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Javier Sicilia

Javier Sicilia – LOS NUEVOS ODRES

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(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexión y Análisis, Cideci/Unitierra, Chiapas)

Los nuevos odres

Javier Sicilia

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

Mt. 9 17.

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi étnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisitémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos clarosocuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.


[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

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Pablo González Casanova

Pablo González Casanova – EL MOVIMIENTO MUNDIAL DE LOS INDIGNADOS DE LA TIERRA EMPEZÓ EN LA LACANDONA

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EL MOVIMIENTO MUNDIAL
DE
LOS INDIGNADOS DE LA TIERRA
EMPEZÓ EN LA LACANDONA

Guión para unas palabras

01/01/2012
Pablo González Casanova

Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos  la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas que los pueblos se hacen y con las respuestas que se dan.

Teorías y prácticas que vienen “de abajo y a la izquierda” tienen la originalidad de criticar al poder cuando éste se siente  distinto de la sociedad, y cuando se  separa de la sociedad.

Los nuevos movimientos del pueblo plantean una democracia que corresponda a las decisiones del pueblo, y que en caso de que se separe del pueblo dejará de ser democracia.

Depauperados y excluidos, “indignados” y “ocupas”  formulan teorías  que contienen un gran respaldo empírico. Se trata de explicaciones y generalizaciones basadas en una gran cantidad de experiencias. Se trata de conocimientos, de artes y técnicas que corresponden al saber y al saber al hacer de los pueblos, ese saber que tanto exaltara el antropólogo Andrés, y en que aparece, en vez del yo individualista, el nosotros tojolabal que Carlos rescatara para la filosofía de la solidaridad humana .

Teorías y prácticas tienen mucho de particular y también de universal…Y no exagero. Pensemos en la inmensa movilización de “los indignados” y “los ocupas” que luchan por otro mundo posible. Hoy,–escriben admirados dos profesores ingleses–: la movilización es gigantesca.  Nunca se había dado una de esta magnitud, y toda la movilización “empezó (añaden) en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo.”

Vemos así que “desde abajo y a la izquierda” y desde las selvas tropicales surge un movimiento que no sólo lucha por defender los derechos de los pueblos indios sino por la emancipación de los seres humanos.

Y ese movimiento universal en medio de sus diferencias vive problemas parecidos. Es más, encuentra soluciones parecidas para la creación de otro mundo y de otra cultura necesaria, a la que los pueblos  de los Andes  expresan como el bien vivir, “en que el vivir bien de unos no dependa del mal vivir de otros”.

A esas aportaciones que de los indios de América vienen se añaden muchas más que corresponden a las experiencias de múltiples culturas e historias y que  crean la  historia universal de la lucha por la libertad, por la justicia y por la democracia, lema que levantó el movimiento zapatista y que anda por el mundo entero no como eco sino como las voces de un pensar y querer parecido.

Y allí están las juventudes griegas que luchan contra el tributo de la deuda externa, están los movimientos de la primavera árabe a quienes los militares no pueden transar, están las asambleas de los indignados españoles que articulan intereses vitales que el sistema no puede satisfacer, están los jóvenes estadounidenses que ocupan Wall Street como centro del poder corporativo contra el que todos luchamos, o los jóvenes chilenos que dan su vida para que no les quiten sus escuelas y universidades..

En todas las movilizaciones hay mucho de común. Todas o casi todas coinciden con  “lo incluyente” y con “lo dialogal”, y un número cada vez mayor, con la idea de que el capitalismo corporativo es el origen de todos los problemas que afectan y amenazan a la humanidad.

Coinciden también en que la solución es esa democracia de todos para todos y con todos que no se delega, y que algunos llaman socialismo democrático o socialismo del siglo XXI y otros nomás democracia, y que es eso, y mucho más, pues es una nueva forma de relacionarse con la tierra y con los seres humanos…una nueva forma de organizar la vida.

Y es en medio de la riqueza y novedad de esta movilización mundial  como se captan  una serie de reflexiones  que vienen de abajo y a la izquierda y cuya respuesta busca el triunfo de los indignados y de los pobres de la tierra.

La riqueza de las reflexiones y llamados es enorme y exige la atención la profundización de algunos que enuncio escuetamente y en los que debemos trabajar más:

