Para el maestro Luis de Tavira. Del Subcomandante Insurgente Moisés.
Compañero Tavira:
Le mando nuestros saludos a nombre de los niños, ancianos, mujeres, hombres y otroas zapatistas.
De director a director teatristas, le mando un abrazo propio. Estamos contentos que se haya usted mejorado un poco de su salud, y que esté ahora en este homenaje que le hacen sus más cercanos familiares y amistades.
Acá seguimos en la lucha, en nuestra resistencia y rebeldía que, como usted sabe bien, también camina por las artes y las ciencias. Hace unas semanas, los coordinadores de arte y cultura, y los teatristas, le escribieron una carta, y usted les respondió. Eso alegró nuestro corazón porque entendemos así que usted nos ve también como lo vemos nosotros a usted. O sea, como compañero en la lucha por la vida.
Como bien lo sabemos, la tormenta se hace más fuerte y mortal en todos los rincones del mundo, y son los más jodidos quienes más sufren.
Pero, como bien ha dicho usted en algunas ocasiones, las artes son también una forma de lucha por la vida. Y quienes luchamos, resistimos y nos rebelamos, también aprendemos y enseñamos con las artes y las ciencias.
La lucha por la vida en estos tiempos difíciles y duros se hace con la cabeza, el corazón y las tripas. Y las tres cosas tienen qué ver con la historia de cada quien. Somos diferentes los que somos de sangre que decimos originaria, indígena. Diferentes en cabeza, corazón y tripas de quienes tienen otra lengua, otro modo, otra historia. Pero nos hacemos iguales en las ciencias, las artes y las luchas. Y más ahora que la lucha es por la vida, porque el sistema capitalista está muy decidido a destruir a toda la humanidad.
Nosotros encontramos en la tierra la vida. Otros en las ciencias. Otros en las artes. Otros en su historia.
Tal vez alguien piense que cada persona debe ver por su propia vida, pero la situación actual no deja lugar para la lucha individual. Todas, todos, todoas estamos en peligro mortal. Distintos, diferentes, cada quien según su geografía, su calendario, su modo, nos hacemos iguales al reconocer al criminal y en la lucha para derrotarlo.
Nuestro esfuerzo, como zapatistas que somos, es para que el día siguiente a la muerte de la bestia inhumana del sistema, no hagamos lo mismo, y que de nuestras raíces no nazcan otros monstruos. Otras pirámides, decimos nosotras las comunidades zapatistas.
Lo que queremos es otro mundo donde estemos cabal. No todos iguales como copias, no todos con el mismo modo, sino cada quien lo que es y quiere ser, pero sin oprimir al diferente, sin tratar de hacerlo igual a nosotros, sino que respetando al que no es como nosotros. Un mundo sin explotación, sin represión, sin robos, sin desprecios.
Te saludamos maestro. Diles a tus cercanos que no importan la geografía ni el modo, y que tampoco importan la edad o la salud. Diles que tenemos que resistir, tenemos que rebelarnos, tenemos que vivir.
Un abrazo de tus compañeros los pueblos zapatistas.
Subcomandante Insurgente Moisés. México, febrero del 2026.
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL. COMISIÓN SEXTA.
1 de marzo del 2026.
A las personas, grupos, colectivos, movimientos y organizaciones firmantes de la VI Declaración y de la Declaración por la Vida:
La Comisión Sexta Zapatista tiene el honor de invitarles a las jornadas de pensamiento crítico, arte, resistencia y rebeldía para este año del 2026:
ResignARTE u OrganizARTE
En estas actividades se tratará de exponer sus experiencias artísticas, organizativas y de acción frente a la tormenta que el mundo padece. La idea es señalar que, ante la brutalidad de la tormenta, aparecen dos opciones o caminos: uno es resignarse, rendirse pues, y que sea lo que el destino o los dioses de cada quien decidan; el otro es organizarse y luchar para la resistencia y la rebeldía.
En las siguientes fechas:
Días 2, 3 y 4 de abril del 2026. Semillero de la Comisión Sexta: La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas. Sede: CIDECI de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.
Agosto del 2026. Encuentro todas las Artes. Temas: “ResignARTE u OrganizARTE”. Sede por definir. Encuentro Mundial de Resistencias y Rebeldías I: “Organizarte o Resignarte”. Sede por definir.
Diciembre- enero 2026-2027. Encuentro Mundial de Resistencias y Rebeldías II: “Organizarte o Resignarte”. Sede por definir.
Registro en el siguiente correo: resignarteuorganizarte2026@gmail.com Por favor les pedimos que especifiquen en qué fecha calculan venir y forma de participación.
-*-
Más detalles les iremos dando a conocer.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Moisés. México, marzo del 2026.
JORNADAS ZAPATISTAS «Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos» 22 DE FEBRERO DE 2026, Caracoles de Nuevo Jerusalén, Patria Nueva, Tulan Kau y Jolja
JORNADAS ZAPATISTAS «Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos» 20 DE FEBRERO DE 2026, Caracoles de La Realidad, Oventik, Garrucha y Morelia
Como investigadora feminista, originaria de Chiapas, los aprendizajes provenientes de las mujeres,otroas y comunidades zapatistas han sido inagotables. El proceso de aprender ha implicado no solo reflexionar sobre las tensiones entre una academia políticamente comprometida y los activismos alter-anti, sino también reconocer la multiplicidad de prácticas de producción de conocimiento que emergen fuera de los espacios académicos y de la investigación formal. Se trata de saberes encarnados, colectivos y situados, elaborados por organizaciones de mujeres, movimientos sociales y otros colectivos.
En esa línea, el libro Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas, editado por Xochitl Leyva Solano y Lola Cubells Aguilar, fue recientemente publicado por la editorial Traficantes de Sueños, en el Estado español en 2025. A partir del trabajo editorial de cuatro años, el libro agrupa en cinco grandes campos los aprendizajes de tres décadas de vida pública del movimiento zapatista y de las mujeres que lo sostienen: 1) el onto-político; 2) el de la defensa del territorio, la Madre Tierra y la memoria; 3) el epistémico-teórico-práctico; 4) el feminista; y 5) el artístico-lingüístico-cultural. Los aprendizajes provienen del pensamiento insurgente de la Comandanta Ramona, las voces poderosas de miles de mujeres zapatistas, organizadas en los dos encuentros de Mujeres que Luchan (2018 y 2019), celebrados en el caracol de Morelia, hasta las voces de las mujeres y hombres en el Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” (2025).
Acompañado por una acuarela de Paola Stefani e ilustrado con fotografías de Lola Cubells, Paulina Trejo, Yuchen Li, Francisco De Parres Gómez, Inés Durán Matute y Manuel Jacobo Contreras, así como ilustraciones de Beatriz Aurora, Sebastián Giraldo y Claudia Faustin, este libro recupera memorias desde 1994, año que marcó un parteaguas en las luchas altermundistas con el levantamiento del EZLN. A lo largo de sus páginas resuenan las palabras de la Comandanta Esther y su énfasis en la centralidad de las luchas de las mujeres dentro del zapatismo. La presentación del volumen, a cargo de Xochitl Leyva y Lola Cubells Aguilar, expone cómo colonialismo, patriarcado y racismo han sido dimensiones intrínsecas a la expansión del capitalismo, y cómo los pueblos originarios han tejido resistencias frente a estos sistemas de dominación.
El libro abre con un capítulo escrito desde Slumil K’ajxemk’op”, la “tierra insumisa” o la “tierra que no se resigna”, mayormente conocida como Europa. En “El zapatismo. Una brújula civilizatoria para Slumil K’ajxemk’op”, Lola Cubells Aguilar, profesora de la Universitat Jaume I de Castellón e integrante de la coordinación europea de la Travesía por la Vida, narra su largo acompañamiento, desde los años noventa, al movimiento zapatista. El texto recorre hitos clave como los Acuerdos de San Andrés, la Marcha del Color de la Tierra (2001), el Encuentro Intergaláctico (1996), la creación de las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles (Oventik, 2003), la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (2005), las manifestaciones contra la guerra de Irak (2003), la muerte metafórica del Subcomandante Marcos y el nacimiento del Subcomandante Galeano (2014), la candidatura de Marichuy y el desembarco zapatista en Vigo (2021), el mismo puerto del que partió La Pinta en 1413. A través de este recorrido, Cubells sostiene que el zapatismo constituye una brújula civilizatoria para Slumil K’ajxemk’op (Europa), en un esfuerzo planetario por afirmar que “nunca más un mundo sin nosotras, sin nosotros y sin nosotroas”.
El capítulo 2, “Nuestra Palabra es semilla que crece”, fue escrito por el colectivo Nurturers y el Colectivo Weaving Realities, integrado por Rosalba Icaza, Paulina Trejo Méndez, Nanna Kirstine Leets Hansen, Rosa Itandehui Olivera Chávez, Marina Cadaval Narezco, Brenda Rodríguez Cortés, Zuleika Bibi Sheik y Constance Dupuis. Todas ellas, afincadas en Los Países Bajos y en Dinamarca, se involucran en una escritura experimental, creativa y original, que combina, a la vez, lo personal y grupal. Su propio colectivo se define así: “al ser producto de la academia y las artes colonizantes, buscamos habitar(les) de una manera otra” (p. 54).
En el texto reflexionan sobre “los distintos llamados zapatistas” y sobre cómo “estar juntxs y organizadxs en la defensa de la vida” que es “para nosotrxs una forma de arte: el arte de la re-existencia” (p. 54). La creatividad y potencia de este trabajo polifónico reside no solo en mostrar, en tres partes, cómo “las lucecitas que nacen en la noche brillan una a una” (p. 62) y, simultáneamente, todas a la vez, sino también en invitarnos a pensar en que “el mundo funciona en crisis constante” y “la sociedad global se está derrumbando” (p. 61). Aun así, afirman que “esas lucecitas voladoras son esperanza que no se puede apagar” (p. 62).
En el apartado “Mujeres y Zapatismos”, diversas autoras comparten memorias y aprendizajes situados. Rosa Itandehui Olivera Chávez expone: “cuando me lleno de desesperanza vuelvo a la imagen de mí jugando a ser Ramona en Primavera” (p. 67). Marina Cadaval Narezo resume sus aprendizajes zapatistas con las frases: “la comunidad cuida” y “recibimos de quienes se decía no tenían nada que ofrecer, y aprendimos de quienes se decía no tenían nada que enseñar” (p. 69). Brenda Rodríguez, mujer migrante de color viviendo en tierras europeas, describe las propuestas zapatistas por la defensa de la vida y en contra de todos los sistemas de opresión deshumanizantes como “semillas que vuelan, semillas de esperanza y rebeldía que van recorriendo todos los rincones del planeta, inspirando a miles de personas” (p. 70) y recuerda la importancia de ser y de relacionarnos entre nosotrxs de otras formas, ya que estos aprendizajes nos han mostrado que en las comunidades zapatistas “no existen feminicidios ni desapariciones de mujeres (EZLN 2019)”, lo que implica habitar y construir un mundo diferente. Por su parte, Zuelika Bibi Sheik y Constance Dupois señalan que: “los árboles son nuestros maestros” y que es necesario atender el llamado a regresar al bosque de las mujeres zapatistas, ya que de ahí “surge un conocimiento de las raíces entrelazadas bajo nuestros pies descalzos, nos damos cuenta de que, cuando competimos, ninguna de nosotras gana” (p. 77).
El capítulo 3 “Madre Tierra como subjetividad. Principios de buen gobierno, memoria, territorio y autonomía”, elaborado por Rocío N. Martínez González (Ts’ujul), expone su experiencia etnográfica (entre 2006 y 2014) en una de las fiestas más antiguas del calendario maya tsotsil en el Municipio Autónomo de Polhó mostrando cómo la autonomía se vive y se reproduce desde prácticas comunitarias concretas.
“Conocer el mundo en clave zapatista” (capítulo 4) fue escrito por Daliri Oropeza, quien narra la experiencia de Ki´tik, adolescente a quien entrevistó en territorio zapatista entre 2017 y 2020, quien ha estudiado en la escuela autónoma y a quien le preocupa el cuidado de la tierra. Además, Ki’tik y su madre, a través del trabajo de Oropeza, relatan sus perspectivas sobre los aprendizajes zapatistas desde el levantamiento en 1994 hasta la gira por Europa. Así K’itik expone: “Yo nací siendo zapatista y cuando tuve conciencia, pues vi realmente el por qué estábamos luchando” (p. 135).
El capítulo 5 “Caminar con el zapatismo, construir comunidad y esperanza”, de Inés Durán Matute, investigadora-activista, y Rocío Moreno, comunera de la comunidad coca de Mezcala, Jalisco, recupera memorias desde 1994, pasando por la creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996, las palabras de la comandanta Ramona y del Subcomandante Moisés para construir comunidad y continuar con esperanza para defender la vida. Es un texto de diálogos fraternos, entre agosto y septiembre de 2021, en un compromiso por romper las formas tradicionales de hacer investigación. En dicho capítulo, se presentan las voces de: Manuel Jacobo, del pueblo coca de Mezcala Jalisco, Maricela Mejía, del pueblo hñahñu de Santiago Mexquititlán, Querétaro, Juan Dionicio, del pueblo hñahñu de San Pedro Atlapulco, Estado de México, y de Valiana Aguilar, del pueblo maya de Sinanché, Yucatán. Todxs ellxs hablan de la dignidad, de las mujeres que luchan, de la autonomía, hasta la gira del Escuadrón 421 hacia Slumil K’ajxemk’op.
