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Movement for Peace with Justice and Dignity

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Radio Zapatista

(Español) María Herrera en acto de Memoria a 9 años de la desaparición de sus 4 hijos .

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María Herrera acompañada por familiares y amigos llevo a cabo en la estela de Paz un “Acto de Memoria” para recordar  a sus 4 hijos desaparecidos.

En agosto de 2008, dos de los siete hijos de María Elena Herrera: Raúl, de 23 años y Salvador de 27, desaparecen  camino  a su casa en  Pajacuarán Michoacán tras regresar de un viaje de trabajo;  dos años después, en Septiembre del 2010 , Gustavo de 28 años y Luis Armando de 25, también son desaparecidos en los límites de  Puebla y Veracruz.

A 9 años de la desaparición de sus dos primeros hijos ,  María Herrera exige a Peña Nieto una respuesta y le envía un mensaje :

“ Peña Nieto,  no es justo lo que estamos viviendo … No es justo lo que nos estás haciendo… Sí ya se agotaron todos los recursos que yo podría agotar para buscar a mis hijos, que se dé por vencido y me diga  ¡¡que no pudo…que no podrá!! , para poder pasarme a instancias internacionales  y pedir está  ayuda que necesito,  para que me ayuden a buscar a mis hijos…”

CDMX  28 /8/2017

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Javier Sicilia

Javier Sicilia – LOS NUEVOS ODRES

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(Texto escrito para el II Seminario Internacional de Reflexión y Análisis, Cideci/Unitierra, Chiapas)

Los nuevos odres

Javier Sicilia

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

Mt. 9 17.

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi étnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisitémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupy y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos clarosocuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4] una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.


[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus 45, Jus, 2004, pp.80-84.

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich, Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

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Red Vs la Represión

(Español) Pronunciamiento de la RvsR por el asesinato de don Trinidad de la Cruz y contra la Guerra a Ostula

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La noticia del asesinato de don Trinidad de la Cruz nos ha provocado indignación. Este asesinato se suma a la de otros compañeros de Santa María Ostula:

  • Diego Ramírez Domínguez
  • Simón Pineda Verdía
  • Simón Pineda, hijo
  • Quintín Regis Valdez
  • Erick Nemesio Domínguez
  • Froylán Medina Álvarez
  • Demetrio Olivero Álvarez
  • Humberto Santos Valladares
  • Venancio Ramírez Cirino
  • Manuel Flores Álvarez
  • Miguel Ángel Flores Álvarez
  • José Martínez Ramos
  • Horacio Martínez Ramos
  • Ernesto Nicolás López
  • Pedro Nazario Domínguez
  • Pedro Guzmán
  • Isidro Mora Domínguez
  • Feliciano Cirino Domínguez
  • Fortino Verdía Gómez (quemado y después asesinado)
  • Jonathan Verdía Gómez (quemado y después asesinado)
  • Francisco Verdía Macías
  • Ambrosio Verdía Macías
  • Nicolás de la Cruz
  • Nicolás de la Cruz, hijo
  • Juan Faustino Nemesio
  • Pedro Leyva

Además de las desapariciones de Gerardo Vera Orcino, Javier Martínez Robles, Francisco de Asís Manuel, Máximo Magno Valladares y Enrique Domínguez Macías, de 17 años de edad.

Tantos asesinatos, en apariencia, parecen no importar a las autoridades estatales de Michoacán o a las federales; pero es una falsa impresión  ya que los promueven, los provocan y los mantienen impunes., y, por lo tanto, hay un sincero interés en continuar perpetrando crímenes contra este pueblo nahua.

Las razones son claras: detener los procesos de autonomía de la región, sin las plagas electoreras promovidas por el IFE, sin los intereses de ningún partido político (opuestos a los de cualquier ciudadano de este país), sin la rapiña gubernamental y sin la explotación del crimen organizado. Ahí está la feliz comunión entre las organizaciones criminales y los gobiernos locales y las instancias federales, enemigos del trabajo honesto, de la madurez política de los ciudadanos y de la libertad, y tan amigos de la ambición, la corrupción y el poder paternalista que somete.