  1. El llamado a perder el miedo antes que nada, que el movimiento  zapatista destacó como un requisito para pensar y actuar.
  2. El no pensar sólo en “qué hacer” sino en “cómo lo hacemos”.
  3. El precisar con quiénes “lo hacemos” en las distintas circunstancias.
  4. El aclarar nuestras diferencias internas con un nuevo estilo de discutir y acordar.
  5. El rechazar terminantemente la lógica de la caridad. Y también la lógica del paternalismo, pues ambas ocultan la manipulación. Caridad y paternalismo  son la cara buena de la cultura autoritaria.
  6. Combinar la lucha por los derechos de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos con la lucha por la construcción de una sociedad alternativa en que los colectivos de los buenos gobiernos practiquen el “mandar obedeciendo”. Precisar con ejemplos en que consiste la práctica del mandar obedeciendo
  7. Dar los pasos necesarios para que el proyecto emancipador sea un proyecto realmente incluyente,  y dé lugar a un trato respetuoso de las diferencias de raza, sexo, edad, preferencia sexual, religión, ideología, nivel educativo.
  8. Redefinir los conceptos de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la democracia…Redefinirlos en la  vida cotidiana, en el aquí y el ahora.
  9. Aclarar que las redes no son sólo redes informáticas. Aclarar que se han organizado y se van a organizar redes de colectivos y de sistemas de colectivos que permitan el predominio de las organizaciones horizontales sobre el mercado y el estado, que estimulen la cooperación y la solidaridad frente al individualismo del mercado, y en que los en-cargados manden obedeciendo los lineamientos que las organizaciones horizontales les den y no se sientan ni un minuto por encima de ellas. Al mismo tiempo crear organizaciones centralizadas y descentralizadas, como el EZLN, o como las policías de los pueblos del sureste y como las autonomías municipales.
  10. Profundizar y promover los sistemas solidarios y cooperativos con flujos e intercambios que acerquen la producción, el consumo y los servicios, por ejemplo,  de educación, salud, seguridad social
  11. Actualizar constantemente los conocimientos sobre las contradicciones en el interior de los propios movimientos emancipadores, y no sólo sobre las contradicciones externas.
  12. Fomentar el respeto a la dignidad y a la identidad de personas y pueblos, sin caer en el individualismo o el aldeanismo, y antes cultivando la emancipación universal.
  13. Combatir el maniqueísmo, y ese tipo de discusiones que  invocan a los clásicos para comprender el aquí y el ahora e incluir sus narrativas y reflexiones en la memoria creadora de nuestras generalizaciones.
  14. Reconocer que en todos los grandes movimientos los pueblos –con una razón de enorme peso—no se inclinan por una revolución violenta sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.
  15. Pensar que el 99%  de la humanidad va a ganar esta lucha y que de su triunfo y de la sociedad que construya dependerá la creación ecológica de un sistema terrestre sostenible, capaz de satisfacer las demandas vitales de una población creciente que hoy sufre hambre y frío por cientos de millones, y capaz de impedir que continúe un sistema económico-político en que la industria de guerra es el motor principal de la economía.
  16. Plantear cómo se lucha y gana pacíficamente en una guerra de “espectro amplio” como la diseñada por el Pentágono. Si uno de los  “espectros” es la guerra violenta y armada, podemos luchar en los otros que comprenden la guerra informática y cibernética, la guerra contra la educación, la guerra contra la cultura, la guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; la guerra ideológica y pseudo-científica neoliberal, cínica, re-colonizadora y neofascista: la guerra que destruye la biósfera y la guerra que siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, macro-corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda.
  17. Insistir en que los pobres de la tierra y quienes estamos con ellos debemos enfrentar la guerra de espectro amplio en todos los espectros pacíficos posibles: en el terreno de la educación para pensar y hacer, en el terreno de la economía de la resistencia que cuida el pan y el agua, el fogón y el techo, los servicios de salud y  de seguridad; el tejido social de la familia y el de la comunidad, y el de una clase trabajadora que reestructure la unión necesaria de los trabajadores regulados y des-regulados; en la lucha ideológica contra las corporaciones, los líderes amarillos y las mafias que ocultan su guerra depredadora con otras guerras no menos infames –como las del terrorismo,  el narcotráfico y la confusión..Y estar cada vez más conciente de que la guerra actual de intimidación y corrupción busca sobre todo el despojo de lo territorios comunales, de las parcelas campesinas, de las tierras nacionales,  de los bosques y las minas, de los viveros de petróleo y de los mantos acuíferos; de los suelos y los subsuelos, de las costas y las sierras. Y no conforme con oprimir a los pobres entre los pobres y a los habitantes de la periferia mundial, en forma cada vez más abierta está empobreciendo a los sectores medios y privando de sus derechos y de su futuro a los jóvenes y los niños del mundo entero

Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que  emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados, Frente a sus intentos de intimidación y corrupción universal blandiremos  la moral de lucha y el coraje de  los pueblos.  Lo haremos, conscientes de que somos cada vez más y de que serán cada vez más quienes en el mundo entero luchen por lo que en 1994 sólo parecía ser una “rebelión indígena postmoderna” y que en realidad es el principio de una movilización humana considerablemente mejor preparada para lograr la libertad, la justicia y la democracia a que todos aspiramos.

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Paulina Fernández

Paulina Fernández – EL COMPA JOLIL

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(Texto escrito para el IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis)

El Compa Jolil,
o las motivaciones de los autoridades autónomos zapatistas

Paulina Fernández C*.

