[:es]Una crónica extemporánea[:en]An Extemporaneous Chronicle: Part One[:]
[:es]Publicado en Camino al Andar
19 de septiembre de 2021
Por Raúl Romero
Fotos: Francisco Lion

Miércoles 8 de septiembre. Los parques eólicos y complejos de PEMEX nos indican que debemos ir más rápido. No queremos que la noche nos caiga en ese tramo de la carretera del estado de Veracruz. En otros viajes hemos sido testigos de la violencia criminal y estatal que se vive en esa zona. Al anochecer, en este tramo carretero, las líneas de autobuses comerciales deciden esperar a otras unidades y viajar en caravana para apoyarse. La memoria se activa: “si nos avientan una piedra al cristal no te pares”, le digo a mi compañero que conduce la camioneta en que viajamos. Él me contesta: “luego no es tan fácil, depende de los daños”. Ambos sabemos que esa es una de las prácticas que usan algunos grupos criminales para obligarte a frenar, para luego robarte y/o secuestrarte. Son las cosas que en México hemos aprendido para poder viajar de forma más “segura”.
Termino de mandar el mensaje acordado, a la hora acordada, al grupo que nos monitorea en la Ciudad de México. Levanto la mirada y en la carretera camina un grupo de unas diez personas afrodescendientes. Viajan con muy pocas pertenencias y botellas de agua. Son parte de las caravanas migrantes que atraviesan México para llegar a Estados Unidos. La escena se vuelve común. Intento llevar la cuenta, pero son tantos los grupos que vemos en el camino que me he olvidado de cuantos llevamos.
Llegamos a nuestro destino, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, a las 20:30 horas. Un par de compañeras nos esperan. Tenemos una conversación breve para ponernos al día. Los abrazos serán para otro momento: los cubrebocas, el gel y el desinfectante en aerosol acompañan nuestro encuentro. Luego a descansar. Hemos viajado más de 13 horas en carretera. Mi compañero y compañera de viaje nos distribuimos en el espacio que solidariamente nos han prestado para pasar esas dos noches. En la madrugada alcanzo a escuchar notificaciones de mensajes en el celular. Lo escucho a la distancia y entre sueños.
Al día siguiente al despertar reviso el teléfono. “No salgan, hay enfrentamientos en el pueblo”. “¿Cómo están? No se acerquen al norte de Jovel”. Son algunos de los mensajes que leo. De acuerdo con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, esa noche hubo enfrentamientos entre grupos criminales en la zona norte de la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, cerca de la comunidad conocida como Molino los Arcos. La situación es grave: personas asesinadas, casas quemadas, terror. En Chiapas esta escena también se ha vuelto común: los grupos paramilitares y del crimen organizado realizan constantes ataques contra las poblaciones rurales y urbanas. Los gobiernos municipales y el gobierno estatal no parecen estar preocupados en que esta situación cese, todo lo contrario, garantizan impunidad y libre movilidad a dichos grupos. Las intervenciones del gobierno federal también son insuficientes, o complacientes según se le quiera ver, con la situación de terror. Chiapas es un polvorín. A su gobernador, Rutilio Escandón, “lo mantienen en el gobierno con alfileres” y gracias a los acuerdos de otros grupos de poder.
El jueves 9 todo son preparativos y reuniones informales con compañeros y compañeras de otras organizaciones. Por la mañana nos trasladamos al Centro de Resistencia Autónoma y Rebeldía Zapatista Caracol Jacinto Canek, un caracol zapatista en pleno San Cristóbal de las Casas. Nos anotamos en una lista y avisamos que acompañaremos la caravana. Al día siguiente La Extemporánea, la delegación aerotransportada zapatista partirá rumbo a la Ciudad de México, donde permanecerá algunos días para luego volar hacia Viena, Austria. Afuera del Caracol permanecen personas solidarias, cineastas, periodistas independientes. Compartimos información y consejos para el viaje.