“De por sí lo que hemos aprendido es a aprender”: trazos de una epistemología zapatista” es el capítulo 6 escrito por Andrea Fajardo Camacho. Es un texto en el que la autora, feminista integrante del colectivo Tierra Negra de Cali, Colombia, describe su posicionamiento dentro de la academia en el marco de una guerra epistémica colonial, patriarcal y capital, pero también de las grietas. Particularmente, se centra en recuperar autores y activistas que han tratado de ir más allá de la dicotomía academia-activismo. El trabajo de Xochitl Leyva inspira una gran parte de las reflexiones sobre metodología anticolonial activista de este trabajo que se pregunta para qué y contra qué. También trata las tensiones teóricas y metodológicas al cambiar la perspectiva de “objetos de estudio” por “compañerxs de lucha”, reconfigurando la relación epistémica hacia un “aprender a aprender”, y propone la idea de “epistemología zapatista” como “la lucha por la vida en su sentido más radical”, como “una forma de aprender a aprender no desde los centros hegemónicos, sino desde abajo y a la izquierda; no desde los conocimientos o prácticas de dominación, sino desde la resistencia cotidiana de lxs oprimidxs; no para ajustar cuentas con los calendarios y geografías dominantes, sino para inaugurar tiempos y modos de vida otrxs que, como nos han enseñado los pueblos andinos y amazónicos, apuesten por un “Buen Vivir” (p. 203).
Así Fajardo explica que el proceso de investigar con otrxs implica: “tomar postura en un escenario de guerra que no era posible sino a través de una lucha por la vida, con la plena certeza de que la Tormenta de la que hablan los compañerxs zapatistas nos demanda generar conocimiento que nos permita entender los distintos mecanismos de opresión de la Hidra, así como el necesario encuentro con quienes luchan desde múltiples frentes” (p. 189).
El capítulo 7, “Una cuota de energía al tejido de la vida” de Diana Itzu Gutiérrez Luna, es un trabajo sumergido en la sinergia de la dialéctica del Caracol-Corazón (Puy-O’tan), relacionada con la expresión territorial autónoma zapatista. Esta dialéctica se sostiene a través de varios hilos desarrollados por la autora. El primer hilo de las tres R (autonomías) se refiere a: Recuperación de las tierras, Re-configuración territorial, desde los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y la Re-significación territorial, desde la dinámica de los Caracoles zapatistas. Otro hilo son las tres A (libertad), relacionado con: a) autogobierno, b) autosustento material desde las filosofías de vida indígenas zapatistas y c) autodefensa, generando formas de resistencias-rebeldías con actos de no guerra (p. 217). También están las trece semillas (dignidad): tierra, techo, trabajo, educación, salud, alimentación, comunicación, cultura, libertad, democracia, justicia, paz y autonomías (p. 219); los siete principios: bajar y no subir, construir y no destruir, convencer y no vencer, proponer y no imponer, representar y no suplantar, servir y no servirse, mandar obedeciendo (p. 219), y las siete direcciones entendidas como “rutas rizomáticas” y una que muestran múltiples posibilidades de integralidad y totalidad: “norte, sur, este, oeste, centro, arriba y abajo” (p. 220). Además, Gutiérrez Luna recupera los aprendizajes de las mujeres zapatistas frente a la guerra, tales como las experiencias de autonomía, de trabajo colectivo, de participación política, y de defensa del territorio. En el capítulo también aborda la figura de la muertéfora como una metáfora de aniquilación del imaginario colectivo con la muerte como único destino.
El libro cuenta también con la participación de una de las pioneras de la antropología feminista, Mercedes Olivera Bustamante, autora del capítulo 8, titulado “Lecciones a las feministas de las mujeres zapatistas”. Se trata de un texto publicado de manera póstuma, en el que la autora reflexiona sobre el feminismo indígena, acompañado de una carta dedicada a la Comandanta Ramona, escrita por Olivera en 2018. El capítulo se complementa, además, con dos entrevistas realizadas por Emma Gascó y Aluminé Cabrera a la antropóloga feminista.
La voz de Sylvia Marcos robustece el libro con el capítulo 9 “Aprendiendo de las zapatistas. Tejiendo hilos en la preparación del encuentro europeo con la Travesía por la Vida, Escuadrón 421”. En este texto explica cómo el zapatismo es una propuesta vital, pero también una propuesta relacional. Las aproximaciones del zapatismo, planteadas por la autora, distinguen, pero al mismo tiempo articulan, lo femenino y lo masculino a través de la concepción otroa; destacan el papel de las zapatistas y su participación activa, así como los procesos de descolonización del feminismo. En estas propuestas, los derechos colectivos son importantes, pero también el derecho al descanso y al disfrute. Estas reflexiones resultan fundamentales para seguir pensando críticamente y provienen de cursos impartidos por Sylvia Marcos en las comunidades zapatistas.
Al final del libro se incorpora “JUKUB: Poems from Chiapas for the Reverse Conquest” como capítulo 10. Este reúne los versos de poetas y poetizas de Chiapas escritos originalmente en ch’ol y tsotsil, dos de las casi setenta lenguas que se hablan en México, y traducidos al español y al inglés, en un ejercicio que las y los autores definen como una “navegación rebelde lingüística a través de la poesía”.
El volumen reúne voces poéticas diversas, como las de Miriam Esperanza Hernández Vázquez y Canario de la Cruz, desde el ch’ol, así como la de Edgar Darinel García, desde el tsotsil, articuladas por una defensa compartida de la resistencia lingüística y del poder de la poesía, tanto para impugnar el mundo tal como está constituido como para imaginar y trazar los contornos de otras posibilidades.
Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas. Tomo II no es solo un libro para leer, sino un libro para caminar, escuchar y aprender colectivamente. Desde múltiples registros, teóricos, testimoniales, artísticos y poéticos, el volumen confirma que el zapatismo no es un objeto de estudio, sino una práctica viva que interpela nuestras formas de investigar, enseñar, estudiar y habitar el mundo. Para quienes investigamos desde Chiapas y desde los feminismos críticos, este libro reafirma que aprender de las mujeres zapatistas implica descentrar la academia, asumir una ética relacional y comprometida con la vida, y reconocer que los horizontes de justicia, autonomía y dignidad se siguen tejiendo, día a día, desde abajo y a la izquierda. ¡Viva la dignidad rebelde de las mujeres y otroas zapatistas!
______________________
*Reseña del Libro: Aprendiendo de las mujeres y las comunidades zapatistas, Tomo II de la Colección Al Faro Zapatista, editoras Xochitl Leyva Solano y Lola Cubells Aguilar, 2025, CLACSO, Cooperativa Editorial Retos, Cátedra Jorge Alonso, CUSCH-Universidad de Guadalajara, Traficantes de Sueños. El tomo II así como el I y el III se pueden adquirir en la librería de Traficantes de Sueños en Madrid y, en toda España y Europa, a través de su web: https://traficantes.net/ Para mayor información de la colección y de las autoras ir a https://alfarozapatista.jkopkutik.org/
En entrevista con el antropólogo y comunicador mexicano, Francisco De Parres Gómez, se analizan las agresiones contra el zapatismo no como hechos aislados, sino engranajes clave del despliegue de los megaproyectos y de la disputa por el control territorial, en lo que denomina como un “Triángulo del despojo”, entre violencia estatal, permisibilidad del crimen organizado y debilitamiento paulatino del tejido comunitario: Frente a ello, las comunidades resisten desde las artes vinculadas a la política.
¿Qué nos dice el sexenio de AMLO sobre los límites del progresismo frente a los movimientos autónomos?
Podemos pensar como ha analizado Raúl Zibechi sobre otros contextos latinoamericanos, que el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) volvió a demostrar que los llamados gobiernos progresistas no necesariamente representan un terreno más favorable para los movimientos sociales, vemos casos como los de Gabriel Boric en Chile o Rafael Correo en Ecuador, por mencionar algunos; en muchos casos, incluso, los confrontan con mayor dureza que los gobiernos abiertamente conservadores. MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional, partido político en el poder) no se constituyó como un espacio plural donde cupieran las diferencias políticas, territoriales y culturales del país, sino como un proyecto que redujo la diversidad a una noción abstracta de ciudadanía, funcional al orden colonial existente. Aunque México reconoce oficialmente la existencia de 68 pueblos originarios, durante este periodo no se desarrollaron políticas públicas diferenciadas que atendieran las realidades específicas de las comunidades indígenas ni de la población afrodescendiente en sus distintos territorios y necesidades.
A lo largo de su gobierno se consolidó una forma de relación con los pueblos basada en la espectacularización y la folklorización de sus luchas, ejemplo de ello es la entrega del bastón de mando en la toma de posesión presidencial. Las demandas históricas fueron convertidas en símbolos vaciados de contenido político, lo que derivó en una apropiación discursiva de consignas zapatistas como el “Mandar Obedeciendo” y en un retorno a prácticas clásicas del indigenismo de Estado. Mientras se construía una narrativa de cercanía con “el pueblo”, en los hechos se descalificó y minimizó al zapatismo, pero también a otros actores incómodos: el movimiento feminista, las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos, periodistas críticos, universitarios que buscan sus derechos, y poblaciones migrantes que denunciaban la violencia estructural.
En términos estructurales, el legado del obradorismo no significó una ruptura con el neoliberalismo, sino su profundización bajo nuevas formas adaptativas del Estado a las lógicas globales. Se promovió la corporativización de múltiples movimientos sociales y se debilitó el tejido comunitario a través de programas que individualizaron el acceso a los recursos públicos, mismo caso por ejemplo del gobierno de Lula da Silva en Brasil. Iniciativas como Sembrando Vida fueron rebautizadas irónicamente en muchas comunidades como “sembrando envidia” o “sembrando latas”, debido a que los apoyos no se redistribuían colectivamente, generaban conflictos internos y, en algunos casos, se vincularon más con la devastación ambiental que con la reforestación. Algo similar ocurrió con Jóvenes Construyendo el Futuro, que en ciertos territorios se asoció a procesos de precarización, alcoholismo y consumo de drogas, sin atender las causas profundas de la exclusión social.
A pesar de haber prometido el regreso del Ejército a los cuarteles incluso como una de sus banderas de campaña, el sexenio de AMLO se caracterizó por una expansión inédita del presupuesto militar y por la normalización de una policía de corte castrense desplegada en todo el país. Si bien el presidente intentó modificar algunas dinámicas del régimen político, quedó claro que las transformaciones de fondo no pueden emanar de la Presidencia cuando el Estado mismo opera como una estructura neocolonial. Los cambios reales, como han insistido los pueblos en resistencia, solo pueden construirse desde abajo: desde las comunidades, los barrios y los territorios organizados, muestra de ello son las comunidades zapatistas, el pueblo kurdo constantemente atacado y como el pueblo más grande del mundo sin Estado, o las comunidades mapuche que luchan por defender la Patagonia en contra de los intereses inmobiliarios sionistas o de familias como la Benetton que concentra alrededor de un millón de hectáreas en la región.
A esto se suma un modelo de gobernabilidad sustentado en la administración del conflicto social. En lugar de entablar diálogos horizontales con las organizaciones, el gobierno optó por mecanismos de negociación desiguales, procesos de cooptación de lideranzas y políticas asistencialistas que fragmentaron luchas colectivas de larga duración. Bajo el discurso de la llamada “Cuarta Transformación”, no se desmontaron las estructuras heredadas del neoliberalismo; por el contrario, se reforzaron y legitimaron mediante una retórica progresista que terminó reproduciendo el mismo orden que decía cuestionar, ya que a pesar de haber una redistribución del gasto público, el modelo de acumulación propio del capitalismo se mantuvo.
En ese contexto, el zapatismo ha seguido a lo largo de por lo menos siete sexenios como una de las voces más incómodas para el poder. Su insistencia en la autonomía, la autogestión y la crítica frontal al Estado puso en evidencia los límites del proyecto obradorista. Frente a ello, AMLO optó por caricaturizar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), acusarlo de frenar el progreso o invisibilizar sus aportes, antes que reconocer que en los Caracoles como territorios autónomos, se han construido experiencias concretas de vida comunitaria, dignidad y organización colectiva. El saldo final de su sexenio no es la superación del neoliberalismo, sino la confirmación de que incluso un Estado autodenominado progresista sigue funcionando como un dispositivo colonial que asfixia a los movimientos cuando estos desbordan los márgenes de control institucional y plantean otras formas de existencia.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
¿Cómo interpretas el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum frente al zapatismo, considerando que ha declarado una relación de “respeto”, pero también su compromiso con el proyecto de MORENA? ¿Estamos ante una simple continuidad del obradorismo?
Lamentablemente, todo indica que el escenario puede ser incluso más adverso. Por primera vez en la historia de México, el poder ejecutivo adopta la figura de una mujer con formación científica y un discurso ilustrado, pero ese cambio de rostro no implica una ruptura con las estructuras profundas del poder. Aunque Sheinbaum se presenta como una presidenta progresista, su proyecto no cuestiona el modelo de acumulación capitalista ni la noción de “desarrollo” que lo sostiene. En los hechos, su administración apunta a una profundización del militarismo y del neoliberalismo, sin intención alguna de desmontar las bases económicas y políticas que producen desigualdad y despojo.
El discurso oficial insiste en la inclusión y el respeto, pero en la práctica se consolida la militarización del país y la convivencia estructural entre el Estado, la corrupción por más que se ha dicho combatir y el crimen organizado. La apropiación de consignas y frases del zapatismo puede generar la impresión de que los movimientos sociales han alcanzado el poder, cuando en realidad se observa una continuidad del extractivismo, del control territorial y de la subordinación de las comunidades. En lugar de fortalecer sistemas públicos de salud y educación, se priorizan dispositivos de control estatal, como la Clave Única de Registro de Población con datos biométricos, que operan más como herramientas de vigilancia que como garantías efectivas de derechos, significando así el avance más aún hacia sociedades de control.
