Campesinos por la mañana, pintores por la tarde: el Zapatismo, estética, arte y política
Fuente: Avispa
Foto de portada: Francisco De Parres Gómez
por Jan Blažek
En entrevista con el antropólogo y comunicador mexicano, Francisco De Parres Gómez, se analizan las agresiones contra el zapatismo no como hechos aislados, sino engranajes clave del despliegue de los megaproyectos y de la disputa por el control territorial, en lo que denomina como un “Triángulo del despojo”, entre violencia estatal, permisibilidad del crimen organizado y debilitamiento paulatino del tejido comunitario: Frente a ello, las comunidades resisten desde las artes vinculadas a la política.
¿Qué nos dice el sexenio de AMLO sobre los límites del progresismo frente a los movimientos autónomos?
Podemos pensar como ha analizado Raúl Zibechi sobre otros contextos latinoamericanos, que el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) volvió a demostrar que los llamados gobiernos progresistas no necesariamente representan un terreno más favorable para los movimientos sociales, vemos casos como los de Gabriel Boric en Chile o Rafael Correo en Ecuador, por mencionar algunos; en muchos casos, incluso, los confrontan con mayor dureza que los gobiernos abiertamente conservadores. MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional, partido político en el poder) no se constituyó como un espacio plural donde cupieran las diferencias políticas, territoriales y culturales del país, sino como un proyecto que redujo la diversidad a una noción abstracta de ciudadanía, funcional al orden colonial existente. Aunque México reconoce oficialmente la existencia de 68 pueblos originarios, durante este periodo no se desarrollaron políticas públicas diferenciadas que atendieran las realidades específicas de las comunidades indígenas ni de la población afrodescendiente en sus distintos territorios y necesidades.
A lo largo de su gobierno se consolidó una forma de relación con los pueblos basada en la espectacularización y la folklorización de sus luchas, ejemplo de ello es la entrega del bastón de mando en la toma de posesión presidencial. Las demandas históricas fueron convertidas en símbolos vaciados de contenido político, lo que derivó en una apropiación discursiva de consignas zapatistas como el “Mandar Obedeciendo” y en un retorno a prácticas clásicas del indigenismo de Estado. Mientras se construía una narrativa de cercanía con “el pueblo”, en los hechos se descalificó y minimizó al zapatismo, pero también a otros actores incómodos: el movimiento feminista, las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, periodistas críticos, universitarios que buscan sus derechos, y poblaciones migrantes que denunciaban la violencia estructural.
En términos estructurales, el legado del obradorismo no significó una ruptura con el neoliberalismo, sino su profundización bajo nuevas formas adaptativas del Estado a las lógicas globales. Se promovió la corporativización de múltiples movimientos sociales y se debilitó el tejido comunitario a través de programas que individualizaron el acceso a los recursos públicos, mismo caso por ejemplo del gobierno de Lula da Silva en Brasil. Iniciativas como Sembrando Vida fueron rebautizadas irónicamente en muchas comunidades como “sembrando envidia” o “sembrando latas”, debido a que los apoyos no se redistribuían colectivamente, generaban conflictos internos y, en algunos casos, se vincularon más con la devastación ambiental que con la reforestación. Algo similar ocurrió con Jóvenes Construyendo el Futuro, que en ciertos territorios se asoció a procesos de precarización, alcoholismo y consumo de drogas, sin atender las causas profundas de la exclusión social.
A pesar de haber prometido el regreso del Ejército a los cuarteles incluso como una de sus banderas de campaña, el sexenio de AMLO se caracterizó por una expansión inédita del presupuesto militar y por la normalización de una policía de corte castrense desplegada en todo el país. Si bien el presidente intentó modificar algunas dinámicas del régimen político, quedó claro que las transformaciones de fondo no pueden emanar de la Presidencia cuando el Estado mismo opera como una estructura neocolonial. Los cambios reales, como han insistido los pueblos en resistencia, solo pueden construirse desde abajo: desde las comunidades, los barrios y los territorios organizados, muestra de ello son las comunidades zapatistas, el pueblo kurdo constantemente atacado y como el pueblo más grande del mundo sin Estado, o las comunidades mapuche que luchan por defender la Patagonia en contra de los intereses inmobiliarios sionistas o de familias como la Benetton que concentra alrededor de un millón de hectáreas en la región.
A esto se suma un modelo de gobernabilidad sustentado en la administración del conflicto social. En lugar de entablar diálogos horizontales con las organizaciones, el gobierno optó por mecanismos de negociación desiguales, procesos de cooptación de lideranzas y políticas asistencialistas que fragmentaron luchas colectivas de larga duración. Bajo el discurso de la llamada “Cuarta Transformación”, no se desmontaron las estructuras heredadas del neoliberalismo; por el contrario, se reforzaron y legitimaron mediante una retórica progresista que terminó reproduciendo el mismo orden que decía cuestionar, ya que a pesar de haber una redistribución del gasto público, el modelo de acumulación propio del capitalismo se mantuvo.
En ese contexto, el zapatismo ha seguido a lo largo de por lo menos siete sexenios como una de las voces más incómodas para el poder. Su insistencia en la autonomía, la autogestión y la crítica frontal al Estado puso en evidencia los límites del proyecto obradorista. Frente a ello, AMLO optó por caricaturizar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), acusarlo de frenar el progreso o invisibilizar sus aportes, antes que reconocer que en los Caracoles como territorios autónomos, se han construido experiencias concretas de vida comunitaria, dignidad y organización colectiva. El saldo final de su sexenio no es la superación del neoliberalismo, sino la confirmación de que incluso un Estado autodenominado progresista sigue funcionando como un dispositivo colonial que asfixia a los movimientos cuando estos desbordan los márgenes de control institucional y plantean otras formas de existencia.

¿Cómo interpretas el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum frente al zapatismo, considerando que ha declarado una relación de “respeto”, pero también su compromiso con el proyecto de MORENA? ¿Estamos ante una simple continuidad del obradorismo?
Lamentablemente, todo indica que el escenario puede ser incluso más adverso. Por primera vez en la historia de México, el poder ejecutivo adopta la figura de una mujer con formación científica y un discurso ilustrado, pero ese cambio de rostro no implica una ruptura con las estructuras profundas del poder. Aunque Sheinbaum se presenta como una presidenta progresista, su proyecto no cuestiona el modelo de acumulación capitalista ni la noción de “desarrollo” que lo sostiene. En los hechos, su administración apunta a una profundización del militarismo y del neoliberalismo, sin intención alguna de desmontar las bases económicas y políticas que producen desigualdad y despojo.
El discurso oficial insiste en la inclusión y el respeto, pero en la práctica se consolida la militarización del país y la convivencia estructural entre el Estado, la corrupción por más que se ha dicho combatir y el crimen organizado. La apropiación de consignas y frases del zapatismo puede generar la impresión de que los movimientos sociales han alcanzado el poder, cuando en realidad se observa una continuidad del extractivismo, del control territorial y de la subordinación de las comunidades. En lugar de fortalecer sistemas públicos de salud y educación, se priorizan dispositivos de control estatal, como la Clave Única de Registro de Población con datos biométricos, que operan más como herramientas de vigilancia que como garantías efectivas de derechos, significando así el avance más aún hacia sociedades de control.
Como ocurrió con el gobierno anterior, es necesario situar a Sheinbaum en una coyuntura histórica y geopolítica más amplia. El mundo atraviesa una reconfiguración profunda marcada por múltiples crisis —climática, financiera, bélica— frente a las cuales el orden imperial responde intensificando la violencia y administrando la muerte para sostener la acumulación capitalista, lo más reciente de ello es el intervencionismo estadounidense que secuestró a Nicolás Maduro en Venezuela, las amenazas a Petro o los intereses neocoloniales sobre Groenlandia. El Subcomandante Galeano (antes Marcos) lo expresó con claridad brutal: la guerra que hoy arrasa Gaza no es un fenómeno distante, sino un anticipo de lo que puede extenderse a otros territorios si no se modifica el rumbo civilizatorio. El mensaje es que es cuestión de tiempo para que los misiles caigan sobre nuestras casas.
Frente a ese panorama, el zapatismo plantea una alternativa radicalmente distinta. No un internacionalismo de Estados y fronteras o desde la figura obrera como motor de la lucha de clases, sino un internacionalismo tejido desde abajo, entre pueblos y resistencias diversas que defienden la vida frente a la necropolítica. La “Travesía por la Vida” de 2021 es un ejemplo contundente: al recorrer 19 países europeos, los zapatistas se encontraron con el pueblo Sami, colectivos okupas, anarquistas, sindicatos, trabajadoras sexuales y personas migrantes, demostrando que su lucha no es local ni folclórica, sino una propuesta que se puede universalizar en clave de dignidad y autonomía.
Lo más preocupante del proyecto de Sheinbaum es que, bajo una retórica de cambio y con un rostro progresista femenino, puede reforzar la ilusión de que las transformaciones profundas son posibles desde el aparato estatal, no obstante, la experiencia histórica muestra que ninguna estructura colonial puede convertirse en herramienta de emancipación. Todo apunta a una gestión de la crisis que no altera sus causas: más megaproyectos, mayor deuda ecológica y una expansión del aparato militar como garantía de “orden” y “progreso”. La trampa es doble: mientras se invoca el feminismo o los derechos humanos, se intensifica el control social y se reprimen las disidencias que desbordan los márgenes del poder.
Por eso, frente a la continuidad neocolonial maquillada con un rostro femenino, el zapatismo vuelve a colocar una lección fundamental: las alternativas reales no surgirán de arriba ni de los procesos electorales o las urnas, sino desde abajo y a la izquierda, desde los territorios que se niegan a ser gobernados por la lógica del capital. Ahí reside el contraste decisivo: mientras el Estado perfecciona sus mecanismos de vigilancia y militarización, los pueblos siguen construyendo, en silencio y con persistencia, caminos de autonomía y de vida.
Al analizar el proyecto político de MORENA y el gobierno de Claudia Sheinbaum, resulta inevitable hablar de los megaproyectos, en particular del Tren Maya. ¿De qué manera impactan estos proyectos en las comunidades zapatistas?
El mal llamado Tren Maya no puede entenderse como una obra aislada ni como un simple proyecto de infraestructura turística. Forma parte de una transformación territorial de largo aliento que viene reconfigurando el país desde hace años. Pablo González Casanova advertía que México podía llegar a fragmentarse como ocurrió con la antigua Yugoeslavia, y hoy esa advertencia se materializa en un modelo de desarrollo regional orientado a insertar los territorios en los circuitos del capital transnacional. En el norte se concentra la acumulación financiera; en el centro, el Proyecto Integral Morelos garantiza energía para la industria; y en el sureste, el Corredor Interoceánico articula Oaxaca y Veracruz como eje de circulación de mercancías, función similar a la que hace ahora el Canal de Panamá. En ese esquema, el Tren Maya funciona como el engranaje turístico de una operación mayor: una suerte de parque temático donde los pueblos originarios son exhibidos como folclor, al ejemplo de Xcaret, mientras se les arrebata el control sobre sus territorios y sus formas de vida.