El asesinato de don Trinidad ha demostrado esta complicidad ya conocida. Horas después de su desaparición forzada, se difundió la denuncia firmada por la Campaña: Alto a la Guerra contra Ostula, y por organizaciones e individuos solidarios con Santa María Ostula. Esta denuncia nos narra cómo, sospechosamente, el vehículo de la Policía Federal Preventiva, que escoltaba a los integrantes de las Brigada de Observación a Ostula, se separó momentos antes de las agresiones contra los brigadistas y de la desaparición de don Trinidad. En la denuncia se identifica a tres de los agresores: Prisciliano Corona Sánchez, El Chalano, Iturbide Alejo, El Turbinas, y Margarita Pérez, La Usurpadora. Estos tres criminales, el 14 de noviembre de 2011, fueron los mismos que golpearon y amenazaron de muerte públicamente  a don Trinidad. Las autoridades, con esta información, no hicieron nada. Con el asesinato de don Trinidad, la PGJE inició la averiguación previa 215/2011-U, en el que no se tiene el nombre de ningún sospechoso. La impunidad está presente. Autoridades y criminales son aliados.

Llamamos a manifestarnos contra este brutal asesinato, contra la Guerra que el gobierno federal, estatal de Michoacán y el crimen organizado ejecuta contra el pueblo de Santa María de Ostula; llamamos a presionar por la justicia, incluso, a que nosotros mismos investiguemos todos estos hechos que la mismas autoridades no les conviene realizar, ya que ellas mismas son cómplices, ydenunciémoslas públicamente; organicémonos contra la represión.

ALTO A LA GUERRA CONTRA OSTULA

Contra el despojo y la represión…

la solidaridad.

Red Contra la Represión y por la Solidaridad

RvsR

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Radio Zapatista

The appalling murder of Nepomuceno Moreno Muñoz, member of MPJD

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Este país se desangra en una guerra absurda.

El 15 de Septiembre de 2011 llegò a San Cristóbal de las Casas, Chiapas, la caravana al sur del movimiento por la paz con justicia y dignidad.

En esta marcha venían muchas voces de dolor, pero tambièn de coraje y valentìa. Una de ellas, la de Nepomuceno Moreno Muñoz, un padre de Sonora que perdió a su hijo junto con otros 4 muchachos a manos de policìas municipales en Julio de 2010 y que desde entonces no ceso ni un instante de pedir justicia, de luchar contra la impunidad y la ignominia que cubren este paìs.

Hoy Nepomuceno está muerto porque fue asesinado, pero su voz, su determinaciòn y su ejemplo nos siguen acompañando.

(Descarga aquí)  

(Continuar leyendo…)

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Solidarity requested following the murder of Nepomuceno Moreno of the MPJD

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Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Movement for Peace with Justice and Dignity demands guarantees for life in the community of San Patricio, Chiapas

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México D.F., 28 de septiembre de 2011.- Del 9 al 19 de septiembre pasado la Caravana al Sur del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad realizó un recorrido por diversos estados del sur y sureste de México. Durante el tiempo que estuvimos en el estado de Chiapas y hasta hoy, hemos sido informados de las amenazas y agresiones que padecen las bases de apoyo zapatistas de la comunidad de San Patricio, municipio autónomo zapatista La Dignidad, correspondiente al municipio oficial de Sabanilla.

Es indignante ver cómo las autoridades, incluyendo al gobernador del estado de Chiapas, Juan Sabines, y autoridades federales, asientan una disparidad entre su discurso y las acciones que le acompañan, se promueven como defensores de los derechos humanos, y en los hechos los vulneran.

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad signa la acción urgente enviada por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, y exige a las autoridades del gobierno federal y del gobierno del estado de Chiapas que se garantice de forma inmediata la vida e integridad de todos los integrantes de las bases de apoyo del EZLN de la comunidad autónoma San Patricio, debido al incremento de agresiones con armas de fuego, amenazas y el hostigamiento en su contra.

Además, que se garantice el acceso y el respeto a las tierras de las bases de apoyo zapatistas del poblado San Patricio.