Por la tarde del mismo jueves asistimos a un seminario de algunos colectivos de la región. El tema que predomina las intervenciones son los ataques ocurridos en la madrugada. Se habla del crimen organizado, de corrupción, de despojo, de resistencias, de la lucha por la vida, del papel de las mujeres, de cuál es el objetivo de la intensificación de la guerra en Chiapas, de la situación de terror. Hay miedo e incertidumbre. Un hombre mayor toma la palabra, hace un mapeo de los vínculos entre gobiernos locales y crimen organizado. Concluye: “hay que pedirles a nuestros aliados en la Ciudad de México que nos ayuden a comunicar lo que está pasando en Chiapas. Si nosotros lo escribimos nos matan”.
La noche vuelve a caernos y otra vez debemos apresurarnos. Nos distribuimos las tareas: comprar comida, agua, poner gasolina al auto. Mi compañero y compañera de viaje van juntos, yo me voy caminando por el centro de San Cristóbal. Me ajusto el cubrebocas, voy esquivando turistas y alejándome de dónde veo mayor concentración de personas. Parece que para los cientos de visitantes la pandemia ha terminado: van sin cubrebocas, ni sana distancia, ni ninguna otra medida. Me encuentro con tres compañeras que viven en el pueblo, amigas de muchos años. Nos buscamos una esquina y nos ponemos al día rápidamente. Entre bromas les digo: “aquí la pandemia ya terminó, ¿verdad?”. Su respuesta se parece a la que he leído en la prensa o he escuchado de otras personas: “Aquí las medidas sanitarias son un desastre. Escucha lo que dicen las trabajadoras de la salud… En las protestas contra AMLO de hace unas semanas no sólo estaban los compas de la CNTE, también estaban mujeres y hombres médicos y enfermeros. En las comunidades murió mucha gente que no anotaron en las estadísticas COVID”.
El viernes 10 de septiembre muy temprano, a las 6:00 am, llegamos nuevamente al Caracol Jacinto Canek. La Extemporánea ya ha abordado los cuatro camiones en los que se trasladará a la Ciudad de México. También van en los camiones el Comando Palomitas, el grupo de niños y niñas que tienen una misión especial en el viaje: jugar. Igualmente va Después de los 17. (La Sección Miliciana Ixchel-Ramona). En total suman 177 las personas que integran La Extemporánea. Al frente de toda la delegación va el vocero del EZLN, el Subcomandante Insurgente Moisés, quien también es el coordinador de La Travesía por la Vida – Capitulo Europa.
La caravana de camiones y automóviles se forma y comienza a tomar rumbo. Un cineasta corre a la par de nosotros con su cámara en mano. De la camioneta que va enfrente de nosotros medio cuerpo de otro documentalista sale por la ventana: cámara en mano va haciendo graciosas contorsiones para tener mejores tomas. Ambos quieren registrar este momento histórico.
Algo similar pasa con las patrullas de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración. Estos dos agrupamientos nos paran en al menos tres ocasiones. El trato es frío, casi agresivo. En una de las paradas la situación se tensa más que en las anteriores. Migración y Guardia Nacional nos paran al mismo tiempo. Quieren que los y las compas bajen de los camiones. Los observadores de derechos humanos que nos acompañan argumentan el derecho al libre tránsito. Migración insiste. Todas las personas que acompañamos la caravana rodeamos a los agentes. Algunos encendemos las cámaras del celular y comenzamos a grabar. Un compañero comienza a transmitir en vivo vía Facebook. Los agentes se ven sorprendidos, no esperan ese tipo de reacciones. Nos dejan ir. Volvemos a la carretera.
En dos ocasiones distintas paramos para tomar alimentos. La delegación zapatista va bien preparada: plátanos, aguas, tortas. Se organizan para distribuir. Todos y todas llevan siempre cubrebocas y caretas.