Como señaló en su momento el Subcomandante Marcos, la expansión del capital no ocurre de manera neutral, sino a través de ciclos de destrucción, desploblamiento, reconstrucción y repoblamiento, ahí tenemos los videos realizados con Inteligencia Artificial que muestran a Donald Trump e Elon Musk con el proyecto hotelero y de resorts de primer mundo en la franja de Gaza. Primero se arrasan los territorios en su dimensión material y cultural; después, las comunidades son desplazadas o precarizadas en forma de etnocidio, y en su lugar desembarcan las corporaciones acompañadas por el aparato legal, la presencia militar y el crimen organizado. En México tenemos ejemplos históricos de ello como en Acapulco, en Los Cabos o en Baja California. A esta ofensiva se suman dinámicas de disciplinamiento social como la trata de personas y la esclavitud sexual, el tráfico de drogas y el alcoholismo, que erosionan deliberadamente el tejido comunitario. Solo entonces el capital instala su modelo: turismo masivo, resorts, maquilas, campos de golf.
El Tren Maya no es más que la avanzada visible de este proceso de devastación, una política que mercantiliza la vida y convierte la cultura en espectáculo, o lo que eufemísticamente se empeñan en llamar “Polos de Desarrollo”. No es casual que la propia Claudia Sheinbaum haya afirmado que se trata apenas del comienzo y que vendrán muchos proyectos similares, incluyendo trenes.
Desde esta perspectiva, las comunidades zapatistas, aunque no todas se encuentren directamente sobre el trazo del tren, se saben en el centro del riesgo debido a la colindancia. Lo que está en disputa no es únicamente una vía férrea, sino la imposición de un modelo civilizatorio incompatible con la autonomía indígena. El zapatismo, al defender la tierra como madre y no como mercancía, se convierte en un obstáculo central para quienes buscan transformar el sureste en una plataforma de negocios globales. Por eso, la oposición al Tren Maya rebasa la crítica a una obra específica o al gobierno en turno: es una confrontación directa con la necropolítica que convierte regiones enteras en territorios de sacrificio al servicio del capital.
¿Podemos centrarnos ahora en la situación de seguridad en Chiapas? ¿Hemos sido testigos de ataques directos del Estado en el territorio zapatista durante los mandatos de Obrador o Sheinbaum?
En los últimos meses se documentó un despojo violento contra el Poblado Autónomo Zapatista Belén, en la región campesina del Caracol 8 “La Luz que Resplandece al Mundo” (Dolores Hidalgo, Ocosingo). La Asamblea de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (ACGAZ) denunció que, desde abril de 2025, se han ejecutado incursiones en las que participaron grupos civiles acompañados por el Ejército federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y la Fiscalía estatal, bajo el disfraz de un “conflicto agrario”. En los operativos se reportaron quema de casas, robos y el despojo documentado en redes oficiales. Es clave: las tierras ya habían sido indemnizadas por el Estado tras 1994 y hoy se trabajan en común por comunidades zapatistas y no zapatistas; incluso, cerca se levanta un quirófano autogestivo de acceso comunitario. Posteriormente hubo una otra incursión represiva con presencia militar en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum (la primera, en abril de 2025, con detención ilegal de dos bases de apoyo, liberadas por presión social). Todo ello confirma un cerco estatal de facto sobre el territorio autónomo.
A la par, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) denunció estrategias de cercamiento y despojo en Belén: al menos 13 bases de apoyo desplazadas forzadamente y afectaciones a campesinos no zapatistas que participan en la Milpa Común. La finalidad señalada por Frayba es convertir territorio recuperado en “tierra privada”, en un contexto de militarización (incluidas las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal – FRIP o “pakales”, cuerpo de élite estatal con múltiples señalamientos por abusos). Esto se suma a un escenario de violencias superpuestas (enfrentamientos, trata, desplazamientos, desapariciones). No es un hecho aislado: es contrainsurgencia que busca romper el común y las autonomías.
Sabemos, por ejemplo, que el gobierno ha realizado fotogrametría aérea para el reconocimiento de las comunidades autónomas en Chiapas, lo que constituye una práctica de control territorial disfrazada de monitoreo técnico. De las filtraciones reveladas por Guacamaya Leaks también se desprende que ciertos grupos de entrenamiento policial mantienen vínculos con el Mossad israelí, lo que demuestra que la contrainsurgencia no es sólo local, sino parte de un engranaje transnacional, véase el avión de guerra estadounidense que aterrizó en días recientes en México para entrenar a las fuerzas del Estado de la mano de García Harfuch. En abril del año pasado, durante el festival zapatista de arte Rebel y Revel (Arte), el Estado envió camionetas de la Guardia Nacional a patrullar los alrededores del Centro Indígena de Capacitación Integral. Allí había miles de personas de las comunidades autónomas y de la solidaridad internacional: un gesto de clara intimidación. Más grave aún, la policía local, la federal y el ejército detuvieron y desaparecieron a dos bases de apoyo zapatistas. Solo gracias a la presión inmediata de la sociedad civil nacional e internacional pudieron ser liberados.
La guerra también se libra con balas ideológicas, comunicativas y culturales. Hemos sido testigos de campañas de contrainsurgencia mediática que buscan estigmatizar al zapatismo, difundiendo rumores absurdos como que los zapatistas “no dejan entrar a su territorio porque se quieren quedar con el uranio de Chiapas”. Estos discursos buscan aislarlos, denostar su resistencia y justificar un clima de persecución. Chiapas ha sido en varias ocasiones el estado más militarizado de México, pero la situación es aún más compleja: no se trata solo de la presencia del Estado, sino de un escenario donde confluyen múltiples violencias. Los propios zapatistas lo han descrito con crudeza: Chiapas está “al borde de la guerra civil”. El tejido social se fractura cada vez más, como lo han documentado reiteradamente los informes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
Chiapas hoy es un territorio atravesado por caravanas migrantes, por redes de trata y tráfico y explotación de personas, y por la disputa abierta de los dos cárteles más poderosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa. En medio de este tablero, las comunidades zapatistas quedan expuestas a múltiples fuegos: la violencia criminal, la militarización estatal y la descomposición comunitaria que provocan estas dinámicas, o lo que podríamos pensar como un “triángulo del despojo”. El Estado puede decir que “no hay guerra” contra el EZLN, pero en la práctica el cerco es permanente.

En el contexto actual, donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha ganado control sobre la frontera sur y el conflicto con el Cártel de Sinaloa se intensifica, ¿qué implicaciones tiene esto para Chiapas y para las comunidades zapatistas?
El avance del crimen organizado sobre territorios autónomos, advertido ya por el Subcomandante Moisés, ha entrado en una nueva fase en la que se combina con acciones estatales, legales o incentivación de conflictos locales, con procesos de despojo formalmente legalizados como los megaproyectos. El crimen organizado no es una anomalía, es uno más de los brazos del capitalismo contemporáneo que asegura la acumulación por desposesión de la que habla David Harvey. La confrontación entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa ha convertido la frontera sur en una zona estratégica para el tráfico de drogas, armas y personas, así como para redes de extorsión, mientras el Estado incrementa la vigilancia, despliega fuerzas armadas o interviene en territorios zapatistas bajo el argumento de conflictos agrarios. El resultado no es una pacificación, sino un cerco complejo donde confluyen la violencia criminal, la militarización institucional y una erosión acelerada del tejido comunitario.
Este asedio no opera únicamente en el plano armado. También se expresa en el terreno simbólico y cultural. La estética del narco, como los corridos que glorifican la violencia, ostentación material y sexualización extrema de los cuerpos, se infiltra en la vida cotidiana como una forma de colonización subjetiva que busca sustituir la lógica del común por una economía del miedo y del consumo. El reciente caso del poblado autónomo Belén muestra con claridad cómo esta convergencia entre intereses criminales y estatales presiona para privatizar tierras recuperadas y trabajadas colectivamente, atacando de forma directa los pilares materiales de la autonomía. Frente a este escenario, la defensa zapatista de la vida y del común adquiere un carácter aún más urgente y radical en el sentido de ir a la raíz.
La gravedad de la situación se profundiza con la aparición de fenómenos como el llamado Cártel de Chamula, considerado el primer cártel indígena en México. Integrado por pobladores tzotziles, grupo que ha sido denunciado por prácticas extremas como el denominado “etnoporno”, en el que mujeres indígenas son esclavizadas sexualmente y videograbadas. Estos hechos evidencian no solo la crueldad del crimen organizado, sino también su capacidad para apropiarse de violencias coloniales y patriarcales históricas, reconfigurándolas como mercancía dentro de economías ilícitas. Mismos fenómenos audiovisuales podemos presenciar con la aparición de productoras musicales que realizan videoclips que exaltan los estereotipos promovidos por el crimen organizado, en suma, a filmes de manufactura casera como “Campesinos a la Mafia”.
Desde esta perspectiva, el crimen organizado no puede entenderse como un actor marginal o una anomalía del sistema. Funciona, más bien, como una de las corporaciones más eficientes del capitalismo contemporáneo, inscrita en procesos de acumulación por desposesión que combinan militarización y violencia delincuencial, tal como lo ha señalado William Robinson y Gilberto López y Rivas. Los cárteles disputan territorios, instauran regímenes de control y terror social y se integran a circuitos globales de capital ilícito que terminan blanqueándose en el sistema financiero internacional. Bajo estas condiciones, la frontera sur se transforma en un espacio clave: corredor migratorio, ruta de economías ilegales, enclave de trata y laboratorio de disciplinamiento social.
En medio de este cerco múltiple, la autonomía zapatista se afirma como una forma de resistencia radical y defensa del territorio. Mientras el necro-capitalismo ofrece la muerte rápida o prolongada como horizonte, los pueblos insisten en la vida digna como principio organizador. Defender la tierra, la memoria y la comunidad se convierte así en un rechazo frontal a una lógica que reduce todo a mercancía, incluidos los cuerpos, y en una apuesta concreta por sostener otros mundos posibles en condiciones extremas.
Francisco, ante este escenario marcado por la militarización y la presencia de múltiples grupos armados, ¿existen enfrentamientos armados directos entre el zapatismo y estos actores?
No existen registros de choques armados abiertos entre el EZLN y otros grupos, pero sí se ha documentado una serie de agresiones sistemáticas orientadas a erosionar las bases materiales de la autonomía. Estas acciones incluyen incendios de viviendas, saqueo de cosechas y destrucción de proyectos colectivos, y en los últimos años se han intensificado con la participación directa o indirecta de fuerzas estatales y estructuras paramilitares. En Chiapas operaron históricamente grupos como Máscara Roja, Los Chinchulines o el perversamente llamado Paz y Justicia; hoy, ese entramado se reconfigura con actores locales y con cuerpos estatales de élite como las FRIP, conocidas como “pakales”, que actúan en un clima de impunidad. Se trata de un mecanismo de violencia externalizada: mientras el Estado sostiene un discurso de legalidad, delega el trabajo represivo en intermediarios civiles o armados que facilitan el despojo y allanan el terreno para intereses económicos mayores. El reciente caso de Belén marca un punto de inflexión que confirma la persistencia de esta lógica contrainsurgente, aún cuando el zapatismo se empeña en fundar un “Quirófano en la Selva Lacandona”.
