Después de 29 días, y con más de mil asistentes de casi 40 países, finalizó la serie de ponencias, talleres y puestas en escena que los compañeros zapatistas convocaron y organizaron en su territorio. Nos adelantaron la presencia de 1111 zapatistas en la Ciudad de México, después de 25 años, para abrazar y acuerpar a las Madres y Padres buscadores que buscan incansablemente a sus seres queridos en todo el país.
Durante todo el Encuentro, y hasta su cierre, se contó con participaciones musicales, poesía y prosa, tanto de los propios zapatistas como de participantes externos de distintos países. Los talleres fueron variados: desde impresión de serigrafía en playeras y papel, hasta defensa personal para mujeres; senderismo en territorio zapatista para reconocer la biodiversidad y el paisaje de los volcanes que conforman nuestra geografía.
En la escena estelar, se presentó un numeroso grupo de jóvenes zapatistas en la obra “El común y el día después”, que retoma los principios de una vida en armonía entre los miembros de la comunidad y la naturaleza, a través de la organización. Se enfatizó la abolición de las violencias patriarcales, la propiedad privada y los vicios. Se cultivaron el compartir, la solidaridad y la empatía por una vida común, para desterrar el sistema capitalista.
Esta obra nos invita a reflexionar sobre los días venideros, sobre la fuerza y la organización que debemos tener para no permitir que el capitalismo resurja. Sabemos que, como enfermedad, estará latente durante algunos años, acechándonos; y que seguramente aquellos sobrevivientes que no comiencen a organizarse desde ahora seguirán reproduciendo las mismas lógicas capitalistas, solo porque no saben que se puede hacer diferente. Pero debemos ser más fuertes y astutos. Por eso es importante la realización de estos encuentros, que nos permiten seguir encontrándonos con otras realidades, intercambiar conocimientos y mantener viva la esperanza.
¡Nuestra lucha es por la vida, la salud, el medio ambiente, la seguridad y la justicia! #CSIM
A LAS COMUNIDADES Y PUEBLOS ORIGINARIOS AL PUEBLO DE MÉXICO Y DE MICHOACÁN A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN AL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA AL GOBIERNO DE MICHOACÁN
Comunidades indígenas y afromexicanas de #Michoacán a 1 de septiembre de 2026.
Iretecheri K´eri Kunkorhekua, el Consejo Supremo Indígena de Michoacán #CSIM, consejo libre y autónomo de los pueblos originarios de la entidad, independiente de gobiernos, partidos políticos y órdenes religiosas, conformado por 80 pueblos p’urhépecha, otomí o hñahñú, matlazinca o pirinda, nahuatl y afromexicanos, en el marco del 2do Informe de Gobierno de la Presidencia de la República, manifestamos colectivamente lo siguiente:
Por decisión de Asamblea de Autoridades Tradicionales, se acuerda la movilización general del CSIM, por medio de tomas de autopistas y carreteras de manera pacífica, lo anterior en defensa de lagos, ríos y medio ambiente, por la paz, la seguridad y la verdadera justicia de las comunidades originarias y en exigencia de que los Gobiernos Federal y Estatal cumplan con los acuerdos establecidos con los pueblos originarios.
Las autopistas tomadas son:
▪️ Autopista Morelia-Guadalajara en la Caseta de Panindicuaro.
▪️ Autopista Morelia-Uruapan en la Caseta de Zirahuén.
▪️ Autopista Uruapan-Lazaro Cardenas en la Caseta de Taretan.
▪️ Carretera Federal Lázaro Cárdenas-Colima a la altura de la comunidad afromexicana de El Ticuiz.
▪️Instalaciones de la Geotermoeléctrica los Azufres.
