. También mencionó la Declaración por la Vida de 2015, que marcó un hito al unir a diversos movimientos globales en la lucha por la vida frente a las amenazas del sistema.
Marcos subrayó la importancia de las miradas colectivas y críticas, que cuestionan tanto el sistema como las estructuras internas del EZLN. Reconoció los cambios en la dirección del movimiento, que ahora incluye más voces jóvenes y diversas, y enfatizó la necesidad de adaptarse para enfrentar los desafíos de la “tormenta” que se avecina.
En su análisis, el Capitán Insurgente Marcos instó a los asistentes a reflexionar sobre la realidad del sistema y sus consecuencias, y a no temer criticar la visión zapatista, siempre desde una perspectiva constructiva.
¿Es cierto que es la humanidad enemiga del planeta, o es un sistema el que es el enemigo? Una pregunta contundente que nos hace reflexionar. En su cuento “El amor y el desamor según el Sistema de Salud Autónoma Zapatista” relata lo importante que es estar organizados y construir nuevas estructuras para navegar juntos ante esta tormenta, porque nuestras diferencias son complementarias y no antagónicas, cuando nuestra lucha es por la vida.
Su mensaje final fue claro: la lucha por otro mundo, uno donde la vida sea el centro, sigue siendo el objetivo principal del movimiento zapatista.
Por su parte el Subcomandante Moisés hace un llamado a la reflexión hacia la herida más visible de nuestro tiempo: La crisis climática. Pero no habla de ella como un dato científico aislado, sino como una ruptura profunda en la relación entre el ser humano y la madre tierra.
“El clima ya no es predecible, el termómetro cambió,” dice, recordando que lo que hoy llamamos cambio climático, el pueblo siente como se agranda en su cotidianidad.
Sus palabras evocan la sabiduría de los abuelos, esa sabiduría que enseñaba a leer el tiempo, a entender los ciclos de la naturaleza, a vivir sin destruir. Hoy esa sabiduría se ve desplazada por un modelo que ha convertido incluso el agua en mercancía.
“Antes mis abuelos jamás imaginaron que el agua se tendría que comprar” expresa con voz grave. Este cambio climático deberíamos tomarlo en serio, porque por más lucha, por más libertad que buscamos, si no cuidamos el planeta, nos quedaremos sin casa, Y entonces, ¿por qué luchamos?
La realidad ya se vive: Se refiere el subcomandante Moy, a las empresas extractivistas de los minerales como el petróleo. Pellízquense, dice, ¿Acaso no les duele? Así a la madre tierra, porque tiene vida, porque estamos lastimando su cuerpo. Esta es la importancia de cuestionarse de dónde vienen las cosas y el daño que causan.
¿Qué haremos por la madre tierra?
Y en este cuestionamiento, el día jueves 02 de abril del 2026 del semillero en el CIDECI, donde el lema es ResignArte u OrganizarArte, “La tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas”, el EZLN deja claro que la lucha no es únicamente con el sistema capitalista; porque en esa Declaración por la Vida, el EZLN junto con miles de hombres y mujeres y otroas de todo el mundo dijeron: “Nuestra lucha es por la vida. Somos muy diferentes, nos distancian muchas cosas, pero nuestro objetivo es vivir y quien se opone a que vivamos es el sistema”.
Por ello las comunidades zapatistas, en medio del colapso global, nos comparten lo profundo de sus luchas: la posibilidad de volver a tejer comunidad, de reaprender a vivir en equilibrio y defender la vida como un principio colectivo. Porque en tiempos donde todo parece fragmentarse, el común emerge no como una propuesta política, sino como una necesidad vital.
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Primera sesión
Una mirilla a la tormenta en el Mundo: Las guerras y la Resistencia y Rebeldía. 32 años: breve recorrido histórico: del CCRI de 1994 al Común de 2026. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
Una ventana al Zapatismo. Una ventana a la tormenta climática en territorios de pueblos originarios zapatistas I. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Cierre de la primera sesión. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
Segunda sesión
Una ventana al Zapatismo. Una ventana a la tormenta climática en territorios de pueblos originarios zapatistas II. Subcomandante Insurgente Moisés (Descarga aquí):
Una mirilla a la tormenta en el Mundo: La Guerra y las Guerras. Cuento “El Amor y el Desamor según el Sistema de Salud Autónoma Zapatista”. Capitán Insurgente Marcos (Descarga aquí):
28 de diciembre de 2025, San Cristóbal de Las Casas. El tercer día del Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” se dedicó a reflexionar sobre el papel de los derechos humanos en las luchas, así como el aparato legislativo de México y de los Estados-naciones en general.