En este contexto, la Organización Regional de Caficultores de Ocosingo (Histórica) ha incrementado sus ataques contra las bases de apoyo zapatistas mediante amenazas, hostigamientos y el uso de armas de fuego con el objetivo de arrebatar tierras. Estas agresiones no buscan únicamente el desplazamiento físico de las comunidades, sino la destrucción deliberada de los proyectos productivos que sostienen la vida autónoma. Existen denuncias documentadas de prácticas como el envenenamiento de estanques de peces, el asesinato de ganado y la devastación de cultivos. No se trata de estallidos aislados de violencia, sino de una estrategia prolongada de desgaste destinada a cortar la autosuficiencia comunitaria y forzar a las poblaciones a reinsertarse en relaciones de dependencia con el Estado o con poderes locales.
Este escenario confirma que el paramilitarismo no opera de manera autónoma ni es marginal al Estado. Forma parte de una red más amplia donde confluyen cacicazgos regionales, intereses de corporaciones extractivas transnacionales, dinámicas del crimen organizado y la complicidad, por acción u omisión, de distintas instancias estatales. Las agresiones contra el zapatismo resultan funcionales a la expansión de megaproyectos y al control territorial del sureste del país. Al debilitar a las comunidades autónomas, se despeja el camino para la militarización, el turismo depredador y las grandes inversiones. Lo que suele presentarse como un conflicto local es, en realidad, una pieza estratégica de la necropolítica capitalista que busca eliminar cualquier experiencia que coloque la vida y la autonomía por encima de la lógica del lucro.
¿Existe un vínculo entre los grupos paramilitares y las instituciones del Estado?
Sí, existe un vínculo de carácter estructural. Desde la década de los noventa, la política contrainsurgente en México ha operado mediante la promoción, tolerancia o encubrimiento de grupos armados presentados como “civiles”, mientras los despojos territoriales se ejecutan con respaldo o cobertura de instancias militares, policiales y ministeriales. El caso reciente de Belén lo documenta con claridad: incursiones denunciadas con presencia del Ejército Federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y personal de la Fiscalía; resoluciones aceleradas y operativos de despojo difundidos incluso por canales oficiales. De este modo, el Estado desplaza la violencia hacia terceros, garantiza la impunidad y difunde la idea de que la autonomía es ilegal y que los bienes comunes pueden ser convertidos en propiedad privada.
En la práctica, estos grupos armados actúan con armas de uso exclusivo del Ejército, bajo la protección de autoridades locales y en coordinación con corporaciones de seguridad federales. No se trata únicamente de tolerancia pasiva: en numerosos casos, los paramilitares funcionan como extensiones informales de la política estatal, ejecutando tareas que el gobierno no puede asumir abiertamente sin asumir costos políticos o legales.
Esta relación resulta funcional porque permite al poder administrar la violencia sin aparecer directamente como responsable. La tercerización del uso de la fuerza es un rasgo central de la necropolítica contemporánea: el Estado decide quién puede permanecer en el territorio y quién debe ser expulsado, quién tiene derecho a sembrar y quién queda condenado al desplazamiento o a la muerte, pero lo hace de manera indirecta, a través de intermediarios que operan bajo el amparo de la impunidad.

Hasta ahora hemos hablado principalmente de los enemigos del Zapatismo. ¿Aparte del Congreso Nacional Indígena, existen en la sociedad mexicana algunos aliados claves, especialmente en contexto urbano?
Además del Congreso Nacional Indígena, existen en el país aliados urbanos que se han inspirado directamente en la experiencia zapatista. Un ejemplo fundamental es la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), que desde sus orígenes se reconoció en el espejo del zapatismo. Esta organización firmó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y más recientemente la Declaración por la Vida. Sus comunidades autónomas pueden pensarse como Caracoles urbanos, espacios donde se ejercen prácticas de autogobierno, de organización colectiva y de construcción de autonomía en contextos metropolitanos. Zibechi las ha descrito como la experiencia de autonomía urbana más grande de América Latina.
La OPFVII tiene varios asentamientos en la Ciudad de México. Uno de los más significativos es Acapatzingo, en la delegación Iztapalapa, un verdadero oasis al interior de una de las zonas más empobrecidas y violentas de la capital. Allí, detrás de sus puertas, las y los integrantes han construido una cotidianidad distinta: cuentan con su propio sistema educativo, una radio comunitaria, servicios de salud autónomos y una rica vida simbólica y ritual en torno a la figura de Los Panchos o Las Panchas, que funcionan como referentes de identidad colectiva. Todo esto no es un simple “programa social”, sino una lógica de reproducción de la vida que rechaza la propiedad privada y pone en el centro la dignidad.
La experiencia de la OPFVII muestra que la autonomía zapatista no es sólo rural ni indígena: puede adaptarse al espacio urbano y convertirse en una alternativa concreta frente a la marginalidad y la violencia de las ciudades. En tiempos de gentrificación acelerada, Acapatzingo y otros asentamientos de la organización plantean un horizonte distinto: la defensa del territorio urbano como lugar de vida, no como mercancía inmobiliaria. Es una propuesta que dialoga directamente con los movimientos anti-gentrificación que hoy emergen en la Ciudad de México, ofreciendo un ejemplo de que es posible habitar la ciudad sin entregarla al mercado. En este sentido, el zapatismo no está aislado en las montañas de Chiapas. Sus ecos resuenan en barrios y colonias populares que, como OPFVII, se organizan para vivir de otra manera. Estos aliados urbanos son clave porque muestran que la autonomía no es una utopía lejana, sino una práctica concreta que se ejerce día a día en contextos hostiles.
Jérôme Baschet ha señalado que la reciente reorganización de las instituciones autónomas zapatistas implicó invertir la pirámide del poder y fortalecer a las comunidades locales. ¿Cómo valoras este proceso?
Las modificaciones anunciadas en el contexto del 30 aniversario del levantamiento zapatista, en 2024, constituyen uno de los movimientos más significativos dentro de la historia reciente de la autonomía. Se trata de un ejercicio profundamente reflexivo, en el que las propias comunidades evaluaron críticamente sus formas de organización y decidieron transformarlas. Uno de los cambios más relevantes fue la desaparición de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Durante años, la estructura organizativa se articuló de manera escalonada: pueblos que conformaban comunidades, comunidades que integraban municipios autónomos y municipios que, a su vez, daban forma a los Caracoles. Con el tiempo, las comunidades reconocieron que este esquema no siempre garantizaba el principio del “Mandar Obedeciendo”, pues en ciertos momentos se generaron inercias de concentración del poder, particularmente en las Juntas de Buen Gobierno.
A partir de ese diagnóstico, se optó por un proceso de descentralización profunda. La toma de decisiones regresó a las bases y se reforzó el nivel comunitario como núcleo de la vida política. De ese replanteamiento surgieron los Gobiernos Autónomos Locales (GAL), espacios donde las decisiones se adoptan de manera más directa y en estrecha relación con las necesidades concretas de cada territorio. No fue una ruptura improvisada, sino el resultado de años de experiencia acumulada y de una voluntad explícita por corregir aquello que ya no funcionaba.
Desde mi interpretación, esta reorganización representa una radicalización de la autonomía, no su debilitamiento. El territorio zapatista nunca ha sido uniforme: existen pueblos completamente organizados en torno al EZLN con presencia muy amplia y otros donde la presencia zapatista se reduce a una sola familia. Los GAL permiten responder a esa heterogeneidad, ajustando las formas de gobierno a las realidades específicas de cada contexto. La autodeterminación sigue anclada en los principios zapatistas, pero ahora se expresa de manera más situada, más encarnada en la vida cotidiana de los sujetos colectivos, sin depender de una estructura central que pueda volverse rígida o distante.
Con esta transformación, las coordinaciones ya no recaen exclusivamente en las antiguas doce Juntas de Buen Gobierno, sino que se articulan a través de colectivos vinculados a los GAL. Esto no implica una fragmentación de la autonomía, sino una redistribución del poder y una ampliación de su alcance territorial en términos efectivos y directos. La reorganización puede leerse también como una estrategia integral de defensa del territorio, de diversificación de las economías comunitarias y de fortalecimiento del común. La tierra puede ser trabajada por personas o colectivos siempre que no estén vinculados al crimen organizado ni a estructuras paramilitares, lo que abre la posibilidad de extender prácticas comunitarias de cuidado y resistencia más allá de los límites formales del zapatismo mismo.
En ese sentido, los GAL no encarnan una lógica de cierre o exclusión, sino de apertura. No se trata de levantar fronteras identitarias, sino de tejer redes de protección colectiva frente a un contexto marcado por múltiples amenazas. Después de más de tres décadas de construcción autonómica, el EZLN ha mostrado algo poco común en la política: la capacidad de revisar críticamente sus propias estructuras, reconocer errores y reinventarse. Esa disposición a cambiar sin renunciar a los principios es, en sí misma, una práctica profundamente revolucionaria. Mientras los Estados tienden a reproducir jerarquías coloniales y a aferrarse a formas rígidas de poder, los pueblos zapatistas ensayan, corrigen y vuelven a ensayar, manteniendo viva la autonomía como un proceso en permanente construcción.

Antes de que entremos a la especificidad tu tema, ¿podrías hablar poco sobre la situación de la comunidad LGBT en territorio zapatista?
Recomendaría leer sobre todo el trabajo de Sylvia Marcos, que habla de la fluidez del género zapatista. En las comunidades autónomas, la perspectiva de género está situada en el centro de la vida colectiva. No es casualidad que estemos hablando del único territorio del país donde no hay feminicidios ni trata sexual: una diferencia radical frente al resto de México, que vive una emergencia cotidiana de violencia contra las mujeres y disidencias. Esto muestra que cuando se transforma el poder desde abajo, también se pueden modificar las relaciones sexoafectivas y de género.
En lo que respecta a la comunidad LGBT+, un ejemplo muy significativo es el de Marijose, una compañeroa otroa, es decir, una identidad trans desde la mirada occidental, pero reconocida en sus propios términos dentro de la comunidad zapatista. En 2021, Marijose formó parte del Escuadrón 421, que viajó a Europa 500 años después de la llamada “caída” de Tenochtitlán, invirtiendo el sentido del viaje colonial para “conquistar Europa”. El escuadrón estaba compuesto por 4 mujeres, 2 hombres y una compañeroa otroa, y fue precisamente Marijose quien desembarcó primero, rompiendo simbólicamente con la modernidad occidental, colonial y heteropatriarcal. Ese gesto fue profundamente político: colocó la diferencia sexual y de género en el centro de una crítica global contra la colonialidad

Claro que el machismo y la homofobia siguen presentes en las prácticas comunitarias, como en toda la sociedad mexicana, empero, en territorio zapatista se han producido transformaciones profundas y concretas. No es un proceso acabado ni perfecto, pero marca un horizonte distinto: el de comunidades que reconocen que no puede haber autonomía sin justicia de género.
Estos cambios también deben leerse como un aporte político más amplio. Frente a una sociedad donde las disidencias sexuales son criminalizadas, explotadas o invisibilizadas, el zapatismo ofrece un ejemplo de cómo los territorios autónomos pueden convertirse en refugio para nuevas formas de convivencia. No se trata de idealizar ni de negar las tensiones internas, sino de mostrar que, incluso en contextos atravesados por la guerra y la precariedad, es posible construir relaciones más libres, diversas y respetuosas.
