Noticias:

México

image/svg+xml image/svg+xml
radio
Radio Zapatista

Madres del México herido caminan juntas

Texto, fotos y audios, Colectivo RZ.

México, mayo de 2018.

Jessica Cerón Salinas tiene 28 años y está a punto de dar a luz. Es 13 de agosto de 2012 y su familia la espera para una fiesta en Cuernavaca. Es cumpleaños de su hermana, Lizbeth. Toda la familia, reunida por el festejo, está lista para recibir al bebé de Jessica, a quien han comenzado a llamar Max. En una última llamada telefónica, Jessica les informa que ya se dirigen a la reunión. Pero Jessica y Max no llegan a la fiesta. Desde ese día, su hermana Lizbeth,  su madre Celia y toda la familia comienzan una búsqueda que no termina. Unas horas antes, otra joven morelense desaparece. Es Viridiana Anaid Morales Rodríguez, estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Tiene 21 años y ha viajado con su esposo Roberto Altamirano López para festejar su primer aniversario de bodas en un campamento en el Estado de México. Pero Viridiana y Roberto tampoco vuelven.

Ríos de dolor materno empapan México. Miles de mujeres sin sus hijas e hijos pasan otro 10 mayo sin nada que celebrar. La tradición de antes llama a festejar nuestra ancestría y nuestra maternidad, pero la realidad genera una tradición nueva, la de hoy, una que nos empuja a recorrer calles, avenidas y plazas para no olvidar que, en tan solo una década, cientos de miles de personas han sido asesinadas y desaparecidas en nuestro país con absoluta impunidad. Quienes se reconocen como “madres del dolor” marchan en diez ciudades de los estados más heridos por la violencia incontrolable que nos golpea. En Cuernavaca, Morelos, decenas de familias se movilizan una vez más frente a la total indiferencia gubernamental. Aunque marchan con niñas y niños muy pequeños o en brazos, no hay un solo vehículo de tránsito que vigile su camino. Nadie las recibe en la Fiscalía General del Estado, nadie las escucha en las oficinas del palacio del gobernador Graco Ramírez Garrido.

En años recientes, el estado de Morelos ha visto crecer el horror de los crímenes y las desapariciones de la mano de la insensibilidad de sus instituciones. Las organizaciones civiles que destaparon los horrores cometidos en las fosas de Tetelcingo y Jojutla, donde la Fiscalía General “volvió a asesinar” a sus familiares al arrojarlos “como basura”, insisten en que no se cumplen los protocolos mínimos de comportamiento humano frente a una persona fallecida. Y si esos protocolos no importan, las familias fracturadas importan menos.

Las madres, los niños y las niñas, los familiares jóvenes y ancianos que marcharon este 10 de mayo lo han intentado todo. Como si habitaran un mundo paralelo, se han organizado para aprender lo necesario y hacer el trabajo que las autoridades no realizan. Rastreo y hallazgo de fosas clandestinas, papeleo legal, investigación de expedientes, redacción de nuevas leyes, seguimiento de protocolos, llamados a la solidaridad, entrevistas y conferencias, relatos, gritos. Este día de las madres se visten de blanco y llevan las flores que debieron recibir. Reparten entre la gente que las acompaña un listado de consignas que se han ido ajustando a los tiempos que vivimos: “¿Dónde están, dónde están, nuestras hijas dónde están, nuestros hijos dónde están?” “Únete, únete que tu hija puede ser, que tu hijo puede ser” “¿Por qué los buscamos? Porque los amamos”. “Las madres en la calle no hay nadie que las calle”. Son las voces heridas de mujeres y familiares articulados en el Frente de Víctimas del Estado de Morelos, exigiendo “verdad, justicia, reparación y no repetición”.

Después de una larga caminata por la ciudad, un breve acto en la Plaza de Armas de Cuernavaca. Las familias y las madres se congregan en un memorial que es prueba irrefutable de la negligencia gubernamental. Colocan decenas de mantas y fotografías de quienes no están con ellas. Rodeadas por periodistas y grupos de apoyo, leen un boletín de prensa. Dicen que “los candidatos deberían tener en sus propuestas el tema de que le van a dar solución a las víctimas”, pero saben que no lo harán. “Creer, no creemos en nada”. Lo que las acerca a las autoridades, señalan, “es la esperanza”. Luego, el pase de lista de cada persona ausente, otra nueva tradición mexicana.

Entonces, los mariachis que no saben faltar, entonan lo mismo que están escuchando millones de madres en todo el país. Sólo que, aquí, Juanga y Denisse se sienten de otro modo. Cuando resuena el “tú eres la tristeza, ay, de mis ojos” la fortaleza de estas madres se vuelve llanto colectivo. Se acompañan, se abrazan y se identifican. Luego cada “guerrera invencible” se recupera y se retira para cumplir la promesa que llevan años gritando: “De norte a sur, de este a oeste, yo te encontraré cueste lo que cueste”.

