3 POSDATAS 3 II.- POSDATA DE RAZAS Y OTRAS DIFERENCIAS. Un continente, muchos colores | ͶÀTIꟼAƆ ⅃Ǝ | Junio de 2025
3 POSDATAS 3
II.- POSDATA DE RAZAS Y OTRAS DIFERENCIAS.
Un continente, muchos colores.
Si usted pintara cada geografía con un color diferente, ¿cuál sería el elegido?
Pongamos que, en el continente americano, usted escoge el amarillo tirando a naranja. Es un color muy a la moda en el norte de ese continente. Muy a tono con el ICE gringo, cuyas tropas ocultan sus rostros para no mostrar que su piel tal vez es del mismo color que sus perseguidos. “Beaners” o “frijoleros”, es el término despectivo que usan para describir a sus víctimas. Con esa doble referencia a lo que se come y al color de la piel. También solían usar el de “cafecitos” (“brownies”).
El color de la piel y las identidades culturales son, para los de arriba y sus sicarios, un recurso para identificar al enemigo a liquidar. El ejército mexicano (hoy tan adorado por el progresismo que ayer clamaba contra él), cuando invadió territorio zapatista en 1995 -producto de la traición de Ernesto Zedillo Ponce de León en febrero de ese año-, atacaba a las comunidades para robar (como ahora lo hace la llamada Fuerza de Reacción Inmediata Pakal del gobierno estatal de Chiapas) las pocas pertenencias de los originarios. Al invadir gritaban: “¡Pinches indios pozoleros!”
Lo paradójico es que, cuando se desertaban, los soldados pasaban por las mismas comunidades que habían saqueado, suplicando por un poco de… pozol.
Pero no se distraiga usted con recuerdos políticamente incorrectos hoy día. Estamos hablando de colores de piel.
Hay más: por ejemplo, la lengua. Para el señor Trump es evidente que los “frijoleros” no sólo hablan muy otro el inglés, también han creado su propia lengua.
En enero de 1994, cuando decenas de miles de federales arribaron a Chiapas para “acabar con los transgresores de la ley”, un oficial que se desertó cuando se dio cuenta de a quién perseguían, nos contó que preguntaban a los altos mandos cómo identificaban a “los zapatistas”. Los generales respondían: “son bajitos, piel oscura, hablan mal o no hablan español, y sus ropas son muy de museo y tienda de artesanías”. La tropa se miraba entre sí. Eran millones quienes respondían a esa descripción.
Traigo este recuerdo porque ése es el criterio “criminal” que usa el ICE gringo para detener, golpear, encarcelar y deportar a migrantes.
¿Importa que el detenido tenga papeles? No, lo que importa es el color de su piel, su slang, argot, jerga (acá decimos “el modo”), su bigote, su ropa holgada, y que, frente a una hamburguesa y unos tacos, elige… los tacos (“con cilantro, cebolla, tomate y harta salsa por favor”). Si además es parte del movimiento LGBTIQ+, bueno, pues es un criminal con todas las agravantes.
En los primeros años del alzamiento, en los cuarteles del ejército federal, hacían lo posible por convencer a las tropas de atacar a los zapatistas. Por ejemplo, les presentaban obras de teatro (un recurso pedagógico válido) donde el finado SupMarcos era gay, homosexual, puto, maricón, mariposón, mayate, muerde-almohadas, o como se les diga ahora. Todos querían interpretar el papel del finado porque, lo que sea de cada quien, era guapo el hombre.
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Empezamos con colores de piel, de ahí a cultura, lengua, estatura, comida, ropa, identidad sexual y afectiva, etcétera. Agregue ahora su condición, legal o no, de tener otra geografía como lugar de nacimiento propio o de sus antecesores. Migrante, o de padres, abuelos, bisabuelos migrantes. Ahí tiene usted el perfil del criminal a perseguir.
Ahora contemple cualquier geografía e identifique a las personas que cumplan con ese perfil “científico” (que apenaría a cualquier serie gringa donde la policía siempre es brillante, bonita y, sobre todo, incorruptible y respetuosa de la ley), y verá que son millones.
Sin ir muy lejos, el gabinete de Trump tiene, en sus puestos claves, a descendientes de migrantes. Marco Rubio, secretario de Estado, no tiene un apellido muy anglo que digamos y es hijo de migrantes cubanos. Kristy Noem, secretaria de seguridad nacional, es de ascendencia noruega. Sin puesto (todavía) en el gabinete, está el senador de ultraderecha Ted Cruz, de padre cubano, y se llama Rafael. Lori Chavez, secretaria del trabajo, es de ascendencia mexicana. Trump es descendiente de migrantes y su señora esposa es eslovena de nacimiento.
