[:es]Por Amy Goodman y Denis Moynihan | Democracy Now!

[podcast]https://traffic.libsyn.com/democracynow/amycolumn2020-0529-es.mp3[/podcast]

El pasado lunes, Día de los Caídos en Estados Unidos, George Floyd suplicaba por su vida mientras Derek Chauvin, oficial de la policía de Minneapolis, le apretaba el cuello contra el pavimento con una de sus rodillas. “Por favor. Por favor. No puedo respirar, oficial. No puedo respirar”, jadeaba George Floyd, con sus manos esposadas detrás de la espalda. Los testigos del suceso le pidieron repetidas veces a Chauvin que aflojara la presión, pero el oficial siguió con la rodilla enterrada en el cuello de Floyd. Un devastador video de diez minutos registró este asesinato en cámara lenta, respiración menguante tras respiración menguante. Finalmente, el cuerpo inerte de Floyd fue bruscamente colocado en una camilla, cargado en una ambulancia y llevado al hospital, donde se declaró su muerte.

La indignación fue in crescendo a medida que el video se viralizaba. El hermano de George, Philonise Floyd, declaró a la cadena CNN: “Amo a mi hermano. Todos amaban a mi hermano… conocerlo es quererlo. Él gritaba ‘mamá, mamá, no puedo respirar’ pero no les importó. Realmente no entiendo lo que tenemos que sufrir en la vida. No tenían por qué hacerle eso”. El fiscal general de Minnesota, Keith Ellison, expresó en un comunicado: “Su vida era importante. Tenía valor… Vamos a buscar justicia y la encontraremos”. En declaraciones posteriores, Ellison agregó: “Lo que estamos tratando aquí no es un caso aislado, sino un problema sistémico. Y tanto la investigación como la acusación se están llevando adelante con el objetivo de llegar hasta las últimas consecuencias. Estoy seguro de que se están llevando adelante de manera competente. Pero eso no le pone fin al asunto. El despido de los agentes no le pone fin. El proceso penal que ha comenzado no le pone fin. El proceso de derechos civiles no le pone fin. Necesitamos un cambio sistémico, profundo y permanente”. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, opinó tras el asesinato de Floyd: “Ser negro en Estados Unidos no debería implicar una condena a muerte”. Frey demanda el arresto de Chauvin y la familia de Floyd quiere que los cuatro oficiales sean acusados ​​de asesinato.

La reverenda Bernice King, una de las hijas del Dr. Martin Luther King Jr., publicó en Twitter una foto del oficial Chauvin con la rodilla apoyada sobre el cuello de Floyd al lado de una icónica foto de la estrella de la Liga Nacional de Fútbol Americano Colin Kaepernick hincado sobre una de sus rodillas en un campo de juego. El ex mariscal de campo fue expulsado de la Liga por arrodillarse durante el himno nacional en protesta contra la violencia policial y la injusticia racial. El texto que acompaña el tuit dice: “Si no te molesta o te molesta poco la primera rodilla, pero te indigna la segunda, entonces, en palabras de mi padre, estás ‘más consagrado al orden que a la justicia’. Y más apasionado por un himno que supuestamente simboliza la libertad que por la libertad de vivir de un hombre negro”.

Mientras las muertes por Covid-19 en Estados Unidos superan las 100.000, con un impacto desproporcionado sobre las comunidades de color, el asesinato y la violencia por parte de la policía contra personas de color, perpetrados con legitimación del Estado, continúan aparentemente sin tregua . El pasado 23 de febrero, en Georgia, Ahmaud Arbery fue asesinado a balazos por Travis McMichael y su padre, el policía retirado Gregory McMichael, tras salir a correr. El 13 de marzo la policía de Louisville, Kentucky, disparó ocho veces contra Breonna Taylor, causándole la muerte. Taylor era técnica en emergencia médica y tenía 26 años de edad. La policía irrumpió en su hogar en el medio de la noche, al entrar en el departamento equivocado cuando buscaban a un sospechoso que ya estaba bajo custodia.