A continuación, reproducimos audios con las palabras de madres, abuelas y hermanas de personas desaparecidas y asesinadas en Morelos en los últimos años, quienes explican cuál es su búsqueda y cómo se han organizado y articulado para caminar juntas:

(Descarga aquí)  

Charla con Ana Luisa Garduño, madre de la joven asesinada Ana Karen Huicochea.

(Descarga aquí)  

Charla con Edith Hernández, hermana de Israel, cuyo cuerpo fue hallado en las fosas clandestinas de Tetelcingo.

(Descarga aquí)  

Charla con Celia Salinas, madre de la joven desaparecida Jessica Cerón.


BOLETIN DE PRENSA

MILES DE MADRES EN ESTE DÍA NO TENEMOS NADA QUE CELEBRAR

(Continuar leyendo…)

radio
Debora Cerutti/La Tinta

Compañera del colectivo La Tinta narra su detención en un Centro para Migrantes de México tras participar en Chiapas en el 1er Encuentro de Mujeres que Luchan [Crónica]

En el mes de marzo, La tinta viajó a México a realizar la cobertura del “Primer Encuentro internacional, político, artístico y deportivo de mujeres que luchan”. En un operativo policial en la ruta que une Ciudad de México con San Cristóbal de las Casas, Chiapas, retuvieron a una de nuestras cronistas, Débora Cerutti. Aquí la primera parte de un relato de primera mano sobre las 13 horas de detención en un Centro para Migrantes.
Por Débora Cerutti para La tinta

Acayucan, Veracruz, México. 12 de la noche. Retén policial en la ruta. Huelo a peligro. Sudo hormonas. Aumento la frecuencia cardíaca. El miedo paraliza, me dije a mi misma. Reacciono y activo protocolos básicos de seguridad. Los invento en ese momento.

Había salido a las siete de la tarde de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, rumbo a Ciudad de México. El avión de vuelta a Argentina salía dos días después.

Llamo por teléfono a Jaime. Le pido que se comunique con mi amiga Mariana. Que no se preocupen. Que permanezcan atentos. Que no tenía mi pasaporte. Que no lo encontraba. Que debía estar en la casa de Mariana, en Ciudad de México, aunque estaba segura de que lo había cargado. Que iba a pasar la noche en un lugar llamado “Centro para migrantes” y que al amanecer me dejarían ir, cuando llegara el personal a las oficinas y chequearan mi identidad.

El aquietamiento
La última vez que había estado en México, fue hace dos años atrás. Un viaje de siete meses en el que recorrí decenas de experiencias organizativas que me enamoraron. Entre ellas, el zapatismo. En marzo de este año regresé al sureste mexicano con la tarea de cubrir para La tinta un evento convocado por el movimiento zapatista: el Primer Encuentro internacional, político, artístico y deportivo de mujeres que luchan. Mi corazón estaba ensanchado.

El encuentro terminó. Decidí quedarme unos días más en San Cristóbal para terminar de organizarme junto a otras seis mujeres en el trabajo colaborativo de prensa que nos habíamos propuesto durante el encuentro. Luego de esos días, iría a la costa de Chiapas a visitar a tres generaciones de mujeres y el mar. La noche antes de viajar comencé a sentirme mal. La maldición de Moctezuma parecía haber hecho lo suyo en mi estómago. Perdí el pasaje que había comprado y me quedé un par de días más en San Cristóbal.

Eso condicionó la vuelta. Debía volver sola a ciudad de México atravesando algunos retenes que sabía que existían. Conocía de los filtros migratorios por mi viaje anterior. Decidí no dormir y quedarme atenta a las probables paradas del colectivo en que la Policía Migratoria tiene un procedimiento muy aceitado: se sube al autobús, te mira, te alumbra con una linterna, reconoce tus rasgos en base a fenotipos y decide pedirte o no los documentos.

Desde la salida de San Cristóbal pasé tres retenes. En el tercero, todavía en el estado de Chiapas me pidieron documentos. Les mostré mi DNI, lo tomaron en sus manos y me lo devolvieron. Se bajaron. El colectivo siguió andando. Mi cuerpo liberó hormonas que mantuvieron la sensación de miedo pero permitieron que mi organismo actuara.

Siempre me costó dormir en los colectivos. A veces, cuando logro conciliar el sueño, se despierta mi mente y mi cuerpo queda paralizado. Por eso, desde hace un tiempo, decido mantener los ojos abiertos, los sentidos en alerta cuando viajo. Leo. Pienso. Miro por la ventana. Recuerdo. Hasta que me vence el sueño y caigo en la posibilidad de esa parálisis de la que soy consciente y dura segundos, pero que se manifiesta como eternidad. Es el tránsito del sueño a la vigilia: la parálisis del sueño.

Bajé la guardia a las 23 horas, un jueves 15 de marzo, en ese último retén. Me quedé profundamente dormida, sintiendo que ya no había peligro ni posibilidad de parálisis.

Llave de cintura
El estado de Veracruz es el paso obligado de aquellas personas que migran desde Centroamérica hacia Estados Unidos. De allí que le llaman “llave de cintura”, metáfora que representa el anudamiento, la limitación en el transitar libremente. Allí la linterna me iluminó el rostro y me despertó. Caí una vez más entre los fenotipos de personas que la migra estaba buscando.