¿Cómo hablar de derechos humanos ante el exterminio del pueblo palestino en Gaza y la vergonzosa complicidad de la mayoría de los Estados alrededor del mundo? ¿Cómo hablar de derechos humanos en un país como México, con los feminicidios, las torturas, los asesinatos, la brutalidad militar, las fosas y la incansable y digna desesperación de las buscadoras? Eduardo Almeida y Tamara San Miguel, del Nodo de Derechos Humanos (NODHO), reflexionaron al respecto con palabras contundentes que nos invitan a repensar. Eduardo habló sobre la utilización del discurso de derechos humanos por parte del poder para justificar sus atrocidades. Tamara, entre otras cosas, hizo una distinción entre lo que denominó crímenes de poder, ejecutados por el mismo para garantizar su propia manutención, y las violaciones a derechos humanos. Los crímenes de poder no están tipificados en la ley y no se reconocen como tales (a ejemplo del crimen de Estado, tortura sexual, crimen empresarial por despojo). Ante eso, es necesario politizar la defensa de los derechos humanos y los crímenes de poder, buscando mecanismos autónomos en paralelo con los del Estado.
Por su vez, la abogada Bárbara Zamora reflexionó sobre las leyes que excluyen y discriminan. “Todas las leyes son en sí mismas discriminatorias y excluyentes, porque se hacen desde el poder y se utilizan para ejercer el poder de unos sobre otros”, comenzó Bárbara. Para ilustrar esto, hizo un fascinante recorrido por las reformas al Artículo 27 de la Constitución, la Ley Agraria, la Ley Minera, la Ley de Inversiones Extranjeras, la Ley de Hidrocarburos, así como la Ley de Amparo y el Código Civil, todas ellas que afectan a las comunidades originarias y campesinas del país.
El Capitán Marcos, inició haciendo aclaraciones importantes sobre la postura zapatista de respeto a la diversidad de visiones y opiniones y la importancia de las discrepancias y desacuerdos entre compañeros. Después reflexionó sobre los cambios que se han venido realizando en la propia pirámide del EZLN, que por ser un ejército es por naturaleza piramidal. Desde que el mando pasó al Subcomandante Moisés, explicó, la pirámide del EZLN se ha venido “achatando”, orientándose cada vez más haciea “el común”. Finalmente, tras explicar que los cuentos son una forma de relatar la realidad para los propios zapatistas, leyó el cuento “El amor y el desamor según el Chómpiras y la Lucecita”.
Finalmente, el Subcomandante Moisés habló sobre la construcción del “común” en territorio zapatista, dando ejemplos claros sobre cómo funcionan las nuevas estructuras de gobierno y la organización del trabajo en común, con hermanas y hermanos no zapatistas, en tierras recuperadas.
Este 26 de diciembre de 2025 dio inicio el Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores”, el cuarto y último de una serie de encuentros a lo largo de un año, dedicados a tratar de entender la crisis civilizatoria que atravesamos y a reflexionar sobre cómo construir realidades otras que constituyan semillas capaces de florecer “el día después” del colapso de nuestro sistema mundo.
A lo largo de estos cuatro encuentros, el zapatismo nos ha mostrado, tanto con la palabra como con obras de arte, y desde luego con la práctica, los dos ejes de una profunda transformación interna que se lanza también hacia afuera: “el común” y la destrucción de las formas de organización piramidales.