Ofrecemos disculpas al pueblo de Michoacán, pero el gobierno solo simula atender a las comunidades y no resuelve los problemas, por lo que no nos dejan otro camino, más que exigir nuestros derechos de manera organizada y colectiva, Pliego petitorio:
Encuentros de Arte de resistencia y de Rebeldía ResignArte u OrganizArte
TRANSMISIÓN EN VIVO 28 de agosto, 11:30 horas OBRA DE TEATRO (Versión MUDA) «EL COMÚN Y EL DÍA DESPUÉS» (Nueva versión corregida y aumentada) Caracol Jacinto Canek
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27 de agosto OBRA DE TEATRO (Versión HABLADA) «EL COMÚN Y EL DÍA DESPUÉS» (Nueva versión corregida y aumentada) Caracol Jacinto Canek
AL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL EZLN AL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA CNI A LAS REDES DE RESISTENCIA Y REBELDÍA A LA SEXTA NACIONAL E INTERNACIONAL A L@S FIRMANTES DE UNA DECLARACIÓN POR LA VIDA EN LOS CINCO CONTINENTES A LA EUROPA INSUMISA, DIGNA Y REBELDE A LOS ORGANISMOS Y COLECTIVOS DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DE MEXICO Y DEL MUNDO A LOS MEDIOS LIBRES E INDEPENDIENTES A LA ACADEMIA CRITICA A LAS ORGANIZACIONES SOCIALES, COLECTIVOS Y SOCIEDAD CIVIL
En la conmemoración de nuestra séptima aniversario de nuestras resistencia y luchas de lo ocurrido el día 4 de agosto del 2019 en donde fuimos sujetos de agresiones, hostigamiento e intimidaciones en nuestra comunidad de Agua clara, Municipio de Salto de Agua, Chiapas. por ser un pueblo originario, defensores de los derechos humanos, guardianes de la vida. Hoy decimos no al olvido, si a la resistencia y lucha aca seguimos y seguiremos,
Como Congreso Nacional Indígena en Chiapas denunciamos públicamente la represión a nuestros pueblos y comunidades. La hidra capitalista con la complicidad de los tres niveles de los malos gobiernos municipal, estatal y federal continúa con el despojo de nuestros territorios.
Los hechos del día 12 de febrero de 2026 realizada por Guardia Estatal, la Policía Municipal de Chilón, funcionarios del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y del Tribunal Unitario Agrario contra nuestros compañeros del CNI en la comunidad de Jotolá municipio de Chilón ha provocado que 8 familias fueran desplazadas dos de nuestros integrantes detenidos: Francisco Moreno y María de Jesús Sánchez, sus casas fueron destruidas y sus pertenencias robadas.
Nuestros compañeros y compañeras continúan desplazadas, 8 personas tienen órdenes de aprehensión padeciendo situaciones económicas, con enfermedades, sin trabajo, sin vivienda. Francisco Moreno continúa preso en la cárcel de Yajalón, y María de Jesús tiene la medida de firma ante el mal gobierno todos los viernes.
Como CNI denunciamos los hechos que están cometiendo los malos gobiernos contra nuestros hermanos tseltales del CNI que se organizan en el Mercado Público Tradicional Dr. Belisario Domínguez “Samir Flores Soberanes” Zona 10 Patria Nueva, en el municipio de Ocosingo.
Con la complicidad de los malos gobiernos 39 copropietarios, tseltales han venido sufriendo despojo de sus lugares de trabajo, destrucción de locales, construcción de bardas para impedir el acceso a los lugares de trabajo, humillaciones, amenazas, violencia hacia nuestras compañeras, secuestro de compañeros y compañeras incluyendo a niños y niñas, fabricación de delitos ante la fiscalía general de Justicia del estado de Chiapas, hechos que hemos denunciado públicamente.
Le decimos a nuestros demás compañeros y compañeras de luchas que nuestros hermanos del Mercado Público Tradicional Dr. Belisario Domínguez “Samir Flores Soberanes” continúan con la defensa del Territorio y su Autonomía no están en venta al gran capital, así como tampoco se negocian, nuestra existencia y la Resistencia de nuestros Pueblos. Exigimos se detenga este despojo legalizado y cualquier otro tipo de acto contrainsurgente contra nuestros 39 compañeros y compañeras.
Saludos solidarios desde el ENCUENTRO REBELDE en Meuchefitz, Wendland, Alemania
Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional EZLN A los Gobiernos Autónomos Locales, GAL A los Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas, CGAZ A las Asambleas de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas, ACGAZ Al Congreso Nacional Indígena, CNI Al Consejo Indígena y popular de Guerrero – Emiliano Zapata, CIPOG-EZ A los colectivos, grupos, organizaciones y personas que firmaron la Declaración por la Vida A los medios independientes honestos
¡Buenos dias muy estimadas compañeras, compañeroas y compañeros del movimiento zapatista, del CNI y otros movimientos sociales desde abajo y a la izquierda!