La llamada democracia representativa se ha convertido en pieza fundamental de la ideología dominante. Como pocas veces en la historia de México se repite que los partidos políticos son indispensables y consubstanciales a una democracia; que los procesos electorales son la mejor oportunidad que tienen los ciudadanos para participar en política; que las elecciones son el único medio válido para cambiar el estado de cosas; y que por todo ello, hay que destinar miles de millones de pesos para financiar precampañas, campañas, precandidatos, candidatos, y actividades ordinarias de los partidos políticos registrados, pues la democracia cuesta mucho –dicen- y vale más. Sólo para tener una idea, basta decir que en días pasados el Consejo General del Instituto Federal Electoral aprobó un presupuesto de 5 mil 344 millones 875 mil pesos para los gastos de los partidos políticos en el año 2012.[1]

Cuando en las esferas oficiales e institucionales se habla de procesos electorales invariablemente se les identifica con democracia, pero ¿qué perspectiva democrática pueden ofrecer a la sociedad los partidos cuyos miembros son incapaces de celebrar una sola elección interna sin hacerse fraude unos a otros? ¿O los que ni siquiera eligen a sus dirigentes? ¿O los partidos pequeños que sin respaldo ciudadano sobreviven sacando provecho de coaliciones electorales pactadas entre cúpulas? ¿Qué se puede esperar de gobernantes y legisladores que siendo miembros de un partido, se hicieron elegir por otro distinto? ¿Qué se puede esperar de los partidos políticos que no asumen la menor responsabilidad de las decisiones y actos de quienes apoyaron para llegar al poder ejecutivo o al legislativo? ¿Qué respeto pueden merecerle a los dirigentes de los partidos políticos los ciudadanos en general, si a sus propios militantes los han convertido en clientes, o en mercancías canjeables por posiciones políticas personales? Cómo se atreven a hablar de procesos democráticos cuando el solo hecho de existir un registro legal de partido político como requisito previo obligatorio para postular candidatos es en sí mismo una negación de los derechos políticos de la mayoría de los ciudadanos. El registro oficial del que gozan los partidos políticos, base legal del sistema electoral mexicano, es inconstitucional y profundamente antidemocrático porque excluye a la mayoría de la población e impide la participación directa de quienes no quieren hacerlo a través de los partidos. No es casual que más allá de declaraciones propagandísticas y demagógicas, los partidos políticos registrados, únicas organizaciones con presencia en las cámaras legislativas, sigan negando una y otra vez el derecho a postular candidatos independientes, y que cuando incluyen el tema en sus iniciativas de reformas constitucionales en materia política o en algunas disposiciones electorales secundarias, lo hagan subordinándolos al sistema electoral establecido, y acaben negando ese derecho a la mayoría de los mexicanos.[2]

En las últimas semanas hemos visto que, sin el más mínimo pudor político, se apuntan en listas de aspirantes a candidatos de los partidos políticos a los puestos de “elección popular”, todo tipo de personas, incluidas muchas que en el cargo que todavía ocupan, o en el que anteriormente desempeñaron, no han rendido cuentas o, peor aún, que tienen cuentas pendientes con “la justicia”. De entre las múltiples razones que mueven a quienes pretenden ser gobernadores, diputados, senadores, presidentes municipales, o un poco después funcionarios públicos de alto nivel, se pueden adivinar algunas: además de tener un trabajo asalariado y bien remunerado, hay quienes lo primero que buscan es tener fuero constitucional que los proteja por las trapacerías hechas en el cargo anterior; otros quieren sentirse importantes, conocidos, famosos, poderosos, traficantes de influencias; algunos buscan compensar un rato su ego mirándose en la televisión, coleccionando los recortes de periódico donde se publica su nombre; no faltan quienes aspiran a ascender socialmente para ya no tener que regresar a vivir y trabajar al barrio, al pueblo de donde salieron; a muchos los mueve simple y llanamente la ambición, aunque también los hay quienes pretenden convertirse en gestores y así obtener recursos para su gente; a casi todos les gusta disponer de un séquito de secretarios, ayudantes, auxiliares, asesores, choferes y acompañantes.

Al aspirar a formar parte de la llamada clase política se pretende también sobrevivir sin mayores problemas en un país en el que el Estado de derecho se invoca, pero no se cumple; en el que los derechos sociales y las garantías individuales no se respetan; en el que la burocracia –pública y privada- es exasperantemente lenta e ineficiente; en el que la corrupción es mundialmente reconocida como factor favorable a la acumulación de capital y lubricante de la maquinaria estatal en todos sus engranes; en uno de los países con más desigualdad social e injusta concentración de la riqueza; y sobre todo, en un país en el que el común de sus habitantes experimenta una sensación de impunidad total, que para ponerla en términos oficiales, desde 2008 se admite que “el 98.76 por ciento de los crímenes quedan impunes”[3], y todo indica que esta cifra no ha disminuido en los últimos tres años.