Por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Javier Sicilia

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CENCOS

Caravan to the South Day 9: Delineating the Gulf

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Coatzacoalcos, Veracruz, 17 de septiembre de 2011 (Cencos).- Nos recibieron en la Plaza de la República, a un lado del palacio municipal de Villahermosa, Tabasco. Llegamos tarde y los contingentes, impacientes, esperaban bajo los sofocantes rayos del sol. Las gotas evaporadas de lluvia, mar y ríos penetraron nuestros poros en el momento en que descendimos del autobús. Los vendedores de agua fresca y pozol se rebosaron de caravaneros sedientos al instante, así como las fuentes de la plaza que nos refrescaron la mañana.

“Codo a codo somos más que dos” dice Mario Benedetti en su poema Te quiero, y lo citó una de las oradoras tabasqueñas en comunión de aquellos para con nosotros: eso es lo que significa la caravana y que se extiende entre el pueblo mexicano.

Son varias las demandas expuestas del pueblo tabasqueño, simples pero irresueltas, como las constantes inundaciones provocadas para las que se preparan año con año, cada vez peores; el desplazamiento de comerciantes y, por tanto, el desempleo; y el paso de migrantes, pues dicho estado es parte de la ruta de La Bestia –el tren que usan de transporte al norte en su paso por México-, por mencionar algunas. Las exposiciones de las violaciones a derechos humanos en este otro sur continuaron y se hizo una clausura simbólica del palacio municipal, por parte de los más afectados, comunidades indígenas, y a la que se sumaron otros contingentes.

Entre consignas y canciones, y luego de pintar la fuente de los Pescadores de rojo, se marchó a la Cámara de Diputados en la Plaza Bicentenario; un grupo de migrantes centroamericanos, coordinados por el reportero gráfico Irineo Mujica -quien ha sido agredido por las autoridades al querer registrar cómo es el camino de ellos-, exigían justicia inmediata, resolución de los casos de desaparecidos, condiciones propicias para el paso de migrantes por el país, entre otras. Las canciones por la paz no se traslapaban, cada una traía su propio ritmo y voz.

Ya fuera de la Cámara se acumuló y apretujo la gente en todos los rincones sombreados y como barco en ese mar llegó el CheBus, el autobús número 14 de la Caravana con amplias lonas repletas de mensajes de paz y por su escalera lateral subieron las víctimas, esa que cuentan sus historias para que México despierte y “nunca les pase a ninguno de ustedes”.

Arturo Romero, tabasqueño secuestrado comenzó diciendo que ya no recuerda cuando fue que todo sucedió porque se propuso olvidarlo y lo logró, en las manos traía un engrane de material barroso y en metáforas lo asemejó a cada integrante del movimiento: débil, frágil, pero parte de un todo que avanza constante hacia la paz.

Es difícil perder a un hijo, un padre, un hermano desaparecido o asesinado y aún tener ánimo para levantar la voz, dijo Gabino Gómez, defensor de derechos humanos en Chihuahua y compañero de lucha de Marisela Escobedo, asesinada en la capital de su Estado. Esta vez, Gabino tomó la voz con que Ema Veleta no puede sacudirnos por su dolor. Ella perdió a todos los hombres de su familia un día del padre.

Las víctimas son esa voz donde el silencio del miedo devora todo, son esa base para recomenzar la nación y así, con esa palabra, doña Mari Herrera condujo la marcha de nuestro siguiente puerto: Coatzacoalcos.

Tocamos tierras veracruzanas cuando se estaba yendo la tarde en el Puerto de Coatzacoalcos, el vapor lo rodeó todo, la música, el andar, las consignas. Sonaron el claxon los automovilistas y la gente se asomó por las ventanas para saludar nuestro paso. Sus habitantes saben que aquí también urge la paz.

Veracruz es un estado que arrastra deudas históricas con su sociedad, y que ahora enfrenta el recrudecimiento de la violencia de la guerra contra el narcotráfico, son cada vez más frecuentes los ataques contra la población civil, las amenazas y los enfrentamientos. Quizá por eso se escuchó muy fuerte el mensaje a la unión, a no dejarnos solos, a hacer a un lado las diferencias y a enfrentar juntos los tiempos oscuros que atravesamos.