Como ocurrió con el gobierno anterior, es necesario situar a Sheinbaum en una coyuntura histórica y geopolítica más amplia. El mundo atraviesa una reconfiguración profunda marcada por múltiples crisis —climática, financiera, bélica— frente a las cuales el orden imperial responde intensificando la violencia y administrando la muerte para sostener la acumulación capitalista, lo más reciente de ello es el intervencionismo estadounidense que secuestró a Nicolás Maduro en Venezuela, las amenazas a Petro o los intereses neocoloniales sobre Groenlandia. El Subcomandante Galeano (antes Marcos) lo expresó con claridad brutal: la guerra que hoy arrasa Gaza no es un fenómeno distante, sino un anticipo de lo que puede extenderse a otros territorios si no se modifica el rumbo civilizatorio. El mensaje es que es cuestión de tiempo para que los misiles caigan sobre nuestras casas.
Frente a ese panorama, el zapatismo plantea una alternativa radicalmente distinta. No un internacionalismo de Estados y fronteras o desde la figura obrera como motor de la lucha de clases, sino un internacionalismo tejido desde abajo, entre pueblos y resistencias diversas que defienden la vida frente a la necropolítica. La “Travesía por la Vida” de 2021 es un ejemplo contundente: al recorrer 19 países europeos, los zapatistas se encontraron con el pueblo Sami, colectivos okupas, anarquistas, sindicatos, trabajadoras sexuales y personas migrantes, demostrando que su lucha no es local ni folclórica, sino una propuesta que se puede universalizar en clave de dignidad y autonomía.
Lo más preocupante del proyecto de Sheinbaum es que, bajo una retórica de cambio y con un rostro progresista femenino, puede reforzar la ilusión de que las transformaciones profundas son posibles desde el aparato estatal, no obstante, la experiencia histórica muestra que ninguna estructura colonial puede convertirse en herramienta de emancipación. Todo apunta a una gestión de la crisis que no altera sus causas: más megaproyectos, mayor deuda ecológica y una expansión del aparato militar como garantía de “orden” y “progreso”. La trampa es doble: mientras se invoca el feminismo o los derechos humanos, se intensifica el control social y se reprimen las disidencias que desbordan los márgenes del poder.
Por eso, frente a la continuidad neocolonial maquillada con un rostro femenino, el zapatismo vuelve a colocar una lección fundamental: las alternativas reales no surgirán de arriba ni de los procesos electorales o las urnas, sino desde abajo y a la izquierda, desde los territorios que se niegan a ser gobernados por la lógica del capital. Ahí reside el contraste decisivo: mientras el Estado perfecciona sus mecanismos de vigilancia y militarización, los pueblos siguen construyendo, en silencio y con persistencia, caminos de autonomía y de vida.
Al analizar el proyecto político de MORENA y el gobierno de Claudia Sheinbaum, resulta inevitable hablar de los megaproyectos, en particular del Tren Maya. ¿De qué manera impactan estos proyectos en las comunidades zapatistas?
El mal llamado Tren Maya no puede entenderse como una obra aislada ni como un simple proyecto de infraestructura turística. Forma parte de una transformación territorial de largo aliento que viene reconfigurando el país desde hace años. Pablo González Casanova advertía que México podía llegar a fragmentarse como ocurrió con la antigua Yugoeslavia, y hoy esa advertencia se materializa en un modelo de desarrollo regional orientado a insertar los territorios en los circuitos del capital transnacional. En el norte se concentra la acumulación financiera; en el centro, el Proyecto Integral Morelos garantiza energía para la industria; y en el sureste, el Corredor Interoceánico articula Oaxaca y Veracruz como eje de circulación de mercancías, función similar a la que hace ahora el Canal de Panamá. En ese esquema, el Tren Maya funciona como el engranaje turístico de una operación mayor: una suerte de parque temático donde los pueblos originarios son exhibidos como folclor, al ejemplo de Xcaret, mientras se les arrebata el control sobre sus territorios y sus formas de vida.
Como señaló en su momento el Subcomandante Marcos, la expansión del capital no ocurre de manera neutral, sino a través de ciclos de destrucción, desploblamiento, reconstrucción y repoblamiento, ahí tenemos los videos realizados con Inteligencia Artificial que muestran a Donald Trump e Elon Musk con el proyecto hotelero y de resorts de primer mundo en la franja de Gaza. Primero se arrasan los territorios en su dimensión material y cultural; después, las comunidades son desplazadas o precarizadas en forma de etnocidio, y en su lugar desembarcan las corporaciones acompañadas por el aparato legal, la presencia militar y el crimen organizado. En México tenemos ejemplos históricos de ello como en Acapulco, en Los Cabos o en Baja California. A esta ofensiva se suman dinámicas de disciplinamiento social como la trata de personas y la esclavitud sexual, el tráfico de drogas y el alcoholismo, que erosionan deliberadamente el tejido comunitario. Solo entonces el capital instala su modelo: turismo masivo, resorts, maquilas, campos de golf.
El Tren Maya no es más que la avanzada visible de este proceso de devastación, una política que mercantiliza la vida y convierte la cultura en espectáculo, o lo que eufemísticamente se empeñan en llamar “Polos de Desarrollo”. No es casual que la propia Claudia Sheinbaum haya afirmado que se trata apenas del comienzo y que vendrán muchos proyectos similares, incluyendo trenes.
Desde esta perspectiva, las comunidades zapatistas, aunque no todas se encuentren directamente sobre el trazo del tren, se saben en el centro del riesgo debido a la colindancia. Lo que está en disputa no es únicamente una vía férrea, sino la imposición de un modelo civilizatorio incompatible con la autonomía indígena. El zapatismo, al defender la tierra como madre y no como mercancía, se convierte en un obstáculo central para quienes buscan transformar el sureste en una plataforma de negocios globales. Por eso, la oposición al Tren Maya rebasa la crítica a una obra específica o al gobierno en turno: es una confrontación directa con la necropolítica que convierte regiones enteras en territorios de sacrificio al servicio del capital.
¿Podemos centrarnos ahora en la situación de seguridad en Chiapas? ¿Hemos sido testigos de ataques directos del Estado en el territorio zapatista durante los mandatos de Obrador o Sheinbaum?
En los últimos meses se documentó un despojo violento contra el Poblado Autónomo Zapatista Belén, en la región campesina del Caracol 8 “La Luz que Resplandece al Mundo” (Dolores Hidalgo, Ocosingo). La Asamblea de Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (ACGAZ) denunció que, desde abril de 2025, se han ejecutado incursiones en las que participaron grupos civiles acompañados por el Ejército federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y la Fiscalía estatal, bajo el disfraz de un “conflicto agrario”. En los operativos se reportaron quema de casas, robos y el despojo documentado en redes oficiales. Es clave: las tierras ya habían sido indemnizadas por el Estado tras 1994 y hoy se trabajan en común por comunidades zapatistas y no zapatistas; incluso, cerca se levanta un quirófano autogestivo de acceso comunitario. Posteriormente hubo una otra incursión represiva con presencia militar en lo que va del gobierno de Claudia Sheinbaum (la primera, en abril de 2025, con detención ilegal de dos bases de apoyo, liberadas por presión social). Todo ello confirma un cerco estatal de facto sobre el territorio autónomo.
A la par, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba) denunció estrategias de cercamiento y despojo en Belén: al menos 13 bases de apoyo desplazadas forzadamente y afectaciones a campesinos no zapatistas que participan en la Milpa Común. La finalidad señalada por Frayba es convertir territorio recuperado en “tierra privada”, en un contexto de militarización (incluidas las Fuerzas de Reacción Inmediata Pakal – FRIP o “pakales”, cuerpo de élite estatal con múltiples señalamientos por abusos). Esto se suma a un escenario de violencias superpuestas (enfrentamientos, trata, desplazamientos, desapariciones). No es un hecho aislado: es contrainsurgencia que busca romper el común y las autonomías.
Sabemos, por ejemplo, que el gobierno ha realizado fotogrametría aérea para el reconocimiento de las comunidades autónomas en Chiapas, lo que constituye una práctica de control territorial disfrazada de monitoreo técnico. De las filtraciones reveladas por Guacamaya Leaks también se desprende que ciertos grupos de entrenamiento policial mantienen vínculos con el Mossad israelí, lo que demuestra que la contrainsurgencia no es sólo local, sino parte de un engranaje transnacional, véase el avión de guerra estadounidense que aterrizó en días recientes en México para entrenar a las fuerzas del Estado de la mano de García Harfuch. En abril del año pasado, durante el festival zapatista de arte Rebel y Revel (Arte), el Estado envió camionetas de la Guardia Nacional a patrullar los alrededores del Centro Indígena de Capacitación Integral. Allí había miles de personas de las comunidades autónomas y de la solidaridad internacional: un gesto de clara intimidación. Más grave aún, la policía local, la federal y el ejército detuvieron y desaparecieron a dos bases de apoyo zapatistas. Solo gracias a la presión inmediata de la sociedad civil nacional e internacional pudieron ser liberados.
La guerra también se libra con balas ideológicas, comunicativas y culturales. Hemos sido testigos de campañas de contrainsurgencia mediática que buscan estigmatizar al zapatismo, difundiendo rumores absurdos como que los zapatistas “no dejan entrar a su territorio porque se quieren quedar con el uranio de Chiapas”. Estos discursos buscan aislarlos, denostar su resistencia y justificar un clima de persecución. Chiapas ha sido en varias ocasiones el estado más militarizado de México, pero la situación es aún más compleja: no se trata solo de la presencia del Estado, sino de un escenario donde confluyen múltiples violencias. Los propios zapatistas lo han descrito con crudeza: Chiapas está “al borde de la guerra civil”. El tejido social se fractura cada vez más, como lo han documentado reiteradamente los informes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.
Chiapas hoy es un territorio atravesado por caravanas migrantes, por redes de trata y tráfico y explotación de personas, y por la disputa abierta de los dos cárteles más poderosos del país: el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa. En medio de este tablero, las comunidades zapatistas quedan expuestas a múltiples fuegos: la violencia criminal, la militarización estatal y la descomposición comunitaria que provocan estas dinámicas, o lo que podríamos pensar como un “triángulo del despojo”. El Estado puede decir que “no hay guerra” contra el EZLN, pero en la práctica el cerco es permanente.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
En el contexto actual, donde el Cártel Jalisco Nueva Generación ha ganado control sobre la frontera sur y el conflicto con el Cártel de Sinaloa se intensifica, ¿qué implicaciones tiene esto para Chiapas y para las comunidades zapatistas?
El avance del crimen organizado sobre territorios autónomos, advertido ya por el Subcomandante Moisés, ha entrado en una nueva fase en la que se combina con acciones estatales, legales o incentivación de conflictos locales, con procesos de despojo formalmente legalizados como los megaproyectos. El crimen organizado no es una anomalía, es uno más de los brazos del capitalismo contemporáneo que asegura la acumulación por desposesión de la que habla David Harvey. La confrontación entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa ha convertido la frontera sur en una zona estratégica para el tráfico de drogas, armas y personas, así como para redes de extorsión, mientras el Estado incrementa la vigilancia, despliega fuerzas armadas o interviene en territorios zapatistas bajo el argumento de conflictos agrarios. El resultado no es una pacificación, sino un cerco complejo donde confluyen la violencia criminal, la militarización institucional y una erosión acelerada del tejido comunitario.
Este asedio no opera únicamente en el plano armado. También se expresa en el terreno simbólico y cultural. La estética del narco, como los corridos que glorifican la violencia, ostentación material y sexualización extrema de los cuerpos, se infiltra en la vida cotidiana como una forma de colonización subjetiva que busca sustituir la lógica del común por una economía del miedo y del consumo. El reciente caso del poblado autónomo Belén muestra con claridad cómo esta convergencia entre intereses criminales y estatales presiona para privatizar tierras recuperadas y trabajadas colectivamente, atacando de forma directa los pilares materiales de la autonomía. Frente a este escenario, la defensa zapatista de la vida y del común adquiere un carácter aún más urgente y radical en el sentido de ir a la raíz.
La gravedad de la situación se profundiza con la aparición de fenómenos como el llamado Cártel de Chamula, considerado el primer cártel indígena en México. Integrado por pobladores tzotziles, grupo que ha sido denunciado por prácticas extremas como el denominado “etnoporno”, en el que mujeres indígenas son esclavizadas sexualmente y videograbadas. Estos hechos evidencian no solo la crueldad del crimen organizado, sino también su capacidad para apropiarse de violencias coloniales y patriarcales históricas, reconfigurándolas como mercancía dentro de economías ilícitas. Mismos fenómenos audiovisuales podemos presenciar con la aparición de productoras musicales que realizan videoclips que exaltan los estereotipos promovidos por el crimen organizado, en suma, a filmes de manufactura casera como “Campesinos a la Mafia”.
Desde esta perspectiva, el crimen organizado no puede entenderse como un actor marginal o una anomalía del sistema. Funciona, más bien, como una de las corporaciones más eficientes del capitalismo contemporáneo, inscrita en procesos de acumulación por desposesión que combinan militarización y violencia delincuencial, tal como lo ha señalado William Robinson y Gilberto López y Rivas. Los cárteles disputan territorios, instauran regímenes de control y terror social y se integran a circuitos globales de capital ilícito que terminan blanqueándose en el sistema financiero internacional. Bajo estas condiciones, la frontera sur se transforma en un espacio clave: corredor migratorio, ruta de economías ilegales, enclave de trata y laboratorio de disciplinamiento social.
En medio de este cerco múltiple, la autonomía zapatista se afirma como una forma de resistencia radical y defensa del territorio. Mientras el necro-capitalismo ofrece la muerte rápida o prolongada como horizonte, los pueblos insisten en la vida digna como principio organizador. Defender la tierra, la memoria y la comunidad se convierte así en un rechazo frontal a una lógica que reduce todo a mercancía, incluidos los cuerpos, y en una apuesta concreta por sostener otros mundos posibles en condiciones extremas.