Afortunadamente, no tenemos que agregar el nombre de Christian Cooper a esa trágica lista. Chris Cooper, afroestadounidense, se encontraba observando aves en el Central Park de Nueva York el Día de los Caídos cuando respetuosamente le pidió a una mujer que también paseaba por allí que siguiera las reglas del parque y le pusiera la correa a su perro. Ella se negó rotundamente, lo que lo condujo a grabar la interacción. La mujer llamó al 911 y le dijo a Cooper: “Voy a decirles que hay un hombre afroestadounidense que está amenazando mi vida”. Christian Cooper le envió el video a su hermana, quien lo publicó en las redes sociales, donde rápidamente llegó a 42 millones de reproducciones. Alguien identificó a la mujer como Amy Cooper (sin parentesco con Christian) y, como resultado de su reacción violenta, fue despedida de su trabajo y el refugio para perros le retiró su mascota.

Ibram X. Kendi, director fundador del Centro de Investigaciones y Políticas Antirracistas de la Universidad Americana, le dio contexto histórico a esta interacción durante una entrevista para Democracy Now!: “Lo que hizo Amy Cooper es un típico comienzo de violencia racista. Tenemos a una mujer blanca que utiliza como arma su privilegio de ser mujer y blanca. En lugar de resolver la disputa con la otra persona y seguir las reglas y ponerle la correa a su perro, se victimiza y llama a la policía, con esa proyección de víctima, para que la policía vaya y la proteja. A menudo, los policías realmente creen que esta mujer blanca está siendo amenazada por este presunto depredador afroestadounidense. Con demasiada frecuencia, esto lleva a que esa víctima desarmada resulte lesionada o incluso asesinada”. En 1955 un suceso similar condujo a la tortura y linchamiento de Emmet Till, de 14 años de edad.

El profesor Kendi lanzó “The COVID Racial Data Tracker”, un sitio web para documentar las disparidades raciales en torno a la letalidad de la pandemia, que afecta de manera desproporcionada a las comunidades de color. Los datos se están utilizando para desacreditar el argumento de que las personas de color se ven más afectadas por la Covid-19 por sus afecciones subyacentes. Kendi explicó: “Al menos hacia fines de marzo, y ciertamente a principios de abril, eran personas latinas, afroestadounidenses e indígenas estadounidenses las que se estaban contagiando y muriendo de forma desproporcionada. Llevó un gran esfuerzo de parte de los movimientos de base, que reclamaron que se expongan los datos raciales, empezar a constatar esto, porque los estados se negaban a verlo. El indicador de predictibilidad fundamental de las tasas de contagio y muerte en la población negra es el acceso a la atención médica, el acceso a seguro de salud, así como la contaminación del aire y del agua y el tipo de empleos. Todas estas determinantes sociales de la salud son indicadores predictivos mucho más fuertes en cuanto a las tasas de muerte y contagio en la población negra que sus afecciones subyacentes”.

Los afroestadounidenses representan el 13% de la población de Estados Unidos, pero han representado como mínimo el 25% de las 100.000 muertes por Covid-19 del país. La misma disparidad en la tasa de mortalidad prevalece entre los 5.000 estadounidenses asesinados por la policía desde 2015: los afroestadounidenses tienen el doble de chances de ser asesinados por la policía en comparación con los blancos. La violencia policial es una de las principales causas de muerte de los jóvenes de color.

La pandemia revela lo que los videos de teléfonos celulares y cámaras corporales han expuesto cada vez más y lo que las comunidades de color han sabido por mucho tiempo: el racismo está bien vivo en Estados Unidos y tiene consecuencias letales.

Foto de portada: © AFP / CHANDAN KHANNA[:en]By Amy Goodman y Denis Moynihan | Democracy Now!