16 horas después de haber salido del Caracol Jacinto Canek llegamos a nuestro destino: Carmona y Valle no. 32, en la Ciudad de México. El local luce los murales y listones que una brigada de artistas realizó unas semanas antes. A la recepción han acudido otros y otras simpatizantes zapatistas. Destaca el numeroso contingente de la Comunidad Otomí residente en la Ciudad de México. La llegada es, al igual que la salida, rápida y ordenada. La Extemporánea ha llegado con bien a su primer destino. Es hora de descansar.






Por la tarde sólo una pequeña delegación acudirá al aeropuerto a recibir al Escuadrón 421 que vuelve a México. El resto de los integrantes prepara sus documentos.



El domingo 12 de septiembre los preparativos continúan. El Escuadrón 421 mantiene charlas rápidas con sus compañeros y compañeras de La Extemporánea, les dan consejos para el viaje. El Escuadrón 421 funcionó como una especie de avanzada y ahora empiezan a contar lo que vivieron.
El lunes 13 de septiembre, a las 6:30 am, nuevamente un primer grupo de los y las zapatistas tienen que trasladarse, esta vez rumbo al aeropuerto de la Ciudad de México, para subir el avión que les llevará a Viena. Abordan ordenadamente las camionetas que les esperan. Viajan muy ligeros para los más de dos meses y medio que estarán en la Europa Insumisa. Todos y todas viajan con sus folders, en los que llevan todos los requisitos para viajar. Uno de ellos trae una carpeta de plástico que deja entrever su Pasaporte Zapatista, la libreta en la que realizara sus anotaciones. Los y las niñas traen unas pequeñas cámaras fotográficas que han aprendido a usar rápidamente. Nuevamente todos y todas traen cubrebocas, caretas y pequeños botes con gel desinfectante.




La llegada al aeropuerto causa asombro para turistas y personal que ahí labora. La policía empieza a movilizarse. Un policía comienza a preguntar a los mestizos que acompañamos quién viene a cargo. Nunca se dirige a los y las indígenas zapatistas.
Muchos de los y las compas vienen con sus vestidos tradicionales. Son más de cien personas que se mueven en grupo. También está ahí un contingente que viene a despedir a La Extemporánea. Traen mantas, gritan consignas, hacen transmisiones en vivo o toman fotos. Imposible pasar desapercibidos. Mucha gente mira con sorpresa, otras con evidente desprecio. Un hombre pasa exclamando: “no puede ser, no puede ser”.


Los y las zapatistas se forman. Preparan sus papeles para pasar a documentar equipaje y obtener su pase de abordar. Una mujer quiere saltarse la fila. Protesta con la gente que le atiende en el mostrador. No le incomoda hacer fila, le incomoda ir detrás de los y las indígenas. Un empleado de la aerolínea pasa preguntando quién va en primera clase. Se dirige a todas las personas que encuentra cerca del mostrador, excepto a los y las zapatistas.
Comienzan a pasar los y las compas. Todos y todas van preparados con todos los papeles que necesitan. No sucede lo mismo con algunos de los viajeros: no se enteraron de que debían llevar comprobante de vacunación o PCR impresa. Perderán el vuelo.
Más de dos horas después del arribo al aeropuerto, La Extemporánea logra pasar el primer filtro. Se forman para la revisión. Les han abierto una puerta para que pasen todos y todas. Los funcionarios aeroportuarios por fin parecen entender que atenderles en grupo y no de manera individual será más operativo. No son privilegios, sólo sentido común, a veces el más difícil de los sentidos. Al frente del contingente siempre va el Subcomandante Insurgente Moisés. Es difícil reconocerlo: no trae pasamontañas ni el sombrero que lo distingue. Además, viene vestido muy formal. Pero su mirada arriba del cubrebocas y detrás de la careta ayudan a identificarlo. El respeto que todos y todas le guardan también lo delata.