Puesto que está difícil diferenciar con esos criterios, entonces ubiquemos el argumento reiterado: son delincuentes. En realidad, lo que no se dice es que los toman como “potenciales delincuentes”.
Deje usted de lado que varios de ese gabinete tienen acusaciones de abuso sexual y drogas. No está probado. Entonces concéntrese en quienes son convictos, es decir, juzgados y declarados culpables. ¿Lo ve?, sí, Donald Trump.
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En cuanto a migración, los llamados, pretenciosamente, Estados Nacionales, por iniciativa propia, y coincidiendo luego con la posición policíaca norteamericana, hacen lo propio. Al sur de la Unión Americana, México ha puesto un dispositivo criminal contra la migración que proviene de Centroamérica y, a través de ésta, de otros países. El Instituto Nacional de Migración es una réplica, en ilegalidad, brutalidad, arbitrariedad y violencia, de la Border Patrol y el ICE de los EUA. Y el racismo en la sociedad no se queda atrás. Claro, con sus diferencias. En USA los golpean, los encarcelan y los deportan. En México los venden a los cárteles postores, los extorsionan, encierran, desaparecen, asesinan… y los queman vivos.
En El Salvador, Bukele (formado en la escuela de cuadros del FMLN hecho partido) los encierra y televisa las condiciones en que se encuentran. Lo que no impide que reciba su tajada del crimen organizado.
La historia se repite en el resto de los países que tienen en esos colores oscuros su fundamento y su historia. En el Chile progresista (já) y la Argentina de Milei, la gente de la tierra, el pueblo Mapuche, es acosado desde siglos (aunque ha salido 10, 100, mil veces vencedor). En el Brasil progresista, en el Amazonas opera un etnocidio “silencioso”. Geografías como Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia reprimen como pueden las protestas y rebeliones de originarios, quienes tienen el color de la tierra.
Y sin embargo, en los escaparates del progresismo (que, paradójicamente, se empeña en reivindicar el pasado), a veces lucen sus galas algunos maniquís “indígenas” que aspiran, como servidumbre, a que su color sea tolerado en los pisos superiores de la pirámide. O sea, como adorno de bisutería, barato y reemplazable.
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Los Estados Nacionales nacen del despojo de riquezas. Pero no sólo de ellas, también de identidades, diferencias y particularidades. El Estado Nación, con el mito de la ciudadanía, impone una homogeneidad y hegemoniza. Bandera, escudo, himno, fuerza armada, equipos nacionales de deportes, historia y lengua oficiales, moneda, estructura legal e impartición de la justicia; todo contribuye a suplantar, con una imposición violenta, las diferencias de color, raza, lengua, género y, ojo, posición social, historia y cultura.
Es “ciudadano” el negro, el café, el amarillo, el rojo, el blanco. Lo es el alto y el chaparro; el gordo y el flaco; el hombre, la mujer y loa otroa; el mestizo y el indígena; el patrón y el empleado; el rico y el pobre.
En este sentido es igual el pueblo originario que es despojado de su territorio, que el que ejecuta la orden de desalojo y el funcionario “indígena” que avaló ese robo. La mujer víctima de violencia es igual que el macho que la desaparece, asesina o agrede. La persona transgénero es igual que el policía que se “excede” en el cumplimiento de su deber. La empleada de una cafetería es igual que Carlos Slim. Y así.
Y esas “ciudadanías” se respaldan en una nacionalidad, la que, a su vez, sostiene los argumentos para genocidios, crímenes de todos los tamaños, y guerras… para eliminar a los prescindibles.
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Si hay diferentes colores arriba, en la cúspide de la pirámide, y abajo, en la base que soporta sobre sus corazones el peso de la riqueza de los de arriba, ¿cuál es entonces la diferencia?
El lugar en la pirámide.
Con todas sus diferencias, particularidades, colores, quienes están en la base de esa estructura tienen en común que son desechables. Y, por lo mismo, las guerras (en todas sus variantes) son para deshacerse de ellos.
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En todos los rincones de este planeta, incluso los más apartados, hay una pirámide mediana, grande o pequeña. Se piensa a sí misma como eterna, poderosa e indestructible.
