Mumia Abu-Jamal
Invitación a programa sobre Mumia Abu-JamalInvitation to listen to program on Mumia Abu-Jamal
En Regeneración Radio, conjuntamente con Amigxs de Mumia México, estamos preparando un programa especial para festejar al compañero Mumia Abu Jamal en el contexto de su 58 aniversario y sumándonos a las actividades internacionales por su libertad.
Lo podrán escuchar este próximo 10 de abril de 12 de medio día a 2 pm a través del 105.3 de FM. En el Norte de la Ciudad de México o por internet agregando el siguiente URL a tu reproductor de audio: http://www.orelha.radiolivre.org:8000/regeneracionradio.m3u o directamente desde nuestra página: www.regeneracionradio.org
Nos estará acompañando compas de Amigxs de Mumia México y vamos hablar sobre:
– Los inicios de la lucha de Mumia.
– Su caso y la situación actual.
– Reseñas sobre sus mas recientes libros (El Nuevo Jim Crow y The Classroom and the Cell).
– Y sobre el sistema carcelario en nuestro país.
Regeneración Radio
Comunicación contra el poder
Mumia Abu-Jamal: Una Raza EncarceladaMumia Abu-Jamal: Racial Imprisonment
Queridos Amigos, Activistas, Académicos y Colegas: Ona Move! Gracias por su invitación a que venga a participar en esta Conferencia.
Es un honor compartir estos breves momentos con Ustedes — un saludo especial a los panelistas, a muchos de los cuales conozco y admiro.
El tópico es, para decirlo de una vez, amedrentador: los increíbles números son pasmosos, especialmente si vemos su impacto familiar, social, comunitario y político.
Me atrevo a decir, para aquellos entre Ustedes que son Afro-Norteamericanos, no importa su clase social o sus ingresos, Ustedes no van a tener que pensar mucho para recordar que tienen un sobrino –y ahora mucho más — una sobrina– (sin mencionar un hijo o una hija) que, si no está en este momento en la cárcel, estuvo en el pasado en una del condado, del estado o en una prisión del sistema federal.
Eso habla de la ubicuidad del problema, de los vastos números de hombres, mujeres y jóvenes que pueblan el complejo industrial de prisiones en Estados Unidos. Como muchos de Ustedes sabe, Estados Unidos, con solo el 5% de la población del mundo, tiene en sus cárceles el 5% de todos los prisioneros del mundo. Como Michelle Alexander (a quien van a escuchar esta noche en el programa de esta Conferencia) ha escrito, los números de prisioneros negros aquí, rivaliza y sobrepasa los números de prisioneros en Sudáfrica durante el odioso sistema del apartheid, en sus tiempos más culminantes.
No debemos pasar por alto esta analogía, porque el apartheid sudafricano fue el epítome del estado racista policía, segundo solo a Alemania nazi en lo repulsivo de su naturaleza. Además, mucha de su energía era dedicada a su guerra de hecho contra la mayoría negra, (en jerga militar, espionaje, conflicto de baja intensidad), que criminalizaba casi todas las formas de la vida independiente africana, restringuiendo los lugares para vivir, para trabajar, estudiar e incluso los lugares para hacer el amor.
Esto habla de lo ciegos que somos en este país a la magnitud del problema (mucho más a su solución), y de como se ha hecho normal en la conciencia social y política, en parte porque las corporaciones de los medios de comunicación no se preocupan por la historia, o la tergiversan; porque si ellos pudieron fallar en los reportajes conducentes a una horrible guerra (aquí estoy hablando de Irak) ellos ciertamente pueden fallar en sus reportajes de los parametros del conflicto de baja intensidad que destruye la vida de los negros.
Quizás las palabras de uno que no es norteamericano (no quiero llamarlo, extranjero), pero que por much tiempo es un observador de este país, nos puedan dar una mejor perspectiva. A los 71 años, el gran regalo musical de Sudáfrica, Hugh Masekela, dió una entrevista en la que habló de post-apartheid Sudáfrica: “La mayoría de la población solo obtuvo el derecho a votar y bajaron los ataque de la policía. Pero cualquier otro cambio sería malo para los negocios. Lo mismo que aquí en Estados Unidos –los frutos del Movimiento de los Derechos Civiles son muy pocos, mínimos.”
Cito a Masekela no solo porque es célebre (tampoco porque amo su música), si no porque él, como millones de africanos, vivió bajo la locura del apartheid, (aún cuando él escapó y después vivió como exiliado) y en consecuencia lo conoce íntimamente. Por éso él puede reconocer los elementos del apartheid en la vida norteamericana.