Les mandamos muchos saludos solidarios y rebeldes y un pequeño reporte desde nuestro encuentro rebelde:
“ENCUENTRO REBELDE: EL COMÚN SOLIDARIO FRENTE A LA TORMENTA”
La Tormenta ya está aquí, hay ataques a estructuras democráticas por todo el mundo, hay mucha criminalización de antifascistas y otres activistas desde abajo y a la izquierda, las consecuencias catastróficas del cambio climático aumentan cada día… Solo podemos enfrentarlo en común, tenemos que trabajar en solidaridad para ver que vamos a hacer el día después de la Tormenta. Solo juntes podemos sembrar un mejor día después.
Los pueblos originarios, comunidades campesinas, autoridades comunitarias, organizaciones sociales, colectivos y procesos de resistencia que defendemos el territorio convocamos al Encuentro de Resistencias por la Defensa del Territorio, el Agua, la Vida y contra la Minería, que se realizará los días 22 y 23 de agosto de 2026 en el Centro de Formación para la Autonomía Teocentli, en Santa María Coapan, Tehuacán, Puebla.
Vivimos un momento de profunda amenaza para nuestros pueblos. La guerra que hoy enfrentan los pueblos originarios ya no se expresa únicamente mediante la ocupación militar o la violencia armada; también avanza a través del despojo legalizado, la imposición de megaproyectos, la expansión de la minería, los corredores industriales o polos de desarrollo, la privatización del agua, la criminalización de quienes defienden sus territorios y la ruptura del tejido comunitario. Bajo el amparo de tratados comerciales como el T-MEC, los territorios son concebidos como espacios para la extracción de bienes naturales y no como lugares donde habitan pueblos con historia, cultura, memoria y derechos colectivos.
Esta ofensiva busca fragmentar la organización comunitaria, debilitar las asambleas, dividir a los pueblos, mercantilizar la tierra y convertir el agua, los minerales, los bosques y la biodiversidad en mercancías. La violencia contra los defensores del territorio, las desapariciones, el desplazamiento forzado, la presencia del crimen organizado y la creciente militarización forman parte de una misma estrategia que pretende garantizar el control de los territorios para los intereses económicos del capital mundial y trasnacional.
Frente a ello, este encuentro nace de la palabra colectiva construida durante años de resistencia. Es resultado de los foros, asambleas y procesos de articulación impulsados desde Oaxaca, Puebla y otras regiones del país para enfrentar el avance del extractivismo y fortalecer la defensa de la vida. Da continuidad al camino iniciado con el Primer Foro en Defensa del Territorio en 2018, seguido por los encuentros en Santiago Chazumba, Zapotitlán Salinas, Reyes Metzontla, Chila de las Flores, San José Chichihualtepec y las diversas asambleas regionales que han permitido construir una agenda común entre los pueblos.
Teatro TRANSMISIÓN EN VIVO Semillero, 21 de agosto de 2026, 18:00 horas: CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Esmeralda Aragón Jorge Vargas Hernán del Riego Eduardo Bernal Grupo de música “Xaolin Wolf” (cumbia japonesa) Comisión Sexta
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Teatro Semillero, 20 de agosto de 2026, 18:00 horas CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Luis de Tavira Marina de Tavira David Gaitan Diego del Río Ofelia Medina Comisión Sexta
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Teatro 20 de agosto 2026, 17:00 horas Obra de teatro “El Común y el día después” (versión multilingüe) CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
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Cine 19 de agosto 2026 CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Semillero:
Dolores Heredia Natalia Beristain Diego del Río Alberto Domínguez Ramos (Kinoki) Salvador Pintor Rodríguez Comisión Sexta
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Danza. 18 de agosto 2026 CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Semillero:
Hugo Molina – Foramen Danza. Susana Ponce – Sentires colectivos en movimiento. Argelia Guerrero – Otra Danza es posible. Comisión Sexta- Ala Comando Palomitas-. No es seguro que participen la Verónica y la Luchi porque, dicen, tienen que practicar porque se presentan en el puy de Jacinto Canek. Claro, algo de dulce de chamoy ayudaría a que se decidieran.