Francisco, ante este escenario marcado por la militarización y la presencia de múltiples grupos armados, ¿existen enfrentamientos armados directos entre el zapatismo y estos actores?
No existen registros de choques armados abiertos entre el EZLN y otros grupos, pero sí se ha documentado una serie de agresiones sistemáticas orientadas a erosionar las bases materiales de la autonomía. Estas acciones incluyen incendios de viviendas, saqueo de cosechas y destrucción de proyectos colectivos, y en los últimos años se han intensificado con la participación directa o indirecta de fuerzas estatales y estructuras paramilitares. En Chiapas operaron históricamente grupos como Máscara Roja, Los Chinchulines o el perversamente llamado Paz y Justicia; hoy, ese entramado se reconfigura con actores locales y con cuerpos estatales de élite como las FRIP, conocidas como “pakales”, que actúan en un clima de impunidad. Se trata de un mecanismo de violencia externalizada: mientras el Estado sostiene un discurso de legalidad, delega el trabajo represivo en intermediarios civiles o armados que facilitan el despojo y allanan el terreno para intereses económicos mayores. El reciente caso de Belén marca un punto de inflexión que confirma la persistencia de esta lógica contrainsurgente, aún cuando el zapatismo se empeña en fundar un “Quirófano en la Selva Lacandona”.
En este contexto, la Organización Regional de Caficultores de Ocosingo (Histórica) ha incrementado sus ataques contra las bases de apoyo zapatistas mediante amenazas, hostigamientos y el uso de armas de fuego con el objetivo de arrebatar tierras. Estas agresiones no buscan únicamente el desplazamiento físico de las comunidades, sino la destrucción deliberada de los proyectos productivos que sostienen la vida autónoma. Existen denuncias documentadas de prácticas como el envenenamiento de estanques de peces, el asesinato de ganado y la devastación de cultivos. No se trata de estallidos aislados de violencia, sino de una estrategia prolongada de desgaste destinada a cortar la autosuficiencia comunitaria y forzar a las poblaciones a reinsertarse en relaciones de dependencia con el Estado o con poderes locales.
Este escenario confirma que el paramilitarismo no opera de manera autónoma ni es marginal al Estado. Forma parte de una red más amplia donde confluyen cacicazgos regionales, intereses de corporaciones extractivas transnacionales, dinámicas del crimen organizado y la complicidad, por acción u omisión, de distintas instancias estatales. Las agresiones contra el zapatismo resultan funcionales a la expansión de megaproyectos y al control territorial del sureste del país. Al debilitar a las comunidades autónomas, se despeja el camino para la militarización, el turismo depredador y las grandes inversiones. Lo que suele presentarse como un conflicto local es, en realidad, una pieza estratégica de la necropolítica capitalista que busca eliminar cualquier experiencia que coloque la vida y la autonomía por encima de la lógica del lucro.
¿Existe un vínculo entre los grupos paramilitares y las instituciones del Estado?
Sí, existe un vínculo de carácter estructural. Desde la década de los noventa, la política contrainsurgente en México ha operado mediante la promoción, tolerancia o encubrimiento de grupos armados presentados como “civiles”, mientras los despojos territoriales se ejecutan con respaldo o cobertura de instancias militares, policiales y ministeriales. El caso reciente de Belén lo documenta con claridad: incursiones denunciadas con presencia del Ejército Federal, la Guardia Nacional, la Policía Municipal de Ocosingo y personal de la Fiscalía; resoluciones aceleradas y operativos de despojo difundidos incluso por canales oficiales. De este modo, el Estado desplaza la violencia hacia terceros, garantiza la impunidad y difunde la idea de que la autonomía es ilegal y que los bienes comunes pueden ser convertidos en propiedad privada.
En la práctica, estos grupos armados actúan con armas de uso exclusivo del Ejército, bajo la protección de autoridades locales y en coordinación con corporaciones de seguridad federales. No se trata únicamente de tolerancia pasiva: en numerosos casos, los paramilitares funcionan como extensiones informales de la política estatal, ejecutando tareas que el gobierno no puede asumir abiertamente sin asumir costos políticos o legales.
Esta relación resulta funcional porque permite al poder administrar la violencia sin aparecer directamente como responsable. La tercerización del uso de la fuerza es un rasgo central de la necropolítica contemporánea: el Estado decide quién puede permanecer en el territorio y quién debe ser expulsado, quién tiene derecho a sembrar y quién queda condenado al desplazamiento o a la muerte, pero lo hace de manera indirecta, a través de intermediarios que operan bajo el amparo de la impunidad.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Hasta ahora hemos hablado principalmente de los enemigos del Zapatismo. ¿Aparte del Congreso Nacional Indígena, existen en la sociedad mexicana algunos aliados claves, especialmente en contexto urbano?
Además del Congreso Nacional Indígena, existen en el país aliados urbanos que se han inspirado directamente en la experiencia zapatista. Un ejemplo fundamental es la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), que desde sus orígenes se reconoció en el espejo del zapatismo. Esta organización firmó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y más recientemente la Declaración por la Vida. Sus comunidades autónomas pueden pensarse como Caracoles urbanos, espacios donde se ejercen prácticas de autogobierno, de organización colectiva y de construcción de autonomía en contextos metropolitanos. Zibechi las ha descrito como la experiencia de autonomía urbana más grande de América Latina.
La OPFVII tiene varios asentamientos en la Ciudad de México. Uno de los más significativos es Acapatzingo, en la delegación Iztapalapa, un verdadero oasis al interior de una de las zonas más empobrecidas y violentas de la capital. Allí, detrás de sus puertas, las y los integrantes han construido una cotidianidad distinta: cuentan con su propio sistema educativo, una radio comunitaria, servicios de salud autónomos y una rica vida simbólica y ritual en torno a la figura de Los Panchos o Las Panchas, que funcionan como referentes de identidad colectiva. Todo esto no es un simple “programa social”, sino una lógica de reproducción de la vida que rechaza la propiedad privada y pone en el centro la dignidad.
La experiencia de la OPFVII muestra que la autonomía zapatista no es sólo rural ni indígena: puede adaptarse al espacio urbano y convertirse en una alternativa concreta frente a la marginalidad y la violencia de las ciudades. En tiempos de gentrificación acelerada, Acapatzingo y otros asentamientos de la organización plantean un horizonte distinto: la defensa del territorio urbano como lugar de vida, no como mercancía inmobiliaria. Es una propuesta que dialoga directamente con los movimientos anti-gentrificación que hoy emergen en la Ciudad de México, ofreciendo un ejemplo de que es posible habitar la ciudad sin entregarla al mercado. En este sentido, el zapatismo no está aislado en las montañas de Chiapas. Sus ecos resuenan en barrios y colonias populares que, como OPFVII, se organizan para vivir de otra manera. Estos aliados urbanos son clave porque muestran que la autonomía no es una utopía lejana, sino una práctica concreta que se ejerce día a día en contextos hostiles.
Jérôme Baschet ha señalado que la reciente reorganización de las instituciones autónomas zapatistas implicó invertir la pirámide del poder y fortalecer a las comunidades locales. ¿Cómo valoras este proceso?
Las modificaciones anunciadas en el contexto del 30 aniversario del levantamiento zapatista, en 2024, constituyen uno de los movimientos más significativos dentro de la historia reciente de la autonomía. Se trata de un ejercicio profundamente reflexivo, en el que las propias comunidades evaluaron críticamente sus formas de organización y decidieron transformarlas. Uno de los cambios más relevantes fue la desaparición de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). Durante años, la estructura organizativa se articuló de manera escalonada: pueblos que conformaban comunidades, comunidades que integraban municipios autónomos y municipios que, a su vez, daban forma a los Caracoles. Con el tiempo, las comunidades reconocieron que este esquema no siempre garantizaba el principio del “Mandar Obedeciendo”, pues en ciertos momentos se generaron inercias de concentración del poder, particularmente en las Juntas de Buen Gobierno.
A partir de ese diagnóstico, se optó por un proceso de descentralización profunda. La toma de decisiones regresó a las bases y se reforzó el nivel comunitario como núcleo de la vida política. De ese replanteamiento surgieron los Gobiernos Autónomos Locales (GAL), espacios donde las decisiones se adoptan de manera más directa y en estrecha relación con las necesidades concretas de cada territorio. No fue una ruptura improvisada, sino el resultado de años de experiencia acumulada y de una voluntad explícita por corregir aquello que ya no funcionaba.
Desde mi interpretación, esta reorganización representa una radicalización de la autonomía, no su debilitamiento. El territorio zapatista nunca ha sido uniforme: existen pueblos completamente organizados en torno al EZLN con presencia muy amplia y otros donde la presencia zapatista se reduce a una sola familia. Los GAL permiten responder a esa heterogeneidad, ajustando las formas de gobierno a las realidades específicas de cada contexto. La autodeterminación sigue anclada en los principios zapatistas, pero ahora se expresa de manera más situada, más encarnada en la vida cotidiana de los sujetos colectivos, sin depender de una estructura central que pueda volverse rígida o distante.
Con esta transformación, las coordinaciones ya no recaen exclusivamente en las antiguas doce Juntas de Buen Gobierno, sino que se articulan a través de colectivos vinculados a los GAL. Esto no implica una fragmentación de la autonomía, sino una redistribución del poder y una ampliación de su alcance territorial en términos efectivos y directos. La reorganización puede leerse también como una estrategia integral de defensa del territorio, de diversificación de las economías comunitarias y de fortalecimiento del común. La tierra puede ser trabajada por personas o colectivos siempre que no estén vinculados al crimen organizado ni a estructuras paramilitares, lo que abre la posibilidad de extender prácticas comunitarias de cuidado y resistencia más allá de los límites formales del zapatismo mismo.
En ese sentido, los GAL no encarnan una lógica de cierre o exclusión, sino de apertura. No se trata de levantar fronteras identitarias, sino de tejer redes de protección colectiva frente a un contexto marcado por múltiples amenazas. Después de más de tres décadas de construcción autonómica, el EZLN ha mostrado algo poco común en la política: la capacidad de revisar críticamente sus propias estructuras, reconocer errores y reinventarse. Esa disposición a cambiar sin renunciar a los principios es, en sí misma, una práctica profundamente revolucionaria. Mientras los Estados tienden a reproducir jerarquías coloniales y a aferrarse a formas rígidas de poder, los pueblos zapatistas ensayan, corrigen y vuelven a ensayar, manteniendo viva la autonomía como un proceso en permanente construcción.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Antes de que entremos a la especificidad tu tema, ¿podrías hablar poco sobre la situación de la comunidad LGBT en territorio zapatista?
Recomendaría leer sobre todo el trabajo de Sylvia Marcos, que habla de la fluidez del género zapatista. En las comunidades autónomas, la perspectiva de género está situada en el centro de la vida colectiva. No es casualidad que estemos hablando del único territorio del país donde no hay feminicidios ni trata sexual: una diferencia radical frente al resto de México, que vive una emergencia cotidiana de violencia contra las mujeres y disidencias. Esto muestra que cuando se transforma el poder desde abajo, también se pueden modificar las relaciones sexoafectivas y de género.
En lo que respecta a la comunidad LGBT+, un ejemplo muy significativo es el de Marijose, una compañeroa otroa, es decir, una identidad trans desde la mirada occidental, pero reconocida en sus propios términos dentro de la comunidad zapatista. En 2021, Marijose formó parte del Escuadrón 421, que viajó a Europa 500 años después de la llamada “caída” de Tenochtitlán, invirtiendo el sentido del viaje colonial para “conquistar Europa”. El escuadrón estaba compuesto por 4 mujeres, 2 hombres y una compañeroa otroa, y fue precisamente Marijose quien desembarcó primero, rompiendo simbólicamente con la modernidad occidental, colonial y heteropatriarcal. Ese gesto fue profundamente político: colocó la diferencia sexual y de género en el centro de una crítica global contra la colonialidad
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Claro que el machismo y la homofobia siguen presentes en las prácticas comunitarias, como en toda la sociedad mexicana, empero, en territorio zapatista se han producido transformaciones profundas y concretas. No es un proceso acabado ni perfecto, pero marca un horizonte distinto: el de comunidades que reconocen que no puede haber autonomía sin justicia de género.
Estos cambios también deben leerse como un aporte político más amplio. Frente a una sociedad donde las disidencias sexuales son criminalizadas, explotadas o invisibilizadas, el zapatismo ofrece un ejemplo de cómo los territorios autónomos pueden convertirse en refugio para nuevas formas de convivencia. No se trata de idealizar ni de negar las tensiones internas, sino de mostrar que, incluso en contextos atravesados por la guerra y la precariedad, es posible construir relaciones más libres, diversas y respetuosas.
Ya llegamos a tu tema. Cuando se habla del zapatismo, casi siempre se menciona su organización o filosofía política, pero tú te enfocas en la estética. En uno de tus libros declaras que en el zapatismo hay una relación indisoluble entre el arte y la política. ¿Podrías aclarar cómo es indisoluble?
Primero, debemos aclarar que hablar de arte y política no significa hablar de propaganda. Si la política atraviesa la vida cotidiana, también está presente en las prácticas simbólicas. El arte es producción de sentido, de símbolos, pero también es forma de producción, circulación, consumo y comunicación. No se reduce a un contenido explícitamente político: incluso decidir dónde se expone una obra, quién tiene acceso a ella y en qué condiciones, es un acto político. Del mismo modo, exaltar la figura eurocéntrica del artista como “genio iluminado por Dios” o afirmar que todo ser humano posee potencial creativo son elecciones políticas que definen cómo entendemos la creación.
Este pensamiento tiene raíces en el territorio zapatista desde la clandestinidad. Ya en los años ochenta existían células culturales que practicaban teatro, música o poesía, no solo como reproducción ideológica, sino como estrategia de cohesión social y de construcción comunitaria entre pueblos indígenas, campesinos y guerrillas urbanas marxistas. Muy formativo fue, por ejemplo, el cine comunitario: las proyecciones de películas de otras luchas internacionales como la vietnamita, muchas veces sin subtítulos, que las propias comunidades reinterpretaron inventando diálogos. En ese gesto había poética, performatividad y política al mismo tiempo: una reapropiación colectiva de los relatos globales desde la propia experiencia local.