—Documentos.
—Ya me los pidieron en el retén anterior.
—Este es otro. Documentos.
—Aquí está.
—Su pasaporte.
—Ese documento fue válido en el retén anterior.
—Este es otro. Pasaporte.

Me pongo nerviosa. No encuentro el pasaporte. Reviso mi mochila de mano. No está allí. Me bloqueo. Les digo que no lo tengo conmigo. Que tengo escaneado las primeras hojas de esa identificación en la computadora. Que no. Que necesitan tenerlo con la fórmula migratoria que me habían dado al ingresar al país. Que junte mis cosas y me baje.

Desciendo del colectivo, el chofer afirma que yo no venía sola, no entiendo por qué. Yo le digo que sí, que no había nadie conmigo. Insisten en mi pasaporte. Mi memoria insiste en no recordar qué había hecho con él. No pasan más de cinco minutos en toda esta secuencia: sin dudarlo, el chofer baja mi mochila grande del colectivo, se sienta en su butaca y arranca.

Miro el reloj de mi teléfono celular, son las doce de la noche, batería cargada, apenas una línea de señal. Miro a mi alrededor, veo el colectivo que se va, la ruta casi vacía, la noche oscura, una tienda Oxxo a lo lejos y una tienda de campaña con luces blancas que iluminan los rostros. Me percibo como la única mujer rodeada de policías. Recuerdo una frase: “Ningún ser humano es ilegal”.

Foto:Colectivo Manifiesto

La jauría y la perrera
Me dicen que me van a trasladar. Me suben a una combi enrejada. Me tienen media hora allí arriba encerrada, sin posibilidad de bajarme. Con dos jóvenes hermanos, uno de ellos menor de edad. Ellos en silencio. Yo golpeando la puerta para que me dejen salir. La migra pasa por el costado y disimula la sordera. Vuelve el conductor de la perrera. Se sube y enciende el motor. Comienzan los once kilómetros de mayor incertidumbre en el viaje en México.

Empiezo a borrar las imágenes de la cámara de fotos en el camino, las del Encuentro de mujeres. Borro toda la información del teléfono. Pienso en las 47 mujeres que denunciaron violaciones y torturas en San Salvador Atenco, uno de los 125 municipios del Estado de México, ubicado al oriente. Allá en 2006, cuando 5 mil efectivos policiales se desplegaron cual jauría sobre la comunidad rural y reprimieron una protesta contra la construcción de un aeropuerto.

Pierdo la señal del teléfono por completo.

Pienso en los excesos de las autoridades. En los operativos impunes, en el poder que poseen las fuerzas policiales, en su formación violenta y su capacidad para realizar torturas físicas, psicológicas y sexuales. En su capacidad para desaparecer personas.

En esos once kilómetros de traslado al Centro de Migrantes, intento identificar señales en el afuera. Intento no tener miedo. Intento pensar con la cabeza en frío y el corazón caliente. Carteles, nombres, luces. ¿Qué haría ante un intento de violación? ¿Qué si me secuestran? ¿Serían capaces?

Atenco, insistente imagen metafórica mientras transito encerrada en la perrera hacia un lugar desconocido, rodeada de hombres uniformados.

radio
CoAA TV

¿Qué son los Medios Libres? (Video elaborado en el encuentro de ML en Oaxaca, Abril ’18)

No Sabes Qué Son Los Medios Libres?

En este video realizado en el marco del encuentro de Médios libres y
comunitarios por la autonomía de los pueblos en la finca Alemania en
Oaxaca, intenta responder que son los medios libres y a qué se
enfrentan.

radio
Radio Zapatista

El corazón está listo – Día 11, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

No matarán la flor de la palabra. No aquí ni ahora, no con tanta lucha por delante. No con tanta muerte acechando. Tras once días de conversar con música, baile, foto, cine, cartel, silencio atento y palabras, anoche concluyó en el CIDECI-Unitierra un encuentro que resignifica y redefine mucho. Una Comisión Sexta que celebra a su nuevo integrante (el Comandante Pablo), ha planteado una vez más la importancia de la organización mientras propone cuidar la “pedagogía” del mensaje a transmitir. No hay “propiedad privada de la lucha”, dice el Sup Galeano, hay “una nueva semilla que es de todos, todoas, todas y no es de nadie”.