Este ciclo de encuentros inició con la Primera Sesión de los Encuentros Internacionales de Resistencia y Rebeldía, el 28 y 29 de diciembre de 2024 en el Cideci/UniTierra Chiapas, seguido de un festival cultural realizado en el Caracol de Oventic del 30 de diciembre de 2024 al 2 de enero de 2025. En ese encuentro, diversos pensadores y pensadoras analizaron “la tormenta” –la crisis civilizatoria que atravesamos– tanto a nivel global como en México. También se reflexionó sobre la realidad de las mujeres, tanto zapatistas como no zapatistas, y los primeros pasos tanto de la construcción del “común” como del trabajo político con mujeres de comunidades no zapatistas. Al mismo tiempo, las y los zapatistas hicieron un recorrido por lo que les llevó a la decisión de hacer del “común” el eje de esta nueva fase del zapatismo, y los primeros pasos que se han dado en ese caminar.
Del 13 al 19 de abril de 2025 se realizó en el Caracol Jacinto Canek el Encuentro (Rebel y Revel) Arte. En este encuentro, a partir de las artes, se siguió reflexionando sobre la tormenta, y sobre todo se soñó cómo construir otros mundos posibles ante la crisis global. El encuentro terminó un encuentro de la palabra el 19 de abril en el Cideci/UniTierra Chiapas.
Del 3 al 16 de agosto de 2025, se realizó en el Semillero Comandanta Ramona del Caracol de Morelia el Encuentro de Resistencias y Rebeldías “Algunas partes del todo”. Durante dos semanas, en dos mesas simultáneas, se compartieron ya no las problemáticas de la tormenta, sino las soluciones, las alternativas que se construyen en diversas geografías alrededor del mundo. Un encuentro que inspiró con la certidumbre de que mundos otros, muy distintos a la devastación en curso, no sólo son posibles, sino que ya se construyen en muchas partes: mundos en los que que la vida es sagrada, en los que el respeto y la dignidad son brújula para navegar en la tormenta. Una parte de esa construcción, evidentemente, son los grandes cambios internos del zapatismo: la construcción del común y la nueva forma de autogobierno, que los zapatistas explicaron tanto con la palabra como con obras de teatro y otras presentaciones por parte de las y los jóvenes.
Este cuarto y último encuentro inició con las palabras del Capitán Insurgente Marcos y del Subcomandante Insurgente Moisés, que compartimos aquí:
Nota: Este año se cumplen 20 de la Sexta Declaración y 5 de la Declaración por La Vida. Con la VI señalamos claramente nuestra posición anticapitalista y la distancia crítica a la política institucional. Con el empeño de la Declaración por la Vida intentamos ampliar la invitación a una compartición de resistencias y rebeldías. Para nuestras compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta y de la Declaración por la Vida han sido años difíciles, sin embargo, nos hemos mantenido sin rendirnos, sin vendernos y sin claudicar. La tormenta ya no es un mal presagio, es una realidad presente. Vayan pues las siguientes posdatas para reafirmar nuestro compromiso, y nuestro cariño y respeto por quienes, siendo diferentes y diversos, comparten vocación y destino según los modos, calendarios y geografías de cada quien.
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Todas las guerras son ajenas mientras no toquen a tu puerta. Pero la Tormenta no llama antes. Cuando la percibes ya no tienes puerta, ni paredes, ni techo, ni ventanas. No hay casa. No hay vida. Cuando se marcha, sólo queda el olor de la pesadilla mortal.
Ya llegará el hedor del diésel y la gasolina de las máquinas, el ruido con el que se construye sobre lo destruido. “Escuchad”, dice la bestia de oro, “ese sonido anuncia la llegada del progreso”.
Así, hasta la siguiente guerra.
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La guerra es la patria del caos, del desorden, de la arbitrariedad y la deshumanización. La guerra es la patria del dinero.
El uso de misiles, drones y aeronaves manejadas por IA no son una “humanización” de la guerra. Más bien es un cálculo económico. Rinde más en ganancia una máquina que un ser humano. Son más caras, es cierto. Pero, vamos, es una inversión a mediano plazo. Es mayor su capacidad destructora. Y no hay problemas posteriores con remordimientos de conciencia, veteranos lisiados física y mentalmente, demandas, protestas, “body bags” y juicios inútiles en tribunales internacionales.
Así será hasta que el derramamiento de sangre del agresor vuelva a ser rentable.