Me interesa centrarme en esa potencia simbólica y poética que nace de las comunidades mismas. Frases como “Nos cubrimos el rostro para que nos vieran” no son solo consignas, sino símbolos que condensan una visión del mundo y que se encarnan en la vida cotidiana. Lo que vemos en el zapatismo es cómo las prácticas artísticas indígenas, que siempre han existido de forma milenaria, se complejizan y resignifican al entrelazarse con el ideario político contemporáneo. Así, la expresión cultural no es un adorno de la lucha: es parte de su núcleo más fuerte. El zapatismo ha tenido un impacto cultural inmenso a nivel nacional e internacional, produciendo un cambio simbólico, poético y político en la izquierda mundial y detonando una explosión creativa que inspiró a nuevas generaciones de artistas indígenas. Sin el levantamiento de 1994, probablemente ese estallido cultural habría tardado mucho más en emerger.
En este sentido, el zapatismo demuestra que arte y política son indisolubles porque ambos comparten la tarea de producir mundos. El arte no se limita a representar la realidad: la transforma, la reordena y la reimagina. La política, por su parte, no se limita a gestionar instituciones: también se inscribe en el terreno simbólico, epistémico y estético. Por eso, en Chiapas vemos murales, canciones, danzas, poesía y hasta vestimenta que no solo expresan resistencia, sino que generan comunidad, transmiten memoria y crean futuro.
Además, el impacto cultural zapatista no se detiene en las fronteras de México. Frases, imágenes y estéticas surgidas en las comunidades autónomas han viajado por el mundo, inspirando desde colectivos artísticos autónomos en Europa hasta movimientos indígenas en el Sur de Abya Yala, o proyectos como el de Zapatera Negra que une la gráfica y los idearios políticos de los zapatistas con los de las Panteras Negras que al día de hoy vemos que están resurgiendo en Estados Unidos. Esa especie de internacionalismo en clave estética —hecho de símbolos, palabras, colores y gestos— ha fortalecido la idea de que el arte no es secundario en la lucha política, sino una de sus formas más potentes de expansión y reproducción que conecta lo simbólico con la reproducción material. Por eso digo que la relación entre arte y política en el zapatismo es indisoluble: porque ambas son formas de hacer existir otros mundos posibles.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
En tu otro libro Poéticas de la resistencia, hablas mucho de epistemología y decolonialidad. ¿Es el arte en el Zapatismo “instrumento” para expresar las cosmovisiones no occidentales y conectar los elementos urbanos e indígenas?
Es interesante esta dialéctica entre lo poético, lo político y la realidad concreta. En los procesos organizativos, muchas veces los conceptos clásicos de la teoría crítica —como lucha de clases o plusvalor— no conectan fácilmente con las bases sociales, no obstante, a partir del arte, la literatura y otras expresiones culturales, se vuelven posibles otras formas de comunicación política y hasta formación de cuadros. Un ejemplo claro son los relatos del Viejo Antonio, escritos por el Subcomandante Marcos, que recuperan fragmentos de la cosmovisión maya. Allí, las narraciones sobre cómo nacieron los dioses o el mundo se entrelazan con pedagogías libertarias y con crítica política. Esa imbricación produce una potencia particular: no es siempre efectivo hablar desde categorías abstractas y ajenas, sino desde símbolos y relatos que dialogan con la memoria de los pueblos, al tiempo que abren puentes con otros sectores sociales urbanos y globales.
En ese sentido, el arte en el zapatismo no funciona como “instrumento” subordinado a una ideología previa, sino como espacio de encuentro epistemológico y heurístico. Permite articular lo indígena y lo urbano, lo comunitario y lo global, lo local y lo transnacional. A través del arte, se construyen puentes de sensibilidad que generan cercanía y permiten que distintos actores se reconozcan en la misma lucha. La poesía, la música, la gráfica o el performance no son sólo vehículos, son también formas de pensamiento que amplían la política más allá de la racionalidad eurocéntrica.
También me gustaría preguntar sobre la rica tradición mexicana del arte revolucionario. ¿Existe alguna conexión entre los zapatistas y esta tradición, con personas como el pintor Diego Rivera o el diseñador gráfico Leopoldo Méndez?
Ahora, respecto a la tradición mexicana del arte revolucionario, sin duda México cuenta con un legado muy fuerte, pero no veo una correlación directa entre esa tradición y el arte de las comunidades zapatistas. El muralismo impulsado por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco fue un proyecto patrocinado por el Estado posrevolucionario, bajo la dirección de José Vasconcelos (quien era germanofílico y de orientación filonazi) y la Secretaría de Educación Pública. Su función era la reproducción ideológica cultural desde arriba: las instituciones determinaban los discursos, los símbolos, los temas y los espacios donde debían exponerse. Al mismo tiempo, reforzaban oposiciones entre “alta” y “baja” cultura, entre arte, artesanía y folclor, funcionando como mecanismos de inferiorización cultural de la otredad, por más que los murales estaban orientados a las clases populares. Era un proyecto jerárquico que consolidaba lo que podríamos llamar una colonialidad estética, un sistema que regula qué se puede sentir y expresar, además de que servía para afianzar la consolidación del Estado-nación.
Por eso es tan importante que los procesos de liberación estén acompañados de prácticas artísticas y simbólicas propias. Se trata de una restitución a nivel ontológico de los valores y subjetividades de la mayoría social. En este marco, las comunidades zapatistas amplían profundamente la noción de arte. En el comunicado Las artes, las ciencias, los pueblos originarios y los sótanos del mundo definen al artista como aquel que crea, sin importar los cánones ni las clasificaciones impuestas. En mi opinión, aunque no lo nombren en clave marxista, esa idea rompe con la histórica división entre trabajo manual e intelectual propia de las sociedades capitalistas.
En el capitalismo, solo unos pocos privilegiados tienen derecho a ser reconocidos como científicos o artistas. En cambio, tras 40 años de lucha, en los territorios zapatistas cualquiera puede ejercer ambas dimensiones libremente: ser campesino por la mañana, pintor por la tarde, convivir con la familia por la noche y estudiar matemáticas al día siguiente. En este horizonte, el arte y la ciencia no son esferas separadas de la vida social: están inscritas en la vida misma. Por eso los zapatistas hablan del arte de la milpa, del arte de los trabajos colectivos o incluso del arte de la resistencia.
En mi análisis, lo que hacen es recuperar el sentido original de aísthēsĭs: las formas de sensibilidad a partir de las cuales conocemos y construimos el mundo. De ahí que su propuesta se pueda entender radicalmente como descolonizadora: no conciben el arte como un campo autónomo controlado por museos o mercados, sino como práctica vital que forma parte de la reproducción de la vida comunitaria. Es una redefinición del arte como saber colectivo, como epistemología que desafía la colonialidad estética y propone una aesthesis in-surgente desde abajo.
Foto: Francisco De Parres Gómez.
Para cerrar, ¿que lección crees que deberían aprender los movimientos urbanos o movimientos occidentales hablando de este tema de arte, estética y política?
Pensando en que arte, estética y política están entremezcladas, hay que subrayar que no son lo mismo. La estética no se reduce al gozo ni al consumo cultural, sino que implica la recuperación de otras epistemes: lo metafísico, lo divino, lo ontológico, los sistemas de relaciones concretas que organizan la vida, pero también las formas de sanar historias coloniales que todavía pesan sobre los cuerpos y territorios. Desde esta mirada, la estética es una forma de vida más amplia, no limitada a la producción artística en sentido estrecho, sino ligada al entendimiento de la alteridad y al reconocimiento de que todas y todos somos portadores de sensibilidad y de potencia creativa entendida incluso como poiésis.
El zapatismo enseña que el arte no se reduce a la propaganda ni al espectáculo, sino que se convierte en herramienta vital para producir comunidad, memoria y futuro. Desde los relatos del Viejo Antonio hasta los murales, la música o las danzas, lo estético se funde con lo político como práctica de dignidad. Y esto debería interpelar a los movimientos urbanos y occidentales que muchas veces conciben el arte como algo separado de la vida, como práctica ornamental, tiempo de “ocio” o confinado a galerías o instituciones culturales. El reto es recuperar el arte como práctica colectiva, como aísthēsis que transforma no solo lo que vemos, sino lo que sentimos y lo que somos capaces de imaginar.
Pensando que los pueblos indígenas han intentado ser colonizados durante más de cinco siglos y que, sin embargo, siguen resistiendo, me quedo con un mensaje político, artístico y poético: que a nivel amplio la esperanza no muere. Esa esperanza está presente en el zapatismo, pero también en las madres buscadoras que representan la dignidad de este país, en los diferentes movimientos de mujeres que luchan, en los pueblos que defienden sus ríos y montañas, en quienes enfrentan la necropolítica con creatividad y cuidado. La esperanza aquí no es un concepto abstracto ni un refugio religioso, sino una práctica política cotidiana: la construcción material y simbólica de futuros distintos.
El imperio de la muerte busca ser total, global y permanente. Pero la lección que nos deja el zapatismo es que incluso en medio de la guerra se pueden imaginar y llevar a la práctica mundos nuevos. Lo que hoy se juega en Chiapas no es solo el destino de un pueblo, sino la posibilidad de imaginar colectivamente que hay vida más allá del capital y de las guerras globales, en donde parece que enfrentamos transiciones hacia un mundo multipolar fuera de una hegemonía única. Esa es la lección de quienes hacen de cada acto de resistencia una obra de dignidad, de quienes convierten la memoria en fuerza, y de quienes insisten en que, aunque el poder diga lo contrario, otro mundo ya se está construyendo en las grietas del presente.
En las primeras horas del 03 de enero de 2026, las tropas de Estados Unidos de América (EUA) invadieron territorio venezolano, bombardearon distintos puntos de ese país y secuestraron al presidente de esa nación y a su esposa. Estados Unidos pretende, así, apoderarse de todo un territorio, como reinicio de las guerras de conquista del Gran Capital.
Frente a estos hechos, compartimos nuestra palabra:
1.- Hay un país agresor, los EUA, y un pueblo agredido, Venezuela. 2.- El sistema no respeta ni sus propias leyes internacionales y sus pretextos para agredir son cada vez más ridículos y ocultan la verdadera razón: la ganancia. 3.- Por encima de gobiernos y de fobias y filias, apoyamos al pueblo de Venezuela y nos solidarizamos en la medida de nuestras posibilidades.
