por Daniel Nemser
Publicado en: CIEPAC
Las ideas de La Otra Campaña ya trascienden fronteras. En California, migrantes mexicanos, centroamericanos y de otros países latinoamericanos, junto con estadounidenses de bajos recursos, se posesionaron de un terreno en el centro industrial de Los Angeles y lo convirtieron en un vergel. Su forma de organización se inspiró en los zapatistas de Chiapas.
No sólo son personas las que migran de México hacia los Estados Unidos cada día-las ideas, también, cruzan la frontera. En California, muchos colectivos inspirados por la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la Otra Campaña de los Zapatistas han intentado incorporar el mensaje de la autonomía “de abajo y a la izquierda” en su práctica cotidiana. Una organización en particular que ha enfrentado luchas muy parecidas a las que están enfrentando algunos adherentes a la Otra Campaña es la Granja Sur Centro, un jardín urbano ubicado en una de las colonias más pobres de la ciudad de Los Ángeles.
La noche del 28 de mayo, me encontraba entre un grupo de alrededor de 100 personas que escuchaban al grupo de raperas, Cihuatl Tonali, interpretar su letra política y consciente. El concierto se realizó en medio de 14 acres (5.67 hectáreas) de tierras bajo cultivo por 350 familias (la mayoría latina e inmigrante)-que son una de las granjas urbanas más grandes del país. Por encima de nuestras cabezas, de vez en cuando, pasaba un helicóptero que parecía-por lo menos desde nuestra perspectiva de terrícola-observar el evento y el pulular de la gente. De hecho, varias personas del público me contaron que unos días antes, un helicóptero llegó en plena noche y, suspendido sobre la granja, la iluminó con sus faros para apreciar la situación e intimidar a la comunidad. Tal presencia policíaca le dio más urgencia al mensaje en la manta que adornaba el escenario detrás de las raperas: “Repudio total a la represión en Atenco. Castigo a los asesinos y violadores: la otra del otro lado.” El flujo trasnacional de ideas, lenguas y lenguaje, conocimientos, e identidades se había hecho evidente desde el principio.
El 13 de junio, aproximadamente dos semanas después del concierto, la policía de la ciudad de Los Ángeles llegó equipada para el combate, acompañada de esbirros de seguridad privada y excavadoras, para desalojar a la fuerza a los granjeros y destruir la granja. Miembros de la comunidad, activistas, hasta grandes estrellas de Hollywood lucharon por parar la invasión, utilizando tácticas de desobediencia civil como la de amarrarse con cadenas a los árboles para impedir su tala por la policía. Hoy, la comunidad ha sido desalojada. Algunos granjeros se trasladaron a otro terreno cedido por el ayuntamiento y se aprestan a cultivarlo. Pero con sólo 7.8 acres (3.16 hectáreas), un poco más de la mitad del tamaño de la granja original, el valor de este terreno ha disminuido para la comunidad entera.
¿Por qué tanta violencia en un ámbito tan tranquilo? Según la página web de los Granjeros del Sur Centro, la historia es la siguiente: a finales de los 80, el ayuntamiento de la ciudad de Los Angeles expropió una manzana cuadrada con el pretexto de “utilidad pública” que pertenecía a intereses privados, mayormente a una compañía de Ralph Horowitz. La ciudad había destinado el terreno para la instalación de un incinerador de basura (en lo que ya era uno de las colonias más pobres y contaminadas), pero tuvo que abandonar los planes por el movimiento de protesta que surgió de la propia comunidad. Por tanto, el terreno seguía vacío en 1992, cuando, después del llamado “tumulto de Rodney King”(1) el ayuntamiento decidió que el terreno se convirtiera en jardín comunitario. Los vecinos de Sur Centro lograron convertir este terreno baldío, rodeado por desolación industrial, en una serie de parcelas fértiles, verdes y productivas, cultivándolas con éxito y esmero durante los últimos 14 años. Horowitz, sin embargo, dispuso recuperar la propiedad y demandó a la ciudad. En 2003, después de años de pleitos legales, el ayuntamiento por fin aprobó un acuerdo-a puertas cerradas-para revenderle el terreno a Horowitz por aproximadamente US$5 millones.(2) Laura Palomares, colaboradora de La Granja y de El Puente, organización de Los Angeles que trabaja por una economía justa, argumenta que este precio, muy por debajo del valor del mercado, es el resultado de corrupción y componendas inconfesables. De hecho los auditores de la propia ciudad valoraron el terreno en US$13 millones en 1994, casi el triple del precio que la ciudad le pidió a Horowitz en 2003.(3) ¿Qué pasó con la inflación?