Mientras esto ocurría en el templete, en la pequeña plaza se preparaba un globo de cantoya para echar al vuelo, se ponía una ofrenda a las víctimas de la violencia con veladoras y palomas de papel que colgaban de las ramas de un árbol y niñas y niños dejaron mensajes de paz en
mantas.

Para despedirnos esta noche de la parte sur vercruzana los jaraneros nos reglaron dos sones jarochos para bailar, con eso bastó para que la caravana zapateara aún con los pies cansados que llegarán a la ciudad de Jalapa.

Entrevista: 10 años migrando

Oudi es de Honduras, tiene 26 años y desde los 16 comenzó su búsqueda de oportunidades, junto a unas 300 o 400 personas que salen diariamente de ese país, según su estimado. Allá no hay empleo y entonces Oudi se pregunta “¿para qué estudiar si después no hay trabajo?” Además, el narcotráfico controla las calles, si no formas parte de ellos te agreden y discriminan entre el mismo pueblo.

En su primer intento por cruzar la frontera de Estados Unidos, después de un viaje de al menos 16 días a través de México, fue deportado. Regresó dos años después para lograr su cometido y se instaló en Florida, Estados Unidos, donde trabajó en algunas construcciones e, incluso, formó una familia, aunque su plan era quedarse únicamente por tres años.

Vivió allá por ocho años, ahora tiene dos hijos: el pequeño de dos años y el bebe de cuatro meses, a éste último no lo conoce, pues hace ocho meses, mientras su mujer aún estaba embarazada, fue deportado. Iba corriendo cuando lo detuvieron arbitrariamente, le pidieron papeles y se lo llevaron por no contar con ellos, hasta cinco días después pudo notificar a su esposa y fue deportado.

Desde entonces, ha intentado regresar, pues quiere ver a sus hijos pero no lo ha logrado, con esta lleva ya 4 deportaciones y a la siguiente podría ser encarcelado. Otra vez se encamina al norte y expresa “voy con miedo pero digo: que Dios me bendiga”.

Centro Nacional de Comunicación Social

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CENCOS

Caravan for Peace Day 8: Accounts pending with indigenous peoples

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Palenque, Chiapas, 17 de Septiembre de 2011 (Cencos).- En su octavo día de andar, la Caravana de la Paz entró en marcha a la ciudad de Ocosingo, cabecera del municipio más grande del estado chiapaneco. Nos reunimos a las afueras del Mercado Público que aún conserva los agujeros de las balas intercambiadas entre el Ejército mexicano y las y los combatientes zapatistas en la Batalla de Ocosingo del 2 de enero de 1994, ahí recordamos a los que cayeron.

Ya en el templete, las organizaciones locales compartieron a sus visitantes las historias de las violencias que enfrentan las comunidades indígenas de organización autónoma; zapatistas o no, ellas resisten activamente una guerra de baja intensidad plagada de violaciones a derechos humanos como asesinatos, desapariciones forzadas y el paramilitarismo, también resisten a las estrategia de contrainsurgencia gubernamental que se disfraza con rostro de programas sociales que traen pocos o nulos beneficios a las comunidades.

Estas políticas han deteriorado el tejido social comunitario pasando por encima de la vida en todas sus formas, pues se prioriza la ganancia y el valor del dinero. A las comunidades se les castiga con la pobreza y por la defensa de la tierra y la naturaleza, por Montes Azules, por el cese de la explotación a cielo abierto de la mina de Chicomuselo, también contra las altas tarifas en el cobro de la energía eléctrica entre una larga lista de agravios.

Ahí en Ocosingo, el padre Alejandro Solalinde, que ha acompañado este andar recordó como aquel primero de enero de 1994 los pueblos mayas sacudieron a México, y llevó el mensaje de la caravana a estos pueblos “soñar con la libertad sin la organización puede convertirse en una pesadilla a largo plazo” por eso, dijo, hay que caminar juntos en estas y en todas las luchas.

Al atardecer partimos hacia Palenque, donde al llegar su gente nos recibió con una marea en calma de llamas que brillaban en la oscuridad, caminamos sobre las calles mojadas para encontrarnos con más personas y más historias. Con las canciones de la iglesia de los pobres entonadas por Fray Tomás González, defensor de derechos humanos que desde el albergue “La 72″ (nombrado así para rememorar el asesinato de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas en agosto de 2010) ha sido amenazado por brindar a las y los migrantes un poco de lo que el sistema económico les ha negado.