La mañana comenzó imaginando que el capitalismo ya había terminado.
En una cancha del CIDECI-Unitierra, bajo el cielo despejado de San Cristóbal de Las Casas, jóvenes zapatistas comenzaron a ocupar el espacio mientras otras personas observaban alrededor. Algunas permanecían de pie, otras sentadas o de rodillas. A un costado, una fila de milicianas y milicianos miraba en silencio. En el centro aparecieron mantas sostenidas con largos palos de madera.
“Gobierno en común”.
“Reglamento de la comunidad”.
“No al robo”.
“No al maltrato de la mujer”.
“No a la propiedad / Sí al Común”.
“Comunidad que se organiza en común”.
Y una manta mucho mayor que las demás:
“Todas y todos somos sobrevivientes de lo que era el capitalismo, y ahora nos organizamos sin ellos”.
Los cuerpos se arrodillaron, se levantaron, extendieron los brazos, caminaron en distintas direcciones, formaron grupos, se dispersaron y volvieron a encontrarse. En un momento, decenas de brazos ascendieron simultáneamente hasta convertir lo que parecía un conjunto caótico de movimientos en una ola. Después la ola se organizó.
Aquello era un ensayo de teatro. La pregunta que comenzaba a tomar forma sobre la cancha era bastante mayor: ¿cómo se ensaya una sociedad que todavía no existe?
El futuro representado allí tenía reglamentos, asambleas, acuerdos, problemas, cuidados y conflictos. Las mantas hablaban de propiedad, violencia contra las mujeres, robos, niñeces huérfanas, adicciones y formas de gobierno. El día después del capitalismo aparecía lejos de una imagen tersa de la utopía. Había que organizarlo.
Horas más tarde, durante la jornada dedicada al teatro dentro del Semillero Las artes bajo acoso, aquella experiencia atravesaría prácticamente todas las intervenciones. Por la mesa pasaron el Subcomandante Insurgente Moisés, Luis de Tavira, Marina de Tavira, Diego del Río, David Gaytán y Ofelia Medina, mientras desde la Comisión Sexta se acompañaba una conversación que regresaba una y otra vez al mismo problema: qué ocurre cuando el teatro deja de limitarse a imaginar otro mundo y comienza también a ensayar las relaciones necesarias para construirlo.
La obra antes de la obra
El Subcomandante Insurgente Moisés comenzó explicando algo que quienes miramos una obra terminada difícilmente alcanzamos a ver.
“El teatro que nosotros hacemos lo hacemos en común”, dijo.
El proceso comienza cuando coordinadores y coordinadoras de arte y cultura de los doce Caracoles se reúnen alrededor de un tema. Aparecen muchas ideas. Se discuten. Se ordenan. Se elabora un primer borrador de escenas y movimientos. Después llegan actores y actoras provenientes de los Caracoles, y aquello que parecía resuelto vuelve a abrirse.
Las nuevas personas proponen otros movimientos, objetos, formas de representar, palabras y acciones. La obra vuelve a cambiar. Según explicó Moisés, “va saliendo en común la idea de cómo vamos a actuarlo”. Después cada grupo regresa a su Caracol. Practica. Corrige. Entrena. Se comunica con los demás. Y finalmente los doce Caracoles vuelven a reunirse para juntar las partes y continuar ensayando “hasta que sale”.
Moisés utilizó una expresión mucho menos solemne para describir el método con el que comenzaron a hacer teatro: “al romplón”. Órale, a ver qué sale.
La frase, sin embargo, podría engañar. Detrás de ese aparente desorden existe una enorme estructura de coordinación: cientos de personas, distintas regiones, desplazamientos, ensayos locales, comunicación entre grupos, materiales que cada participante diseña y construye, correcciones sucesivas y una idea que debe conseguir reunir todas esas diferencias.
La organización antecede a la escena. Y continúa dentro de ella.