Inmediatamente, los granjeros de Sur Centro se organizaron y se lanzaron a la lucha. Iniciaron un pleito legal y buscaron el apoyo de la comunidad, aparte de realizar eventos para difundir información en los medios y recaudar fondos. El concierto de finales de mayo pasado tuvo ese fin, pero el momento está haciéndose cada vez más urgente a medida que las amenazas de la policía-y las “alertas rojas” llamadas por los granjeros-se profieren con mayor frecuencia. Los granjeros ya cuentan con el apoyo de Hollywood. Durante mi visita, la reconocida activista ambiental Julia Butterfly Hill continuaba su huelga de hambre, trepada en un viejo nogal y con vista de las tiendas de campaña de los activistas y ciudadanos que salieron en solidaridad para proteger a la granja con su presencia. Joan Baez, Daryl Hannah, Leonardo de Caprio, y Alicia Silverstone son algunas de las estrellas que han defendido los derechos de los granjeros.(4) Y ¿los resultados? $7 millones recaudados. Cantidad formidable, desde luego, pero todavía lejos de la cantidad que Horowitz pide a estas alturas para vender el terreno a los granjeros de Sur Centro, es decir, US$16 millones.
Lo cual nos lleva a otro nudo en el hilo del argumento: tanto Palomares como Roberto Flores, colaborador de la granja y fundador del centro comunitario East Side Café en Los Angeles, advierten que la oficina del alcalde Antonio Villaraigosa se comprometió a contribuir una cantidad igual a la recaudada por los granjeros-lo cual los habría puesto muy cerca de la meta. Hasta hoy, sin embargo, Villaraigosa ha decidido que la ciudad no tiene suficiente dinero para cumplir con su promesa, pero eso sí, la ciudad de Los Angeles invirtió $800 millones en un nuevo estadio de fútbol americano.(5) Así que a los granjeros se les acabó el plazo que tenían para pagarle a Horowitz.
La granja
En la Granja Sur Centro, se cultivaba orgánicamente. Según Flores, muchos granjeros usaban técnicas que habían aprendido y empleado en sus países de origen-México, Centroamérica, inclusive Venezuela. El cultivo orgánico, por supuesto, ya representa un paso adelante, dado que la gran mayoría de los cultivos de Estados Unidos (y América Latina también) incorporan productos petroquímicos. Pero el hecho de cultivar alimentos en un corredor industrial de la colonia de Sur Centro hace del proyecto todavía más innovador. Los granjeros comunitarios arrancaron el concreto y quitaron la basura, creando fertilidad donde antes había un terreno yermo. Tuvieron que restaurar la calidad de la tierra, aumentando poco a poco el contenido de materia orgánica y convirtiendo el terreno en tierra fértil. En poco tiempo la granja empezó a producir verduras sanas, baratas y de consumo local, además de que sus terrenos exhiben un nivel sorprendentemente alto de biodiversidad. Devon Peña, profesora de antropología en la Universidad de Washington, estima que el ecosistema de la granja contenía entre 10050 especies diferentes.(6) En comparación con el entorno industrial, lleno de concreto, bodegas y ferrocarriles, La Granja representa un paraíso ecológico, casi una selva urbana. De hecho, Tezozómoc, representante de la comunidad, ha argumentado que las plantas frondosas de la granja sirven para impedir la degradación ambiental de la colonia y para disminuir la contaminación del aire.(7) La comunidad reconocía las ventajas de sus métodos y esperaba crear una escuela para difundir esta alternativa agrónoma y las prácticas del cultivo urbano a un público más amplio.