Hoy pernoctamos en su parroquia para mañana pisar tierra tabasqueñas.

Caravana de caravanas. La paz son los caminos

Esta es una caravana que lleva muchas otras caravanas, una de ellas la que partió para dar un saludo a las comunidades zapatistas en resistencia en el caracol de Oventic. La otra, la noche anterior, es la que acudió a Acteal para acompañar y escuchar a las víctimas de una de las mayores masacres hacia los pueblos indígenas desde que la guerra inició en Chiapas en 1994.

Oventic, el tiempo en resistencia

A las siete y media de la mañana desde San Cristóbal partieron un camión y una decena de coches por el camino a San Juan Chamula, hacia San Andrés Larrainzar y finalmente a estas pictóricas fachadas a la entrada del territorio liberado anunciando la rebeldía, pero sobre todo la autonomía.

La expectativa era altas, pero el sol infatigable en vez de la neblina de las montañas del sureste ya daba una pista de que al subir a Oventic las decisiones no estarían en manos de los caravaneros.

Cerca de un centenar de caravaneros, caravaneras y periodistas se agolparon a la espera de pasar, pero sólo entró una comitiva con Javier Sicilia, Julian LeBarón, Teresa Carmona, Melchor Flores, Guadalupe Muñoz y algunos invitados como Miguel Concha Malo y representantes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

El encuentro se dio con la Junta de Buen Gobierno de Oventic que por una hora escuchó las historias de 35 familias de víctimas de asesinato y desaparición forzada. “Bienvenidos a esta casa que es de todos, no solo de los zapatistas. Les damos la bienvenida, somos la Junta de Buen Gobierno y queremos escucharlos. Nosotros no hablaremos, sólo oiremos”, dijo uno de los 6 zapatistas que recibieron a la comisión en una pequeña oficina de madera.

“Gracias por venir desde lejos, por venir hasta acá, por hacer un esfuerzo y llegar con nosotros”, dijo una de las tres mujeres que integran la Junta.

Ya afuera, luego de la espera y de ver del otro lado de la cerca la vida cotidiana en el caracol, por fin la comitiva salió y Javier Sicilia resumió el encuentro como este “saludo” que el Movimiento le debía en persona a los zapatistas luego de aquella marcha que 15 mil de ellos hicieron el pasado 7 de mayo de San Cristóbal de las Casas en apoyo a la movilización del poeta del 8 de mayo en el zócalo de la Capital.

La lección a aprender de ellos, dijo sin ironía, es que en las comunidades zapatistas no corres peligro y en el resto del país sí. De la Junta de Buen Gobierno ya no salió palabra alguna, sólo ofrecieron su atenta escucha para las víctimas de esta guerra en que ellos desde hace mucho tiempo ya luchan.

Acteal: la no violencia del zapatismo

“El día 22 de diciembre de 1997 mientras se encontraban orando y ayunando por la paz, fueron masacradas en este lugar 49 personas por paramilitares entrenados, dirigidos y protegidos por el Estado este año de 2009 excarcelados y absueltos por el Estado a través de la llamada Suprema Corte de la Justicia de la Nación”, así se está recordando ese quebrantado día a la entrada de la Caravana a Acteal, Chenalhó, Chiapas en la Comunidad de Las Abejas.

Después de subir un espiral de caminos revoltosos, árboles, cerros, tormenta y nubes de tonalidades distintas durante 3 horas, llegamos al municipio y nos sumergimos en la selva aún más; las escaleras para adentrarnos comenzaban a nivel del suelo en que llegábamos y de ahí para abajo, al corazón de la tierra.

La espera era decepcionante, entonces, se hicieron algunos actos mientras llegaba la Caravana, incluso la lluvia torrencial se hizo presente sin pretensiones siquiera de acallar el grito y ésta, aunque escandalosa, no saboteó en ningún momento la noche; era parte del escenario para este 15 de septiembre de 2011.