Hasta que alguien dice “no más”, se hace colectivo organizado y la derriba al grito de…
| ¡A la chingada el pirámide! اللعنة على الهرم jebem ti piramidu γαμώ την πυραμίδα Fuck the pyramid scheiß auf die Pyramide fanculo la pirámide putain la pyramide merda á pirámide мамка му, пирамидата 屌個金字塔 a la xingada la pirámide ser*u na pyramidu 他妈的金字塔 피라미드 엿먹어 kneppe pyramiden do kelu pyramídu kurat püramiidist vittu pyramidi joder pe pirámide rehe לעזאזל עם הפירמידה | neuk de pirámide baszd meg a piramis tada leis an pirimid fokkið við pýramídanum ピラミッドなんてクソくらえ pîramîdê qelandin Pyramidem in malam rem! Ssexsi lpiramid xijtlasojtla nopa pirámide knulle pyramiden لعنت به هرم pieprzyć piramidę foda-se a pirámide pirámide nisqawan joder la dracu’ cu piramida к черту пирамиду је*и пирамиду knulla pyramiden piramiti siktir et до біса піраміду. piramideari madarikatua shaya iphiramidi |
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Pero, en su lugar, ¿hacemos otra pirámide?
¿O algo diferente?
Tal vez en un encuentro de algunas partes del todo se insinúe una respuesta.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán.
Junio del 2025.
3 Postdatas 3. I.-PD GLOBALIZADA. Un planeta, muchas guerras | ͶÀTIꟼAƆ ⅃Ǝ | Junio de 2025
3 Postdatas 3.
I.-PD GLOBALIZADA.
Un planeta, muchas guerras.
Nota: Este año se cumplen 20 de la Sexta Declaración y 5 de la Declaración por La Vida. Con la VI señalamos claramente nuestra posición anticapitalista y la distancia crítica a la política institucional. Con el empeño de la Declaración por la Vida intentamos ampliar la invitación a una compartición de resistencias y rebeldías. Para nuestras compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta y de la Declaración por la Vida han sido años difíciles, sin embargo, nos hemos mantenido sin rendirnos, sin vendernos y sin claudicar. La tormenta ya no es un mal presagio, es una realidad presente. Vayan pues las siguientes posdatas para reafirmar nuestro compromiso, y nuestro cariño y respeto por quienes, siendo diferentes y diversos, comparten vocación y destino según los modos, calendarios y geografías de cada quien.
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Todas las guerras son ajenas mientras no toquen a tu puerta. Pero la Tormenta no llama antes. Cuando la percibes ya no tienes puerta, ni paredes, ni techo, ni ventanas. No hay casa. No hay vida. Cuando se marcha, sólo queda el olor de la pesadilla mortal.
Ya llegará el hedor del diésel y la gasolina de las máquinas, el ruido con el que se construye sobre lo destruido. “Escuchad”, dice la bestia de oro, “ese sonido anuncia la llegada del progreso”.
Así, hasta la siguiente guerra.
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La guerra es la patria del caos, del desorden, de la arbitrariedad y la deshumanización. La guerra es la patria del dinero.
El uso de misiles, drones y aeronaves manejadas por IA no son una “humanización” de la guerra. Más bien es un cálculo económico. Rinde más en ganancia una máquina que un ser humano. Son más caras, es cierto. Pero, vamos, es una inversión a mediano plazo. Es mayor su capacidad destructora. Y no hay problemas posteriores con remordimientos de conciencia, veteranos lisiados física y mentalmente, demandas, protestas, “body bags” y juicios inútiles en tribunales internacionales.
Así será hasta que el derramamiento de sangre del agresor vuelva a ser rentable.
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Se suele calcular cuánta gente podría alimentarse con lo que se gasta en las guerras depredadoras. Pero, además de que es inútil apelar a la sensibilidad y la empatía del Capital, no se mide bien.
Lo que hay que cuantificar es cuanta ganancia dará el centro comercial y la zona turística cuando se erija sobre un montón de cadáveres ocultos bajo los escombros (ocultos, a su vez, bajo los hoteles y centros recreativos). Sólo así se puede entender el verdadero carácter de una guerra.
Los cimientos de la civilización moderna no se construyen con concreto, sino con carne, huesos y sangre, mucha sangre.
El sistema destruye, para vender luego la reposición. A las ciudades destruidas, se seguirá un paisaje de edificios de apartamentos, brillantes rascacielos, centros comerciales y campos de golf tan inteligentes que hasta Trump gana, mientras Netanyahu da cátedra de derechos humanos, Putin organiza carreras de osos siberianos, y Xi Jinping vende los boletos. Un signo monetario brilla en la cima de la pirámide que congrega al culto del dinero.