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Se suele calcular cuánta gente podría alimentarse con lo que se gasta en las guerras depredadoras. Pero, además de que es inútil apelar a la sensibilidad y la empatía del Capital, no se mide bien.
Lo que hay que cuantificar es cuanta ganancia dará el centro comercial y la zona turística cuando se erija sobre un montón de cadáveres ocultos bajo los escombros (ocultos, a su vez, bajo los hoteles y centros recreativos). Sólo así se puede entender el verdadero carácter de una guerra.
Los cimientos de la civilización moderna no se construyen con concreto, sino con carne, huesos y sangre, mucha sangre.
El sistema destruye, para vender luego la reposición. A las ciudades destruidas, se seguirá un paisaje de edificios de apartamentos, brillantes rascacielos, centros comerciales y campos de golf tan inteligentes que hasta Trump gana, mientras Netanyahu da cátedra de derechos humanos, Putin organiza carreras de osos siberianos, y Xi Jinping vende los boletos. Un signo monetario brilla en la cima de la pirámide que congrega al culto del dinero.
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En las últimas guerras, la soberbia Europa de arriba ha funcionado como cabeza de playa. Algo acorde con la función de zona de recreación y entretenimiento para el Capital. El llamado “eurocentrismo” es ya parte de un pasado nostálgico y rancio. El rumbo de esa Europa se decide en los consejos de accionistas y los “lobbies” de las grandes empresas. El jefe de Amazon celebra su matrimonio en la piscina de su casa de campo (Venecia), y la OTAN es la sucursal de reparto y cliente de las mercancías más rentables: las armas.
Los gobiernos de los Estados Nacionales de ese continente se tapan el rostro modosamente ante el “Padre Padrone”, de quien sueñan independizarse alistándose en el ejército del Capital. Ya no en un futuro, sino ahora mismo (como en Ucrania), el Capital pone las armas, Europa los muertos presentes y futuros, Putin los hologramas de una mezcla de Zarismo con URSS, y Xi Jinping afina su propuesta alternativa de pirámide social.
Cerca de ahí, no la prole de Trump, sino los herederos de las grandes compañías sueñan con vacacionar en una Palestina libre… de palestinos. Netanyahu, o su equivalente, será el amable anfitrión y, en las sobremesas, divertirá a los visitantes con anécdotas de infantes, mujeres, hombres, ancianos, hospitales y escuelas muertos de bomba y muertos de hambre. “Ahorré millones usando los centros de distribución de alimentos como cotos de caza”, alardeará mientras sirve el Zibdieh. Los comensales aplaudirán.
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La guerra es la opción primera del Capital para deshacerse de los desechables. Religión, corrección o incorrección políticas (eso ya dejó de importar), discursos enardecidos e historias heroicas fabricadas con IA, ceses al fuego con explosiones y disparos como música de fondo, treguas según indiquen las casas de bolsa y los precios del petróleo; todo eso no es más que la escenografía.
Los dioses diversos simulan estar atareados abanderando muerte y destrucción de uno y otro bando. Y el verdadero dios que todo lo puede y está en todas partes, el Capital, permanece discreto. O no, el cinismo es ahora virtud. Detrás de todo se esconde lo principal: el balance en la contabilidad de las grandes empresas y los bancos.
La legislación internacional sobre conflictos militares tiene décadas obsoleta. En las guerras modernas, la ONU es sólo una referencia para las celebraciones escolares. Sus afirmaciones no van más allá de las declaraciones de una aspirante en un concurso de belleza: “Deseo la paz en el mundo”.
Los ejércitos del Capital son el equivalente a los servicios de entrega a domicilio. Y hay quien, lejos en geografía del lugar de la entrega, califica: “5 estrellas para Netanyahu”. En la disputa por el premio al “repartidor del año”, Trump, Putin y Netanyahu puntean, cierto. Pero el sistema siempre tendrá la opción de elegir a otros… u otras (no olvidar la paridad de género).