Moisés insistió además en algo decisivo: él tampoco diseña los vestuarios, los objetos o cada movimiento. “Son ellos, son ellas” quienes los crean. Incluso cuando le preguntaron cómo llamar a su propia función, la palabra director pareció quedarle grande o quizá demasiado vertical. Entre bromas apareció otra posibilidad: “pensamiento rector”. Su tarea, explicó, consiste sobre todo en coordinar tiempos, reuniones y grupos. “Lo que hacen son ellos, son ellas”.
En esa maquinaria colectiva se construyeron también las dos partes de un mismo problema teatral. “El tema es uno solo, pero va en dos”, explicó Moisés. Primero, el Común. Después, el día después, cuando “ya no hay el sistema capitalista”. El teatro zapatista comienza entonces por una pregunta política y organiza cuerpos para hacerla visible.
Del “romplón” a la técnica
La presencia de Luis de Tavira aquella mañana introdujo otra capa en el proceso.
Moisés contó que el maestro les había compartido “método, forma, técnica”: cómo evitar que el actor permaneciera como una estatua, cómo expresarse, cómo hacer que una acción resultara legible para quien mira. Aquellas herramientas fueron recibidas desde un lugar muy concreto: las comunidades ya tenían claro qué querían decir.
“Lo único que sabemos es vamos a mostrar de lo que pensamos, de lo que creemos”, explicó.
Ahí ocurrió uno de los encuentros más fértiles de toda la jornada. De un lado, décadas de oficio teatral. Del otro, una práctica comunitaria construida sin escuela formal de actuación y sostenida por cientos de jóvenes de distintas comunidades. La técnica circuló sin desplazar el proceso colectivo que ya existía.
Por la noche, Tavira todavía parecía atravesado por aquella experiencia. Agradeció varias veces antes de poder comenzar su reflexión y reconoció estar profundamente conmovido por el trabajo compartido. Habló de alrededor de 240 participantes en la obra que acababa de ver y recordó otra experiencia anterior de teatro zapatista en la que había encontrado cerca de 500 personas en escena. Más que el número, le impresionaba la posibilidad de realizar un teatro multitudinario sostenido al mismo tiempo por exigencia y búsqueda artística.
La relación entre aprender y enseñar se había desacomodado.
De hecho, desde la apertura de la mesa se habló de una “reunión conspirativa de teatristas” ocurrida en otro rincón del CIDECI, donde los papeles de maestro y aprendiz habían cambiado continuamente.
Quizá eso explique una de las cosas más interesantes de lo sucedido aquella mañana: nadie salió intacto del ensayo.
Pensar haciendo
Luis de Tavira recuperó una inquietud que había aparecido durante sus conversaciones con Moisés. Pensar resulta necesario. Hacer también. Para Tavira, el teatro ocurre precisamente en esa relación: es fruto del pensamiento y, al mismo tiempo, realización del pensamiento. Allí apareció el problema que atravesaría buena parte de la noche. La ficción puede imaginar un mundo distinto. El reto es la realidad. Moisés había formulado esa inquietud durante los intercambios previos: está bien imaginarlo, pero ¿cómo pasa aquello que se representa a la vida?
Tavira respondió viajando hacia uno de los orígenes occidentales del teatro. Recordó cómo la tragedia griega imaginó una salida del ciclo interminable de la venganza, sangre que llama a más sangre, mediante otra posibilidad de organización colectiva. Su argumento llevaba hacia una afirmación deliberadamente fuerte: el teatro ha intervenido históricamente en las formas mediante las cuales las sociedades se imaginan a sí mismas.
“El teatro cambia la historia”, sostuvo.
La afirmación adquiere otro sentido frente a una obra que imagina sobrevivientes organizándose después de la catástrofe capitalista. Para Tavira, el teatro es también un mirador: un lugar desde donde observar la vida a través de cuerpos presentes. La historia cuenta aquello que ocurrió alguna vez; el teatro puede interrogar aquello que sigue ocurriendo.
Y de ahí llegó a una formulación que desplaza radicalmente la centralidad de la propia obra: “La verdadera obra de arte es la sociedad”.
El escenario importa porque puede hacer visible algo que todavía carece de forma completa en la realidad. El futuro aparece entonces como acontecimiento abierto. “La esperanza no es optimista”, dijo Tavira. Es una “espera atenta a que suceda lo que aún no se sabe”.