Pero, ¿porqué es que el apartheid es visto como algo repugnante y el complejo industrial de prisiones norteamericano (PIC, de su sigla en inglés) es visto como algo tan benigno?
Creo que la respuesta es doble: 1) las elites políticas de los partidos demócrata y republicano llegaron a un consenso bi-partidario en este asunto; y 2), la presencia de actores políticos negros en diferentes posiciones de gobierno actúa como escudo que protege de los ataques sobre la naturaleza racista del sistema.
Como en Sudáfrica, las elites políticas negras de Estados Unidos se han beneficiado de un sistema económico que es profundamente injusto para la gran mayoría de los negros, especialmente para los pobres y para la clase trabajadora. Asi, la raza protege la división de clases, y a pesar de las apariencias, la raza termina protegiendo la desigualdad social.
En esencia, el régimen post-apartheid consiguió un resultado que la era del apartheid trató de conseguir, pero no pudo: crear una clase para protejer las tierras, la propiedad y la riqueza material de la minoría formada por los colonizadores blancos.
Es una de las ironías de la historia que el gobierno del Congreso Nacional Africano (African National Congress, ANC) pudiera haber conseguido ese resultado, si en verdad fue un acuerdo al que se llegó después de negociaciones.
Pongamos de lado las interpretaciones teóricas y políticas para ver un ejemplo real. Have varios meses, un pelotón de policía asaltó una casa de la clase trabajadora negra, disparó a la casa desde afuera, y mató a una niña. Eso, en sí, desgraciadamente, no podría ser noticia de importancia. Sin embargo, tiene significado si vemos que tanto el alcalde de la ciudad, como su jefe de policía, eran negros. Aquellos que recuerdan este incidente quizás reconozcan el nombre de la linda niña asesinada, Aiyannah Jones, si recuerdo bién, y la ciudad, Detroit, Michigan. En verdad ésto nos ofrece una idea sobre la función política de los líderes negros, y sobre su impotencia si tratan de limitar la acción del estado cuando está en peligro la vida de los negros pobres.
Una de las participantes principales en esta Conferencia, la profesora de leyes, Alexander, trata algunos de estos puntos en su libro, El Nuevo Jim Crow, (The New Jim Crow), pero lo que para mí tiene más importancia es algo que no he visto en ninguna de las críticas que he leído de ese libro, (naturalmente, comprendo que la mayoría de los presos no tenemos acceso a computadores, y probablemente no he visto muchas de las críticas.) Y es su observación que los negros de la clase pobre y trabajadora forman parte de una casta social en la sociedad norteamericana.
En una nación que promueve la democracia, uno podría pensar que la acusación de que una casta racial distinta existe al centro de esa democracia podría provocar controversia. A juzgar por lo que he leído, ese importante punto ni siquiera se ha notado.
Conclusión
Para terminar, quiero naturalmente recomendar ese libro a todos Ustedes para que lo estudien. Pero debo hacer algo más.
Debemos pedir, agitar, y si todo lo demás falla, crear un nuevo movimiento popular que luche for destruir de una vez por todas el sistema de castas. En verdad, es en nuestro interés colectivo hacerlo. Porque la mayoría de los eruditos, intelectuales, académicos y elites políticas de los negros están a una generación de distancia de los getos, que para muchos de ellos ya son solo una memoria lejana. Pero, con el derrumbe de la economía norteamericana, al reducirse el sistema de protección social –y cuando el estado mismo se reduzca– ¿dónde creen Ustedes los cortes van a empezar?
Finalmente, nosotros sabemos que el impacto de las leyes que privan a los delincuentes de sus derechos civiles, especialmente de su derecho al voto, inexorablemente condujo a la elección de George W. Bush, en 2000. Piensen como luciera el mundo si ese evento político no hubiera pasado.
Esto es en el interés de todos.
Gracias.
Onamove!
Mumía Abú-Jamal, M.A.
Corredor de la Muerte, Pensylvania
*Discurso para la Conferencia, “Encarcelamiento de una Raza,” del Centro para Estudios Africano-Norteamericanos, de la Universidad de Princeton, Princeton, Nueva Jersey, EE.UU., del 25 de marzo, de 2011. Speech written by Mumia Abu-Jamal for a conference titled PRISONMENT OF A RACE
The conference was held at Princeton University on March 25th, 2011
Dear Friends, Activists, Scholars and Colleagues: On A Move!
Thank you for your invitation to join you and to participate in this conference. It is an honor to share these brief moments with you – a nod and a salute to your panelists, many of whom I know and admire.