El guardia que les recibe les pide a quienes van enfrente que lleven siempre pasaporte y pase de abordar a la mano. Una mujer levanta el brazo con su pasaporte y pase de abordar y grita pasaportes, de inmediato todos y todas comienzan a levantar sus brazos con los mismos documentos. El gesto es sencillo, pero dice mucho: han vencido, por esta ocasión, el racismo de Estado que les negaba el derecho a tener un pasaporte.
La gente que ha venido a despedir a La Extemporánea se ve feliz. No han parado de gritar consignas. Una mujer les dice repetidamente: “buen viaje compas, siembren muchas semillas de rebeldía”. Los y las integrantes del Comando Palomitas van tomados de una mano de sus padres o madres y con la otra se van despidiendo de quienes ahí estamos. Son muy carismáticos y llenos de alegría. Ese es sin duda uno de los más grandes logros del zapatismo: que las infancias ya no mueran de enfermedades curables, y que, en lugar de eso, las infancias rían, jueguen y viajen por el mundo contagiando su alegre rebeldía.






Por la tarde, el segundo bloque de La Extemporánea realizará la misma acción: subir a las camionetas, llegar al aeropuerto, formarse, comprobar que van vacunados y/o con PCR, documentar maletas, obtener pase de abordar, ingresar al aeropuerto. Todo es mucho más rápido: en menos de 40 minutos han hecho esto los más de 60 compas que van en este grupo. Hay alegría y jubilo entre quienes estamos despidiendo.






Por la noche de ese lunes 13 de septiembre, los rumores que circulaban en los grupos de WhatsApp comienzan a confirmarse. El grupo paramilitar ORCAO ha atacado nuevamente a las Bases de Apoyo Zapatistas en Chiapas. Como resultado del ataque, José Antonio Sánchez Juárez y Sebastián Núñez Pérez, ambos autoridades civiles autónomas de la Junta de Buen Gobierno (JBG) “Nuevo Amanecer en Resistencia y Rebeldía por la Vida y la Humanidad” con sede en la comunidad Patria Nueva, Caracol 10 “Floreciendo la Semilla Rebelde” permanecen desaparecidos. Los ataques de la ORCAO contra los pueblos zapatistas son constantes. Se ha denunciado en muchas ocasiones y se ha documentado también como es que este grupo utiliza recursos públicos para armarse y atacar a los zapatistas. La inacción de los gobiernos municipales, estatal y federal ante estos ataques rebasa la torpeza y evidencia la complicidad.
En Viena, a su llegada, el primer bloque de La Extemporánea es recibido por las organizaciones solidarias. Hay música, alegría, fiesta. Aquello que parecía imposible, la Travesía por la Vida, comienza a hacerse realidad… como de por si lo hacen los zapatistas. En su primer discurso, el Subcomandante Insurgente Moisés habla de la lucha por la vida, de la relación humano – naturaleza, de la necesidad de luchar en todos lados. Su planteamiento es poderoso y radical: “la destrucción de la naturaleza no es culpa de los ciudadanos, es culpa del capitalismo”.
En México y en Europa la noticia de la desaparición de José y Sebastián se expande. En respuesta, las redes de solidaridad y organismos de derechos humanos se pronuncian y sacan comunicados de condena al ataque y de exigencia de presentación con vida de los zapatistas. En Viena, La Extemporánea asiste a una movilización organizada por los colectivos de ese lugar frente al consulado de México. Los y las zapatistas en Austria exigen la presentación con vida de sus compañeros en México. En otros países de Europa se organizan manifestaciones con el mismo fin. La Travesía por la Vida – Capitulo Europa ha comenzado y como antes, los zapatistas saben que su apuesta por la vida será repelida por los poderosos con muerte. Así lo dijeron en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona en el lejano 1996: “Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro”.
La Travesía por la Vida ha comenzado. Zapata cabalga de nuevo, pero ahora también lo hace en la Europa Insumisa. Su grito de Tierra y Libertad también se ha ampliado: ¡Tierra, Vida y Libertad!