Ya llegamos a tu tema. Cuando se habla del zapatismo, casi siempre se menciona su organización o filosofía política, pero tú te enfocas en la estética. En uno de tus libros declaras que en el zapatismo hay una relación indisoluble entre el arte y la política. ¿Podrías aclarar cómo es indisoluble?
Primero, debemos aclarar que hablar de arte y política no significa hablar de propaganda. Si la política atraviesa la vida cotidiana, también está presente en las prácticas simbólicas. El arte es producción de sentido, de símbolos, pero también es forma de producción, circulación, consumo y comunicación. No se reduce a un contenido explícitamente político: incluso decidir dónde se expone una obra, quién tiene acceso a ella y en qué condiciones, es un acto político. Del mismo modo, exaltar la figura eurocéntrica del artista como “genio iluminado por Dios” o afirmar que todo ser humano posee potencial creativo son elecciones políticas que definen cómo entendemos la creación.
Este pensamiento tiene raíces en el territorio zapatista desde la clandestinidad. Ya en los años ochenta existían células culturales que practicaban teatro, música o poesía, no solo como reproducción ideológica, sino como estrategia de cohesión social y de construcción comunitaria entre pueblos indígenas, campesinos y guerrillas urbanas marxistas. Muy formativo fue, por ejemplo, el cine comunitario: las proyecciones de películas de otras luchas internacionales como la vietnamita, muchas veces sin subtítulos, que las propias comunidades reinterpretaron inventando diálogos. En ese gesto había poética, performatividad y política al mismo tiempo: una reapropiación colectiva de los relatos globales desde la propia experiencia local.
Me interesa centrarme en esa potencia simbólica y poética que nace de las comunidades mismas. Frases como “Nos cubrimos el rostro para que nos vieran” no son solo consignas, sino símbolos que condensan una visión del mundo y que se encarnan en la vida cotidiana. Lo que vemos en el zapatismo es cómo las prácticas artísticas indígenas, que siempre han existido de forma milenaria, se complejizan y resignifican al entrelazarse con el ideario político contemporáneo. Así, la expresión cultural no es un adorno de la lucha: es parte de su núcleo más fuerte. El zapatismo ha tenido un impacto cultural inmenso a nivel nacional e internacional, produciendo un cambio simbólico, poético y político en la izquierda mundial y detonando una explosión creativa que inspiró a nuevas generaciones de artistas indígenas. Sin el levantamiento de 1994, probablemente ese estallido cultural habría tardado mucho más en emerger.
En este sentido, el zapatismo demuestra que arte y política son indisolubles porque ambos comparten la tarea de producir mundos. El arte no se limita a representar la realidad: la transforma, la reordena y la reimagina. La política, por su parte, no se limita a gestionar instituciones: también se inscribe en el terreno simbólico, epistémico y estético. Por eso, en Chiapas vemos murales, canciones, danzas, poesía y hasta vestimenta que no solo expresan resistencia, sino que generan comunidad, transmiten memoria y crean futuro.
Además, el impacto cultural zapatista no se detiene en las fronteras de México. Frases, imágenes y estéticas surgidas en las comunidades autónomas han viajado por el mundo, inspirando desde colectivos artísticos autónomos en Europa hasta movimientos indígenas en el Sur de Abya Yala, o proyectos como el de Zapatera Negra que une la gráfica y los idearios políticos de los zapatistas con los de las Panteras Negras que al día de hoy vemos que están resurgiendo en Estados Unidos. Esa especie de internacionalismo en clave estética —hecho de símbolos, palabras, colores y gestos— ha fortalecido la idea de que el arte no es secundario en la lucha política, sino una de sus formas más potentes de expansión y reproducción que conecta lo simbólico con la reproducción material. Por eso digo que la relación entre arte y política en el zapatismo es indisoluble: porque ambas son formas de hacer existir otros mundos posibles.

En tu otro libro Poéticas de la resistencia, hablas mucho de epistemología y decolonialidad. ¿Es el arte en el Zapatismo “instrumento” para expresar las cosmovisiones no occidentales y conectar los elementos urbanos e indígenas?
Es interesante esta dialéctica entre lo poético, lo político y la realidad concreta. En los procesos organizativos, muchas veces los conceptos clásicos de la teoría crítica —como lucha de clases o plusvalor— no conectan fácilmente con las bases sociales, no obstante, a partir del arte, la literatura y otras expresiones culturales, se vuelven posibles otras formas de comunicación política y hasta formación de cuadros. Un ejemplo claro son los relatos del Viejo Antonio, escritos por el Subcomandante Marcos, que recuperan fragmentos de la cosmovisión maya. Allí, las narraciones sobre cómo nacieron los dioses o el mundo se entrelazan con pedagogías libertarias y con crítica política. Esa imbricación produce una potencia particular: no es siempre efectivo hablar desde categorías abstractas y ajenas, sino desde símbolos y relatos que dialogan con la memoria de los pueblos, al tiempo que abren puentes con otros sectores sociales urbanos y globales.
En ese sentido, el arte en el zapatismo no funciona como “instrumento” subordinado a una ideología previa, sino como espacio de encuentro epistemológico y heurístico. Permite articular lo indígena y lo urbano, lo comunitario y lo global, lo local y lo transnacional. A través del arte, se construyen puentes de sensibilidad que generan cercanía y permiten que distintos actores se reconozcan en la misma lucha. La poesía, la música, la gráfica o el performance no son sólo vehículos, son también formas de pensamiento que amplían la política más allá de la racionalidad eurocéntrica.
También me gustaría preguntar sobre la rica tradición mexicana del arte revolucionario. ¿Existe alguna conexión entre los zapatistas y esta tradición, con personas como el pintor Diego Rivera o el diseñador gráfico Leopoldo Méndez?
Ahora, respecto a la tradición mexicana del arte revolucionario, sin duda México cuenta con un legado muy fuerte, pero no veo una correlación directa entre esa tradición y el arte de las comunidades zapatistas. El muralismo impulsado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco fue un proyecto patrocinado por el Estado posrevolucionario, bajo la dirección de José Vasconcelos (quien era germanofílico y de orientación filonazi) y la Secretaría de Educación Pública. Su función era la reproducción ideológica cultural desde arriba: las instituciones determinaban los discursos, los símbolos, los temas y los espacios donde debían exponerse. Al mismo tiempo, reforzaban oposiciones entre “alta” y “baja” cultura, entre arte, artesanía y folclor, funcionando como mecanismos de inferiorización cultural de la otredad, por más que los murales estaban orientados a las clases populares. Era un proyecto jerárquico que consolidaba lo que podríamos llamar una colonialidad estética, un sistema que regula qué se puede sentir y expresar, además de que servía para afianzar la consolidación del Estado-nación.
Por eso es tan importante que los procesos de liberación estén acompañados de prácticas artísticas y simbólicas propias. Se trata de una restitución a nivel ontológico de los valores y subjetividades de la mayoría social. En este marco, las comunidades zapatistas amplían profundamente la noción de arte. En el comunicado Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo definen al artista como aquel que crea, sin importar los cánones ni las clasificaciones impuestas. En mi opinión, aunque no lo nombren en clave marxista, esa idea rompe con la histórica división entre trabajo manual e intelectual propia de las sociedades capitalistas.
En el capitalismo, solo unos pocos privilegiados tienen derecho a ser reconocidos como científicos o artistas. En cambio, tras 40 años de lucha, en los territorios zapatistas cualquiera puede ejercer ambas dimensiones libremente: ser campesino por la mañana, pintor por la tarde, convivir con la familia por la noche y estudiar matemáticas al día siguiente. En este horizonte, el arte y la ciencia no son esferas separadas de la vida social: están inscritas en la vida misma. Por eso los zapatistas hablan del arte de la milpa, del arte de los trabajos colectivos o incluso del arte de la resistencia.
En mi análisis, lo que hacen es recuperar el sentido original de aísthēsĭs: las formas de sensibilidad a partir de las cuales conocemos y construimos el mundo. De ahí que su propuesta se pueda entender radicalmente como descolonizadora: no conciben el arte como un campo autónomo controlado por museos o mercados, sino como práctica vital que forma parte de la reproducción de la vida comunitaria. Es una redefinición del arte como saber colectivo, como epistemología que desafía la colonialidad estética y propone una aesthesis in-surgente desde abajo.

Para cerrar, ¿que lección crees que deberían aprender los movimientos urbanos o movimientos occidentales hablando de este tema de arte, estética y política?
Pensando en que arte, estética y política están entremezcladas, hay que subrayar que no son lo mismo. La estética no se reduce al gozo ni al consumo cultural, sino que implica la recuperación de otras epistemes: lo metafísico, lo divino, lo ontológico, los sistemas de relaciones concretas que organizan la vida, pero también las formas de sanar historias coloniales que todavía pesan sobre los cuerpos y territorios. Desde esta mirada, la estética es una forma de vida más amplia, no limitada a la producción artística en sentido estrecho, sino ligada al entendimiento de la alteridad y al reconocimiento de que todas y todos somos portadores de sensibilidad y de potencia creativa entendida incluso como poiésis.
El zapatismo enseña que el arte no se reduce a la propaganda ni al espectáculo, sino que se convierte en herramienta vital para producir comunidad, memoria y futuro. Desde los relatos del Viejo Antonio hasta los murales, la música o las danzas, lo estético se funde con lo político como práctica de dignidad. Y esto debería interpelar a los movimientos urbanos y occidentales que muchas veces conciben el arte como algo separado de la vida, como práctica ornamental, tiempo de “ocio” o confinado a galerías o instituciones culturales. El reto es recuperar el arte como práctica colectiva, como aísthēsis que transforma no solo lo que vemos, sino lo que sentimos y lo que somos capaces de imaginar.
Pensando que los pueblos indígenas han intentado ser colonizados durante más de cinco siglos y que, sin embargo, siguen resistiendo, me quedo con un mensaje político, artístico y poético: que a nivel amplio la esperanza no muere. Esa esperanza está presente en el zapatismo, pero también en las madres buscadoras que representan la dignidad de este país, en los diferentes movimientos de mujeres que luchan, en los pueblos que defienden sus ríos y montañas, en quienes enfrentan la necropolítica con creatividad y cuidado. La esperanza aquí no es un concepto abstracto ni un refugio religioso, sino una práctica política cotidiana: la construcción material y simbólica de futuros distintos.
El imperio de la muerte busca ser total, global y permanente. Pero la lección que nos deja el zapatismo es que incluso en medio de la guerra se pueden imaginar y llevar a la práctica mundos nuevos. Lo que hoy se juega en Chiapas no es solo el destino de un pueblo, sino la posibilidad de imaginar colectivamente que hay vida más allá del capital y de las guerras globales, en donde parece que enfrentamos transiciones hacia un mundo multipolar fuera de una hegemonía única. Esa es la lección de quienes hacen de cada acto de resistencia una obra de dignidad, de quienes convierten la memoria en fuerza, y de quienes insisten en que, aunque el poder diga lo contrario, otro mundo ya se está construyendo en las grietas del presente.