Juntar las diferencias
Entre la intervención de Luis y la de Marina, el Capitán Marcos regresó a lo que había observado en los ensayos zapatistas. Lo que veía, contó, inicialmente parecía un desmadre. Grupos separados. Cada uno trabajando por su lado. Personas corrigiéndose entre ellas. Ninguna figura central recorriendo el espacio para dictar cada movimiento. Aquello le resultaba particularmente extraño desde una formación militar donde existen mando y obediencia.
Los jóvenes y jóvenas que hacían teatro, señaló, habían crecido en asambleas y reuniones comunitarias. Esa experiencia reaparecía cuando creaban: cada grupo se dirigía a sí mismo y posteriormente las partes conseguían encontrarse. “No hay una voz que se imponga o que mande”.
Marcos recordó haber sentido la misma incertidumbre viendo anteriormente los ensayos de Bichos. No alcanzaba a comprender cómo tantos fragmentos independientes podrían convertirse en una obra. Hasta que la vio completa. Entonces aquello disperso encontró una forma común. Para él, la potencia estaba justamente allí: “haber logrado esa construcción de diferencias en un colectivo, eso es un arte”. Quizá el teatro zapatista estaba mostrando algo antes incluso de comenzar la representación. La obra podía hablar del Común porque su propia construcción obligaba a practicarlo.
Una trinchera contra lo intolerable
Marina de Tavira había llegado con un texto preparado. Casi desde el inicio confesó que después de lo vivido esa mañana ya no sabía muy bien cómo leerlo. Lo había escrito desde cierto desconsuelo. Después de convivir, ensayar y mirar las funciones de los jóvenes zapatistas, la sensación era otra: alegría.
Lo que encontró en aquella escena fue una forma de presencia y colectividad que confrontaba algunas de las cosas que el teatro profesional suele proclamar y que, a veces, consigue practicar con mucha mayor dificultad. Su reflexión regresó después a una convicción que la acompaña desde hace décadas: hacer teatro como trinchera contra lo intolerable.
Lo intolerable aparece cuando la crueldad comienza a normalizarse. Cuando una imagen de guerra sucede a otra. Cuando un cuerpo desaparecido se transforma en cifra. Cuando la violencia pierde la capacidad de producir conmoción.
El teatro puede trabajar justamente contra esa anestesia. Poner un cuerpo frente a otro. Sostener la mirada. Volver difícil apartarse. Permitir que aquello que sucede a otra persona vuelva a afectarnos. Pero Marina llevó esa pregunta también hacia quienes hacemos arte y hacia las posiciones desde las cuales intentamos acompañar las luchas. Recordó una frase que durante años había utilizado para explicar su trabajo: quería hacer teatro para “dar voz a quienes no la tienen”.
Y entonces la corrigió.
“Hago teatro para cambiarme a mí”, dijo. Aquellas personas a quienes quería dar voz “tienen voz y muy potente”. La tarea puede consistir en contribuir a que esa voz reverbere, comenzando por transformar la propia conciencia. La diferencia es profunda.
El arte deja de colocarse frente a otras personas como instrumento encargado de representarlas y comienza a preguntarse qué debe cambiar en quien mira, escucha, acompaña o crea.
Hacia el final de su intervención, Marina vinculó esa reflexión con las madres buscadoras y con el país atravesado por desapariciones. La palabra teatral puede convertirse entonces en lamento público, denuncia, memoria y abrazo.
La escena adquiere sentido cuando abre espacio para escuchar una voz que ya existe.
Acompañar sin borrar
Diego del Río comenzó prácticamente donde Marina había terminado. Él y David Gaytán habían participado durante la mañana en una parte del ensayo con los jóvenes zapatistas. Diego reconoció que la experiencia de actuar junto a ellos, aunque hubiera sido durante unos minutos, había modificado su propia percepción del presente.
Habían formado parte de la ola. Por un instante tuvieron que coordinar sus cuerpos con muchos otros cuerpos. Sentir cuándo moverse. Cuándo detenerse. Cuándo seguir el impulso colectivo. Y cómo formar parte de una acción mayor sin desaparecer dentro de ella. Esta relación reapareció después en una frase proveniente de otra experiencia teatral de Diego: “Acompañar un cuerpo no significa borrar su autonomía”.