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Por los medios de comunicación masiva, redes sociales incluidas, las geografías lejanas del territorio agredido, se asumen como espectadoras. Como si fuera una confrontación deportiva, eligen su favorito, toman partido por uno y otro bando. Aplauden a uno y abuchean al otro. Se alegran por los aciertos y se entristecen por las fallas de los contendientes. En los palcos de narración, especialistas aderezan el espectáculo. “Geopolítica”, le dicen. Y suspiran por cambiar de dominador, no por cambiar la relación en la que son víctimas.
Olvidan acaso que el mundo no es un estadio deportivo. En cambio, semeja un gigantesco coliseo donde las futuras víctimas aplauden mientras esperan su turno. No son gladiadores en la antesala, son las piezas de caza que víctimas serán de máquinas de guerra. Mientras, bots con todos los avatares e ingeniosos apodos, dirigen los aplausos, los rugidos y hurras; y, llegado su tiempo, el tañido de lágrimas y lamentos.
Desde su palco de honor, el Capital agradece los aplausos del público y escucha lo que los espectadores gritan con mudas palabras: “Salve César, los que van a morir te saludan”.
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Y sin embargo…
Un día, sobre las ruinas de la historia, yacerá el cadáver de un sistema que se creyó eterno y omnipresente. Antes de esa madrugada, hablar de paz es sólo un sarcasmo para las víctimas. Pero ese día, el sol de oriente mirará, sorprendido, a Palestina viva. Y libre, porque sólo libre se vive.
Porque hay quien dice “NO”.
Hay quien no quiere cambiar de patrón, sino no tener patrón.
No es hoy el día después. La doña Juanita muele el maíz que luego será tortilla nueva en la mesa donde, después de la práctica, los promotores comerán. La doña Juanita me confiesa que, a la hora de repartir la comida, les sirve más a las promotoras de salud. Porque son sanadoras, dice, y necesitan más fuerza para que su cabeza aprende y enseña.
Hablamos. Más bien, habla ella y yo escucho. Dice de una tierra lejana que está ahí nomás, al otro lado de la sierra que extiende su falda en nuestro suelo; nuestra tierra que antes fue de los extraños, los de afuera, los de dinero y muerte; suelo que libre se hizo por nuestra lucha.
Está contenta la doña Juanita con la lucha. Contando historias del pasado, cuando el finquero y el gobierno mandaban, anima a sus nietas, las exhorta, les advierte: “No dejes la lucha nunca, busca tu lugar y pelea para defenderlo. Si lo pierdes, de balde murieron nuestros muertos y te van a venir a jalar las greñas. Y yo te voy a agarrar a patadas. Aunque esté yo muerta, en la noche llego”.
“La sistema sólo nos enseñó a mal morir”, dice mientras atiza el fogón. “Y la lucha nos enseñó a vivir. Difícil seguir el camino de la muerte, y más difícil caminar la vida. Pero más alegre la lucha, porque te hace que miras lejos. Por ejemplo, de la salud. Antes la enfermedad sólo terminaba con la muerte, y nuestra medicina sólo retrasaba un poco que somos difuntos. Ahora hay muchas formas de salud. Empezando desde abajo, así como se levanta una champa. Bueno, eso pienso yo. Así dice mi cabeza. Por eso es bueno que las jóvenas aprendan de la salud. Porque ese camino es largo y es de vida. Pero que no sólo de plantas medicinales, porque hasta yo sé de eso. Es de cosas nuevas, de laboratorios y esos aparatos raros que oyen lo que dice tu tripa. De abrirle la panza a un hermano, sacarle el mal y remendarlo como se remienda la nagua. Yo creo que el finquero nos quería enfermos para que rápido morimos y no estamos dando lata. Como quiera el Mandón trae gente de otro lado a servirle. La lucha es buena porque no es sólo de matar o morir, es de vivir. Yo lo quiero ver eso de que le meten cuchillo a un cristiano, pero buen cuchillo porque no mata, sino que cura. Es muy otro eso de la salud. Creo por eso una no lo dice cuando se enferma. No es por valiente y que no quieres hacer bulla. Es porque tienes miedo del cuchillo que cura. Imagina que ves en tu ojo como el machete llega en tu panza. ¡Ay diositillo!”, dice la doña Juanita mientras se persigna repetidas veces.
