Represión a familias buscadoras en Tlalpan: la violencia del Estado contra la memoria
Colectiva Existimos porque resistimos, Morelos
A. Berenice González M.
El 30 de junio de 2026, en el cruce de Calzada de Tlalpan y Ermita, la Ciudad de México volvió a mostrar el rostro más crudo de su historia reciente: el rostro de un Estado que reprime a quienes buscan, que violenta a quienes nombran, que agrede a quienes sostienen la memoria de más de 135 mil personas desaparecidas. Ese día, en ese punto exacto de la ciudad, la violencia institucional dejó de ser discurso y se volvió cuerpo. Se volvió piel. Se volvió respiración cortada.
Desde temprano, las madres y familias buscadoras habían llegado con una intención profundamente humana: visibilizar la crisis de desaparición, recordar que la ausencia no descansa, que la búsqueda es un acto de amor y de supervivencia. La acción era comunitaria, casi tierna en su forma: la cascarita contra el olvido, la pega de fichas de búsqueda, el sonidero que acompaña y abraza, las mantas extendidas con los rostros de quienes faltan. No era una confrontación. Era una jornada para sostener la vida.
Pero en México, incluso la ternura es reprimida.
Comenzaron a llegar policías de la SSC: embozados, sin identificación visible, acompañados por hombres vestidos de civil que actuaban bajo su cobertura. No venían a cuidar. Venían a impedir. Venían a encapsular. Venían a reprimir.
Cuando intentamos desplegar las mantas, esos hombres sin identificación se lanzaron primero. Empujaron, jalonearon, quisieron quitarnos las mantas con los rostros de los desaparecidos como si fueran estorbos. Una persona fue ahorcada por intentar proteger la manta que llevaba consigo. Lo vimos. Y también lo sentimos. Porque a mí, como a todos los acompañantes, madres y familias buscadoras, también me violentaron.
No lo digo desde el protagonismo. Lo digo desde la verdad. Hubo patadas, golpes, manoseos, intento de ahorcamiento. Hubo violencia sexual ejercida directamente por agentes del Estado. Sentimos las manos donde no debían estar, sentimos el peso del cuerpo policial intentando quebrar no solo el bloqueo, sino nuestra dignidad. Sentimos el miedo que tantas madres y familias viven constante por la represión del Estado, ese miedo que se instala en la piel y que no se va aunque una siga caminando.
Varias personas fueron tiradas al piso: madres, acompañantes, periodistas, personas solidarias. Entre ellas cayó Fernando Vargas, padre de Olin Hernando Vargas, mientras intentaba proteger la manta con la fotografía de su hijo un estudiante desaparecido desde 2024. Cayó con la fuerza de quien es empujado no solo por un cuerpo policial, sino por un Estado que insiste en criminalizar la búsqueda.
Y escuché la frase que tantas veces hemos repetido: “No somos delincuentes; somos madres buscadoras. Hacemos lo que no hace el Estado.”
La represión ocurrió horas antes del partido México–Ecuador. Para reprimir, miles de policías. Para buscar, casi nadie. Para la memoria, golpes. Para la exigencia de verdad, encapsulamiento. Esa desproporción no es casual: revela la jerarquía de prioridades del Estado. El fútbol merece protección; las madres que buscan a sus hijos, no. La represión no fue un accidente. Fue una decisión. Fue parte de un patrón que se repite en distintos estados del país: hostilidad, criminalización, violencia física y sexual contra madres buscadoras y acompañantes. Un patrón que intenta quebrar la búsqueda.
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Solidaridad con Familias Buscadoras de Personas Desaparecidas en México
En las últimas semanas, desde distintos medios de comunicación y desde los discursos oficiales del actual régimen, se han venido repitiendo una serie de señalamientos hacia las organizaciones de familias buscadoras de personas desaparecidas. Dichos señalamientos buscan poner en duda la legitimidad de sus demandas y de sus acciones colectivas. Se les ha acusado de “hacerle el juego a la derecha” e incluso se ha advertido que se abrirían investigaciones para conocer sus fuentes de financiamiento. En redes sociales se ha identificado igualmente una narrativa que repite las mismas premisas de criminalización como las utilizadas por el nefasto expresidente Felipe Calderón: “si los desaparecieron es porque en algo malo andaban”.
Estos discursos de estigmatización, revictimización y criminalización son sumamente preocupantes. La situación se agravó con los abiertos hechos de represión policial que estos colectivos vivieron el pasado martes 30 de junio cuando se manifestaron sobre la Calzada de Tlalpan, en la Ciudad de México, previo al partido entre México vs Ecuador de la Copa del Mundo. Como puede comprobarse en los distintos videos que circulan en medios de comunicación, así como en los testimonios de las personas agredidas, los hechos implicaron la actuación de cuerpos policiacos con el rostro y la cabeza cubiertas con cascos, quienes repartieron golpes, empujones y ofensas a las familias buscadoras y sobre las personas solidarias que acompañaban la movilización, incurriendo en actos de represión y de violación a sus derechos humanos. La agresión llegó a tal punto que, los cuerpos policiacos amarraron a algunas personas con las mismas mantas de sus familiares desaparecidos y tiraron al piso a un padre buscador.
Quienes firmamos este pronunciamiento, condenamos enérgicamente esta campaña contra las organizaciones de familias buscadoras, así como la represión de la que fueron objeto el pasado 30 de junio. Nos preocupa que ellos y ellas, que día a día se juegan la vida por buscar a sus seres queridos, sean también objeto de violencias por ejercer su derecho a protestar.
A las organizaciones de derechos humanos y a la sociedad civil en general, les convocamos a estar alertas y a manifestar su solidaridad con las familias buscadoras.
Porque las personas desaparecidas nos faltan a todos y todas.
Atentamente:
Red Universitaria Anticapitalista
Regeneración Radio
Radio Zapote
Video de la represión en Calzada de Tlalpan y Ermita Iztapalapa el martes 30 de junio de 2026:
https://www.instagram.com/p/DaQl63uFBxL
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