Esta manera de cultivar no sólo beneficia el medio ambiente sino también resulta rentable económicamente para estos granjeros a pequeña escala. Se trata de lo más básico, pues la Granja les permite a las familias pobres que ahí trabajan acercarse a la autosuficiencia alimenticia. Además, en el mercado que se lleva a cabo cada domingo, pueden vender sus productos sin transportarlos o venderlos a intermediarios-lo cual sería difícil de todos modos, pues la escala de estos productores locales es menor a la que maneja la mayoría de los supermercados. Todo esto tiene ventajas ambientales, puesto que comer localmente disminuye el desbordado consumo de combustible en todo el mundo. Michael Pollan, profesor de periodismo en la Universidad de California, Berkeley, ha demostrado que las prácticas agrícolas (inclusive los tractores, los petroquímicos, y sobre todo el transporte) son responsables del 20 por ciento del consumo anual de combustible de EEUU, mientras, sorprendentemente, el transporte personal solamente llega al 18 por ciento.(8)
Las decisiones en la granja se toman democráticamente. Los granjeros tomaban decisiones colectivas durante las reuniones de la Asamblea General. Esta democracia local les permitía determinar su propio futuro (aparte de enfrentar sus necesidades económicas) y fortalecer el empoderamiento. “Dentro de los procesos democráticos aquí,” decía Tezozómoc, “una parte de nuestro trabajo es desarrollar con la gente la habilidad de ser líderes en sus comunidades. Hemos tenido algunas personas que han salido y participan en los consejos de la colonia, y otros que abogan por el pueblo… [Nuestra lucha] no sólo tiene que ver con salvar este proyecto, sino también con el desarrollo de una conciencia en la gente para que puedan luchar por lo que creen.”(9)
La otra campaña en el otro lado
La lucha en la granja del Sur Centro es una lucha por los derechos comunitarios y por la tierra, una lucha campesina posindustrial y urbana por la existencia. Tal vez parezca exagerado, pero existen rasgos compartidos con luchas en México. En 2002, Atenco enfrentó la expropiación de sus tierras comunitarias por parte del gobierno federal, para construir un nuevo aeropuerto internacional para la Ciudad de México. La comunidad se levantó en resistencia, alzó el machete y, con el apoyo y la solidaridad de organizaciones nacionales e internacionales, obligó a la administración de Fox a abandonar sus planes. Muchos analistas creen que el enfrentamiento reciente entre la Policía Federal Preventiva (PFP) armada y los machetes de los defensores comunitarios se salió de control tan rápida y fácilmente, con consecuencias mortales, no sólo por los vínculos entre Atenco y los Zapatistas sino también por el deseo del gobierno de desquitarse el fracasado proyecto aeroportuario. También notables son los rumores casuales, por lo visto iniciados por el subcomandante Marcos, que la policía quiso desalojar a los floricultores en anticipación de la llegada de un nuevo Wal-Mart. (Wal-Mart México no contestó mis repetidas cartas pidiendo verificación.). Tal vez esto explica los rumores (respaldados, eso sí, con abundantes pruebas) de que Horowitz quiere convertir la granja en una bodega de Wal-Mart.(10) Lo que sí queda claro es que los trenes que pasan continuamente al lado de la granja transportan mercancía procedente de las maquiladoras de Wal-Mart en China, echando hollín al aire y contaminando la calidad de vida de todo mundo.(11)