Lo anterior significa que tras la competencia por un cargo público, lejos del servicio y la representación fiel de las necesidades de la población, está la búsqueda inconfesable de una situación excepcional individual, que conjuga poder con dinero. Una encuesta hecha en San Luis Potosí, cuyos resultados bien podrían generalizarse a todo el país, muestra que el 65% de la población piensa que la motivación principal de los políticos para buscar cargos de elección popular se debe a los “ostentosos sueldos que se perciben en la función pública”; 25% opina que la motivación es “el hambre de poder”; 5% las “ganas de figurar en la política”; y el otro 5%, cree que es la “vocación de servicio”. Respecto a los salarios que perciben los funcionarios públicos 93% de los encuestados los consideró excesivos.[4]

Más que participar en un proceso electoral democrático, quienes hoy luchan por alcanzar un lugar entre candidatos y futuros funcionarios están participando en una exclusiva feria sexenal del empleo, a la que no están invitados los casi 3 millones de desocupados reconocidos oficialmente en 2011, ni los 13 millones y medio de mexicanos que se dedican a alguna actividad informal, con remuneración precaria, sin prestaciones ni seguridad social; tampoco los 4 millones 200 mil mexicanos subempleados[5], que sólo tienen trabajo por unas cuantas horas; ni muchos otros millones de mexicanos que quisieran cambiar sus condiciones de trabajo y mejorar ingreso.

Gracias a nuestro sistema democrático, quienes viven “de la política”, al amparo del presupuesto público, se sienten con derecho a gozar de condiciones privilegiadas al mismo tiempo que se enteran con indiferencia que para el país en su conjunto se fija un salario mínimo general que no va a llegar a 2 mil pesos mensuales en todo el año 2012[6], cantidad que tendría que multiplicarse por tres para poderse adquirir los alimentos básicos recomendables[7] y que, obviamente no es un ingreso “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”[8] como lo manda la Constitución general de la República.

Para quienes desean ponerse a salvo de las condiciones de vida, de trabajo y de salario que padecen los mexicanos “comunes y corrientes”, la mayoría de los municipios del país se ha convertido en un espacio adecuado para lograr sus objetivos personales. De los tres niveles de gobierno, es en el municipal en el que parece haber condiciones más propicias para los abusos y la corrupción, ya que, con el pretexto de la soberanía presupuestal la mayoría no dan a conocer el manejo de las finanzas públicas, empezando por el salario que se asignan los alcaldes. Bajo el precepto establecido de que “los municipios administrarán libremente su hacienda”[9], no faltan presidentes municipales que interpretan esta libertad como la oportunidad de entrar con las manos libres para salir con las manos llenas. Si bien hay casos como el de Navolato, Sinaloa, en el que el alcalde tiene un sueldo base equivalente a un salario mínimo -los 2 mil pesos mensuales que ya mencionamos-, la realidad es que percibe 50 mil pesos más, diferencia que suele llamarse “compensación”, y esta “compensación” puede ascender hasta los 80 mil pesos mensuales como en el caso del alcalde de la ciudad de Chihuahua, quien los recibe además de los 27 mil que tiene de sueldo base[10]. En algunas entidades federativas, como en el estado de México, los diputados locales recomiendan “austeridad” a los servidores públicos, sugiriendo remuneraciones desde 55 mil hasta 136 mil pesos, pero en Toluca esos límites no se toman en cuenta y quien encabeza la presidencia municipal tiene un ingreso mensual promedio de 267 mil 780 pesos[11].

Hasta hace poco tiempo, el del municipio de Aguililla era el alcalde con mayor remuneración económica en el estado de Michoacán, ya que percibía un salario de 49 mil 500 pesos, al que sumaba una compensación de 61 mil 500 pesos, dando un total de ingreso de 111 mil pesos mensuales. Lo relevante de este dato es que el nivel de ingresos del gobernante municipal no corresponde al nivel de vida de los gobernados ya que el municipio de Aguililla es considerado como de “alta marginación” en Michoacán[12]. Esas diferencias también se pueden encontrar en otros estados. Según los resultados de una investigación publicada por Periodismo sin censura, en Chiapas el sueldo de cualquier alcalde rebasa por mucho el que pueda ganar un jornalero, y la autora lo demuestra con los siguientes datos: “En muchos municipios los trabajadores no alcanzan a ganar ni un salario mínimo que es de 56 pesos con 70 centavos”, mientras el alcalde que recibe “el mejor salario en Chiapas” que es el de Villaflores, “gana diario 2 mil 392 pesos”[13].

Pero ¿cómo es que por todo México hay autoridades municipales que por hacer –bien o mal- su trabajo cobren legalmente 40 mil, 50 mil, 100 mil y hasta más de 200 mil pesos al mes durante tres años, y que en otro tipo de municipios, las autoridades acepten trabajar también por tres años pero sin recibir un sueldo a cambio? Y a diferencia de los primeros, si éstos últimos duran en el cargo los tres años quiere decir que hicieron bien su trabajo, porque si no hubieran trabajado bien, el pueblo que los eligió los hubiera cambiado de inmediato. Así es en los municipios autónomos.

En los municipios autónomos zapatistas no es el dinero la palanca que mueve toda la maquinaria del gobierno; me consta que son otros los resortes que activan la participación popular y que llevan a los miembros de una comunidad a ser autoridad. Hace unos años, tuve la enorme fortuna de encontrarme varias veces con una misma persona, y percibir en esos diferentes momentos las motivaciones para servir a las comunidades de su municipio, el sentido de su responsabilidad a pesar de todas las dificultades que tenía que enfrentar desde el principio, en ese cargo que en las esferas oficiales es llamado Presidente Municipal. Con sorpresa que me despertó un explicable orgullo, en sólo un par de años pude apreciar la evolución, el crecimiento, el aprendizaje de una autoridad autónoma zapatista, de un “compañero Consejo” que aquí le daremos el nombre de Jolil, Compa Jolil.