Francisco De Parres Gómezes un antropólogo, comunicólogo y fotógrafo mexicano, que se desempeña como investigador posdoctoral en la Universidad Veracruzana, donde desde hace años se dedica al estudio de la relación entre arte, política y movimientos indígenas como los zapatistas. Sobre estos temas publicó el libro premiadoPoéticas de la resistencia: arte zapatista , estética y decolonialidad (CIESAS-UDG, 2022) yArte y política en el zapatismo contemporáneo: Una relación indisoluble (CLACSO, 2022). CoordinóInternacionalismo crítico y luchas por la vida. Hacia la construcción de horizontes futuros desde las resistencias y autonomías En su investigación actual, Francisco analiza el contraste entre las prácticas estético-políticas orientadas a la defensa de la vida y el territorio, y las expresiones estéticas y culturales de la necropolítica de figuras neofascistas como Donald Trump, Javier Milei, Nayib Bukele o Jair Bolsonaro.
EZLN | EN SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO VENEZOLANO. PERSONAS, GRUPOS, COLECTIVOS, ORGANIZACIONES Y MOVIMIENTOS DE MÉXICO Y EL MUNDO. Lista actualizada al 13 de enero a las 0700, hora de México
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EN SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO VENEZOLANO
En las primeras horas del 03 de enero de 2026, las tropas de Estados Unidos de América (EUA) invadieron territorio venezolano, bombardearon distintos puntos de ese país y secuestraron al presidente de esa nación y a su esposa. Estados Unidos pretende, así, apoderarse de todo un territorio, como reinicio de las guerras de conquista del Gran Capital.
Frente a estos hechos, compartimos nuestra palabra:
1.- Hay un país agresor, los EUA, y un pueblo agredido, Venezuela.
2.- El sistema no respeta ni sus propias leyes internacionales y sus pretextos para agredir son cada vez más ridículos y ocultan la verdadera razón: la ganancia.
3.- Por encima de gobiernos y de fobias y filias, apoyamos al pueblo de Venezuela y nos solidarizamos en la medida de nuestras posibilidades.
Para sumar tu firma: apoyo.venezuela.2026@gmail.com
Firman
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Organizaciones – México
12 Pueblos Originarios de Tecámac – Tecámac, estado de México, México
Academicxs con Palestina contra el genocidio – México
Acción Palestina Chiapas
Acción por palestina Morelos
Artivistas Social Club – Red de artistas y trabajadorxs del arte organizadxs.
Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíimbal, Península de Yucatán
Asamblea Libertaria Autoorganizada Paliacate Zapatista, Grecia
Asamblea Nacional por el Agua, la Vida y el Territorio -México
Asociación de Exploración Científica y Recreativa Brújula Roja
Asociación para la Educación Popular en América Latina | México
Barro Rojo Arte Escénico
Batallones Femeninos
Bordados de Memoria.
Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer
Brigada Comunista Angela David-LCM – CDMX.
Brigada Ricardo Flores Magon
Brigadas Emiliano Zapata de México (BEZ-MÉX)
Café cultural infinito
Café y Galería La Resistencia, Ciudad de México
Café Zapata Vive
Caracteresnoexistentes
Casa Obrera Baja California
Casa Obrera del Bajío, Guanajuato.
Cátedra Carlos Montemayor
Centro Cultural Autónomo “iik’naj”. Yucatán
Centro Cultural Autónomo “iik’naj”. Yucatán
Centro Cultural Makarenko
Centro de Derechos Humanos Fray Bartolome de las Casas
Centro de Investigaciones Sociales, Sindicales y Laborales, A.C.
Ciudadanía Lagunera por los Derechos Humanos, A.C
Clínica de Heridas y Casa del Centro
Colectiva Amo Ximayahue
Colectiva Las Desobedientes
Colectivo «Héroes de Acteal», Celaya, Gto., México
Colectivo «Lo de menos»
Colectivo Aequus.- Promoción y Defensa de Derechos Humanos
Colectivo Agroecológico Tierra de Volcanes Agrocultural
Colectivo Callejero
Colectivo Centro de Análisis Multidisciplinario -UNAM
Colectivo Chinampas – Ciudad de México
Colectivo Criptopozol+ DDHH, México
Colectivo Cuaderno Común
Colectivo Cultura Errante
Colectivo de (ar)terrorismo Guerrilla Bang Bang,
Colectivo de apoyo al CNI-CIG y EZLN, Llegó la hora de los pueblos.
Colectivo de Grupos de la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México (CG-ABCM) y las
Colectivo de Profesorxs en la Sexta
Colectivo de Reflexión en la Acción – Rumbo Proletario
Colectivo de Trabajo Cafetos
Colectivo del profesorado de Derecho y Derechos Humanos de la licenciatura en Derecho de la UACM CDMX.
Colectivo Educación para la Paz y los Derechos Humanos AC. (CEPAZDH), San Cristóbal, Chiapas.
Colectivo el Capitán Ahuizote (CCH-Sur)-CDMX
Colectivo El Desborde Tango, CDMX
Colectivo Empalabrando, Querétaro.
Colectivo Gavilanas
Colectivo Independiente Sueño de Compas (Rodolfo Olivares, Martín Reynoso, Adrián, Escobar Mateos, Ernesto Dzul Can y Diana Pimentel Rosales) – CDMX y Estado de México
Colectivo José Revueltas – Cd Juárez
Colectivo La Caleta
Colectivo la Ceiba
Colectivo la Otra Justicia
Colectivo Luciérnagas que Siembran
Colectivo Mientras tanto
Colectivo Mujeres Siglo XXI
Colectivo Mujeres Tierra, Mexicali, BC
Colectivo Mujeres y Maíz y a Luz del Carmen Silva.
Colectivo Panadero La Grieta
Colectivo por Ayotzinapa y todos los desaparecidos
Colectivo Radio Zapatista
Colectivo Tenamaxtle, San Luis Potosí
Colectivo tierra en movimiento por la resistencia.
Colectivo Utopía de Morelia
Colectivo zapatista Puente a la Esperanza
Comida no bombas, Querétaro
Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán
Comité Autónomo de Agua Potable – San Pablo Tecalco, México.
Comité de Acción y Lucha Comunitaria
Comité de Enlace Latinoamericano y Caribeño (CELC)
Comité de Padres y Madres de Ayotzinapa. ¡Vivos los Llevaron, Vivos los Queremos!
Comité en defensa del bosque El Nixticuil
Comunidad Circular, Ensenada B.C.
Comunidad de Reflexión Filosofía en Chiapas
Comunidad de Tlanezi Calli en Resistencia
Comunidad de Xochitlanezi
Comunidad de Xochitlanezi del Común
Comunidad Indígena Otomí residente en la CDMX
Comunidad Potosina por Palestina
Concejo indígena de gobierno Santiago Mexquititlán – Amealco Querétaro
Congreso Nacional Indígena
Consejo Regional Totonaco
Cooperativa ríos de Nueva
Coordinación de Familiares de Estudiantes Víctimas de la Violencia
Coordinadora de Colonias de Ecatepec – México
Coordinadora de Pueblos y Organizaciones del Oriente del Estado de México en Defensa de la Tierra, el Agua y su Cultura-CPOOEM.
DESMI, A.C.
Ediciones del Espejo Somos
El Grupo de Litigantes para la Protección y Defensa de los Derechos Humanos (Grupo de Litigantes -PRODEDH) – Chiapas, México
El Tekpatl periódico crítico y de combate, Puebla/México
Espacio Amoxtli, ciudad de México.
Espacio de Lucha contra el Olvido y la Represión.
Espacio mujeres y la sexta Jovel
EzcuelitaGDL
Felpudas Teatro (Diana Pimentel Rosales, Vianey Hernández Villada, Cecilia Irais Reza Mata) – CDMX, México
Frente Comunicacional Antifascista
Frente de trabajadores de la Salud y Seguridad Social
Frente del Pueblo Resistencia Organizada
Frente juvenil en defensa de Tepoztlán, Morelos
Geo-grafías Comunitarias, región cholulteca, México
Grupo de Trabajo No Estamos Todxs
Guerrerxs Sin Fronteras
Ikebana
Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario
Juventud Comunista de México – México.
Kolectivo “la Bestia Grafika”
La flor de la palabra
La Otra Calle
La Sexta Hidalgo
Laboratorio Popular de Medios Libres
Los y las hijas del Maíz Pinto. Tlaxcala, México.
Los Zurdos Teatro
M.I.A.U.
Maderas del Pueblo del Sureste A.C
MAKA Colectiva de estudios psicosociales, feministas y de género – ciudad de México
Mexicali Resiste
Mexicanos Unidos
Micelias
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) con base en Michoacán, territorio P’urhépecha.
Mujeres y la Sexta
Nodo de Derechos Humanos (NODHO) – México
Norte a 2
Núcleo de Solicitantes de Vivienda, Movimiento Sin Techo y Campamento “Camarada Celestino”.
Organización Campesina de la Sierra del Sur (O.C.S.S) – Coyuca de Benítez, Guerrero
Organización La Casita y Vecinos de Hersilia por la Salud, el ambiente y la agroecología.
Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente
Organizaciones de México
Otra danza es posible
Partido de los Comunistas
Periódico la Flor in xochitl in cuicatl, Puebla/México
Proceso de Articulación de la Sierra de Santa Marta, Sur de Veracruz, Mexico
Proyectos Videoastas Indigenas de la Frontera Sur (PVIFS)
Pueblos Unidos de la Región Cholultecas y de los Volcanes, Puebla/México
Radio Zapatista Sudcaliforniana
Raíces en Resistencia – México
Rebelión Científica México
Red Aborta Libre Chiapas
Red de Apoyo Iztapalapa Sexta
Red de feminismos descoloniales
Red de Movimientos Feministas de Guanajuato
Red de mujeres del oriente del estado de México
Red de Rebeldía y Resistencia-San Luis Potosí
Red de Resistencia y Rebeldía Abya Yala Rompe el Cerco
Red de Resistencia y Rebeldía de Guanajuato
Red de Resistencia y Rebeldía Jo’
Red de Resistencia y Rebeldía Nuevo León
Red de Resistencias y Rebeldías AJMAQ.
Red Por la Justicia Reproductiva en Chiapas
Red Universitaria Anticapitalista
Resistencias Enlazando Dignidad-Movimiento y Corazón Zapatista
Resistrenzas-Puebla.
Resonancias Radio
ReVelArte – Improvisando la liberación, México
Revista La Gota
Revuelta de las Semillas
Sabotaje Media – México
Seminario de Marxismo y Feminismo en América Latina
Sociedad Civil Articular la sociedad AC.
Tango disidente, libre y alegre, CDMX.
Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR) – México.
Unión Popular Apizaquense Democrática e Independiente (UPADI), Apizaco, Tlaxcala, México.
Unitierra KAXUNIK (Jonotla), Sierra Norte
Unitierra Puebla
UPREZ Benito Juárez
Vecinos del cerro de Tecalco – Chiconauhtla.
Vendaval, cooperativa panadera y algo más, CDMX
Wirikuta Balompie
Organizaciones internacionales
Αntama Collective – Grecia
Assemblea de Solidaritat amb Mèxic, País Valencià
Associazione Jambo, Italia
Batec Zapatista Barcelona
BUKO (Coordinación Federal de Internacionalismo) de Alemania
Cafe Libertad Kollektiv, Alemania
Cafè Rebeldía-Infoespai, Barcelona
CafeZ, Liège, Bélgica
Cal Cases, Catalunya
Caracol Extremadura, estado español
Centro de Documentación sobre Zapatismo. CEDOZ. Estado Español
Centro Social Okupado Anarkista L’Horta (València, Estado Español)
Chiapas Education Project, Canada
Citizens Summons
Col.lectiu per la Sororitat de Albal, Valencia, España
Colectivo Armadillo Suomi, Finlandia.