Al presentar a detalle sus vivencias de los meses recientes, cuando se lanzaron a la búsqueda de apoyos para Marichuy y el CIG, integrantes de su Red de Apoyo se hacen voz colectiva que describe el proceso de aprendizaje-trabajo-información vivido por muchos rincones de México. Aunque escuchamos solamente a colectivos de Chiapas y de la Ciudad de México y zonas cercanas, lo que narran podría narrarlo cualquiera de ellxs. Son “colectivo de colectivos”, esfuerzo conjunto aunque disperso. Son fractales de resistencia. Sus voces coinciden cuando nos transmiten la emoción, el frío, la confianza, el agotamiento, el ánimo, el ansia y, sobre todo, la convicción. Recuerdan a Marco Antonio Jiménez, “activo auxiliar de Marichuy”, maestro de la Sexta que “ya no se encuentra aquí entre nosotros”. Recuerdan también a Eloísa Vega Castro, de la Red Sudcaliforniana de apoyo al CIG. Pero en realidad recuerdan todas las muertes y las desapariciones, todos los encarcelamientos y los abusos, todos los feminicidios, todo el despojo y el racismo, pues durante meses se dedicaron a recordárselos a cada persona que se acercó a sus mesas de recolección de apoyos. “También vivimos la tormenta”, nos dicen. “Cada firma era un diálogo que permitía visibilizar la lucha de los pueblos indígenas”, pero para visibilizarla tenían que verla ellxs mismxs. Con gran elocuencia, Raúl Romero presenta sus tres miradas de ese proceso: lo que llamó a juntar firmas (el diagnóstico), lo que pasó juntando firmas (las experiencias) y lo que es este semillero (la esperanza).

En sus intervenciones durante la clausura, tanto el Comandante Pablo como los Subcomandantes Moisés y Galeano replicaron el “efecto Marichuy” y los pueblos originarios al insistir en que nuestra lucha es por la vida. Según lo narraron a lo largo de estos días, cada participante de este Conversatorio-Semillero recibió una invitación del EZLN que les preguntaba “¿cómo está tu corazón?”. Cada quién dio su respuesta. Pero por lo que nos enseñaron y por la fuerza organizada de quienes convocaron, todo indica que el corazón está listo.

Escucha/descarga los audios (para descargar, haz clic con el botón derecho del ratón sobre la pista deseada):

 

radio
Radio Zapatista

¿Heredar el deber y la memoria? – Día 9, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

Dando continuidad a lo que sucedió el sábado, cuando don Pablo González Casanova fue nombrado Comandante y pasó a integrar el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, el EZLN anunció ayer, en voz del Subcomandante Galeano, la formación de un nuevo ejército insurgente. Un ejército “con el cabello cano, o sin cabello, en silla de ruedas o en bastones o muletas, que no escucha bien, que no ve bien, al que le tiemblan las manos pero no de miedo, sino de impaciencia”; un ejército que “no traerá armas de fuego ni bombas… sino algo más mortífero, más letal y más poderoso: memoria e historia”.

Es armado con historia y memoria que el zapatismo, al igual que el CNI y el CIG, se propone a enfrentar la muerte en que estamos sumergidos. Porque, como apuntó Sergio Rodríguez Lazcano, bajo el cemento de la ciudad está la tierra; o sea, la historia de los pueblos. Así, el caminar del CIG y de Marichuy fue y es un encuentro de raíces entretejidas que bordan caminos preguntando y siembran semillas de un mundo otro capaz de resurgir de entre los escombros de éste que se está derrumbando.

Los síntomas de ese derrumbe en el panorama político mexicano fueron esbozados con precisión por Sergio Rodríguez, mostrando con datos el callejón sin salida de la política de los de arriba, en un momento en que la ideología fue abandonada y de lo que se trata ahora es de ganar espacios de poder, cueste lo que cueste. El despojo (palabra derivada del latín despoliare, que significa “quitarle la piel a la tierra”), como bien lo ha expresado el CNI una y otra vez, constituye un verdadero proceso de genocidio en el que, literalmente, los pueblos están amenazados de desaparecer. Pero es justamente ante la inminencia de la muerte colectiva que los pueblos organizados en el CNI deciden conformar el CIG y pasar a la ofensiva.

La valoración de lo que ha sido el caminar del CIG está en proceso, no sólo al interior del CNI, sino incorporando las miradas y las voces de todas y todos. Así escuchamos a Rafael Castañeda, quien hace un recuento de lo que fue la experiencia del Partido de los Comunistas en la recaudación de firmas para Marichuy. Entre las diversas anécdotas, está la de quienes hablaban con quienes se acercaban durante minutos u horas, y sólo al final preguntaban si tenían credencial de elector, dejando claro así que de lo que se trataba no era simplemente de recolectar firmas, sino de dar cauce a la rabia hacia la organización y la lucha colectiva.

De la misma manera Magda Gómez se refirió al “efecto Marichuy” como un despertar que entraña la práctica de otra forma de hacer política. Compartió que temió en su momento que se perdiera el punto de encuentro entre la recolección de firmas y su verdadero objetivo, encarnado en el caminar de Marichuy y del CIG, pero que en definitiva ese encuentro había quedado muy claro.

Tanto Magda como Bárbara Zamora hablaron del desencuentro entre las formas de la justicia propia de los pueblos originarios y las instituciones del Estado, que se fundamenta en un desencuentro de visiones y la imposición de una sobre la otra. Y ambas, como abogadas, apuntaron a la lucha jurídica como un espacio útil y a veces necesario, a pesar de reconocer que en ese lugar no van a ocurrir las transformaciones a las que aspiramos.

Pero, si nos están matando, como tan visceralmente nos dieron a entender Gabriela Jáuregui y Abraham Cruz el día anterior, y si los espacios de la institucionalidad no son ni serán camino para la vida, entonces ¿qué?

