Medios Libres, Alternativos, Autónomos
Comandante Toño: asesinado por luchar.-crónica
Con información de Ludovic Bonlieux
Fotografías de Andalucía Knoll
1 de junio de 2015
Después de que integrantes del Movimiento Popular Guerrerense (MPG) quemaran boletas electorales, fueron desalojados del ayuntamiento municipal, el cual estaba ocupado desde octubre de 2014 en protesta por la desaparición de los 43 normalistas. Los integrantes del MPG y organizaciones sociales fueron desalojados por civiles armados, integrantes de los sitios de taxis «Taxis Juárez» y «Señor del Nicho». El grupo de choque pudo haber sido apoyado por elementos del ejército vestidos de civil.
5 de junio de 2015
Por la mañana, aproximadamente a las 10 –a dos días de las elecciones– el MPG, reforzado por contingentes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores del Estado de Guerrero (CETEG), estuvo realizando un bloqueo en la gasolinera de Altamahac, ubicada en la salida oriente de la ciudad. Llegó al lugar un pequeño contingente de antimotines de la policía federal con una actitud agresiva. Se desarrolló un combate a pedradas entre los manifestantes y los policías. Esos últimos tuvieron que replegarse. Los manifestantes contaron con por lo menos 4 heridos leves, detuvieron a un policía y quemaron una camioneta oficial.
Fotografía de Andalusía Knoll

Más tarde, los manifestantes se dirigieron hacía el centro de Tlapa con la intención de llegar hasta la escuela Normal donde habían establecido su centro operativo después de que fueran expulsados del ayuntamiento. Juan Tenorio, uno de los líderes del movimiento, explicó que no tenían la intención de tomar de nuevo el palacio municipal, tampoco de enfrentarse con la población civil (lo integrantes de los sitios de taxis), sólo querían llegar hasta la Normal.
La gran mentira (o de cómo volver a creer)La gran mentira (o de cómo volver a creer)
Este texto es para Germán Pintor Anguiano, por su coherencia y su ejemplo de siempre.
Una madrugada de junio del 2015
Vivimos en un país que juega a la democracia pero no se la cree.
El juego electoral representa una farsa en la que cada uno de los actores políticos desempeña un papel, mientras el público –es decir, los electores– ve año con año cómo los protagonistas introducen de vez en cuando algunas variables e improvisaciones para no aburrir a los asistentes.
En los actores –los partidos políticos y sus candidatos, incluido más de un payaso de verdad– van más allá y le reprochan a ese público su inasistencia, pronosticando la peor de las catástrofes si no acuden a la cita, recordándole su «obligación cívica» y haciéndolo responsable de lo que pase. Montan la misma comedia cambiando la escenografía y prometiendo, con amenazas de por medio, que ahora sí harán el verdadero cambio. «¡Ándele, venga…!» Y si la convocatoria falla, para eso están los tinacos, lavadoras, cemento, tarjetas, mochilas, entradas para el cine, dinero en efectivo, y_____________(llene este espacio con las dádivas que le hayan ofrecido).
Repiten el desafortunado lema de David Alfaro Siqueiros, «no hay más ruta que la nuestra», acusando a quienes no les creen de hacerle el juego a «la mafia que ha secuestrado el Estado», ocultando el hecho de que ellos, los partidos, son los verdaderos responsables del infierno que vivimos y pasan por alto que muchos espectadores les dicen que ya no quieren avalar su patético número declamado entre balazos con un telón de fondo manchado de sangre.
Fotografía: Tomás Ayuso

El circo político
La imagen de este proceso electoral la pintó José Clemente Orozco en los muros del palacio de gobierno de Jalisco, entre 1936 y1937. En el circo de las ideologías plasmado en el mural de Orozco, donde los políticos están atinadamente caracterizados como payasos, la derecha ofrece todo «así en la tierra como en el cielo»; el centro predica la moderación, el equilibrio y la estabilidad; y desde la otra banqueta la «izquierda» promete el cambio verdadero. Pero unos y otros tienen la certeza de que no cumplirán y se van a echar la culpa mutuamente, como Vicente Fox se la echó al Congreso para excusar su incompetencia.