Pronto incrementó la incertidumbre: por un lado, la escasa comunicación con dos camiones de la Caravana que no llegaban y nos mantenían escépticos de su llegada; por el otro, los que no sabíamos tzotzil, minoría en esos momentos previos a la llegada, no comprendíamos las notificaciones. Minutos antes de las 11 de la noche, nos encaminamos para recibirlos a la vialidad, ahí, aún sin seguridad sobre su arribo, esperamos con la música y el silencio, con esa esperanza tan arraigada de los pueblos, cuya trayectoria es de más de 500 años.

Por fin, aproximadamente media hora después, llegaron los camiones de redilas con una parte de la Caravana naufraga, la cual tuvo que sobrepasar deslaves en el camino para cumplir lo planeado con la comunidad; los músicos comenzaron a tocar y la lluvia era imperceptible.

Ya en el auditorio se presentaron con nombre y organización los que conformaban la comisión por parte de la gran caravana, asimismo, se leyó un mensaje en nombre de Javier Sicilia, quien no puedo llegar al evento. Personas de diversos estados del país como Jalisco, Guerrero, Estado de México, Distrito Federal, Chihuahua, Oaxaca, Michoacán y Puebla. Después fue el pronunciamiento de la asociación civil Las Abejas de Acteal, donde 29 mujeres, 15 niños y 5 ancianos fueron asesinados, además de un feto extraído del vientre de su madre. Había un altar para aquellas personas al cual le incluyeron 500 velas -diez por cruz de cada unos de sus muertos- para representar a los 50,000 muertos de Calderón.

El grito fue de hartazgo y de querer ser independientes, de la lucha por la independencia, no de ésta en sí misma. “Seguimos resistiendo y construyendo autonomía, en busca de paz y perdón que no sea impunidad, de la verdad. Organícense” recalcaron. Y sus enseñanzas de lucha fueron, durante el acto, y siguen siendo agradecidas.

Centro Nacional de Comunicación Social

radio
Radio Zapatista

Llega la Caravana del Sur a San Cristóbal de Las Casas

radio
Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Words by Javier Sicilia at Oventic, Chiapas

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Oventic, Chiapas, 16 de septiembre de 2011.- Quiero saludar este encuentro con unos versos que escribieron los zapatistas para celebrar el séptimo aniversario de su alzamiento: (…)/ Resistimos a la muerte que mata matando/ Resistimos a la muerte que mata olvidando/ Resistimos a la muerte/ Vivimos/ Aquí estamos/ Así está mandado por nuestros más primeros:/ Que el 7 se abra a nuestro latido/ Que eco se haga/ Y puente/ Y camino/ Y lugar/ Y casa/ Para que viva el corazón primero de esta patria/ Para que nunca más el silencio sea cómplice del crimen/ Para que la palabra no se pierda entre el ruido/ Para que la soledad sea derrotada y no haya fronteras para el esperanza/ Para que los pies de todos tengan el paso digno/ Para que nadie quede sin lugar para sembrar la memoria/ Para que todos puedan entrar y salir y las paredes no sean cárceles sino cobijo/ Para que este país llamado México nunca vuelva olvidar a quienes por ellos y con ellos es/ Para que quien antes estuvo fuera y perseguido dentro se esté y con todos y devuelva la memoria/ (…)/ El tiempo marca ya el tiempo de los más pequeños/ (…)”. Por la memoria de nuestros muertos que viven cuando resistimos al olvido, hagamos un minuto de silencio.

Hermanos y hermanas zapatistas, venimos desde hace 5 meses caminando, recorriendo el país, recogiendo dolores, consolando y consolándonos de tantos desprecios, de tantos agravios, gastando el alma y las suelas para encontrarlos y abrazarlos también a ustedes cuyos dolores y agravios son más antiguos que los nuestros.