Cuando conocí al Compa Jolil experimenté sensaciones e impresiones muy contradictorias. Después de varios días de trabajo y de un largo viaje, llegaba yo a la cabecera municipal con la necesidad de sumergirme en un río y darme un buen baño antes de cualquier otra actividad, pero el río se quedó esperándome. De inmediato me recibieron en una oficina los integrantes del Consejo Autónomo, nos presentamos todos, y ya informados del trabajo que íbamos a hacer, se fueron a continuar una reunión amplia en la que estaban participando en otro lugar. El Compa Jolil le pidió a otro de los miembros del consejo, un joven de 16 años, que se quedara a acompañarme. Después de esperar más de cuatro horas, regresaron a preguntar algo relacionado con las actividades del día siguiente, y me invitaron a comer caldo de gallina recién preparado por una viejita vecina, quien también puso al alcance de nuestra mano una buena cantidad de tortillas.

Empieza la reunión y las autoridades del Consejo discuten sobre lo que vamos a hacer –lugares, calendario, autoridades, etcétera. En la discusión participan todos -como se acostumbra ahí-, son más de 15 compañeros poniéndose de acuerdo en tzeltal con algunas expresiones en castellano. Yo sigo las intervenciones con mucha atención y muy poca comprensión de lo que dicen… parece que ya resolvieron algo, son las 18:44 horas.

El que se expresa mejor en español le dicta el acuerdo a un compa autoridad, sentado detrás del escritorio listo para escribir:

– 6:30 salida desde la cabecera municipal

– 8:00 reunión en el Primer poblado

– 11-13:00 Segundo poblado

– 15-17:00 Tercer poblado

– No regresamos a la cabecera municipal, quedamos la noche allá.

– Pasado mañana, reunión con autoridades municipales.

Al terminar la reunión, ya todos de acuerdo con la cita y las actividades del día siguiente, pregunté al Compa Jolil ¿dónde me iba a quedar a pasar la noche? Me llamó la atención que fue él personalmente a indagar, es decir, no le dio órdenes a nadie para que lo hiciera, habiendo muchos compañeros cerca de nosotros. Al cabo de un rato de andar de un lado a otro, regresa con la novedad de que ahí, ahí mismo en la oficina me iba a quedar, al igual que los demás compas, los que vivían lejos y ya no daba tiempo de que regresaran a sus casas y estuvieran temprano para la salida. Y ahí nos repartimos el suelo, unas sillas y las bancas, a manera de camas.

Al día siguiente, después de caminar como hora y media al amanecer, llegamos al primer poblado, nos unimos a los compañeros que ya nos estaban esperando bajo los árboles, junto al auditorio donde se llevaría a cabo la asamblea. Generosos como suelen ser cada vez que llega alguien de fuera, nos invitaron a desayunar un buen plato de frijoles con muchas tortillas, acompañados con una gran taza de agua de color rojo grosella. Luego de lavar cada quien su plato y taza, pasamos al auditorio, construido con una interesante disposición de bancas en un amplio círculo, de tal modo que todos nos veíamos las caras desde posiciones iguales, no diferenciadas salvo por una pequeña mesa en la que nos ubicaron al Compa Jolil como autoridad, a un compañero que ayudaría como traductor, y a mí, gracias a lo cual pude escribir cómodamente y desde ahí observar la presencia de mujeres abuelitas, muchas jóvenes mamás, niños de todas las edades, y hombres jóvenes y adultos.

Una vez terminadas las reuniones de trabajo, nos citamos a una hora temprana de la mañana siguiente para salir de regreso, otra vez caminando, hacia la cabecera municipal. Cuando llegué a la casa del Compa Jolil donde nos íbamos a reunir para salir todos juntos, él me dijo que ya no iríamos a pie sino en una camioneta, porque había que ir a recoger madera para llevarla a la sede del Municipio Autónomo. La esposa del Compa Jolil, de trato suave y amable, me dio una taza de café, y mientras disfrutaba la bebida caliente, en la puerta de su casa, con una vista espléndida desde lo alto de una pequeña montaña, me animé a preguntarles acerca del poblado. Nos llegó la hora de irnos y el Compa Jolil había alcanzado a decir:

– No teníamos terreno antes, en la Ranchería se pagaba para trabajar las tierras, se pagaba con producto. Por media hectárea se pagaban 5 ontes y por una hectárea 10 ontes de maíz. [1 zontle son 400 mazorcas]

– Al levantamiento [del EZLN], nomás escucharon la declaración de guerra se retiraron los dueños, dicen que se fueron al 2° valle de Ocosingo, ahí son sus tierras.

– Ahora, en el Nuevo Poblado, tierras colectivas, se trabaja maíz, frijol, potrero, caña de azúcar, café, se reparte entre los cooperantes y el resto se va a vender a Ocosingo.