“Los estamos llamando a destruir el mundo totalmente”, dijo el SupGaleano, y a construir otro desde abajo, buscando la vida. ¿Que si estamos soñando? “Cuando planteamos el horizonte”, dijo el Sup, “no estamos soñando; estamos recordando”. ¿Que si es posible? La probabilidad es mínima, dijo… es casi imposible. Pero es imprescindible “aferrarse a esa millonésima de probabilidad”. Una probabilidad tan minúscula, recordó el SupGaleano en su breve genealogía del zapatismo, como lo fue que, tras el levantamiento de 1994, sucediera lo que sucedió. Y en este camino, el nombramiento del Comandante Pablo Contreras y el llamado a conformar este nuevo ejército insurgente de la memoria conlleva un mensaje muy claro: “Estamos llamando a las filas de la lucha a la historia, a los muertos, a los desaparecidos, a los olvidados”. Y tal vez entonces se abran las tumbas y quienes murieron vuelvan a caminar, y los desaparecidos reaparecerán.

radio
Radio Zapatista

¿Y cómo hablamos la verdad? – Día 7, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

¿Y en este México de gritos y silencios, cómo hablamos la verdad?
Día 7, Conversatorio
“Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

Mañana y tarde del sábado 21 de abril, séptima jornada del conversatorio convocado por el zapatismo, día de muchas palabras, de dos sesiones, mañana y tarde. Para reportarnos cómo anda el corazón, llegan a la Universidad de la Tierra Daniela Rea, Marcela Turati, Javier Risco, Emilio Lezama y Luis Hernández Navarro, cinco periodistas que abren el día. Para cerrarlo, hablan la vocera del Concejo Indígena de Gobierno Marichuy, Carlos González del Congreso Nacional Indígena y cuatro integrantes de la asociación civil Llegó la Hora del Florecimiento de los Pueblos: Mardonio Carballo, Juan Carlos Rulfo, Juan Villoro y Pablo González Casanova, a quien a partir de hoy, y por los méritos de su trabajo, se le encomienda más trabajo: ser parte del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-CG EZLN).

“El rumor florece en los colapsos”, afirma Carlos Taibo en voz del Sup Galeano. Pero no queremos colapsar. ¿Qué papel juegan entonces los medios de comunicación? ¿Cómo pueden alejarnos de la mentira fácil? ¿Cómo no ser “amplificadores de rumores”? ¿Cómo transmitir información veraz?

Desde la Red de Periodistas de a Pie, Daniela Rea y Marcela Turati sueltan de golpe toda la lista de emociones que invaden a cualquier periodista veraz que ande quebrándose el alma por narrar los gritos y los silencios que habitan nuestro México. Daniela Rea, para quien “el corazón está terco”, nos acalambra la conciencia con sus historias de reportera desde el fondo de un dolor que es “dignidad, resistencia, trabajo, justicia”, historias de personas que ya no temen porque “ya no es posible que les quepa más miedo en el cuerpo”. Marcela Turati, “una persona normal” a quien se le “atravesó” la guerra, se confiesa a veces “despalabrada” de tanto andar “hurgando en fosas” clandestinas, de tanto ver “muertos en vida”, “campos de exterminio” y “32 mil” personas desaparecidas “disputando el espacio” que el periodismo comprometido lucha por darles. Marcela plantea el dilema de cómo “mantener viva la indignación”, pero una indignación que mueva y no que paralice. Nos habla de la importancia de proteger la vida de periodistas, porque “donde no hay periodistas está ganando la muerte”.

Javier Risco cuenta con espacios en radio y televisión comerciales en los que habla con políticos cada día. Dice que trata de incomodarlos y que, desde “su trinchera”, vio la campaña de recolección de apoyos de Marichuy Patricio Martínez como un “necesario oasis de dignidad”. Emilio Lezama, quien se estrenara en el periodismo a los trece años narrando la marcha zapatista del Color de la Tierra (que llegó a la Ciudad de México en 2001), pregunta “¿qué México queremos?” y, yendo más allá, “¿qué modelo de mundo queremos?”. Para narrar la realidad actual, Emilio recurre a una metáfora, la de los palacios de cristal que, como espacios domesticados, buscan contener el mundo. Ganadores, dentro; perdedores, fuera. Pero hay “un presente adyacente”, nos dice, por lo que debemos imaginar otros Méxicos. Luis Hernández Navarro describe a detalle la basura que hay en toda campaña electoral. La que vivimos ahora no es distinta. Aquí “no está en juego una verdadera reforma del estado” sino su recomposición. No está en disputa el desmantelamiento del modelo de desarrollo neoliberal sino “su gestión”. Se menciona a periodistas autoexiladxs, amenazadxs, asesinadxs, a Miroslava Breach, a Javiér Valdés, a muchxs más. El Sup Galeano abunda sobre el riesgo que implica ser periodista en México, pues también se es “una víctima potencial” que puede convertirse en parte de la noticia terrible que narraba. Todo eso por la mañana.