La frase podía escucharse de muchas maneras dentro de aquella mesa.
En el teatro, dirigir puede significar acompañar una búsqueda y dejar espacio para que quien actúa produzca algo irreductiblemente propio. En una comunidad, el colectivo puede adquirir forma sin cancelar la singularidad. En una relación de solidaridad, acompañar puede exigir abandonar la pretensión de conducir aquello que pertenece a otros.
Diego habló también de los rituales teatrales. Entrar. Preparar la atención. Respirar. Cerrar una función. Guardar el vestuario. Despedirse del espacio.
El teatro necesita esos umbrales porque trabaja con presencias. Algo comienza cuando varios cuerpos acuerdan prestar atención a una misma cosa y algo termina cuando esa energía vuelve a dispersarse.
Aquella mañana, la cancha había funcionado precisamente así. Sin telón ni butacas. Sin una separación estable entre escenario y mundo. El espacio se convirtió temporalmente en otra cosa porque cientos de personas acordaron habitarlo como teatro.
El placer de organizarse
David Gaytán volvió de manera todavía más explícita a aquella experiencia.
Hablar de teatro bajo acoso, dijo, exige regresar de vez en cuando a una pregunta elemental: ¿por qué hacer teatro?
La profesión ofrece abundantes motivos materiales para abandonar: precariedad, escaso reconocimiento, exposición permanente, una relación absurda entre el tiempo invertido y la recompensa económica. Su respuesta fue pensar el teatro como servicio social. Y, a partir de ahí, hablar del placer. El placer de una idea. El placer del cuerpo expresándose. El placer de moverse junto a otras personas. El placer de coordinarse. El placer de organizarse.
Cuando describió la mañana, las fotografías parecían adquirir movimiento otra vez.
David recordó “el placer de ser una ola en estado de caos para después ser un mar de cuerpos organizados” que revienta cuatro veces al unísono. También recordó algo aparentemente insignificante: discutir dónde y de qué tamaño debían hacerse los agujeros de las mantas para que el viento no impidiera leer las frases.
Ahí estaba el teatro. En la consigna y en el cuerpo. En la tela y en el viento. En la decisión colectiva sobre cómo lograr que una palabra siguiera siendo visible. David formuló entonces una de las ideas que mejor explican lo que había ocurrido durante el día: “Hacer una obra de teatro es la posibilidad de ensayar la convivencia”.
Ensayar deja de significar únicamente repetir una escena hasta ejecutarla correctamente. Ensayar es probar relaciones. Distribuir responsabilidades. Escuchar desacuerdos. Resolver errores. Aceptar liderazgos temporales. Corregir una decisión. Empezar otra vez.
Desde esa perspectiva, la frase que aparecía por la mañana “Reglamento de la comunidad” encuentra una densidad diferente. El día después necesita reglas porque la convivencia también debe ensayarse. Otra manta decía “Asamblea”. Otra, “Gobierno en común”. El futuro se construía allí como verbo. Hacia el cierre, David condensó su intervención en varias frases: “Hay que hacer obras que sean oxígeno”. Hay que provocar y agitar la verdad. Y, sobre todo: “Hay que organizarnos”.
El gozo de hacer algo que nos rebasa
Ofelia Medina tomó la palabra al final. Su intervención recorrió buena parte de su vida entre arte, teatro, danza y organización política. Recordó la formación artística pública de su infancia, el movimiento estudiantil de 1968, años de trabajo con pueblos indígenas, el levantamiento zapatista y las redes de artistas y sociedad civil que comenzaron a organizarse después de enero de 1994. Pero todo aquel recorrido desembocó en una afirmación muy sencilla: “Ser comunidad, ser en común y actuar en colectivo. Eso es el futuro”.
Ofelia volvió entonces a lo que Moisés había explicado al comienzo. Antes de hacer una obra, la gente se pregunta qué está haciendo y para qué. Después decide de qué tratará. Después crea.
La práctica artística en común comparte así algo con otras formas de organización comunitaria: comienza por producir acuerdos alrededor de una necesidad o un deseo. Frente a una idea de arte organizada alrededor del individuo excepcional, la firma, el éxito y el mercado, Ofelia defendió otra experiencia: crear con otros, discutir, pelearse incluso, resolver y continuar. Al final regresó a una palabra que había atravesado también las jornadas anteriores: gozo.