Falta lo que falta.
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An immersive record – as it is characteristic of Raúl Romero, describing the challenging trajectory of La Extemporánea from San Cristóbal de las Casas to Vienna, Slumil K’Ajxemk’Op’s territory.
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By Raúl Romero.
Wednesday, September 8.
The wind farms and PEMEX compounds urge us to go faster. We don’t want night to fall on that stretch of the highway in the state of Veracruz. On other journeys we have been witness to criminal and state violence in that area. At nightfall, on this stretch of road, the commercial bus lines decide to wait for other units and travel in a caravan to support each other. Memory kicks in: “if they throw a stone at our window, don’t stop,” I tell my companion who drives the van we are traveling in. He replies: “It is not so easy, it depends on the amount of damage.” We both know that this is one of the practices used by some criminal groups to force you to stop, and then rob and/or kidnap you.
These are the things that we in Mexico have had to learn in order to be able to travel in a “more secure” way.
I finish sending the agreed message, at the agreed time, to the group monitoring us in Mexico City. I look up and a group of about ten people of African descent walks along the road. They are traveling with very few belongings and bottles of water, part of the migrant caravans that cross Mexico to reach the United States. The scene becomes commonplace. I try to keep count, but there are so many groups we encounter along the way that I have forgotten how many we have counted.
We arrive at our destination, San Cristobal de las Casas, Chiapas, at 8:30 pm. A couple of comrades are waiting for us.
We have a brief conversation, catch up. Hugs will be for another time: mouth covers, gel and disinfectant spray accompany our meeting. It’s time to rest. We have been on the road for more than 13 hours. We get settled in the space that we have been lent in solidarity to spend those two nights. In the early hours of the morning, I hear notifications of messages on my cell phone. I hear them in the distance, while dreaming.
The next day when I wake up I finally consult the phone.
“Don’t go out, there is turmoil in the village.”
“How are you? Don’t go near the north of Jovel.” These are some of the messages I read.
According to the Fray Bartolomé de las Casas Human Rights Center, the night witnessed confrontations between criminal groups in the northern area of the city of San Cristóbal de Las Casas, near the community known as Molino los Arcos.
The situation is serious: people assassinated, houses burned, terror. In Chiapas this scene has also become common: paramilitary and organized crime groups carry out constant attacks against rural and urban populations.
The municipal and state governments do not seem to be concerned about stopping this situation; on the contrary, they guarantee impunity and free mobility to these groups. The interventions of the federal government are also insufficient, or complacent depending on how you want to see it. Chiapas is a powder-keg. Its governor, Rutilio Escandón, “is kept in the government with pins” and through agreements with other power constituencies.
On Thursday the 9th, the entire day consisted of preparations and informal meetings with compañeros and compañeras from other organizations. In the morning we went to the Center of Autonomous Resistance and Zapatista Rebellion Caracol Jacinto Canek, a Zapatista caracol in the heart of San Cristóbal de las Casas. We signed up on a list and announced that we would accompany the caravan. The next day La Extemporánea, the Zapatista airborne delegation will leave for Mexico City, where they will stay for a few days and then fly to Vienna, Austria. Outside the Caracol remain people of solidarity, comrades, filmmakers, independent journalists. We share information and tips for the trip.
In the afternoon of the same Thursday we attended a seminar held by some collectives of the region. The predominant theme of the interventions was the attacks that occurred in the early hours of the morning.
They talk about organized crime, corruption, dispossession, resistance, the struggle for life, the role of women, the objective of the intensification of the war in Chiapas, the situation of terror. There is fear and uncertainty.
An older man takes the floor and maps the links between local governments and organized crime.
He concludes: “we have to ask our allies in Mexico City to help us communicate what is happening in Chiapas. If we write it, they will kill us.”
Night falls again, a reminder that we must hurry.