Your topic, is, to say the least, a daunting one, for the sheer numbers are breathtaking, especially when you consider its familial, social, communal and political impacts. I dare say, for those among you who are African-American, no matter your class or income, you won’t have to think very long to recall a nephew – and far too often a niece – (not to mention a son or daughter!), who, if not presently a prisoner, is then an ex-prisoner of some country, state or federal system.
That speaks to the ubiquity of the problem, of the vast numbers of men, women and juveniles who populate the prison industrial complex here in America. As many of you know, the U.S., with barely 5% of the world’s population, imprisons 25% of the world’s prisoners. As Michelle Alexander (whom many of you will hear from in this conference’s evening program) has noted, the numbers of imprisoned Blacks here rivals and exceeds South Africa’s hated apartheid system during its height.
We shouldn’t take this analogy lightly, for the South African apartheid was the epitome of the racist police state, second only to Nazi Germany in its repellent nature. Moreover, much of its energy was consumed in a de facto war (or, at the very least, in military-espionage jargon, a low-intensity conflict) with the Black majority that criminalized almost every feature of African independent life, restricting places to live, work, study and even love.
This speaks to how blind we are in this country to the scope of the problem (much less its resolution), and how it has been normalized in social and political consciousness, in part because the corporate media neglects or slants such a story; for if they can fail in reportage leading to a hot war (here I mean Iraq) they certainly can fail in reporting the parameters of a low-intensity conflict that crushes Black lives. Perhaps the words of a non- American (I hesitate to call him a foreigner), but long an observer of this country, can give us some insight. At 71 years, South Africa’s great musical gift, Hugh Masekela gave an interview in which he made note of the post-apartheid South Africa: “The majority of the population only got the right to vote and a lack of harassment from the police. But any further changes would be bad for business. Same like here in the United States – the fruits of the Civil Rights Movement are very minimal.”
I quote Masekela here not merely because of his celebrity (nor because I love his music), but because he, like millions of Africans, lived under the madness of apartheid, (even though he escaped it by later moving abroad) and therefore knows it intimately. He therefore is able to recognize its elements in American life. Buy why is apartheid seen as so repellent and the U.S. prison industrial complex (PIC) seen as benign?
I think the answer is twofold: 1) the political elites of both [U.S.] political parties reached bi-partisan consensus on this issue; and 2) the presence of Black political actors in various offices act as a shield repelling attacks on the racist nature of the system.
As in South Africa, Black political elites have benefited from an economic system that is profoundly unfair to the vast majority of African people, especially the poor and working-class. Thus, race protects a class divide, and despite its imagery, social inequality. In essence, the post-apartheid regime achieved a result that the apartheid era tried to, but failed to construct: a buffer class that protected the lands, property and material wealth of the white minority settler class.
It is one of the ironies of history that the government led by the African National Congress (ANC) would achieve this result, albeit by negotiated settlement.
Let us depart from theoretical political constructs to note an example of the real. Several months ago, a police squad raided a Black working-class home, shot into it from outside, and killed a Black child. That, in itself, unfortunately, can’t be called noteworthy. Yet it has a certain resonance when we note that both the mayor of the city, and its police chief, were Black. Those aware of this incident may recognize the name of the beautiful child involved, Aiyannah Jones, I believe, and the city: Detroit. Surely this provides some insight into the political function of Black leaders, and their impotence when it comes to curbing state action that endangers Black poor life.
One of the keynoters, law professor Alexander addresses some of these points in her book, but what had the best salience for me was something that I’ve not seen in any of the reviews I’ve read (understanding that as most prisoners don’t have computer access, I’ve probably missed scads of reviews). It was her observation that the Black working-class/poor constitute a caste position in U.S. society.
In a nation that promotes democracy, one would think the charge that a distinct racial caste exists at the heart of it would provoke controversy. Judging from what I’ve read, this central point has been glossed over.
In closing, I, of course, commend her book to you all for study, but I must do more.
We must call for, agitate for, and if all else fails, create a new popular movement that struggles to break this caste system, once and for all. Indeed, it is in our collective interest to do so. For most Black scholars, intellectuals, academics and political elites are one generation removed from the ghettoes of distant memory. With the collapse of the U.S. economy, where do you think the cuts will occur, as the welfare state – and the State itself – shrinks?
Finally, we know that the impact of felon disfranchisement laws led, inexorably, to the election of George W. Bush, in 2000. Think of what the world may’ve looked like, if that political event didn’t happen.
It is in the interest of all.
I thank you. On A Move!
Mumia Abu-Jamal, M.A.
Death Row, Pa.