Hace 17 años ustedes hicieron consciente a la nación de ese desprecio ancestral y al hacerlo, al mostrarlo con el símbolo de los sin rostro, no sólo nos hicieron sentir vergüenza de nuestro olvido, de nuestra deuda histórica con los más primeros de nuestros pobladores, sino que, con una dignidad ejemplar, llenaron de contenidos a una nación que, devorada por la esclavitud de lo económico y la administración institucional de la vida, había perdido de vista su dignidad y, como en otras épocas –en las épocas en que los barbados, los que vinieron del mar, los despojaron de su historia primera– los había dejado morir de enfermedad, de despojo, de hambre y de desprecio. Por desgracia, después de la vergüenza, del entusiasmo por devolverles su historia y aprender de ella, volvimos a olvidarlos. El gobierno traicionó los Acuerdos de San Andrés y nosotros, sin saber bien lo que habíamos mirado y nos habían revelado, volvimos a someternos al juego del Estado, a la corrupción de los gobiernos, a la simulación de una transición democrática que abriría el camino a los intereses globales y a la voracidad del mercado.

La consecuencia de ese olvido, de ese no haber entendido, desgarró aún más el tejido social de la nación, miserabilizó a todos, le cerró el presente a los jóvenes, fomentó el crimen y exaltó la corrupción. En esas condiciones, el gobierno, cuyo partido había enarbolado la bandera de la transición democrática, decidió, en nombre de los intereses globales de los norteamericanos y de su consumo de drogas, desatar una guerra contra el narcotráfico que nos ha costado más de 60 mil muertos, más de 10 mil desaparecidos y más de 120 mil desplazados criminalizados por un Estado que hasta recientes fechas no había querido asumir su responsabilidad. A los agravios ancestrales a los pueblos indios se han sumado ahora los agravios a toda la nación. El norte del país, hermanos y hermanas zapatistas, está balcanizado por el crimen y la corrupción de los gobiernos; el norte y parte del sur del país está destrozado por la muerte, los levantones, los secuestros, las desapariciones forzadas, los feminicidios, los cobros de piso del crimen organizado y por un ejército que, contra su vocación fundamental, ha sido sacado de sus cuarteles y ahora habita en nuestras calles. La herida abierta en la frontera norte del país, en Ciudad Juárez, se ha ido extendiendo por toda la nación como una gangrena que se está llevando a nuestros hijos e hijas y amenaza con devorarlo todo.

Desde hace 5 meses, sin embargo, queridos hermanos y hermanas zapatistas, después del brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco y de sus amigos Julio, Luis y Gabo, nos pusimos a caminar, a mostrar que las “bajas colaterales”, las cifras con las que el gobierno quería enterrar en el olvido a nuestro muertos, tienen nombres, apellidos, familias, que muchos de ellos son inocentes y que todos, no importa que sean criminales –porque no se nace criminal– deben ser visibilizados, mostrados, recuperados en sus historias y en nuestra memoria, que debemos detener esta guerra y hacer una paz con justicia y dignidad donde, como ustedes no han dejado de repetir, se funde “un mundo donde quepan muchos mundos”, donde ningún hijo, hija, padre, madre, hermano o hermana de esta familia humana que habita México sea humillado, violado, asesinado.

Por eso decidimos, sobreponiéndonos a nuestro sufrimiento, caminar, abrazar, besar, dialogar, tocar el corazón y las conciencias de todos, hacer, sin perder la firmeza y la crítica, la paz. Porque creemos, como lo creía Gandhi, que no hay camino para la paz porque la paz es el camino, buscamos con nuestros gestos mostrarla, revelarla, hacerla presente en donde estamos.

Es tiempo, queridos hermanos y hermanas zapatistas, de hacer la paz, y la paz no puede hacerse sin todos y sin escuchar el latido del corazón de la patria, de ese corazón que late al norte, al sur, al este, al oeste, a la izquierda, a la derecha, abajo y arriba, en todas partes en donde un hombre y una mujer de buena voluntad han decidido refundar a la nación y, en el amor que sobrepasa al odio, crear un mundo en el que quepan muchos mundos. Por eso fuimos al norte, por esos nos sentamos a dialogar con todos y por eso venimos hasta aquí a saludar con toda humildad a los más primeros, a los que nos recordaron y nos recuerdan siempre que nada compensa la humillación de un ser humano.

Ciertamente, como alguna vez lo dijo Albert Camus, no podemos crear un mundo en donde ya no se asesine a los inocentes, pero juntos, con todos esas voluntades unidas, podemos hacer un mundo en donde su dolor y su muerte disminuya.

Además, no dejamos de seguir opinando y ahora exigiendo, que deben respetarse los Acuerdos de San Andrés.