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En las últimas guerras, la soberbia Europa de arriba ha funcionado como cabeza de playa. Algo acorde con la función de zona de recreación y entretenimiento para el Capital. El llamado “eurocentrismo” es ya parte de un pasado nostálgico y rancio. El rumbo de esa Europa se decide en los consejos de accionistas y los “lobbies” de las grandes empresas. El jefe de Amazon celebra su matrimonio en la piscina de su casa de campo (Venecia), y la OTAN es la sucursal de reparto y cliente de las mercancías más rentables: las armas.
Los gobiernos de los Estados Nacionales de ese continente se tapan el rostro modosamente ante el “Padre Padrone”, de quien sueñan independizarse alistándose en el ejército del Capital. Ya no en un futuro, sino ahora mismo (como en Ucrania), el Capital pone las armas, Europa los muertos presentes y futuros, Putin los hologramas de una mezcla de Zarismo con URSS, y Xi Jinping afina su propuesta alternativa de pirámide social.
Cerca de ahí, no la prole de Trump, sino los herederos de las grandes compañías sueñan con vacacionar en una Palestina libre… de palestinos. Netanyahu, o su equivalente, será el amable anfitrión y, en las sobremesas, divertirá a los visitantes con anécdotas de infantes, mujeres, hombres, ancianos, hospitales y escuelas muertos de bomba y muertos de hambre. “Ahorré millones usando los centros de distribución de alimentos como cotos de caza”, alardeará mientras sirve el Zibdieh. Los comensales aplaudirán.
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La guerra es la opción primera del Capital para deshacerse de los desechables. Religión, corrección o incorrección políticas (eso ya dejó de importar), discursos enardecidos e historias heroicas fabricadas con IA, ceses al fuego con explosiones y disparos como música de fondo, treguas según indiquen las casas de bolsa y los precios del petróleo; todo eso no es más que la escenografía.
Los dioses diversos simulan estar atareados abanderando muerte y destrucción de uno y otro bando. Y el verdadero dios que todo lo puede y está en todas partes, el Capital, permanece discreto. O no, el cinismo es ahora virtud. Detrás de todo se esconde lo principal: el balance en la contabilidad de las grandes empresas y los bancos.
La legislación internacional sobre conflictos militares tiene décadas obsoleta. En las guerras modernas, la ONU es sólo una referencia para las celebraciones escolares. Sus afirmaciones no van más allá de las declaraciones de una aspirante en un concurso de belleza: “Deseo la paz en el mundo”.
Los ejércitos del Capital son el equivalente a los servicios de entrega a domicilio. Y hay quien, lejos en geografía del lugar de la entrega, califica: “5 estrellas para Netanyahu”. En la disputa por el premio al “repartidor del año”, Trump, Putin y Netanyahu puntean, cierto. Pero el sistema siempre tendrá la opción de elegir a otros… u otras (no olvidar la paridad de género).
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Por los medios de comunicación masiva, redes sociales incluidas, las geografías lejanas del territorio agredido, se asumen como espectadoras. Como si fuera una confrontación deportiva, eligen su favorito, toman partido por uno y otro bando. Aplauden a uno y abuchean al otro. Se alegran por los aciertos y se entristecen por las fallas de los contendientes. En los palcos de narración, especialistas aderezan el espectáculo. “Geopolítica”, le dicen. Y suspiran por cambiar de dominador, no por cambiar la relación en la que son víctimas.
Olvidan acaso que el mundo no es un estadio deportivo. En cambio, semeja un gigantesco coliseo donde las futuras víctimas aplauden mientras esperan su turno. No son gladiadores en la antesala, son las piezas de caza que víctimas serán de máquinas de guerra. Mientras, bots con todos los avatares e ingeniosos apodos, dirigen los aplausos, los rugidos y hurras; y, llegado su tiempo, el tañido de lágrimas y lamentos.
Desde su palco de honor, el Capital agradece los aplausos del público y escucha lo que los espectadores gritan con mudas palabras: “Salve César, los que van a morir te saludan”.
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Y sin embargo…
Un día, sobre las ruinas de la historia, yacerá el cadáver de un sistema que se creyó eterno y omnipresente. Antes de esa madrugada, hablar de paz es sólo un sarcasmo para las víctimas. Pero ese día, el sol de oriente mirará, sorprendido, a Palestina viva. Y libre, porque sólo libre se vive.
Porque hay quien dice “NO”.
Hay quien no quiere cambiar de patrón, sino no tener patrón.
Hay quien resiste, se rebela… y se revela.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El Capitán.
Junio del 2025.