Por la tarde, una sesión transformadora de la relación que ha tenido el EZLN con la sociedad civil organizada desde hace 24 años. Marichuy comienza agradeciendo a la Sexta nacional e internacional, a las redes de apoyo, a las organizaciones, a la asociación civil Llegó la Hora del Florecimiento de los Pueblos y a todxs aquellxs que de manera inividual apoyaron el proceso de recolección de firmas. Carlos González describe las etapas que ha vivido el CNI. La primera, desde su fundación en 1996 hasta abril del 2001, cuando se aprobó en el Congreso mexicano un dictamen que contravenía los Acuerdos de San Andrés. La segunda, el impulso de la autonomía por la vía de los hechos, con la adhesión colectiva a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (en 2006) y una larga etapa de represión y dificultades. La tercera, la de ahora con el recorrido de la vocera María de Jesús Patricio, cuando el CNI se posiciona de otra forma en su momento más grave, para quedar en una posición de lucha distinta, mucho más sólida.

Mardonio Carballo se va a las raíces, pues “nadie puede hablar de la flor, del fruto, si no habla de la raíz”. Luego explica que “no hay mejor memoria que la de la tierra”, mientras nos habla de las lenguas como flores. Juan Carlos Rulfo informa que, tras más de 20 años de zapatismo, él “sigue buscando historias” y preguntándose “¿cuántas historias hay que contar?” Juan Villoro celebra que seamos “más conversacionales” y se extiende con recuerdos y anécdotas de la Convención Nacional Democrática (de 1994), la propuesta fallida de fundar una biblioteca “Rosario Castellanos”, en la que, frente a “Francisco Villa”, no se abrió camino ese nombre de mujer. Nos habla de lo que fue la apuesta por la consecución de firmas de apoyo para el CIG, construcción de una esperanza que “pasa por los otros”, los desconocidos y lejanos. Nos invita a construir una “comunalidad futura”, a sabiendas de que “las voces comunes son voces que tejen”.

Al principio de la tarde había hablado muy brevemente Pablo González Casanova, sólo para mencionar que “el proyecto que nació en estas tierras es un proyecto universal”, y para agradecer haber vivido en su tiempo de vida este proyecto. Al principio de la noche, cuando parecía haber terminado la conversación, el Sup Moisés toma el micrófono para explicar “cómo se llega a la dirección política del EZLN”. Pues con trabajo. Se le da trabajo a una persona, se le observa y, si trabaja bien, se le premia con “más trabajo”. Entonces habla el Comandante Tacho “a nombre de las bases de apoyo” zapatistas. Celebra que don Pablo González Casanova haya pasado su cumpleaños 96 trabajando en un evento de recopilación de apoyos para Marichuy. Nos dice que, desde que comenzaron esta lucha, en “el apunte tenían” que “un día tenían que luchar” con todas y todos, que “ya estaba previsto que un día nos íbamos a encontrar”, aunque no sabían cuándo ni cómo. Ahora ya saben: “Hemos visto a un compañero que no se ha cansado”, que “no se ha rendido”, que “no se ha vendido, no ha claudicado”. Se refieren a él cariñosamente como Pablo Contreras y le informan: su regalo será más trabajo, pues “va a integrar este gran equipo CCRI-CGEZLN”. Todxs lxs representantes de ese gran equipo desfilan entonces por el templete del CIDECI-Unitierra para abrazar a don Pablo González Casanova, nuevo integrante del CCRI.

Al comenzar el día, cinco periodistas se preguntaban qué vale la pena contar en esta zona de gritos o de silencios, qué palabras usar para hablar con verdad, para romper con la inercia de los crímenes impunes donde las familias agraviadas sienten que hablan “desde abajo del mar”. Al comenzar la noche, la tormenta nos ofrece unos segundos de respiro para mirarla desde encima de las nubes porque, en esa “niebla de la guerra” que describió tan claramente Marcela Turati, hoy se nos atravesó el zapatismo.

Escucha/descarga los audios (para descargar, haz clic con el botón derecho sobre la pista que deseas descargar):

Mañana:

Tarde:

 

Foto de portada: Isaac Guzmán / Tragameluz

radio
Radio Zapatista

¿Juntxs ante el colapso? – Día 6, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

Si alguien aún creía que la tormenta era apenas una metáfora, una muy filosa y oscura pero soportable, esta tarde los compas Zapatistas la volvieron explícita al traer al Conversatorio la valoración de Carlos Taibo en su libro “Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo”. Si ya estamos en camino a un colapso terminal de la humanidad –es decir que no tenemos ya la posibilidad de frenar o modificar la suma apocalíptica de todas nuestras crisis– lo que sigue es organizarse para formar parte del probablemente estrecho margen de sobrevivientes de la segunda mitad de este siglo. A diferencia de los productores del Colapso, que saben de él hace mucho y han decidido acelerar la reducción del margen de sobrevivientes, Cristina Rivera Garza, Jorge Alonso, Irene Tello, Mónica Meltis y Carlos Mendoza compartieron esta tarde sus experiencias para intentar esquivar el abismo: articulando narrativas y procesos de trabajo que más bien reaccionan ante el horror fortaleciendo el de por sí humilde, espiritual y poderoso impulso de proteger a lxs compañerxs de viaje. “No nos estamos preparando para un período electoral sino para el apocalipsis. No es lo mismo organizarse para una elección, para tener un voto, que para hacer frente a un mundo como el que ustedes han narrado. A nosotros lo que nos interesa es que la gente viva. Si es antizapatista no hay pedo pero que viva”, agregaron los zapatistas en una de sus comparticiones más de corazón, directas y sinceras de los últimos encuentros.