Salimos de la casa caminando como 20, 30 minutos, hasta encontrar la camioneta. En el camino paramos donde estaba un compa esperándonos. Ahí había que recoger la madera para llevarla a la obra de la tienda de los promotores de salud, que se estaba construyendo en la cabecera municipal. Nos bajamos, los compañeros se saludaron y se internaron entre plantas secas y árboles caídos hasta perderse de vista. En muy poco tiempo los veo regresar uno detrás del otro, inclinados, ladeados, cada uno cargando una viga al hombro. Ya cerca de la camioneta, ayudo al otro compañero a recibir las vigas y a subirlas una por una –es lo más que puedo hacer, pesan muchísimo. En total fueron 12 horcones que recogimos en 2 lugares distintos.

Lo ejemplar, lo que me impresionó profunda y muy positivamente, es que los compas, todos, le entran a todos los trabajos. El Compa Jolil fue el que más me sorprendió: era una autoridad municipal autónoma, la cabeza del Consejo, había salido de su casa muy limpio, vestido muy propio, con su camisa de manga larga, como quien va a su oficina sabiendo que va a tratar con mucha gente, asumiéndose como autoridad respetable, y de repente lo veo transformado, arremangado, cargando horcones, uno tras otro, acalorado, sudando bajo el sombrero. Así también, el compa que conducía la camioneta, esa misma mañana había interrumpido su marcha hacia la milpa a donde se dirigía a trabajar con sus hijos, cuando le avisaron que se necesitaba la madera. Este mismo compa era a la vez promotor de salud, que en todas las comunidades es un cargo de vital importancia, que supone una preparación especial y mucha disposición de servicio. En esos instantes me fue inevitable tratar de imaginar a un presidente municipal oficial, de cualquier partido político, haciendo lo mismo, humildemente, como compañero, solidario, ¡no, imposible! Cuando veía a estos compas cargando los horcones, pensaba que cualquier senador, diputado federal o local, o incluso cualquier líder campesino institucional, hubiera dado órdenes a sus ayudantes, secretarios o guaruras para que hicieran el trabajo físico, de carga pesada, que supone ensuciarse, astillarse las manos, sudar, sudar, sudar y cansarse; ellos, funcionarios públicos y políticos del sistema nunca hubieran hecho tal esfuerzo físico, hubieran dicho que ese no es su trabajo, que a ellos no les pagan para ser cargadores.

Dos años después, me encuentro con que la tienda de los promotores de salud que se estaba construyendo, ya está funcionando. Y estando a unos pasos de ahí, veo llegar al Compa Jolil en su caballo, con el sombrero bien puesto, despacio desmonta, y en la misma imagen de un par de años atrás, lo veo cómo pasa la soga entre las ramas del árbol en el que suele amarrar su caballo, el mismo árbol, su caballo, el mismo transporte, observo que viene con el mismo tipo de ropa, siempre sencillo y propio, solo, sin ayudantes, ni acompañantes, con su morraleta de lado donde carga documentos, papeles y probablemente trae una bola de pozol en bolsa de plástico. Compartimos varias horas en una reunión, y por su participación, la forma de hablar, el volumen de la voz, el contenido de sus intervenciones y el sentido de sus palabras, confirmé mi primera impresión de ese reencuentro: que el Compa Jolil es el mismo, ¡venturosamente el mismo! Dos años “en el poder” no lo han transformado ni trastornado. Percibo con mucho gusto que dos años de autoridad autónoma han sido suficientes para darle seguridad en sí mismo, para ser más desenvuelto, para hacerlo crecer como persona y como zapatista, pero sin complejos de superioridad, sin ínfulas ni soberbia. A través del Compa Jolil también confirmé, con admiración, que se puede desempeñar un cargo de gobierno sin enriquecerse, que se puede prestar un servicio gratuito al pueblo sin arruinarse, que se puede ocupar un puesto de elección popular sin formación ni experiencia previas, y que sobre la marcha se puede aprender a ser autoridad, siendo parte de un gobierno autónomo que trabaja colectivamente haciendo lo que manda el pueblo.

A los compañeros zapatistas no los mueve el interés económico, inmediato, personal, al aceptar ser autoridad de su comunidad, de su municipio. No habiendo dinero de por medio que les prometiera “salir de pobres”, que los dispensara de otras obligaciones o los eximiera de trabajar en el campo ¿por qué, entonces, aceptan ser autoridad?

Al conversar con ell@s, al observarl@s en su trabajo cotidiano, se advierte que entienden la participación en el gobierno autónomo como un servicio a la comunidad de la que forman parte; su propia comunidad l@s elige por ser responsables, trabajadores y cumplidos. Hombres y mujeres de diferentes edades aceptan ser autoridad porque tienen un proyecto colectivo de vida, un proyecto con futuro para su pueblo y para sus hijos; un futuro que día a día están construyendo para que en cada comunidad haya escuela, servicios de salud, alimentos para todos, trabajos colectivos, fiestas y bailes. Han aceptado y siguen aceptando cargo porque, aunque sea poco a poco, han estado avanzando y han visto resultados favorables de su trabajo autónomo. A diferencia de muchos simpatizantes de los partidos políticos registrados, las bases zapatistas participan en las tareas de su gobierno sin recibir un salario, motivados no por paga sino por conciencia, porque saben que están luchando contra y por liberarse de un sistema que los ha fastidiado, marginado, empobrecido, explotado y reprimido a lo largo del tiempo; porque se identifican con una organización que tiene un rumbo que ellos están continuamente definiendo; porque entienden la necesidad de luchar y defenderse organizadamente; porque en la defensa y ejercicio de sus derechos como pueblos indígenas, han visto que la resistencia da mejores resultados que todas las oportunidades del gobierno oficial.