Desde luego, los vínculos con Atenco automáticamente generan conexiones conceptuales con la Otra Campaña zapatista. La guardia personal del Delegado Zero, durante una parte del recorrido de la caravana, constó de miembros de la organización atenquense, el Frente Popular por la Defensa de la Tierra. Asimismo, posteriormente de la violencia en Atenco, los Zapatistas prestaron de inmediato su apoyo y solidaridad, dejando su “campaña” para presionar al gobierno mexicano a que liberara los presos políticos. Y los vínculos con los Zapatistas llegan directamente a la propia granja. Los granjeros utilizan tácticas de consenso comunitario y democracia participativa, llenan sus discursos con términos zapatistas (recuérdense las “alertas rojas”), y son adherentes a la Otra Campaña a través de su colaboración con el Autonomous Peoples’ Collective, un colectivo angelino inspirado por ideas zapatistas. Lo cual llevó a Hermann Bellinghausen a llamar el concierto del 28 de mayo “el primer gran evento de la Otra Campaña en el otro lado.”(12)
A diferencia de los atenquenses, quienes pudieron poner fin a la intervención destructiva del gobierno, los granjeros de Sur Centro no pudieron impedir el desalojo. Pero la lucha sigue. Los miembros de la comunidad continúan con su vigilia frente a la granja. Además, el 12 de julio, representantes jurídicos de la granja demandarán a Horowitz, por los métodos corruptos que utilizó para comprar su terreno. Las próximas semanas, entonces, serán cruciales para enfrentar la devastación. Afortunadamente, los granjeros, vecinos, y activistas siguen movilizándose en defensa de la tierra. Y si el gobierno de la ciudad no escucha, por lo menos no cabe duda de que sus voces han llegado a activistas en todas partes, de los dos lados de la frontera.
El sheriff y el capitán del Departamento de la Policía de Los Ángeles se postularon para cargos públicos en una elección que se llevó a cabo el 6 de junio, y probablemente tenían miedo de que una acción en contra de la granja generara mala publicidad. Ahora las elecciones quedaron en el pasado y los granjeros seguramente tendrán que emprender la lucha otra vez. La participación local seguirá siendo absolutamente crítica hasta que el ayuntamiento oficialmente se retire o los granjeros consigan recuperar su terreno.
*Daniel Nemser es excooperante de Ciepac y ahora es doctorante en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de California, Berkeley.
NOTAS
(1)King, avecindado negro, sufrió una brutal paliza a manos de la policía de Los Angeles que fue grabada por casualidad y luego transmitida por los medios de comunicación. El incidente provocó una violenta revuelta callejera en esa ciudad.
(2)Véase la historia entera en http://www.southcentralfarmers.org/story.html .
(3)Tom Philpott, “Neoliberalism at the Garden Gate,” CounterPunch, 16 de marzo, 2006, http://counterpunch.org/philpott03162006.html .
(4)La lista entera puede encontrarse en http://en.wikipedia.org/wiki/South_Central_Farm.
(5)”South Central Farmers Resist Eviction,” LA-IMC, 24 de mayo 2006, http://la.indymedia.org/news/2006/05/159770.php.
(6)”Third-Space Farmers,” Vision Magazine (May 2005), http://www.visionmagazine.com/11_05/la.htm.
(7)Eric Einem, “Peak Oil and the South Central Farm,” http://la.indymedia.org/news/2006/01/144878.php.
(8)Michael Pollan, The Omnivore’s Dilemma (New York: Penguin Press, 2006); también véase la entrevista con Pollan en The Plain Dealer, 19 de abril, 2006, http://michaelpollan.com/press.php?id=40.
(9)Cita traducida del inglés por el autor. “Trouble in the Garden,” L.A. City Beat, 26 de enero, 2005, http://www.lacitybeat.com/article.php?id=3200&IssueNum=138 .
(10)Michael Ruppert, “L.A. South Central Farm Receives 3-Day Eviction Notice,” From the Wilderness, 3 de marzo, 2006, http://www.fromthewilderness.com/free/ww3/030306_scf_eviction.shtml.
(11)Véase el texto del blog “Save the Garden” con el título “Tezozómoc,” 1 de junio, 2006, http://savethegarden.blogspot.com/2006/06/tezozomoc.html.