“El teatro es un ritual”, dijo. Cuando pierde esa dimensión corre el riesgo de convertirse simplemente en una parte más del comercio. Y luego: “El gozo colectivo es lo que aquí se produce”.
La afirmación adquirió inmediatamente una dimensión política. Ofelia habló del hostigamiento actual, de la violencia que atraviesa el país y del encuentro que el zapatismo ha planteado con colectivos de madres, buscadoras y buscadores. Ese encuentro forma parte de los objetivos anunciados por la Comisión Sexta para su viaje a la Ciudad de México: escucharles, convertirse en eco de sus demandas y entregarles el abrazo colectivo de los pueblos zapatistas.
El gozo del que se hablaba esa noche estaba lejos de la evasión. Era la posibilidad de seguir produciendo comunidad en un mundo que trabaja constantemente para romperla.
Ensayar el día después
Por la mañana, una manta había afirmado algo imposible de verificar todavía: “Todas y todos somos sobrevivientes de lo que era el capitalismo, y ahora nos organizamos sin ellos”. El capitalismo estaba escrito en pasado. Alrededor, cientos de jóvenes comenzaban a resolver el futuro con sus cuerpos. Había asamblea. Cuidados. Problemas. Autogobierno. Violencias que debían enfrentarse. Una discusión sobre la propiedad. Personas que necesitaban ponerse de acuerdo. Aquello que aparecía en la cancha podía entenderse como una ficción. Y justamente por eso podía funcionar como ensayo. La ficción permite colocar un cuerpo dentro de una pregunta antes de que exista la respuesta.
Moisés había explicado que así se construyen también sus obras: aparece una idea, se discute, se prueba, viaja a los Caracoles, recibe nuevas aportaciones, se corrige, regresa, vuelve a ensayarse. El día después parecía seguir el mismo método.
Tavira lo pensó como una posibilidad todavía desconocida.
Marina encontró allí una forma de presencia capaz de transformar primero a quien participa.
Diego habló de acompañar cuerpos conservando su autonomía.
David sintió una ola caótica convertirse en un mar organizado.
Ofelia nombró el gozo de producir algo colectivamente.
Y el Capitán Marcos observó algo quizá más difícil de advertir desde lejos: una obra hecha por grupos que parecían dispersos podía adquirir forma sin que una sola voz necesitara imponerse sobre todas las demás.
La escena de aquella mañana contenía entonces algo más que una representación del futuro. Era una práctica del presente. Se corregían. Volvían a empezar y esta vez todos juntos.
Quizá el día después se parezca menos a una imagen terminada que a ese ensayo. Una comunidad preguntándose cómo quiere vivir. Probando y equivocándose. Corrigiendo. Discutiendo y volviendo a organizarse.
Luis de Tavira había dicho unas horas después que la esperanza consiste en esperar atentamente aquello que todavía no sabemos.
En la cancha, mientras los cuerpos se movían debajo de una manta donde el capitalismo ya pertenecía al pasado, esa espera había dejado de ser inmóvil.
Teatro TRANSMISIÓN EN VIVO 20 de agosto 2026, 17:00 horas Obra de teatro “El Común y el día después” (versión multilingüe) CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Semillero, 18:00 horas:
Luis de Tavira Marina de Tavira David Gaitan Diego del Río Comisión Sexta
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Teatro 20 de agosto 2026, 17:00 horas Obra de teatro “El Común y el día después” (versión multilingüe) CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
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Cine 19 de agosto 2026 CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Semillero:
Dolores Heredia Natalia Beristain Diego del Río Alberto Domínguez Ramos (Kinoki) Salvador Pintor Rodríguez Comisión Sexta
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Danza. 18 de agosto 2026 CIDECI. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Semillero:
Hugo Molina – Foramen Danza. Susana Ponce – Sentires colectivos en movimiento. Argelia Guerrero – Otra Danza es posible. Comisión Sexta- Ala Comando Palomitas-. No es seguro que participen la Verónica y la Luchi porque, dicen, tienen que practicar porque se presentan en el puy de Jacinto Canek. Claro, algo de dulce de chamoy ayudaría a que se decidieran.