Revisa el frijol la doña Juanita. Me dice que, en esa otra tierra, cercana -aunque lejos-, viven pueblos hermanos que a esos suelos llaman “Palestina”. Dice que la destrucción y la muerte siguen sembradas allá, aunque ahora otra guerra en otra geografía sea la noticia que oculta su noticia. No llora la doña Juanita cuando habla “Palestina”. Su mirada brilla, sí, pero no hay pena. Hay rabia, coraje, vergüenza.
“No conozco, pero me imagino que a esos pueblos todos quieren decirle lo que deben hacer. Así fue con nuestras comunidades, que llegaban a ordenarnos qué debemos pensar, vestir, comer, rezar, hasta quieren decirnos cómo hablar. El Mandón no siempre llega con cara de finquero. A veces llega con cara de buena gente, que te viene a ayudar, que te da su limosna, que te acaricia. Pero lo que quiere es mandar. Viera que no luchamos, hoy estaríamos igual, viviendo una vida que no es la nuestra.
No tendríamos conciencia nuestra y seríamos lo que la mirada de otros quiere que seamos. No sirve así, porque sólo te dejan la muerte. Tu vida es la vida que dicen ellos y no la tuya. Es buena la lucha porque no manda, sino que obedece”.
Suspira la doña Juanita. Apila las tortillas y los recuerdos, y me cuenta una historia que le contó su abuela hace 30, 50, 100, mil años. Ya es de edad la doña Juanita, pero es otra vez una niña cuando repite la historia que su abuela le trajo de sus más anteriores:
“Después del principio los seres que empezaron a hablar, y así caminar, mucho peleaban. Querían tener. Quien tenía poco, quería mucho. Quien no tenía nada, quería tener. aunque sea un poco. Quien tenía mucho, quería tenerlo todo. No era su modo de por sí. Ese modo lo trajo el que es del color del dinero, el de ojos fieros y manos de muerte, el Dzul. Mucho sufrían los anteriores. Y mucho entre ellos peleaban. Y con las peleas, las enfermedades para todos: para las crías, para las madres, para los padres, para los campos, para los animales. Enfermaban también las plantas y se enfermaban las aguas y los cielos. Antes de los dineros, había salud y la enfermedad de más querer tener no existía. Había el común.
Los Dzules, los extranjeros, los de afuera, les enseñaron a los nuestros que, para dominar un pueblo, había que dominar a las mujeres. Y que, si no se dejaban, había que matarlas. Porque matando mujeres, decían los Dzules, mataban rebeliones futuras.
Pero las mujeres tenían una más sabedora, más grande de edad y de rango. Ixchel es su nombre y su trabajo es la salud de todo. De día se esconde, pero de noche hace la guardia para ver si todo está cabal. Es luna pues, la Ixchel.
A las mujeres que luchan, Ixchel les dio la fortaleza interna de corazón y cuerpo. Grande hizo su corazón para que en él cupiera la semilla de la vida. Por eso las guerras del opresor buscan dañar a las mujeres que luchan. Desde pequeñas son atacadas. Porque en ellas va la vida, va el mañana. Rebeldes las hizo. Inconformes. Sabias las creó. Vista lejana tienen. Miran vida más allá de donde los demás sólo ven muerte. Y cuando se embravece la Ixchel, ahí sí, olvídate de que muy machitos y mandones. Por eso nuestro trabajo como mujeres que somos, es resistencia y rebeldía. Porque sólo así se sana una tierra mancillada con bombas, industrias y máquinas. Sólo así puedes curar la muerte. Luchando pues”.
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Ahora me doy cuenta de que la doña Juanita, cuando expresa “Palestina”, dice “niña, mujer, anciana”. Y por eso la doña Juanita, que fue y es niña, mujer y anciana, cuando habla “Palestina” dice “rabia”, sí, pero también dice “mañana”.
Y eso es lo que decimos las comunidades zapatistas cuando decimos “Palestina”.
Vale. Salud y pues eso: salud.
Desde las montañas del Sureste Mexicano, casi esquina con Medio Oriente.
El Capitán. Noviembre del 2024.
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