Colectivo Calendario Zapatista (Grecia)
Colectivo Caracoleras de Olba, Teruel, estado español.
Colectivo corazón del tiempo en Puelmapu (Argentina)
Colectivo Estamos Aqui- Guatemala
Colectivo gata-gata. Alemania
Colectivo Solidaridad sin fronteras de Nikitotegwak-Sherbrooke, Québec, Canada
Colectivo Terra Insumisa Alcamo
Colectivo Zapatista de Lugano, Suiza
Comité Chapaiev. Revista política. Galicia.
Comité de Solidaridad con América Latina de Asturias de Asturias (COSAL)
Estado español
Comité de Solidaridad de Viena Austria
Comité de Solidariedade con América Latina da Coruña. Galicia
Comité de solidarité avec les peuples du Chiapas en lutte (CSPCL) – Francia
CONAICOP – Consejo Nacional e Internacional de la Comunicación Popular.
Confederación General del Trabajo CGT del estado español
Cooperativa Com.e.s. di Commercio Equosolidale
Coordinadora Anti Represión Región de Murcia
Coordinadora Anti Represión Región de Murcia
Cristianos por el Socialismo (CfS)
Csa intifada – Empoli Italia
Flor de la Palabra, colectivo de traducción francófona de la Sexta
Frankfurt International, Alemania
Friedensplattform Steiermark = Plataforma de Paz Estiria, Austria
Galiza por Palestina. Galicia.
Grupo de Chiapas del Comité Noruego de Solidaridad con América Latina (LAG Noruega)
Grupo de investigación en Arte y Política.
Grupo de teatro del oprimido «activistas»
Gruppe B.A.S.T.A., Münster, Alemania
Intersindical Solidària
Juventud Palestina en el Estado español, Al-Yudur
Kaffeekollektiv Aroma Zapatista / cooperativa colectiva de café Aroma Zapatista, Hamburgo, Alemania
La otra casa Rosario.
Laboratorio Sociale Largo Tappia Lanciano (CH) – Abruzzo – Italia
Lumaltik Herriak, País Vasco
Mexicogruppen IF (Dinamarca)
Mujeres y Disidencias de la Sexta en la Otra Europa y Abya Yala, RRR (Otra Europa y Abya Yala)
München International
Museo de Formas Imposibles, Finlandia
Mut Vitz 31 de Toulouse (Francia)
Nodo Solidale (Italia/México)
Oficina de información Nicaragua en Wuppertal, Alemania
Oficina Ecuménica por la Paz y la Justicia e.V.
Pallasos en Rebeldía, Galícia
Plataforma Canarias por Palestina. La Palma, Islas Canarias. España
Proyecto Libertario Flores Magon de Milan (Italia)
Pueblos en Camino, Abya Yala
Quinoa asbl, Bruselas, Bélgica.
Radio Plaza de La Dignidad
Red de Autonomías Colectivas, Finlandia
Red de solidaridad con Chiapas de Rosario
Red Sexta Grietas del Norte – en el llamado Estados Unidos-
Red Sicilia Sud Globale
Red YA-BASTA-NETZ (Alemania)
Sare Antifaxista 2005 ★ 2026 Euskal Herriko Antifaxista Taldea
Schools for Chiapas/Escuelas para Chiapas – EEUU/Chiapas
Tatawelo – Italia
txiapasEKIN – Pais Vasco/Euskal Herria
Vocesenlucha – Comunicación Popular (España)
Ya Basta! Êdî Bese – Noreste Italia
Yretiemble! Colectivo de apoyo al Zapatismo y el CNI desde Madrid – Madrid, Estado Español
Personas – México
Abenamar López, Chiapas, México
Abraham Rodriguez Quintanilla
Abril Esquivel – México
Abril Téllez Flores
Adalberto Montiel Román
Adalid Valencia
Adolfo Olea Franco
Adrián Bejerano, Cdmx.
Adrián López Angulo, Puebla.
Adriana Casasola Rojas. Ciudad de México
Adriana López González
Agustín Solano López, Guerrero-México
Áimée Cervantes Escobar. Mazatlan.
Alaíde R. Martínez Hdz
Alberto Betancourt Posada
Alberto C. Velázquez Solís
Alberto Colin Huizar, antropólogo
Alberto Coria, Adherente a la Sexta.
Alberto Gonzalo Dueñas López
Alberto Moctezuma Martínez
Alberto Nicolás López Méndez, Chiapas
Alberto Tadeo Guzman
Alberto Tenorio Jiménez
Alberto Vallejo Reyna
Alejandra Gordillo Arias CDMX
Alejandra Guillén González
Alejandra Hernández – México
Alejandra Jiménez González, Querétaro
Alejandra Ramírez Ángeles.
Alejandra Rosas Rivera
Alejandra Sosa López
Alejandrina Rodríguez, Mexico
Alejandro Bonada Chavarría
Alejandro Karin Pedraza Ramos -FFyL-UNAM/CDMX
Alejandro Mira, Querétaro
Alejandro Reyes Arias
Alejandro Rodríguez Andrade, Colima, México
Alexis Daniel Rosim Millán – México
Alicia Beatríz Cruz Camarena
Aline González Balcázar
Alma Alvarado Hernández
Alma Idalia Kullick Lackner, Monterrey, Nuevo León, Mexico.
Alma Julieta Granados Garduño, Querétaro
Alma Leticia Borrego. Rosario, Sinaloa.
Alma Rosa Moya Alvarado- Querétaro
Ana Laura Ríos Morón
Ana Laura Ríos Morón. Mazatlan.
Ana Luisa Juan Mendoza
Ana P. Torres González, Caracol del Sur
Ana Patricia García García
Ana Silvia Larios
Ana Valadez Ortega
Anayatzin Temores Alcántara
Anderson Avila
Andrés Galindo Solís, San Luis Potosí, México.
Andrés Mejía
Anelí Villa Avendaño, CELA-CIALC, UNAM
Ángeles Gama
Angélica Aurora Avila Olazcoaga – ciudad de México
Angélica Ayala Galván
Angélica Rico Montoya
Antonio Flores González. Querétaro.
Antonio Múgica Puebla México
Antonio Valencia Olascoaga
Antulio Fernández
Araceli Gutiérrez Huitzil
Arcadio Madera Sarmiento. Mazatlán.
Arcelia Enríquez Rincón
Argelia Guerrero
Argelia Rentería
Ariel García
Armando Soto Baeza
Artemisa Edith García Cerecedo
Arturo Anguiano – México
Arturo Espinosa Guerrero
Arturo Guerrero
Aurora Betancourt
Aurora Betancourt R.
Aurora Vidal
Bárbara Pohlenz, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Bárbara Zamora – México
Beatriz E. Rosales de la Cruz – CDMX, México
Belzaín Mejía Iturriaga, Mérida
Benjamín Becerra Absalón
Benjamín Becerra Padilla
Berenice Mejía Iturriaga Psicoanalista/ UNAM
Bertha Navarro – Ciudad de México
Betsy Rodríguez Reynoso
Blanca de Lira Macías
Blanca Estrella Ruiz – Estado de México
Blanca Lilia Narváez Ribera
Bonifacia Hernández Flores
Brenda Nava Galindo
Brian Michel Jiménez Luna (Foro permanente contra la precarización docente)
Bruno Emilio Rodríguez García – Ciudad de México.
C. Rodrigo Cortés Mora
Camilo Raxa Camacho Jurado
Carlos Alberto Ríos Gordillo
Carlos Andrade – Ciudad de México
Carlos Andrés Aguirre Álvarez Ciudad de México
Carlos Antonio Aguirre Rojas, México.
Carlos Calvo Espinoza
Carlos Figueroa ibarra
Carlos Hernández Babún, León, Guanajuato
Carlos Macías Esparza – México
Carlos Miguel López Sierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Carlos Reveles Delijorge
Carlos Salvador Zahuantitla
Carlos Tornel, México.
Carmen Alinn Bravo Castillo
Carolina Concepción González González. Profesora-investigadora. La Paz, B.C.S. , México.
Carolina Coppel – Mazatlán, Sinaloa
Carolina Díaz Iñigo, Antropóloga
Catalina Rodríguez Lazcano, México
Catherine DeWeese Parkinson, México
Cayo Vicente
Cecilia Delgado Briseño
Cecilia Granados Salgado, CDMX
Cecilia Vargas
Celestino Ñonthe Ramos. Mazatlan
César Alejandro Ponce Pérez
César Felipe Rojas López
César Godínez Meneses – Ciudad Nezahualcóyotl, Edomex. México
Christopher César Llamas Burgueño.Rossrio, Sinaloa
Citlali M. Marino Uribe
Claudia Bustillos Lugo
Claudia Carlos Pinedo
Claudia Ledesma Hernández CDMX
Claudia Yanet Figueroa Sánchez
Compañero Mariano
Concepción Suárez Aguilar. Chiapas, México.
Consuelo Patricia Martínez Lozano – San Luis Potosí
Cosme Zamudio
Crismar García
Cristina Amor Faya
Cruz Antonio González Astorga
Cuauhtémoc Saucedo Santoyo, «TeMoK», Escritor, cdmx
Cynthia Astudillo Ventura
Daniel Bezares Rodas – Ocozocoautla, Chiapas.
Daniel Ochoa Vázquez
Darby Jesús Espinoza de la Peña. Mazatlan.
David Barrios Rodríguez, Ciudad de México
David Jiménez, Puebla
David Lozano Tovar
David Villarreal Zavala. Mazatlan.
Deni Valo
Diana Itzu Luna, Chiapas. México
Diana Loeza Limón
Diana Manrique García, México.
Diana Pimentel Rosales – CDMX, México
Diego Gonzalo Ibarra Rodríguez
Diego Osorno
Diego Xiuhcoatl Robles Ramírez – Villa de Álvarez, Colima
Dionisio Morales Pavón
Doh Nato Kzy
Dorotea Díaz Castelao
Dr. Gilberto López y Rivas, México
Dr. José Luis Herrera Peralta – Sección 22 CNTE-SNTE
Dr. León Enrique Avila, Profesor, Defensor de los humedales de montaña
Dra. Alicia Castellanos Guerrero, México
Dra. Ma. Andrea Trejo Márquez-UNAM-México
Dra. Patricia E González-Zuniga
Dra. Rosalva Aída Hernández Castillo, México
Edith Victorino
Edith Yolanda Gutiérrez Vázquez
Eduardo De la Rosa
Eduardo Mejía Ramírez
Elena Katzestein Ferrer
Elga Matilde Mejia Aguilar.
Elías Iván García Ríos
Elievf León Arizmendi
Elis Ramírez Castañeda
Elvira Aquino Camacho
Ema Villanueva
Emely Arroyo – Baja California, México
Emilia Cristina González Machado
Emilia Raggi Lucio-México
Emilia Torres, Puebla
Emiliano Carvajal González, Ciudad de México
Enrique González Ruiz
Enrique Iturriaga Sierra Arquitecto, Cdmx
Enrique Viramontes Cabrera
Epifanía Pérez Vázquez
Eric Daniel Lazo Ceron
Ernesto Flores Escareño, Adherente a la Sexta Declaración.