(12)”Inicia en EU movilización internacional del EZLN,” La Jornada, 29 de mayo, 2006, http://www.jornada.unam.mx/2006/05/29/012n1pol.php .by Daniel Nemser
Published by: CIEPAC
Not only people migrate from Mexico to the United States every day–ideas cross the border as well. In California, many collectives inspired by the Zapatistas’ Sexta Declaración de la Selva Lacandona (Sixth Declaration of the Lacandon Jungle) and the Otra Campaña (Other Campaign) have tried to incorporate the message of autonomy “from below and to the left” into their everyday practice. One organization in particular that has faced struggles similar to those faced by members of the Otra Campaña in Mexico is the South Central Farm, an urban garden in one of Los Angeles’ poorest neighborhoods.
On May 28, I stood in a small crowd of about 100 people listening a group of female rappers, who call themselves Cihuatl Tonali, perform their politically conscious lyrics. The show took place in the middle of fourteen acres of land under cultivation by 350 (mostly Latino, many immigrant) families-one of the largest (if not the largest) urban gardens in the United States. Overhead, from time to time, a helicopter flew by, pausing-so it seemed from the ground-to observe the event below. Indeed, several people in the audience recounted to me what had happened a few days earlier, when a helicopter had arrived in the middle of the night and hovered above the farm, shining a spotlight around, to collect information and intimidate the community. This police presence emphasized the point made on a banner behind the stage that read, “Repudio total a la represión en Atenco. Castigo a los asesinos y violadores: la otra del otro lado” [Total repudiation of the repression in Atenco. Punishment for the murderers and rapists: the other [campaign] on the other side]. The transnational flow of ideas, language, knowledge, and identities is clear from the start.
On June 13, about two weeks after the concert, the Los Angeles Police Department (LAPD) in riot gear, along with crews of private security guards and bulldozers, moved in to forcibly evict the farmers and destroy the farm itself. Community members, activists, and even celebrities sought, as they have been doing for months, to stop the invasion, using tactics of civil disobedience like chaining themselves to trees to keep the police from cutting them down. Today, the community has officially been evicted. A number of farmers have apparently moved to a new plot of land provided by the city and begun farming. But at 7.8 acres, just over half the size of the original farm, the new land cannot hope to provide for the entire community. How did this come about? Why such hostility towards such a tranquil, productive space? According to the South Central Farmers website, the story goes something like this: In the late 1980s, the Los Angeles city government appropriated a city block under eminent domain from a group of private owners composed in large part by a company belonging to Ralph Horowitz. The city intended to use the land to build a trash incinerator (in one of Los Angeles’ poorest and already most polluted neighborhoods), but in the face of a protest organized by the community was forced to back down. Thus, the land was still empty in 1992, when, following the so-called Rodney King riots, the city decided to allow the land to be turned into a community garden. The low-income residents of South Central succeeded in changing this industrial wasteland into a series of fertile, verdant, and productive plots, and have been farming there for the last 14 years. Horowitz, however, wanted the property back and sued the city for the land. In 2003, after years of legal battles, the city finally approved a settlement-behind closed doors-to sell the land back to Horowitz for about $5 million.(1) Laura Palomares, who works with the farm and with the L.A.-based El Puente, an organization that promotes just economics, argues that this price, way below market value, was practically a giveaway and attributes it to corruption backroom dealings. We might dismiss this as rumor or conspiracy theory, but in fact the city’s own auditors had valued the land at $13 million in 1994, more than double the price it was sold for a decade later.(2) What happened to inflation?