Escucha/descarga los audios aquí:

 

 

radio
Radio Zapatista

Exposición “Ausencias y presencias : Mujeres desaparecidas, mujeres en dignidad rebelde” – fotografías de Maya Goded y Graciela Iturbide

Durante el Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?” (15 a 25 de abril de 2018), se exhibe, en el Cideci/Universidad de la Tierra Chiapas, la exposición “Ausencias y presencias : Mujeres desaparecidas, mujeres en dignidad rebelde”, fotografías de Maya Goded y Graciela Iturbide. Compartimos aquí las imágenes de la exposición.

(Continuar leyendo…)

radio
Comunidad de Sn Lorenzo Azqueltán

Comunicado de la comunidad de San Lorenzo Azqueltán por el regreso de Catarino Aguilar Márquez y Noé Aguilar Rojas

Al Pueblo de México

Al Congreso Nacional Indígena

Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Al Concejo Indígena de Gobierno

A los medios de comunicación

Con gusto damos a conocer que gracias a la movilización de nuestra comunidad indígena Wixárika y Tepehuana de San Lorenzo de Azqueltán, municipio de Villa Guerrero, Jalisco, a la solidaridad de muchas y muchas en todo el país y el mundo, a las y los compañer@s de la sexta, de los medios de comunicación, de los cuerpos de seguridad pública de todos los niveles, de organizaciones de derechos humanos, de las y los compañeros del EZLN, y de muchos que con su palabra, oración, trabajo y buena voluntad, nuestros hermanos Catarino Aguilar Márquez y Noé Aguilar Rojas, secuestrados y desaparecidos el día de ayer 19 de abril a las 13:00 horas, ya se encuentran en sus casas con su familia, aunque con golpes pero con buen estado de salud.

El día de hoy la desesperación, el dolor y la rabia de la comunidad se convertía desde las primeras horas en organización para su búsqueda.

En medio de numerosos llamados dentro y fuera del país, a las 14:20 horas del día de hoy autoridades comunitarias recibieron una llamada del compañero Catarino Aguilar, representante agrario de San Lorenzo Azqueltán y miembro del Concejo Indígena de Gobierno, informando que se encontraban con bien en un lugar que desconocían. No hubo otra comunicación hasta las 15:50 horas, momento en el que comisiones de la comunidad salieron en su búsqueda, localizando a los compañeros a las 16:25 horas en el sitio denominado crucero de Patahua, en el municipio de Villa Guerrero, Jalisco.

Rumbo a casa fueron interceptados por policías ministeriales, que llevaron a los compañeros a la agencia del Ministerio Público de ese municipio, a donde llegaron a las 17:35 horas, donde les fueron tomados datos durante poco más de tres horas, saliendo escoltados por dos patrullas de policía ministerial a las 21:50 horas rumbo a la comunidad de San Lorenzo de Azqueltán, a donde llegaron a las 22:45.

Nuestra comunidad, ha venido denunciando intensamente el creciente hostigamiento por grupos de choque al servicio de supuestos pequeños propietarios y el gobierno municipal, por lo que el secuestro- desaparición de nuestros compañeros es un crimen ampliamente anunciado. Son responsables los gobiernos que fueron omisos y negligentes al llamado desesperado de nuestro pueblo, que pedimos

–        Se detenga urgentemente el despojo del territorio comunal que ancestralmente ha sido de nuestro pueblo según título virreinal del año 1733.

–       Se detenga el hostigamiento, amenazas y agresiones en contra de nuestras autoridades que hablan por toda nuestra gente reunida en asamblea y no por una sola persona.

–         Se investiguen y castiguen las amenazas directas y en redes sociales que han recibido nuestras autoridades.

– Respeto pleno a nuestra autonomía y libre determinación, a nuestra cultura, derechos humanos y territorio.

Atentamente

A 20 de abril de 2018

Nunca Mas un México sin Nosotros

Comunidad Indígena Autónoma Wixárika y Tepehuana de San Lorenzo de Azqueltán, municipio de Villa Guerrero Jalisco.

radio
Radio Zapatista

¿Y entonces, quiénes? – Día 5, Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”

En su segundo turno a la palabra, la joven concejal tsotsil Lupita Vázquez inició el recuento de su experiencia de los últimos meses con una aparente contradicción que suena a ejemplo de las avenidas hacia la libertad evocadas por Paul Theroux al conocer hace unos días el caracol de Oventik: “He aprendido mucho y al mismo tiempo no he aprendido nada”. Jaime Martínez Luna señaló que nunca entendió la propuesta pero le había dado gusto darle su firma a Marichuy y, poco antes que ambos, Fernanda Navarro compartió su incredulidad para explicarse por qué no se había logrado entender en todos los rincones de este país tan herido una propuesta tan inédita e incluso más fuerte que el “Ya basta” de 1994, aunque adelantó que quizás ahora, sin el maldito reloj del INE, es cuando realmente ella arrancará. Y la Comisión Sexta del EZLN, en voz del SubGaleano aportó dos guías decisivas a la valoración colectiva de esta tarde: en los comunicados del CIG y el CNI sobre la propuesta nunca se alojaron meses sino décadas y, a diferencia de 1994, esta vez la convocatoria a hacer frente a la guerra no es excluyente sino incluyente.