Para sumar tu firma: apoyo.venezuela.2026@gmail.com
Firman
Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Organizaciones – México
12 Pueblos Originarios de Tecámac – Tecámac, estado de México, México Academicxs con Palestina contra el genocidio – México Acción Palestina Chiapas Acción por palestina Morelos Artivistas Social Club – Red de artistas y trabajadorxs del arte organizadxs. Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch’ Xíimbal, Península de Yucatán Asamblea Libertaria Autoorganizada Paliacate Zapatista, Grecia Asamblea Nacional por el Agua, la Vida y el Territorio -México Asociación de Exploración Científica y Recreativa Brújula Roja Asociación para la Educación Popular en América Latina | México Barro Rojo Arte Escénico Batallones Femeninos Bordados de Memoria. Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Brigada Comunista Angela David-LCM – CDMX. Brigada Ricardo Flores Magon Brigadas Emiliano Zapata de México (BEZ-MÉX) Café cultural infinito Café y Galería La Resistencia, Ciudad de México Café Zapata Vive Caracteresnoexistentes Casa Obrera Baja California Casa Obrera del Bajío, Guanajuato. Cátedra Carlos Montemayor Centro Cultural Autónomo “iik’naj”. Yucatán Centro Cultural Autónomo “iik’naj”. Yucatán Centro Cultural Makarenko Centro de Derechos Humanos Fray Bartolome de las Casas Centro de Investigaciones Sociales, Sindicales y Laborales, A.C. Ciudadanía Lagunera por los Derechos Humanos, A.C Clínica de Heridas y Casa del Centro Colectiva Amo Ximayahue Colectiva Las Desobedientes Colectivo «Héroes de Acteal», Celaya, Gto., México Colectivo «Lo de menos» Colectivo Aequus.- Promoción y Defensa de Derechos Humanos Colectivo Agroecológico Tierra de Volcanes Agrocultural Colectivo Callejero Colectivo Centro de Análisis Multidisciplinario -UNAM Colectivo Chinampas – Ciudad de México Colectivo Criptopozol+ DDHH, México Colectivo Cuaderno Común Colectivo Cultura Errante Colectivo de (ar)terrorismo Guerrilla Bang Bang, Colectivo de apoyo al CNI-CIG y EZLN, Llegó la hora de los pueblos. Colectivo de Grupos de la Asamblea de Barrios de la Ciudad de México (CG-ABCM) y las Colectivo de Profesorxs en la Sexta Colectivo de Reflexión en la Acción – Rumbo Proletario Colectivo de Trabajo Cafetos Colectivo del profesorado de Derecho y Derechos Humanos de la licenciatura en Derecho de la UACM CDMX. Colectivo Educación para la Paz y los Derechos Humanos AC. (CEPAZDH), San Cristóbal, Chiapas. Colectivo el Capitán Ahuizote (CCH-Sur)-CDMX Colectivo El Desborde Tango, CDMX Colectivo Empalabrando, Querétaro. Colectivo Gavilanas Colectivo Independiente Sueño de Compas (Rodolfo Olivares, Martín Reynoso, Adrián, Escobar Mateos, Ernesto Dzul Can y Diana Pimentel Rosales) – CDMX y Estado de México Colectivo José Revueltas – Cd Juárez Colectivo La Caleta Colectivo la Ceiba Colectivo la Otra Justicia Colectivo Luciérnagas que Siembran Colectivo Mientras tanto Colectivo Mujeres Siglo XXI Colectivo Mujeres Tierra, Mexicali, BC Colectivo Mujeres y Maíz y a Luz del Carmen Silva. Colectivo Panadero La Grieta Colectivo por Ayotzinapa y todos los desaparecidos Colectivo Radio Zapatista Colectivo Tenamaxtle, San Luis Potosí Colectivo tierra en movimiento por la resistencia. Colectivo Utopía de Morelia Colectivo zapatista Puente a la Esperanza Comida no bombas, Querétaro Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán Comité Autónomo de Agua Potable – San Pablo Tecalco, México. Comité de Acción y Lucha Comunitaria Comité de Enlace Latinoamericano y Caribeño (CELC) Comité de Padres y Madres de Ayotzinapa. ¡Vivos los Llevaron, Vivos los Queremos! Comité en defensa del bosque El Nixticuil Comunidad Circular, Ensenada B.C. Comunidad de Reflexión Filosofía en Chiapas Comunidad de Tlanezi Calli en Resistencia Comunidad de Xochitlanezi Comunidad de Xochitlanezi del Común Comunidad Indígena Otomí residente en la CDMX Comunidad Potosina por Palestina Concejo indígena de gobierno Santiago Mexquititlán – Amealco Querétaro Congreso Nacional Indígena Consejo Regional Totonaco Cooperativa ríos de Nueva Coordinación de Familiares de Estudiantes Víctimas de la Violencia Coordinadora de Colonias de Ecatepec – México Coordinadora de Pueblos y Organizaciones del Oriente del Estado de México en Defensa de la Tierra, el Agua y su Cultura-CPOOEM. DESMI, A.C. Ediciones del Espejo Somos El Grupo de Litigantes para la Protección y Defensa de los Derechos Humanos (Grupo de Litigantes -PRODEDH) – Chiapas, México El Tekpatl periódico crítico y de combate, Puebla/México Espacio Amoxtli, ciudad de México. Espacio de Lucha contra el Olvido y la Represión. Espacio mujeres y la sexta Jovel EzcuelitaGDL Felpudas Teatro (Diana Pimentel Rosales, Vianey Hernández Villada, Cecilia Irais Reza Mata) – CDMX, México Frente Comunicacional Antifascista Frente de trabajadores de la Salud y Seguridad Social Frente del Pueblo Resistencia Organizada Frente juvenil en defensa de Tepoztlán, Morelos Geo-grafías Comunitarias, región cholulteca, México Grupo de Trabajo No Estamos Todxs Guerrerxs Sin Fronteras Ikebana Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario Juventud Comunista de México – México. Kolectivo “la Bestia Grafika” La flor de la palabra La Otra Calle La Sexta Hidalgo Laboratorio Popular de Medios Libres Los y las hijas del Maíz Pinto. Tlaxcala, México. Los Zurdos Teatro M.I.A.U. Maderas del Pueblo del Sureste A.C MAKA Colectiva de estudios psicosociales, feministas y de género – ciudad de México Mexicali Resiste Mexicanos Unidos Micelias Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) con base en Michoacán, territorio P’urhépecha. Mujeres y la Sexta Nodo de Derechos Humanos (NODHO) – México Norte a 2 Núcleo de Solicitantes de Vivienda, Movimiento Sin Techo y Campamento “Camarada Celestino”. Organización Campesina de la Sierra del Sur (O.C.S.S) – Coyuca de Benítez, Guerrero Organización La Casita y Vecinos de Hersilia por la Salud, el ambiente y la agroecología. Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente Organizaciones de México Otra danza es posible Partido de los Comunistas Periódico la Flor in xochitl in cuicatl, Puebla/México Proceso de Articulación de la Sierra de Santa Marta, Sur de Veracruz, Mexico Proyectos Videoastas Indigenas de la Frontera Sur (PVIFS) Pueblos Unidos de la Región Cholultecas y de los Volcanes, Puebla/México Radio Zapatista Sudcaliforniana Raíces en Resistencia – México Rebelión Científica México Red Aborta Libre Chiapas Red de Apoyo Iztapalapa Sexta Red de feminismos descoloniales Red de Movimientos Feministas de Guanajuato Red de mujeres del oriente del estado de México Red de Rebeldía y Resistencia-San Luis Potosí Red de Resistencia y Rebeldía Abya Yala Rompe el Cerco Red de Resistencia y Rebeldía de Guanajuato Red de Resistencia y Rebeldía Jo’ Red de Resistencia y Rebeldía Nuevo León Red de Resistencias y Rebeldías AJMAQ. Red Por la Justicia Reproductiva en Chiapas Red Universitaria Anticapitalista Resistencias Enlazando Dignidad-Movimiento y Corazón Zapatista Resistrenzas-Puebla. Resonancias Radio ReVelArte – Improvisando la liberación, México Revista La Gota Revuelta de las Semillas Sabotaje Media – México Seminario de Marxismo y Feminismo en América Latina Sociedad Civil Articular la sociedad AC. Tango disidente, libre y alegre, CDMX. Tejiendo Organización Revolucionaria (TOR) – México. Unión Popular Apizaquense Democrática e Independiente (UPADI), Apizaco, Tlaxcala, México. Unitierra KAXUNIK (Jonotla), Sierra Norte Unitierra Puebla UPREZ Benito Juárez Vecinos del cerro de Tecalco – Chiconauhtla. Vendaval, cooperativa panadera y algo más, CDMX Wirikuta Balompie
Organizaciones internacionales
Αntama Collective – Grecia Assemblea de Solidaritat amb Mèxic, País Valencià Associazione Jambo, Italia Batec Zapatista Barcelona BUKO (Coordinación Federal de Internacionalismo) de Alemania Cafe Libertad Kollektiv, Alemania Cafè Rebeldía-Infoespai, Barcelona CafeZ, Liège, Bélgica Cal Cases, Catalunya Caracol Extremadura, estado español Centro de Documentación sobre Zapatismo. CEDOZ. Estado Español Centro Social Okupado Anarkista L’Horta (València, Estado Español) Chiapas Education Project, Canada Citizens Summons Col.lectiu per la Sororitat de Albal, Valencia, España Colectivo Armadillo Suomi, Finlandia. Colectivo Calendario Zapatista (Grecia) Colectivo Caracoleras de Olba, Teruel, estado español. Colectivo corazón del tiempo en Puelmapu (Argentina) Colectivo Estamos Aqui- Guatemala Colectivo gata-gata. Alemania Colectivo Solidaridad sin fronteras de Nikitotegwak-Sherbrooke, Québec, Canada Colectivo Terra Insumisa Alcamo Colectivo Zapatista de Lugano, Suiza Comité Chapaiev. Revista política. Galicia. Comité de Solidaridad con América Latina de Asturias de Asturias (COSAL) Estado español Comité de Solidaridad de Viena Austria Comité de Solidariedade con América Latina da Coruña. Galicia Comité de solidarité avec les peuples du Chiapas en lutte (CSPCL) – Francia CONAICOP – Consejo Nacional e Internacional de la Comunicación Popular. Confederación General del Trabajo CGT del estado español Cooperativa Com.e.s. di Commercio Equosolidale Coordinadora Anti Represión Región de Murcia Coordinadora Anti Represión Región de Murcia Cristianos por el Socialismo (CfS) Csa intifada – Empoli Italia Flor de la Palabra, colectivo de traducción francófona de la Sexta Frankfurt International, Alemania Friedensplattform Steiermark = Plataforma de Paz Estiria, Austria Galiza por Palestina. Galicia. Grupo de Chiapas del Comité Noruego de Solidaridad con América Latina (LAG Noruega) Grupo de investigación en Arte y Política. Grupo de teatro del oprimido «activistas» Gruppe B.A.S.T.A., Münster, Alemania Intersindical Solidària Juventud Palestina en el Estado español, Al-Yudur Kaffeekollektiv Aroma Zapatista / cooperativa colectiva de café Aroma Zapatista, Hamburgo, Alemania La otra casa Rosario. Laboratorio Sociale Largo Tappia Lanciano (CH) – Abruzzo – Italia Lumaltik Herriak, País Vasco Mexicogruppen IF (Dinamarca) Mujeres y Disidencias de la Sexta en la Otra Europa y Abya Yala, RRR (Otra Europa y Abya Yala) München International Museo de Formas Imposibles, Finlandia Mut Vitz 31 de Toulouse (Francia) Nodo Solidale (Italia/México) Oficina de información Nicaragua en Wuppertal, Alemania Oficina Ecuménica por la Paz y la Justicia e.V. Pallasos en Rebeldía, Galícia Plataforma Canarias por Palestina. La Palma, Islas Canarias. España Proyecto Libertario Flores Magon de Milan (Italia) Pueblos en Camino, Abya Yala Quinoa asbl, Bruselas, Bélgica. Radio Plaza de La Dignidad Red de Autonomías Colectivas, Finlandia Red de solidaridad con Chiapas de Rosario Red Sexta Grietas del Norte – en el llamado Estados Unidos- Red Sicilia Sud Globale Red YA-BASTA-NETZ (Alemania) Sare Antifaxista 2005 ★ 2026 Euskal Herriko Antifaxista Taldea Schools for Chiapas/Escuelas para Chiapas – EEUU/Chiapas Tatawelo – Italia txiapasEKIN – Pais Vasco/Euskal Herria Vocesenlucha – Comunicación Popular (España) Ya Basta! Êdî Bese – Noreste Italia Yretiemble! Colectivo de apoyo al Zapatismo y el CNI desde Madrid – Madrid, Estado Español
Personas – México