[podcast]https://traffic.libsyn.com/secure/democracynow/2020-0528_PODCAST_Amy-Goodman.mp3[/podcast]

On Monday — Memorial Day — George Floyd was begging for his life as Minneapolis Police Officer Derek Chauvin pinned him to the pavement with his knee on his neck. “Please. Please. I can’t breathe, officer. I cannot breathe,” Floyd gasped while handcuffed. Onlookers demanded Chauvin relent, but he continued to drive his knee into Floyd’s neck. A devastating, ten-minute video recorded this slow-motion murder, breath by ebbing breath. Finally, Floyd’s limp body is roughly rolled onto a stretcher, loaded into an ambulance and taken to the hospital, where he was pronounced dead.

Outrage spread as the video went viral. George’s brother Philonise Floyd told CNN, “Everybody loved my brother…They didn’t have to do that to him.” Minnesota Attorney General Keith Ellison, said in a statement, “His life was important. It had value…We will seek justice and we will find it.” Minneapolis Mayor Jacob Frey added, “Being Black in America should not be a death sentence.” Frey has called for Chauvin to be arrested, and Floyd’s family wants all four officers charged with murder.

Reverend Bernice King, one of Dr. Martin Luther King, Jr.’s children, tweeted a photo of Chauvin kneeling on Floyd’s neck, juxtaposed with a photo of Colin Kaepernick, the star quarterback banned from the NFL for taking a knee during the national anthem, protesting police violence and racial injustice. “If you’re unbothered or mildly bothered by the 1st knee, but outraged by the 2nd, then, in my father’s words, you’re ‘more devoted to order than to justice.’ And more passionate about an anthem that supposedly symbolizes freedom than you are about a Black man’s freedom to live,” Bernice King tweeted.

As U.S. COVID-19 deaths pass 100,000, disproportionately impacting communities of color, state-sanctioned murder and violence against people of color by police continues, seemingly unabated. Ahmaud Arbery was shot dead while jogging in Georgia on February 23rd, by Travis McMichael and his father, retired police officer Gregory McMichael. On March 13th, Breonna Taylor, a 26 year-old emergency medical technician, was shot eight times and killed by Louisville, Kentucky police after they burst into her home in the middle of the night, entering the wrong apartment while looking for a suspect who was already in custody.

Thankfully, we needn’t add Christian Cooper’s name to that tragic list. Cooper, who is African American, was bird watching in New York’s Central Park on Memorial Day, when he respectfully asked another person to abide by park rules and leash her dog. She adamantly refused, prompting him to record their interaction. She called 911, telling Cooper, “I’m going to tell them that there is an African American man threatening my life.”

Christian Cooper sent the video to his sister, who posted it to social media, where it took off, quickly rising to 42 million views. Someone identified the woman as Amy Cooper (no relation to Christian), and, as a result of the backlash, she was fired from her job and the dog shelter took back her dog.

Ibram X. Kendi, founding director of the Antiracist Research and Policy Center at American University, put their interaction in historical context on the Democracy Now! news hour: “What Amy Cooper did is typically the beginning of racist terror…oftentimes, cops actually believe that this white woman is being threatened by this so-called superpredator of an African American male. Too often, it leads to that unarmed victim ultimately becoming harmed or even killed.” A similar fabricated exchange led to the torture and lynching of 14 year-old Emmet Till in 1955.

Professor Kendi launched The COVID Racial Data Tracker, documenting the disproportionate lethality of the pandemic in communities of color. “Latino Americans and African Americans and Native Americans in particular are disproportionately being infected and dying. It took many grassroots folks demanding racial data to even see this, because the states were refusing to do it,” Kendi explained. “What’s predictive of Black infection and death rates is access to health insurance — also air and water pollution, employment status,” he added, using the data to debunk the argument that people of color suffer more COVID-19 infections due simply to underlying health conditions.

African Americans account for 13% of our population, but at least 25% of our 100,000 COVID-19 deaths. The same disproportionate death rate prevails among the 5,000 Americans killed by police since 2015; African Americans are twice as likely to be killed by police than are whites. Police violence is a leading cause of death for young men of color.

The pandemic lays bare what cell phone and body camera videos have increasingly exposed and communities of color have long known: racism is alive and well in the United States, and it is deadly.

Photo: © AFP / CHANDAN KHANNA
[:]