Esta tarde, las dudas sobre la posibilidad de ganar el partido quizás se volvieron miradas, pensamientos y preguntas sobre el campo de juego y sobre quiénes han desdeñado o temido no ya firmar sino entrarle al partido. Por ejemplo, Lupita contó que a los concejales solían pedirles carreteras o preguntarles si las comunidades podían formar parte del CNI aunque recibieran apoyo económico del gobierno; Jaime Martínez Luna contó que suele preguntarse a cada rato si en Oaxaca realmente mandan las más de 8 mil asambleas comunitarias y los 417 municipios libres o en realidad lo hace el gobernador en turno; y la abogada Erika Bárcenas, que con el colectivo Emancipaciones ha protegido y acompañado el proceso autonómico de Cherán los últimos siete años, indicó que el Estado no es un ente monolítico sino fraccionado e incoherente al que se le pueden hallar –en su caso desde el Derecho– suturas y oportunidades para la transformación social.

Para no perderse en ese piso hoy tan rojizo y minado, Jaime Luna explicó con su voz de pie, con rabia y con coraje, que necesitamos ratificar, reconocer y respetar lo que somos: seres comunales –¡y no individuos!– a quienes nos han roto y oscurecido; y Lupita indicó que algo a lo que le tenían mucho miedo era a caer en el juego de los partidos políticos, a decir “yo mando” o “yo soy tu ejemplo”. Aquí, el punto de encuentro con Jaime (mantenernos juntxs trabajando-en-movimiento por la reciprocidad) fue sorprendente: la lucha es, había dicho Lupita, “(…) para que nadie sea más ni nadie sea menos. Todos somos iguales. Que nadie sea superior ni esté por encima de nadie (…) No lograrán exterminarnos mientras tengamos fe en nosotros mismos y trabajemos y resistamos (…)”.

Más tarde, para cerrar la jornada del 19 de abril que había iniciado con un violento desalojo de profesores en San Cristóbal (desalojo tras el cual varios niños de primaria y preescolar sufrieron daños por los gases lacrimógenos) y con la denuncia de la desaparición forzada del concejal Catarino Aguilar Márquez y el comunero Noé Aguilar Rojas en Azqueltán, Jalisco, a manos de un grupo armado, con la convocatoria abierta al partido decisivo de la supervivencia como marco de fondo, el EZLN en voz del SubGaleano trajo a cuenta una larga cita que no es del Che sino de Al Pacino, Oliver Stone o alguien más. Con ella los zapatistas dijeron describir lo que es no sólo su vida sino la de cualquiera:

“Estamos en el fondo del infierno, podemos quedarnos ahí o podemos luchar para salir a la luz. Luchar por escalar cuesta arriba, pulgada por pulgada, una por una, uno aprende que la vida es eso… que la lucha es por esa pulgada, y esas pulgadas que necesitamos por escalar están por dónde quiera alrededor de nosotros. Están en cada minuto, en cada segundo. Aquí luchamos por cada una de esas pulgadas. Aquí nos hacemos pedazos a nosotros mismos ya los que nos rodean por esas pulgadas. Arañamos y nos aferramos con las uñas por esas pulgadas porque sabemos que cuando sumamos todas esas pulgadas eso es lo que hace la puta diferencia entre la vida y la muerte, y les digo que en cualquier lucha es quién esté dispuesto a morir por esa pulgada quién la va a conseguir. Y si estoy vivo es porque aún estoy dispuesto a luchar y morir por esa pulgada, porque eso es vivir, y o lo hacemos en colectivo o moriremos como individuos”

“Así nos tocó”, concluyó el SubGaleano.

“Y pues creo que es todo y tomé de más el tiempo porque luego cuando agarro confianza ya no paro, muchas gracias”, concluyó la jóven concejal tsotsil del CIG Lupita Vázquez, quién antes ya había adelantado: “Lo que nosotros queremos que siga es lo que todos queramos, no lo que los compas quieran ni lo que el Concejo Indígena quiera que siga ni lo que el CNI quiera que siga, sino el pueblo, ¿qué es lo que quiere que siga?”

¿Entonces quién se animará a jugar? ¿El pueblo tan evocado todos estos días, meses y décadas? ¿Lxs futurxs zapatistas? ¿Quiénes, pues?

Escucha/descarga los audios:

 

Página 2 de 7312345...102030...Última »