Abenamar López, Chiapas, México Abraham Rodriguez Quintanilla Abril Esquivel – México Abril Téllez Flores Adalberto Montiel Román Adalid Valencia Adolfo Olea Franco Adrián Bejerano, Cdmx. Adrián López Angulo, Puebla. Adriana Casasola Rojas. Ciudad de México Adriana López González Agustín Solano López, Guerrero-México Áimée Cervantes Escobar. Mazatlan. Alaíde R. Martínez Hdz Alberto Betancourt Posada Alberto C. Velázquez Solís Alberto Colin Huizar, antropólogo Alberto Coria, Adherente a la Sexta. Alberto Gonzalo Dueñas López Alberto Moctezuma Martínez Alberto Nicolás López Méndez, Chiapas Alberto Tadeo Guzman Alberto Tenorio Jiménez Alberto Vallejo Reyna Alejandra Gordillo Arias CDMX Alejandra Guillén González Alejandra Hernández – México Alejandra Jiménez González, Querétaro Alejandra Ramírez Ángeles. Alejandra Rosas Rivera Alejandra Sosa López Alejandrina Rodríguez, Mexico Alejandro Bonada Chavarría Alejandro Karin Pedraza Ramos -FFyL-UNAM/CDMX Alejandro Mira, Querétaro Alejandro Reyes Arias Alejandro Rodríguez Andrade, Colima, México Alexis Daniel Rosim Millán – México Alicia Beatríz Cruz Camarena Aline González Balcázar Alma Alvarado Hernández Alma Idalia Kullick Lackner, Monterrey, Nuevo León, Mexico. Alma Julieta Granados Garduño, Querétaro Alma Leticia Borrego. Rosario, Sinaloa. Alma Rosa Moya Alvarado- Querétaro Ana Laura Ríos Morón Ana Laura Ríos Morón. Mazatlan. Ana Luisa Juan Mendoza Ana P. Torres González, Caracol del Sur Ana Patricia García García Ana Silvia Larios Ana Valadez Ortega Anayatzin Temores Alcántara Anderson Avila Andrés Galindo Solís, San Luis Potosí, México. Andrés Mejía Anelí Villa Avendaño, CELA-CIALC, UNAM Ángeles Gama Angélica Aurora Avila Olazcoaga – ciudad de México Angélica Ayala Galván Angélica Rico Montoya Antonio Flores González. Querétaro. Antonio Múgica Puebla México Antonio Valencia Olascoaga Antulio Fernández Araceli Gutiérrez Huitzil Arcadio Madera Sarmiento. Mazatlán. Arcelia Enríquez Rincón Argelia Guerrero Argelia Rentería Ariel García Armando Soto Baeza Artemisa Edith García Cerecedo Arturo Anguiano – México Arturo Espinosa Guerrero Arturo Guerrero Aurora Betancourt Aurora Betancourt R. Aurora Vidal Bárbara Pohlenz, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas Bárbara Zamora – México Beatriz E. Rosales de la Cruz – CDMX, México Belzaín Mejía Iturriaga, Mérida Benjamín Becerra Absalón Benjamín Becerra Padilla Berenice Mejía Iturriaga Psicoanalista/ UNAM Bertha Navarro – Ciudad de México Betsy Rodríguez Reynoso Blanca de Lira Macías Blanca Estrella Ruiz – Estado de México Blanca Lilia Narváez Ribera Bonifacia Hernández Flores Brenda Nava Galindo Brian Michel Jiménez Luna (Foro permanente contra la precarización docente) Bruno Emilio Rodríguez García – Ciudad de México. C. Rodrigo Cortés Mora Camilo Raxa Camacho Jurado Carlos Alberto Ríos Gordillo Carlos Andrade – Ciudad de México Carlos Andrés Aguirre Álvarez Ciudad de México Carlos Antonio Aguirre Rojas, México. Carlos Calvo Espinoza Carlos Figueroa ibarra Carlos Hernández Babún, León, Guanajuato Carlos Macías Esparza – México Carlos Miguel López Sierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Carlos Reveles Delijorge Carlos Salvador Zahuantitla Carlos Tornel, México. Carmen Alinn Bravo Castillo Carolina Concepción González González. Profesora-investigadora. La Paz, B.C.S. , México. Carolina Coppel – Mazatlán, Sinaloa Carolina Díaz Iñigo, Antropóloga Catalina Rodríguez Lazcano, México Catherine DeWeese Parkinson, México Cayo Vicente Cecilia Delgado Briseño Cecilia Granados Salgado, CDMX Cecilia Vargas Celestino Ñonthe Ramos. Mazatlan César Alejandro Ponce Pérez César Felipe Rojas López César Godínez Meneses – Ciudad Nezahualcóyotl, Edomex. México Christopher César Llamas Burgueño.Rossrio, Sinaloa Citlali M. Marino Uribe Claudia Bustillos Lugo Claudia Carlos Pinedo Claudia Ledesma Hernández CDMX Claudia Yanet Figueroa Sánchez Compañero Mariano Concepción Suárez Aguilar. Chiapas, México. Consuelo Patricia Martínez Lozano – San Luis Potosí Cosme Zamudio Crismar García Cristina Amor Faya Cruz Antonio González Astorga Cuauhtémoc Saucedo Santoyo, «TeMoK», Escritor, cdmx Cynthia Astudillo Ventura Daniel Bezares Rodas – Ocozocoautla, Chiapas. Daniel Ochoa Vázquez Darby Jesús Espinoza de la Peña. Mazatlan. David Barrios Rodríguez, Ciudad de México David Jiménez, Puebla David Lozano Tovar David Villarreal Zavala. Mazatlan. Deni Valo Diana Itzu Luna, Chiapas. México Diana Loeza Limón Diana Manrique García, México. Diana Pimentel Rosales – CDMX, México Diego Gonzalo Ibarra Rodríguez Diego Osorno Diego Xiuhcoatl Robles Ramírez – Villa de Álvarez, Colima Dionisio Morales Pavón Doh Nato Kzy Dorotea Díaz Castelao Dr. Gilberto López y Rivas, México Dr. José Luis Herrera Peralta – Sección 22 CNTE-SNTE Dr. León Enrique Avila, Profesor, Defensor de los humedales de montaña Dra. Alicia Castellanos Guerrero, México Dra. Ma. Andrea Trejo Márquez-UNAM-México Dra. Patricia E González-Zuniga Dra. Rosalva Aída Hernández Castillo, México Edith Victorino Edith Yolanda Gutiérrez Vázquez Eduardo De la Rosa Eduardo Mejía Ramírez Elena Katzestein Ferrer Elga Matilde Mejia Aguilar. Elías Iván García Ríos Elievf León Arizmendi Elis Ramírez Castañeda Elvira Aquino Camacho Ema Villanueva Emely Arroyo – Baja California, México Emilia Cristina González Machado Emilia Raggi Lucio-México Emilia Torres, Puebla Emiliano Carvajal González, Ciudad de México Enrique González Ruiz Enrique Iturriaga Sierra Arquitecto, Cdmx Enrique Viramontes Cabrera Epifanía Pérez Vázquez Eric Daniel Lazo Ceron Ernesto Flores Escareño, Adherente a la Sexta Declaración. Ernesto I. Santillan Anguiano Ernesto Menchaca Arredondo Ernesto Ruiz Cruz Ernesto Valtierra Galvan, Ciudad de México Esmeralda Alonso Guevara Esperanza Martínez Hernández – México. Estefanía Ávalos Palacios Esther Pérez Aboytes Eugenia Díaz – México Ezequiel Maldonado López Fabián Vidal – San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Fabio Ceballos Fabiola Ceballos Loya Cd. Juarez Fabiola Osnaya Alquicira Fabricio Alvarado Cajeme Felipe Diaz Huerta Felipe I Echenique March Felipe Palomino Ortíz Felipe Varela Cervantes Félix Ismael Sánchez Flores Fermín Carreño Meléndez Fernanda Navarro – Ciudad de México Fernando Bedolla Fernando García Fernando Ríos Hernández, Querétaro Fernando Santillán González, Ciudad de México Fernando Thirión Romero, Fiorella Fenoglio Limón Francesca Noe Francisca Urias Hermosillo – Cd. de Mexico Francisco Adair Antonio Dávila – CDMX, México Francisco Barrrios “El Mastuerzo “ Francisco Coronel Guerrero Francisco de Parres Francisco Humberto Peregrina Francisco Javier Guerrero Anaya Francisco Javier Maldonado Sacco Francisco Noe Romero Rosario Francisco Pérez Hernández – México Frida Guerrera Fructuoso Matías García Gabriel Cruz, Chiapas Gabriel H. Salazar Gabriela Salazar Gabriela Serralde Díaz – México Gabriela Zúñiga García Genomelin López Velázquez – Calakmul, Campeche, México Gerardo Daniel Pineda Castillo Gerardo M. Carrera Gerardo Vázquez Figueroa, Querétaro Gibran D. Trujillo Gilberto Piñeda Bañuelos (profesor), La Paz, B.C.Sur. Gloria Iris de la Peña López. Mazatlan. Gpe. Sandra de la Garza Vargas – Monterrey Nuevo León , México Grace Zamora Graciela García Graciela Guadalupe Pérez Griselda Domínguez Lerio, Tuzamapan, Coatepec, Veracruz, México. Griselda Terrón Nava – Ciudad de México Guadalupe Esmeralda Valdez Reyes Guillermo Peimbert, Cuernavaca, Morelos Gustavo Corral Guillé Gustavo Garcia Rojas, UANL, Monterrey Haidé Rodríguez Ramirez Héctor Abraham Borrego Duran. Mazatlan. Héctor Alexis Castro Bastidas Héctor de Jesús Aguilar Farías. Héctor Efrén Hernández Zavala. Héctor Garduño Mena Héctor Ortiz Elizondo, Caracol del Sur Heriberto Paredes / periodista independiente Heriberto Rodríguez Humberta García Escamilla Ilich David Escobar Corona. Mazatlan. Indira Benites Navarrete-Docente-Tlaquepaque Jalisco Inés de la Crass, Tijuana, Baja California, México Inti Barrios Iñigo Maurino López Antonio Isabel Sanginés Franco Itzel Becerra Absalón, México Iván de Jesús Rodríguez Muñoz, EdoMex J. Luca de la Mora Ruiz – Guadalajara, México Jaime Cota Aguilar Jaime López Cesati Jaime Renán Ramírez Zavala. Mazatlan Janeh Leyva Domínguez Javier A. Lozano Tovar Javier Elorriaga Javier Elvira Moreno, San Luis Potosí, México Javier G. Parada, Eremita, México Javier Maisterrena Zubirán Jennifer Zoe Borrego Duran. Mazatlan, Sinaloa. Jerónimo Aurelio Díaz Marielle, Ciudad de México Jessica Alonso Flores Jesús Alberto Hernández. Periodista, urbanista y cineasta Jesús Antonio Rubio Sandoval. Guasave, Sinaloa. Jesús David Bollás Calderón, Querétaro Jesús Espinoza Mendez. Mazatlán. Jesús G. Camacho Jesús Rangel Ontiveros. Jesús Salvador Gonzáles García Joali Margarita Hernández Valencia Johnatan Guerrero Jorge Alfonso Ortiz Parada Jorge Alonso Ibarra Sosa. Mazatlan. Jorge Alonso Sánchez, México Jorge Ángel Sosa Márquez Jorge G. Balleza Jorge Gabriel García Salyano, médico comunitario, Chiapas, México Jorge Luis López López, abogado defensor de derechos humanos Jorge Regalado, Guadalajara, Jalisco, México José Abraham Monroy Carapia José Antonio Rodríguez José Manuel Pimentel Rodríguez José Manuel Pimentel Rodríguez – CDMX, México José Manuel Valenzuela Arce. Tijuana, B.C. Josefina Iturriaga Sierra, Cdmx Josefina Torres Aguilera S.L.P. México Josué Menchaca López Juan Carlos Capanegra Juan Carlos Cota Ortiz Juan Diego Perales Franco Juan Javier Reta Némiga Juan José Cruz Cervantes Juan Luis Segura Cortés Juan Varela Cervantes Juan Villoro, México Juana Romero Castañeda. Mazatlan Julia Adanari González Monroy – Colima, México Juliana Merçon Julieta García – Edomex. Julio César Borja Cruz, Querétaro Julio César Ramírez. Torreón, Coahuila, México Kar Helena, Cd. México Karen Elizabeth Zúñiga Fernández / CDMX, México Karla Barrios Rodríguez – ciudad de México Karla P. Amozurrutia Nava (FFyL-UNAM) Karla Quintana Kathia Núñez Patiño, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas Keey Torres Orenda Kyzza Terrazas, México Laura Bensasson – Cuernavaca, Morelos, México Laura Carlsen, México Laura Gisela García Domínguez, CDMX Laura Isabel Alcázar Gómez Laura Rocha Laura Rodríguez, CDMX Laura Ulloa Laura Vázquez Reyna, Monterrey, Nuevo León Lenin Andrés Fonseca García León Fierro Resendiz Leonardo Cardona García Leticia Madera Rentería Lev Jardón Borbolla Lilia García Torres, Ciudad de México. Liliana del Rayo Farfán Rodríguez – México Liliana López Zamora UNAM/UNRC Lizet Delgado Calderón Lluvia Cervantes Contreras – Querétaro, Mx Lola Díaz-González García Lorena Juan Mendoza Lorena Martínez Tristán Lucas Alvarez Olvera. Luciana Kaplan, Documentalista – Ciudad de México Lucio Espinosa García Lucrecia Gutiérrez Maupomé Luis Alberto González Arenas, Organización: RIP.mx, Adherente a la Sexta Luis Carlos Andrade Espino – México Luis de Tavira Luis Hernández Navarro, México Luis Javier Valverde Arteaga Luis Lozano A. Luis Omar Facio Sánchez, Querétaro Luis Pablo Padilla Velasco Luis Yolkin Villarreal Castañeda Luisa Fernanda Martínez Peredo Luisa Riley Luiz Miguel Mendonça Gonçalves – Brasileiro residente en México Luz Fernanda Álvarez Trejo Ma. Cristina Peralta Casillas Ma. de la Paz Espino, Valle de Bravo Edo. de México Ma. Rosalva Garcia Ulloa. Mazatlán, Sinaloa. Mafer Tangerine Magdalena Gómez – México Manco Manuel Fernández Guzmán, Guerrero, México Marcela Blum, CDMX Marcela Pérez Escobedo, CDMX Marcos Bucio Pacheco Margarita Hernández Martínez Margarita Muñoz, México María Alicia Dorantes Camacho, Cuernavaca, Morelos, México. María Aragón – México Maria Betzabe García Galindo. Mazatlan. María del Carme Cano María del Carmen Briceño Fuentes María del Carmen Martínez, Colectivo Utopía. Morelia, Michoacán, México María del Carmen Valadez Pérez María del Carmen Velázquez Cuadras. Mazatlán María del Socorro Capetillo Pérez María Elena Saavedra Romero María Estela Barco María Eugenia Guilliem Partida María Eugenía Sánchez Díaz de Rivera, México María González de Castilla Gómez María Gracia Castillo Ramírez María Isabel Pérez Enriquez María Lourdes Gutiérrez María Maldonado Villavicencio María Teresa Ascencio Cedillo, Puebla, Pue. Mariana Gómez Mariana Itzel Espinosa Valencia – Mexico Mariana López de la Vega Mario Alcaraz. Morelia Mario Bladimir Monroy Gómez Mario Ramírez M., México Mario Valdés Adalid Marlene Mar Santamaría, Poza Rica, Ver. Marta Alicia Pérez Sánchez Martha Elena Aguiar Barrera – Guadalajara Martín Barrios Martin Ignacio Borrego Martín López Trejo Martín Méndez Bustamante CDMX Marvin Lorena Arriaga Córdova, Chiapas Mateo Crossa Niell Mateo Francisco De La Peña Granados, CDMX Mauricio García Johnson Mauricio González González, Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio (CORASON), Ciudad de México. Mayra Sánchez Mayvelin Flores Villagómez Melina Plata Sueños Miguel Ángel Ramírez Zaragoza, México Miguel Darío Hidalgo Castro UPN Tuxtepec, Oaxaca Miguel Gómez Beltrán Miguel Pérez Guillén – San Cristóbal de Las Casas, Chiapas Miguel Rodríguez Velázquez Mireya Mendoza López Mirna Yazmín Estrella Vega Mirtha Rivas Mitzi Flores Moisés Emiliano Valtierra Bustillos Mónica Rodríguez Dávila, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Monse Hevia Arias Montserrat Balcorta Sobrino (Ciudad de México) Mtra. AlejandraVargas de la Cruz Mtra. Graciela González Phillips, investigadora jubilada de la UACM Mtro. Gilberto Zuniga L Mujer libre Colima Mujer Libre Colima Nancy Estrada Nantik Meche. Comunicación popular feminista. Chiapas, México. Narciso Barrera Bassols Natalia Beristain – México Neftalí Calixto