A las jóvenes generaciones zapatistas las anima ser autoridades, el ejemplo de compañeras y compañeros que, con la fuerza de su convencimiento, se mantienen firmes, que no se rinden cuando todo parece andar mal. A las bases zapatistas sirve de estímulo para su trabajo, el saber que cuentan en la historia de su organización con dirigentes y comandantes, mujeres y hombres que, como lo explica el Subcomandante Marcos en entrevista con el Teniente Coronel Moisés, son “ese dónde agarrarte, esa piedra, o ese árbol, esa rama fuerte”[14] que sostiene para no caer en los tiempos difíciles.

En la conciencia de cada cual, en los principios fundamentales que comparten y les da cohesión política, en los objetivos claros de su lucha y resistencia, en los ejemplos vivos de otros compañeros y compañeras, ahí está la fuerza de sus miembros y la solidez moral de la organización zapatista que respalda y motiva a quienes, como el Compa Jolil, trabajan en los Consejos de los municipios autónomos.

IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis
“Planeta tierra: movimientos antisistémicos”
Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas
1° de enero de 2012


* Doctora en Ciencia Política. Profesora de Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

[1] La Jornada, 17 de diciembre de 2011, p. 9.

[2] Al respecto pueden consultarse las iniciativas de reformas constitucionales que incluyen materia político-electoral presentadas en la Cámara de Senadores: por la Presidencia de la República, el 15 de diciembre de 2009; por el conjunto PRD-PT-PC, el 18 de marzo de 2010; y por el PRI, el 23 de marzo de 2010, en el Diario de los debates http://www.senado.gob.mx Cabe precisar que el proceso legislativo de esta supuesta reforma política, no ha concluido hasta la fecha, en diciembre de 2011.

[3] “Segundo Informe Especial sobre Seguridad Pública” de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Nota de Víctor Ballinas en La Jornada, México, D. F., 16 de diciembre de 2008, pp. 1 y 3. En la exposición de motivos de reformas constitucionales del 23 de marzo de 2010, a propósito del fuero y la responsabilidad de los servidores públicos, este dato es retomado por los senadores del PRI con las siguientes palabras: “En general, en México la tasa de impunidad es muy elevada, pues llega hasta el 98% del total de delitos cometidos, según datos proporcionados por académicos e instituciones públicas como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.” Diario de los debates http://www.senado.gob.mx, ya citado.

[4] Encuesta levantada del 6 al 12 de agosto del 2010. Los resultados presentados en este estudio fueron realizados por Voss Contact Center y presentados por la subsidiaria Voss Analytics y puede consultarse en http://www.vossmexico.com/files/ResumenEncuesta036-2009.pdf

[5] Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al cierre del tercer trimestre del año 2011, publicados en El Economista, 13 de noviembre de 2011.

[6] Los salarios mínimos legales que regirán a partir del primero de enero de 2012 son los siguientes: área geográfica “A”, 62.33 pesos diarios; área geográfica “B”, 60.57 pesos diarios y área geográfica “C”, 59.08  pesos diarios. Comisión Nacional de los Salarios Mínimos http://www.conasami.gob.mx/nvos_sal_2011.html

[7] De acuerdo con el último reporte del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, sería necesario un salario mínimo de $180.92 pesos diarios para adquirir la canasta básica.

[8] Fracción VI del artículo 123 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

[9] Cfr. Artículo 115, fracción IV de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

[10] Análisis sobre la Remuneración Mensual de los Presidentes Municipales, elaborado en la Cámara de Senadores. El Federalista, 15 de agosto de 2011 en http://elfederalista.mx/2011/08/15/opacidad-en-sueldos-de-presidentes-municipales/

[11] Nota de Antonio Miranda “Conoce el sueldo máximo de tu presidente municipal” en El Universal Estado de México, 10 de marzo de 2011.

[12] Con información de La Voz de Michoacán, 24 de septiembre de 2009, publicada en http://luismdxw.wordpress.com/2009/09/24/salario-de-presidentes-municipales-de-michoacan/

[13] Sandra de los Santos, “Sin control los sueldos de los presidentes municipales en Chiapas”, 1 de diciembre de 2011, publicado en http://periodismosincensurachis.blogspot.com/2011/12/sin-control-los-sueldos-de-los.html

[14] Teniente Coronel Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Marcos. “Cómo se hacen los trabajos. Parte II” en revista Rebeldía. Año 9, número 76, 2011, pp. 11-16.

radio

(Español) IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis: “…planeta tierra: movimientos antisistémicos…”

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PROGRAMA

Registro a partir del 29 de diciembre (10 am)

30 de diciembre 2011

* Sesión Matutina (11 am)

Presentación del libro: LA POTENCIA DE LOS POBRES

de Jean Robert y Majid Rahnema.