Ernesto I. Santillan Anguiano
Ernesto Menchaca Arredondo
Ernesto Ruiz Cruz
Ernesto Valtierra Galvan, Ciudad de México
Esmeralda Alonso Guevara
Esperanza Martínez Hernández – México.
Estefanía Ávalos Palacios
Esther Pérez Aboytes
Eugenia Díaz – México
Ezequiel Maldonado López
Fabián Vidal – San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
Fabio Ceballos
Fabiola Ceballos Loya Cd. Juarez
Fabiola Osnaya Alquicira
Fabricio Alvarado Cajeme
Felipe Diaz Huerta
Felipe I Echenique March
Felipe Palomino Ortíz
Felipe Varela Cervantes
Félix Ismael Sánchez Flores
Fermín Carreño Meléndez
Fernanda Navarro – Ciudad de México
Fernando Bedolla
Fernando García
Fernando Ríos Hernández, Querétaro
Fernando Santillán González, Ciudad de México
Fernando Thirión Romero,
Fiorella Fenoglio Limón
Francesca Noe
Francisca Urias Hermosillo – Cd. de Mexico
Francisco Adair Antonio Dávila – CDMX, México
Francisco Barrrios “El Mastuerzo “
Francisco Coronel Guerrero
Francisco de Parres
Francisco Humberto Peregrina
Francisco Javier Guerrero Anaya
Francisco Javier Maldonado Sacco
Francisco Noe Romero Rosario
Francisco Pérez Hernández – México
Frida Guerrera
Fructuoso Matías García
Gabriel Cruz, Chiapas
Gabriel H. Salazar
Gabriela Salazar
Gabriela Serralde Díaz – México
Gabriela Zúñiga García
Genomelin López Velázquez – Calakmul, Campeche, México
Gerardo Daniel Pineda Castillo
Gerardo M. Carrera
Gerardo Vázquez Figueroa, Querétaro
Gibran D. Trujillo
Gilberto Piñeda Bañuelos (profesor), La Paz, B.C.Sur.
Gloria Iris de la Peña López. Mazatlan.
Gpe. Sandra de la Garza Vargas – Monterrey Nuevo León , México
Grace Zamora
Graciela García
Graciela Guadalupe Pérez
Griselda Domínguez Lerio, Tuzamapan, Coatepec, Veracruz, México.
Griselda Terrón Nava – Ciudad de México
Guadalupe Esmeralda Valdez Reyes
Guillermo Peimbert, Cuernavaca, Morelos
Gustavo Corral Guillé
Gustavo Garcia Rojas, UANL, Monterrey
Haidé Rodríguez Ramirez
Héctor Abraham Borrego Duran. Mazatlan.
Héctor Alexis Castro Bastidas
Héctor de Jesús Aguilar Farías.
Héctor Efrén Hernández Zavala.
Héctor Garduño Mena
Héctor Ortiz Elizondo, Caracol del Sur
Heriberto Paredes / periodista independiente
Heriberto Rodríguez
Humberta García Escamilla
Ilich David Escobar Corona. Mazatlan.
Indira Benites Navarrete-Docente-Tlaquepaque Jalisco
Inés de la Crass, Tijuana, Baja California, México
Inti Barrios
Iñigo Maurino López Antonio
Isabel Sanginés Franco
Itzel Becerra Absalón, México
Iván de Jesús Rodríguez Muñoz, EdoMex
J. Luca de la Mora Ruiz – Guadalajara, México
Jaime Cota Aguilar
Jaime López Cesati
Jaime Renán Ramírez Zavala. Mazatlan
Janeh Leyva Domínguez
Javier A. Lozano Tovar
Javier Elorriaga
Javier Elvira Moreno, San Luis Potosí, México
Javier G. Parada, Eremita, México
Javier Maisterrena Zubirán
Jennifer Zoe Borrego Duran. Mazatlan, Sinaloa.
Jerónimo Aurelio Díaz Marielle, Ciudad de México
Jessica Alonso Flores
Jesús Alberto Hernández. Periodista, urbanista y cineasta
Jesús Antonio Rubio Sandoval. Guasave, Sinaloa.
Jesús David Bollás Calderón, Querétaro
Jesús Espinoza Mendez. Mazatlán.
Jesús G. Camacho
Jesús Rangel Ontiveros.
Jesús Salvador Gonzáles García
Joali Margarita Hernández Valencia
Johnatan Guerrero
Jorge Alfonso Ortiz Parada
Jorge Alonso Ibarra Sosa. Mazatlan.
Jorge Alonso Sánchez, México
Jorge Ángel Sosa Márquez
Jorge G. Balleza
Jorge Gabriel García Salyano, médico comunitario, Chiapas, México
Jorge Luis López López, abogado defensor de derechos humanos
Jorge Regalado, Guadalajara, Jalisco, México
José Abraham Monroy Carapia
José Antonio Rodríguez
José Manuel Pimentel Rodríguez
José Manuel Pimentel Rodríguez – CDMX, México
José Manuel Valenzuela Arce. Tijuana, B.C.
Josefina Iturriaga Sierra, Cdmx
Josefina Torres Aguilera S.L.P. México
Josué Menchaca López
Juan Carlos Capanegra
Juan Carlos Cota Ortiz
Juan Diego Perales Franco
Juan Javier Reta Némiga
Juan José Cruz Cervantes
Juan Luis Segura Cortés
Juan Varela Cervantes
Juan Villoro, México
Juana Romero Castañeda. Mazatlan
Julia Adanari González Monroy – Colima, México
Juliana Merçon
Julieta García – Edomex.
Julio César Borja Cruz, Querétaro
Julio César Ramírez. Torreón, Coahuila, México
Kar Helena, Cd. México
Karen Elizabeth Zúñiga Fernández / CDMX, México
Karla Barrios Rodríguez – ciudad de México
Karla P. Amozurrutia Nava (FFyL-UNAM)
Karla Quintana
Kathia Núñez Patiño, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Keey Torres Orenda
Kyzza Terrazas, México
Laura Bensasson – Cuernavaca, Morelos, México
Laura Carlsen, México
Laura Gisela García Domínguez, CDMX
Laura Isabel Alcázar Gómez
Laura Rocha
Laura Rodríguez, CDMX
Laura Ulloa
Laura Vázquez Reyna, Monterrey, Nuevo León
Lenin Andrés Fonseca García
León Fierro Resendiz
Leonardo Cardona García
Leticia Madera Rentería
Lev Jardón Borbolla
Lilia García Torres, Ciudad de México.
Liliana del Rayo Farfán Rodríguez – México
Liliana López Zamora UNAM/UNRC
Lizet Delgado Calderón
Lluvia Cervantes Contreras – Querétaro, Mx
Lola Díaz-González García
Lorena Juan Mendoza
Lorena Martínez Tristán
Lucas Alvarez Olvera.
Luciana Kaplan, Documentalista – Ciudad de México
Lucio Espinosa García
Lucrecia Gutiérrez Maupomé
Luis Alberto González Arenas, Organización: RIP.mx, Adherente a la Sexta
Luis Carlos Andrade Espino – México
Luis de Tavira
Luis Hernández Navarro, México
Luis Javier Valverde Arteaga
Luis Lozano A.
Luis Omar Facio Sánchez, Querétaro
Luis Pablo Padilla Velasco
Luis Yolkin Villarreal Castañeda
Luisa Fernanda Martínez Peredo
Luisa Riley
Luiz Miguel Mendonça Gonçalves – Brasileiro residente en México
Luz Fernanda Álvarez Trejo
Ma. Cristina Peralta Casillas
Ma. de la Paz Espino, Valle de Bravo Edo. de México
Ma. Rosalva Garcia Ulloa. Mazatlán, Sinaloa.
Mafer Tangerine
Magdalena Gómez – México
Manco
Manuel Fernández Guzmán, Guerrero, México
Marcela Blum, CDMX
Marcela Pérez Escobedo, CDMX
Marcos Bucio Pacheco
Margarita Hernández Martínez
Margarita Muñoz, México
María Alicia Dorantes Camacho, Cuernavaca, Morelos, México.
María Aragón – México
Maria Betzabe García Galindo. Mazatlan.
María del Carme Cano
María del Carmen Briceño Fuentes
María del Carmen Martínez, Colectivo Utopía. Morelia, Michoacán, México
María del Carmen Valadez Pérez
María del Carmen Velázquez Cuadras. Mazatlán
María del Socorro Capetillo Pérez
María Elena Saavedra Romero
María Estela Barco
María Eugenia Guilliem Partida
María Eugenía Sánchez Díaz de Rivera, México
María González de Castilla Gómez
María Gracia Castillo Ramírez
María Isabel Pérez Enriquez
María Lourdes Gutiérrez
María Maldonado Villavicencio
María Teresa Ascencio Cedillo, Puebla, Pue.
Mariana Gómez
Mariana Itzel Espinosa Valencia – Mexico
Mariana López de la Vega
Mario Alcaraz. Morelia
Mario Bladimir Monroy Gómez
Mario Ramírez M., México
Mario Valdés Adalid
Marlene Mar Santamaría, Poza Rica, Ver.
Marta Alicia Pérez Sánchez
Martha Elena Aguiar Barrera – Guadalajara
Martín Barrios
Martin Ignacio Borrego
Martín López Trejo
Martín Méndez Bustamante CDMX
Marvin Lorena Arriaga Córdova, Chiapas
Mateo Crossa Niell
Mateo Francisco De La Peña Granados, CDMX
Mauricio García Johnson
Mauricio González González, Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio (CORASON), Ciudad de México.
Mayra Sánchez
Mayvelin Flores Villagómez
Melina Plata Sueños
Miguel Ángel Ramírez Zaragoza, México
Miguel Darío Hidalgo Castro UPN Tuxtepec, Oaxaca
Miguel Gómez Beltrán
Miguel Pérez Guillén – San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Miguel Rodríguez Velázquez
Mireya Mendoza López
Mirna Yazmín Estrella Vega
Mirtha Rivas
Mitzi Flores
Moisés Emiliano Valtierra Bustillos
Mónica Rodríguez Dávila, San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Monse Hevia Arias
Montserrat Balcorta Sobrino (Ciudad de México)
Mtra. AlejandraVargas de la Cruz
Mtra. Graciela González Phillips, investigadora jubilada de la UACM
Mtro. Gilberto Zuniga L
Mujer libre Colima
Mujer Libre Colima
Nancy Estrada
Nantik Meche. Comunicación popular feminista. Chiapas, México.
Narciso Barrera Bassols
Natalia Beristain – México
Neftalí Calixto Gutiérrez
Neftalí Miranda Pineda
Nélida Estefanía Noriega Calvillo, San Francisco Tlaltenco, Ciudad de México.
Néstor Chavarría Rodríguez
Nicandro Rodríguez Martínez
Nicte-Ha Dzib Soto (CdMx)
Nidia Guadalupe Sosa Delgado
Noemí Marín
Norma Angélica Parra Hernández – México
Nuria Araiza Fernández
Odette Castelao Frías
Odette García Castelao
Olga Alejandra Sabido Ramos
Olga Patricia Calderas Osorio
Omar Jair Pineda Juárez
Omar Sealtiel López Canett – Antropologo
Oralba Castillo Nájera – Cuernavaca, Morelos, México.