Gutiérrez Neftalí Miranda Pineda Nélida Estefanía Noriega Calvillo, San Francisco Tlaltenco, Ciudad de México. Néstor Chavarría Rodríguez Nicandro Rodríguez Martínez Nicte-Ha Dzib Soto (CdMx) Nidia Guadalupe Sosa Delgado Noemí Marín Norma Angélica Parra Hernández – México Nuria Araiza Fernández Odette Castelao Frías Odette García Castelao Olga Alejandra Sabido Ramos Olga Patricia Calderas Osorio Omar Jair Pineda Juárez Omar Sealtiel López Canett – Antropologo Oralba Castillo Nájera – Cuernavaca, Morelos, México. Orlando García Silva Oscar Andrés Jiménez González, Querétaro Oscar Cerda Gómez Oscar Cerda Gómez Oscar David Martínez Marcial. Oscar G. Balleza Pablo Ángel Lugo Martínez Pablo Eugenio Giles Ritter Paloma Cervantes Lara Paloma Zapata Lillo. Patricia Westendarp, México Paulino Alvarado Pizaña Pavel Cruz Pedro Delmar Rubisel Palacios Trejo, Querétaro Pedro Zamora Perla Margarita Meza Inostroza Peter Rosset, Chiapas Porfirio Martínez González Rafael Espinosa Morales, Ciudad de México. Ramón Costa Ayube, Xochimilco, México Ramón Ernesto Jara Guzmán. Mazatlan. Ramses De la rosa-CDMX, México.Tania Paulina Viña Frías Raquel Vargas Raúl Delgado Wise, México Raúl Romero Ricardo Bermeo Padilla Ricardo Guerrero Aguilar Ricardo Montaño, Juventud comunista de México – Baja California Ricardo Paz Escobar Ricardo Zepeda Terrazas. Obregón, Sonora. Rita Tirado Lopez. Mazatlan Roberto Ibarra Jiménez – León, Guanajuato, México Roberto Quiroz González – cafetería la nezia, Gustavo A Madero, CDMX Roberto Ramírez Pérez Rocio Barrón Ríos, Querétaro Rocío Berenice Jiménez González. Rodolfo Ambriz Vilchis Rodolfo Girón, México. Rodrigo García Leija – CDMX Rodrigo Rubén Hernández González Román Teja y Rocha Rosa Evelia Montaño Centeno Rosa María Absalón Montes Rosa Paulina Reséndiz Flores Rosario Patricia Rodríguez Rodríguez Rubén Macías – México Salvador Díaz Sánchez Salvador Fong Fierro Samanta Sánchez, Tlalnepantla Edo de Mex Samuel Figueroa Gutiérrez Sandra Gayou Soto Sara Ángelus – Tepoztlán, Morelos México Sara Bravo Sashenka Fierro Resendiz Sebastián Alejandro Bahena Alegría- México Selene Reza García – Guadalupe Nuevo León. Serafin Aponte, bailarín y coreógrafo – México Sergio Araht Ortiz Rosales GDL, México. Sergio Rodrigo Lomelí Gamboa Sergio Rodríguez Lascano Shekoufeh Mohammadi, México Shirley Alejandra Thomas Hickie Silva Juárez Aguilar Silvia Resendiz Flores Silvia Rocio López Sanabia. Rosario, Sinaloa Siria Garibay Marrón Sofía D. la Cueva Stefanie Weiss CDMX Steven Spears, Querétaro Susana Iturriaga Sierra, Cdmx Tamara Ortiz Avila, Michoacán. México Tania Jimena Hernández Crespo Tania Mitzi Gallaga Hernández Tatiana Fiordelisio Coll Teresa Calderón Manríquez Teresa Cervantes Tirzo Rosa Tisu Cervantes Titze Malambé Tonatiuh Hernandez Correa (CDMX) Tonatiuh Ramírez Rocha Tryno Maldonado Uriel Rosales Murillo Ursula Pruneda, CDMX Valentina Leduc – Ciudad de México Valentina Victoria, México Vanessa García Blanca / Torreón, Coahuila Vera Camacho Valdez. San Cristobal, Chiapas. Verónica López Delgado Vibani Baruni Jiménez Vico/Illes Balears Víctor Gutiérrez Torres Víctor Manuel Cabrera Morelos Víctor Manuel Escobar Pineda Víctor Manuel Romo Arteaga Víctor Manuel Salomón Soto Victoria Giles Mercado, del Estado de México. Violeta Cortés Hernández Violeta Medina Violeta Sandoval Chapa Vladimir Praxedes Villamil Martínez Vladimir Viramontes Cabrera William Guerrero Gálvez William Jiménez Hernández. Xenia Hernández – Secretaria de relaciones del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores Académicos de la UNAM. (SITTAUNAM) Xoán Gabeiras Vérez Xochiquetzali Espinosa Vázquez. Doctor Arroyo, Nuevo León, México. Xochitl Georgina Franco Delgado, Ciudad de México Xóchitl Hernández – México Xochitl Leyva Solano, Chiapas-Mexico Yael Espinosa García Yasser Arafat Roberto Ibarra Velázquez Yatli Hernández – Méx Yaxcanek Nashinya Solano Salgado, CDMX Yeicatl Colín – Guanajuato. Méx. Yesica Mendoza Yolanda Abrajan – cafetería la nezia, Gustavo A Madero, CDMX Yolanda Cecilia Villalva Yolanda Nime Yuriria Pantoja Millán – México Zvezda Ninel Castillo Romero, Periodista, Puebla
Personas – Internacionales
A. D. Minardou – Grecia Abatzis Tassos. Grecia Adela Estupiñan Hernández. Islas Canarias. España Adrián Almazán Gómez – País Vasco Alessandra Cangemi, giornalista, Milano Aline Pailler, journaliste, ex députée européenne – France Ana Fuentes U. / Chile Ana Paula Morel (professora Brasil) Andrea Cegna (Periodista freelance) – 20ZLN – Italia Andres Walter, Alemania Anelys Pérez Rodríguez -Cuba Ángel Sánchez Martínez Ángela Gippini Pose, presidenta de Galiza por Palestina Antonio Escalante Ruiz (antimilitarista, Euskal Herria) Antonio Versari, Roma Arturo Arce, Chicago, Estados Unidos Byron Mauricio Acosta – Kauka, Colombia Carlos Pineda – Colombia Carole Radureau, blog Cocomagnanville, Francia Cecilia Salguero, Argentina de Red «Abya Yala rompe el cerco» Chara Tzouma – Grecia Christine Hoedl, Austria Christy Petropoulou, Grecia Claudia Mora Suiza Clementina Pace Cosima Minardi, Roma Cybèle David, Francia Dan Fischer, Estados Unidos Daniela Dal Lago Darian Abu-Maya Zubia, Nuevo Mexico, EUA Derly Constanza Cuetia Dagua Kauka, Colombia Diego Scaravaglione – Argentina Edo Schmidt, Muenster, Alemania Eleftherio Gogos, Grecia. Εlli Spania, Grecia Emmanuel E Rozental-Klinger Kauka, Colombia Estefanía Ciro Rodríguez, Centro de Pensamiento AlaOrillaDelRío Evgenia Michalopoulou, Grecia Felip Cuenca Flavio Felice Maria Ferri – Barcelona (Catalunya) Francesc Rota Font, Catalunya Francy Elena Molina Arboleda. Educadora popular Frédéric Gircour, Francia Friederike Habermann, Alemania Gabriela Conder, abogada, Argentina Gaia Capogna, Roma, Italia Georgina Cerda Salvarrey Gerardo Muñoz, Estados Unidos. Gian Andrea Franchi Linea d’ombra ODV Trieste Gianluca Carmosino, Comune Giuseppe Girgenti, Italia Graciele Viana – Brasil Guillaume Manningham, de Québec, Canada, Hector Bravo Benard – Países Bajos Heike Kuhlmann – Alemania Hélène Meunier Hernán Ouviña, Argentina Ingrid Schellhammer, Deutschland Iraklis Panagoulis – Greece Isabel Martinez-Risco Valdivieso, actriz – Galicia Italo Retamal Espinoza – Trabajador audiovisual Jacob Ludvigsen, community organiser, Norway Jacques Burgering – EUA Jaime Bernardo Díaz Díaz – Santiago de Chile. Jaime Pastor, politólogo y redactor de Viento Sur. Javier Matesanz Palomo, Asturias, España. Jérôme Baschet (Francia) Johanna Rey Herrera, Bogotá- Colombia Jordan Medina Andrade – Estados Unidos Jorge Riechmann (España) Jose Pascual Rubio Cano, Región Murciana, Estado Español Juan José Lampón Rego – Galicia Juan Wahren (Argentina) Kajkoj Maximo Ba, Maya Poqomchi, Guatemala Khrys Vyneth Raudales Vargas – Honduras Kurt R. McLean – San Diego California EEUU y Tijuana, BC, Mexico Kyriako Stamelos – Grecia Laurine Del Mercato, campesina – Francia Linda Quiquivix, Estados Unidos y Guatemala Lizamell J. Díaz Ayala, Puerto Rico Lola Outeiral Souto – Galicia Lourdes Fiorella Castro Ramírez de Tabarcia, Costa Rica. Luigina Perosa – Pordenone Luisa M García Pelegrín Mabel Llevat – Barcelona Maia Chauvier – Poétesse Belgique Manuke Publisher – Japan Marcela Lafon – Neuquén, Argentina Marcela Lafon – Neuquén, Argentina. Marco Aurélio Maia Barbosa de Oliveira Filho (Brasil) Marcos Javier Bucci Marcos Roitman Rosenmann – España María Silva Barcala, Galicia Maria Teresa Punzo Martina Torrens Martine Gerardy, traductora, Bélgica Maud Morin – Boissières France Mauro Rubichi, Presidente Asociación ITA-NICA Livorno. Italia Melies Torrens Meunier Mertxe Gómez, internacionalista Euskal Herria Michael Korbmacher Michele Mavropulos – Grecia Michelle Zhang, EEUU Miria Gambardella – Italia Mónica Becci – Meanjin, Australia. Natalia Arcos Salvo, Santiago de Chile Nathalie Lastra Nelly Bocchi, Italia Nicole Millow Vogel, Viena Austria Paolo Vernaglione Berardi Paul Paulsen, Gotemburgo, Suecia. Paula Alexandre Teixeiro – Galiza Pedro Mireles – Tejas Pepe Mejía, periodista, Estado español Peter Clausing, Wilhelmshorst, Alemania Pietro Custodi, Domodossola (VCO) – Italy Raina Zimmering Rasigan Maharajh Raúl García Sánchez Raul Zibechi (periodista, Uruguay). Remi Gurtner, campesino – Francia Rodrigo Casanova – Documentalista, Chile Rosalia Toller Sabina Sommer Sibel Ozbudun Silvia Martínez del Río, URUGUAY Sonia Mariza Martuscelli – Brasil Sophia Chamodraka – Grecia Stefania Consigliere – Italia Temel Demirer Thawra Hamburg (Alemania) Tony Bertello, Torino, Italia Vanessa Pérez Gordillo Vicent Maurí Genovés – Presidente Intersindical Solidària Vilma Rocío Almendra Quiguaná Kauka, Colombia Zoi Ntaifoti, Grecia
30 de diciembre de 2025, San Cristóbal de Las Casas. Este quinto y último día del Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” se dedicó, por un lado, a examinar el papel de las artes en la construcción de mundos otros, y por otro, a las pirámides que se reproducen abajo.
El dramaturgo Luis de Tavira, en un escrito leído por el Capitán Marcos, titulado “El arte es una declaración de amor a la humanidad”, dijo también que “las artes son una denuncia y una maldición al desamor y a la crueldad con la que se deshumanizan las personas y las sociedades”. Entender, dijo, es entender que no entendemos, y el arte es capaz de mostrarnos aquello que no logramos vislumbrar, mostrarnos que hay otros mundos. “El arte es un acto de bondad y el mundo es un milagro.” Y sin embargo, la lógica del capital destruye todo, ciega a las sociedades. “El mundo está distraído”, dijo, “y no es capaz de percatarse del acontecimiento violento que sucede delante de sus narices”. “El desafío para el arte amoroso de la vida será reaccionar con rebeldía a la normalización de la violencia social.”
Luis de Tavira: [podcast]https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2025/12/LuisDeTavira.mp3[/podcast]
Raúl Zibechi por su vez hizo un fascinante recorrido por lo que denominó “las pirámides de abajo”, o sea, las que se reproducen al interior de los movimientos. “Las revoluciones que han triunfado”, dijo, o sea, las que han tomado el poder, “han sido siempre incapaces de transformar el mundo”. Esto porque, al tomar el poder, reproducen la pirámide y se convierten en nuevas clases dominantes. Ejemplo de eso es desde luego el PRI en México, el Estado soviético, Nicaragua. Pero en los movimientos sociales también se reproducen las pirámides. Zibecchi citó los ejemplos de la Conaie en Ecuador y del MST en Brasil, que a pesar de sus grandes logros, reproducen estructuras piramidales de mando de unos sobre otros. Y citó cinco ejemplos de movimientos en Perú, Honudras y Brasil, que intentan romper con la pirámide, a pesar de que ésta termina reproduciéndose de una u otra forma. Es así que el gran cambio interno del zapatismo de destruir sus propias pirámides y construir el común representa un paso revolucionario.
El Subcomandante Moisés continuó detallando, con ejemplos prácticos, cómo se ha ido construyendo el común en territorio zapatista. En particular, relató, a través de diversos casos específicos, el intenso trabajo político que se viene haciendo con los pueblos “hermanos”, no zapatistas, de concientización e invitación a participar en la construcción del común por medio del ejemplo, de la puesta en práctica de relaciones otras.
La participación del Subcomandante Moisés terminó con la lectura de un texto sobre los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.
Subcomandante Moisés sobre Ayotzinapa: [podcast]https://radiozapatista.org/wp-content/uploads/2025/12/SupMoi-Ayotzinapa.mp3[/podcast]
El Capitán Marcos habló sobre la infancia como forma de conocer realmente al zapatismo, y empezó relatando la historia de Paticha, la niña de cinco años que murió en sus brazos de fiebre. Hoy esa realidad ha cambiado radicalmente. De la misma forma, la realidad de las mujeres se ha transformado profundamente: hoy, las mujeres zapatistas, que antes estaban destinadas sólo a tener hijos y cuidar del hogar, son promotoras de salud, de educación, artistas y mucho más. Después leyó el cuento “El amor y el desamor según el Sup Marcos”.
Termina así, en la víspera de la celebración del 32 aniversario del levantamiento zapatista, este ciclo de encuentros que, desde diciembre de 2024, nos han instigado a pensar nuestro presente y a construir un futuro otro, más humano, más digno, más justo.