We distribute the tasks between the three: buy food, water, put gas in the car. My travel partners go together, and I walk through the center of San Cristobal. I adjust my mask, dodging tourists and moving away from where I see the highest concentration of people. It seems that for the hundreds of visitors the pandemic is over: they go without masks, or healthy distance, or any other measure. I meet up with three comrades who live in town, friends of many years. We find a corner and quickly catch up. Jokingly I tell them, “the pandemic is over here, isn’t it?”. Their response is similar to what I have read in the press or heard from others: “The health measures here are a disaster. Listen to what the health workers say… In the protests against AMLO a few weeks ago there were not only the compas of the CNTE, there were also women and men doctors and nurses. Many people died in the communities who were not included in the COVID statistics.”
On Friday, September 10, very early, at 6:00 am, we arrived again at the Caracol Jacinto Canek. The Extemporánea has already boarded the four trucks that will take them to Mexico City. Also on the trucks are the Comando Palomitas, the group of boys and girls who have a special mission on the trip: to play. Also on board is Después de los 17. (The Ixchel-Ramona Militia Section). A total of 177 people make up La Extemporánea. At the head of the delegation is the spokesman of the EZLN, Subcomandante Insurgente Moisés, who is also the coordinator of La Travesía por la Vida – European Chapter.
The Extemporaneous is the second Zapatista delegation to travel to Europe this year. Just last May, Squadron 421, the Zapatista maritime delegation, composed of Lupita, Carolina, Ximena, Yuli, Bernal, Felipe and Marijose, left on the ship La Montaña for Europe. After several weeks at sea, in June 2021, Squadron 421 arrived at its destination, which it renamed SLUMIL K’AJXEMK’OP, which means “Rebellious Land”, or “Land that does not surrender, that does not yield”. During its stay in Insubordinate Europe, Squadron 421 met with different organizations. It also led the historic mobilization of August 13, 2021 in Madrid under the slogan: They did not conquer us.
The caravan of vehicles is formed and begins to take its course. A filmmaker runs alongside us with his camera in hand. From the truck in front of us, half of the body of another documentary filmmaker comes out of the window: camera in hand, making funny contortions to get better shots. They both want to record this historic moment.
Several cars break away from the caravan before leaving San Cristobal de las Casas. From there we will be four trucks, five vans and one car that will make the trip.
We have already identified ourselves and we know who should go where. In Tuxtla Gutiérrez we notice that a local police patrol is following us. They take pictures of us. They speed up and get between the cars of the caravan. The same scene will be repeated in Tabasco, Veracruz, Puebla and the State of Mexico: state police patrols passing us, taking photos, closing the road.
Something similar happens with the patrols of the National Guard and the National Migration Institute. These two groups stop us on at least three occasions. The treatment is cold, aggressive. In one of the stops the situation becomes more tense than in the previous ones. Migration and the National Guard stop us at the same time. They want the compas to get out of the trucks. The human rights observers accompanying us argue the right to free transit. Migration insists. All of us accompanying the caravan surround the agents. Some of us turn on our cell phone cameras and start recording. A colleague begins to transmit live via Facebook. The agents look surprised, they don’t expect that kind of reaction. They let us go. We get back on the road.
On two separate occasions we stop for food. The Zapatista delegation is well prepared: bananas, water, tortas. They organize themselves to distribute them. Everyone always wears masks and safety face shields.
16 hours after leaving the Caracol Jacinto Canek we arrived at our destination: Carmona y Valle no. 32 in Mexico City. The location shows off the murals and ribbons that a brigade of artists had painted a few weeks earlier. Other Zapatista sympathizers have attended the reception. The large contingent from the Otomí Community residing in Mexico City stands out. The arrival is, like the departure, quick and orderly.
The Extemporaneous has arrived safely at its first destination. It is time to rest.
Published originally in Mexican-Castillian language by Camino al Andar. Part one of two, the second part to be published tomorrow.
Chronicle by Raúl Romero, photographs by Francisco Lion.
Translation by taller ahuehuete.
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