Immediately, the South Central farmers organized themselves and went into action. They initiated a legal struggle and built community support, in addition to running events to generate attention and support and to raise funds. Last week’s concert falls into this category, but the timing is becoming increasingly urgent as threats from the sheriff’s office-and “red alerts” called by the farmers-become increasingly frequent. They have already succeeded in incorporating Hollywood. During my visit, renowned environmental activist Julia Butterfly Hill continued her hunger strike in an old walnut tree overlooking the tents of activists and concerned citizens who came out in solidarity to protect the farm with their presence. Joan Baez, Daryl Hannah, Leonardo di Caprio, and Alicia Silverstone number among the stars voicing their support for the farmers.(3) The results? Approximately $7 million raised. While astounding, of course, the sum falls short of what Horowitz is now asking to sell the lot back to the South Central Farmers, e.g., US$16 million. Furthermore, both Palomares and Roberto Flores, who also collaborates with the farm and helped found the East Side Café community center in East L.A., assert that the office of mayor Antonio Villaraigosa promised to match any funds raised by the South Central farmers-which would have put the farmers within reach of their financial goal. But Villaraigosa decided that there was no money to contribute. So the farmers ran out of time to pay Horowitz off, while the city invested $800 million in a new football stadium instead.(4)
The farm
At the South Central Farm, all cultivation was organic. According to Flores, many of the farmers were using techniques that they had previously employed in their home countries-Mexico, the countries of Central America, even Venezuela. Organic farming, of course, already represents a progressive step, considering that the vast majority of farmers in the United States (and Latin America as well) use conventional, chemical- and petroleum-based techniques. But urban farming in an industrial area of south central requires even more innovation. The farmers ripped up the concrete, cleaned away the trash littering this city block, and restored fertility to the earth below. They had to build the soil quality up from scratch, slowly contributing to its organic matter content and transforming it into usable land. Not only did the farm succeed in producing healthy, cheap, and local vegetables, it also created a surprisingly high level of biodiversity. Devon Peña, professor of anthropology at the University of Washington, estimates that 10050 different species were present in the farm’s ecosystem.(5) Compared with the stark industrial backdrop, replete with concrete, warehouses, and industrial train tracks, it represented an ecological haven, a veritable urban jungle. Tezozomoc, one of the farm’s elected representatives, argued that the farm’s lush greenery ameliorates the neighborhood’s environmental degradation and countering air pollution.(6) The community recognizes the benefits of its methods and hopes to create a school to disseminate these agricultural alternative and urban farming practices to a wider audience.
This way of cultivating is not only good for the environment but also makes good economic sense for these small-scale growers. On the most basic level, it provides poor families with a significant amount of food self-sufficiency. Furthermore, at the farmers’ market held every Sunday, they could sell their produce without having to transport it or sell it through middlemen to large-scale buyers-a difficult proposition anyway, as the scale of these local producers would be inadequate for most grocery stores. Which brings added environmental benefits, since eating local eliminates a major source of fossil fuel consumption. Michael Pollan, an author and professor of journalism at the University of California, Berkeley, has shown that the agricultural practices (including tractors, petroleum-based chemical additives, and above all transportation) accounts for 20 percent of the U.S.’s annual fossil fuel consumption, while, surprisingly, personal transport only accounts for 18.(7)
Decisions at the farm were made democratically. The farmers made collective decisions at weekly meetings of their General Assembly. Not only did this allow them to participate in shaping their future (as well as addressing their economic needs), it also served as a form of empowerment. “[W]ithin the democratic process here,” Tezozomoc told L.A. City Beat reporter Dean Kuipers, “part of the work that we do is to develop people with the ability to be leaders in their communities. We had some people here who have come out and become part of the neighborhood councils, and others who advocate on behalf of people… [Our struggle is] not only about saving this project, but to develop people with a conscience so that they can stand up for what they believe.”(8)