– Ana Valadez

– Xuno López

– Carlos Manzo

– Rafael Landereche

Moderadora Stella Maris

* Sesión Vespertina (6 pm)
Panelistas:
– Mercedes Olivera
– Xóchitl Leyva
– Jérôme Baschet
Moderador: Ronald Nigh

31 de diciembre 2011

* Sesión Matutina (11 am)

Panelistas:

– Paulo Olivares (U. central-Chile)

– Danay Quintana/Boris Nerey (CMMLK-Cuba)

– Julieta Paredes (Bolivia)

– Movimiento por Justicia del Barrio (Nueva York)

Moderadora: Nelly Cubillos

* Sesión Vespertina (6 pm)
Panelistas:
– Occupy Wall Street
– Mahvish Ahmad (Pakistán)
– Luis Andrango (Ecuador)
Moderador: Víctor H. López

1 de enero 2012

* Sesión Matutina (11 am)

Panelistas:

– Paulina Fernández

– Gustavo Esteva

– Javier Sicilia

Moderadora: Concepción Suárez

* Sesión Vespertina (6 pm)
Panelistas:
– Pablo González Casanova
– Boaventura de Souza
– Salvador Campanur (Cherán)
Moderadora: Rosa Luz Pérez

2 de enero 2012

* Sesión Matutina (11 am)

Panelistas:

– Sylvia Marcos

– Nelson Maldonado

– Anselm Jappe

Moderadora: Marina Pagés

* Sesión Vespertina (6 pm)
Panelistas:
– Fernanda Navarro
– Luis Villoro
– Carlos Marentes (Texas)
– Jean Robert
Moderador: Lázaro Sánchez

radio

Communiqué from the Regional Forum for the Defense of Human Rights

radio

Invitation: International Human Rights Meeting in Solidarity with Honduras

radio
Relatos Zapatistas

Relatos Zapatistas in July: Interviews on Austerity and the “Drug War”

On this month’s show we bring you three in-depth interviews: 1) Oakland librarian “Agnes” on public libraries in a time of austerity, when 14 of 18 libraries were threatened with closure; 2) reporter and author John Gibler on his new book, To Die in Mexico, which analyzes the so-called “drug war” in Mexico; and 3) two compañerxs from UA in the Bay announce the Anarchist General Assembly that will take place on July 16, along with an update on the continuing occupation of Glen Cove. (2 hrs, mp3)

Four audio files are available here: 1) the full show; 2) interview on libraries and austerity (28 min); 3) interview with John Gibler (42 min); 4) interview on Anarchist General Assembly (14 min).

radio
The Frayba Report

The Frayba Report: Pronouncement by the Encounter “With Memory Peoples Build Justice and Peace”

radio
Reporte Frayba

Reporte Frayba: Pronunciamiento del Encuentro “Con la Memoria de los Pueblos Construimos Justicia y Verdad”

radio
Radio Zapatista

Encuentro “Con la memoria, los pueblos construimos justicia y verdad”

Encuentro “CON LA MEMORIA, LOS PUEBLOS CONSTRUIMOS JUSTICIA Y VERDAD”

16 Y 17 DE MARZO de 2011 en el CIDECI/UniTierra
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

Miércoles 16 de marzo:

Tema 1: Impunidad y nuevas formas de construir justicia

1. Policía Comunitaria de Guerrero

2. Organización Civil Las Abejas de Acteal

Testimonio (tzeltal):(Descarga aquí)  

Traducción el español:(Descarga aquí)  

Otro testimonio (español):(Descarga aquí)  

Tema 2: Defensa de la Madre Tierra:

1. Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) – San Salvador Atenco (Ignacio del Valle):(Descarga aquí)  

2. Ejidatari@s de San Sebastián Bachajón – Zona Norte de Chiapas

Juan(Descarga aquí)  

Jerónima (tzeltal)(Descarga aquí)  

Traducción al español(Descarga aquí)  

Una compañera (tzeltal)(Descarga aquí)  

Traducción al español(Descarga aquí)  

Tema 3. Experiencia concreta en trabajos de Memoria Histórica

1. Hij@s por la identidad y la justicia, contra el olvido y el silencio – México DF (María Debechi y Tania Paloma):(Descarga aquí)  

2. Compañero de Masojá Shucjá – Zona Norte de Chiapas (Manuel Martínez Pérez):(Descarga aquí)  

Tema 4. Defensores y defensoras y libertad de expresión

1. Centro de Derechos Humanos de las Mujeres – Chihuahua (Karen Rivera):(Descarga aquí)  

2. Coordinadora de Mujeres en Resistencia:(Descarga aquí)  

Compañeros del Consejo Autónomo de la Costa de Chiapas explican la situación de hostigamiento, persecusión y represión que se vive en la Zona Costa.(Descarga aquí)  

Conclusions from the round tables, video report, chronicles, articles, and more below: (Continuar leyendo…)