Orlando García Silva
Oscar Andrés Jiménez González, Querétaro
Oscar Cerda Gómez
Oscar Cerda Gómez
Oscar David Martínez Marcial.
Oscar G. Balleza
Pablo Ángel Lugo Martínez
Pablo Eugenio Giles Ritter
Paloma Cervantes Lara
Paloma Zapata Lillo.
Patricia Westendarp, México
Paulino Alvarado Pizaña
Pavel Cruz
Pedro Delmar Rubisel Palacios Trejo, Querétaro
Pedro Zamora
Perla Margarita Meza Inostroza
Peter Rosset, Chiapas
Porfirio Martínez González
Rafael Espinosa Morales, Ciudad de México.
Ramón Costa Ayube, Xochimilco, México
Ramón Ernesto Jara Guzmán. Mazatlan.
Ramses De la rosa-CDMX, México.Tania Paulina Viña Frías
Raquel Vargas
Raúl Delgado Wise, México
Raúl Romero
Ricardo Bermeo Padilla
Ricardo Guerrero Aguilar
Ricardo Montaño, Juventud comunista de México – Baja California
Ricardo Paz Escobar
Ricardo Zepeda Terrazas. Obregón, Sonora.
Rita Tirado Lopez. Mazatlan
Roberto Ibarra Jiménez – León, Guanajuato, México
Roberto Quiroz González – cafetería la nezia, Gustavo A Madero, CDMX
Roberto Ramírez Pérez
Rocio Barrón Ríos, Querétaro
Rocío Berenice Jiménez González.
Rodolfo Ambriz Vilchis
Rodolfo Girón, México.
Rodrigo García Leija – CDMX
Rodrigo Rubén Hernández González
Román Teja y Rocha
Rosa Evelia Montaño Centeno
Rosa María Absalón Montes
Rosa Paulina Reséndiz Flores
Rosario Patricia Rodríguez Rodríguez
Rubén Macías – México
Salvador Díaz Sánchez
Salvador Fong Fierro
Samanta Sánchez, Tlalnepantla Edo de Mex
Samuel Figueroa Gutiérrez
Sandra Gayou Soto
Sara Ángelus – Tepoztlán, Morelos México
Sara Bravo
Sashenka Fierro Resendiz
Sebastián Alejandro Bahena Alegría- México
Selene Reza García – Guadalupe Nuevo León.
Serafin Aponte, bailarín y coreógrafo – México
Sergio Araht Ortiz Rosales GDL, México.
Sergio Rodrigo Lomelí Gamboa
Sergio Rodríguez Lascano
Shekoufeh Mohammadi, México
Shirley Alejandra Thomas Hickie
Silva Juárez Aguilar
Silvia Resendiz Flores
Silvia Rocio López Sanabia. Rosario, Sinaloa
Siria Garibay Marrón
Sofía D. la Cueva
Stefanie Weiss CDMX
Steven Spears, Querétaro
Susana Iturriaga Sierra, Cdmx
Tamara Ortiz Avila, Michoacán. México
Tania Jimena Hernández Crespo
Tania Mitzi Gallaga Hernández
Tatiana Fiordelisio Coll
Teresa Calderón Manríquez
Teresa Cervantes
Tirzo Rosa
Tisu Cervantes
Titze Malambé
Tonatiuh Hernandez Correa (CDMX)
Tonatiuh Ramírez Rocha
Tryno Maldonado
Uriel Rosales Murillo
Ursula Pruneda, CDMX
Valentina Leduc – Ciudad de México
Valentina Victoria, México
Vanessa García Blanca / Torreón, Coahuila
Vera Camacho Valdez. San Cristobal, Chiapas.
Verónica López Delgado
Vibani Baruni Jiménez
Vico/Illes Balears
Víctor Gutiérrez Torres
Víctor Manuel Cabrera Morelos
Víctor Manuel Escobar Pineda
Víctor Manuel Romo Arteaga
Víctor Manuel Salomón Soto
Victoria Giles Mercado, del Estado de México.
Violeta Cortés Hernández
Violeta Medina
Violeta Sandoval Chapa
Vladimir Praxedes Villamil Martínez
Vladimir Viramontes Cabrera
William Guerrero Gálvez
William Jiménez Hernández.
Xenia Hernández – Secretaria de relaciones del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores Académicos de la UNAM. (SITTAUNAM)
Xoán Gabeiras Vérez
Xochiquetzali Espinosa Vázquez. Doctor Arroyo, Nuevo León, México.
Xochitl Georgina Franco Delgado, Ciudad de México
Xóchitl Hernández – México
Xochitl Leyva Solano, Chiapas-Mexico
Yael Espinosa García
Yasser Arafat Roberto Ibarra Velázquez
Yatli Hernández – Méx
Yaxcanek Nashinya Solano Salgado, CDMX
Yeicatl Colín – Guanajuato. Méx.
Yesica Mendoza
Yolanda Abrajan – cafetería la nezia, Gustavo A Madero, CDMX
Yolanda Cecilia Villalva
Yolanda Nime
Yuriria Pantoja Millán – México
Zvezda Ninel Castillo Romero, Periodista, Puebla
Personas – Internacionales
A. D. Minardou – Grecia
Abatzis Tassos. Grecia
Adela Estupiñan Hernández. Islas Canarias. España
Adrián Almazán Gómez – País Vasco
Alessandra Cangemi, giornalista, Milano
Aline Pailler, journaliste, ex députée européenne – France
Ana Fuentes U. / Chile
Ana Paula Morel (professora Brasil)
Andrea Cegna (Periodista freelance) – 20ZLN – Italia
Andres Walter, Alemania
Anelys Pérez Rodríguez -Cuba
Ángel Sánchez Martínez
Ángela Gippini Pose, presidenta de Galiza por Palestina
Antonio Escalante Ruiz (antimilitarista, Euskal Herria)
Antonio Versari, Roma
Arturo Arce, Chicago, Estados Unidos
Byron Mauricio Acosta – Kauka, Colombia
Carlos Pineda – Colombia
Carole Radureau, blog Cocomagnanville, Francia
Cecilia Salguero, Argentina de Red «Abya Yala rompe el cerco»
Chara Tzouma – Grecia
Christine Hoedl, Austria
Christy Petropoulou, Grecia
Claudia Mora Suiza
Clementina Pace
Cosima Minardi, Roma
Cybèle David, Francia
Dan Fischer, Estados Unidos
Daniela Dal Lago
Darian Abu-Maya Zubia, Nuevo Mexico, EUA
Derly Constanza Cuetia Dagua Kauka, Colombia
Diego Scaravaglione – Argentina
Edo Schmidt, Muenster, Alemania
Eleftherio Gogos, Grecia.
Εlli Spania, Grecia
Emmanuel E Rozental-Klinger Kauka, Colombia
Estefanía Ciro Rodríguez, Centro de Pensamiento AlaOrillaDelRío
Evgenia Michalopoulou, Grecia
Felip Cuenca
Flavio Felice Maria Ferri – Barcelona (Catalunya)
Francesc Rota Font, Catalunya
Francy Elena Molina Arboleda. Educadora popular
Frédéric Gircour, Francia
Friederike Habermann, Alemania
Gabriela Conder, abogada, Argentina
Gaia Capogna, Roma, Italia
Georgina Cerda Salvarrey
Gerardo Muñoz, Estados Unidos.
Gian Andrea Franchi Linea d’ombra ODV Trieste
Gianluca Carmosino, Comune
Giuseppe Girgenti, Italia
Graciele Viana – Brasil
Guillaume Manningham, de Québec, Canada,
Hector Bravo Benard – Países Bajos
Heike Kuhlmann – Alemania
Hélène Meunier
Hernán Ouviña, Argentina
Ingrid Schellhammer, Deutschland
Iraklis Panagoulis – Greece
Isabel Martinez-Risco Valdivieso, actriz – Galicia
Italo Retamal Espinoza – Trabajador audiovisual
Jacob Ludvigsen, community organiser, Norway
Jacques Burgering – EUA
Jaime Bernardo Díaz Díaz – Santiago de Chile.
Jaime Pastor, politólogo y redactor de Viento Sur.
Javier Matesanz Palomo, Asturias, España.
Jérôme Baschet (Francia)
Johanna Rey Herrera, Bogotá- Colombia
Jordan Medina Andrade – Estados Unidos
Jorge Riechmann (España)
Jose Pascual Rubio Cano, Región Murciana, Estado Español
Juan José Lampón Rego – Galicia
Juan Wahren (Argentina)
Kajkoj Maximo Ba, Maya Poqomchi, Guatemala
Khrys Vyneth Raudales Vargas – Honduras
Kurt R. McLean – San Diego California EEUU y Tijuana, BC, Mexico
Kyriako Stamelos – Grecia
Laurine Del Mercato, campesina – Francia
Linda Quiquivix, Estados Unidos y Guatemala
Lizamell J. Díaz Ayala, Puerto Rico
Lola Outeiral Souto – Galicia
Lourdes Fiorella Castro Ramírez de Tabarcia, Costa Rica.
Luigina Perosa – Pordenone
Luisa M García Pelegrín
Mabel Llevat – Barcelona
Maia Chauvier – Poétesse Belgique
Manuke Publisher – Japan
Marcela Lafon – Neuquén, Argentina
Marcela Lafon – Neuquén, Argentina.
Marco Aurélio Maia Barbosa de Oliveira Filho (Brasil)
Marcos Javier Bucci
Marcos Roitman Rosenmann – España
María Silva Barcala, Galicia
Maria Teresa Punzo
Martina Torrens
Martine Gerardy, traductora, Bélgica
Maud Morin – Boissières France
Mauro Rubichi, Presidente Asociación ITA-NICA Livorno. Italia
Melies Torrens Meunier
Mertxe Gómez, internacionalista Euskal Herria
Michael Korbmacher
Michele Mavropulos – Grecia
Michelle Zhang, EEUU
Miria Gambardella – Italia
Mónica Becci – Meanjin, Australia.
Natalia Arcos Salvo, Santiago de Chile
Nathalie Lastra
Nelly Bocchi, Italia
Nicole Millow Vogel, Viena Austria
Paolo Vernaglione Berardi
Paul Paulsen, Gotemburgo, Suecia.
Paula Alexandre Teixeiro – Galiza
Pedro Mireles – Tejas
Pepe Mejía, periodista, Estado español
Peter Clausing, Wilhelmshorst, Alemania
Pietro Custodi, Domodossola (VCO) – Italy
Raina Zimmering
Rasigan Maharajh
Raúl García Sánchez
Raul Zibechi (periodista, Uruguay).
Remi Gurtner, campesino – Francia
Rodrigo Casanova – Documentalista, Chile
Rosalia Toller
Sabina Sommer
Sibel Ozbudun
Silvia Martínez del Río, URUGUAY
Sonia Mariza Martuscelli – Brasil
Sophia Chamodraka – Grecia
Stefania Consigliere – Italia
Temel Demirer
Thawra Hamburg (Alemania)
Tony Bertello, Torino, Italia
Vanessa Pérez Gordillo
Vicent Maurí Genovés – Presidente Intersindical Solidària
Vilma Rocío Almendra Quiguaná Kauka, Colombia
Zoi Ntaifoti, Grecia
