La Otra Campaña en el Otro Lado (The Other Campaign on the Other Side)
So the struggle at the South Central farm is a struggle for community and land rights, a post-industrial, urban campesino struggle for existence. It may seem like something of a stretch to link it to the Zapatistas and Atenco, but the similarities are striking. In 2002, for example, Atenco faced the appropriation of their communal lands by the federal government for the construction of a new international airport for Mexico City. The community resisted and with support and solidarity of national and international organizations and outraged individuals forced the Fox administration to back down. Many analysts believe that the recent confrontation between the heavily armed Federal Preventative Police and the machete-wielding community defenders spiraled so quickly and easily out of control, with such deadly consequences, because of not only Atenco’s links with the Zapatistas but also the government’s desire to turn it into a sort of retribution for its earlier defeat. Also notable are the coincidental rumors, seemingly initiated by Subcomandante Marcos, that the flower vendors were kicked out to make room for a new Wal-Mart shopping center. (Wal-Mart Mexico did not answer my repeated requests for verification.) Perhaps this explains the rumors (though there’s no lack of evidence) that Horowitz plans to turn the farm into a warehouse serving Wal-Mart.(9) What is beyond a doubt is that the trains continually passing next to the farm are carrying shipments from Wal-Mart’s sweatshops in China, spewing soot into the local air while at the same time contributing to the ongoing depreciation of living standards around the world.(10)
Of course, the links with Atenco automatically generate conceptual connections with the Zapatistas’ Otra Campaña. Members of the Atenco community had served as Marcos’ personal, machete-wielding guard during the caravan’s journey through Mexico. Likewise, in the wake of the violence in Atenco, the Zapatistas immediately offered their support, putting the “campaign” on hold to put pressure on the Mexican government to release its political prisoners. And the Zapatistas’ connections extend directly to the farm itself. The farmers employ community consensus building and participatory democracy, fill their rhetoric with Zapatista terminology (remember those “red alerts”?), and are official adherents to the Otra Campaña through their association with the Los Angeles-based Autonomous Peoples’ Collective. Which is what Hermann Bellinghausen was referring to when, writing in the Mexico City daily La Jornada, he called the May 28 concert “the first large event of the other campaign on the other side.”(11)
Unlike the atenquenses, who were able to block the government’s destructive intervention, the South Central farmers could not hold off the police forever. But the struggle is far from over. Community supporters continue to maintain a vigil at the farm. In addition, on July 12 lawyers for the farm will launch a lawsuit against Horowitz, alleging backroom corruption in his acquisition of the land. The next few weeks, then, will be critical to challenge the destruction. Fortunately, farmers, community members, and activists continue to mobilize in defense of the farm. Even if their voices are not heard by the city government, there is no question that they have reached the ears of activists everywhere, on both sides of the border.
*Daniel Nemser undertook a volunteer internship at Ciepac several years ago. He is now a doctoral candidate in Latin American Studies at the University of California, Berkeley.
NOTES
(1)See the whole story at http://www.southcentralfarmers.org/story.html.
(2)Tom Philpott, “Neoliberalism at the Garden Gate,” CounterPunch, 16 March 2006 http://counterpunch.org/philpott03162006.html.
(3)A full list of supporters can be found at http://en.wikipedia.org/wiki/South_Central_Farm
(4)”South Central Farmers Resist Eviction,” LA-IMC, 24 May 2006,http://la.indymedia.org/news/2006/05/159770.php
(5)”Third-Space Farmers,” Vision Magazine (May 2005),http://www.visionmagazine.com/11_05/la.htm
(6)Eric Einem, “Peak Oil and the South Central Farm,” http://la.indymedia.org/news/2006/01/144878.php
(7)Michael Pollan, The Omnivore’s Dilemma (New York: Penguin Press, 2006); also see the interview with Pollan in The Plain Dealer, 19 April 2006,http://michaelpollan.com/press.php?id=40
(8)”Trouble in the Garden,” L.A. City Beat, 26 January 2005, http://www.lacitybeat.com/article.php?id=3200&IssueNum=138.
(9)Michael Ruppert, “L.A. South Central Farm Receives 3-Day Eviction Notice,” From the Wilderness, 3 March 2006, http://www.fromthewilderness.com/free/ww3/030306_scf_eviction.shtml
(10)See the entry in the “Save the Garden” blog entitled “Tezozomoc,” 1 June 2006,http://savethegarden.blogspot.com/2006/06/tezozomoc.html
(11)”Inicia en EU movilización internacional del EZLN,” La Jornada, 29 May 2006, http://www.jornada.unam.mx/2006/05/29/012n1pol.php